Bienvenido

Bienvenido, amable navegante, a mi pequeño rincón. Si has llegado hasta aquí es que, como poco, sientes curiosidad por la ópera. Quizá seas un experto. Quizá sólo has echado un somero vistazo a este tema y te preguntas qué es lo que mueve a un aficionado a la ópera. O quizá, ni lo uno ni lo otro... ¿qué más da?.

Ante todo, he de decir que ni soy una erudita en esta materia ni lo pretendo. Este blog quiere servir, simplemente, de lugar donde reflexionar, donde compartir experiencias, opiniones, sentimientos, etc., acerca de un mundo que para mí es muy enriquecedor.

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jueves, 12 de abril de 2012

PASIÓN, CELOS, INTRIGA... EN UNA PALABRA: "TOSCA" (III)


Estatua de San Miguel, que corona
el Castillo de Sant'Angelo

Comienza el tercer acto con un pastorcillo que cruza la escena de derecha a izquierda, mientras canta. A pesar de que ahora la acción se desarrolla en el "Castel Sant'Angelo", es decir, en un escenario distinto de los de los dos actos anteriores, volvemos a encontrarnos con aquellas dos paredes cóncavas del principio (ea, que estamos en crisis y hay que aprovechar todo lo que se pueda...) que antes pertenecían a la iglesia (si es que a aquello se le podía llamar una iglesia) y ahora simulan delimitar la terraza del castillo. Cada una de ellas tiene ahora, además, un tramo de escaleras que conducen hasta su parte más alta.

Al fondo, entre el hueco que hay entre las dos paredes, vemos la silueta de Mario que, desde lejos, lentamente, avanza hacia el primer plano de la escena. Una vez ha sobrepasado la altura a la que se encuentran las paredes, éstas comienzan a cerrarse y empieza a descender, sujeta por cuatro cadenas, una enorme réplica de la estatua de San Miguel que corona el verdadero Castillo de Sant'Angelo. Al ver aquello pensé: "Anda que ¿y si se suelta alguno de los enganches...?" Ya tenemos a Mario colocado en primer plano, la estatua de San Miguel se ha posado ya en tierra y las paredes se han unido tras ella formando un único muro. Se abren dos puertas, a uno y otro lado de dicha pared, y salen unos guardias que tienen el detalle de desenganchar las cadenas que han servido para "posar" en tierra aquella enorme figura (vuelvo a decir que, como estamos en crisis, hay que ahorrar personal así que, en vez de pagar expresamente a unos señores que se ocupen de dejar bien colocados los elementos escénicos, ¿por qué no encomendar dicha misión a los guardias? si, al fin y al cabo, salen muy poco y no cantan).

Aunque se me tache de "purista" debo volver a protestar por las acusadas diferencias con el libreto. Tratando de contarlo de modo resumido, en primer lugar, al pastorcillo no se le ve: sólo se oye su voz. En segundo lugar, el primero que aparece es el carcelero, que sube por una escalera, se mete en una casamata*, en donde hay una mesa con una lámpara, la cual enciende. Llega un destacamento de soldados, que trae custodiado a Mario. Un sargento de la guardia conduce a Mario hasta la casamata y entrega un papel al carcelero; el carcelero pregunta al condenado si es Mario Cavaradossi y, una vez que éste asiente, alarga una pluma al sargento, que es quien firma en el registro.

Pues bien, en este montaje Mario llega solito, sin que le custodie nadie. Bien enseñado que está el muchacho. Sale el carcelero llevando una especie de atril (por supuesto, no se ve por ninguna parte ni mesa ni cosa que se le parezca), se acerca a Mario y le dice que tiene que firmar un papel (así, en vilo). Para que le deje escribir una carta de despedida a su amada Tosca, Mario soborna al carcelero con un anillo, el último resto de su riqueza. El carcelero acepta y le deja el atril. Así, tenemos al pobre condenado que no tiene más remedio que tirarse al suelo para poder escribir. Alucinante. Menos mal que Jorge de León cantó muy bien este último aria de Mario, "E lucevan le stelle...", lo que compensó un poco tanto desatino. Veámosle en el mismo montaje que estoy comentando:


Llega Tosca (Scarpia había dado orden para que se le franquease el paso hasta el condenado) y, emocionada, le comunica a Mario la milagrosa noticia de que está libre pero... antes deberán simular su fusilamiento. Ilusionados ambos, cantan los proyectos para su vida futura, cuando huyan de allí, lejos... He de decir que la forma de cantar de Oksana Dyka en este tercer acto... más que "apasionada" me estaba resultando "furiosa", "crispada"; eso además de que parecía que lo que más le preocupaba era soltar su "chorro" de voz.

Llega el momento del fusilamiento "fingido". Tosca da instrucciones a Mario acerca de cómo tiene que caer, le dice que no debe moverse hasta que ella le llame... Los soldados se colocan en posición, frente a Mario que, de espaldas al público, espera la lluvia de "salvas". "¡Pum! ¡pum! ¡pum! ¡pum!" Mario se desploma. Los soldados se alejan y Tosca, tras decirle varias veces a su amado que no se mueva, se acerca por fin a él y le apremia: "Presto, su! Mario! (¡Rápido, levántate! ¡Mario!)" Horrorizada, descubre que está realmente muerto. En estas, llega un tropel de guardias en busca de Tosca: han descubierto el cadáver de Scarpia y van en busca de su asesina, para hacerle pagar caro su crimen.

Aquí, se supone que Tosca se asoma al borde de la terraza (recordemos que estamos en la terraza del Castillo de Sant'Angelo) y se tira. Sin embargo, en este montaje, la famosa pared "multiusos" se gira de modo que la parte convexa queda de cara al público. Tosca sube corriendo y desde lo alto, cuando ya la pared se ha girado del todo, extiende los brazos al cielo... entonces cae un telón sobre el que se vuelve a proyectar la filmación del principio en la que la vemos caer ¡hala! ¡ahí queda eso! (supongo que la idea era que el "misterioso suicidio" del principio se entendiese al final pero, aun no conociendo la obra, creo que quedaba claro desde el comienzo que la llorosa dama que se nos presenta en la película, nada más empezar, no puede ser otra que la protagonista) .

Como conclusión a toda esta larguísima disertación, diré que esta "Tosca" me gustó en cuanto a voces (no en todos los casos), algo menos en lo que se refiere a interpretación pero el montaje... ¡mmmm!... demasiado "esquemático", demasiado "conceptual" para mi gusto... y lo peor (imperdonable en mi opinión, qué caramba) es que difiere, en muchos aspectos esenciales, del libreto de Giacosa e Illica, el cual os dejo en el siguiente enlace: libreto de "Tosca".

(Fuentes: allfreephotos.com y www.youtube.com)

*casamata: bóveda muy resistente para instalar una o más piezas de artillería.

miércoles, 11 de abril de 2012

PASIÓN, CELOS, INTRIGA... EN UNA PALABRA: "TOSCA" (II)


Palazzo Farnese

Llega el segundo acto y, con él, la acción se traslada al Palazzo Farnese, al despacho del malvado Scarpia. La ambientación no puede ser más sobria: una enorme mesa imitación al mármol ante la que está sentado Scarpia (a la derecha, rompiendo un tanto el equilibrio del conjunto) que, se supone, está cenando; tras él, sobre la pared del fondo, un enorme mapa enmarcado. "¿Y la ventana?" pensé para mis adentros; porque se supone que tendría que haber una ventana que en un momento dado, a una orden de Scarpia, Sciarrone se encarga de abrir... "en fin, ahora veremos..." me dije.

Empieza a cantar Scarpia y, al poco, le dice a Sciarrone aquello de: "Apri" para escuchar mejor la música que ha empezado a sonar y que llega, amortiguada, de un patio cercano (es parte, recordemos, de la celebración de la victoria contra Napoleón). Y ¿qué hace Sciarrone?: como no hay ninguna ventana que abrir ¡¡le da un golpecito al marco del cuadro que hay colgado en la pared!! Y el cuadro, como por arte de magia, se torna transparente y, a través del él, vemos al coro que va a poner voz a la "cantanta" que está sonando. Es decir, que unas veces no nos estaban mostrando nada (ni "pila", ni "colonna", ni "Madonna") y otras demasiado (¿para qué tenemos que ver al coro? ¿no es mucho más sugerente que sólo lo oigamos a través de una ventana que, por otra parte, es como escribió Puccini esta escena?)

En íntima unión con el final del primer acto, en el comienzo de éste segundo Scarpia continúa tratando de expresar (sin conseguirlo, a mi entender) todo el demencial deseo por Tosca que, como en un volcán, arde en su interior; cuanto más se resista ella, más sabrosa será para él su conquista: "Ha più forte sapore..." Lástima Marco Vratogna que parecía que iba mejorando al terminar el primer acto, pero no. No me resisto a ilustrar este fragmento con la actuación del que para mí es el Scarpia por excelencia: Titto Gobbi.


Aparece Spoletta que, temeroso, le dice a Scarpia que, por más que han buscado en la casa de campo de Mario, no han dado con Angelotti; el brote de ira de su "excellenza" que surge entonces se calma un poco cuando el esbirro le cuenta que al que sí han traído es a Mario. Al poco de entrar el "cavalliere" se empieza a escuchar la voz de "Tosca": "la sua voce!..." Comienza el interrogatorio y, dado que Mario niega una y otra vez saber nada sobre el paradero de Angelotti, Scarpia se enfurece más y más. Entra Tosca. Scarpia es ya un león que está perdiendo la paciencia con Mario; como el pintor sigue negando las acusaciones que se le hacen, Scarpia ordena que se lo lleven a la sala de tortura... ¿dónde dirías que está la sala de tortura? ¡¡bajo la mesa del despacho!! Comienza a elevarse el lado izquierdo de aquella enorme mole hasta que, se supone, deja al descubierto unas escaleras que conducen a un habitáculo subterráneo al que conducen a Mario a la fuerza. Vamos que ¡ni una de esas mesas convertibles de ikea!

Bien interpretada la tensa conversación que, a continuación, tiene lugar entre Scarpia y Tosca. Sólo bien. Entremezclados con los gritos torturados de Mario, los de Tosca, que ruega a Scarpia que le suelte. Y aquí hay algo que siempre me ha llamado la atención del libreto: primero Mario, mientras le están torturando, le grita a Tosca: "¡Calla, no me importa el dolor!" (si le dice "calla" está dando a entender que Tosca sabe algo) y más tarde le dice: "Tonta, ¿qué sabes?, ¿qué puedes decir?" (¿quiere dar a entender que Tosca no sabe nada? ¿en qué quedamos?) El caso es que, después de que el barón azuce a sus esbirros para que golpeen más y más fuerte a Mario, Tosca, al fin, acaba por confesar dónde está Angelotti: "Nel pozzo... nel giardino... (En el pozo, en el jardín)".

Traen a Mario, que está cubierto de sangre y apenas puede caminar. Tosca se abalanza sobre él como una leona que quisiese proteger a su cachorro (con tal vehemencia que, en lugar de protegerle, parece que va a devorarle). Scarpia, burlón, descubre ante Mario que Tosca, a pesar de que le está diciendo que no, ha confesado dónde se esconde Angelotti. Entra Sciarrone que, angustiado, anuncia a Scarpia que Napoleón ha vencido a Melas (batalla de Marengo) y que éste ha huido. Ante esta noticia, Mario "resucita" y estalla en un vehemente canto a la libertad, al derrocamiento de los tiranos como Scarpia, al que llama: "¡carnéfice! (¡carnicero!)". Tosca trata de hacerle callar, inútilmente. El pintor ya está condenado sin remedio y Scarpia hace que se lo lleven; será ejecutado al amanecer.

Vuelven a quedarse solos Scarpia y Tosca, y el diálogo entre los dos se supone que se va volviendo más lujurioso por parte de él y más angustiado por parte de ella (se supone, porque yo no me lo acabé de creer) ¿Y el "Vissi d'arte"? Yo lo percibí como un mero intento por parte de Oksana Dyka de lucir la voz, pero no me transmitió emoción. Por fin, con tremendo asco, Tosca acepta satisfacer el lúbrico deseo de Scarpia a cambio de la libertad de Mario. Después, la trampa de Scarpia que llama a Sciarrone para que se haga con el pintor "Come facemmo dal conde Palmieri...(Como hicimos con el conde Palmieri...)" el cual, supuestamente, iba también a sufrir un fusilamiento simulado pero acabó, como más tarde acabará Mario, muerto de verdad. 

Mientras Scarpia escribe el salvoconducto que Tosca le pide para que ella y Mario puedan huir tras el fingido fusilamiento, nuestra heroína, para darse ánimos, bebe un sorbo de una copa que se encuentra encima de la mesa (recordemos que, al principio de este segundo acto, Scarpia estaba cenando) y, entonces, ve el cuchillo... Siempre que veo esta escena, se me viene a la cabeza María Callas en aquella famosísima filmación con Tito Gobbi, recuerdo de qué forma era capaz de transmitir el sentimiento de angustiosa duda que surge en su interior cuando ve el cuchillo: "¿lo cojo? ¿no lo cojo?"; se queda paralizada al verlo, como si no pudiera creer aún que sus ojos están contemplando algo que puede salvarla de Scarpia... me parece difícil que esta escena se pueda interpretar mejor de lo que lo hizo aquella vez "La Divina" (Oksana Dyka lo hizo bien, pero sólo bien). Veamos de nuevo al genial Tito Gobbi y a la maravillosa Tosca que fue María Callas:


Por fin, Scarpia termina de escribir el salvoconducto y, muy decidido, se dirige hacia Tosca; ésta, para hacerle creer que le da facilidades, va y se tumba en el suelo... entonces, él se abalanza sobre ella y, en ese momento ¡zas! Scarpia siente, estupefacto, cómo el cuchillo atraviesa su carne...Gritos ahogados del uno, que agoniza, y de la otra que, victoriosa, se yergue triunfante, aún con el cuchillo en la mano, maldiciendo al "barone": "¡Muori! ¡muori!". Scarpia exhala su último aliento y es cuando a Tosca se le viene encima la envergadura del acto que acaba de cometer. Se enjuaga las manos que siente asquerosamente manchadas de sangre. Va de un lado a otro aturdida, en busca del codiciado salvoconducto; se da cuenta de que lo tiene Scarpia en la mano y, temerosa quizás de que el malvado, después de todo, no esté muerto, se lo quita con mucho recelo. Llegados a este punto, he de protestar ¡¡enérgicamente!! acerca de cómo se resolvió el final de esta escena en este montaje.

Vamos a ver. Yo tenía entendido que Tosca, tras cometer este asesinato, se ve asaltada por su conciencia que le hace perdonar a aquel que ahora yace muerto a sus pies y, guiada por un sentimiento religioso, coloca un candelabro a cada lado del cadáver, para velarlo y, sobre el pecho del muerto, un crucifijo. De hecho, hay unos determinados compases que marcan el momento preciso en el que Tosca debe colocar uno y otro candelabro y el crucifijo. Pues bien, en este montaje nuestra Tosca, mientras sonaban dichos compases, ¡se limitó a tratar de recuperar su capa, que había quedado atrapada bajo el cuerpo de Scarpia! Sobran más comentarios.

Al final de este segundo acto Tosca, en lugar de huir despavorida de la habitación (que es como se supone que termina la escena) se derrumba en la silla de Scarpia y allí se queda mientras baja el telón.

Continuará...

(Fuentes: fotopedia.com y www.youtube.com)

martes, 10 de abril de 2012

PASIÓN, CELOS, INTRIGA... EN UNA PALABRA: "TOSCA" (I)


Palau de les Arts Reina Sofía

Uno de mis primeros amores operísticos fue "Tosca", de Puccini. (Para los que no conozcáis la obra, os remito a una serie de entradas de este mismo blog; pinchando aquí: "¿Por dónde empiezo? Tosca, 1ª parte" podéis acceder a la primera de ellas.) Sólo la había visto una vez en el teatro, hace unos cuantos años, así que decidí que ya era tiempo de reencontrarme con este apasionado y apasionante drama en el que se mezclan el amor, los celos, la intriga política... y la muerte. Siguiendo aquella expresión que dice: "Si Mahoma no va a la montaña..." y, dado que no parecía que, a corto plazo, fuesen a programar "Tosca" en Madrid, me desplacé yo a Valencia, que es donde se representa la obra estos días, concretamente en el Palau de les Arts. La función que vi fue la del miércoles 4 de abril.

El Palau de les Arts es un edificio singular. Encuadrado dentro del complejo arquitectónico de la Ciudad de las Artes y las Ciencias, su forma le hace parecer un enorme pez, al que rodean zonas ajardinadas y láminas de agua distribuidas de forma un tanto laberíntica. Desde luego, se aparta totalmente de lo que uno ha entendido tradicionalmente por un teatro de ópera.

Por supuesto, tal y como era de esperar y cumpliendo las previsiones meteorológicas, ese miércoles llovió (cosa que, por otra parte, es ya tradición en Semana Santa), y llovió de lo lindo, así que los que aguardábamos en la entrada para ver la representación, a pesar de encontrarnos a cubierto, no veíamos el momento de acceder al recinto. Hacia las siete y cuarto se nos dio acceso al "hall" de aquel enorme edificio pisciforme; la sala principal, en donde iba a tener lugar la representación, no se abriría hasta un cuarto de hora más tarde así que mientras tanto, y para entretener la espera, se ofrecía al que gustase la posibilidad de tomar un pequeño tentempié. Por fin, a las siete y media, se permitió el acceso a la sala, y cada cual ocupó su asiento (en mi afán de estar lo más cerca posible, dado que he perdido un poco de nitidez visual, mi asiento resultó estar tan cerca de la orquesta que, literalmente, hubiese podido darle capones al director con sólo inclinarme un poco y alargar la mano).

A la hora prevista para el comienzo de la representación, las ocho, apareció el director y, tras los correspondientes aplausos de bienvenida por parte del público, se colocó en su sitio, de cara a la orquesta... unos segundos de espera... "¿por qué no empiezan?" pensaba yo; pero apenas me dio tiempo a completar mentalmente la frase cuando vi (con tremendo asombro, he de decirlo) cómo se proyectaba, sobre el telón aún bajado, una brevísima filmación en la que se veía cómo una mujer vestida de rojo, arrasados los ojos de lágrimas, se precipitaba al vacío... sobre ese fondo, sonaron los primeros compases... ¡a eso era a lo que estaban esperando!. "¡Pues empezamos bien!" pensé; a mi modesto entender, una de las escenas que más sobrecogen en "Tosca" es el final... y, para el que no conociera la obra ¡ya se lo estaban destripando desde el principio! En fin...

Montaje de "Tosca" en Montevideo
en el que la iglesia sí que parece una iglesia.

Se levanta el telón y vemos lo que se supone que es la iglesia de Sant Andrea della Valle... De acuerdo en que estamos en crisis, conforme con que hay que dejar algo a la imaginación, pero aquello rayaba en lo absurdo. Aparentemente, apenas unos pocos reclinatorios recordaban que el lugar era una iglesia; el resto del decorado eran dos paredes de forma cóncava, al fondo, cuya forma pretendía acentuar la sensación de perspectiva y, en primer plano, a la izquierda, una especie de plataforma, no muy elevada, a la que se accedía mediante dos o tres escalones. Entre otras preguntas, se me vino a la cabeza: "¿dónde puñetas está la "capella degli Attavanti"?

En seguida, llega el pobre y agotado Angelotti (Mika Kares), tropieza en su precipitación con un reclinatorio y, tras mirar a un lado y a otro con recelo, después de calificar su propio terror de "stolto", señala: "la pila... la colonna..." ("pero... ¿hacia dónde está señalando este hombre?" me digo a mí misma, porque allí no se ve por ninguna parte ni lo uno ni lo otro) y para rematar, dice: "a piè della Madonna..." y pone rodilla en tierra, de cara al público y recoge la llave: "Ecco la chiave... (Aquí está la llave...)" ("¡vaya, así que tenemos que imaginarnos que la Virgen está ahí!" pensé; porque, por supuesto, tampoco había tal Virgen... ) Hombre, una cosa es el minimalismo a la hora de montar un decorado, pero la falta de elementos que, a mi parecer, son esenciales en la acción, pues dan sentido a la letra del libreto y caracterizan la escena, creo que es llevar las cosas demasiado lejos. Pero, por supuesto, sólo es mi opinión.

Continúa el fugitivo con su anhelante monólogo: "... ed ecco la capella! (... ¡y aquí está la capilla!)"... ("¿la capilla?, ¿dónde?" prosigo yo en mis mudas reflexiones, cuando veo que Angelotti señala al suelo... abre una puerta y desciende hacia lo que, más que una "capella" se diría que es una "catacomba"). Una vez se ha refugiado ya en su incómodo escondite, llega el sacristán acompañado, no sabemos por qué, de un monaguillo (en el libreto, el niño no aparece). Fantástico, eso sí, este sacristán que fue Valeriano Lanchas, fabuloso tanto en voz como en actuación.

Al poco, aparece el pintor, Mario Cavaradossi (acompañado de otro niño, que tampoco aparece en el libreto); ¿dónde se halla el cuadro que se supone que está pintando? ¡oh sopresa!, los niños hacen girar aquella misteriosa plataforma y descubrimos que tiene forma de cuña, y que el lienzo está montado sobre ella de forma que, para pintar, Mario no tiene más remedio que tumbarse sobre el propio cuadro; ¿resulta creíble que un pintor pueda trabajar así? yo creo, rotundamente, que no.

Llega entonces la "recondita armonia..." que Mario, Jorge de León, interpretó de forma magistral, con un torrente de voz que llenó aquel inmenso espacio escénico. Apenas concluyó, recibió una merecidísima ovación, salpicada de más de un "¡¡bravo!!" (uno de los cuales fue de una servidora). Escuchemos a este magnífico tenor en este primer aria de "Tosca":

¡Grande Jorge de León!

Tras unos cuantos gruñidos, el sacristán se retira; se las promete muy felices porque Mario le dice que no piensa probar ni la comida ni el vino que le ha traído. Los niños también se van y, una vez solo Mario, se abre la puerta de la ¿capilla? y Angelotti, cual hombre-rana, sube a la superficie. Tras un breve diálogo les interrumpe la voz de Tosca que, desde lejos, llama: "¡Mario!, ¡Mario!". Angelotti vuelve a esconderse y entra una Floria Tosca (Oksana Dyka) muy enérgica, quizá demasiado vehemente de entrada. Después de un precioso dúo de ambos y de la escena de celos ("...e l'Attavanti! (...¡es la Attavanti!)") respecto al cuadro que está pintando Mario, Tosca, por fin, se marcha. Resurge entonces Angelotti de su subterráneo escondite y, tras deliberar ambos acerca de lo que deben hacer, al oír el cañón del castillo que indica que se ha descubierto la fuga de Angelotti, corren los dos a esconderse en la casa de campo de Mario.

Poco después, vuelve a entrar el sacristán, muy agitado, para comunicarle a Mario la noticia de que Napoleón ha sido derrotado. Se sorprende de no encontrar al pintor. En seguida, un tropel de chiquillos le rodea preguntando qué ocurre y el sacristán, muy agitado, les dice que esa noche se va a festejar por todo lo alto la victoria contra Napoleón, que habrá un gran desfile y un recital en el que cantará Floria Tosca. La algarabía que se forma es mayúscula, y marca la entrada en escena del malvado Scarpia (Marco Vratogna) el cual ha de cortar en seco el jolgorio. Momento muy comprometido para el intérprete de este personaje. Quizá le faltó a su  "excellenza" imprimir un pelín más de "autoritaria ira" a su entrada pero bueno, bastante bien.

Los esbirros de Scarpia ponen todo patas arriba en busca de Angelotti. Y hete aquí que nuestro "barone" va y demuestra tener poderes adivinatorios porque, antes de que Sciarrone, uno de sus secuaces, ponga en sus manos el abanico de la marquesa Attavanti que encuentra en la capilla, ya está él cantando (mientras no deja en ningún momento de mirar "al tendido"): "...ma lasciò una preda... preziosa... (...pero dejó una prenda... preciosa...)" Adivino que debía de ser el hombre...

El cabreo de Scarpia va cada vez más en aumento y el sacristán está ya no temeroso, sino aterrorizado; muy bien los dos transmitiendo uno y otro estado de ánimo. En estas, se oye la voz de Tosca, que vuelve, y nuestro Scarpia-Vratogna concentra una enorme dosis de veneno en las palabras que, más que pronunciar, escupe: "Per ridurre un geloso allo sbaraglio / Iago ebbe un fazzoletto... / ed io un ventaglio! (Para inducir a un celoso a errar / Iago tenía un pañuelo... / ¡y yo tengo un abanico!)" Utilizará a la diva para llegar hasta Angelotti al que, sin duda, Mario ha ayudado a escapar. Entra Tosca en busca de Mario y se sorprende al no encontrarle. Scarpia entonces, con un tono entre lascivo e irónico, va despertando, poco a poco, los celos de Tosca, hasta que ésta estalla y sale corriendo para sorprender juntos, cree, a su amado Mario y a la marquesa Attavanti. Y, tras ella, Scarpia envía, como perros de presa, a sus esbirros.

Este primer acto culmina de forma apoteósica con el archiconocido "te deum"; personalmente, me encantó cómo lo intepretó Marco Vratogna, me resultó libidinosamente creíble; había empezado la ópera bastante bien pero iba a mejor. No he logrado encontrar este "te deum" interpretado por él, pero veamos, para terminar esta primera parte de mi comentario sobre la "Tosca" del Palau de les Arts, la impresionante interpretación que hace Ruggero Raimondi de este "te deum":

Ruggero Raimondi, encarnando a un Scarpia
que da verdadero miedo.

Continuará...

(Fuentes: flickr.com y www.youtube.com)

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