Bienvenido, amable navegante, a mi pequeño rincón. Si has llegado hasta aquí es que, como poco, sientes curiosidad por la ópera. Quizá seas un experto. Quizá sólo has echado un somero vistazo a este tema y te preguntas qué es lo que mueve a un aficionado a la ópera. O quizá, ni lo uno ni lo otro... ¿qué más da?.
Ante todo, he de decir que ni soy una erudita en esta materia ni lo pretendo. Este blog quiere servir, simplemente, de lugar donde reflexionar, donde compartir experiencias, opiniones, sentimientos, etc., acerca de un mundo que para mí es muy enriquecedor.
Vuelve hoy a vosotros, amigos míos, la sección "No sólo de ópera vive el melómano", en la que podremos escuchar una nueva serie de propuestas musicales con las que, entre todos, vamos poblando twitter. Espero que os resulte apetitoso el menú previsto para hoy.
En primer lugar, escuchemos el 4º movimiento de la Sinfonía
nº 4 de Brahms, dirigida por el insigne Carlos Kleiber. La sinfonía nº 4 en mi
menor, op. 98, es la última sinfonía compuesta por Johannes Brahms. La
inspiración le llegó al compositor durante unas vacaciones de verano que
disfrutó en Mürzzuschlag, una villa situada cerca de Viena, en el año 1884;
concluyó la obra en el verano del año siguiente, en el mismo lugar. Aquí está:
Continuemos con una delicia que, ya desde las primeras
notas, enamora irremediablemente. Me refiero a “Vive amour qui rêve”, de “Chérubin”,
de Jules Massenet. “Chérubin” es una ópera en tres actos, con música de Jules
Massenet y libreto de Francis de Croisset y Henri Cain. Se estrenó en la Ópera
de Montecarlo el 14 de febrero de 1905.
La historia es un añadido a las obras de Beaumarchais
dedicadas a Fígaro. La obra contiene alguna de la música más encantadora y
resplandeciente de Massenet, de lo que es buena prueba este encantador aria,
que os dejo ya que disfrutéis:
En cuanto a “Los
Sabandeños”, se trata de un grupo musical
canario, al igual que el maestro Kraus. Constituyen el grupo canario más
reconocido a nivel internacional. Se hicieron especialmente populares por sus
actuaciones con la popular María Dolores Pradera. Su colaboración con Alfredo
Kraus dio frutos tan bellos como el que podéis escuchar a continuación:
Y, para concluir la entrada de hoy, rindamos homenaje a la
malograda Marilyn Monroe, en la divertidísima “Con faldas y a lo loco”. “Some like it hot” (en España, “Con faldas
y a lo loco”) es una película dirigida por Billy Wilder y protagonizada por
Marilyn Monroe, Tony Curtis y Jack Lemmon. Estamos en Chicago, en 1929, y los
músicos Joe (Tony Curtis) y Jerry (Jack Lemon) tienen la mala suerte de
presenciar la “masacre del día de San Valentín”. Dado que son testigos de un
asesinato cometido por mafiosos, no encuentran otra escapatoria que disfrazarse
de mujeres e ingresar en una banda de música femenina. Escuchemos a Marilyn Monroe, vocalista de dicha banda,
interpretando “I wanna be loved by you”, en una escena de esta película:
(Fuentes: Todos vosotros, mis queridos amigos, además de Wikipedia
y youtube)
Ahora sí que ya sabemos que el "tempestuoso" preludio que os comentaba en la entrada de introducción a este "Werther" nos va a conducir a una tragedia, que nos tememos cómo va a terminar; aún no ha terminado cuando, mientras se levanta el telón, escuchamos un disparo.
Estamos en el estudio de Werther que yace, malherido, en el suelo. En la novela de Goethe, Werther muere solo, pero Massenet concede al desdichado poeta la oportunidad de despedirse de su amada Charlotte. Este último acto está dedicado, únicamente, a esa despedida.
Llega Charlotte al estudio de Werther, ansiosa. Al principio no ve a nadie... pero mira detrás de una mesa y descubre el cuerpo de Werther. Desesperada, se lanza sobre él: "¡No! ¡es imposible! ¡no puedes estar muerto! ¡Werther!". Werther, al que aún le queda un hálito de vida, responde con voz débil: "¿Quién habla?... ¡Ah! ¡eres tú!".
Se desarrolla un desgarrador diálogo entre los dos. Charlotte se siente culpable de la terrible decisión de Werther. Enloquecida, quiere pedir ayuda, pero Werther le pide que no se vaya, que se quede con él, porque ya es demasiado tarde. No quiere que nadie vuelva a separarlos, en esos últimos momentos.
Charlotte le confiesa abiertamente el profundo amor que siente por él; desde la primera vez que le vio, sintió que una cadena invisible les ataba a los dos... pero eligió cumplir con la promesa que le había hecho a su madre moribunda, y ahora... "Mas si la muerte se acerca, antes de que ella te lleve..." Charlotte, transportada, besa a Werther apasionadamente "...¡tu beso! ¡al menos te lo habré devuelto!"
A lo lejos, se oyen voces de niños que, como al comienzo de la ópera, cantan un villancico. Duro contraste con la escena que se está desarrollando en el interior del estudio del poeta. Al oír aquellas voces blancas, Werther siente que está escuchando un canto de redención... Werther siente que ya sólo le quedan unos instante de vida, y le pide a Charlotte que, si se le negase la cristiana sepultura, hay un lugar en medio del cementerio, entre dos tilos, donde le gustaría descansar para siempre: "Si por casualidad una mujer viniese a visitar la tumba, el pobre muerto se sentirá bendeci..." En brazos de su amada, Werther exhala su último suspiro.
¿Recordáis que comenté, en la entrada del día 26, que el personaje de Werther estaba también basado en un tal Jerusalem? Él fue quien, desgraciadamente, tuvo este trágico final.
Se dice que, tras la publicación del Werther de Goethe, aumentaron considerablemente los sucidios en Alemania. Aun no considerándose culpable de ello, Goethe agregó un poema al final de una edición posterior en el cual el fantasma de Werther sugería al lector que no siguiera su ejemplo.
De nuevo un preámbulo orquestal prepara nuestro ánimo para este Acto III en el que, presentimos, la historia va a tomar un giro definitivo:
Son las cinco de la tarde del día de Nochebuena del mismo año. Estamos en el salón de la casa de Albert y Charlotte. Charlotte, a solas, se habla a sí misma acerca de una verdad que ha acabado por sobrepasarla, por inundar su corazón, y es el gran amor que, élla también, siente por Werther: "¿Quién me iba a decir el lugar que ocuparía en mi corazón?" se pregunta. Una y otra vez, lee las cartas del poeta, y siente un dolor inmenso por la absoluta soledad de la que están llenas. En esta ocasión, Charlotte es la maravillosa Teresa Berganza:
Charlotte se estremece al leer la última carta de Werther, en la que le dice que, si no regresa el día fijado (recordemos que Charlotte le había emplazado para volver en Navidad) no le culpase sino que... ¡le llorase! Charlotte tiembla de pies a cabeza.
Llega Sophie, alegre como un pajarillo. Dado que Albert está ausente, Sophie quiere que Charlotte acuda a celebrar la nochebuena con el Burgomaestre y el resto de los hermanos. De pronto, se da cuenta de que los ojos de su hermana están húmedos. "Pero ¿sufres?" le dice. Charlotte, para que Sophie no sospeche lo que le ocurre, Charlotte trata de explicarle que a veces es bueno llorar, para desahogar el alma: "¡Deja correr mis lágrimas!":
Sophie, preocupada por su hermana se va, no sin antes insistir para que esa noche les acompañe para celebrar juntos la Nochebuena. Charlotte, de nuevo sola, ruega a Dios que le de fuerzas para cumplir con su deber, que le ayude a superar la dura prueba que es para ella haberse enamorad perdidamente de Werther.
De repente, se abre la puerta de la habitación y aparece... ¡Werther! Charlotte, profundamente conmovida, trata de contenerse, de ocultar su turbación. Werther, ahogado por su tristeza, mira a su alrededor y ve que todo permanece como él lo recordaba... excepto los corazones. Acaricia por un momento unas pistolas que hay en una caja, sobre el escritorio... Charlotte le llama la atención acerca de unos versos del poeta Ossian que Werther había comenzado a traducir... Y aquí llega un momento para mí inigualablemente mágico en lo que a ópera se refiere, el momento en el que me enamoré perdidamente de este divino arte: "¿Traducir?... ¡Ah! ¡a menudo dejé volar mis sueños sobre las alas de estos versos...!":
Charlotte, al escuchar cómo recita Werther aquellos versos, ya no puede contener su turbación. Al ver su reacción, Werther siente que ante él se muestra un rayo de esperanza: "En esa voz temblorosa, en esos ojos llenos de lágrimas... ¿no es la confesión que yo buscaba?...¡Tú me amas! ¡me amas!". Charlotte trata de negarlo, pero Werther insiste, quiere que confiese una verdad que Charlotte aún se resiste a reconocer: ella también le ama. Una y otra vez, Werther pide a Charlotte que deje hablar a su corazón, porque el amor es palabra divina y ante él no puede haber remordimientos. Charlotte ruega a Dios que la defienda de Werther... y de sí misma. Febril, llevado por el torrente de sus sentimientos, Werther abraza a Charlotte y la besa. Charlotte, al verse en sus brazos, se revuelve contra él y, decidida, en un tono de amargo reproche, le dice: "¡Adiós! ¡adiós! ¡por última vez!" e, inmediatamente, se mete en su habitación cerrando la puerta tras de sí.
Werther, aterrado, la llama: "¡Vuelve!... ¡me serás sagrada!" Pero Charlotte calla. Entonces Werther siente que Charlotte ha dictado su sentencia; si ella no quiere verle más, ya no le queda sino morir. Desolado, se marcha.
Al poco de marcharse Werther, aparece Albert. Muy sorprendido al encontrar la puerta de la calle abierta y, al no ver a nadie, llama a su esposa: "¡Charlotte! ¡Charlotte!". Charlotte sale de su habitación y aturdida por la escena que acaba de tener lugar y por el repentino regreso de su esposo, apenas acierta a responderle. Albert, casi violento, le pregunta: "¿Quién ha estado aquí?". Justo en ese momento, llega un mensaje de Werther para Albert, en el que le dice que va a emprender un largo viaje, por lo que le pide prestadas sus pistolas. Albert, que no deja de observar a Charlotte, cuya actitud le hace desconfiar más y más por momentos. Por eso, para probarla, le pide (con una actitud y un tono que es una orden) que coja las pistolas y se las entregue al emisario que ha traído el mensaje de Werther. Charlotte, sintiéndose desfallecer, le obedece.
Con un gesto de cólera, Albert coge la nota de Werther la arruga y la arroja lejos de sí; inmediatamente, entra en su habitación. Charlotte, que sabe lo que va a suceder, coge su capa, que está sobre un sillón y sale precipitadamente de la casa: "¡Dios mío! ¡No quieras que llegue tarde!".
Seguimos en Wetzlar, en otoño del mismo año. Es domingo. Charlotte y Albert, que se han casado hace tres meses, van camino de la iglesia; Albert elogia las maravillosas cualidades de aquella a la que ha tenido la suerte de hacer su esposa, y se pregunta si él la hace feliz. Charlotte responde que sí de un modo un tanto ambiguo.
El matrimonio entra en la iglesia. Werther, que les ha estado observando escondido, se siente cada vez más desesperado porque es otro, y no él, el esposo de Charlotte: "Un autre est son époux...!"
A la salida del templo, Albert se dirige a Werther en actitud condescendiente. Le cuenta que, aunque se siente lleno de felicidad, siente un cierto remordimiento; dice que comprende el inmenso valor del premio que se le ha concedido y que se hace cargo, por tanto, del dolor que debe sentir Werther. (Perdonadme, pero esta escena siempre me ha parecido de bastante "recochineo" por parte del personaje de Albert; digo yo que, ya Charlotte se ha casado con él, ya que no le ha dejado por Werther, ¿para qué venir a "hurgar" en la herida? insisto: recochineo): "Mais celle qui devint ma femme..."
Werther, haciendo de tripas corazón, estrecha la mano de Albert y le expresa su más sincera lealtad. Le miente (¡qué va a hacer el pobre!) al asegurarle que ya ha olvidado lo que sentía por Charlotte. Desolado, manifiesta que la sola amistad será su única felicidad en la tierra.
Llega Sophie llevando un ramo de flores, muy alegre, ilusionada por un baile que va a celebrarse próximamente. Ya sospechamos que se ha enamorado de Werther. Aquí es cuando tiene esa "expansión lírica" que comentaba en la primera entrada de esta serie; la alegría que siente hace que todo a su alrededor le parezca más bonito, más luminoso. Os dejo otra versión de este aria (aunque no pertenece, obviamente, a la grabación del "Werther" de Kraus que estoy utilizando). Canta Rocío Ignacio:
Entusiasmada, Sophie se acerca a Werther para pedirle que baile con ella el primer minué; su alegría hace que no advierta la tristeza que se refleja en el rostro del joven poeta. Albert insinúa que quizá la felicidad que anhela Werther esté a su alcance, con Sophie.
Albert y Sophíe entran en la iglesia. Werther se queda, por unos instantes, solo de nuevo. Aparece Charlotte y tiene lugar un difícil diálogo entre los dos. Charlotte se muestra dulce y amable con Werther, como una buena amiga; pero él, desesperado, le dice que la ama con locura, que la pasión que siente por ella es algo que le desborda... Charlotte, resuelta y muy seria, le replica que, ya que eso es lo que siente, debe alejarse de allí. Werther, con un dolor que conmovería a las piedras, responde que aunque se vaya, jamás podrá olvidarla; entonces Charlotte, suavizando un poco el tono, le pide que se vaya, pero no para siempre: "Vos volveréis... pronto... ¡en Navidad!". Aquí, un fragmento de una representación de "Werther" que Kraus protagonizó, en 1991, en Buenos Aires; Charlotte es Martha Senn:
Charlotte se marcha y Werther contiene, a duras penas, las imperiosas ganas que tiene de llamarla de nuevo. Otra vez a solas, cada vez más hundido en la desesperación, contempla la posibilidad de alcanzar la paz con el descanso eterno. "¿Por qué temer ante la muerte?" dice. Sólo un paso y ya estamos en la otra orilla: eso es morir. "¿Ofendemos al cielo si dejamos de sufrir?": "Lorsque l'enfant revient d'un voyage."
Aparece de nuevo Sophie que, muy alegre, recuerda a Werther que le esperan para el baile. Pero el pobre muchacho ya no puede más y, sin atender a las palabras de Sophie, se excusa bruscamente: "¡Perdonadme!¡Me voy!". Sophie, muy conmovida, le pregunta tímidamente si regresará mañana; pero él contesta que no, que se marcha para siempre. Vuelven Albert y Charlotte y Sophie, rompiendo a llorar, les cuenta lo que acaba de ocurrir. Albert se da cuenta de que Werther sigue amando a Charlotte.
(Nota: Me ha resultado muy complicado encontrar fragmentos musicales que se adecuasen a lo que yo quería para ilustrar este segundo acto; al final, me he decidido por estos tres que, quizá, resulten escasos y un tanto dispares por su diverso origen, por lo cual pido disculpas. En los fragmentos de audio cantan Ferruccio Tagliavini como Werther y Marcelo Cortis como Albert).
(Fuentes: "Guía universal de la ópera", de Roger Alier, www.liberliber.it, www.kareol.es y www.youtube.com)
Ahora que conocemos un poco los orígenes de este "Werther" de Massenet, vamos con los personajes y el argumento.
Personajes
Werther.- Joven poeta sensible e impresionable. Tenor lírico.
Le Bailli.- El Burgomaestre de la ciudad, viudo, padre de Charlotte, Sophie y de seis chicos y chicas más.
Charlotte.- Hija mayor del Burgomaestre. Joven bella y serena, encantadora por naturaleza que, después de morir su madre, se hizo cargo del cuidado de sus hermanos y hermanas menores. Mezzosoprano o soprano.
Sophie.- Un poco más joven que Charlotte, ayuda a ésta en el cuidado del resto de los hermanos. Soprano lírica.
Albert.- Prometido de Charlotte por deseo de la madre de ésta. Barítono.
Johann.- Amigo del burgomaestre. Barítono o bajo.
Schmidt.- Amigo del burgomaestre. Tenor.
Brühlmann.- Lector de poesía, novio de Kätchen. Papel sin apenas relieve.
Kätchen.- Joven enamorada de Brühlman. Papel ínfimo para soprano.
Seis niños (Fritz, Max, Hans, Karl, Gretel y Clara).- Voces blancas; cantan mucho a coro.
Argumento
Acto I
Un preámbulo orquestal nos introduce en la acción. Nos encontramos en la localidad alemana de Wetzlar, en los años ochenta del siglo XVIII. Es el mes de julio. En el jardín de su casa, el Burgomaestre trata de enseñar un villancico a sus seis hijos pequeños. Los niños ponen escaso interés hasta que le padre les advierte que su hermana mayor, Charlotte, a la que los niños adoran, debe de estarles escuchando desde dentro de la casa. Entonces los niños, se ponen a cantar muy formales bajo la dirección del padre.
Llegan Johann y Schmidt, amigos del Burgomaestre, y se sorprenden al encontrarle ensayando un villancico con tanta antelación. Aparece Sophie, que sigue en edad a Charlotte, a la que ayuda a cuidar de la casa y de los niños. Los cuatro hablan del baile que va a celebrarse en Wetzlar esa misma tarde. Surge en la conversación el nombre de Werther, un joven poeta muy distinguido, pero que tiene siempre un aire melancólico; está al servicio del Príncipe que, dicen, le tiene en tan alta estima que le ha prometido hacerle embajador. Antes de marcharse, Johann y Schmidt preguntan al Burgomaestre por Albert quien, según deducimos por la conversación, es el prometido de Charlotte. Johann y Schmidt se despiden por fin; más tarde volverán para ir todos juntos al baile. El Burgomaestre, los niños y Sophie entran en la casa y la escena se queda, por un instante, sola.
Aparece Werther, acompañado de un guía que, tras confirmarle que ésa es, en efecto, la casa del Burgomaestre, se marcha.
Werther, a solas en el jardín, canta un hermosísimo aria en el que elogia la belleza de todo cuanto le rodea en aquel lugar, una belleza que le embriaga. Desde dentro de la casa, llegan las voces de los niños, que continúan ensayando el villancico. Werther envidia la edad feliz de la infancia, una edad llena de luz y de alegría.
Los niños salen de nuevo al jardín, acompañados del Burgomaestre; con ellos, vemos también aparecer por primera vez a Charlotte, que se ha puesto muy guapa para el baile. Como aún no es la hora de ir a la fiesta, Charlotte aprovecha para dar la merienda a los niños. Werther, embelesado, contempla la escena discretamente colocado en un rincón del jardín. Mientras los niños toman la merienda el Burgomaestre, que ha visto a Werther, se acerca para saludarle; le presenta a Charlotte y le cuenta cómo, después de morir la madre de los niños, ella se ha hecho cargo de la casa y de los pequeños.
La dulzura y la encantadora sencillez de Charlotte enamoran perdidamente a Werther. Qué inigualable felicidad para él, poder pasar el resto de su vida al lado de aquel ser angelical, sentirse arropado por su tierna mirada y acunado por su dulce voz.
Al poco, todos parten para el baile, y Werther tiene la dicha de acompañar a Charlotte. Tan sólo Sophie se queda en la casa, para cuidar de los pequeños.
Mientras el Burgomaestre y sus invitados están fuera, aparece Albert, el prometido de Charlotte, que ha regresado sin anunciar su llegada. Se extraña al encontrar únicamente a Sophie; la muchacha le cuenta que, casualmente, acaban de irse todos para asistir a un baile. Albert se muestra ansioso por conocer noticias acerca de Charlotte; Sophie le dice que le ama, que le ha estado esperando, y que están preparando con mucha ilusión la boda de ambos, que se celebrará pronto. Albert rebosa de felicidad.
Acaba el baile y Werther acompaña a Charlotte de vuelta a casa. A solas los dos en el jardín, el poeta le declara su amor con tanta elocuencia, tanta pasión, que Charlotte se siente abrumada. Los dos conversan y ella le cuenta cómo, después de morir su madre, se hizo cargo de sus hermanos que, para ella, son como hijos propios. Nos damos cuenta de que, quizá ella también se esté enamorando de él.
De pronto, desde dentro de la casa, se oye la vozarrona del magistrado que, al tiempo que llama a Charlotte, le dice que Albert ha regresado. "¿Albert?" pregunta Werther a Charlotte. Y entonces ella no tiene más remedio que decirle que Albert es su prometido, que su madre, en el lecho de muerte, le hizo prometer que se casaría con él. Werther, absolutamente destrozado, con el corazón hecho pedazos, le dice que se mantenga fiel al juramento que hizo a su madre. Werther se siente morir.
(Nota: Se pueden encontrar en youtube dos vídeos que recogen, respectivamente, los Actos I+II y III+IV de un Werther protagonizado por Kraus; sin embargo he preferido utilizar fragmentos cortos, porque creo que así es más fácil comprender la historia. Lo malo es que no he logrado encontrar todos los fragmentos del Acto I de esta representación que he utilizado, por lo que pido disculpas. Falta la parte en la que Albert regresa y habla con Sophie. Al final he añadido una versión del dúo que cierra el Acto I que, aunque no pertenece a la misma representación que los fragmentos precedentes, creo cierra magistralmente esta entrada, pues reúne a dos voces prodigiosas: Alfredo Kraus y Victoria de los Ángeles).
(Fuentes: "Guía universal de la ópera" de Roger Alier, www.kareol.es, fotopedia.com y www.youtube.com)
Todo empezó hace un año, cuando una compañera de trabajo y amiga, al comprobar cuánto me apasiona la ópera, me sugirió la idea de hacer un blog sobre el tema.
- "Pero, ¿qué puedo yo contar?" le dije. "Si tampoco sé mucho; me gusta y conozco alguna que otra ópera pero ¡ni mucho menos sé tanto como para hacer un blog!"
- "Si no se trata de que sepas mucho", me replicó, "la idea es que hables de algo que te encanta, de algo con lo que disfrutas y que sé que te gusta compartir" y continuó "no se trata de elaborar un tratado sobre ópera, que para eso ya están los profesionales de la lírica y las enciclopedias, sino de hacer una aportación personal a su divulgación, de compartir la belleza que tú encuentras en ella".
Me alegro infinito de haberle hecho caso porque, desde la primera entrada que publiqué, el 26 de abril del año 2011, este blog me ha proporcionado momentos maravillosos. He profundizado en óperas que ya conocía y he descubierto muchas más de las que sabía muy poco; preludios, arias, dúos, etc., que había escuchado muchas veces de forma aislada, me han parecido aún más bellos cuando he podido encuadrarlos dentro de la historia a la que pertenecen. Sumergirme, dejarme absorber por este para mí maravilloso mundo, me ha ayudado a sobrellevar momentos personales muy duros, porque me ha proporcionado algo fundamental: ilusión.
Es cierto que ha habido un largo paréntesis durante el cual este blog ha permanecido mudo. Durante bastante tiempo, mi ilusión se dejó vencer por la tristeza, por el desánimo, y no logré encontrar las fuerzas para continuar. "¿Por qué ya no escribes en el blog?" me decían los amigos. "Sí, tengo que retomarlo" respondía yo sin mucha convicción. Hasta que un día, volví a consultar la cuenta de correo a la que me llegan las notificaciones del blog, y vi que tenía tres o cuatro mensajes preciosos de personas que lo habían visitado y a las que les había gustado y... me emocioné. Tenía que volver a escribir.
Quiero daros las gracias a cuantos, en algún momento, os habéis detenido en las páginas de este blog; si he logrado, al menos, haceros pasar un rato entretenido, habré cumplido mi propósito. Gracias a los que me disteis el impulso inicial y me habéis animado a continuar. Gracias a los que me habéis aportado muy buenas ideas que han ayudado mucho a mejorar el blog. Gracias a los que me seguís, a los que me leéis. Y gracias a mis queridos y más recientes amigos twitteros; a través de twitter he conocido gente maravillosa, gente de la que aprendo cada día y cuya amistad es para mí un orgullo.
Para celebrar este cumpleaños, tenía pensado desde hace tiempo que la entrada de hoy tratase sobre "Werther", de Jules Massenet; sin embargo, hace un par de días dudé... pero no, voy a mantener mi idea original, pues "Werther" tiene un significado tan especial para mí (lo entenderéis mejor si leéis la primera entrada que publiqué: "Descubrimiento") que merece, con todos los honores, ser la ópera protagonista en el día de hoy.
Wertheres, como señala el título de esta entrada, el prototipo del héroe romántico, el protagonista de un drama que rebosa emoción y sentimiento, que va creciendo en intensidad hasta desembocar en un final... probablemente todos o la mayoría de los que leáis estas líneas conozcáis la obra y sepáis, por tanto cómo termina pero, por si alguno no la conoce, no voy a desvelar el final antes de tiempo. Escuchemos el "tempestuoso" fragmento que nos conduce al último acto de esta historia; aunque no sepamos aún cómo se desarrolla, la música es tan elocuente que hace que se nos encoja el corazón:
Origen literario
"Werther" de Jules Massenet está basada en "Los sufrimientos del Joven Werther (Die Leiden des jungen Werthers)", novela escrita en 1774 por Johann Wolfgang von Goethe, que impulsó a su autor, con tal sólo 24 años de edad, a la fama internacional y que se encuadra en el movimiento literario llamado "Romanticismo".
El texto es, en gran parte, autobiográfico. En 1771, con apenas 22 años, Goethe llega a Wetzlar y allí conoce, durante un baile, a Charlotte Buff, "Lotte", una muchacha tranquila y alegre que se había hecho cargo del cuidado de sus nueve hermanos y hermanas menores después de la trágica muerte de su madre. Goethe se enamora perdidamente de la muchacha, pero ella no le corresponde. Al enterarse de que Lotte ya estaba comprometida en matrimonio con Johann Christian Kestner, Goethe sufre un duro golpe pero, a pesar de su decepción, se convierte en amigo de la pareja; abandona el pueblo en septiembre de ese año, aunque continúa carteándose con ambos. Charlotte y Kestner se casan en abril del año siguiente.
El personaje de Werther está también inspirado, en parte, en Karl Wilheim Jerusalem, un pintor taciturno conocido tanto de Goethe como de Kestner. Jerusalem solía vestir del modo en el que Goethe describe el atuendo de Werther: traje azul (pantalón y casaca) con camisa blanca y chaleco amarillo, pantalón de montar y botas altas. Las malas lenguas decían que amaba a una mujer casada que le había rechazado. Goethe se sentía fuertemente identificado con el amor no correspondido y la desesperación que debía sentir Jerusalem.
"Los sufrimientos del Joven Werther" está escrita en forma de una serie de cartas de Werther a su amigo Wilheim que describen, secuencialmente, los dieciocho meses de amor enfebrecido y no correspondido de Werther por Charlotte. Cuando Werther enloquece hasta el punto de no poder seguir escribiendo, Goethe toma el papel de narrador y describe los sentimientos más íntimos del personaje, mientras éste va cayendo en una espiral que le conduce a un abismo...
El Werther de Massenet
Massenet amaba el libro de Goethe y afirmaba que "Werther" había sido una de las experiencias más fascinantes de su carrera. Declaró: "En Werther coloqué toda mi alma"; esa pasión se traduce en una ópera llena de sensibilidad y belleza, cualidades que se reflejan, por ejemplo, en un bellísimo aria del Acto I: "O nature pleine de grâce..." (no es necesario que diga quién canta):
Gradualmente, la historia avanza hacia la desesperación de un amor imposible, sentimiento que se retrata en el aria que me atrapó definitivamente en las redes del universo de la lírica: "Pourquoi me réveiller...?":
"Werther" es un proyecto largamente meditado por Massenet; los primeros esbozos de la ópera datan de 1880, y la esencia de su composición se desarrolla entre 1885 y 1887. Los libretistas Édouard Blat, Paul Millet y Georges Hartman, adaptaron la novela de Goethe haciendo mayor hincapié en el papel de Charlotte hasta hacer de él un personaje tan importante como el de Werther. Desarrollaron también el papel de Sophie, hermana de Charlotte, algo más de lo que lo está en la novela, de modo que tiene incluso una breve expansión lírica en el Acto II: "Du gai soleil..." (canta Anne-Catherine Gillet):
A mi entender, la diferencia fundamental entre el Werther de Goethe y el de Massenet es que, mientras en la novela no está claro si Charlotte ama a Werther, en la ópera, Charlotte sufre tanto como Werther. Y el final, aunque en ambas obras es el mismo, se desarrolla de forma muy diferente... ya veremos cómo.
Corría el año 1892 y "Werther" hubiera debido estrenarse en París; sin embargo, el director de la Opéra-Comique, Leon Carvalho, consideró que se trataba de una ópera tan triste que estaba condenada al fracaso de antemano. Así, caprichos del destino, "Werther" fue a parar al Teatro Imperial Hofoper de Viena, donde se estrenó (en alemán), el 16 de febrero de 1892. Al estreno en Viena, que fue un gran éxito, le siguió el estreno en francés, en Ginebra, el 27 de diciembre de 1892. La primera representación en Francia tuvo lugar en la Opéra-Comique de París, el 16 de enero de 1893.
Como curiosidad, cabe señalar que, aunque el papel principal había sido escrito para tenor, en 1902 Massenet compuso una versión especialmente adaptada para el célebre barítono Mattia Battistini, que la interpretó en San Petersburgo. Escuchemos de nuevo el aria "Pourquoi me réveiller?", en la versión para barítono; canta Thomas Hampson:
A partir de mañana, veremos los personajes y el argumento de esta para mí preciosa ópera.
(Fuentes: archive.operainfo.org, wikipedia, fotopedia y www.youtube.com)
Estamos frente a la casa de Marguerite; la muchacha se ha quedado embarazada de Faust, pero éste la ha abandonado. La compañía de Valentin regresa de la guerra al son de una marcha militar (no he encontrado la de la puesta en escena con Ghiaurov, Freni y Kraus):
Coro de soldados: "Dèposons les armes..."
Valentin entra en casa para reencontrarse con su hermana. Aparecen Méphistofélès y Faust; el demonio entona una serenata burlesca frente a la casa de Marguerite, difamándola:
El gran Nicolai Ghiaurov,
de nuevo: "Vous qui faites l'endormie..."
Sale furioso Valentin para vengar la afrenta; se enzarza en un duelo con Faust, pero Méphistofélès interviene y ayuda a Faust a matar a Valentin. Al ruido de la lucha acuden todos. Mientras agoniza, Valentin maldice a Marguerite, lo que provoca en ésta una loca desesperación; trata de ir a la iglesia para pedir perdón por sus pecados, pero Méphistofélès la persigue y le anuncia que el infierno la aguarda.
Acto V
Es la noche de Walpurgis, en las montañas de Harz. Méphistofélès promete a Faust que le proveerá de las más hermosas voluptuosas mujeres que pueda soñar. Un ballet, que se acaba mostrando diabólico, rodea a Faust (en la puesta en escena de con Kraus, Freni y Ghiaurov no aparece pero yo no he podido resistirme a incluirlo):
Ballet de "Faust"
Mientras se acerca el amanecer, Faust tiene una visión de Marguerite; siente remordimientos y quiere verla a toda costa. El diablo tiene que llevarle a la carcel donde han encerrado a Marguerite por haber dado muerte a su hijo. Méphistofélès urge a Faust para que huya de allí con ella, pero Marguerite no quiere seguirle y, al poco, muere. Aunque el diablo pretende apoderarse de su alma, una cohorte de ángeles la salva. Veamos la escena final de "Faust" en las voces de Alfredo Kraus, Mirella Freni y Nicolai Ghiaurov:
La acción transcurre en una animada taberna, durante la kermés de la Pascua de Resurrección. Un grupo de soldados está a punto de partir para la guerra; entre ellos está Valentin que lleva al cuello, como amuleto protector, una medalla que le ha dado su hermana, Marguerite: "O sante medaille..."
Piero Capuccilli como Valentín "O sante medaille... Avant de quitter ces lieux..."
La madre de ambos ha muerto así que Valentin, preocupado porque su hermana va a quedarse sola, la confía al cuidado de Siebel, un muchacho adolescente que está enamorado de ella.
Méphistophélès irrumpe en escena y entona un maravilloso e inquietante rondó: "Le veau d'or est toujours debout..."
Estremecedor Nicolai Ghiaurov como Mefistófeles "..et Satan conduit le bal..."
Cuanto Méphistophélès manipula el vino de la taberna, todos se dan cuenta de que es el diablo, y huyen al tiempo que le muestran la cruz de sus espadas. En escena se quedan únicamente Méphistophélès y Faust, el cual interroga ansiosamente al diablo acerca de cuándo podrá ver a la hermosa muchacha que le mostró antes, ¿o acaso fue un sortilegio? Méphistophélès le pide que espere porque allí mismo, la bella y casta niña no tardará en aparecer ante sus ojos. Empieza a sonar la música y la escena se va llenando de estudiantes, muchachas, burgueses, aldeanos, que cantan y bailan al son de un hermoso vals (perdonad que no haya encontrado el fragmento correspondiente a la puesta en escena con Ghiaurov, Freni y Kraus pero, de cualquier forma, no podía dejar de incluir este precioso vals):
"Ainsi que la brise légère..."
Aparece Marguerite entre la multitud. Faust se acerca a ella, y galante, le ofrece su brazo, pero ella le rechaza y se aleja. Mientras sigue sonando el vals Fausto y Méphistophélès salen en pos de Marguerite...
Acto III
Nos encontramos ahora en el jardín de la casa de Marguerite. Faust admira la modestia de lugar; a través de aquel entorno adivina la presencia de un alma inocente y divina : "Salut demeure chaste et pure...!":
De nuevo Alfredo Kraus como Faust
Siebel que, como sabemos, está enamorado de Marguerite, ha depositado un obsequio a su puerta: un ramo de flores. Méphistophélès , en ejercicio de su misión de tenebroso "hado madrino", va en busca de un cofre lleno de joyas y un espejo, que serán los regalos con los que Faust competirá con Siebel por el amor de Marguerite. Cuando la muchacha ve el cofrecillo queda deslumbrada, aparta las flores y, entusiasmada, se va probando las joyas al tiempo que se contempla en el espejo:
Mirella Freni, Marguerite, canta esta dificilísima aria: "Ah, je ris...!"
Mientras Méphistophélès entretiene a Marthe, la vecina de Marguerite, ésta se deja seducir por Faust, a quien el demonio empuja para que entre en la casa con ella.
(Fuentes: www.todoperaweb.com.ar, "Guía universal de la ópera", de Roger Alier, wikipedia y www.youtube.com)
La búsqueda del conocimiento de la naturaleza y de las leyes que subyacen a ella, la continua e incansable aspiración hacia algo que trascienda a sí mismo es consustancial a la naturaleza humana; y ese afán inquisitivo ha encontrado en multitud de ocasiones su expresión a través de la literatura, la música, la pintura... El mito de Fausto habla del eterno enfrentamiento que se desencadena mientras el hombre trata de recorrer el camino hacia el saber supremo: la lucha entre el bien y el mal, puesto que el uno no puede entenderse sin el otro, y ambos están dentro de cada uno de nosotros.
Se asume, por lo general, que el mito de Fausto está inspirado en la figura del mago y alquimista alemán Johann Georg Faust, originario de Knittlingen, que vivió a finales del siglo XV. Estudió en la Universidad de Heidelberg, donde empezó a destacar por sus conocimientos, y recorrió varios países de Europa acompañado por dos perros demonios; se decía que había vendido su alma al diablo a cambio de sabiduría.
Johann Wolfgang Goethe recoge este mito en su "Faust", obra que tardó casi sesenta años en escribir (1773-1831). El "Faust" de Gounod es una ópera en cinco actos con libreto de Jules Barbier y Michel Carré, que adapta la pieza teatral "Faust et Marguerite", de los mismos autores; ésta, a su vez, se inspira levemente en la primera parte del "Faust" de Goethe. Se estrenó en el Théâtre Lyrique de Paris, el 19 de marzo de 1859. Gounod trató este tema dentro del clima general de admiración que existía en Francia hacia la intelectualidad germánica, y después del intento fallido de Wagner de componer una sinfonía inspirada en la obra de Goethe.
Dr. Faust (anciano erudito): tenor. Méphistophélès (el diablo): bajo.
Marguerite (amante de Faust): soprano.
Valentín (soldado, hermano de Marguerite): barítono.
Siébel (adolescente enamorado de Marguerite): mezzosoprano.
Marta (vecina de Marguerite): mezzosoprano.
Estudiantes, burgueses, soldados, ángeles, etc.
La acción se desarrolla en Alemania, en el siglo XVI.
Acto I
Nos encontramos en el gabinete del Doctor Faust, un anciano erudito que ha dedicado su vida a la búsqueda de la sabiduría, de los secretos de la creación. Incapaz de conciliar el sueño, siente que su afanosa búsqueda no le ha llevado a ninguna parte: "En vain j'interroge..."
Un irreconocible Alfredo Kraus
canta: "En vain j'interroge..."
En un arrebato de desesperada melancolía, trata de ingerir un veneno... por dos veces intenta llevar el bebedizo a sus labios, y por dos veces le detiene la voz de los campesinos que alaban a Dios y a la naturaleza. Mientras maldice a la ciencia y a la fe, Faust invoca la asistencia del infierno y, al poco aparece
Méphistophélès: "Me voici..."
Mefistófles (Nicolai Ghiaurov) entra en escena:
"Me voici..."
"¿Qué deseas?", pregunta a Faust, "¿poder?, ¿fama?, ¿riquezas?". Faust responde "¡no!"; el tesoro que el anhela contiene todos los demás: "¡la juventud!". Mefistófeles, satisfecho, le asegura que puede satisfacer su capricho; a cambio, sólo le exige un pequeño precio... ¡su alma! En la tierra, Méphistophélès será su servidor; cuando Faust muera, su alma le pertenecerá.
Faust vacila. Para doblegar su voluntad,
Méphistophélès le muestra la figura angelical de una joven (que luego sabremos que es Marguerite) como una imagen lejana y tentadora, al tiempo que le tiende un pergamino para que firme y así el pacto entre los dos quede sellado. Ante aquella encantadora visión Faust, por fin, se decide: "¡Dame!"
Para que la metamorfosis tenga lugar,
Méphistophélès invita a Faust a ingerir lo que antes era un veneno y que ahora, bajo su influjo, se ha transformado en un elixir de vida. Faust se transforma así en un apuesto y joven caballero y él y
Méphistophélès se mezclan con el resto del mundo.
Continuará...
(Fuentes: literaturauniversaliesames.blogspot.com.es, www.proyectopv.org, fausto20.wordpress.com, www.operas.com.ar, wikipedia y www.youtube.com)
Sigamos este camino a la locura. Habíamos dejado a Enrico Ashton cuando se disponía a salir, junto a una partida de hombres, en busca del misterioso personaje con el que se entrevista Lucia, su hermana.
Gaetano Donizetti (fuente: fotopedia)
Enrico quiere casar a Lucia con Arturo Bucklaw, personaje rico e influyente al que la muchacha rechaza. Aunque la búsqueda de Enrico resulta infructuosa, Normanno, confidente de Enrico, le dice a éste que su hermana está enamorada de Edgardo di Ravenswood, que es con quien se entrevista en secreto (como sabemos, los Ashton desposeyeron en tiempos a los Ravenswood de sus posesiones, convirtiéndose las dos familias en enemigas mortales) La furia de Enrico estalla: "La pietade in suo favore".
Más tarde, junto a una fuente del parque, vemos a Lucia y a su confidente, Alisa. Lucia le cuenta a Alisa que las aguas de aquella fuente aún se tiñen de rojo en las noches de luna porque, siglos atrás, un Ravenswood mató allí a su esposa, que cayó en la fuente: "Regnava nel silenzio". Alisa, horrorizada, insta a Lucia a que desista de una relación tan peligrosa como es la suya con Edgardo. Poco después, llega éste para ver a Lucia y le explica que, por razones políticas, ha de marcharse a Francia. Le dice también que se propone ver a Enrico para hacer las paces pero Lucia, que teme a su hermano, le ruega que no lo haga; por el momento, bastará con que ambos se consideren marido y mujer, sellando dicha unión con dos anillos que ambos se intercambian. Los dos amantes se despiden apasionadamente: "Verrano a te sull'aure".
"Verrano a te sull'aure..." Mariella Devia y Vincenzo La Scola
(Fuente: www.youtube.com)
Acto II
Estamos en el castillo de Lammermoor. Enrico, para tratar de doblegar a su hermana y hacer que se case con Arturo, le muestra una carta falsificada en la que, supuestamente, se demuetra que Edgardo, en el extranjero, se ha enamorado de otra. Raimondo Bidelbent, sacerdote de la familia, interviene en tono conciliador para tratar de convencer a Lucia. A pesar de su resistencia Enrico logra, por fin, su hermana consienta en la boda. Hay que aclarar que había tenido lugar un enfrentamiento por el trono entre Ana de Estuardo y Guillermo de Gloucester, lucha que se había resuelto con la victoria de Ana. Enrico, que había sido un declarado partidario de Guillermo, chantajea a Lucia para que se case con Arturo, argumentándole que éste puede protegerle porque, de otro modo, la reina Ana pedirá su cabeza, como la de otros muchos que habían luchado contra ella.
Castillo escocés (fuente: fotoslibres.net)
En un salón del castillo, los invitados reciben a Arturo Bucklaw, que llega con regalos y promesas de prosperidad para la deprimida familia Ashton. Ante la actitud de Lucia, que entra hecha un mar de lágrimas, Enrico trata de disimular: "Llora por la muerte reciente de su madre" miente Enrico a Arturo.
La boda tiene lugar ante notario y Lucia, rota por el dolor, firma el contrato matrimonial. En ese preciso momento se escucha un chocar de espadas y entra en la sala, arma en mano, Edgardo. Al ver que Lucia se ha casado con otro, le arranca el anillo del dedo, al tiempo que maldice el momento en que la conoció: "Maledetto dia l'stante" . Enrico y Arturo desenvainan sus espadas y se proponen dar muerte al intruso, pero Raimondo logra poner paz. Edgardo se retira tras una larga escena de recriminaciones mutuas.
Titto Gobbi, Nicolai Gedda y Joan Sutherland en el sexteto final
del Acto II (fuente: www.youtube.com)
Acto III
Estamos en el salón del acto anterior. Los invitados bailan alegremente cuando, de pronto, entra Raimondo que, muy pálido, pide silencio. Ante el asombro de todos, cuenta que Lucia, en un rapto de locura, ha matado a Arturo en el propio lecho nupcial. La misma Lucia aparece pocos segundos después, con el camisón manchado de sangre y un puñal en la mano. Es entonces cuando canta el aria de la locura. Veamos y escuchemos a la maravillosa Mariola Cantarero:
Aria de la locura (1ª parte);
canta Mariola Cantarero (fuente: www.youtube.com)
Aria de la locura (2ª parte);
canta Mariola Cantarero (fuente: www.youtube.com)
De verdad que no veo el momento de ver a esta mujer "en vivo y en directo" cantando esta dificilísima y hermosísima aria. Ahora que he visto esta "Lucia" completa, he podido ubicar en su contexto aquel "Al fin son tua..." y me pone los pelos aún más de punta de lo que ya lo hacía. Aquí la cantante tiene que demostrar que sabe interpretar, tiene que hacernos creer que ha perdido la razón, que vive en un mundo propio e ideal, junto a su amado Edgardo...
Sigamos con el argumento. Lucia, sumida ya en una profunda locura, se cree frente al altar, junto a Edgardo. La constante alteración de su espíritu concluye cuando, agonizante, se desploma. Enrico, aún viendo a su hermana en tan lamentable estado, pretende increparla, pero Raimondo lo frena.
El último cuadro (a veces Acto IV) tiene lugar de madrugada, en el cementerio de los Ravenswood, no lejos del castillo, donde aún brillan las luces; Edgardo, al verlas, supone que Lucía está celebrando con júbilo su enlace. Va a celebrarse un duelo entre Enrico y Edgardo y éste, lo que pretende es lanzarse sobre la espada de su enemigo y morir. Le traen la noticia de que Lucia ha muerto: "Tu que a Dio spiegasti l'ali" y Edgardo, desesperado, se suicida.
(Fuentes: "Guía universal de la Ópera", de Roger Alier, fotoslibres.net, fotopedia, www.youtube.com y www.liberliber.it; en los fragmentos de audio cantan: Giuseppe Manancchini, Luciano Neroni, Giovanni Malipiero y Lina Pagliughi)
"Lucía di Lammermoor", de Gaetano Donizetti, había sido para mí, hasta hace pocos días, una gran desconocida; tan sólo me "sonaba" un dúo: "Verrano a te sull'aure...", un aria: "Fra poco a me ricovero...", pero no tenía ni la más remota idea ni siquiera del argumento de la obra.
Pero resultó que, navegando por internet, vi que se representa estos días en Sevilla y, siguiendo un impulso, saqué una entrada. Y, dado que me gusta ir a las representaciones operísticas conociendo lo mejor que pueda lo que voy a ver, busqué la grabación de la representación que se hizo de esta ópera en el Metropolitan Opera House de Nueva York en el ochenta y tres, con Joan Sutherland y Alfredo Kraus en los principales papeles, bajo la batuta de Richard Bonynge... y me encontré con... ¡una delicia!
Representación pictórica de "La novia de Lamermoor",
la novela de Sir Walter Scott en la que
se basa la ópera (fuente: flickr.com)
Con música de Gaetano Donizetti, "Lucia di Lammermoor" es una ópera en tres actos cuyo libreto, de Salvatore Cammarano, se basa en la novela de sir Walter Scott "La novia de Lammermoor". Se estrenó en el Teatro San Carlo de Nápoles, el 26 de septiembre de 1835.
Creo que, para entender mejor la historia, hay que tener en cuenta que la novela que sirvió de origen a la ópera transcurre en Escocia, y cuenta una leyenda ambientada en el gobierno de Ana I de Bretaña, entre 1702 y 1714. El argumento (quizás un tanto predecible) gira en torno al infortunado amor que surge entre Sir Edgardo de Rawenswood y Lucia, hermana de Lord Enrico Ashton, señor del castillo de Lammermoor.
El Lord Keeper (Caballero Custodio) de Gran Bretaña, padre de Enrico y de Lucia, gracias a su posición política y a sus amistades, ha conseguido despojar de sus posesiones a Lord Rawenswood, noble de antiguo linaje y padre de Edgardo. Lord Rawenswood, tras innumerables penurias y sumido en la más absoluta miseria, muere de un infarto. Su hijo jura vengar su muerte. Pero resulta que un día, de manera casual, Edgardo salva la vida de Lucia (que está a punto de ser embestida por un animal salvaje) y, como era de prever, los dos jóvenes se enamoran.
Una vez conocidos estos datos, veamos la ópera. Consta, como he dicho, de tres actos, y los personajes son:
Lucia di Lammermoor.- Hermana de Enrico Ashton y enamorada de Edgardo Ravenswood, de la familia enemiga de los Ashton. Papel para soprano ligera de coloratura. No puedo dejar de comentar que, al escuchar a Joan Sutherland en este papel "sentí" lo que es la coloratura, aunque no sepa explicarlo con términos técnicos. Para mí es una "explosión" de color. Si el canto de la Sutherland se convirtiese, por arte de magia, en un cuadro al óleo, sería un paisaje repleto de colorido, de luz y de sol.
Edgardo di Ravenswood.- Único superviviente de la familia Ravenswood, desposeída del castillo de Lammermoor por los Ashton y enamorado, a pesar de todo, de Lucia. Papel para tenor lírico-ligero. Maravilloso Edgardo Alfredo Kraus. Señalar que este papel es de mucho menor lucimiento vocal que el de Lucia, puesto que aparece mucho menos que ella en escena.
Enrico Ashton.- Hermano de Lucia, enemigo de Edgardo. Papel para barítono que debe tener agilidad.
Arturo Bucklaw.- Joven de una rica y poderosa familia, enamorado de Lucia. Papel breve para tenor ligero.
Alisa.- Acompañante y confidente de Luycia. Papel secundario para soprano.
Normanno.- Confidente de Enrico e intrigante. Papel para tenor secundario sin relieve.
Coro.
Y ahora, veamos el argumento:
Acto I
Nos encontramos en el castillo de Lammermoor. Un misterioso personaje se entrevista con Lucia, hermana de Enrico, y éste sale en su busca junto con una partida de hombres...
"Percorrete le spiaggie vicine..." (fuente: www.youtube.com)
Continuará...
(Fuentes: "Guía universal de la Ópera", de Roger Alier, www.bibliofiloenmascarado.com, www.youtube.com y www.liberliber.it. En los fragmentos de audio cantan: Lina Pagliughi y Giovanni Malipiero)
Investiguemos hoy acerca de otro término operístico: el "aria".
Fuente: flickr.com.
Aria es una palabra italiana que significa "aire" y que equivalía, originalmente, a melodía. Desde los comienzos de la ópera, tuvo un carácter de remanso melódico, de pasaje en el cual un personaje exponía sus sentimientos o emociones frente a los momentos de mayor contenido narrativo (que configuraron el llamado recitativo). La diferencia del recitativo respecto del aria consistió, con el tiempo, en la presencia de la orquesta durante el aria.
La plenitud del Barroco dio al aira un contenido musical cada vez más exuberante, con pasajes interminables de ornamentación vocal; es a Alessandro Scarlatti al que se le atribuye la codificación del aria en tres partes: un "allegro" inicial en el que el cantante debía respetar la música del compositor, una parte central lenta y de relativa importancia, y una tercera parte consistente en la repetición de la música de la primera parte (aquí el cantante tenía licencia para introducir todas las ornamentaciones que le apetecieran). El aria se llamó, por ello, "aria da capo" (aria desde el principio).
Las arias adquirieron un carácter fijo y convencional: aria "de amor", "de furor", "de bravura", "patética", "brillante", etc. Los cantantes más importantes obtenían cuatro o cinco arias en una ópera, de las que la primera (aria "di sortita") solía ser especialmente importante. Escuchemos cómo se presenta el Duque de Mantua en "Rigoletto", con un "aria di sortita": "Questa o quella"; canta: José Carreras.
Los cantantes de menor grado tenían sólo tres, dos o una; el público solía aprovechar estas arias "menores" para ir a tomar refrescos (aria "del sorbetto"). Si el compositor quería acelerar la acción ocasionalmente, un aria podía ser más breve ("cavatina").
Con el nacimiento de la ópera bufa, el aria se simplificó, y aunque mantuvo a veces la estructura tripartita, era mucho más concisa, hasta que a finales del siglo XVIII fue quedando integrada en la "scena" (recitativo, aria y sección rítmica rápida que se cantaba dos veces o "cavaletta").
Como ejemplo ilustrativo, veamos y escuchemos un "cavaletta" en la voz del Maestro de Maestros, el Gran Alfredo Kraus:
Rigoletto, acto II, "Possente amor mi chiama".
En Francia, las arias (air) fueron mucho menos extensas; con el tiempo, adquirieron forma de aria, en la que era normal la forma tripartita A-B-A, que también fue utilizada en la ópera romántica francesa.
Mozart introdujo las arias de estructura musical sólida en las óperas alemanas. Los autores posteriores escribieron importantes arias, pero Wagner disolvió gradualmente esta forma dando prioridad al sistema de "leitmotive". Al final del siglo XIX, todos los compositores buscaron expedientes para mantener una forma u otra de aria más o menos disimulada dentro del lenguaje orquestal.