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| Golondrina (de las que vuelan) |
Confieso que, aunque Puccini es uno de mis compositores operísticos favoritos, "La rondine" ("La golondrina") no era una ópera que me apeteciera mucho ver, aunque tampoco sabía muy bien por qué. De cualquier modo, como lo mejor es opinar (para bien o para mal) con conocimiento de causa, al final, me decidí. ¿Qué me pareció? Os lo iré contando a medida que vayamos profundizando en la historia. Eso sí, antes de empezar con el argumento, creo que es interesante hacer un repaso acerca del origen y contexto de esta obra.
A principios del siglo XX, la crítica musical comenzaba a considerar a Puccini pasado de moda; el sentimentalismo que llenaba sus óperas ya no estaba en boga. Uno de los críticos de Puccini era su propio editor, Tito Ricordi, que se había hecho cargo del negocio de su padre, Giulio, al morir éste, en 1912. Tito pretendía dar un aire nuevo al negocio; quería publicar óperas épicas, filosóficas, patrióticas y artísticamente revolucionarias, es decir, de esencia totalmente diferente a las óperas de Puccini.
En este contexto Puccini, en 1913, en uno de sus viajes a Viena entró en contacto con la opereta, una forma popular de comedia que combinaba números musicales con partes dialogadas. A Puccini le gustó el género; de hecho, era amigo de Franz Lehár, autor de la célebre opereta "La viuda alegre", quien le presentó a un director de teatro y a un editor musical en Viena que le pidieron que les escribiera una. Puccini nunca antes había escrito nada que incluyera diálogo hablado, pero la oferta que le hicieron los austríacos era muy generosa. Resolvió arriesgarse y aceptó.
La tarea de componer siempre fue ardua para Puccini. Era muy exigente y, a menudo, obligaba a hacer innumerables cambios a sus libretistas. En esta ocasión, Puccini trabajó con Alfred Maria Willner y Heinrich Reichert, que habían escrito textos para varias operetas de Lehár. Quien tuvo el trabajo de traducir el libreto alemán "Die Schwalbe" ("La rondine") al italiano fue Giuseppe Adami.
Puccini concluyó "La rondine" en 1916. Tito Ricordi, que la tachó de un "Lehár de mala calidad" se negó a publicarla; y así, "La rondine" fue la primera y única obra publicada por el rival de Ricordi, Sonzogno. Se estrenó en Monte Carlo, en 1917. La música estaba llena, no sólo de los ritmos de la opereta vienesa, sino también de tangos y fox trot. Con pinceladas de un humor un tanto cínico y de una tristeza agridulce, la ópera fue un enorme éxito en su estreno. Escuchemos un fragmento:
Sin embargo, con el tiempo el entusiasmo de la crítica por "La rondine" empezó a declinar. Hoy en día, aunque continúa resultando ingeniosa, dolorosamente bella, es una de las óperas más abandonadas de la fase madura de Puccini.
Quizá el causante de este final abandono haya sido el argumento. La historia parece una mezcolanza de otras grandes óperas. El tema de fondo es el mismo de "La traviata", de Verdi: una cortesana que abandona su vida "alegre" para vivir con su verdadero amor, aunque al final acaba perdiéndolo (aunque no de la misma forma que Violetta Valéry). Al igual que en "La bohème", en "La rondine" Puccini retrata dos parejas, una idealista y cariñosa, la otra petulante y ácida; incluso los segundos actos de ambas óperas están situados en cafés bohemios en el margen izquierdo del río Sena.
De cualquier modo, la música de Puccini embellece sin duda alguna esta historia, con ese toque casi mágico del maestro de Lucca que le hace inconfundible y que no es otra cosa que arte, vida y sentimiento. Para finalizar esta introducción, veamos otro fragmento:
(Fuentes: vogliaditerra.com, archive.operainfo.org y www.youtube.com)
A principios del siglo XX, la crítica musical comenzaba a considerar a Puccini pasado de moda; el sentimentalismo que llenaba sus óperas ya no estaba en boga. Uno de los críticos de Puccini era su propio editor, Tito Ricordi, que se había hecho cargo del negocio de su padre, Giulio, al morir éste, en 1912. Tito pretendía dar un aire nuevo al negocio; quería publicar óperas épicas, filosóficas, patrióticas y artísticamente revolucionarias, es decir, de esencia totalmente diferente a las óperas de Puccini.
En este contexto Puccini, en 1913, en uno de sus viajes a Viena entró en contacto con la opereta, una forma popular de comedia que combinaba números musicales con partes dialogadas. A Puccini le gustó el género; de hecho, era amigo de Franz Lehár, autor de la célebre opereta "La viuda alegre", quien le presentó a un director de teatro y a un editor musical en Viena que le pidieron que les escribiera una. Puccini nunca antes había escrito nada que incluyera diálogo hablado, pero la oferta que le hicieron los austríacos era muy generosa. Resolvió arriesgarse y aceptó.
La tarea de componer siempre fue ardua para Puccini. Era muy exigente y, a menudo, obligaba a hacer innumerables cambios a sus libretistas. En esta ocasión, Puccini trabajó con Alfred Maria Willner y Heinrich Reichert, que habían escrito textos para varias operetas de Lehár. Quien tuvo el trabajo de traducir el libreto alemán "Die Schwalbe" ("La rondine") al italiano fue Giuseppe Adami.
Puccini concluyó "La rondine" en 1916. Tito Ricordi, que la tachó de un "Lehár de mala calidad" se negó a publicarla; y así, "La rondine" fue la primera y única obra publicada por el rival de Ricordi, Sonzogno. Se estrenó en Monte Carlo, en 1917. La música estaba llena, no sólo de los ritmos de la opereta vienesa, sino también de tangos y fox trot. Con pinceladas de un humor un tanto cínico y de una tristeza agridulce, la ópera fue un enorme éxito en su estreno. Escuchemos un fragmento:
Sin embargo, con el tiempo el entusiasmo de la crítica por "La rondine" empezó a declinar. Hoy en día, aunque continúa resultando ingeniosa, dolorosamente bella, es una de las óperas más abandonadas de la fase madura de Puccini.
Quizá el causante de este final abandono haya sido el argumento. La historia parece una mezcolanza de otras grandes óperas. El tema de fondo es el mismo de "La traviata", de Verdi: una cortesana que abandona su vida "alegre" para vivir con su verdadero amor, aunque al final acaba perdiéndolo (aunque no de la misma forma que Violetta Valéry). Al igual que en "La bohème", en "La rondine" Puccini retrata dos parejas, una idealista y cariñosa, la otra petulante y ácida; incluso los segundos actos de ambas óperas están situados en cafés bohemios en el margen izquierdo del río Sena.
De cualquier modo, la música de Puccini embellece sin duda alguna esta historia, con ese toque casi mágico del maestro de Lucca que le hace inconfundible y que no es otra cosa que arte, vida y sentimiento. Para finalizar esta introducción, veamos otro fragmento:
(Fuentes: vogliaditerra.com, archive.operainfo.org y www.youtube.com)







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