Bienvenido

Bienvenido, amable navegante, a mi pequeño rincón. Si has llegado hasta aquí es que, como poco, sientes curiosidad por la ópera. Quizá seas un experto. Quizá sólo has echado un somero vistazo a este tema y te preguntas qué es lo que mueve a un aficionado a la ópera. O quizá, ni lo uno ni lo otro... ¿qué más da?.

Ante todo, he de decir que ni soy una erudita en esta materia ni lo pretendo. Este blog quiere servir, simplemente, de lugar donde reflexionar, donde compartir experiencias, opiniones, sentimientos, etc., acerca de un mundo que para mí es muy enriquecedor.

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sábado, 26 de mayo de 2012

POR SUS "OBERTURAS" LAS CONOCERÉIS (I)


En no pocas ocasiones ocurre que, de una ópera determinada, es comúnmente conocida sólo su obertura; pongamos, a modo de ejemplo, la de una delicia que jamás me cansaré de recomendar: "El barbero de Sevilla" de Rossini:


Pero ¿qué ocurre si nos quedamos sólo en la "obertura"? Es lo mismo que si, ante una deliciosa comilona, nos conformamos con el aperitivo. Merece la pena, y mucho, conocer el resto del menú. Para ello, en el caso de "El barbero de Sevilla" permitid que os remita a dos entradas de este mismo blog:


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Continuemos con otra "obertura" muy conocida; al escuchar los primeros compases, creo que habrá pocas personas que no la reconozcan:


La indomable "Carmen", de Bizet, en efecto. Os invito a que leáis tres artículos de este blog:


Y otro que, aunque es un artículo de opinión, también está relacionado con la "Carmen" de Bizet:

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La siguiente "obertura" quizá no os sea tan conocida, pero ni quiero ni puedo resistirme a ponerla, porque con ella debuto mi adorado Alfredo Kraus. Me refiero a "Rigoletto":


Y para invitaros a profundizar en la historia, os propongo este post: http://descubrirlaopera.blogspot.com.es/2011/05/rigoletto-o-el-rey-que-oficialmente-no.html

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Y por hoy, doy por concluida la sesión, que tampoco es cuestión de "emborracharse" (musicalmente hablando). Hasta mañana, queridos amigos.

viernes, 18 de mayo de 2012

CORTITO Y TODO PARA ATRÁS (EL BARBERO DE SEVILLA)


Queridos amigos, hoy es para mí un día especial;  hoy tengo el honor de presentaros una entrada que un buen amigo, al que conocí a través de twitter, Sandro Malfitano (@Malfitan0) ha tenido la amabilidad de dejar que publique en mi pequeño rincón. Hace poco, él tuvo la gentileza de dejarme colaborar en el suyo, así que yo no podía perder la oportunidad de pedirle que participara también en el mío. Deseo que esto sea sólo el comienzo de muchas más colaboraciones entre dos blogs de ópera que son primos-hermanos.

Antes de continuar, para los que no lo conozcáis, os recomiendo que visitéis el blog de @Malfitan0: http://enlaesquinaescuchando.wordpress.com/ Sandro tiene un gran talento para hablar sobre ópera de forma amena y divertida; sabe hacer de cada historia algo muy apetecible y fácil de entender. Pero, para que vosotros mismos lo comprobéis, os dejo ya con el gran @Malfitan0

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Momento azul en Sevilla (fuente: flickr.com)

Cortito y todo para atrás (Il barbiere di Siviglia)
Esta vez nos vamos con “Il Barbiere di Siviglia” de Rossini. La primera de Rossini que tratamos en esta colección. ¿Por qué esta y por qué ahora? Sin ningún motivo en particular; como verán si visitan mi blog, no hay un orden especial para presentar las óperas. En este caso simplemente sucedió que, mientras veía televisión con mi hijo pasaban unos antiguos dibujos animados de “El conejo de la suerte”, donde él se encarga -como siempre- de hacerle la vida imposible a Elmer, en esta ocasión en un teatro mientras representaban “El barbero…” pensé: “¿Y por qué no? si además es la mejor ópera bufa.” Como siempre digo: hay muchas cosas interesantes que decir sobre esta ópera, pero hay mucha gente haciéndolo; yo me limito a presentártela. Vamos allá con el argumento.

La acción sucede en Sevilla -claro- en el siglo XVII. En una plaza frente a la casa del doctor Bartolo un estudiante pobre llamado Lindoro le da una serenata a Rosina, pupila del doctor quien, a su vez, está interesado en casarse con ella. Excelente: he escrito cuatro compases y ya tenemos un triángulo amoroso. Ahora bien, Lindoro no es otro que el conde Almaviva disfrazado, pues quiere que Rosina se enamore de él y no del dulce sonido de las monedas ni del frufrú de las sedas. Aparece en la plaza el autoproclamado más famoso barbero de Sevilla, Fígaro, quien alguna vez fue sirviente del conde y a petición suya (a la que añade una oferta en dinero) le sugiere que se disfrace de soldado borracho para que el doctor lo aloje en su casa y así poder acercarse a Rosina.

En la casa del doctor Bartolo vemos que él conversa con Basilio, un profesor de música, quien le cuenta que el conde Almaviva ha llegado a Sevilla y está enamorado de Rosina, y le sugiere al doctor, para quitar del medio al conde, que ventilen rumores sobre él (dicen que los rumores hay que ventilarlos porque siempre huelen mal). Fígaro entra a la casa y le dice a Rosina que escriba una carta para Lindoro (ya saben: el conde disfrazado) para que él se la haga llegar. Esto lo ve Bartolo quien sospecha que algo huele mal (además de los rumores) pero no puede confirmar nada.

Vemos luego a la sirvienta del doctor, Berta, que se cruza con un soldado borracho (ya saben: el conde disfrazado) y asustada corre a buscar al doctor. El soldado… es decir el conde logra hablar con Rosina y le dice que es Lindoro (¿ya se perdieron?) y le entrega una carta. Bartolo también ve esto y quiere saber qué es ese papel y Rosina le engaña y le entrega la lista de la lavandería. El viejo truco de la carta de amor que se convierte en lista de lavandería. Será por eso que dicen que el amor lava las penas. No sé. Sigamos. Bartolo y el conde comienzan a discutir y se suman Berta, Fígaro y Basilio, armando un alboroto tal que viene el oficial de la guardia y arresta al soldado borracho, pero basta que éste le mencione que es el conde para quedar en libertad, para asombro de todos.

Vemos nuevamente a Almaviva en casa del doctor, pero disfrazado esta vez como maestro de música substituto (pues hacen creer que Basilio está enfermo) para poder acercarse a Rosina. Bartolo sospecha (otra vez) pero finalmente acepta creyendo que es Lindoro y que es un sirviente del conde que pretende conseguir mujeres para su amo pero, para no dejarle solo con Rosina, hace que Fígaro le afeite ahí mismo. Total, las clases de canto y los trabajos de barbería son en muchos casos lo mismo… hay algunos alumnos que merecen una navaja afilada muy cerca de la garganta…

En eso llega Basilio, el supuesto enfermo, y luego de un pequeño soborno se hace el enfermo (¿ven que sí estaba enfermo después de todo?) pero Bartolo termina por darse cuenta del truco y echa a todos, convence a Rosina de que Lindoro es un sirviente del conde y sale en busca de un notario para redactar el contrato matrimonial que le unirá a Rosina.

El conde disfrazado de Lindoro y Fígaro se cuelan con la ayuda de una escalera por el balcón de la casa del doctor para encontrarse con Rosina, que le dice al conde lo que cree saber sobre Lindoro. Éste finalmente le explica todo y le confiesa quién es en verdad y los dos se declaran su amor.

Fígaro les apremia para que se retiren cuando se oye que se acercan dos personas; intentan huir, pero la escalera ya no está. Los que llegaban eran el notario y Basilio pero el conde convence a este último tras un soborno (o la alternativa de dos balazos en el cráneo) de ser, junto con Fígaro, testigo del matrimonio del conde con Rosina. (Pero… ¿no era que Rosina se iba a casar con Bartolo y por eso llegaba el notario? Sí. ¿Qué parte del concepto “ópera bufa” no entendiste? Sigamos.) Bartolo entra pero es demasiado tarde porque el contrato matrimonial ya está firmado; sin embargo, se consuela cuando le permiten conservar la dote de Rosina. Espero que se refieran al dinero, porque si lo que quería era la ropa de Rosina… mhmmm…

Me pregunto cuántas comedias de televisión se habrán basado más o menos fielmente en este argumento. No pocas seguro. Solo falta que aparezca un conejo y un tío con una escopeta. ¡Hey!... un momento…

Vamos con algunos enlaces:
Comenzamos con el archiconocido “Largo al factótum” de Fígaro, aquí con Rodney Gilfry, muy divertido.


Ahora  Juan Diego Florez como el conde Almaviva cantando “Ecco ridente in cielo”


La mezzo Elina Garanca hace de Rosina cantando “Una voce poco fa”


Y como me gustan las peleas de mezzos ahora es Cecilia Bartoli cantando la misma pieza (aquí con segmentos de una entrevista). Escojan ustedes, yo me quedo con las dos.


La misma Cecilia Bartoli junto con el barítono Bryn Terfel haciendo de Rosina y Fígaro en “Dunque io son”. Un placer escucharlos y verlos.


Aquí ¿Robert Lloyd? (corríjanme si me equivoco) hace de Basilio cantando “La calunnia è un venticello”


Joyce DiDonato canta “Contro un cor” en la lección de canto de Rosina, y sí, el falso maestro divertido es Florez.


Y para terminar como comencé, y recordando que yo escribo esto tratando de difundir la ópera, aquí el enlace de “El conejo de la suerte” con el que Warner Brothers seguramente expuso por primera vez a muchos, pero muchos niños al sonido de la música clásica.

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Y hasta aquí la entrada de hoy. Para mí es un placer, ya sea en Perú o en España, estar con Sandro parada en la esquina escuchando ópera.

domingo, 5 de junio de 2011

LOS COMPOSITORES: GIOACCHINO ROSSINI

Hablar de Rossini es hablar, sobre todo, de alegría contagiosa. Ya mencioné en una entrada anterior que "El barbero de Sevilla" podía considerarse, con todo merecimiento, un antidepresivo musical. Dije también que, con ser una ópera que se apartaba de la "seriedad" que uno puede presuponer a una composición de este tipo, no es la única; de hecho Rossini, conocido sobre todo por sus óperas, lo es especialmente por las bufas (ópera bufa es, recordemos, una ópera de tema cómico) entre las que se encuentran, además de "Il barbiere di Siviglia", otras como "L'italiana in Algeri" o "Il turco in Italia". Pero empecemos por el principio.

Gioacchino Rossini.
Fuente: flickr.com.

Giovacchino Antonio Rossini nació en Pésaro, Italia, el 29 de febrero de 1792. Era hijo de un trompetista de la banda local de Pésaro, Giuseppe Rossini, popularmente conocido como "Vivazza", y de una cantante de ópera sin conocimientos musicales que, por este motivo, había quedado relegada a papeles de "seconda donna". El padre perdió el trabajo por haber abrazado imprudentemente algunos principios de la Revolución Francesa; la familia tuvo que dejar Pésaro y se vieron en la necesidad de sostenerse únicamente con los ingresos de la madre. Los padres de Rossini, que querían para su hijo una formación musical muy superior a la que ellos habían tenido (que había sido escasa), por lo que le pusieron a estudiar en el Instituto Musical de Lugo de Romagna y, más tarde, en el Conservatorio de Bolonia, donde fue alumno del severo Padre Mattei. Como estudiante demostró una gran precodidad, como puede apreciarse en sus "Sonatte a quattro" (1804), en su "Pianto d'Armonia sulla morte d'Orfeo" (1807) y en su primera ópera, "Demetrio e Polibio" (compuesta en 1806, pero estrenada en 1812).

La carrera operística (propiamente dicha) de Rossini, comenzó realmente en 1810, cuando gracias a la familia Mombelli, la misma que le había encargado la primera ópera, encontró la posibilidad de escribir una farsa en un acto -tipo que entonces estaba de plena moda- titulada "La cambiale di matrimonio", que se estrenó en el Teatro San Samuele de Venecia para colmar la laguna dejada por un compositor que no había suministrado la ópera que debía estrenarse en aquella temporada de otoño. "La cambiale di matrimonio" llamó la atención, sobre todo por su complejidad orquestal -teniendo en cuenta el nivel instrumental de las óepras de la época-, y logró un gran éxito, que se repitió con "L'equivoco stravagante" (1811), con "L'inganno felice" (1812) y con "La scala di seta" (1812). Escribió también, sin embargo, óperas serias como "Ciro in Babilonia" (1812), y estrenó, como ya se ha dicho, su "Demetrio e Polibio" (1812). Logró que La Scala de Milán le abriera sus puertas, y para dicho teatro escribió su primera ópera bufa grande (dos extensos actos), titulada "La pietra del paragone" (1812), que fue bien recibida.

Con "L'italiana in Algeri" (1813) ("Obertura"), Rossini se lanzó de lleno a la ópera farsesca, inverosímil y divertida, con un solo hilo conductor en el argumento que, aunque increíble, nos presenta a los personajes actuando con toda seriedad. Tanto esta ópera como "Tancredi", también de 1813 ("Obertura"), tuvieron un éxito inenarrable, lo que consagró a Rossini como el compositor más importante y solicitado de Italia, a la vez que hizo que se le abrieran las puertas de Europa.

Bastaron tres años más para llevarlo a ser el compositor más famoso de su tiempo, el ídolo de los teatros de Europa, la pasión más exacerbada de los imitadores de su estilo, el punto de referencia de la "ópera-comique" francesa. Éste progreso lo logró con otras óperas bufas de excelente factura como "Il turco in Italia" (1814), o aún más con "Il barbiere di Siviglia" (1816) ("Obertura"). Además, el empresario Baraja, de las Óperas de Nápoles, Milán y Viena, le confió el estreno solemne del Teatro San Carlo de Nápoles; con tal motivo, Rossini compuso la ópera "Elisabetta, regina d'Inglaterra" (1815) seguida de "Otello" (1816), óperas que provocaron el delirio entre el público napolitano. Rossini se había convertido en el compositor más famoso del mundo, y tenía sólo veinticuatro años. A partir de ahí su producción circuló por toda Europa, pero continuó teniendo como centro Nápoles; como "prima donna" tenía a Isabella Collbrand, mezzosoprano de origen español, que se convirtió en su amante y, a partir de 1823, en su esposa.

Así se sucedieron éxitos en el campo de la ópera seria, como "Armida" (1817), "Il Mosè" (ópera bíblica estrenada en 1818 y reestrenada con modificaciones), "La donna del lago" (1819), "Maometto II" (1820), "Zelmira" (1822) y "Semiramide" (1823) ("Obertura"). Casi abandonó el género bufo después de su gran creación, "La Cenerentola" (1817) ("Non più mesta"; canta: Cecilia Bartoli), y de la ópera semi-seria "La gazza ladra" (1817) ("Obertura"). Su "Ermione" (1819), quedó olvidada nada más estrenarse. En su producción, era un dogma la ornamentación y el virtuosismo vocal (es decir, el belcantismo).

Rossini estuvo en Viena, París, Londres, ciudad esta última donde reunió una verdadera fortuna amasada a base de apariciones personales, de conciertos privados y de dejarse querer por la alta sociedad inglesa. Al volver a París fue objeto de una tentadora oferta económica, por la que se convertía de hecho, aunque no de nombre, en director de la Ópera de París, con el nombramiento de "inspector de canto" del Reino de Francia (sobre este nombramiento hay una anécdota que contaré en la entrada de mañana), que incluía emolumentos de gran cuantía y el contrato por diez óperas nuevas para ser estrenadas en la Ópera de París.

A pesar de que sólo tenía treinta y tres años, Rossini empezó a resentirse de una perceptible disminución en su capacidad creativa. Para presentar las óperas contratadas en unos plazos más o menos razonables, después de una primera cantata destinada a conmemorar la coronación del rey Carlos X de Francia ("Il viaggio a Reims", 1825), optó por remodelar óperas de la época de Nápoles, como "Le siège de Corinthe" (1826), Moïse et Pharaon" (1827), una versión francesa de "Maometto II" (1828) y la ópera bufa "Le comte Ory" (1828), versión en francés de "Il viaggio a Reims" con algunos añadidos. Finalmente se decidió a realizar una ópera realmente nueva, "Guillaume Tell", cuya inmensa extensión le costó un gran esfuerzo (1829) ("Obertura").

A partir de esta ópera, en Rossini sobrevino un silencio, no sólo debido a una cuestión de capacidad creativa, sino también al rechazo moral que sentía hacia la nueva estética del romanticismo que se avecinaba ya de un modo imparable. La Revolución de 1830 despojó a Rossini de sus cargos oficiales en la administración borbónica y el compositor inició un largo y penoso pleito contra el Estado francés. Por otra parte, su salud empezó a declinar bajo el impulso de una sífilis mal tratada que le dio años de malestar. La crisis de su matrimonio con la Collbrand dio paso a una nueva compañía femenina, Olympe Pélissier, que tuvo que aguardar la muerte de la primera esposa (1845) para legalizar su situación.

Entre los años 1830 a 1840, aparte de algunos períodos de actividad como impulsor de iniciativas musicales (como la del Liceo Musicale di Bologna), la vida de rossini fue un infierno or su mala salud, por los dolorosos e ineficaces tratamientos y por la neurastenia provocada por la propia enfermedad. Olympe Pélissier se lo llevó finalmente a París, donde algunos médicos franceses lograron curarle. Hacia 1855 Rossini había recuperado su habitual porte, su mordacidad y su sentido del humor. Reunía gentes del ambiente musical en su csa de Passy, donde los sábados por la noche daba conciertos a los que se brindaban cuantos artistas había en París, y que sobre todo resultaban importantísimos para los debutantes por el prestigio que conferían. Para tales ocasiones Rossini solía componer pequeñas piezas, sus "pecados de vejez", compuestas muchas veces sobre retazos de antiguos motivos presentes en sus óperas.

Murió en Passy en el otoño de 1868, dejando una estela de grandes creaciones que, en su mayoría, acabaron olvidades bajo el impulso romántico-verista de los últimos años del siglo XIX. Sólo cuando acabó la estética verista y wagneriana que impulsó el modernismo fue posible volver a valorar las creaciones rossinianas gracias a un proceso muy lento de recuperación de las óperas olvidades, que eran casi todas. Hasta los años 60 no fue posible para el espectador medio ver otra cosa que un "barbiere di Siviglia" mutilado por las praxis antibelcantistas, y alguna ocasional fragmentación de "Guillaume Tell".

(Fuentes: "Guía universal de la ópera", de Roger Alier y www.epdlp.com).

jueves, 26 de mayo de 2011

VOCES PARA LA HISTORIA: MARGHERITA CAROSIO (MI PEQUEÑO HOMENAJE)

Hoy, 26 de mayo, este blog cumple un mes. Con este motivo quiero, en primer lugar, dar las gracias a todos aquellos que me han dado y me dan ánimos en este empeño que me resulta tan gratificante: a mis amigos y amigas, algunos de los cuales son, además, compañeros de trabajo, de los que surgió el impulso inicial y de los que recibo muy buenas ideas y muchos ánimos; y por supuesto a mis compañeros blogeros, a esos estupendos blogs amigos, todos y cada uno de los cuales contribuyen (a mi entender con gran acierto) a hacer que más gente conozca y ame la música clásica y la ópera, y que podéis encontrar en "Páginas que sigo y recomiendo". Gracias, de corazón, a todos.

Y para redondear este día de celebración, deseo rendir un pequeño homenaje a una soprano que, en su día, fue tan conocida o más que otras de su época, pero a la que el tiempo ha ido quizás dejando un tanto de lado (muy injustamente). Me refiero, por supuesto, a Margherita Carosio. 


Margherita Carosio nació en Génova el 7 de junio de 1908 y murió, también en Génova, el 10 de enero de 2005. Una de las más notables sopranos líricas ligeras de su generación, su cálida y expresiva voz se ha conservado en muchas grabaciones de Parlophone y Ultraphon hechas antes de la Segunda Guerra Mundial, así como en las memorables series para HMV realizadas en Londres a partir de 1946. Escuchémosla en un fragmento de "Una voce poco fa" de "Il barbiere di Siviglia", de Rossini:


Hasta que me puse a indagar para escribir este artículo, no había oído cantar a Margherita Carosio, y ha sido para mí una gratísima sorpresa. Ya comenté en otra ocasión que, en mi modesta opinión, quien canta como nadie "Una voce poco fa" es Victoria de los Ángeles; sigo pensándolo, pero Margherita Carosio no se le queda muy atrás (siempre desde mi gusto personal, claro): obsérvense qué agudos ¡parece un pájaro! y qué manera de frasear, sin esfuerzo, sin buscar el mero "lucimiento" sino, simplemente, sintiéndose cómoda, subiendo y bajando de tono con una facilidad pasmosa. Como he dicho más arriba, creo que la historia operística la ha dejado de lado muy injustamente.

Continuando con sus datos biográficos, hay que decir que era hija de un profesor de canto y compositor, Natale Carosio, que no sólo supervisaba sus estudios, sino que lanzó su carrera en conciertos públicos cuando la muchacha tenía catorce años de edad. Margherita dijo una vez de su padre: "Todo lo que sé se lo debo a él. Yo le decía a él: 'Yo soy buena lana, pero tú eres un extraordinario tejedor'".

En 1924, con sólo dieciséis años, hizo su debut operístico como Lucía en "Lucia di Lamermoor", de Donizetti, en el Teatro Cavour, en Novi Ligure. Poco después, fue recomendada por la soprano irlandesa Margherita Sheridan para cantar el papel de Fiódor en "Boris Godunov", de Mussorgsky, en el Convent Garden, junto a Fiodor Chaliapin. Ella, al igual que el resto de la compañía, cantó en italiano, salvo Chaliapin, que cantó en ruso; el coro cantó en francés. Más tarde, Margherita diría que trabajar con el gran bajo ruso le hizo darse cuenta de lo que significaba no sólo interpretar un personaje, sino convertirse en él.

En 1928, a los diecinueve años de edad, la Carosio interpretó el papel de Musetta en "La bohème", de Puccini, y de nuevo con Fiódor Chaliapin, en el Convent Garden. Sin embargo, no regresaría a Londres hasta después de la Segunda Guerra Mundial, en 1946, como estrella de la compañía invitada San Carlo de Nápoles; en esta ocasión, cantó una particularmente enfermiza Violetta en "La traviata" de Verdi. Había sido muy admirada por aquellos que la habían visto interpretar este papel en Nápoles. Elegante, bonita, pequeña, y con una suerte de encanto mezclado con patetismo, la candorosa cara de la Carosio se popularizó en medio mundo. Más tarde, apareció con una compañía italiana como la caprichosa Adina, en "L'elixir d'amore", de Donizetti, que también cantaría en La Scala y que grabó para EMI. Escuchémosla en "La traviata":


Cuánto dolor contenido, qué melancólica tristeza... es un lamento íntimo, solitario, que canta sólo para sí misma, en la terrible, en la absoluta soledad de su alcoba. En los tonos agudos parece que va a romper a llorar... Parece que hubiera ido a buscar ese dolor profundo que todos llevamos en el fondo del alma, y lo hubiese transformado en palabras y música... Me resulta una Violetta absolutamente creíble, con un tono enfermizo, frágil, y con una delicadeza exquisita.

Continuemos con su historia. Muy pronto, la Carosio fue recorriendo toda Italia, en papeles para los que se requería su voz luminosa y llena de color, en particular la Amina de "La sonnambula", de Bellini, Norina, del "Don Pasquale" de Donizetti y Konstanze de "Die Entführung aus dem Serail" de Mozart. En La Scala debutó como Óscar, en "Un ballo in  maschera", de Verdi, y más tarde hizo una encantadora Filina en "Mignon", de Thomas. Cantó muchos papeles en La Scala, todos con gran éxito. Tal vez su más destacable papel protagonista en esta época fue Rosina, de "Il barbiere di Siviglia", de Rossini. También se atrevió con un repertorio más arriesgado, como la Zerlina del "Fra Diavolo" de Auber, la Reina de Shemakhan de "El gallo de oro", de Rimsky-Korsakov o el papel principal de "The Nightingale", de Stravinsky. En La Scala interpretó a Aminta en las primeras representaciones en Italia del "Die schweigsame Frau", de Richard Strauss, a Volkhova en "Sadko", de Rimsky-Korsakov y a Egloge en el estreno mundial de "Nerón", de Mascagni, el 16 de enero de 1935 (estreno en el que acaparó todos los reseñas, tal fue su éxito). Continuó apareciendo en La Scala hasta 1955. Aquí tenemos un fragmento del estreno de "Nerón", de Mascagni:


Desgraciadamente, a Margherita Carosio se la recuerda hoy más como aquella cantante cuya indisposición, en enero de 1949, llevó a María Callas a tener que aprenderse en cinco días el papel principal, Elvira, de "I puritani", de Bellini, mientras estaba interpretando a Brünnhilde en "Die Walküre", de Wagner, en el Teatro La Fenice de Venecia. Esta hazaña causó sensación e hizo historia operística. También hizo que el público se diera cuenta que el bel canto podía ser interpretado por voces más "oscuras" que podían igualmente realizar las "florituras" de este tipo de canto y, en última instancia, dio lugar a un "resurgimiento del bel canto", que duró varias décadas. Este "resurgimiento" tuvo como consecuencia que voces como la de Margherita Carosio cayeran en el olvido, aunque la expresividad suave, la tierna elegancia y el encanto de su voz pueden (y deben) apreciarse en cualquier época. Aunque ensombrecida por la Callas, la Carosio merece también, en mi opinión, un lugar de honor en la historia de la ópera.

Más tarde, destacó en papeles más líricos, como los de Mimí y Violetta; la pureza de su tono y la capacidad para transmitir una convincente vulnerabilidad, eran muy apropiadas para este tipo de personajes. En 1954 regresó a La Scala para el estreno de "Amelia al ballo", de Gian Carlo Menotti, que también grabó.

Tuvo una breve carrera en el cine italiano, e incluso recibió una oferta de MGM para ir a Hollywood, oferta que rechazó debido a sus muchos compromisos. Se retiró del escenario operístico en 1959 y, durante los cuarenta años siguientes ejerció de periodista y crítico de música en su ciudad natal, donde murió, el 10 de enero de 2005. Vaya desde aquí, mi profunda admiración.

Dedico este artículo a una querida amiga mía que hoy cumple años. Muchas felicidades.

(Fuentes: wikipedia, flickr.com y www.youtube.com).

sábado, 7 de mayo de 2011

UN ANTIDEPRESIVO MUSICAL: IL BARBIERE DI SIVIGLIA


Sevilla. El parque de María Luisa.
Fuente: mutuaspalabras.blogspot.com.

Tal y como ya comenté, "L'elisir d'amore", de Donizetti, no es la única ópera que se aparta del estereotipo de una historia trágica, dramática y terrible. Otro divertidísimo ejemplo es "Il barbiere di Siviglia" (El barbero de Sevilla), de Gioacchino Rossini (el de aquella receta de canelones de la que hablé, sí). Y creo que es una obra muy adecuada para celebrar que hoy, 7 de mayo, es el Día Europeo de la Ópera.

"El barbero de Sevilla" es una ópera bufa (ópera de tema cómico) en dos actos, con música de Gioacchino Rossini y libreto de Cesare Sterbini. Lleva el subtítulo de "La inútil precaución" (¿por qué? lo veremos más adelante...). La historia se basa en la comedia del mismo nombre de Pierre-Agustin de Beaumarchais, a quien pertenece también "Las bodas de Fígaro", sobre la que Mozart basó su famosa ópera y que es la secuela o continuación de la historia del barbero y de sus andanzas.

Hay "barberos" anteriores al de Rossini, como los de Giovanni Paisiello y Nicolas Isouard; sin embargo, únicamente el de Rossini se ha matenido en el repertorio operístico como uno de los títulos habituales. Sólo en el Metropolitan Opera House de Nueva York, desde su estreno en 1883, se han llevado a cabo 820 representaciones.

Fue estrenada en el Teatro Argentina de Roma el 20 de febrero de 1816. Rossini escribió esta ópera en tiempo récord, pues el correspondiente contrato se firmó menos de dos meses antes de su estreno. Muchos años después, Rossini alegaba que la terminó en sólo trece días; sin embargo, es probable que el tema de Fígaro rondara por su cabeza desde mucho tiempo antes de componer la ópera.

Personajes
  • Fígaro (barbero): barítono.
  • Don Bartolo (médico, tutor de Rosina): bajo bufo.
  • Rosina (joven huérfana): mezzosoprano.
  • Conde Almaviva (joven noble): tenor.
  • Fiorello (criado de Almaviva): bajo.
  • Don Basilio (profesor de música): bajo.
  • Berta (sirvienta de don Bartolo): mezzosoprano.

Argumento

Sevilla, a finales del siglo XVII o comienzos del XVIII. Rosina es una bella muchacha rica y huérfana a quien su tutor, don Bartolo, no deja salir más que para ir a misa. Don Bartolo aspira a casarse con la muchacha y así tomar plena posesión de su fortuna, pero ella está enamorada del joven y apuesto conde Almaviva. Fígaro, barbero amigo del conde, para que éste pueda conquistar a Rosina, le aconseja que se disfrace de soldado con boleto de alojamiento y se presente en casa de don Bartolo; pero la mala fortuna hace que éste sea de los pocos en Sevilla que, por privilegios, no está obligado a alojar soldados.

Fígaro no se da por vencido y anima a su amigo para que vuelva a disfrazarse, esta vez de clérigo profesor de canto, y se presente como sustituto del habitual maestro de Rosina, don Basilio, que (le hacen creer a don Bartolo) se ha puesto enfermo. Sin embargo, el azar vuelve a jugar una mala pasada y, mientras Fígaro está afeitando a don Bartolo, se presenta el auténtico maestro, don Basilio. Pero todo se arregla con una moneda en la mano de don Basilio; así, el conde y Rosina acuerdan casarse en secreto. Mientras tanto don Bartolo, que sigue empeñado en casarse con Rosina a toda costa, llama al escribano para celebrar dicha boda cuanto antes; pero Fígaro se entera y avisa al conde Almaviva, que se apresura y se casa con Rosina.

(Fuente: wikipedia).
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¿Por qué digo que "El barbero de Sevilla" es un antidepresivo? Escuchad: Overtura. La música de Rossini tiene algo especial, un no sé qué que te alegra el alma. Muchas mañanas he ido de camino al trabajo escuchando composiciones suyas y siempre, por muy deprimida que haya llegado a estar (y lo he estado mucho), han conseguido encontrar la alegría dentro de mi. Pero sigamos con la historia. Vamos a contarla mediante algunos de sus fragmentos musicales:

Veamos dos versiones (la primera en audio y la segunda en vídeo) del momento en el que el conde Almaviva canta una serenata al pie del balcón de Rosina. Creo que (si habéis leido entradas anteriores de este blog) no hace falta decir cuál de las dos me gusta más:

Y ahora, cómo no, deleitémonos con la presentación de Fígaro, el barbero, el "factotum" (el que lo hace todo):
  

El conde, que quiere asegurarse de que Rosina le ama sólo por él mismo, y no por su título o sus riquezas, no quiere revelarle aún si identidad y se hace pasar por un tal Lindoro:
 

La dulce Rosina tiene su gran momento musical en un aria (que debe de ser muy complicada de cantar) en la que afianza su firme determinación de burlar a su tutor, don Bartolo, para poder casarse con Lindoro. Que me perdone "La Divina", pero creo que esto lo canta como nadie Victoria de los Ángeles: 

Don Bartolo, que sospecha ya que Rosina trama algo, le larga una severa reprimenda (a la que ella hace oídos sordos, por supuesto) en la que, indignado, le dice que se deje de zalamerías, que a él no se le puede engañar: 
  • A un dottor della mia sorte (canta:John del Carlo; fuente: www.youtube.com):


Más tarde Rosina, con su nuevo profesor de música (en el que ya ha reconocido Lindoro) canta el rondó de una supuesta nueva ópera, "La inútil precaución"...: 
  
Pero ¡ay! aparece el verdadero maestro que, ¡menos mal!, se deja sobornar, y así Lindoro y Rosina se prometen en matrimonio. A media noche, Lindoro volverá para liberar definitivamente a Rosina de las garras de su tutor. Pero el malvado don Bartolo descubre que el nuevo profesor de música no es tal y, ya con una clara idea de los planes de Rosina, por un lado trata de organizar a toda prisa su propia boda con ella y, por otro, le hace creer a la muchacha que el barbero y el nuevo profesor de música pretenden traicionarla y entregarla a un tal conde Almaviva.

Finalmente, Rosina descubre la verdadera identidad de Lindoro; todo termina felizmente, con la boda de Rosina y el conde Almaviva: 
 


Para terminar, dejo el enlace al libreto completo de la ópera:

Y, como propina, otro delicioso antidepresivo rossiniano:
Tarantella Napolitana "La Danza" (canta: Alfredo Kraus; fuente: www.youtube.com):



(Otras fuentes: wikipedia).

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