Bienvenido

Bienvenido, amable navegante, a mi pequeño rincón. Si has llegado hasta aquí es que, como poco, sientes curiosidad por la ópera. Quizá seas un experto. Quizá sólo has echado un somero vistazo a este tema y te preguntas qué es lo que mueve a un aficionado a la ópera. O quizá, ni lo uno ni lo otro... ¿qué más da?.

Ante todo, he de decir que ni soy una erudita en esta materia ni lo pretendo. Este blog quiere servir, simplemente, de lugar donde reflexionar, donde compartir experiencias, opiniones, sentimientos, etc., acerca de un mundo que para mí es muy enriquecedor.

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Mostrando entradas con la etiqueta Anecdotario. Mostrar todas las entradas
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jueves, 19 de abril de 2012

ANECDOTARIO OPERÍSTICO (XI)


Grand Opera House Belfast

Vuelvo hoy a traer hasta vosotros una nueva entrega de este "Anecdotario operístico", que permite hacerse idea de las múltiples facetas que conforman el maravilloso mundo de la lírica. 

¿Por qué Beethoven tiró el estofado?
Esta anécdota da título a un divertidísimo libro escrito por Steven Isserlis, que cuenta de forma muy amena diversas anécdotas acerca de las vidas de grandes compositores. Ésta me ha parecido una de las más divertidas:

El genio ardiente de Beethoven se manifestaba en todos los aspectos de su vida, como por ejemplo en la comida, por la que mostraba una desenfrenada pasión. Resultó que en cierta ocasión acudió a un restaurante y pidió un determinado plato; no importa cuál fuera, el caso es que el camarero le trajo uno equivocado. Tras quejarse nuestro protagonista, aquel hombre le respondió de mala forma y, sin hacerle más caso, se metió de nuevo en la cocina. Unos instantes más tarde, reapareció llevando un montón de platos para otros clientes. Ante tal actitud, Beethoven montó el cólera, cogió la comida que el camarero le había dejado (un plato de carne con mucha salsa) y ¡se la tiró al camarero en pleno rostro!

El camarero se puso furioso, pero trató de mantener el equilibrio para no dejar caer los platos, mientras intentaba relamer la salsa que le caía por la barbilla. Tenía un aspecto tan gracioso que el resto de clientes del restaurante comenzó a reír, con lo que Beethoven no pudo por menos que acabar por desternillarse, lo que le hizo recuperar su buen humor. Escuchemos, de este magnífico compositor, el aria de Marzellina, de "Fidelio":



María Callas dice impropiedades en sus primeros Puritani
Recojo este episodio del jugoso libro "Historias de la historia de la ópera", de Roger Alier. Habla de la ocasión gracias a la cual "La Divina" se convirtió en "la voz de Italia":

Cuando, a principios de enero de 1949, se indispuso la famosa soprano ligera Margherita Carosio, que iba a interpretar "I puritani" en el Teatro La Fenice de Venecia, el empresario decidió sustituirla por María Callas que, por aquellos días, cantaba "Die Walküre" en el mismo teatro. A la Callas se le dio únicamente una semana para prepararse el rol entero de Elvira.

El domingo 17 de enero por la mañana se celebró el ensayo de la ópera de Bellini; por la tarde, la Callas cantaba la última de sus Walkirias, y el martes 19 debutaba como Elvira en "I puritani". Dada la premura con la que había tenido que aprenderse el papel, no es extraño que cometiera algún disparate en el texto italiano y así, en su aria del primer acto, en lugar de "Son vergin vezzosa" ("Soy una virgen hermosa"), dijo "Son vergin viziosa" ("Soy una virgen viciosa"), amén de algunos otros deslices que nadie le tuvo en cuenta, pues su maravillosa interpretación llevó al público al delirio y la consagró definitivamente como una nueva estrella de la lírica. Escuchémosla como "vergin vezzosa" (que no "viziosa") en "I puritani":



Una "Tosca" con final surrealista
Sobre la celebérrima ópera de Puccini existen tal cantidad de anécdotas que no sé si darían para llenar un libro, pero seguro que cubrirían una parte considerable de alguno. La que hoy os traigo, extraída de www.psicofxp.com cuenta cómo un suceso imprevisto desembocó en una "Tosca" con un final "surrealista":

Una nueva puesta en escena de "Tosca" estaba a punto de estrenarse en la Ópera de San Francisco cuando, en el último instante, un grave conflicto obligó a hacer cambios en el elenco. Así, cinco actores jóvenes, ajenos por completo al mundo de la ópera, fueron escogidos para integrar el pelotón que, como sabemos, al final del tercer acto tiene que fusilar a Mario Cavaradossi.

Como la tarea de los soldados consiste únicamente en disparar contra el tenor, el regidor confió en el instinto teatral de los inexpertos (operísticamente hablando) muchachos. Antes del comienzo del tercer acto, y sin ensayo de ninguna índole, se limitó a decirles: "Sigan al comandante. Avancen lentamente, escuchen la música, se alinean y cuando el oficial baje la espada, disparen." "¿Y cómo salimos?" Creyendo que se referían al saludo final, les dijo: "Sigan a los protagonistas."

Llegado el momento, los soldados, mientras avanzaban conforme les había indicado el regidor, vieron en el escenario a un hombre y a una mujer (Cavaradossi y Tosca) cantando en un idioma para ellos incomprensible (italiano). Cuando la mujer se apartó y el hombre los encaró, entendieron que era a él a quien tenían que fusilar; sin embargo, los desorientaron las miradas rápidas que él le dirigía a ella, al tiempo que ella miraba al pelotón. Así, resultó que, cuando el oficial dio la orden, algunos tiraron sobre Cavaradossi y otros sobre Tosca. Para sorpresa de los que apuntaron a la dama, ella quedó en pie y el que cayó fue el caballero.

Los soldados no se movieron de sus puestos en tanto que, urgida por la música y sin entender por qué no se iban, Tosca fue hacia Cavaradossi. El desconcierto de los improvisados soldados fue mayúsculo cuando vieron que la mujer hablaba al recién fusilado como si estuviera vivo. Y, por último, les asaltó el pánico cuando escucharon gritos desde las bambalinas y vieron que Tosca se subía a las almenas para, a continuación, arrojarse al vacío. Recordemos que "sigan a los protagonistas" había sido la indicación del regidor. Antes de que el telón se cerrara, el público asistió a un final inaudito: como admiradores que siguen a su ídolo hasta las últimas consecuencias, los cinco muchachos, uno tras otro, se arrojaron detrás de la cantante. Veamos el final de "Tosca" (no el que acabo de describir, sino el habitual) en una grabación de 1978 que tiene como protagonista a Shirley Verret:


(Fuentes: "¿Por qué Beethoven tiró el estofado? y muchas más historias acerca de la vida de grandes compositores", de Steven Isserlis, "Historias de la historia de la ópera", de Roger Alier, www.psicofxp.com , fotopedia,com y www.youtube.com)

viernes, 6 de abril de 2012

ANECDOTARIO OPERÍSTICO (X)

Perspectiva de la lámpara
del Teatro La Scala

Veamos hoy con un par de anécdotas en torno al unas veces cómico, otras dramático, en ocasiones desconcertante, no pocas veces ingenioso y siempre emocionante mundo de la lírica. Empecemos con un episodio que, particularmente, me ha hecho llorar de emoción. Se refiere al grandísimo tenor que fue Giacomo Lauri-Volpi.

En enero de 1972, el empresario Joan-Antoni Pàmias celebraba sus 25 años de dedicación al Gran Teatro Liceo de Barcelona. Con tal motivo organizó allí un espléndido recital, que contó con figuras que acudieron expresamente para el acontecimiento. Entre la extensísima lista de participantes (el recital acabó sobre las tres de la madrugada), figuraba el nombre del veterano Giacomo Lauri-Volpi, que por entonces tenía ya ochenta años de edad. A algunos quizá les pareciera cosa de broma, pero lo cierto es que, poco antes de la una de la madrugada, apareció en escena el mítico tenor, y cantó "Nessun dorma" (aria que Puccini había escrito pensando en su voz) de un modo tan rotundo, tan poderoso, con un agudo tan limpio y potente en el "...Vincero!" final que el teatro entero se puso en pie, y arrebatado, le cubrió con una lluvia de aplausos.  El propio tenor, embargado por la emoción, se tambaleó ligeramente al terminar el aria. ¡Quién hubiera podido estar allí para verlo!; al menos, nos queda la grabación que, afortunadamente, se hizo de aquella escena:

¡Grande Giacomo Lauri-Volpi!

Y ahora, una anécdota que cuenta cómo tal vez el "Fausto" de Gounod, y quizás también el propio compositor (dado que fue "Fausto" la ópera que le abrió las puertas del mundo lírico), hubieran permanecido en la sombra para los amantes de la ópera de no ser por el ingenio de un avispado empresario.

Como ya sabemos, el "Fausto" de Gounod se estrenó en el Théâtre Lyrique de Paris el 19 de marzo de 1859. Pocos días antes del estreno, no se habían vendido más que unas pocas sillas para un total de cuatro representaciones. A la vista de tan desolador panorama, el empresario decidió recurrir a una ingeniosa argucia: regaló las entradas restantes para las tres primeras representaciones a gente que vivía fuera de la ciudad, y luego publicó un anuncio en la prensa local en el que se decía que las entradas para las tres primeras representaciones estaban agotadas. Y como la curiosidad es algo innato al ser humano el público, preguntándose a qué se debía tamaño revuelo, agotó las entradas para la cuarta representación, al final de la cual los espectadores enloquecieron, convencidos de que habían asistido a un espectáculo que marcaría historia. Gounod fue llamado a saludar varias veces, y la obra se mantuvo en cartel muchas noches consecutivas, porque toda la ciudad quería ir a verla. Escuchemos, de nuevo al maravilloso Giacomo Lauri-Volpi, interpretando, de "Fausto", "Salut! demeure chaste e pure...!":

De nuevo el genial Lauri-Volpi ¡¡Bravo, Maestro!!

(Fuentes: "Sotto voce", de Roger Alier, "Ópera para dummies", de David Pogue y Scott Speck, fotopedia, y www.youtube.com)

domingo, 1 de abril de 2012

ANECDOTARIO OPERÍSTICO (IX)

Veamos hoy otra pequeña gran historia acerca del mundo de la ópera, que he incluido dentro del "Anecdotario operístico".

Opera
(fuente: fotopedia.com)

La entrada de ayer tenía como protagonista a Adelina Patti; como ya mencioné, también fueron cantantes sus dos hermanas, Amalia y Carlota. Hoy quiero hablar de esta última.

Carlota Patti se hizo tristemente famosa por ser la última persona que cantó sobre el escenario del antiguo Teatro Municipal de Santiago de Chile, un 8 de diciembre de 1870; esa misma noche, el edificio fue consumido por un colosal incendio.

Aunque su hermana Adelina era mucho más reconocida en los círculos líricos (y no sólo eso sino que, como ya sabemos, estaba considerada como la mejor cantante de su época) Carlota tenía, para muchos entendidos, mejor voz que ella. El principal problema que impedía su éxito era una cojera, que dificultaba seriamente su actuación; por tal motivo, algunos guasones (¡necia crueldad humana!) la llamaron "la Patti coja".

Carlota llegó a Chile como parte de un gran grupo en el que estaba también, por ejemplo, el gran violinista y virtuoso Pablo Sarasate. La fatídica noche del 8 de diciembre de 1870, en el Teatro Municipal de Santiago de Chile, el pianista Théodore Ritter interpretó, entre otras obras de Chopin, Beethoven y Gounod. La última pieza del recital fue la polka de Guillermo Deichert (gran compositor alemán avecindado en Chile) titulada "La Risa"; fue precisamente Carlota Patti quien la hizo famosa y se dice que aquella noche la cantó ocho veces a petición del público. Aunque el recital debía terminar a las 11 de la noche, sólo 45 minutos después terminaron los bises de la famosa canción.

El sistema de iluminación del teatro era de gas, y una de las cañerías se rompió esa noche al bajar el telón. Luis Ducci, el empresario a cargo del espectáculo, fue a revistar el olor con una antorcha, que le explotó en la mano, iniciándose así el incendio que dejaría al teatro tan solo con sus muros. Los últimos en ver cómo se quemaba el teatro contaron que lo primero que se incendió fue la mesa para la escenografía de "Don Giovanni", consumida por el mismo infierno con el que termina aquella ópera.

Como curiosidad, días antes Adelina Patti había quedado atrapada en un tren que comenzó a incendiarse repentinamente. La prensa llamó a ambas hermanas "Ángeles de Fuego". Escuchemos a Adelina, precisamente en "Don Giovanni":

"Batti, batti o bel masetto..."

(Fuentes: centrodae.municipal.cl y www.youtube.com)

viernes, 23 de marzo de 2012

ANECDOTARIO OPERÍSTICO (VIII)

En mi afán, nunca del todo satisfecho, de contribuir a la divulgación de este maravilloso arte que es para mí la ópera, os traigo hoy una serie de anécdotas, recogidas de aquí y de allá, que muestran una faceta distinta del mundo de la lírica. Empecemos por una referida al genial Giuseppe Verdi.

Giuseppe Verdi (fuente: fotopedia.com)

A pesar de la fama extraordinaria que acabó alcanzando el compositor de Busseto, llegó a pasar apuros económicos. En una de estas malas rachas, escribió a un amigo rogándole que le prestara mil liras. Pero resultó que el amigo, no sólo no pudo prestárselas, sino que le contestó lo siguiente:

"Tu petición me ha llegado en un momento de extrema necesidad. Tan es así que, para afrontar algunos compromisos ineludibles, he vendido, con la pena que podrás imaginar, tu propia nota en calidad de autógrafo. Me han dado por ella 500 liras. ¡Me has salvado! Tienes todo mi reconocimiento".

En una nueva nota, Verdi respondió a su amigo: "Todo eso está muy bien, pero te ruego quieras al menos facilitarme la dirección de la persona que te ha comprado mi autógrafo. Quizá pueda venderle algún otro".

Ironías de la vida...

Y ahora otro episodio que da muestra de que Enrico Caruso no sólo era un gran cantante, sino un excelente ser humano.

Enrico Caruso cantando "La donna è mobile"
(fuente: www.youtube.com)

Vivía Caruso en los EEUU, en una época en la que la mayor parte de Europa estaba en guerra. Un buen día, recibió la visita de cinco compatriotas. "Señor Caruso" le dijeron "marchamos a Italia, a combatir. Somos pobres y jamás hemos podido poner el pie en el teatro en el que usted actúa".

- "¿Y qué es lo que desean ustedes?" les contestó amablemente el célebre tenor.
- "Vamos, como hemos dicho a la guerra. Quizá muramos en ella, pero antes, quisiéramos escuchar al gran Caruso. Hemos reunido doscientos dólares; son muy pocos, pero es todo lo que poseemos y desearíamos que, por esa suma, usted cantase una canción, una sola canción para nosotros".

A Caruso se le humedecieron los ojos, como no podía ser de otra manera. Luchando contra el nudo que le oprimía la garganta, al fin pudo decirles: "¿Una canción? ¡todas las que ustedes quieran! Y esos doscientos dólares, llévenselos a sus madres". Y Caruso cantó toda una noche para aquellos cinco compatriotas que, tal vez, no regresarían vivos del combate.

Veamos ahora una muestra del temperamento del prodigioso Ludwig van Beethoven.

Beethoven (fuente: www.arteyfotografia.com)

Solía el compositor ir por la calle con ropas viejas, con los pelos desordenados, gritando a pleno pulmón las melodías que se le iban ocurriendo y anotándolas en un cuaderno. En una de estas ocasiones, al pasar por delante de una elegante residencia, ante cuya puerta de hallaban agrupadas unas cuantas personas elegantemente ataviadas, Beethoven pisó sin darse cuenta la cola del vestido de fiesta de una señora; volvióse ésta  indignada, y le gritó al músico:

- "¡Sois una bestia!".

Beethoven (que aún no había perdido del todo el oído), sin inmutarse, se quitó el sombrero, hizo una cortés reverencia y le respondió:

- "Sin embargo, la cola la llevais vos, señora...".

Para terminar (por hoy), unas cuantas anécdotas sobre ese prodigio de la naturaleza que fue Wolfgang Amadeus Mozart:

Mozart (fuente: paulhelm.com)

  • Se ha llegado a calcular la rapidez con la que Mozart escribía su música. Si un copista transcribiera toda su obra, tardaría unos veinticinco años, trabajando diez horas diarias. Por mucho que este cálculo sea fruto de la exageración, se deduce sin lugar a dudas que Mozart fue el músico más precoz y rápido de todos los tiempos.
  • Sobre la capacidad memorística de Mozart para la música se cuenta que un día, cuando le faltaba poco para morir, el empresario teatral Schikaneder le sorprendió escribiendo el "Requiem", en lugar de "La flauta mágica", que estaba encargada antes, y tenía la fecha de estreno ya comprometida.  Schikaneder  se desesperó e increpó a Mozart: "¿Dónde está mi música?" Mozart señaló su propia cabeza y dijo: "Aquí es donde la tengo, todo lo demás son sólo garabatos y más garabatos en la partitura".
  • Siendo Mozart un adolescente, se le acercó un muchacho de su edad y le preguntó cómo se componía una sinfonía. Mozart le contestó que aún debía dejar pasar muchos años de aprendizaje antes de intentarlo. El joven, irritado con la respuesta, le objetó: "Pero tú ya componías a los diez años". Mozart, imperturbable, contestó: "Sí, pero no tenía que preguntar cómo hacerlo". 
  • Con ocasión del estreno de "Las bodas de Fígaro", el Archiduque Fernando le dijo a Mozart: "No sé si le gustará a la gente, mi querido Mozart, es demasiado ruidoso, tiene demasiadas notas". Mozart no pudo evitar corregir a tan importante personaje: "No, mi señor, tiene sólo las necesarias".

(Fuentes: latierranoesredonda.blogspot.com, www.enriquegracia.net, saramori.lacoctelera.net, www.youtube.com y www.epdlp.com)

viernes, 24 de junio de 2011

ANECDOTARIO OPERÍSTICO (VII)

La primera anécdota de hoy describe a la perfección de qué forma algunas "divas" operísticas pueden llegar a endiosarse. Se trata, en este caso de Kathleen Battle.

Fuente: flickr.com.

En una ocasión en que el Metropolitan contrató a esta soprano, y conociendo su carácter conflictivo, las autoridades del teatro procuraron suavizar sus relaciones con ella, y así, la enviaron a Miami en automóvil de alquiler para que participara en una determinada función organizada por el teatro neoyorquino. El suntuoso vehículo avanzaba por la carretera, cuando la soprano descolgó el teléfono y se puso en contacto con su agente para rogarle que llamara al Metropolitan, a fin de pedirles que llamaran al chófer que la conducía ¡para que disminuyera la intensidad del aire acondicionado del automóvil!. La necedad humana puede llegar a límites insospechados...

Por otra parte, y en otro orden de cosas, también están las cantantes "con un par de ovarios" como, por ejemplo Marilyn Horne.

Portada de "Carmen". Fuente: flickr.com.

En una representación de "La donna del lago", de Rossini, a principios de la década de 1980, esta mezzosoprano, que en esta ópera cantaba el rol masculino de Malcom (para mezzo), tuvo una actuación en la que no faltaron algunos momentos poco felices, aunque en conjunto la función fue un éxito.

Sin embargo, al salir a saludar, había una persona en el cuarto piso del teatro que estaba manifestando ruidosamente su desaprobación. Cansada de sus protestas, Marilyn Horne, desde el escenario, se encaró con ella y, poniendo los brazos en jarras, le espetó: "¡Baja aquí a cantar, si te atreves!". El reto surtió efecto y cesaron las protestas de la indignada espectadora.

(Fuente: "Historias de la Historia de la Ópera", de Roger Alier).

martes, 21 de junio de 2011

ANECDOTARIO OPERÍSTICO (VI)

Don "Tutto"

Este fue un incidente muy comentado, porque se retransmitió en una franja horaria de máxima audiencia radiofónica. Hacía poco que el tenor Luciano Pavarotti había obtenido un gran éxito con la edición de su disco doble "Tutto Pavarotti", en la década de 1980, cuando gozaba ya de una enorme popularidad. Algún locutor ingenuo creyó que el nombre del cantante era el que aparecía en el disco y anunció una grabación de "Tutto", ese tenor tan conocido...

(Fuente: "Historias de la historia de la ópera", de Roger Alier)

Caruso, Luciano Pavarotti.
Fuente: youtube.com.

El tamaño es importante

"Tosca" es sin duda una de las más abundantes fuentes de anécdotas. En una producción "de emergencia" de la temporada de 1997 se cantaba "Tosca" en el Teatro Victoria de Barcelona. El excelente Scarpia era Joan Pons, pero la producción había dispuesto de una mesa tan pequeña para el barítono que, cuando éste estaba firmando el salvoconducto para Tosca, ella tenía que tomar el cuchillo asesino de debajo mismo del antebrazo de su futura víctima, pues la mesita no era más ancha que el propio cuerpo de Joan Pons.

(Fuente: "Historias de la historia de la ópera", de Roger Alier)


Juan Pons en una representación de "Tosca" en Palma de Mallorca, en 2014. 
En esta ocasión, la mesa tiene un tamaño adecuado.
Fuente: youtube.com

jueves, 16 de junio de 2011

ANECDOTARIO OPERÍSTICO (V)

Veamos una nueva entrega de las aventuras y desventuras que nacen, crecen y/o se desarrollan en torno al mundo de la ópera.

Opera House Belgium. Fuente: flickr.com.

Sobre Mascagni
Debajo de la casa de Mascagni se instaló un músico que hacía funcionar su organillo con el intermezzo de "Cavalleria rusticana"; pero lo hacía a gran velocidad. Harto, Mascagni bajó y, tras contarle quién era, cogió la manecilla del aparato y la movió indicándole la velocidad a la que debía tocarse. Al día siguiente, el músico había colocado un cartel: "Discípulo del gran Mascagni" (fuente: www.foroclasico.com).

El gran Lucciano
Hasta el año 1997, muy pocos sabían que Lucciano Pavarotti ¡no sabía música!. Así, como suena. Era incapaz de leer una partitura. "Ya soy demasiado viejo para aprender...", dijo en una entrevista. Por lo visto, tenía un sistema de símbolos y líneas de colores ascendentes y descendentes que le marcaban la evolución de la melodía y que le servían como recordatorio a la hora de interpretar (fuente: heartbeatsandlovenotes.blogspot.com). Escuchémosle en "La bohème": "Che gelida manina"; fuente: www.epdlp.com.

Otra anécdota sobre Rossini
Volvemos a una fuente abundante de anécdotas: Gioachinno Rossini. Parece ser que a Rossini le gustaba más cocinar y comer que componer música. Ensayaba constantemente nuevos platos y recetas, en ocasiones muy extravagantes (otras no, como los ya citados canelones Rossini, que están bien ricos). En 1816, el empresario Barbaja le contrató para que, por 15.000 francos anuales, le entregara dos óperas al año. La primera que propuso Rossini fue Otello. El músico estuvo viviendo seis meses en casa del empresario sin escribir una sola nota; barbaja, harto de la situación, ordenó a sus criados que encerraran al Cisne de Pésaro con un solo plato de macarrones hervidos y una jarra de agua. Al día siguiente, Rossini entregó la Obertura, y en una semana había acabado la ópera. Como Barbaja no sabía música, Rossini había adaptado la Obertura, única pieza musical que había compuesto, a todos los diálogos de la ópera. Pudo así recuperar su libertad (fuente: www.adoc.es).

Un estreno heroico
Ya hemos hablado de Nabbuco y de lo que pasó a significar, para el pueblo italiano, el "Va pensiero". Pues bien, veamos otra anécdota que entra dentro de esa misma línea, de nuevo con una ópera de Verdi. Durante 1848, los patriotas italianos se alzaron contra los austríacos; el Papa Pío IX, ante la posibilidad de que el movimiento independentista pudiera llegar a Roma, abandonó momentáneamente la ciudad eterna. En esta situación, Giuseppe Verdi estrenó su ópera "La battaglia di Legnano", obra que exaltaba los sentimientos patrióticos italianos. En un momento de la obra, el protagonista, que está encerrado en la torre de un castillo, cuando oye las trompetas que llaman a la lucha contra Barbarroja, salta al foso para unirse a los combatientes. Entre el público había un soldado que, sin pensárselo dos veces, lanzó al escenario su morral, su abrigo, sus charreteras, e intentó saltar al escenario y así unirse al héroe; pero saltó con tan mala fortuna que cayó en el foso, pero en el de los músicos. Quedó así frustrado su intento de unirse a un héroe de pega (fuente: www.adoc.es). Escuchemos, de "La battaglia di Legnano" la: "Obertura"; fuente: www.liberliber.it.

martes, 14 de junio de 2011

ANECDOTARIO OPERÍSTICO (IV)

Historias e historietas, venturas y desventuras en torno al mundo de la ópera las hay de todo tipo. La mayoría de las que hemos visto hasta ahora son cómicas pero también las hay, por supuesto, curiosas, sorprendentes, tristes e incluso dramáticas y hasta "macabras". Veamos, en esta cuarta entrega, unas cuantas más.

Pianista.
Fuente: paulhelm.com.

María Gay, una contralto de armas tomar
Sucedió que el empresario Mestres Calvet contrató a la célebre contralto María Gay (que se llamaba en realidad María Pichot, 1879-1943). Esta cantante había empezado a adquirir renombre en Barcelona como "musa" de los modernistas, dando recitales hasta que en 1903 obtuvo un grandioso éxito en Bruselas como Carmen, en la ópera de Bizet; desde entonces, su carrera operística fue muy brillante. Su apellido procedía de su primera marido, Joan Gay (1867-1926), pero lo conservó al separarse de él. Contrajo segundas nupcias con el tenor italiano Giovanni Zenatello y, cuando fue contratada para cantar "Carmen" en el Liceo, logró que también fuese admitido su marido para interpretar el papel de don José. La pareja se presentó en el año 1919; ella fue aclamada como Carmen, pero su marido fue silbado. Según explica el empresario en sus memorias, el día de la segunda función la contralto se presentó en el teatro armada con una enorme oreja de buey que pretendía lanzar contra el público si volvían a silbar a su esposo. Hizo falta todo el poder de persuasión del empresario para quel a Gay depusiera su actitud combativa. Por otra parte, ese día Zenatello fue aplaudido y no hubo motivos para sucesivas trifulcas.

El Teatro Real y el corazón del tenor Anselmi
Esta anécdota hay que entenderla como propia de una época en que las nociones anatómicas y las consideraciones higiénicas carecían de la improtancia que hoy tienen. Y si a eso le añadimos que las ideas románticas se encargaban de cu con un velo de simbolismo y misterio lo que hoy nos aparece como crudo e inadecuado, podemos entender aún mejor el suceso.

El tenor Giuseppe Anselmi, en otros tiempos rival de Gayarre, fue muy festejado en el Teatro Real de Madrid. Su popularidad era tran grande que el empresario de ese momento, Luis París, le pidió al tenor un legado para el Museo y Archel Teatro. Anselmi contestó el 12 de junio de 1925 legando al Teatro Real, que en esos días estaba a punto de cerrar sus puestas por amenazar ruina, ¡nada menos que su propio corazón!. Murió pocos años después, prematuramente, y en el verano de 1929 llegó a Madrid, con el tenor José Riera, una urna con la víscera y la documentación que acreditaba su autenticidad. Con la debida solemnidad fue ingresado el corazón del tenor en el Museo del Teatro Real.

Estalló la guerra civil española (1936-1939) y el Real sirvió ocasionalmente de alojamiento para tropas. El corazón de Anselimi se perdió en medio de la confusión provocada por el estadllido de un improvisado polvorín. Al finalizar la guerra, Don Fernando José de Larra armado de un simple farol, empezó a rebuscar entre los escombros hasta que halló la urna, dentro de la cual, en un frasco con alcohol, se hallaba... el corazón de Anselmi, que fue reintegrado al Museo del Teatro Real, instalado provisionalmente en otro lugar.

El bajo ruso y el torero
Montserrat Moner, esposa de Joan Alavedra, el poeta que puso el texto a "El Pessebre" (1943-1960) de Pau Casals, relató un día la anécdota ocurrida con motivo de la estancia del famoso bajo ruso Fiodor Chaliapin en Barcelona para cantar en el Liceo. Durante su estancia, el "conseller" de Cultura de la Generalitat de Cataluña, Ventura Gassol, estaba un día con él tomando un aperitivo en la Plaza de Cataluña cuando acertó a pasar un conocido torero andaluz. Ventura Gassol lo llamó y le presentó a Chaliapin mencionando sus éxitos como bajo en el Liceo; después de un ratito de cortesía, el torero se despidió diciéndole al bajo: "Bueno, hombre ¡y que llegue usted a tenor!". Escuchemos a Chaliapin en: "Boris Godunov", de Mussorgsky.

(Fuentes: "Historias de la Historia de la Ópera", de Roger Alier, y www.epdlp.com).

sábado, 11 de junio de 2011

ANECDOTARIO OPERÍSTICO (III)

El anecdotario operístico da para muchos capítulos, quizá tantos como las mil y una historias que le contó Scherezade al Rey Shahriar. Acerquémonos, una vez más, a esos pequeños relatos surgidos en torno al mundo de la ópera.

Escena de Simon Boccanegra.
Fuente: flickr.com.

Solti murió tal vez del disgusto
Eran los primeros días de julio de 1997, dos meses antes de la muerte del ilustre director húngaro. En el Convent Garden se ofrecía la primera representación de la ópera de Verdi "Simon Boccanegra", dentro del ciclo completo de óperas verdianas que el maestro londinense ofrecía con motivo del inminente centenario del compositor italiano.

El teatro estaba espectante; pasaban dos minutos de la hora fijada para el inicio de la representación; el maestro Solti estaba en el podio y ya levantaba la batuta cuando, detrás de él, de entre la primera fila de butacas de la platea, saltó el mecanismo de un reloj digital y se oyó en toda la sala una voz femenina que dijo claramente en castellano sudamericano: "Son las ocho y tres minutos".

El maestro Solti quedó como petrificado durante unos cuantos segundos, bajó la batuta y después de unos instantes la volvió a levantar. Esta vez nada impidió que arrancara la ópera. Solti murió exactamente dos meses después, el 5 de septiembre, pero no falta quien dice que murió del disgusto por tan intempestiva interrupción. Escuchemos a Antonietta Stella en "Simon Boccanegra": "Come in quest'ora bruna".

Elena Sanz, la "favorita del Rey"
Cuando en 1877 debutó en el Teatro Real la contralto valenciana Elena Sanz, lo hizo cantando el papel de la protagonista de "La favorita", de Gaetano Donizetti, ópera que aparecía mucho por el Real porque había servido para la función inaugural de 1850. La Sanz interpretó junto a Gayarre el papel de la favorita del rey, pero lo que pronto se convirtió en la comidilla de la corte es que un par de años más tarde la realidad había superado a la ficción: Alfonso XII se había enamorado de la cantante. Intervino con decisión y firmeza la reina María Cristina, que dio órdenes para que la "favorita del rey" fuese alejada rápidamente de Madrid y fijara su residencia en París. La paz conyugal ante todo, debió pensar la reina, aunque no tardó en tener otros motivos de preocupación, con una monarca tan aventurero como su esposo. Escuchemos a José Carreras en "La favorita", de Donizetti: "Spirto gentil".

Monumento a Donizetti
en Bérgamo.
Pagando a María Callas en efectivo
Rudolf Bing, que fue empresario del Metropolitan de Nueva York de 1951 a 1972, nunca tuvo muy buenas relaciones con María Callas, cuando la diva greco-americana cantó en el teatro. Pero las peores relaciones fueron con el marido, el tremendo señor Meneghini, quien llevaba los asuntos de su esposa. En una ocasión, irritado Bing por la actitud ávida y codiciosa del marido de la diva, hizo que le pagaran la cantidad estipulada por su contrato en efectivo... y en billetes de un dólar. Meneghini tuvo que llevarse de la administración un enorme e incómodo paquete de dinero.

(Fuentes: "Historias de la Historia de la Ópera", de Roger Alier, http://www.epdlp.com/ y http://www.liberliber.it/).








jueves, 9 de junio de 2011

ANECDOTARIO OPERÍSTICO (II)

El mundo de la Ópera está plagado de momentos, anécdotas, propósitos y despropósitos cuanto menos "curiosos". Ya vimos algunos de ellos en "Anecdotario Operístico I"; he aquí unos cuantos más:

Director de orquesta.
Fuente: paulhelm.
 El bis más grande de la historia
A su paso por Viena, de regreso de Rusia, Domenico Cimarosa recibió el encargo de escribir una ópera nueva para la ocrte del emperador Leopoldo II. El resultado fue la deliciosa ópera bufa "Il matrimonio segreto", que se estrenó el 7 de febrero de 1792. La obra gustó tanto al emperador que ordenó que sirvieran una cena a todos los cantantes y músicos y les rogó que después de cenar repitieran íntegramente toda la ópera (que dura casi tres horas). Se trata, pues, del bis más grande e importante que registra la historia de la ópera.
Escuchemos a Luigi Alva en "Il matrimonio segreto": "Pria que spunti in ciel la aurora"; fuente: www.epdlp.com.

Rossini inspecciona el canto por la calle
En torno a Rossini hay multitud de anécdotas. Después de su triunfal estancia en Londres, Rossini regresó a París (1824), donde la monarquía de Luis XVIII esperaba convencerle para que se quedara y diera brillo a la vida musical parisiense, que se estaba italianizando por momentos. Para lograr su propósito, las autoridades de la monarquía le ofrecieron, al margen de cualquier presupuesto, además de la co-dirección de la Ópera de París, un contrato para estrenar allí diez óperas nuevas. Y, a fin de redondear la principesca oferta, nombraron a Rossini "Inspector del canto del reino de Francia", con un buen sueldo añadido. Rossini, que nunca se tomó a sí mismo demasiado en serio, dicen que cuando iba por la calle en París y oía cantar a alguien se detenía, hacía pabellón con la mano en la oreja y fingía calibrar la calidad del canto que se oía. A quienes le preguntaban por qué hacía eso respondía en todo serio que estaba ejerciendo su cargo de "Inspector del canto del reino de Francia".

Montserrat Caballé se niega a ser fusilada
"Tosca" es, probablemente, una de las óperas sobre las que se han recogido más anécdotas. Como por ejemplo una con Montserrat Caballé en Viena,en la Staatsoper. Había habido una huelga de figurantes por lo que, para la famosa escena del fusilamiento de Cavaradossi, el teatro reclutó soldados del ejército austriaco. Como los muchachos desconocían por completo el contenido de la ópera, se les indicó que, cuando se les diera la señal para salir al escenario, tenían que simular el fusilamiento de la persona que encontraran junto a la pared.

Llegó el aciago instante de la ejecución pero el tenor, afectado por un repentino ataque de tos, salió un momento del escenario. Aparecieron los soldados y, viendo a Montserrat Caballé, único personaje cercano a la pared, pusieron rodilla en tierra y prepararon su "fusilamiento". Montserrat Caballé gritó: "¡Eso sí que no! ¡A mí no me fusila nadie!", y detuvo la fución, con las consiguientes risas y gritos del respetable público que tuvo que esperar bastante rato para que se calmaran las aguas y se fusilara por fin adecuadamente al huidizo tenor.

(Fuentes: "Historias de la Historia de la Ópera", de Roger Alier y www.epdlp.com).

lunes, 16 de mayo de 2011

ANECDOTARIO OPERÍSTICO (I)

Hungarian State Opera House.
Fuente: fotopedia.com.

En el mundo de la ópera, como en todas las actividades del ser humano, está esa faceta en la que circunstancias imprevistas, ocurrencias y formas de ser que se apartan de lo habitual, dan lugar a situaciones que en unos casos asombran, conmueven o entristecen, y en otros despiertan la sonrisa e incluso arrancan la carcajada. Veamos algunas anécdotas relacionadas con el mundo de la ópera.

Anécdota con Carmen
Un conocido tenor argentino ensayaba el Aria de la Flor ("La fleur que tu m'avais jetée...") de "Carmen" con su no menos famosa profesora, quien le solicitaba reiterada e infructuosamente que cantase más piano. Finalmente, le dijo la maestra al tenor: "Querido, Carmen era puta, no sorda". Publicado en Revista Claves Musicales Nº 20. Escuchemos a Plácido Domingo cantando este aria: "La fleur que tu m'avais jetée"; fuente: www.epdlp.com.

Con hielo en los...
Rigurosamente cierto. Es lo que sigue. Era el debut de di Stefano en el Met con Rigoletto. ¿Qué pasó con el Duque? Pues que se había pasado la víspera con o pensando en una maciza neoyorquina, con evidente concentración sanguínea y excitación de la zona reproductora hasta llegar a experimentar las lógicas molestias. Comoquiera que esas molestias no desaparecieron para el momento de la función, ¿qué hizo nuestro amigo di Stefano? Pues para aliviarse, ni corto ni perezoso, se metió una bolsa de hielo en las calzas junto a salva sea la parte. Y así hizo su debut. Riguorsamente cierto; al menos, así lo relata el propio di Stefano en su autobiografía.

Rossini, vago de solemnidad
(recogida del libro "Historias de la Historia de la Ópera", de Roger Alier).
La fama de vago de Rossini era proverbial. Según una famosa anécdota, en pleno invierno el compositor prefería componer en la cama, a pesar de la incomodidad de la postura, el inconveniente que suponía el uso de la pluma y tintero, etc. Un día Rossini acababa de comopner una página de una de sus óperas en ciernes, cuando se le cayó de la cama la última página que había escrito. Y la capacidad creativa del compositor era tanta que prefirió volver a escribir la música de esa página a tener que levantarse de la cama para recogerla.
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Hubo también momentos, sin embargo, que dejaron un sabor de boca hondamente amargo entre los espectadores que los presenciaron:

La muerte de Gayarre
(recogida del libro "Historias de la Historia de la Ópera", de Roger Alier).
En la temporada 1889-1890, Gayarre, que había estado cantando en otros teatros de Europa, había vuelto al Real, donde había ofrecido unos magníficos "Lohengrin", "Mefistofele", "Don Giovanni" y la versión italiana (como se cantaba entonces) de la ópera de Bizet "I pescatori di perle". No se encontraba bien de salud, y había decidido no cantar más aquella temporada, pero por respeto hacia el empresario del Real, conde de Michelena, se decidió a cantar la citada ópera de Bizet en la noche del 8 de diciembre de 1889. La función empezó bien y el tenor parecía estar en forma. Después de un magnífico dúo con el barítono, llegó la romanza de Nadir: algunos espectadores notaron que el tenor la "suspiraba" más que cantarla, y al llegar el famoso agudo se le rompió la voz. Aunque le aconsejaron que suspendiera la función, su amor propio se impuso y cantó hasta el final logrando emitir la problemática nota que había fallado antes, pero salió del teatro decididamente enfermo. Parece que estaba sufriendo los efectos de la gripe (a la que entonces llamaban el "dengue"), que derivó hacia una afección pulmonar que acabó con su vida el 2 de enero de 1890. Al analizar su laringe (que fue donada al Teatro Real), se observó que estaba, en proceso inicial del desarrollo, un tumor canceroso que a relativamente corto plazo habría interrumpido la carrera y sin duda también la vida del cantante. A continuación, un vídeo de la última romanza que cantó Gayarre (pero esta vez en francés) en la voz de Alfredo Kraus (fuente: www.youtube.com):

 

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