Veamos cuáles son los personajes de la historia en la que, a continuación, nos vamos a adentrar:
- Pelagio, rey de Asturias (barítono)
- Blanca, hija de Pelagio (soprano)
- Giralda, confidente de Blanca (contralto)
- Abdel-Ao, gobernador de Gijón (tenor)
- Aliatar, guardia (bajo)
- Mendo de Quexada, noble español (bajo)
- Un gijonés (tenor)
- Soldados árabes, hombres y mujeres árabes, guerreros españoles, así como hombres y mujeres españoles.
![]() |
| Caligrafía árabe |
Continuemos, pues, con la historia de "Pelagio"... Muy atentos, porque está a punto de comenzar...
Cuando comienza esta historia, gran parte de la Península Ibérica se encontraba bajo el dominio árabe que comenzó, como hemos visto en la entrada anterior, en el año 711. El territorio dominado por astures, cántabros y vascones es el núcleo de la resistencia al invasor musulmán.
Nos encontramos en un frondoso bosque; al fondo, vemos un río y, más allá, un palacio de arquitectura árabe, flanqueado por torres e iluminado desde el interior. Es de noche, y la luna baña la escena con su argentina luz.
Pelayo, solo, envuelto en su capa, suspira por Gijón en un vehemente soliloquio. Piensa en el hecho de que, entre las montañas de Asturias, más de un valiente alimenta aún la llama del irrefrenable deseo de echar al invasor, deseo en el que él se abrasa; a ese respecto, Pelayo está convencido de que muy pronto se verá ondear, triunfante, el estandarte godo. De pronto, siente que alguien se acerca y, cauteloso, se esconde.
Mendo, seguido de algunos españoles, aparece en escena. Creen muerto a Pelayo, y se duelen porque el destino de su amada patria hubiera sido muy distinto de haber seguido vivo: "Desde el día en que nos fue arrebatado, la España se vistió de luto, y el musulmán altanero desprecia nuestros templos y nuestras lágrimas..." clama Mendo.
Al fin, Pelayo sale de su escondite, para estupefacción de aquellos abatidos hombres. Al verle, corren todos hacia él, llenos de gozosa sorpresa. Pelayo les cuenta las mil y una vicisitudes por las que ha tenido que pasar desde que todos le dieron por muerto; por dondequiera que ha ido, no ha oído más que el deseo unánime y ferviente de todos de echar al invasor musulmán, y no duda de que serán capaces de hacerlo.
Siendo su hija, Blanca, aún niña, Pelayo la dejó al cuidado de Giralda. Al mencionarla, descubre un gesto de inquietud en Mendo, y sentimos que casi no se atreve a comunicar a Pelayo algo muy grave. Las circunstancias le ayudan a hacerlo, pues en ese momento aparece Blanca, junto con un grupo de doncellas, que atraviesan el río a bordo de unas barquillas iluminadas. Blanca entona una canción en la que bendice al amor, que la sacó de su soledad y la devolvió a la vida; las doncellas, a coro, la acompañan en su canto y, todas juntas, se dirigen hacia el palacio del jefe árabe.
Mendo aclara a Pelayo que aquel por quien canta su hija es su enemigo, Abdel-Ao con quien Blanca, según añade Mendo para horror de Pelayo, se casará muy pronto. El furor de Pelayo es inmenso: "Ahora... yo mismo voy al palacio del moro..." Sin embargo, Mendo logra contenerle.
La escena cambia, y nos traslada al interior de un pabellón del palacio moro, alumbrado por una lámpara de alabastro; está rodeado de cortinajes que, al abrirse, dejan ver un jardín. A un lado hay un sofá.
Blanca conversa con Giralda, su amiga y confidente, y le cuenta que tiene un fatal presentimiento; ante sus ojos se ha representado una visión en la que, mientras esperaba para unirse en matrimonio con su amado, aparecía su padre como una sombra airada... Un rayo derribó el altar y el templo se vino abajo... Giralda trata de calmar el agitado ánimo de Blanca, de disipar sus temores.
Se presenta entonces Abdel, y Giralda se marcha. Abdel está loco de alegría, ansioso por caminar con Blanca hacia el altar, y no comprende por qué ella está pálida y temblorosa. De fondo, se escucha la música que anuncia el inminente enlace de ambos. A una señal de Abdel, se corren las cortinas del pabellón, y se ofrece a la vista un amenísimo jardín lindamente iluminado. Acuden a la escena soldados, hombres, doncellas y niños árabes, llevando estos últimos copas de oro y regalos de boda. En medio del jardín se ven juegos de agua alumbrados por lámparas de alabastro. Junto a los soldados están Aliatar y Asan; Giralda está con las doncellas.
Abdel invita a Blanca a seguirle pero, antes de hacerlo, ella le hace prometer la paz para los cristianos: "Corto favor me pides..." responde alegre Abdel. Al son de las fanfarrias árabes que acompañan los cantos de alegría, Blanca y Abdel se dirigen hacia el fondo.
(Fuentes: Libreto de "Pelagio" y www.youtube.com)









