Bienvenido

Bienvenido, amable navegante, a mi pequeño rincón. Si has llegado hasta aquí es que, como poco, sientes curiosidad por la ópera. Quizá seas un experto. Quizá sólo has echado un somero vistazo a este tema y te preguntas qué es lo que mueve a un aficionado a la ópera. O quizá, ni lo uno ni lo otro... ¿qué más da?.

Ante todo, he de decir que ni soy una erudita en esta materia ni lo pretendo. Este blog quiere servir, simplemente, de lugar donde reflexionar, donde compartir experiencias, opiniones, sentimientos, etc., acerca de un mundo que para mí es muy enriquecedor.

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viernes, 25 de mayo de 2012

LOS MÁS BELLOS DÚOS DE AMOR (I)


Llevo unos días "romanticona" así que, al hilo de ese sentimiento, me apetece compartir con vosotros algunos de los (para mí) más bellos dúos de amor de la ópera. Empecemos con el gran Verdi y su infinita maestría para transmitir sentimientos y llegar a la "fibra" más sensible, esa que todos guardamos celosamente en el rincón más preciado del corazón... Os propongo el dúo del Primer Acto del "Otello" verdiano, en el que Otello y Desdémona, en una deliciosa noche estrellada, recuerdan embelesados cómo se conocieron y de qué modo empezó su historia de amor: "Gia nella notte densa...". Escuchémoslo en las voces de Jon Vickers y Mirella Freni:


Tengo pendiente hacer un desarrollo exhaustivo de esta ópera en el blog. De momento, os remito a una entrada que ya publiqué:


cd

Y qué decir de Puccini, que es todo arte, vida, sentimiento... En "La bohème", el genial maestro de Lucca escribió un apasionado dúo para los protagonistas, Rodolfo y Mimì: "O soave fanciulla..." Entre los dos acaba de surgir el amor, como un tremendo y repentino flechazo... Rodolfo, arrebatado por la dulzura de Mimì, se ha dado cuenta de que ella es el sueño que siempre deseó soñar... Mimì, conmovida hasta lo más hondo, se rinde a aquel amor que la inunda, como una ola gigantesca...


Sobre "La bohème" de Puccini encontraréis bastantes artículos en este blog. A modo de referencia, os remito a tres de ellos:


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Veamos ahora un dúo que pertenece a una preciosa ópera de Donizetti. Hablo de Lucia di Lammermoor. Lucia, hermana del poderoso Enrico Ashton, está enamorada de Edgardo Rawenswood; los dos han de verse en secreto, pues sus familias son enemigas mortales. En uno de esos furtivos encuentros, junto a la fuente de un parque, se despiden por un tiempo, pues Edgardo debe emprender un viaje; pero antes, los dos se prometen fidelidad eterna intercambiándose unos anillos, y cantan un apasionado dúo de amor: "Verrano a te sull'aure...":


Sobre "Lucia di Lammermoor" encontraréis también varias entradas en este blog. Como referencia, os cito dos de ellas:


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Y así, con el ferviente deseo de que os haya gustado la entrada de hoy, me despido hasta mañana, mis queridos amigos.

jueves, 8 de marzo de 2012

UNA BOHÈME... ¿INTEMPORAL? (4ª parte)

Llegamos por fin al Cuadro IV. Aquí vais a comprender por qué he titulado a esta serie de entradas "Una bohème... ¿intemporal?.

Estamos de nuevo en la buhardilla de los cuatro amigos. Marcello y Rodolfo tratan de trabajar pero no son capaces de concentrarse, pues ambos añoran, respectivamente, a Mussetta y a Mimì, que ya no están con ellos. Entran Schaunard y Colline, con una más que frugal (un poco de pan y un arenque). Los cuatro amigos, para olvidar sus penas, cantan y bailan simulando que van a disponerse a disfrutar de un opíparo banquete.

Escena del Cuadro IV de "La bohème" (fuente: flickr.com)
Llega Mussetta, muy agitada. Mimì, que apenas tiene fuerzas para subir las escaleras, viene detrás de ella (nunca he entendido por qué no la ayuda a subir a la pobre). Por fin Mimì llega, casi sin aliento. Entre todos, la acomodan en el camastro de Rodolfo. Y he aquí que en este momento tan dramático, mi vista se fija en un o de los amigos de Rodolfo (no recuerdo cuál), que se dirige hacia la parte izquierda del escenario, donde se supone que hay una especie de lavabo y entonces... ¡oh maravilla de las maravillas! a pesar de que esta historia se desarrolla en 1830 (fecha en la que el señor Thomas Alva Edison ni siquiera había nacido) mis ojos se asombran ante la visión de.... ¡UNA LAMPARITA ELÉCTRICA DE FLEXO! A partir de ahí, para mí se perdió todo el dramatismo, me fui imposible tomarme en serio la situación. Incluso la tiernísima aria que canta Colline y que me apasiona: "Vecchia zimarra...", me pasó casi desapercibida. No podía apartar los ojos de la lamparita sin acabar de dar crédito a lo que veía.

Mimì agonizando y, a su alrededor, Rodolfo y los demás casi no saben qué hacer. Mussetta trata de proteger de las posibles corrientes de aire la llama de la única vela que tienen... Y a pocos centímetros ¡LA LAMPARITA! Si es que daban ganas de decirle: "¡Mujer, no te esfuerces con la vela, si tienes ahí mismo el flexo!.

Por fin, se muere Mimì (y lo hace muy bien, todo hay que decirlo) y yo esperaba esa fantástica transición final de escenario... sin embargo, simplemente, se bajó el telón. Después, los protagonistas salieron a saludar varias veces (aunque sólo los principales, porque el coro no salió) y... se acabó.

Señalo una vez más que todas estas reflexiones nacen de mi opinión personal y, por tanto, ni recomiendo, ni dejo de recomendar la obra. Para gustos, los colores. Sí que puedo decir que esperaba mucho más.

(Fuente del fragmento musical: www.liberliber.it, canta: Raphael Arié)

UNA BOHÈME... ¿INTEMPORAL? (3ª parte)

Comienza el Cuadro III. Estamos en el Barrio Latino, en la terraza del café Momus. La escena tiene una gran vivacidad; uno no sabe para dónde mirar: niños con sus madres, estudiantes, viandantes, vendedores ambulantes, Parpignol el juguetero, que hace las delicias de los niños... todos ellos además de los protagonistas, claro está.

La bohème, terraza del Café Momus (fuente: flickr.com)

Entre tal barullo de gente logramos distinguir a Mimì con la "cuffietta" rosa que le acaba de regalar Rodolfo; los amigos de éste, que admiten con alegría la presencia de Mimì, también han comprado objetos diversos.

Llega otro punto de inflexión: la aparición de Mussetta, la que fuera novia de Marcello. Es la presentación de la segunda pareja de la obra. Musseta, con un fondo noble y un gran corazón, pero casquivana y voluble como veleta impulsada por el viento, llega al café Momus acompañada del viejo y rico Alcindoro, personaje grotesco, ridículo, que pierde el resuello por atender el menor capricho del a muchacha. Marcello finge ignorarla y ella, irritada, hace una calculada escena de celos; es entonces cuando canta el famoso "Vals de Mussetta": "Quando me'n vo..." que tiene, tanto en la letra como en el intención con la que lo canta, una carga venenosa destinada a hacer rabiar de celos a Marcello.
En este reparto, Mussetta fue Ainhoa Garmendia y no puedo sino elogiarla. Le dio al personaje ese aire descarado, insolentemente desenvuelto que uno espera en Mussetta y cantó con mucha gracia e intención. Lo cantó subida al mostrador del café; quizá un poco exagerado (recalco siempre que para mi gusto) el gesto de subirse las faldas hasta tal punto de que a los que la miraban desde abajo les faltó poco para verle el carné de identidad, pero bueno, son cosas del director de escena.
Termina este Cuadro II triunfalmente, con la reconciliación de Marcello y Mussetta, y con los seis amigos yéndose en el coche del viejo Alcindoro, al que Mussetta ha logrado dejar plantado con un palmo de narices. Y, necesariamente (porque esta historia, no lo olvidemos, no deja de ser un drama) vamos hacia el conmovedor Cuadro III, que nos va anunciando la que será la tragedia final.

Mimì y Marcello (fuente: flickr.com)
En una fría madrugada de febrero, en medio de una nevada, Mimì llega a una taberna a las afueras de París, donde ahora viven Marcello y Mussetta. Del mismo modo que con el aria"Che gelida manina..." me acudió inmediatamente a la voz y al corazón la forma que tenía el maestro Kraus de interpretarla, en este Cuadro III fue inevitable para mí recordar a Mirella Freni en la archifamosa grabación de "La bohème", junto a Luciano Pavarotti en San Francisco, en el 88. Me parece, si no imposible, dificilísimo hacerlo mejor de lo que ella lo hizo en este Cuadro III. Ningún gesto de más, toda dulzura, metida de lleno en el personaje... me faltan las palabras:


Otro listón, pues, muy alto. Estoy muy lejos de ser una especialista en la materia, pero sé "lo que me llega" y "lo que no". Interpretaciones como ésta de Mirella Freni, a mí me hacen sentir que el cantante "vive" el personaje, que en ese momento "es" el personaje que interpreta, y daría igual que estuviese cantando o hablando, porque me transmite una veracidad que está más allá de la música y de las palabras. Y eso no me lo transmitió aquí, ni de lejos, Maria José Siri.

Mimì, llena de amargura, le cuenta a Marcello que Rodolfo le hace la vida imposible con sus celos, y que están a punto de separarse. ¡Ay ese gesto de toser justo cuando tiene que hacer una pausaaaa....! ¡Ay....!.... No sé, los gestos de esta Mimì me parecieron, en general, poco naturales.

Como contrapunto a la feroz discusión que tiene lugar entre Marcello y Musetta, Rodolfo y Mimì se reconcilian y deciden permanecer juntos hasta abril. Y así termina el Cuadro III.

Fuente del fragmento musical: www.liberliber.it, canta: Hilde Geden).

miércoles, 7 de marzo de 2012

UNA BOHÈME... ¿INTEMPORAL? (2ª parte)

Habíamos dejado al bueno de Rodolfo a punto de arrancarse a cantar "Che gelida manina... ". A pesar de que las comparaciones son odiosas, no pude evitar que acudiera a mi mente la delicadeza, el sentimiento, la elegancia con la que Alfredo Kraus cantaba esta hermosísima aria... Y tener en mente al maestro de maestros es colocar el listón muy alto. Sin embargo, y en honor a la verdad, Rodolfo Aronica me emocionó, se me saltaron las lágrimas... Y lo mismo me ocurrió con María José Siri y su "Si... mi chiamano Mimì..." Ambos supieron encontrar el profundo y tierno sentimiento que palpita en esta escena.

Giacomo Puccini
Rodolfo y sus amigos (Marcello, Schaunard y Colline) tenían pensado ir al Barrio Latino. Rodolfo se había quedado rezagado para terminar un artículo que debía entregar a la revista "El castor". Sus amigos que, impacientes, le esperan en la calle, le llaman a voces; Mimì sugiere a Rodolfo que quizá podría unirse a ellos... Embelesado por tal proposición, Rodolfo toma del brazo a Mimì y se van los dos, muy acaramelados, a reunirse con los demás.

La transición entre el final de este Cuadro I y el comienzo del Cuadro II opino que está resuelta de forma muy inteligente. Mientras los dos amantes, que se sitúan fuera del decorado y cantan, absortos el uno en el otro el escenario, al fondo, envuelto en una densa penumbra que apenas deja adivinar las siluetas de cosas y personas, va cambiando: se retira la buhardilla en la que vive Rodolfo y va apareciendo lo que después veremos que es el Barrio Latino, lleno a rebosar de personas que, por el momento, permanecen inmóviles, puesto que aún no es su turno de entrar en escena.


Continuará...

(Fuente de los fragmentos musicales: www.liberliber.it, cantan: Giacinto Prandelli y Renata Tebaldi).

lunes, 5 de marzo de 2012

UNA BOHÈME... ¿INTEMPORAL? (1ª parte)

Queridos amigos:

Después de un larguísimo paréntesis en el que (por diversos motivos) este blog ha permanecido inactivo, y tras pediros perdón por ello, vuelvo hoy para exponer mi visión personal acerca de la representación de "La Bohème" de Puccini del Liceo de Barcelona que ví el pasado sábado 3 de marzo. Quiero recalcar que, en todo momento, lo que trataré de desarrollar será mi opinión personal, tan válida o tan inválida, por lo tanto, como cualquier otra.

Teatro del Liceo (fuente: arteyfotografia.com.ar)

En primer lugar, quiero expresar una enérgica protesta por el hecho de que, tanto las representaciones como las explicaciones previas a las óperas en el Teatro del Liceo estén pensadas únicamente para el público catalanoparlante; ¿acaso no reza, en el Salón de los Espejos del propio teatro, una leyenda que dice "El Arte no tiene Patria"? parece que la única patria de la ópera en Barcelona es Cataluña. Visto así, en la nombrada ciudad condal se tiene mucha más consideración, por ejemplo, con el potencial usuario del metro o del autobús que con el eventual asistente a las representaciones del Liceo, puesto que en los transportes públicos se pueden ver indicaciones no sólo en catalán, sino también en castellano y en inglés.
Al igual que en el Liceo, en el Teatro Real de Madrid se celebran charlas explicativas previas a las óperas, pero sólo se hace una y unos días antes de que comiencen las representaciones; en el Liceo, sin embargo, tiene lugar una unos tres cuartos de hora antes de cada representación, lo cual me parece una idea fantástica porque el espectador puede conservar así mucho más fresca la información. Lo que no me parece de recibo, es que esta charla se haga única y exclusivamente en catalán; al menos, y por respeto al público que no habla el idioma, podría hacerse una traducción simultánea al castellano. Y respecto a la representación en sí, los subtítulos son, de forma igualmente segregativa, sólo en catalán. ¿Quizá lo que se pretende es que únicamente sea el público catalanohablante el que acuda a las representaciones?

Escena de "La bohème" (fuente: flickr.com)

Y ahora, paso a hablar de lo que, para mí, fue la representación en sí. El montaje, de Giancarlo del Monaco, pertenece a una producción del Teatro Real, donde se había representado unas temporadas atrás. Ya que no lo vi cuando estuvo en Madrid, esta vez no quise perdérmelo. Mis expectativas eran muy halagüeñas; había oído que se trataba de una producción muy cuidada, escrupulosamente respetuosa en cuanto al ambiente de la época en la que se desarrolla la acción y con un cambio de escenario sorprendente al final. En cuanto al reparto, ya sólo el hecho de que Mimì fuera Inva Mula, a la que vi el año pasado en I pagliacci, también en el Liceo, hacía que mereciese la pena el viaje.

Pero hete aquí que, para empezar, resultó que Inva Mula había tenido que ser sustituida por María José Siri. "Bueno, a ver qué tal..." me dije. Del resto del reparto sólo conocía a Rodolfo Arónica, que hizo el papel de Rodolfo y me gustaba. Así pues, afronté el primer acto con aceptable buen ánimo.

Tras diversas escenas en las que intervienen Rodolfo y sus cuatro amigos, además del casero que intenta (inútilmente) cobrarles la renta, llega el primer punto de inflexión: la entrada de Mimì en escena. Vecina del poeta Rodolfo, acude a éste para pedirle que encienda de nuevo su vela, que se le ha apagado. Tímida, recatada, vergonzosa... quizá un poco menos fatigada de lo que hubiera sido de esperar a causa de las escaleras y de su incipiente tuberculosis tiene, sorprendentemente (sin apenas ayuda de Rodolfo), tiempo sobrado para llegar hasta la silla que está junto a una mesa que hay hacia la mitad de la estancia y, más que desmayarse, se recuesta con languidez sobre el viejo tablero de madera... Ahí la cosa me "chirrió" un poco, pero bueno...

Por fin la chica se despierta. Rodolfo le ofrece un vaso de vino y, después de beber un sorbito, Mimì se dispone a marcharse. De repente, se da cuenta de que ha perdido la llave de su habitación e insta a Rodolfo a que le ayude a buscarla. Una ráfaga de aire apaga la vela de Mimì y Rodolfo, para retener a la muchacha, apaga también la suya. Aquí, en teoría los dos tienen que estar en una semioscuridad, con suficiente luz para que el público pueda verlos, pero no tanta como para que no sea creíble el hecho de que casi no ven nada porque las velas de ambos se han apagado. Uno imagina que, desde el comienzo del acto, la luz que entra por la ventana de la buhardilla (a la izquierda del escenario) ha tenido que ir decayendo; al principio, hay claridad suficiente para que Marcelo pueda pintar un cuadro únicamente con luz natural; pero si, después, son necesarias velas, lógico es pensar (digo yo) que ha tenido que ir anocheciendo ("...ma per fortuna è una notte di luna...").

Palpa que te palpa, Mimì hace que busca su llave. Y digo "hace que busca" porque la sensación que transmite es que no tiene muchas ganas de encontrarla. Hasta donde yo entiendo, es Rodolfo, que se ha quedado prendado de Mimì, el que no está interesado en que la llave aparezca; tanto es así que, cuando da con ella, se la guarda en el bolsillo y hace como que sigue buscando porque aún no la ha encontrado. En este montaje se ve una versión un tanto diferente de la actitud de Mimì; pasa de ser la tímida muchacha del principio de la escena a atreverse a coger la mano de Rodolfo en la oscuridad (claramente va a atrapar su mano a pesar de que, teóricamente, no se ve nada). Hasta donde yo tenía entendido, es Rodolfo el que tropieza por casualidad con la mano de Mimí. Y llegamos al: "Che gelida manina..."

Continuará...

viernes, 3 de junio de 2011

AQUELLA VIDA BOHEMIA (III)

Acto IV

Estamos en la primavera siguiente, de nuevo en la buhardilla de los bohemios. Marcello pinta y Rodolfo escribe; cada uno comenta que ha visto a la pareja del otro en aparente prosperidad pero, aunque los dos fingen indiferencia, no pueden dejar de pensar en sus amadas. Su mal humor se refleja en que ni el pincel parece bueno ni la pluma escribe bien ("In un coupè?"). Ambos cantan su añoranza de las mujeres que aman ("O Mimì tu più non torni").

Entran de pronto Schaunard y Colline, con las escasas provisiones que han podido agenciarse: un arenque y un poco de pan; sin embargo, todos fingen estar en un gran banquete y pertenecer a las altas esferas del gobierno, y el buen humor reinante hace que se pongan a cantar y a bailar ("Gavotta, Minuetto, Pavanella").


De pronto entra Musetta, apresuradamente; Mimì está subiendo las escaleras casi sin aliento, moribunda. Llega, en efecto, Mimì, y los bohemios la acuestan y la abrigan. Mimì tiene un frío espantoso.

Rodolfo se acerca a Mimì y entabla con ella una tierna aunque breve conversación. Musetta se quita unos pendientes y, en un aparte, le pide a Marcello que vaya a comprar un cordial o algo que reanime a Mimì, que busque un médico... le encarga también algo por lo que Mimì tiene mucha ilusión: un manguito para calentarse las manos. Al fin, Musetta y Marcello se van juntos ("Musetta... C'é Mimì..."). Colline se quita su viejo gabán y se dispone a empeñarlo para reunir dinero, y aconseja además a Schaunard que deje solos a los dos amantes ("Vecchia zimarra").


Cuando los demás se han ido, Mimì abre los ojos y habla con Rodolfo. Juntos recuerdan los episodios del día en que se conocieron.


Luego de un acceso de tos, Rodolfo se asusta y le ruega que no hable más. Vuelven Marcello y Musetta, que trae el manguito que, le dice, es un regalo de Rodolfo; Mimì, con mucha ilusión, coloca sus manecitas en él ("Sono andati? Fingevo di dormire").

La vida de Mimì es como una vela que, poco a poco, se va extinguiendo. Musetta ruega a la Virgen que la salve y prepara el cordial al fuego, ayudada por Marcello. Regresa Colline con el dinero del empeño, que entrega a Musetta. Schaunard vuelve también y, mientras Marcello va cerrando las celosías de las ventanas, observa a Mimì, que ha muerto. Rodolfo se da cuenta de que los demás le observan y se lanza sobre el cadáver de Mimì, sollozando... ("Che avvien?").



Fragmentos de audio:
Mimì: Renata Tebaldi.
Rodolfo: Giacinto Prandelli.
Marcello: Giovanni Inghilleri.
Schaunard: Fernando Corena.
Colline: Raphael Arié.
Benoît/Alcindoro: Melchiorre Luise.
Musetta:  Hilde Geeden.

Fragmentos de vídeo:
Mimì: Cristina Gallardo Domâs
Rodolfo: Marcelo Álvarez.
Marcello: Roberto Servile.
Schaunard: Natale de Carolis.
Colline: Giovanni Battista Parodi.
Alcindoro: Angelo Romero.
Musetta:  Hei-Kyung Hong.

Enlace al libreto completo: "La bohème".
(Fuentes: "Guía universal de la ópera" de Roger Alier, "Ópera", de András Batta, http://www.kareol.es/www.liberliber.it y www.youtube.com).
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Sobran más palabras... o faltan ¡qué se yo! La poesía de las pequeñas cosas, de las pequeñas y grandes tragedias humanas en las que todos, de un modo u otro, podemos reconocernos... Esa persona a la que amas, sin que esté en tu mano impedirlo, se va... ¿ya está? ¿eso es todo? ¿ahí se acaba todo?... Crees que tus sentidos te engañan, que no es cierto, que no puede ser cierto, que vas a despertar de un mal sueño... y todos los sentimientos que habitan en tu interior se te comprimen dentro formando un nudo que te ahoga...

jueves, 2 de junio de 2011

AQUELLA VIDA BOHEMIA (II)

Acto II

En el Barrio Latino de París, frente al café Momus, se respira un alegre ambiente navideño. La calle es un contínuo ir y venir de gente, con vendedores de diversas mercancías ("Aranci, datteri!"). Rodolfo demuestra ser un poco celosillo: quisiera que Mimì tuviera ojos sólo para él ("Chi guardi?"). Entre los vendedores hay un juguetero ("Viva Parpignol, Parpignol!"). Los amigos hacen diversas compras; Rodolfo regala a Mimì una pequeña cofia rosa.

Los bohemios se sientan en una mesa del café y ordenan un servicio especial, puesto que hay una dama entre ellos. La conversación es animada, y Colline y Schaunard dan el visto bueno a la incorporación de Mimì al grupo; pero surge el tema del amor y se ve que a Marcello se le quitan las ganas de hablar.

Se oyen de pronto unas risotadas y se organiza un revuelo general: llega Musetta, antigua amante de Marcello. Viste de un modo llamativo y lujoso, y va seguida por Alcindoro, un viejo galán cargado de paquetes, todos comprados por ella. Aunque el viejo trata de resistirse, Musetta quiere sentarse fuera, porque ha visto a los bohemios; trata de llamar la atención de Marcello...


Musetta, rabiosa porque Marcello finge no hacerle caso, llega incluso a romper un plato, con gran rubor del viejo Alcindoro ("Comme un facchino...").

Musetta empieza a cantar una canción ligera, que irrita aún más al viejo, y a la que Marcello contesta diciendo que Musetta se alimenta de corazones humanos ("Quando men'vo"). Mientras Musetta continúa con su canto, Rodolfo hace saber a Mimì que él no sería jamás capaz de perdonar como lo hará, en cambio, Marcello poco después, cuando Musetta, fingiendo dolor en un pie, mande al infeliz Alcindoro a arreglarle el zapato a o traerle un par nuevo. Marcello y Musetta, reconciliados, se abrazan ("Caro!... Fuori il denaro!"). Pasa un desfile de la Guardia Republicana y los bohemios se van alegres con ellos, no sin que Musetta haya dejado las cuentas de las dos mesas a Alcindoro, que llega a tiempo sólo de pagar ("Ohè, là... le guardie!").


Acto III
Han pasado dos meses; es febrero y la nieve cubre las calles de París. En las afueras de la ciudad, junto al control de consumos, se ve un hostal; en sus paredes, hay pinturas por terminar, obra de Marcello, que se aloja en dicho hostal con Musetta, a la que oímos cantar desde dentro.

Algunos trabajadores y unas lecheras pasan por el control, mostrando sus cestos vacíos. La música introduce el tema de Mimì: entra ella, aterida de frío, buscando a alguien. Sale una mujer del hostal y Mimì le pregunta si está el pintor Marcello. La mujer entra y poco después aparece Marcello, sorprendido de ver allí a Mimì, la cual le explica que Rodolfo está poseido por el monstruo de los celos, que la convivencia se está haciendo insoportable ("Sa dirmi scusi qual è l'osteria..."). Marcello le dice que Rodolfo está dentro; ha llegado poco antes y se ha dormido en un banco. Pero Mimì no quiere verle.


Al ver que Rodolfo se despierta y hace ademán de salir, Mimì se esconde ("È freddo. Entrate"). Aparece, en efecto, Rodolfo y, creyendo que él y Marcello están solos, le cuenta que quiere separarse de Mimì, porque es una fresca que coquetea con todos("Marcello. Finalmente!"), sobre todo con un vizconde que le pone ojos de pescado ("Mimì, è una civetta"). Marcello no se cree nada y así se lo dice; Rodolfo confiesa entonces que quiere dejar a Mimì porque está muy enferma, cada día más, y no tiene valor para verla morir. Mimì, que no era consciente de su gravedad, se echa a llorar y tose, revelando su presencia. Mientras, Marcello oye las risas de Musetta y, rabioso de celos, entra rápidamente en el hostal. Rodolfo quiere tranquillizar a Mimì que, vencida por la pena, le dice adiós... ("Mimì è tanto malata").


... pero los dos empiezan a recordar ("Donde lieta uscì")... y por fin deciden permanecer juntos, aunque sólo sea hasta la primavera.

Marcelo vuelve a salir enzarzado en una pelea "conyugal" con Musetta. Ésta, que no está dispuesta a soportarlo, se marcha llamando "sapo" y pintor de mala muerte a Marcello. La sonora pelea no ha distraído a Rodolfo y a Mimì, que siguen prometiéndose amor bajo la nieve que cae ("Dunque è proprio finita?").


Continuará...

Fragmentos de audio:
Mimì: Renata Tebaldi.
Rodolfo: Giacinto Prandelli.
Marcello: Giovanni Inghilleri.
Schaunard: Fernando Corena.
Colline: Raphael Arié.
Benoît/Alcindoro: Melchiorre Luise.
Musetta:  Hilde Geeden.

Fragmentos de vídeo:
Mimì: Cristina Gallardo Domâs
Rodolfo: Marcelo Álvarez.
Marcello: Roberto Servile.
Schaunard: Natale de Carolis.
Colline: Giovanni Battista Parodi.
Alcindoro: Angelo Romero.
Musetta:  Hei-Kyung Hong.

(Fuentes: "Guía universal de la ópera" de Roger Alier, "Ópera", de András Batta, www.liberliber.it y www.youtube.com).

miércoles, 1 de junio de 2011

AQUELLA VIDA BOHEMIA (I)

Si "Manon Lescaut" fue el primer éxito de Puccini, su siguiente ópera, "La bohème", fue su consagración. La historia se basa en las "Scènes de la vie de bohème", de Henri Murger, folletín por entregas que fue publicado en el periódico "Le Corsaire" a lo largo de los años 1847 a 1849, y que después se convirtió en la novela "La vie de bohème". Los libretistas Luigi Illica y Giuseppe Giacosa, a instancias de Puccini, transformaron el ambiente satírico y mordaz de la novela de Murger en el amoroso, tierno y romántico que impregna el libreto de esta ópera.

Final de "La bohème" de Puccini. Fuente: flickr.com.
Puccini se sintió atraído por el relato de Murger por dos razones. En primer lugar, le recordaba sus propias vivencias como estudiante en Milán, cuando luchaba por sobrevivir con el menguado estipendio de su beca. Otro motivo fue saber que su colega compositor Leoncavallo andaba también ocupado con este texto (recordemos que, cuando Puccini emprendió la composición de su "Manon Lescaut", ya la "Manon" de Massenet triunfaba en los escenarios); amante de los retos, insistió en componer "La bohème" y logró estrenarla algo más de un año antes de que Leoncavallo llevara por primera vez a escena, con igual nombre, la suya. Y la consideración popular ha hecho prevalecer en el panorma operístico, con mucha diferencia, "La bohème" de Puccini sobre la de Leoncavallo, a pesar de guardar esta última mayor fidelidad a la obra de Murger.

Decía Puccini: "Me interesan exclusivamente las pequeñas cosas y no quiero dedicarme a otra cosa que no sean las pequeñas cosas". Este espíritu poético es especialmente acertado en el caso de "La bohème", pues en ella se cuentan "pequeñas historias" de gentes anónimas, de "pequeñas gentes" con sus ocasionales y "pequeñas alegrías", y sus frecuentes y a menudo no tan "pequeñas" penas. Basta cerrar los ojos y dejarnos envolver por la música y las palabras para que tomen cuerpo las flores que borda Mimí, su manecita fría y frágil, la alegría desbordante del café Momus, la pequeña cofia rosa, el frío helador de las calles... esa poesía de las pequeñas cosas que tan magistralmente entendía y sabía expresar Puccini; ¿quién sino él podría haber creado una pieza tan conmovedora dedicada a un objeto aparentemente tan sencillo como un abrigo?.

"La bohème" se estrenó en el Teatro Regio de Turín el 1 de febrero de 1896. En España, se representó por primera vez en el Gran Teatro del Liceo de Barcelona, el 10 de abril de 1898.

Personajes
Mimì, bordadora de flores que ama a Rodolfo (soprano).
Rodolfo, poeta bohemio enamorado de Mimì (tenor) que vive en una buhardilla con sus amigos Marcello, Schaunard y Colline.
Marcello, pintor amigo de Rodolfo, enamorado de Musetta (barítono).
Musetta, muchacha bohemia, dada al lujo y a la comodidad, pero enamorada en el fondo de Marcello (soprano).
Schaunard, músico amigo de Rodolfo y los demás bohemios (barítono).
Colline, filósofo, amigo de los demás bohemios (bajo).
Benoît, el casero de los bohemios; suele doblarse con el papel de Alcindoro (bajo bufo).
Alcindoro, viejo verde admirador de Musetta (bajo bufo).
Parpignol, vendedor de juguetes en el segundo acto (tenor).
Guardián de consumos (bajo).
Un sargento (barítono).
Un niño (voz blanca).
Coro.

Argumento
Acto I
En una buhardilla sobre los tejados de París viven Rodolfo (poeta), Marcello (pintor), Schaunard (músico) y Colline (filósofo). Es nochebuena y no tienen dinero. Marcello está pintando ("Questo Mar Rosso"). Para mitigar (al menos un poco) el tremendo frío que hace, y al carecer de leña, hablan primero de quemar el cuadro que está pintando Marcello; después, tras considerar lo mal que olería la pintura quemada, recapacitan y deciden echar al fuego el manuscrito de una obra de teatro de Rodolfo ("Pensier profondo!"). Mientras arde el papel, entra Colline; había querido empeñar algunos de sus libros pero, al ser víspera de Navidad, la casa de empeños está cerrada.

Aparece Schaunard con dos mozos de ultramarinos que traen leña, vino, pan y comestibles varios; en el colmo de la opulencia, derrama monedas de curso legal que sus asombrados amigos se disponen, raudos, a recoger. Mientras Schaunard trata de explicar cómo ha conseguido que un excéntrico americano le pague muy bien unos discutibles servicios musicales, los demás, que no le hacen caso, se apresuran a disponer la mesa para comer. Pero Schaunard reacciona y, mientras les quita la comida de las manos y la guarda, les dice que lo que ha traído deben reservarlo para cuando no haya dinero; esa noche comerán fuera, en el Barrio Latino ("Legna! Sigari!").


De pronto llaman a la puerta. Confusión y alboroto. "¿Se puede?"; es el casero Benoît. Entra y Marcello le promete que pagarán pero le pide que antes tome una copa con ellos. Entre todos enredan al casero, que acaba explicando sus aventuras galantes... aún estando casado. "¡Qué escándalo!" exclaman todos, y echan al pobre infeliz, sin pagarle ("Si può?"). Solventada esta interrupción, los bohemios se disponen a salir a la calle, pero Rodolfo se excusa: tiene que terminar el artículo de la revista para la que trabaja ocasionalmente: "El Castor"; en cuanto termine se reunirá con ellos ("Io resto"). Colline toma una decisión heroica: irá al barbero a cortarse el pelo y recortarse la barba. Dando traspiés en la oscuridad, Marcello, Schaunard y Colline bajan la escalera y se van. 


Rodolfo se sienta para escribir, pero sus ideas no fluyen. Repentinamente, llaman a la puerta; es Mimì, una vecina de la buhardilla superior, que se ha quedado sin luz por una ráfaga de viento. Rodolfo se enamora al instante de la muchacha, que se encuentran tan débil que se desmaya en sus brazos ("Chi è la?"). El poeta trata de reanimarla con un sorbo de vino. Una vez repuesta, Mimì quiere marcharse pero, en la puerta, una nueva ráfaga de aire le apaga la vela. Rodolfo, para que se quede, apaga también la suya. En la oscuridad, a Mimì se le cae la llave de su cuarto. Juntos, empiezan a buscarla; Rodolfo la encuentra, pero la oculta en un bolsillo. Ella sigue buscando y, a oscuras, las manos de los dos se encuentran ("Si sente meglio?"). Rodolfo se sorprende de la frialdad de la manita de Mimì ; le cuenta un poco quién es, a qué se dedica y le pide que, ella también, le hable un poco de sí misma... ("Che gelida manina").


...es entonces cuando ella le dice que, aunque la llaman Mimì, su verdadero nombre es Lucía ("Si, mi chiamano Mimì"). 

Los amigos de Roberto, que le esperan abajo impacientes, le llaman a voces. Rodolfo les replica que ya bajará. Mimì sugiere que puede unirse a ellos, aunque Rodolfo preferiría quedarse con ella en la buhardilla. Finalmente ambos, del brazo, empiezan a caminar despacio, ensimismados, bajo la clara luz de la luna ("Soave fanciulla").


Continuará...

Fragmentos de audio:
Mimì: Renata Tebaldi.
Rodolfo: Giacinto Prandelli.
Marcello: Giovanni Inghilleri.
Schaunard: Fernando Corena.
Colline: Raphael Arié.
Benoît/Alcindoro: Melchiorre Luise.
Musetta:  Hilde Geeden.

Fragmentos de vídeo:
Mimì: Cristina Gallardo Domâs
Rodolfo: Marcelo Álvarez.
Marcello: Roberto Servile.
Schaunard: Natale de Carolis.
Colline: Giovanni Battista Parodi.
Benoît: Matteo Peirone.

(Fuentes: "Guía universal de la ópera" de Roger Alier, "Ópera", de András Batta, www.liberliber.it y www.youtube.com).

jueves, 26 de mayo de 2011

VOCES PARA LA HISTORIA: MARGHERITA CAROSIO (MI PEQUEÑO HOMENAJE)

Hoy, 26 de mayo, este blog cumple un mes. Con este motivo quiero, en primer lugar, dar las gracias a todos aquellos que me han dado y me dan ánimos en este empeño que me resulta tan gratificante: a mis amigos y amigas, algunos de los cuales son, además, compañeros de trabajo, de los que surgió el impulso inicial y de los que recibo muy buenas ideas y muchos ánimos; y por supuesto a mis compañeros blogeros, a esos estupendos blogs amigos, todos y cada uno de los cuales contribuyen (a mi entender con gran acierto) a hacer que más gente conozca y ame la música clásica y la ópera, y que podéis encontrar en "Páginas que sigo y recomiendo". Gracias, de corazón, a todos.

Y para redondear este día de celebración, deseo rendir un pequeño homenaje a una soprano que, en su día, fue tan conocida o más que otras de su época, pero a la que el tiempo ha ido quizás dejando un tanto de lado (muy injustamente). Me refiero, por supuesto, a Margherita Carosio. 


Margherita Carosio nació en Génova el 7 de junio de 1908 y murió, también en Génova, el 10 de enero de 2005. Una de las más notables sopranos líricas ligeras de su generación, su cálida y expresiva voz se ha conservado en muchas grabaciones de Parlophone y Ultraphon hechas antes de la Segunda Guerra Mundial, así como en las memorables series para HMV realizadas en Londres a partir de 1946. Escuchémosla en un fragmento de "Una voce poco fa" de "Il barbiere di Siviglia", de Rossini:


Hasta que me puse a indagar para escribir este artículo, no había oído cantar a Margherita Carosio, y ha sido para mí una gratísima sorpresa. Ya comenté en otra ocasión que, en mi modesta opinión, quien canta como nadie "Una voce poco fa" es Victoria de los Ángeles; sigo pensándolo, pero Margherita Carosio no se le queda muy atrás (siempre desde mi gusto personal, claro): obsérvense qué agudos ¡parece un pájaro! y qué manera de frasear, sin esfuerzo, sin buscar el mero "lucimiento" sino, simplemente, sintiéndose cómoda, subiendo y bajando de tono con una facilidad pasmosa. Como he dicho más arriba, creo que la historia operística la ha dejado de lado muy injustamente.

Continuando con sus datos biográficos, hay que decir que era hija de un profesor de canto y compositor, Natale Carosio, que no sólo supervisaba sus estudios, sino que lanzó su carrera en conciertos públicos cuando la muchacha tenía catorce años de edad. Margherita dijo una vez de su padre: "Todo lo que sé se lo debo a él. Yo le decía a él: 'Yo soy buena lana, pero tú eres un extraordinario tejedor'".

En 1924, con sólo dieciséis años, hizo su debut operístico como Lucía en "Lucia di Lamermoor", de Donizetti, en el Teatro Cavour, en Novi Ligure. Poco después, fue recomendada por la soprano irlandesa Margherita Sheridan para cantar el papel de Fiódor en "Boris Godunov", de Mussorgsky, en el Convent Garden, junto a Fiodor Chaliapin. Ella, al igual que el resto de la compañía, cantó en italiano, salvo Chaliapin, que cantó en ruso; el coro cantó en francés. Más tarde, Margherita diría que trabajar con el gran bajo ruso le hizo darse cuenta de lo que significaba no sólo interpretar un personaje, sino convertirse en él.

En 1928, a los diecinueve años de edad, la Carosio interpretó el papel de Musetta en "La bohème", de Puccini, y de nuevo con Fiódor Chaliapin, en el Convent Garden. Sin embargo, no regresaría a Londres hasta después de la Segunda Guerra Mundial, en 1946, como estrella de la compañía invitada San Carlo de Nápoles; en esta ocasión, cantó una particularmente enfermiza Violetta en "La traviata" de Verdi. Había sido muy admirada por aquellos que la habían visto interpretar este papel en Nápoles. Elegante, bonita, pequeña, y con una suerte de encanto mezclado con patetismo, la candorosa cara de la Carosio se popularizó en medio mundo. Más tarde, apareció con una compañía italiana como la caprichosa Adina, en "L'elixir d'amore", de Donizetti, que también cantaría en La Scala y que grabó para EMI. Escuchémosla en "La traviata":


Cuánto dolor contenido, qué melancólica tristeza... es un lamento íntimo, solitario, que canta sólo para sí misma, en la terrible, en la absoluta soledad de su alcoba. En los tonos agudos parece que va a romper a llorar... Parece que hubiera ido a buscar ese dolor profundo que todos llevamos en el fondo del alma, y lo hubiese transformado en palabras y música... Me resulta una Violetta absolutamente creíble, con un tono enfermizo, frágil, y con una delicadeza exquisita.

Continuemos con su historia. Muy pronto, la Carosio fue recorriendo toda Italia, en papeles para los que se requería su voz luminosa y llena de color, en particular la Amina de "La sonnambula", de Bellini, Norina, del "Don Pasquale" de Donizetti y Konstanze de "Die Entführung aus dem Serail" de Mozart. En La Scala debutó como Óscar, en "Un ballo in  maschera", de Verdi, y más tarde hizo una encantadora Filina en "Mignon", de Thomas. Cantó muchos papeles en La Scala, todos con gran éxito. Tal vez su más destacable papel protagonista en esta época fue Rosina, de "Il barbiere di Siviglia", de Rossini. También se atrevió con un repertorio más arriesgado, como la Zerlina del "Fra Diavolo" de Auber, la Reina de Shemakhan de "El gallo de oro", de Rimsky-Korsakov o el papel principal de "The Nightingale", de Stravinsky. En La Scala interpretó a Aminta en las primeras representaciones en Italia del "Die schweigsame Frau", de Richard Strauss, a Volkhova en "Sadko", de Rimsky-Korsakov y a Egloge en el estreno mundial de "Nerón", de Mascagni, el 16 de enero de 1935 (estreno en el que acaparó todos los reseñas, tal fue su éxito). Continuó apareciendo en La Scala hasta 1955. Aquí tenemos un fragmento del estreno de "Nerón", de Mascagni:


Desgraciadamente, a Margherita Carosio se la recuerda hoy más como aquella cantante cuya indisposición, en enero de 1949, llevó a María Callas a tener que aprenderse en cinco días el papel principal, Elvira, de "I puritani", de Bellini, mientras estaba interpretando a Brünnhilde en "Die Walküre", de Wagner, en el Teatro La Fenice de Venecia. Esta hazaña causó sensación e hizo historia operística. También hizo que el público se diera cuenta que el bel canto podía ser interpretado por voces más "oscuras" que podían igualmente realizar las "florituras" de este tipo de canto y, en última instancia, dio lugar a un "resurgimiento del bel canto", que duró varias décadas. Este "resurgimiento" tuvo como consecuencia que voces como la de Margherita Carosio cayeran en el olvido, aunque la expresividad suave, la tierna elegancia y el encanto de su voz pueden (y deben) apreciarse en cualquier época. Aunque ensombrecida por la Callas, la Carosio merece también, en mi opinión, un lugar de honor en la historia de la ópera.

Más tarde, destacó en papeles más líricos, como los de Mimí y Violetta; la pureza de su tono y la capacidad para transmitir una convincente vulnerabilidad, eran muy apropiadas para este tipo de personajes. En 1954 regresó a La Scala para el estreno de "Amelia al ballo", de Gian Carlo Menotti, que también grabó.

Tuvo una breve carrera en el cine italiano, e incluso recibió una oferta de MGM para ir a Hollywood, oferta que rechazó debido a sus muchos compromisos. Se retiró del escenario operístico en 1959 y, durante los cuarenta años siguientes ejerció de periodista y crítico de música en su ciudad natal, donde murió, el 10 de enero de 2005. Vaya desde aquí, mi profunda admiración.

Dedico este artículo a una querida amiga mía que hoy cumple años. Muchas felicidades.

(Fuentes: wikipedia, flickr.com y www.youtube.com).

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