Bienvenido

Bienvenido, amable navegante, a mi pequeño rincón. Si has llegado hasta aquí es que, como poco, sientes curiosidad por la ópera. Quizá seas un experto. Quizá sólo has echado un somero vistazo a este tema y te preguntas qué es lo que mueve a un aficionado a la ópera. O quizá, ni lo uno ni lo otro... ¿qué más da?.

Ante todo, he de decir que ni soy una erudita en esta materia ni lo pretendo. Este blog quiere servir, simplemente, de lugar donde reflexionar, donde compartir experiencias, opiniones, sentimientos, etc., acerca de un mundo que para mí es muy enriquecedor.

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miércoles, 11 de julio de 2012

UNA HISTORIA DETECTIVESCA EN TIEMPOS DE LA RUSIA IMPERIAL (IV)


Suiza, región de Oberland
Acto III
Viajemos de nuevo, esta vez hasta la villa que la princesa Fedora posee en Oberland, la región más elevada del cantón de Berna, en Suiza. Al levantarse el telón, al son de una alegre música, se nos muestra el bello jardín de la princesa. Se oyen las voces de un grupo de campesinas que, a lo lejos, pasan cantando.

Aparece Fedora, que sale de la casa y, por la forma en la que camina, nos damos cuenta de que está exultante de felicidad. Loris, que ha salido también de la casa al mismo tiempo que ella, no hace sino alabar la belleza de su amada. Fedora, en su feliz delirio, trata de llamar la atención de Loris acerca de la belleza de las flores que les rodean; pero él sólo tiene ojos para la princesa.

Llega la condesa Olga, de mal humor, y, al encontrar a Fedora y a Loris abrazados, exclama con asombro: "¡Aún tenéis fe!". Ella, con un tono un tanto teatral, afirma que ya no cree en nada, que todo le aburre. De pronto, suena un timbre. "¿Una visita?" dice Fedora sorprendida. Con una cierta precipitación Loris se va, "A correos. Espero algunas cartas..." La inesperada visita resulta ser De Siriex. Está hospedado en el Hotel Inglaterra y, al oír que la princesa se encontraba allí, no podía dejar de visitarla.


Marka, la doncella de Fedora, trae un servicio de té. Durante la conversación, De Siriex pregunta a Olga acerca de aquel gran artista, Boreslao Lazinski; "Amigo mío, ¡otro desengaño!" replica la condesa, con expresivos gestos. Mientras meriendan, Olga relata cómo el tal pianista era un celoso, un Otello que la seguía a todas partes, que la espiaba. Un día, la condesa se hartó, le gritó, y él no volvió más. El ingenio de De Siriex encuentra una explicación musical para el comportamiento del pianista: "Tocaba demasiadas fugas..." deduce "...de Bach" añade. Olga continúa contando cómo, más tarde, supo que Boreslao se hallaba en Ginebra. "¡Eso es grave!" afirma De Siriex, poniéndose humorísticamente serio. Con cara de circunstancias, se dispone a aclarar el por qué de la gravedad de la afirmación de la condesa...


El malévolo De Siriex insinúa que, quizás, el maestro polaco fuese un agente secreto, un espía del gobierno imperial enviado al lado de la condesa para hacerla hablar. Al oír tales suposiciones, la condesa vacila y acaba por dejarse caer, desmayadamente, sobre una silla. De Siriex, elegante y cómico, trata de animarla, asegurándole que el amor es un ave de paso que, del mismo modo que viene para irse, se va para regresar. Ya un poco recuperada del soponcio, Olga propone olvidar aquel triste recuerdo, y De Siriex sugiere que la mejor forma es borrarlo creando un mejor, por ejemplo, un rapto en bicicleta. Olga, cabecita loca, se entusiasma rápidamente con la idea: "¡Bravo! ¡La idea es original! Corro a vestirme..."

A solas Fedora y De Siriex éste le confiesa el verdadero propósito de su visita: "Princesa, no he venido aquí por ella." Fedora dice vivir en un sueño, pues ama a Loris más que a su propia vida; De Siriex, dolorosamente, le dice: "Pues bien, yo vengo a despertaros..." A continuación, le cuenta cómo Valeriano Ipanoff, hermano de Loris, fue apresado como cómplice del asesino de Vladimiro; encarcelado en una fortaleza, a orillas del Neva, una noche, tras una crecida súbita del río, se ahogó... Ante tan tremenda noticia, su anciana madre enfermó y murió. Fedora, desolada, siente que es ella misma quien ha matado a ambos.

Olga sale corriendo al jardín, preparada para montar en bicicleta. La condesa está entusiasmada, y Fedora a duras penas logra disimular su turbación. Al fin, De Siriex y Olga se marchan para dar un paseo. Fedora se queda sola, perdida en sus pensamientos. El sol de la tarde comienza a declinar y, a lo lejos, se oye la voz de un pequeño saboyano que canta. Desesperada, Fedora ruega a Dios en una desgarradora plegaria.



Inmersa en su tristeza, Fedora no se da cuenta de la llegada de Loris. Cuando le ve, se seca rápidamente los ojos. Él camina despacio, evidentemente turbado. "No sé nada de mi madre, ni de mi hermano..." dice. Basilio le entrega unas cartas y un telegrama; Loris cree que es de su hermano, pero es de su amigo Boroff, que le comunica que se le ha concedido el perdón, y que se le permite volver a Rusia. Loris está exultante de alegría, pues podrá volver a ver a su madre y a su hermano, podrá regresar a su patria. "Y tú me seguirás hasta el altar" añade, dirigiéndose a Fedora que, a duras penas puede disimular los tumultuosos sentimientos que bullen en su interior. 

Loris, en su entusiasmo, hace ademán de irse, pero de repente recuerda que aún no ha leído las cartas. Una de ellas, también de Boroff, es anterior al telegrama. La hojea y lee algunos fragmentos en voz alta; mientras Fedora escucha, su terror aumenta visiblemente. En la carta, Boroff explica cómo una rusa residente en París remitió al general Yariskin una carta, que éste hizo llegar a su vez al emperador; en ella estaba escrita la prueba definitiva de su delito, su propia confesión, junto con el nombre de su hermano Valeriano como cómplice. La autora de la carta firmó con su nombre de bautismo... "...pero la descubriremos" añade Boroff.

La angustia de Fedora crece más y más a medida que Loris continúa leyendo. La carta prosigue con el relato de cómo Yariskin ordenó el arresto de Valeriano... la fortaleza... el foso... en la noche... Con un alarido, Loris descubre que, tanto su madre como su hermano, están muertos: "¡Ahogado! ¡Mi madre! ¡Mi madre! ¡Madre mía!" Su desesperación no tiene límites.

Fedora se acerca a Loris, temerosa; casi no se atreve ni a tocarle. Desesperado, Loris jura que encontrará a aquella mujer, a la maldita espía que le sigue a todas partes... Fedora retrocede, espantada. Tratando angustiosamente de encontrar una escapatoria, la princesa plantea a Loris la posibilidad de que aquella misteriosa mujer hubiese amado perdidamente a Vladimiro y que, al matarle Loris, hubiese desencadenado en ella una reacción de odio fuera de toda razón... "¿Pero qué le habían hecho mi madre y mi hermano?" replica Loris. "Quizá los llore contigo por ellos..." le anuncia Fedora.

De pronto, se escucha un ruido en la calle... "¡Una carroza! Es Boroff" dice Loris. Fedora, que sabe que el tiempo se le escapa irremediablemente, que ya sólo le quedan unos instantes antes de que sea descubierta, suplica a Loris: "...¿Si ella estuviera arrepentida, oh, corazón generoso, no tendrías piedad?" Pero Loris se muestra inflexible.


Por más que Fedora le suplica, Loris se muestra duro, inconmovible. "¡Estoy perdida!" dice ella al fin, para sí. Se escucha de nuevo el ruido de la carroza... "¡Boroff... es él!" exclama Loris yendo a su encuentro. Fedora, espantada, no duda de que, cuando sepa la verdad, Loris la matará. Sin embargo, acordándose de repente, se acuerda del veneno que guarda en la cruz bizantina que lleva al cuello. En un último  intento, suplicante, llama a Loris y, de nuevo, le pide que perdone a esa mujer. Tanta insistencia acaba por hacer sospechar a Loris y, por fin, consigue que Fedora le diga que ella misma es esa mujer. Horrorizado al saber que la princesa es la artífice de la muerte de su madre y de su hermano, jura que la aplastará... Pero ella corre hacia la mesita, y bebe rápidamente el contenido de su taza; de inmediato, se echa las manos al cuello.

Justo en ese momento entra Boroff, acompañado de Basilio. Loris corre hacia él, fuera de sí: "Boroff... Esta mujer... El veneno... Lo sé todo... Sálvala..." Pero todo es inútil. Loris, se aferra aún a Fedora quien, mientras agoniza entre sus brazos, le dice que, quizá una vez muerta, pueda perdonarla. La muerte va envolviéndola en forma de un frío cada vez más intenso y Loris, que no se separa de su lado,  al fin la perdona. "¡Te amo!" apenas puede pronunciar ella y, con un último estremecimiento, cae muerta.



martes, 3 de julio de 2012

UNA HISTORIA DETECTIVESCA EN TIEMPOS DE LA RUSIA IMPERIAL (III)


París, costas del Sena

Acto II
¿Venís conmigo a la recepción que da la princesa Romazov, en París?. Mientras suena un alegre vals, el telón se levanta y se nos muestra un majestuoso salón, ricamente decorado. Al fondo, unas enormes cristaleras hacen que la estancia parezca aún más grande. Vemos parejas que bailan al son de la música. A un lado, sobre una tarima, un piano de cola alrededor del cual hay muchas sillas. Fedora dirige el servicio del té, ayudada por el conde Loris Ipanoff. La condesa Olga Sukarev, amiga de Fedora, presenta a los invitados a Boreslao Lazinski, un pianista muy presumido que está cortejándola para lograr sus propios fines. 

De Siriex se sobresalta al escuchar el nombre de alguien a quien le presenta Fedora: "...El conde Loris Ipanoff..." Boroff, amigo de Loris, se lleva a éste aparte; así, Fedora y De Siriex pueden hablar en privado, mientras Boroff y Loris hacen lo mismo.

Fedora cuenta a De Siriex cómo, al saber que Ipanoff estaba en París, le buscó y le sedujo hasta enamorarle perdidamente. Nadie sospecha nada acerca del delito que se supone que el conde ha cometido; la princesa sólo espera conseguir, de los propios labios del acusado, la confesión de su crimen, y entonces Ipanoff estará totalmente en su poder... "¡No tendré piedad!" afirma. "¿Y si es inocente?" advierte De Siriex a Fedora...Mientras, Boroff trata de advertir a su amigo: "Querido Loris, desconfía de esos resplandecientes ojos..."; pero Loris ya está perdidamente enamorado de la princesa...

Por su parte, la condesa Olga flirtea con el barón Rouvel, otro de los invitados a la fiesta el cual, galante, dice a Fedora: "¡Princesa, nos hacéis languidecer!" Fedora, sonriendo graciosamente, afirma que cada cual lleva su cruz: "...Ved, yo también..." dice poniéndose súbitamente seria, mientras palpa la cruz bizantina que lleva al cuello: "En esta antigua cruz había una santa reliquia; yo he puesto un fármaco que cura todos los males..."

Olga presenta al maestro Lazinski a Fedora: "...un poeta del piano..." y asegura que, esa misma noche, podrán escucharle y aplaudirle todos. Fedora y Loris se alejan. De Siriex y Boreslao ofrecen ambos el brazo a Olga que, zalamera, se decide por el de Boreslao. Medio ofendido, medio galante, De Siriex la llama: "Cosaca...". Se produce entonces una cómica disputa, durante la cual De Siriex explica el porqué de su calificativo en una canción acerca de la mujer rusa, que entona con burlona elegancia: "La mujer rusa es dos veces mujer... ángel o serpiente, zíngara o reina..." Al concluir, inclinándose ante Olga y señalándola, afirma que ella es el ejemplo ideal de la mujer que acaba de describir. 


Loris y Fedora regresan; mientras pasean, ella se muestra fríamente provocadora, al tiempo que él está cada vez más ebrio. Ipanoff declara que lo que siente por ella no es amor, sino delirio, y que lo espera todo; la princesa, fingiéndose ofendida, le pregunta si pretende que ella le ame a la fuerza. Entonces el conde canta un conocidísimo aria de esta ópera: "El amor te prohibe no amar..."; sabe que, aunque Fedora lo niegue, sus ojos dicen que ella también le ama.

Boroff regresa y, galante, pregunta a la princesa si tiene algún mensaje para Rusia, pues él regresa esa medianoche. Ante la sorpresa de Ipanoff, Fedora responde que ella también volverá a su país, al día siguiente; Ipanoff se desespera, pues no podrá ir tras su amada... Fedora finge no conocer el motivo por el cual Loris no puede regresar a Rusia: "...¿Qué hicísteis? ¿Es algo grave?..."

Boreslao comienza a tocar, y el resto de los invitados se arremolina alrededor del piano. Mientras tanto, apartados los dos del resto, el conde Ipanoff cuenta a la princesa que de lo que se le acusa es de haber tendido una trampa al conde Vladimir Andreievich para darle muerte. Fedora le reprocha que le ofrezca un amor mancillado por tan terrible sospecha; horrorizada, escucha de labios del propio Loris que, en efecto, fue él quien dio muerte al conde; pero no fue un asesinato, sino un castigo. Aunque Ipanoff trata de explicarse, la princesa no puede evitar el impulso de llamarle: "¡Asesino!".

Ante la reacción de repulsa de Fedora, Loris hace ademán de marcharse. A duras penas, la princesa logra retenerle, y ambos se dan cita allí mismo, una hora más tarde, cuando la fiesta haya terminado y puedan hablar a solas, para que Ipanoff pueda contarle con detalle lo ocurrido. Loris se marcha y, una vez a solas, Fedora, con un tono de ferocidad en la voz, exclama: "¡Infame! ¡No te escaparás!".


De pronto, la fiesta se ve interrumpida por una inesperada y trágica noticia. Un lacayo entrega una nota a De Siriex; se trata de un despacho oficial en el que se comunica que el zar ha sufrido un atentado. "...Os aconsejo que suspendáis la fiesta" dice De Siriex. Mientras los invitados se van marchando, la consternación puede leerse en todos los rostros.

A solas, Fedora se queda pensativa; en su rostro puede leerse el dolor por la trágica pérdida de Vladimiro, y la consternación que le produce el amor que, aunque no quiera, siente por el conde Ipanoff. Mientras suena un intermedio orquestal, que subraya la angustia de su pensamiento, Fedora camina por la habitación, nerviosa; por fin, se sienta y se pone a escribir. El intermedio finaliza al tiempo que ella concluye su carta.


Decidida, Fedora se levanta y llama al policía, Gretch; éste, le informa de que sus hombres no han dejado de seguir a Loris Ipanoff y que, esa misma noche, un hombre llegado de Rusia le ha entregado una carta de su hermano Valeriano. Fedora añade unas palabras más a la carta que acaba de redactar al tiempo que dice a Gretch: "Tengo la prueba suprema... ¡su confesión!". Gretch está maravillado. "Él no tardará en regresar. Baja al jardín. En cuanto estés preparado, hazme una señal. Me desharé de él" dice la princesa. 

Gretch y sus hombres habrán de conducir a Loris al navío Elisabetta, que se encuentra en la desembocadura del Sena y se considera territorio ruso. La carta que ha redactado la princesa va dirigida al general Yariskin, y en ella le informa de todo lo ocurrido. De repente, la princesa se da cuenta de que Loris se acerca; Gretch, rápidamente, se marcha.

A solas con Loris, Fedora le exige que le explique por qué mató al conde Vladimiro Andreievich... "Por una mujer... La mía..." responde él. A continuación le cuenta cómo, meses atrás, su anciana madre acogió en su casa a una joven, Wanda... "Cediendo a sus encantos yo la amé felizmente...";Se casaron, pero muy pronto su dicha se vio turbada por las frecuentes visitas de Vladimiro. Una noche, Loris había salido de su casa camino de la de su madre, cuando se dio cuenta de que había olvidado un regalo prometido a la anciana. Mientras regresaba, a medio camino, reconoció a la sirvienta de Wanda, que salía de casa del conde Andreievich; la sonsacó y logró averiguar que acababa de llevar una carta de Wanda para Vladimir. 

Al punto, Loris entró en la casa del conde, pero éste había salido; un criado le dejó solo un instante, que Ipanoff aprovechó para buscar en un cajón, en el que encontró la infame carta que decía: "¡Te espero esta noche, a las nueve!". Para que Fedora no dude de su palabra, Loris busca en uno de sus bolsillos y le muestra la carta. Espantada, Fedora reconoce la letra de Vladimiro... "¡Miserable!..." exclama. 


A continuación, Ipanoff cuenta cómo sucedió todo. "La criada me reveló el lugar de la infame cita. A la hora fijada, entré armado" dice. Les sorprendió juntos; Vladimiro, al ver a Ipanoff, se armó también, disparó y le hirió en un costado... Loris disparó también y mató al conde Andreievich. Ella huyó; al poco, cayó enferma y también murió. Loris se desespera, no porque tema por su propia vida, sino porque es muy probable que su anciana madre haya muerto cuando él pueda volver a Rusia, si es que algún día se le permite regresar.

Al conocer los detalles de la muerte de Vladimiro Fedora, dulcemente, llena de pasión, ruega a Loris que la perdone por haberle creído un miserable, cuando en realidad lo que hizo fue comportarse como un noble y santo justiciero. "...¡Inútil piedad, si tú te vas!..." exclama él. "¡Loris, ya no me voy...!" replica ella.;Cuando Ipanoff hace ademán de despedirse hasta el día siguiente, Fedora trata de retenerle (recordemos que los hombres de Gretch le están esperando para embarcarle en el navío Elisabetta). "¡Dirán que soy tu amante!" objeta él. Pero Fedora está decidida a salvar al hombre que ama; se dirige hacia la puerta del salón y la cierra con llave. Acercándose el uno al otro, con la más intensa felicidad, se unen en un apasionado abrazo mientras cae lentamente el telón.


Continuará...

(Fuentes: www.kareol.es, fotopedia y www.youtube.com)

jueves, 28 de junio de 2012

UNA HISTORIA DETECTIVESCA EN TIEMPOS DE LA RUSIA IMPERIAL (II)


Palacio de Invierno, San Petersburgo, residencia oficial
de los zares de rusia entre 1732 a 1917

Conozcamos a los personajes de esta historia:
  • Fedora Romazoff.- Princesa rusa enamorada de Vladimiro Andreievich y, después, de Loris Ipanov. Soprano.
  • Conde Loris Ipanov.- Asesino de Vladimiro Andreievich y, más tarde, enamorado de Fedora. Tenor.
  • De Siriex.- Diplomático francés. Barítono.
  • Olga Sukarev.- Condesa amiga de Fedora, que coquetea con De Siriex y con el pianista Lazinski. Papel secundario para soprano.
  • Dottor Boroff.- Amigo de Loris. Papel secundario para barítono.
  • Grech.- Policía. Papel para bajo.
  • Cirilo.- Cochero de Vladimiro. Papel breve para barítono.
  • Dimitri.- Criado de Vladimiro. Papel poco relevante para contralto.
  • Desiré.- Criado de Vladimiro. Papel poco relevante para tenor.
  • Lorek.- Cirujano. Papel breve para barítono.
  • Dottor Müller.- Médico. Papel breve para barítono.
  • Nicola, Sergio.- Criados. Tenor y bajo respectivamente.
  • Barón Rouvel.- Noble exiliado en París. Papel poco importante para tenor.
  • Boreslao Lazinski.- Pianista. Papel mudo. Suele tocar en directo dos breves piezas en el escenario.
  • Pastorcillo.- Canta un tema popular suizo. Papel para soprano ligera o para voz blanca.

Como ya sabemos por la entrada anterior, la acción se desarrolla en Rusia, París y Suiza, a finales del siglo XIX.

(Los vídeos que voy a utilizar para ilustrar esta entrada y las sucesivas correspondientes a Fedora, pertenecen a una grabación de dicha ópera realizada en el Liceo de Barcelona, en 1993, con Mirella Freni y José Carreras en los principales papeles; al frente de la orquesta, el maestro Stefano Ranzani)

Acto I
Nos encontramos en San Petersburgo, en casa del conde Vladimiro Andreievich, capitán de la guardia imperial. Es invierno. La estancia que se muestra a nuestros asombrados ojos es un salón elegantísimo, al estilo del Ottocento tardío. Desiré y Nicolás, sirvientes del conde, juegan al dominó. Sergio y otros dos mozos, vestidos de librea, siguen la partida de pie. Dimitri, en el sillón, duerme profundamente.

Sergio se extraña de que el conde aún no haya regresado, pero Desiré trata de disipar sus temores arguyendo que, probablemente, esté aprovechando su última noche de libertad: "...Mañana, se casa..."  dice. Unos y otros lanzan incisivos comentarios acerca de la cuantiosa dote de la novia, la princesa Romazoff: "...¡Catorce millones!" exclama Desiré. El conde, veleidoso por naturaleza, parece que, al fin, va a sentar la cabeza.

Un timbre eléctrico suena estrepitosamente en la entrada. Es la princesa Romazoff, que llega, de improviso. Los hombres se apresuran a preparase para recibirla. Despiertan a Dimitri de una sacudida. Sergio y Nicolás desaparecen, y dejan que sea Desiré quien reciba a la princesa. Con empaque real, que apenas esconde la emoción, entra Fedora seguida de Dimitri, aún un poco somnoliento. La princesa es la viva imagen de la belleza imperial, envuelta en un abrigo de piel que realza majestuosamente el brillo de las joyas de su tocado. Fedora se extraña cuando Desiré le comunica que el conde aún no ha regresado; éste envía a Dimitri para que vaya en su busca.

La princesa mira a su alrededor con curiosidad, admirándose de la cantidad de cosas bonitas que ve.  "...Éste es su salón..." dice para sí. Sobre una mesa hay una fotografía en un estuche; la coge y la besa: "Su retrato... ¡Grandes ojos brillantes de lealtad!..." embriagada por el amor que siente por Vladimiro, Fedora canta. Siente que una nueva vida comienza para ella.

Dimitri regresa, jadeante pero alegre, y anuncia que por fin llega el trineo del amo. Y así es, solo que Vladimiro no llega solo; lo traen herido dos hombres, acompañados de Gretch, un agente de policía. Al ver a su amor en tal estado, Fedora lanza un grito de terror: "¡Vladimiro!" corre al dormitorio y cierra la puerta tras de sí. Un agente de policía coloca sobre el escritorio una pistola y un portafolios. De Siriex observa desde un ángulo de la habitación. Desiré indica a Gretch que la dama es la princesa Romazoff.

Lorek, un cirujano, entra apresuradamente, acompañado de un ayudante. Gretch les indica a ambos que lo que ha ocurrido no ha sido un accidente, sino un asesinato. Desde la puerta del dormitorio, Fedora pide a gritos un médico; vuelve a entrar en la habitación de Vladimiro acompañada de Lorek y de su ayudante.

Mientras, Gretch se dirige a De Siriex, que se presenta como agregado de la Embajada de Francia. Lorek regresa y, apresuradamente, escribe una nota que entrega a Gretch, para que vaya a la farmacia: "...Y traiga enseguida un sacerdote..." añade. El cirujano le confiesa a Fedora que Vladimiro está grave; histérica, la princesa quiere a toda costa regresar al lado del conde, pero Lorek se lo impide: "Os llamaremos en breve..." le asegura. Llega el doctor Müller y Lorek, feliz de librarse por un momento del acoso de Fedora, entra con él en el dormitorio del herido.


Gretch aún no ha atrapado al asesino, y así se lo dice a la princesa, al tiempo que la interroga acerca de algún posible enemigo que pudiese tener el conde, pero Fedora no sabe de ninguno. Cuando Gretch se dispone a pasar a otra habitación para interrogar a la servidumbre, la princesa le insta, categórica, a que lo haga allí mismo, delante de ella.

El primero en contestar a las preguntas de Gretch es Desiré que, tímidamente, cuenta cómo llegó, hacia las ocho y media, al restaurante donde se encontraba cenando su señor; éste le dijo, mientras se subía al trineo: "Vuelve a casa, pequeño... no necesito nada." Inmediatamente, es llamado a declarar el cochero, Cirilo. "¿Qué te dijo el amo cuando subió al trineo?" le pregunta Gretch. Cirilo cuenta que el conde le ordenó ir al club de tiro; una vez allí, le esperó durante un cuarto de hora; de repente, el profundo silencio que reinaba fue roto por dos disparos... Cirilo escuchó con atención pero no escuchó nada más, salvo unos lejanos ladridos... Pudo ver la figura de un hombre que, enloquecido, empujó la verja y salió huyendo, tan rápido que no fue capaz de reconocerlo. Lo que sí acertó a ver fue que aquel hombre había dejado tras de sí, sobre la nieve, un rastro de sangre... Al ver un trineo que pasaba, Cirilo, aterrado, gritó... Era De Siriex, que es quien continúa relatando lo sucedido, pues la emoción impide a Cirilo seguir hablando.

"Aquellas manchas rojas conducían a un pabellón solitario..." cuenta el diplomático. Allí se dirigieron ambos, y encontraron al conde, que yacía en el suelo, cubierto de sangre. Junto a él se encontró un arma, la que el agente había dejado sobre el escritorio; examinándola, Gretch comprueba que el arma sólo ha hecho un disparo. Desiré confirma que la pistola pertenecía al conde, que siempre salía armado, pues estaba amenazado por los nihilistas*.

Buscando en sus notas, Gretch comprueba que el pabellón en cuestión fue alquilado por una anciana... De pronto, la conversación se interrumpe ante la llegada del agente de policía, que había salido con la receta extendida por Lorek. Ansiosa, Fedora se abalanza sobre él y le arrebata el frasco, y con él se apresura a llamar suavemente a la puerta del dormitorio. La puerta se abre y aparece el doctor Müller, que toma el frasco de manos de Fedora que intenta, inútilmente, entrar en la habitación.

"El pabellón fue tomado en alquiler por una anciana..." repite Gretch, retomando la lectura. Desiré, de pronto, recuerda que, esa misma mañana, una vieja trajo una carta para el conde... "Está en aquel cajón..." dice. Pero el cajón está vacío... "¡La han robado!" exclama Fedora. Dimitri, titubeando, cuenta que un señor vino también por la mañana, que se sentó junto al escritorio y que, de repente, sin decirle siquiera su nombre, salió corriendo...


Fedora, convencida de que aquel hombre audaz es el asesino, hace un llamamiento a los sirvientes para que venguen la muerte de su señor; ella misma, sobre una cruz que lleva colgada al cuello, recuerdo de su madre, jura vengar a Vladimiro.

Gretch exhorta a Dimitri para que trate de recordar si había visto alguna vez a aquel misterioso caballero. Por más que se esfuerza, no logra hacer memoria: "...El día de Navidad un hombre habló largamente en la entrada con el conde..." dice Dimitri, dirigiéndose al portero, Miguel, por ver si éste le ayuda a recordar. Por fin, el portero exclama: "¡Ipanoff!"; "¿Loris?" preguntan De Siriex y Gretch. El conde Loris Ipanoff vive justo enfrente. Se produce un movimiento general, y Gretch, acompañado de dos policías, salen en busca de Ipanoff. De Siriex, Desiré y Fedora observan atentamente a través de la ventana. "¡Cogedlo!" grita Fedora, como si pudieran oírla. Las sombras parece que permiten adivinar que han atrapado al hombre.

Por la puerta del dormitorio aparece Lorek, que avanza lentamente. "¡Señora!" dice con voz débil y grave..." Fedora corre a la habitación de Vladimiro. Con un gesto desesperado, Lorek anuncia que el conde acaba de morir. Gretch vuelve a entrar, rápidamente, ansioso, secándose la frente... "¡Ha huido!" anuncia, derrotado. De Siriex le hace una señal para que guarde silencio. Vemos cómo la princesa se arrodilla al pie de la cama del difunto: "¡Vladimir! ¡querido mío! Soy yo, tu Fedora... responde!" grita desesperada...


Continuará...

(Fuentes: "Guía universal de la ópera" de Roger Alier, www.kareol.es, fotopedia.es y www.youtube.com)

*El fenómeno cultural ruso conocido como nihilismo se desarrolló durante el reinado del zar Alejandro II (1855 a 1881); las relativas libertades concedidas por éste sirvieron de caldo de cultivo a dicho movimiento, de carácter fundamentalmente intelectual, que representó una reacción contra las antiguas concepciones religiosas, metafísicas e idealistas.

martes, 26 de junio de 2012

UNA HISTORIA DETECTIVESCA EN TIEMPOS DE LA RUSIA IMPERIAL (I)


San Petersburgo, uno de los escenarios en los que se desarrolla "Fedora"

Umberto Menotti Maria Giordano no nació en el seno de una familia musical. Es más, su padre, farmacéutico de profesión, se opuso a su deseo de ser compositor, a pesar de lo cual Giordano logró ingresar en el Conservatorio de Nápoles en 1882, cuando contaba tan sólo quince años de edad. Como curiosidad, cabe señalar que, con tan sólo veintitrés años, presentó una de sus obras escritas en el conservatorio, "Marina", al famoso concurso de óperas en un acto de la editorial Sonzogno, en la edición en la que "Cavalleria rusticana" fue la ganadora; su "Marina" quedó en sexto lugar, de entre un total de setenta y tres competidores.

A pesar de que la ópera más conocida de Giordano es, sin duda, "Andrea Chénier", "Fedora" merece ocupar un lugar de honor entre las de su producción. "Fedora" es un drama original de Victorien Sardou, escritor parisién de considerable prestigio en su tiempo; de esta historia se ha dicho (en un tono injustamente peyorativo) que, más que una obra teatral, se trata de una novela de detectives; dicha característica se habría transmitido después, a través del libreto de Arturo Colautti, a la versión operística.

En su presentación en sociedad, "Fedora" no fue muy bien recibida por la crítica, si bien supuso un enorme éxito de público. Después de un brillo continuo durante más de treinta años, su presencia se hizo más infrecuente en los escenarios; en la actualidad y aunque, por desgracia, se represente con poca frecuencia, el interés por ella ha aumentado gracias sobre todo a grabaciones con intérpretes de la talla de Mirella Freni o Plácido Domingo (por poner sólo dos ejemplos).

"Fedora" se estrenó el 17 de noviembre de 1898 en el Teatro Lírico de Milán. En sus papeles principales, fue interpretada por primera vez por Enrico Caruso y Gemma Bellincioni. La acción transcurre en Rusia, Francia y Suiza, a finales del siglo XIX. Como un pequeño (y espero que tentador) aperitivo de lo que vamos a leer y escuchar en los próximos días, os ofrezco dos fragmentos musicales, primero, el bellísimo aria: "Amor ti vieta..." del Acto II en la voz del magnífico Jaime Aragall:


Y después, el también hermosísimo Intermezzo orquestal, ubicado de igual modo en el Acto II:


Continuará...

(Fuentes: "Guía universal de la ópera", de Roger Alier, www.todoperaweb.com.ar, fotopedia.com y www.youtube.com)

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