Bienvenido

Bienvenido, amable navegante, a mi pequeño rincón. Si has llegado hasta aquí es que, como poco, sientes curiosidad por la ópera. Quizá seas un experto. Quizá sólo has echado un somero vistazo a este tema y te preguntas qué es lo que mueve a un aficionado a la ópera. O quizá, ni lo uno ni lo otro... ¿qué más da?.

Ante todo, he de decir que ni soy una erudita en esta materia ni lo pretendo. Este blog quiere servir, simplemente, de lugar donde reflexionar, donde compartir experiencias, opiniones, sentimientos, etc., acerca de un mundo que para mí es muy enriquecedor.

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lunes, 31 de diciembre de 2012

LOS ADIOSES

Cada vez que un año termina, siento que una oleada de nostalgia me envuelve. Se intensifican en mí los recuerdos de aquellos que perdí, que tuvieron que irse porque, de uno u otro modo, había llegado su hora, y me duelen los momentos que ya nunca podré compartir con ellos. Pero la vida es eso, adioses, aunque también bienvenidas; y es precisamente la oportunidad de encontrarse con al menos una de las maravillosas personas que pueblan este planeta, lo que hace que merezca la pena intentarlo un día más. Yo soy muy afortunada, porque cuento en mi vida con grandes personas que me enriquecen con su amistad y con su cariño, y son justamente ellos los que me ayudan a continuar. Mi inmenso agradecimiento y un interminable abrazo a todos y cada uno de ellos.

De adioses va la entrada de hoy, y en ella vamos a ver algunos fragmentos de óperas de las que ya hemos hablado en este blog y en los que, en diversas circunstancias y por diversos motivos, se dice "adiós". Empecemos con una de las óperas más conocidas del gran maestro Verdi, "La traviata" en uno de sus momentos para mí más conmovedores, cuando Violetta, que sabe que le quedan pocos momentos de vida, dice adiós a los bellos recuerdos de su pasado, a las rosas de sus alegrías, que ahora están marchitas. Aún el amor de Alfredo, su único consuelo, le falta. Pero alegrías y dolores acabarán pronto. Ni flores ni lágrimas tendrá su tumba:


Continuemos con Verdi, en un bellísimo dúo en el que dos amantes, unidos ya para siempre, pues han sido enterrados en vida, dicen adiós a la vida. Hablo de "Aida", y del final de su último acto. Radamés ha sido encerrado vivo en una tumba, donde se dispone a terminar sus días con el único consuelo de creer que su amada está libre y a salvo; pero su sorpresa es inmensa cuando escucha su voz y descubre que no está soñando porque, en verdad, Aida que, aprovechando un descuido de los guardias logró colarse en la que sabía que sería la tumba de Radamés, está ahora allí con él. Todo en la tierra ha terminado para ellos y sus almas, errantes, vuelan hacia la luz del día eterno:


Y para finalizar, una pequeña joya operística (y le aplico el calificativo de "pequeña" sólo por su duración). Hablo de "Cavalleria rusticana", de Pietro Mascagni, y del momento en el que Turiddu, que ha retado en duelo a Alfio, antes de encontrarse con él, y presintiendo que va a morir, pone toda su alma en una conmovedora despedida a su madre. No es capaz de decirle con palabras lo que realmente ocurre pero sus gestos, su forma de expresarse, el ansia con la que se abraza a la anciana mujer dicen mucho más que las palabras:

 
Mil gracias a todos aquellos y aquellas que habéis tenido la gentileza de deteneros, aunque sólo fuera un momento, en las páginas de este blog.

miércoles, 23 de mayo de 2012

HASTA MÁS ALLÁ DE LA MUERTE (V)


Ramsés II

Llegamos al desenlace de esta trágicamente bella historia. Recuerdo que, la primera vez que la vi (y, por desgracia, únicamente he visto "Aida" en dvd), al conocer el final me quedé literalmente paralizada en el asiento... A la vez que veía lo que sucedía, me decía a mí misma: "no, no puede ser..."; y, mientras una ola de emoción me envolvía, lloré... Pero vamos por partes.

Acto IV, Cuadro I
La acción se traslada, y nosotros con ella, a un salón del Palacio Real. En un amargo soliloquio, Amneris expresa su furia por cómo se han desarrollado los acontecimientos. Su amado Radamès espera a que los sacerdotes le condenen como traidor. "Quisiera salvarlo. Pero ¿cómo?". Amneris hace que los guardias le traigan al preso. "Discúlpate y pediré tu gracia al trono" le dice; pero Radamès no está dispuesto a pedir perdón, aunque le cueste la vida, porque no se siente vil ni reo. Y supone que Aida ha sido ejecutada, así que no le importa morir.

"No, Aida vive", le revela Amneris; sólo Amonasro cayó, y de Aida no ha vuelto a saberse nada. Radamès desea, con toda su alma, que su amada Aida llegue sana y salva hasta su patria, y que jamás conozca la suerte que correrá el que va a morir por ella. Amneris le ofrece la salvación si renuncia a Aida; pero Radamès, categórico, afirma que jamás renegará del amor que siente por la etíope.


Radamès es conducido por los guardias a la cámara donde va a celebrarse el juicio. A medida que se va desarrollando el proceso, Amneris está más y más desesperada... Ahora maldice sus terribles celos, que son los que han firmado la muerte de Radamès. Desde la cámara del juicio, se escucha el siniestro canto de los sacerdotes, que invocan al espíritu celestial para que, a través de ellos, dicte la sentencia. Amneris, desesperada, ruega a los dioses que se apiaden de su destrozado corazón y salven a Radamès.


Por fin, se pronuncia la sentencia; Radamès será encerrado vivo en una tumba. "¡Vivo en una tumba! ¡Oh!, ¡infames!..." exclama Amneris, desgarrada. El lamento desesperado de Amneris se mezcla con los gritos de lujuriosa venganza de los sacerdotes.


Acto IV, Cuadro II
Volvemos al interior del templo de Fthà. La escena está dividida en dos planos: arriba, el templo; debajo, la cripta. Radamès penetra en esta última, y dos sacerdotes sellan su entrada con una losa. "La losa fatal se ha cerrado sobre mí..." Ya nunca más volverá a ver la luz del día, ya nunca más volverá a ver a su amada Aida... Y aquí llega el momento en el que, cuando vi por primera vez esta ópera, me estremecí de pies a cabeza... quisiera poder transmitiros la sensación tan sobrecogedora que me recorrió toda entera... Cuando uno piensa que al desdichado Radamès ya no lo queda sino morir, solo y abandonado en aquella tumba, se escucha una voz... "No puede ser..." me decía yo... Sí, lo era ¡Aida!.

De pronto, de entre las sombras surge, para deslumbrarnos al mismo tiempo que a Radamès, la figura de Aida. "¿Será un espectro o una visión? ¡No, es una forma humana! ¡Cielos, Aida!..." exclama Radamès, y nosotros con él. "Mi corazón previó tu condena, y penetré a hurtadillas en esta tumba..." explica. Radamès casi no puede creer que tiene, de nuevo, a Aida entre sus brazos.


Los dos juntos entonan uno de los (para mi gusto) más bellos dúos de amor de la historia de la ópera: "¡Oh tierra, adiós! Adiós valle de lágrimas..." Ni siquiera me hace falta escucharlo, sólo con recordarlo se me saltan las lágrimas... Mientras tanto vemos cómo Amneris, vestida de luto, se arroja en su desesperación sobre la losa que sella la cripta. Y su inconsolable canto de dolor se mezcla con las voces de Aida y Radamès que, juntos, dicen adiós al mundo.


(Fuentes: "Guía universal de la ópera", de Roger Alier, www.kareol.es, flickr.com y www.youtube.com)

martes, 22 de mayo de 2012

HASTA MÁS ALLÁ DE LA MUERTE (IV)

El río Nilo

Acto III
Nos encontramos a las orillas del Nilo, cerca del templo de Isis. Es una noche cálida, semitropical, en la que la luna llena produce reflejos de plata en el agua. Desde el interior del templo, se escucha el canto de los sacerdotes. La magia del Egipto milenario flota en el ambiente.

Amneris llega en una barca, acompañada de Ramfis y de su séquito. Se dispone a cumplir con la dictadura sacerdotal, que obliga a la princesa de Egipto a pasar horas de oración nocturna en un templo. Ramfis entra con ella en el templo. Aparece Aida...


La princesa esclava, a quien Radamès ha citado allí, se pregunta qué querrá su amado ¿darle su último adiós, quizá? Si es así, Aida está dispuesta a precipitarse en el Nilo en cuyo fondo, quizá, pueda encontrar por fin la paz. "¡Oh, patria mía, jamás volveré a verte!..." Entona un triste canto de añoranza por su lejana tierra, perdida igual que su sueño de amor.


Llega Amonarso, para exigirle a su hija que sonsaque a Radamès qué camino tienen previsto tomar las tropas egipcias porque los etíopes, advertidos por él, volverán a atacar. Aida se niega. Amonasro trata de convencerla ofreciéndole una visión paradisíaca de la vida que ella y Radamès podrían llevar en la fértil Etiopía. Aida continúa negándose, así que Amonasro la amenaza e insulta; finalmente, Aida promete sonsacar a Radamès, por mucho trabajo que ésto le cueste.


Amonasro se esconde cuando ve llegar a Radamès, que llega loco de felicidad, al encuentro de su amada. Pero Aida le recuerda que le aguardan los ritos de otro amor, pues ha sido comprometido en matrimonio con Amneris. "¿Qué estás diciendo? Sólo puedo amarte a ti..." replica él. "¿Y cómo esperas sustraerte... a la voluntad del rey?..." pregunta Aida. Radamès, que sueña despierto, le dice que, en la nueva batalla que se prepara contra los etíopes, él volverá a llevar el ejército egipcio a la victoria; entonces, postrado ante el rey, le revelará lo que siente su corazón y le pedirá que sea ella, Aida, la corona de su gloria. "¿No temes el vengativo furor de Amneris?" Par asustraerse ambos a la tremenda venganza que sin duda tomaría la princesa, Aida propone a Radamès huir juntos a su tierra a Etiopía.


Ante la negativa de Radamès, a Aida no le queda sino acudir al chantaje emocional: "Tú no me amas, ¡vete!" le dice. "¡Jamás mortal alguno ardió con un amor poderoso semejante al mío!" exclama Radamès y, resuelto, acepta por fin huir con ella. Es entonces cuando Aida le pregunta: "¿Por qué camino evitaremos las legiones del ejército?" Así es como se entera de que la ruta escogida por el ejército egipcio para atacar a los etíopes es el desfiladero de Nápata.

En ese mismo instante Amonasro, triunfante, sale de su escondite al tiempo que exclama: "¡El desfiladero de Nápata! ¡Allí estarán los míos!". Amonasro se da a conocer como padre de Aida y rey de los etíopes. Sobre Radamès cae, de golpe, la enorme gravedad de lo que acaba de suceder; por amor, acaba de traicionar a su patria.

Amneris, que ha salido del templo, seguida de Ramfis y de los guardianes, ha presenciado la parte suficiente de la escena para gritar a Radamès: "¡Traidor!". Amonasro se abalanza sobre Amneris daga en mano, pero Radamès se interpone entre los dos. Viendo ya todo perdido, Radamès trata de que su amada Aida se salve, y la obliga a que huya con su padre, mientras él se entrega en manos del gran sacerdote, Ramfis.


Continuará...

(Fuentes: "Guía universal de la ópera", de Roger Alier, www.kareol.es, fotosmundi.es y www.youtube.com)

lunes, 21 de mayo de 2012

HASTA MÁS ALLÁ DE LA MUERTE (III)


Papiro egipcio

Acto II, Cuadro I
Vayamos ahora a las habitaciones de Amneris. La princesa está rodeada de esclavas que se encargan de acicalarla para la ceremonia triunfal de Radamès, que se está preparando para recibir al victorioso guerrero, que ha vencido a los etíopes. Las esclavas cantan a coro, mientras Amneris, espera ansiosa volver a ver a Radamès. Unos esclavos sarracenos ejecutan un pequeño ballet, y después Amneris repite su ansioso canto. Acto seguido, entra Aida...


La astuta Amneris, para someter a prueba a la esclava, le dice que Radamès ha muerto en el campo de batalla. Y si el estremecimiento que la recorre al conocer la noticia ya la delata, lo hace aún más la alegría al saber que la noticia era falsa y que Radamès vive. Ahora la situación se ha vuelto de lo más peligrosa para Aida, puesto que Amneris ha descubierto, por fin, que sus sospechas eran ciertas: Aida ama a Radamès.  Cuanto más le suplica Aida, más inflexible y cruel se muestra Amneris; gozándose en su propio poder, sentencia: "¡Tiembla vil esclava!... este amor puede significar tu muerte; soy árbitro de tu destino, mi corazón rebosa de odio y de venganza".


Fuera de escena, se escucha la trompetería que anuncia que la ceremonia de recepción a Radamès va a dar comienzo.

Acto II, Cuadro II
Aquí llega el momento más famoso de "Aida" y quizá de toda la historia de la ópera: la "Marcha triunfal". El himno "Gloria all'Egitto" causó tal impresión al khedive de Egipto (que asistió al estreno) que dijo que quería convertirlo en el himno nacional de su país (lo que, finalmente, no ocurrió).


Tras la entrada de los sacerdotes, las trompetas presentan el tema principal de la Marcha; luego, un breve ballet, y la escena termina con un reiterado "Gloria all'Egitto". Radamès es recibido con los máximos honores, y Amneris corona al héroe en presencia de Aida. 


A continuación, entran los prisioneros, entre los que Aida reconoce a su padre, Amonasro, el cual le pide que no desvele que es el rey de los etíopes (al cual los egipcios creen muerto). Amneris no cabe en sí de gozo al saber que el padre de su rival es prisionero de los egipcios.


El Faraón concede a Radamès una recompensa, la que él escoja, por su victoria; y Radamés pide la libertad de los etíopes capturados. Los sacerdotes se oponen pero, al fin, se llega a un acuerdo: Aida y su padre se quedarán en Egipto, como garantía de una paz duradera con los etíopes que, en efecto, son liberados. Entonces el Faraón, creyendo premiar aún más a tan valeroso guerrero, le concede la mano de su hija, Amneris, para que un día gobiernen ambos en Egipto.


Continuará...

(Fuentes: "Guía universal de la ópera", de Roger Alier, www.kareol.es, arteyfotografia.com y www.youtube.com)

domingo, 20 de mayo de 2012

HASTA MÁS ALLÁ DE LA MUERTE (II)

Esfinge y Pirámide de Gizeh

¿Qué personajes van a hacernos vivir esta historia? Veamos:

Aida.- Princesa etíope cautiva en Egipto, al servicio de la hija del faraón, Amneris, y rival de ésta por el amor de Radamès. Soprano.
Radamès.- Guerrero egipcio, enamorado de Aida, pero deseado por Amneris. Tenor.
Amneris.- Hija del faraón. Mezzosoprano.
Amonarso.- Padre de Aida y rey de los etíopes. Papel bastante intenso pero breve para barítono.
Ramfis.- Gran sacerdote de Fthà. Bajo.
El Faraón.- Padre de Amneris. Papel para bajo, de relativa brevedad.
Sacerdotisa.- Papel muy breve para soprano.
Un mensajero.- Papel muy breve para tenor lírico.
Coro.- Fundamental.
Ballet.- Secundario, aunque aparece en varias ocasiones.

La acción tiene lugar en Menfis y Tebas, en tiempo del poder de los faraones del Imperio Nuevo de la dinastía XIX o XX.

Como antecedentes, hay que tener en cuenta que, entre las frecuentes guerras entre egipcios y etíopes, éstos últimos llevaron siempre la peor parte. Cuando comienza nuestra historia Aida, hija del rey etíope Amonarso, ha sido hecha prisionera y entregada como esclava personal a la hija del rey egipcio, Amneris, y los etíopes han iniciado una nueva guerra contra Egipto.

Acto I, Cuadro I
Escuchemos primero, el breve pero maravilloso Preludio:


Nos encontramos en una sala del Palacio Real de Menfis. El gran sacerdote Ramfis cuenta a Radamès que se sospecha que los etíopes pretenden desafiarles de nuevo, y amenazar el valle del Nilo y Tebas. Muy pronto, un mensajero les sacará de dudas. Ramfis, le dice también a  Radamès que la sagrada Isis ha nombrado a aquel que, como jefe supremo de las tropas egipcias, se encargará de detener la posible invasión etíope. Ramfis se retira para comunicar al Faraón cuáles han sido los designios de la diosa y  Radamès , solo, se entrega a un embriagador sueño: "¡Si fuera yo ese guerrero!..." Si fuera él el designado por la diosa, el nombramiento le llevaría a la victoria, y ésta al aplauso de toda Menfis. Y podría devolver a su amada Aida, la esclava etíope de la princesa Amneris, reina de su pensamiento y esplendor de su vida, la suaves brisas del suelo patrio, y colocar sobre su cabeza una corona real; ¡podría erigirle un trono cerca del sol!


Durante el monólogo de  Radamès , entra Amneris, y se detiene a observarle. El rostro del soldado resplandece, y su mirada está llena de una insólita alegría; Amneris, con un tono de clara sospecha, exclama que sería digna de envidia la mujer que provocase en el semblante de  Radamès tal reacción.  Radamès le explica que, por unos instantes, ha imaginado lo maravilloso que sería si la diosa le hubiese elegido a él para conducir a las tropas egipcias a la batalla. "¿Ningún otro sueño, más gentil... le habló nunca a tu corazón?" pregunta, malévola, Amneris.  Radamès , inquieto, se pregunta si la princesa ha descubierto su secreto... quizá ha sido capaz de leer en su corazón...

Entra Aida, y a Amneris no se le escapa la mirada que la esclava dirige a  Radamès . "¿Quizá sea ella mi rival?" dice para sí. Astuta, se dirige a Aida con fingida ternura; le asegura que para ella no es ni una esclava ni una sirvienta, sino una hermana. "¿Lloras? Revélame el secreto de tus lágrimas..." Aida le dice que teme que se hagan realidad los rumores de guerra que corren por todas partes; tiene miedo por su infeliz patria, por ella misma, por la princesa... Amneris cree que Aida miente, y que lo que le atormenta es un grave secreto que guarda en su corazón... "¡...tiembla, esclava culpable.... si penetro en tu corazón!...



Entran el Faraón y Ramfis, y el primero convoca al pueblo para anunciar a todos que un mensajero acaba de llegar de la frontera de Etiopía, con graves noticias; hace que se adelante dicho emisario, el cual explica que el sagrado suelo egipcio ha sido invadido por los bárbaros etíopes, y que éstos avanzan contra Tebas. El Faraón llama al pueblo a la lucha, y anuncia que la sagrada Isis ha designado a  Radamès como jefe que llevará a las tropas egipcias a la victoria.  Radamès , exultante, ve cómo su sueño se ha cumplido. Aida se estremece, porque su amado Radamès va a enfrentarse con los etíopes que, al fin y al cabo, son su añorado pueblo.


A solas, sobre Aida cae todo el tremendo peso de la contradicción que supone su amor por  Radamès ya que, si éste vuelve vencedor, las víctimas habrán sido su padre, sus hermanos, la gente de su pueblo. Llena de angustia, Aida ruega a los dioses que se apiaden de su sufrimiento.


Acto I, Cuadro II
La acción se traslada al templo de Fthà. Ramfis y los sacerdotes se encuentran frente al altar. Se celebra la ceremonia de consagración de la espada del jefe supremo de las fuerzas egipcias, Radamès. Desde fuera de escena, los cánticos de la gran sacerdotisa y del coro se elevan al cielo, mientras una danza sagrada se ejecuta en el interior del templo. La escena se acaba con una invocación al "inmenso Fthà".


Continuará...

(Fuentes: "Guía universal de la ópera", de Roger Alier, www.kareol.es, fotopedia.com y www.youtube.com) 

sábado, 19 de mayo de 2012

HASTA MÁS ALLÁ DE LA MUERTE (I)


Aunque ya he hablado en este blog de "Aida", de Giuseppe Verdi, hace tiempo que quería tratar esta ópera más a fondo así que, ¿por qué no ahora? Como sabéis, intento ser original a la hora de titular estas breves reseñas; vosotros mismos decidiréis si he acertado o no con "Hasta más allá de la muerte".

Como viene siendo habitual, en esta primera entrada trataré de hacer una introducción relativa al origen y al contexto de la obra.

Impactante puesta de sol

Se suele creer que "Aida" fue escrita para celebrar la inauguración del Canal de Suez. En realidad, esta ópera fue el fruto de un encargo del gobierno egipcio, que le llegó a Verdi (después de haber sido rechazado por Gounod) para que escribiera una ópera como parte de las celebraciones que habían tenido lugar en todo Egipto con motivo de la reciente inauguración de dicho canal (en noviembre de 1869).

El khedive de Egipto (en régimen de autonomía respecto del estado turco) tuvo un considerable interés en importar una ópera italiana para el nuevo teatro de la Ópera del Cairo, el Teatro Lírico del Jedive, que se acababa de inaugurar conjuntamente con el canal. La ceremonia tuvo lugar en 1869, con la asistencia de la emperatriz Eugenia de Montijo, y fue "Rigoletto", también de Verdi, la primera ópera en subir a los escenarios del nuevo teatro, ya que el libreto de "Aida" no le llegó a Verdi hasta la primavera de 1870.

"Aida" es una historia original del egiptólogo francés Auguste Mariette; en ella se basó Antonio Ghislanzoni para elaborar el libreto de la ópera de Verdi, que fue presentada en sociedad el 24 de diciembre de 1871, en El Cairo. Para entonces, la emperatriz, barrido su trono por la marea de la revolución, ya no estaba.

El estreno de "Aida" fue un éxito rotundo. La representación fue espectacular, con un gran despliegue escénico (que incluía grandes coros y escenas con efectos espeicales). El vestuario, los accesorios y el decorado fueron diseñados por Auguste Mariette.

Cabe señalar que, en un principio, Verdi había escrito una extensa obertura para esta ópera, pero al final acabó descartándola y la sustituyó por el eficacísimo preludio con el que comienza en las representaciones de hoy día. Escuchemos cómo lo interpreta la London Symphony Orchestra, dirigida por Erich Leinsdorf, en una grabación de 1971:


La obertura original (que, como hemos dicho, quedó descartada) se ofreció en una insólita representación con Arturo Toscanini y la Orquesta Sinfónica de la NBC, el 30 de marzo de 1940, aunque nunca llegó a lanzarse comercialmente.

La primera romanza de "Aida" es una de las más temidas por los tenores; y no es para menos pues, recién salido a escena, Radamés, el héroe de nuestra historia, sin haber podido calentar aún la voz, ha de cantar lo que sigue:


¡Ahí es nada! Claro que en su siguiente ópera, "Otello", Verdi hará también que, justo al principio, con la voz aún fría, el protagonista tenga que interpretar un auténtico rompe-gargantas:


Una vez dadas estas breves "pinceladas", dejemos que, a partir de mañana, la historia de amor entre Radamás y Aida, en torno a la que gira esta ópera, nos lleve a través de las abrasadoras arenas del desierto... hasta más allá de la muerte.

Continuará...

(Fuentes: "Guía universal de la ópera", de Roger Alier, www.todooperaweb.com.ar, blogsdelagente.com, wikipedia, flickr.com y www.youtube.com).

sábado, 10 de marzo de 2012

ELEMENTOS DE UNA ÓPERA

El 15 de mayo del año pasado, publiqué una entrada que se titulaba: "¿Qué es eso de la ópera?", en la que traté de explicar la evolución histórica de este género. Pero ¿de qué elementos consta una obra de este tipo? ¿con qué nos podemos encontrar cuando vamos a ver una ópera?

Orquesta Usach (fuente: flickr.com)
Por definirla de una manera muy sencilla, podemos decir que la ópera es una representación teatral en la que los personajes cantan y/o recitan sobre un fondo musical y que tiene, además, pasajes instrumentales; así pues, en la ópera distinguimos:
  • Partes orquestales y
  • Partes en las que interviene la voz humana.

Dentro de las partes orquestales, nos podemos encontrar con:

La obertura.- Es el pasaje musical con el que se suele iniciar (aunque no siempre) la ópera. Cabe destacar que:
  • Está constituida por varios movimientos (sinfonía); es susceptible, por tanto, de usarse de forma independiente, como pieza de concierto. Un ejemplo puede ser la obertura de "La forza del destino", de Giuseppe Verdi, en la que podemos escuchar poderosos toques de trompeta que simbolizan el destino. Se interpreta a menudo como pieza de apertura en conciertos.
  • Anticipa temas musicales que se utilizarán después en el resto de la obra. Tenemos, así, la obertura de "Carmen", de Georges Bizet; a poco de comenzar la música, tras reconocer el exultante ritmo del "toreador", Carmen se nos hace fatalmente presente con los violonchelos, la madera y la trompa, un sonido "oscuro" que conforma el llamado tema "del destino", el cual aparecerá inevitable y dramáticamente al final.
El preludio.- Es también una introducción orquestal a una ópera, pero más breve que la obertura y consta de una sola sección. Muchas veces desemboca sin interrupción en el comienzo del desarrollo de la propia trama. Como ejemplo, podemos citar el preludio de "Madama Butterfly", de Puccini.

El intermezzo.- Pieza orquestal que se ejecuta, bien entre dos actos o entre dos escenas diferentes de un mismo acto, y sirve para dar tiempo a cambiar de escenografía. Escuchemos, como ejemplo, el bellísimo "Intermezzo" de Manon Lescaut, de Puccini, entre el tercer y cuarto acto de la obra.

(Os remito asimismo, para leer acerca de las partes orquestales de la ópera, a otra entrada de este mismo blog: "Algunos términos operísticos (I)")

Fuente: artelista.com
En cuanto a las partes en las que interviene la voz humana, nos podemos encontrar con:

El recitativo.- Aparece desde el comienzo de la historia de la ópera. Tiene carácter parlato, es decir, imita las inflexiones de la voz en el diálogo. No tiene una estructura que permita recordarlo. Se trata de pasajes en los que se explica, se describe, la acción del drama. Si el recitativo precede a arias importantes se acompaña con orquesta (recitativo accompagnato), mientras que el recitativo secco se usa en los pasajes más rutinarios. Veamos, como ejemplo de recitativo, un brevísimo diálogo entre Ramfis, sumo sacerdote de Egipto y Radamés, capitán de la guardia, al comienzo de la ópera "Aida", de Verdi, que introduce la famosísima aria que canta, inmediatamente después, Radamés (recitan: Darío Caselli y Mario del Mónaco).

El aria.- Existe también desde que apareció la ópera, y tiene un carácter de remanso melódico; se trata de un pasaje en el cual un personaje expone sus sentimientos o emociones frente a los momentos de mayor contenido narrativo, que configuran el recitativo. Como ejemplo y continuación del recitativo anterior, escuchemos a Radamés y su "Se quel guerrier io fossi... (canta: Mario del Mónaco)". 

El dúo.- Aunque quizá nos venga a la mente un dúo de carácter amoroso, no siempre son así; también pueden representar una disputa o una simple conversación entre dos personajes. A veces canta un personaje mientras el otro escucha, y otras cantan los dos a un tiempo, resultando bonitos juegos armónicos entre las dos voces. De la misma manera, hay tríos, cuartetos, quintetos... Escuchemos un apasionante dúo barítono-tenor entre Iago y Otello, de la ópera "Otello", de Giuseppe Verdi: "Ora e per sempre, addio... (cantan: Giuseppe Valdengo y Ramón Vinay)."

El coro.- Dentro de la estructura dramática de la obra, el coro es un conjunto de personas que tienen algo en común y que cantan, por ello, de forma conjunta. Famosísimo es el coro "Va pensiero..." del "Nabucco" de Verdi. Para una explicación más extensa de esta ópera, os remito a otra entrada de este mismo blog: "Las alas doradas del pensamiento".

Pentagrama (fuente: gifmania.com)
En lo que se refiere a los tipos de cantantes que podemos escuchar en una ópera, os invito también a releer una entrada anterior de este blog: "Cantantes líricos". Dejaremos para después un desarrollo más exhaustivo de los diversos tipos de voces.

No nos olvidemos de la orquesta. Generalmente, consta de los siguientes grupos instrumentales:

Violín (fuente: gifmania.com)
Cuerda.- Treinta violines, doce violas, diez violonchelos, ocho contrabajos y un arpa.
Viento-madera.- Un flautín, dos flautas, dos oboes, un corno inglés, dos clarinetes, un clarinete bajo, dos fagotes y un contrafagot.
Viento-metal.- Tres trompetas, tres trombones, cuatro trompas y una tuba.
Percusión.- Cuatro timbales y otros instrumentos de percursión, dependiendo de la composición (xilófono, campana, castañuelas, etc.)

Y, por último, vamos a hablar de la escenografía. Las óperas se suelen dividir en actos; cada acto tiene un tema o argumento propio y se desarrolla en un escenario concreto. En primer lugar es el libretista el que escribirá el "guión" de la obra, en el que describirá dónde y cómo se va a desarrollar la acción. Después, será el compositor el que escriba la música basándose en el libreto. Los escenarios que se construyan serán los que comenzarán a dar vida a la obra, la cual nacerá definitivamente con la representación.

(Fuentes: artelista.com, gifmania.com, flickr.com, es.wikipedia.org, comotelocuento.es, www.riveramusica.com, www.weblaopera.com, caminodemusica.com, www.juntadeandalucia.es, www.liberliber.it)

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