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| Esfinge y Pirámide de Gizeh |
¿Qué personajes van a hacernos vivir esta historia? Veamos:
Aida.- Princesa etíope cautiva en Egipto, al servicio de la hija del faraón, Amneris, y rival de ésta por el amor de Radamès. Soprano.
Radamès.- Guerrero egipcio, enamorado de Aida, pero deseado por Amneris. Tenor.
Amneris.- Hija del faraón. Mezzosoprano.
Amonarso.- Padre de Aida y rey de los etíopes. Papel bastante intenso pero breve para barítono.
Ramfis.- Gran sacerdote de Fthà. Bajo.
El Faraón.- Padre de Amneris. Papel para bajo, de relativa brevedad.
Sacerdotisa.- Papel muy breve para soprano.
Un mensajero.- Papel muy breve para tenor lírico.
Coro.- Fundamental.
Ballet.- Secundario, aunque aparece en varias ocasiones.
La acción tiene lugar en Menfis y Tebas, en tiempo del poder de los faraones del Imperio Nuevo de la dinastía XIX o XX.
Como antecedentes, hay que tener en cuenta que, entre las frecuentes guerras entre egipcios y etíopes, éstos últimos llevaron siempre la peor parte. Cuando comienza nuestra historia Aida, hija del rey etíope Amonarso, ha sido hecha prisionera y entregada como esclava personal a la hija del rey egipcio, Amneris, y los etíopes han iniciado una nueva guerra contra Egipto.
Acto I, Cuadro I
Escuchemos primero, el breve pero maravilloso Preludio:
Nos encontramos en una sala del Palacio Real de Menfis. El gran sacerdote Ramfis cuenta a Radamès que se sospecha que los etíopes pretenden desafiarles de nuevo, y amenazar el valle del Nilo y Tebas. Muy pronto, un mensajero les sacará de dudas. Ramfis, le dice también a Radamès que la sagrada Isis ha nombrado a aquel que, como jefe supremo de las tropas egipcias, se encargará de detener la posible invasión etíope. Ramfis se retira para comunicar al Faraón cuáles han sido los designios de la diosa y Radamès , solo, se entrega a un embriagador sueño: "¡Si fuera yo ese guerrero!..." Si fuera él el designado por la diosa, el nombramiento le llevaría a la victoria, y ésta al aplauso de toda Menfis. Y podría devolver a su amada Aida, la esclava etíope de la princesa Amneris, reina de su pensamiento y esplendor de su vida, la suaves brisas del suelo patrio, y colocar sobre su cabeza una corona real; ¡podría erigirle un trono cerca del sol!
Nos encontramos en una sala del Palacio Real de Menfis. El gran sacerdote Ramfis cuenta a Radamès que se sospecha que los etíopes pretenden desafiarles de nuevo, y amenazar el valle del Nilo y Tebas. Muy pronto, un mensajero les sacará de dudas. Ramfis, le dice también a Radamès que la sagrada Isis ha nombrado a aquel que, como jefe supremo de las tropas egipcias, se encargará de detener la posible invasión etíope. Ramfis se retira para comunicar al Faraón cuáles han sido los designios de la diosa y Radamès , solo, se entrega a un embriagador sueño: "¡Si fuera yo ese guerrero!..." Si fuera él el designado por la diosa, el nombramiento le llevaría a la victoria, y ésta al aplauso de toda Menfis. Y podría devolver a su amada Aida, la esclava etíope de la princesa Amneris, reina de su pensamiento y esplendor de su vida, la suaves brisas del suelo patrio, y colocar sobre su cabeza una corona real; ¡podría erigirle un trono cerca del sol!
Durante el monólogo de
Radamès , entra Amneris, y se detiene a observarle. El rostro del soldado resplandece, y su mirada está llena de una insólita alegría; Amneris, con un tono de clara sospecha, exclama que sería digna de envidia la mujer que provocase en el semblante de
Radamès tal reacción.
Radamès le explica que, por unos instantes, ha imaginado lo maravilloso que sería si la diosa le hubiese elegido a él para conducir a las tropas egipcias a la batalla. "¿Ningún otro sueño, más gentil... le habló nunca a tu corazón?" pregunta, malévola, Amneris.
Radamès , inquieto, se pregunta si la princesa ha descubierto su secreto... quizá ha sido capaz de leer en su corazón...
Entra Aida, y a Amneris no se le escapa la mirada que la esclava dirige a
Radamès . "¿Quizá sea ella mi rival?" dice para sí. Astuta, se dirige a Aida con fingida ternura; le asegura que para ella no es ni una esclava ni una sirvienta, sino una hermana. "¿Lloras? Revélame el secreto de tus lágrimas..." Aida le dice que teme que se hagan realidad los rumores de guerra que corren por todas partes; tiene miedo por su infeliz patria, por ella misma, por la princesa... Amneris cree que Aida miente, y que lo que le atormenta es un grave secreto que guarda en su corazón... "¡...tiembla, esclava culpable.... si penetro en tu corazón!..."
Entran el Faraón y Ramfis, y el primero convoca al pueblo para anunciar a todos que un mensajero acaba de llegar de la frontera de Etiopía, con graves noticias; hace que se adelante dicho emisario, el cual explica que el sagrado suelo egipcio ha sido invadido por los bárbaros etíopes, y que éstos avanzan contra Tebas. El Faraón llama al pueblo a la lucha, y anuncia que la sagrada Isis ha designado a
Radamès como jefe que llevará a las tropas egipcias a la victoria.
Radamès , exultante, ve cómo su sueño se ha cumplido. Aida se estremece, porque su amado Radamès va a enfrentarse con los etíopes que, al fin y al cabo, son su añorado pueblo.
A solas, sobre Aida cae todo el tremendo peso de la contradicción que supone su amor por
Radamès ya que, si éste vuelve vencedor, las víctimas habrán sido su padre, sus hermanos, la gente de su pueblo. Llena de angustia, Aida ruega a los dioses que se apiaden de su sufrimiento.
Acto I, Cuadro II
La acción se traslada al templo de Fthà. Ramfis y los sacerdotes se encuentran frente al altar. Se celebra la ceremonia de consagración de la espada del jefe supremo de las fuerzas egipcias, Radamès. Desde fuera de escena, los cánticos de la gran sacerdotisa y del coro se elevan al cielo, mientras una danza sagrada se ejecuta en el interior del templo. La escena se acaba con una invocación al "inmenso Fthà".
Continuará...
(Fuentes: "Guía universal de la ópera", de Roger Alier, www.kareol.es, fotopedia.com y www.youtube.com)







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