Bienvenido, amable navegante, a mi pequeño rincón. Si has llegado hasta aquí es que, como poco, sientes curiosidad por la ópera. Quizá seas un experto. Quizá sólo has echado un somero vistazo a este tema y te preguntas qué es lo que mueve a un aficionado a la ópera. O quizá, ni lo uno ni lo otro... ¿qué más da?.
Ante todo, he de decir que ni soy una erudita en esta materia ni lo pretendo. Este blog quiere servir, simplemente, de lugar donde reflexionar, donde compartir experiencias, opiniones, sentimientos, etc., acerca de un mundo que para mí es muy enriquecedor.
Ahora sí que ya sabemos que el "tempestuoso" preludio que os comentaba en la entrada de introducción a este "Werther" nos va a conducir a una tragedia, que nos tememos cómo va a terminar; aún no ha terminado cuando, mientras se levanta el telón, escuchamos un disparo.
Estamos en el estudio de Werther que yace, malherido, en el suelo. En la novela de Goethe, Werther muere solo, pero Massenet concede al desdichado poeta la oportunidad de despedirse de su amada Charlotte. Este último acto está dedicado, únicamente, a esa despedida.
Llega Charlotte al estudio de Werther, ansiosa. Al principio no ve a nadie... pero mira detrás de una mesa y descubre el cuerpo de Werther. Desesperada, se lanza sobre él: "¡No! ¡es imposible! ¡no puedes estar muerto! ¡Werther!". Werther, al que aún le queda un hálito de vida, responde con voz débil: "¿Quién habla?... ¡Ah! ¡eres tú!".
Se desarrolla un desgarrador diálogo entre los dos. Charlotte se siente culpable de la terrible decisión de Werther. Enloquecida, quiere pedir ayuda, pero Werther le pide que no se vaya, que se quede con él, porque ya es demasiado tarde. No quiere que nadie vuelva a separarlos, en esos últimos momentos.
Charlotte le confiesa abiertamente el profundo amor que siente por él; desde la primera vez que le vio, sintió que una cadena invisible les ataba a los dos... pero eligió cumplir con la promesa que le había hecho a su madre moribunda, y ahora... "Mas si la muerte se acerca, antes de que ella te lleve..." Charlotte, transportada, besa a Werther apasionadamente "...¡tu beso! ¡al menos te lo habré devuelto!"
A lo lejos, se oyen voces de niños que, como al comienzo de la ópera, cantan un villancico. Duro contraste con la escena que se está desarrollando en el interior del estudio del poeta. Al oír aquellas voces blancas, Werther siente que está escuchando un canto de redención... Werther siente que ya sólo le quedan unos instante de vida, y le pide a Charlotte que, si se le negase la cristiana sepultura, hay un lugar en medio del cementerio, entre dos tilos, donde le gustaría descansar para siempre: "Si por casualidad una mujer viniese a visitar la tumba, el pobre muerto se sentirá bendeci..." En brazos de su amada, Werther exhala su último suspiro.
¿Recordáis que comenté, en la entrada del día 26, que el personaje de Werther estaba también basado en un tal Jerusalem? Él fue quien, desgraciadamente, tuvo este trágico final.
Se dice que, tras la publicación del Werther de Goethe, aumentaron considerablemente los sucidios en Alemania. Aun no considerándose culpable de ello, Goethe agregó un poema al final de una edición posterior en el cual el fantasma de Werther sugería al lector que no siguiera su ejemplo.
De nuevo un preámbulo orquestal prepara nuestro ánimo para este Acto III en el que, presentimos, la historia va a tomar un giro definitivo:
Son las cinco de la tarde del día de Nochebuena del mismo año. Estamos en el salón de la casa de Albert y Charlotte. Charlotte, a solas, se habla a sí misma acerca de una verdad que ha acabado por sobrepasarla, por inundar su corazón, y es el gran amor que, élla también, siente por Werther: "¿Quién me iba a decir el lugar que ocuparía en mi corazón?" se pregunta. Una y otra vez, lee las cartas del poeta, y siente un dolor inmenso por la absoluta soledad de la que están llenas. En esta ocasión, Charlotte es la maravillosa Teresa Berganza:
Charlotte se estremece al leer la última carta de Werther, en la que le dice que, si no regresa el día fijado (recordemos que Charlotte le había emplazado para volver en Navidad) no le culpase sino que... ¡le llorase! Charlotte tiembla de pies a cabeza.
Llega Sophie, alegre como un pajarillo. Dado que Albert está ausente, Sophie quiere que Charlotte acuda a celebrar la nochebuena con el Burgomaestre y el resto de los hermanos. De pronto, se da cuenta de que los ojos de su hermana están húmedos. "Pero ¿sufres?" le dice. Charlotte, para que Sophie no sospeche lo que le ocurre, Charlotte trata de explicarle que a veces es bueno llorar, para desahogar el alma: "¡Deja correr mis lágrimas!":
Sophie, preocupada por su hermana se va, no sin antes insistir para que esa noche les acompañe para celebrar juntos la Nochebuena. Charlotte, de nuevo sola, ruega a Dios que le de fuerzas para cumplir con su deber, que le ayude a superar la dura prueba que es para ella haberse enamorad perdidamente de Werther.
De repente, se abre la puerta de la habitación y aparece... ¡Werther! Charlotte, profundamente conmovida, trata de contenerse, de ocultar su turbación. Werther, ahogado por su tristeza, mira a su alrededor y ve que todo permanece como él lo recordaba... excepto los corazones. Acaricia por un momento unas pistolas que hay en una caja, sobre el escritorio... Charlotte le llama la atención acerca de unos versos del poeta Ossian que Werther había comenzado a traducir... Y aquí llega un momento para mí inigualablemente mágico en lo que a ópera se refiere, el momento en el que me enamoré perdidamente de este divino arte: "¿Traducir?... ¡Ah! ¡a menudo dejé volar mis sueños sobre las alas de estos versos...!":
Charlotte, al escuchar cómo recita Werther aquellos versos, ya no puede contener su turbación. Al ver su reacción, Werther siente que ante él se muestra un rayo de esperanza: "En esa voz temblorosa, en esos ojos llenos de lágrimas... ¿no es la confesión que yo buscaba?...¡Tú me amas! ¡me amas!". Charlotte trata de negarlo, pero Werther insiste, quiere que confiese una verdad que Charlotte aún se resiste a reconocer: ella también le ama. Una y otra vez, Werther pide a Charlotte que deje hablar a su corazón, porque el amor es palabra divina y ante él no puede haber remordimientos. Charlotte ruega a Dios que la defienda de Werther... y de sí misma. Febril, llevado por el torrente de sus sentimientos, Werther abraza a Charlotte y la besa. Charlotte, al verse en sus brazos, se revuelve contra él y, decidida, en un tono de amargo reproche, le dice: "¡Adiós! ¡adiós! ¡por última vez!" e, inmediatamente, se mete en su habitación cerrando la puerta tras de sí.
Werther, aterrado, la llama: "¡Vuelve!... ¡me serás sagrada!" Pero Charlotte calla. Entonces Werther siente que Charlotte ha dictado su sentencia; si ella no quiere verle más, ya no le queda sino morir. Desolado, se marcha.
Al poco de marcharse Werther, aparece Albert. Muy sorprendido al encontrar la puerta de la calle abierta y, al no ver a nadie, llama a su esposa: "¡Charlotte! ¡Charlotte!". Charlotte sale de su habitación y aturdida por la escena que acaba de tener lugar y por el repentino regreso de su esposo, apenas acierta a responderle. Albert, casi violento, le pregunta: "¿Quién ha estado aquí?". Justo en ese momento, llega un mensaje de Werther para Albert, en el que le dice que va a emprender un largo viaje, por lo que le pide prestadas sus pistolas. Albert, que no deja de observar a Charlotte, cuya actitud le hace desconfiar más y más por momentos. Por eso, para probarla, le pide (con una actitud y un tono que es una orden) que coja las pistolas y se las entregue al emisario que ha traído el mensaje de Werther. Charlotte, sintiéndose desfallecer, le obedece.
Con un gesto de cólera, Albert coge la nota de Werther la arruga y la arroja lejos de sí; inmediatamente, entra en su habitación. Charlotte, que sabe lo que va a suceder, coge su capa, que está sobre un sillón y sale precipitadamente de la casa: "¡Dios mío! ¡No quieras que llegue tarde!".
Seguimos en Wetzlar, en otoño del mismo año. Es domingo. Charlotte y Albert, que se han casado hace tres meses, van camino de la iglesia; Albert elogia las maravillosas cualidades de aquella a la que ha tenido la suerte de hacer su esposa, y se pregunta si él la hace feliz. Charlotte responde que sí de un modo un tanto ambiguo.
El matrimonio entra en la iglesia. Werther, que les ha estado observando escondido, se siente cada vez más desesperado porque es otro, y no él, el esposo de Charlotte: "Un autre est son époux...!"
A la salida del templo, Albert se dirige a Werther en actitud condescendiente. Le cuenta que, aunque se siente lleno de felicidad, siente un cierto remordimiento; dice que comprende el inmenso valor del premio que se le ha concedido y que se hace cargo, por tanto, del dolor que debe sentir Werther. (Perdonadme, pero esta escena siempre me ha parecido de bastante "recochineo" por parte del personaje de Albert; digo yo que, ya Charlotte se ha casado con él, ya que no le ha dejado por Werther, ¿para qué venir a "hurgar" en la herida? insisto: recochineo): "Mais celle qui devint ma femme..."
Werther, haciendo de tripas corazón, estrecha la mano de Albert y le expresa su más sincera lealtad. Le miente (¡qué va a hacer el pobre!) al asegurarle que ya ha olvidado lo que sentía por Charlotte. Desolado, manifiesta que la sola amistad será su única felicidad en la tierra.
Llega Sophie llevando un ramo de flores, muy alegre, ilusionada por un baile que va a celebrarse próximamente. Ya sospechamos que se ha enamorado de Werther. Aquí es cuando tiene esa "expansión lírica" que comentaba en la primera entrada de esta serie; la alegría que siente hace que todo a su alrededor le parezca más bonito, más luminoso. Os dejo otra versión de este aria (aunque no pertenece, obviamente, a la grabación del "Werther" de Kraus que estoy utilizando). Canta Rocío Ignacio:
Entusiasmada, Sophie se acerca a Werther para pedirle que baile con ella el primer minué; su alegría hace que no advierta la tristeza que se refleja en el rostro del joven poeta. Albert insinúa que quizá la felicidad que anhela Werther esté a su alcance, con Sophie.
Albert y Sophíe entran en la iglesia. Werther se queda, por unos instantes, solo de nuevo. Aparece Charlotte y tiene lugar un difícil diálogo entre los dos. Charlotte se muestra dulce y amable con Werther, como una buena amiga; pero él, desesperado, le dice que la ama con locura, que la pasión que siente por ella es algo que le desborda... Charlotte, resuelta y muy seria, le replica que, ya que eso es lo que siente, debe alejarse de allí. Werther, con un dolor que conmovería a las piedras, responde que aunque se vaya, jamás podrá olvidarla; entonces Charlotte, suavizando un poco el tono, le pide que se vaya, pero no para siempre: "Vos volveréis... pronto... ¡en Navidad!". Aquí, un fragmento de una representación de "Werther" que Kraus protagonizó, en 1991, en Buenos Aires; Charlotte es Martha Senn:
Charlotte se marcha y Werther contiene, a duras penas, las imperiosas ganas que tiene de llamarla de nuevo. Otra vez a solas, cada vez más hundido en la desesperación, contempla la posibilidad de alcanzar la paz con el descanso eterno. "¿Por qué temer ante la muerte?" dice. Sólo un paso y ya estamos en la otra orilla: eso es morir. "¿Ofendemos al cielo si dejamos de sufrir?": "Lorsque l'enfant revient d'un voyage."
Aparece de nuevo Sophie que, muy alegre, recuerda a Werther que le esperan para el baile. Pero el pobre muchacho ya no puede más y, sin atender a las palabras de Sophie, se excusa bruscamente: "¡Perdonadme!¡Me voy!". Sophie, muy conmovida, le pregunta tímidamente si regresará mañana; pero él contesta que no, que se marcha para siempre. Vuelven Albert y Charlotte y Sophie, rompiendo a llorar, les cuenta lo que acaba de ocurrir. Albert se da cuenta de que Werther sigue amando a Charlotte.
(Nota: Me ha resultado muy complicado encontrar fragmentos musicales que se adecuasen a lo que yo quería para ilustrar este segundo acto; al final, me he decidido por estos tres que, quizá, resulten escasos y un tanto dispares por su diverso origen, por lo cual pido disculpas. En los fragmentos de audio cantan Ferruccio Tagliavini como Werther y Marcelo Cortis como Albert).
(Fuentes: "Guía universal de la ópera", de Roger Alier, www.liberliber.it, www.kareol.es y www.youtube.com)
Ahora que conocemos un poco los orígenes de este "Werther" de Massenet, vamos con los personajes y el argumento.
Personajes
Werther.- Joven poeta sensible e impresionable. Tenor lírico.
Le Bailli.- El Burgomaestre de la ciudad, viudo, padre de Charlotte, Sophie y de seis chicos y chicas más.
Charlotte.- Hija mayor del Burgomaestre. Joven bella y serena, encantadora por naturaleza que, después de morir su madre, se hizo cargo del cuidado de sus hermanos y hermanas menores. Mezzosoprano o soprano.
Sophie.- Un poco más joven que Charlotte, ayuda a ésta en el cuidado del resto de los hermanos. Soprano lírica.
Albert.- Prometido de Charlotte por deseo de la madre de ésta. Barítono.
Johann.- Amigo del burgomaestre. Barítono o bajo.
Schmidt.- Amigo del burgomaestre. Tenor.
Brühlmann.- Lector de poesía, novio de Kätchen. Papel sin apenas relieve.
Kätchen.- Joven enamorada de Brühlman. Papel ínfimo para soprano.
Seis niños (Fritz, Max, Hans, Karl, Gretel y Clara).- Voces blancas; cantan mucho a coro.
Argumento
Acto I
Un preámbulo orquestal nos introduce en la acción. Nos encontramos en la localidad alemana de Wetzlar, en los años ochenta del siglo XVIII. Es el mes de julio. En el jardín de su casa, el Burgomaestre trata de enseñar un villancico a sus seis hijos pequeños. Los niños ponen escaso interés hasta que le padre les advierte que su hermana mayor, Charlotte, a la que los niños adoran, debe de estarles escuchando desde dentro de la casa. Entonces los niños, se ponen a cantar muy formales bajo la dirección del padre.
Llegan Johann y Schmidt, amigos del Burgomaestre, y se sorprenden al encontrarle ensayando un villancico con tanta antelación. Aparece Sophie, que sigue en edad a Charlotte, a la que ayuda a cuidar de la casa y de los niños. Los cuatro hablan del baile que va a celebrarse en Wetzlar esa misma tarde. Surge en la conversación el nombre de Werther, un joven poeta muy distinguido, pero que tiene siempre un aire melancólico; está al servicio del Príncipe que, dicen, le tiene en tan alta estima que le ha prometido hacerle embajador. Antes de marcharse, Johann y Schmidt preguntan al Burgomaestre por Albert quien, según deducimos por la conversación, es el prometido de Charlotte. Johann y Schmidt se despiden por fin; más tarde volverán para ir todos juntos al baile. El Burgomaestre, los niños y Sophie entran en la casa y la escena se queda, por un instante, sola.
Aparece Werther, acompañado de un guía que, tras confirmarle que ésa es, en efecto, la casa del Burgomaestre, se marcha.
Werther, a solas en el jardín, canta un hermosísimo aria en el que elogia la belleza de todo cuanto le rodea en aquel lugar, una belleza que le embriaga. Desde dentro de la casa, llegan las voces de los niños, que continúan ensayando el villancico. Werther envidia la edad feliz de la infancia, una edad llena de luz y de alegría.
Los niños salen de nuevo al jardín, acompañados del Burgomaestre; con ellos, vemos también aparecer por primera vez a Charlotte, que se ha puesto muy guapa para el baile. Como aún no es la hora de ir a la fiesta, Charlotte aprovecha para dar la merienda a los niños. Werther, embelesado, contempla la escena discretamente colocado en un rincón del jardín. Mientras los niños toman la merienda el Burgomaestre, que ha visto a Werther, se acerca para saludarle; le presenta a Charlotte y le cuenta cómo, después de morir la madre de los niños, ella se ha hecho cargo de la casa y de los pequeños.
La dulzura y la encantadora sencillez de Charlotte enamoran perdidamente a Werther. Qué inigualable felicidad para él, poder pasar el resto de su vida al lado de aquel ser angelical, sentirse arropado por su tierna mirada y acunado por su dulce voz.
Al poco, todos parten para el baile, y Werther tiene la dicha de acompañar a Charlotte. Tan sólo Sophie se queda en la casa, para cuidar de los pequeños.
Mientras el Burgomaestre y sus invitados están fuera, aparece Albert, el prometido de Charlotte, que ha regresado sin anunciar su llegada. Se extraña al encontrar únicamente a Sophie; la muchacha le cuenta que, casualmente, acaban de irse todos para asistir a un baile. Albert se muestra ansioso por conocer noticias acerca de Charlotte; Sophie le dice que le ama, que le ha estado esperando, y que están preparando con mucha ilusión la boda de ambos, que se celebrará pronto. Albert rebosa de felicidad.
Acaba el baile y Werther acompaña a Charlotte de vuelta a casa. A solas los dos en el jardín, el poeta le declara su amor con tanta elocuencia, tanta pasión, que Charlotte se siente abrumada. Los dos conversan y ella le cuenta cómo, después de morir su madre, se hizo cargo de sus hermanos que, para ella, son como hijos propios. Nos damos cuenta de que, quizá ella también se esté enamorando de él.
De pronto, desde dentro de la casa, se oye la vozarrona del magistrado que, al tiempo que llama a Charlotte, le dice que Albert ha regresado. "¿Albert?" pregunta Werther a Charlotte. Y entonces ella no tiene más remedio que decirle que Albert es su prometido, que su madre, en el lecho de muerte, le hizo prometer que se casaría con él. Werther, absolutamente destrozado, con el corazón hecho pedazos, le dice que se mantenga fiel al juramento que hizo a su madre. Werther se siente morir.
(Nota: Se pueden encontrar en youtube dos vídeos que recogen, respectivamente, los Actos I+II y III+IV de un Werther protagonizado por Kraus; sin embargo he preferido utilizar fragmentos cortos, porque creo que así es más fácil comprender la historia. Lo malo es que no he logrado encontrar todos los fragmentos del Acto I de esta representación que he utilizado, por lo que pido disculpas. Falta la parte en la que Albert regresa y habla con Sophie. Al final he añadido una versión del dúo que cierra el Acto I que, aunque no pertenece a la misma representación que los fragmentos precedentes, creo cierra magistralmente esta entrada, pues reúne a dos voces prodigiosas: Alfredo Kraus y Victoria de los Ángeles).
(Fuentes: "Guía universal de la ópera" de Roger Alier, www.kareol.es, fotopedia.com y www.youtube.com)
Todo empezó hace un año, cuando una compañera de trabajo y amiga, al comprobar cuánto me apasiona la ópera, me sugirió la idea de hacer un blog sobre el tema.
- "Pero, ¿qué puedo yo contar?" le dije. "Si tampoco sé mucho; me gusta y conozco alguna que otra ópera pero ¡ni mucho menos sé tanto como para hacer un blog!"
- "Si no se trata de que sepas mucho", me replicó, "la idea es que hables de algo que te encanta, de algo con lo que disfrutas y que sé que te gusta compartir" y continuó "no se trata de elaborar un tratado sobre ópera, que para eso ya están los profesionales de la lírica y las enciclopedias, sino de hacer una aportación personal a su divulgación, de compartir la belleza que tú encuentras en ella".
Me alegro infinito de haberle hecho caso porque, desde la primera entrada que publiqué, el 26 de abril del año 2011, este blog me ha proporcionado momentos maravillosos. He profundizado en óperas que ya conocía y he descubierto muchas más de las que sabía muy poco; preludios, arias, dúos, etc., que había escuchado muchas veces de forma aislada, me han parecido aún más bellos cuando he podido encuadrarlos dentro de la historia a la que pertenecen. Sumergirme, dejarme absorber por este para mí maravilloso mundo, me ha ayudado a sobrellevar momentos personales muy duros, porque me ha proporcionado algo fundamental: ilusión.
Es cierto que ha habido un largo paréntesis durante el cual este blog ha permanecido mudo. Durante bastante tiempo, mi ilusión se dejó vencer por la tristeza, por el desánimo, y no logré encontrar las fuerzas para continuar. "¿Por qué ya no escribes en el blog?" me decían los amigos. "Sí, tengo que retomarlo" respondía yo sin mucha convicción. Hasta que un día, volví a consultar la cuenta de correo a la que me llegan las notificaciones del blog, y vi que tenía tres o cuatro mensajes preciosos de personas que lo habían visitado y a las que les había gustado y... me emocioné. Tenía que volver a escribir.
Quiero daros las gracias a cuantos, en algún momento, os habéis detenido en las páginas de este blog; si he logrado, al menos, haceros pasar un rato entretenido, habré cumplido mi propósito. Gracias a los que me disteis el impulso inicial y me habéis animado a continuar. Gracias a los que me habéis aportado muy buenas ideas que han ayudado mucho a mejorar el blog. Gracias a los que me seguís, a los que me leéis. Y gracias a mis queridos y más recientes amigos twitteros; a través de twitter he conocido gente maravillosa, gente de la que aprendo cada día y cuya amistad es para mí un orgullo.
Para celebrar este cumpleaños, tenía pensado desde hace tiempo que la entrada de hoy tratase sobre "Werther", de Jules Massenet; sin embargo, hace un par de días dudé... pero no, voy a mantener mi idea original, pues "Werther" tiene un significado tan especial para mí (lo entenderéis mejor si leéis la primera entrada que publiqué: "Descubrimiento") que merece, con todos los honores, ser la ópera protagonista en el día de hoy.
Wertheres, como señala el título de esta entrada, el prototipo del héroe romántico, el protagonista de un drama que rebosa emoción y sentimiento, que va creciendo en intensidad hasta desembocar en un final... probablemente todos o la mayoría de los que leáis estas líneas conozcáis la obra y sepáis, por tanto cómo termina pero, por si alguno no la conoce, no voy a desvelar el final antes de tiempo. Escuchemos el "tempestuoso" fragmento que nos conduce al último acto de esta historia; aunque no sepamos aún cómo se desarrolla, la música es tan elocuente que hace que se nos encoja el corazón:
Origen literario
"Werther" de Jules Massenet está basada en "Los sufrimientos del Joven Werther (Die Leiden des jungen Werthers)", novela escrita en 1774 por Johann Wolfgang von Goethe, que impulsó a su autor, con tal sólo 24 años de edad, a la fama internacional y que se encuadra en el movimiento literario llamado "Romanticismo".
El texto es, en gran parte, autobiográfico. En 1771, con apenas 22 años, Goethe llega a Wetzlar y allí conoce, durante un baile, a Charlotte Buff, "Lotte", una muchacha tranquila y alegre que se había hecho cargo del cuidado de sus nueve hermanos y hermanas menores después de la trágica muerte de su madre. Goethe se enamora perdidamente de la muchacha, pero ella no le corresponde. Al enterarse de que Lotte ya estaba comprometida en matrimonio con Johann Christian Kestner, Goethe sufre un duro golpe pero, a pesar de su decepción, se convierte en amigo de la pareja; abandona el pueblo en septiembre de ese año, aunque continúa carteándose con ambos. Charlotte y Kestner se casan en abril del año siguiente.
El personaje de Werther está también inspirado, en parte, en Karl Wilheim Jerusalem, un pintor taciturno conocido tanto de Goethe como de Kestner. Jerusalem solía vestir del modo en el que Goethe describe el atuendo de Werther: traje azul (pantalón y casaca) con camisa blanca y chaleco amarillo, pantalón de montar y botas altas. Las malas lenguas decían que amaba a una mujer casada que le había rechazado. Goethe se sentía fuertemente identificado con el amor no correspondido y la desesperación que debía sentir Jerusalem.
"Los sufrimientos del Joven Werther" está escrita en forma de una serie de cartas de Werther a su amigo Wilheim que describen, secuencialmente, los dieciocho meses de amor enfebrecido y no correspondido de Werther por Charlotte. Cuando Werther enloquece hasta el punto de no poder seguir escribiendo, Goethe toma el papel de narrador y describe los sentimientos más íntimos del personaje, mientras éste va cayendo en una espiral que le conduce a un abismo...
El Werther de Massenet
Massenet amaba el libro de Goethe y afirmaba que "Werther" había sido una de las experiencias más fascinantes de su carrera. Declaró: "En Werther coloqué toda mi alma"; esa pasión se traduce en una ópera llena de sensibilidad y belleza, cualidades que se reflejan, por ejemplo, en un bellísimo aria del Acto I: "O nature pleine de grâce..." (no es necesario que diga quién canta):
Gradualmente, la historia avanza hacia la desesperación de un amor imposible, sentimiento que se retrata en el aria que me atrapó definitivamente en las redes del universo de la lírica: "Pourquoi me réveiller...?":
"Werther" es un proyecto largamente meditado por Massenet; los primeros esbozos de la ópera datan de 1880, y la esencia de su composición se desarrolla entre 1885 y 1887. Los libretistas Édouard Blat, Paul Millet y Georges Hartman, adaptaron la novela de Goethe haciendo mayor hincapié en el papel de Charlotte hasta hacer de él un personaje tan importante como el de Werther. Desarrollaron también el papel de Sophie, hermana de Charlotte, algo más de lo que lo está en la novela, de modo que tiene incluso una breve expansión lírica en el Acto II: "Du gai soleil..." (canta Anne-Catherine Gillet):
A mi entender, la diferencia fundamental entre el Werther de Goethe y el de Massenet es que, mientras en la novela no está claro si Charlotte ama a Werther, en la ópera, Charlotte sufre tanto como Werther. Y el final, aunque en ambas obras es el mismo, se desarrolla de forma muy diferente... ya veremos cómo.
Corría el año 1892 y "Werther" hubiera debido estrenarse en París; sin embargo, el director de la Opéra-Comique, Leon Carvalho, consideró que se trataba de una ópera tan triste que estaba condenada al fracaso de antemano. Así, caprichos del destino, "Werther" fue a parar al Teatro Imperial Hofoper de Viena, donde se estrenó (en alemán), el 16 de febrero de 1892. Al estreno en Viena, que fue un gran éxito, le siguió el estreno en francés, en Ginebra, el 27 de diciembre de 1892. La primera representación en Francia tuvo lugar en la Opéra-Comique de París, el 16 de enero de 1893.
Como curiosidad, cabe señalar que, aunque el papel principal había sido escrito para tenor, en 1902 Massenet compuso una versión especialmente adaptada para el célebre barítono Mattia Battistini, que la interpretó en San Petersburgo. Escuchemos de nuevo el aria "Pourquoi me réveiller?", en la versión para barítono; canta Thomas Hampson:
A partir de mañana, veremos los personajes y el argumento de esta para mí preciosa ópera.
(Fuentes: archive.operainfo.org, wikipedia, fotopedia y www.youtube.com)
La Ópera estatal de Viena (Wiener Staatsoper) es uno de los edificios más emblemáticos de la capital austríaca. Situado en plena circunvalación de la ciudad, constituye un recuerdo vivo de los tiempos imperiales.
El edificio, de estilo neorenacentista, fue construido entre 1861 y 1869, a partir de unos solares cedidos por la administración municipal en la zona de la Ringstrasse, donde vendrían a confluir edificios significativos, como el Parlamento, el Ayuntamiento o la Universidad. Los artífices del proyecto fueron los arquitectosAugust Sicard von Sicardsburg y Eduard van der Nüll; ambos fallecieron antes de que su obra se inaugurase, el 25 de mayo de 1869 (von Sicardsburg murió de un ataque al corazón y van der Nüll se suicidó). Conocido entonces como Teatro de la Ópera de la Corte Real e Imperial (k.k. Hofoperntheater) fue muy criticado desde el comienzo, entre otras cosas por ser más pequeño que la Ópera de París.
La primera ópera que subió al escenario de este teatro fue "Don Giovanni", de Wolfgang Amadeus Mozart; escuchemos la "Obertura", con Herbert von Karajan al frente de la Vienna Philarmonich Orchesta:
El 12 de marzo de 1945, durante la II Guerra Mundial, el teatro fue bombardeado por un avión norteamericano, que confundió su tejado con el de una estación de tren. Resultaron destruidos el escenario, la sala principal, casi todo el decorado y los apoyos para más de 120 óperas, con cerca de 150.000 trajes; sólo se salvó la fachada principal, la gran escalera y el foyer.
Durante los trabajos de reconstrucción, que duraron diez años, se trató de mantener un diseño similar al original, con los colores tradicionales: rojo, oro y marfil. Toda la sala se recubrió de madera, para recuperar la brillante acústica original. Se redujo el número de asientos del patio de butacas y se reestructuró el cuarto piso, para eliminar las columnas, que reducían la visiblidad. La fachada, el vestíbulo y el foyer, con frescos de Moritz von Schwind, se restauraron respetando su estilo original.
Una vez reconstruido, el teatro se reabrió el 5 de noviembre de 1955, con la representación de "Fidelio", de Ludwig van Beethoven; al frente de la orquesta estuvo el maestro Karl Böhm; veamos el final de aquella histórica representación de esta ópera:
A partir de 1956 y durante ocho años, Karajan se hizo cargo de la dirección artística de la Staatsoper, proporcionándole uno de sus períodos más brillantes, a la vez que controvertidos, pues se erigió en señor absoluto en los dominios de la Ópera Nacional; aun cuando, durante su mandato, existieron varios codirectores, siempre aspiró a ostentar tal dominio. Entre otras reformas Karajan implantó una estrecha colaboración con La Scala de Milán y utilización de la lengua original en las representaciones (ejemplo que seguirían pronto otros teatros de ópera). Durante la "era Karajan" (sin contar las múltiples representaciones dedicadas a Wagner) vieron la luz (con elencos de primera fila) espectáculos como "La mujer sin sombra", de Richard Strauss, "El caballero de la rosa", del mismo autor o, ya tardíamente, "Boris Godunov", de Mussorgski. Casi todas o muchas de las óperas fueron "aligeradas" por algún corte; aún así, es innegable que producciones, elencos y la propia dirección orquestal eran muchas veces portentosos. Escuchemos, de nuevo a la Vienna Philarmonich Orchesta, con el maestro Karajan al frente, en la Obertura de "Tannhäuser":
Otro director de gran talla de la Staatsoper fue Lorin Maazel; su rectoría fue mucho más breve que la de Karajan (sólo tres años, de 1982 a 1984) aunque resultó igualmente polémica. Un par de años más tarde le sucedió Claudio Abbado, que fue igualmente breve (1986 a 1991) y no tuvo mejor suerte; escuchemos su lectura del Preludio de "Un ballo in maschera", al frente de la Vienna Philarmonich Orchesta, en una grabación de 1986:
Actualmente, al frente de la Staatsoper se encuentran Dominique Meyer y Franz Welser-Möst.
Un emotivo preludio nos introduce en el último acto de la ópera. Aquel bello preludio del Acto I que, aunque alegre, nos hacía presagiar tristes sucesos, se ha transformado ahora en esta pieza, trágicamente dulce, que nos anuncia sin palabras que vamos a asistir al trágico final de este alma dulce y noble que es Violetta Valéry, "la otra Giuseppina Strepponi".
Han pasado algunos meses. Estamos en casa de Violetta, en su dormitorio, que se encuentra prácticamente a oscuras. Violetta, en cama, reposa, pues la tisis que la devora ha hecho estragos en ella. Annina, su fiel criada, vela al pie de la cama. Una vez que el preludio termina, Violetta se despierta. Tiene sed y Annina le acerca un vaso de agua; Violetta le pide que deje entrar un poco de luz en la habitación.
Llega el doctor Grenvil y trata de tranquilizar a la enferma, de darle ánimos; ésta declara que espiritualmente se ha reconciliado con la Iglesia (para tranquilizar, sin duda, a la censura de la época). Aunque el médico le dice a Violetta que no está lejana su convalecencia, a Annina le confiesa que a la enferma le quedan pocas horas de vida.
Hasta el dormitorio de Violetta llega la música, las risas, la alegría que desborda las calles de París, pues es Carnaval. Duro contraste con el interior de aquel triste cuarto. Violetta piensa en cuántas infelices estarán sufriendo mientras otros disfrutan. Le pide a Annina que coja veinte luises (prácticamente todo lo que le queda) y se los dé a los pobres. A continuación, le ruega que vaya a traerle sus cartas; quiere leer la última que le escribió Germont padre, en la que le cuenta cómo acabó el duelo entre Alfredo y Douphol.
"Annina?"
Alfredo, que hirió al barón y huyó al extranjero, fue enterado después por su padre del sacrificio que hizo Violetta por él y, en cuanto pueda, volverá a ella para pedirle perdón. Violetta siente que le queda muy poco tiempo, y teme no llegar a ver de nuevo a Alfredo. Canta un estremecedor aria: "Addio del passato..." que, para mí, es de las piezas más bellas de Verdi; dudo que pueda existir alguien a quien no le conmueva...
"Teneste la promessa..."
De pronto, Annina llega y anuncia a su señora una maravillosa e inesperada noticia: ¡Alfredo ha venido a verla! Violetta apenas puede contener su alegría.
"Vi sentite meglio...?"
Emocionada, la muchacha trata de vestirse, arreglarse... pero le fallan las fuerzas. El milagro que, aun sabiéndolo descabellado, Violetta esperaba, no se ha producido; el regreso de Alfredo no la ha salvado. Alfredo le dice a Annina que avise al doctor. Juntos, tratando de aferrarse el uno al otro, Violetta y Alfredo rememoran su feliz pasado y parecen recobrar nuevas esperanzas en un futuro, en el que estarán de nuevo juntos, lejos de París. Pero Alfredo se da cuenta de que a Violetta le quedan muy pocos instantes de vida.
"Parigi, o cara..."
El doctor llega acompañado de Germont padre. Violetta entrega un retrato suyo a Alfredo, y le dice que se case con una buena muchacha que le merezca; ella, desde el cielo, velará por los dos. Giorgio Germont le ruega a Violetta que le perdone todo lo que le ha hecho sufrir ("Cara sublime vittima...") Con un último hálito de vida, Violetta parece experimentar una repentina mejoría pero, ante la consternación de todos, enseguida se desploma en el suelo, muerta.
"Ah! io ritorno a vivere..."
(Fuentes: "Guía universal de la ópera" de Roger Alier y www.youtube.com)
Aunque el libreto no lo especifica, la fiesta que se celebra en casa de Flora Bervoix, la amiga de Violetta, parece que tiene lugar la misma noche que sigue a los hechos del Acto II. Flora comenta con sus invitados la súbita ruptura de Violetta y Alfredo y que, como ella no lo sabía, su invitación iba a nombre de la pareja.
Se ofrece a los asistentes a la fiesta un baile en el que unas gitanas echan la buenaventura ("Noi siamo zingarelle..." / "Somos zíngaras..."); cuando una de ellas lee la mano del marqués d'Obigny descubre que no le es del todo fiel a Flora. Con la entrada del conde Gaston, junto con un grupo de amigos disfrazados de toreros, se canta una canción que se supone típica española ("Di Madride noi siam matadori..." / "Somo toreros de Madrid...")
Más tarde, hace su aparición Alfredo, que muestra una gran indiferencia cuando le preguntan por Violetta. Llega entonces ésta acompañada por el barón Douphol, el cual prohíbe a la joven que se dirija a Alfredo. En este montaje, Violetta va vestida con un elegante traje de noche completamente negro, muy apropiado para los sentimientos que oculta en su interior.
Se organiza una partida de cartas, en la que se enfrentan Douphol y Alfredo. El joven se se ve agraciado por una magnífica racha que cada vez va a más, lo que provoca en el barón una irritación que va creciendo en la misma proporción. La llamada del servicio para cenar interrumpe la partida, aunque Douphol y Alfredo se emplazan para enfrentarse en un duelo cuando la fiesta termine.
Los invitados pasan al comedor y, por un instante, la escena queda vacía. Violetta, ansiosa, vuelve a entrar; ha hecho llamar a Alfredo para verle a solas y tratar de evitar que se enfrente al barón Douphol. Alfredo acude y, solos los dos Violetta le pide que huya, porque no podría soportar que el barón Douphol le matase. Alfredo, que no cree en las palabras de Violetta, le dice, para ponerla a prueba, que consiente en escapar, siempre y cuando ella le acompañe. Pero Violetta se niega; le replica que ha jurado apartarse de él y, para que Alfredo definitivamente la aborrezca, vuelve a mentirle diciéndole que ama al barón Douphol, que es quien le ha pedido que no vuelva a verle más.
Es entonces cuando, el volcán que arde en el interior de Alfredo, estalla. Furioso, corre a la puerta, y llama a gritos a los demás y, delante de todos los invitados, arroja a Violetta a la cara el dinero que ha ganado jugando a las cartas como pago, dice, de todo lo que ella ha despilfarrado por él. Violetta, rota de dolor, se desmaya.
"Alfredo! Voi!"
El cruel gesto de Alfredo la rebaja a los ojos de los demás; incluso su padre, que ha llegado a la fiesta en busca de su hijo, le recrimina duramente su acción. Alfredo que, de golpe, ha comprendido la vileza que acaba de cometer, se duele amargamente porque cree que, después de aquel episodio, jamás podrá recuperar a su amada. Violetta recobra el conocimiento y le dice a Alfredo que algún día comprenderá hasta qué punto le ha amado. El barón Douphol se erige en defensor del honor de Violetta; el duelo entre Douphol y Alfredo es inevitable.
"Alfredo, Alfredo, di questo core
non puoi comprendere tutto l'amore..."
Continuará...
(Fuentes: "Guía universal de la ópera", de Roger Alier y www.youtube.com)
La felicidad de Alfredo es inmensa: él y su amada Violetta llevan tres meses viviendo en un idílico retiro: una casa en el campo. Violetta ha renunciado a su antigua vida por él, y parece que está recuperando la salud. Para Alfredo, no existe la felicidad lejos de Violetta. Pero esa felicidad no durará mucho. Alfredo sorprende a Annina (la criada) cuando vuelve de París, y logra que le confiese que ha ido por orden de Violetta, para vender los bienes que aun le quedan, pues la vida retirada que llevan supone enormes gastos.
"Lunge da lei..."
Alfredo, abrumado, parte enseguida a París para pedir ayuda económica a su padre y desahogar a Violetta del enorme peso que angustia a la muchacha. Al mismo tiempo, mientras su hijo está fuera, Giorgio Germont se presenta ante Violetta para pedirle que se sacrifique en nombre del futuro de sus dos hijos. "¿De dos hijos?" dice Violetta...
"La sorte, l'avvenir domanda or qui..."
Una hermana de Alfredo va a casarse, y la boda no puede llevarse a cabo (¡la cerril mentalidad de la época!) mientras Alfredo tenga relación con una vulgar meretriz que, además, le está haciendo gastar muchísimo dinero. Violetta se defiende y enseña a Germont pagarés y facturas, para demostrarle que es ella quien mantiene a su hijo, y no al revés. La elegancia en los modales y la sinceridad de la joven impresionan al anciano, que se da cuenta de la veracidad de sus sentimientos por Alfredo. Sin embargo, la honra familiar pesa demasiado sobre Germont y le pide a Violetta que deje a su hijo por el bien de su familia, que rompa con una relación que no tiene la bendición de Dios.
"Pura siccome un angelo..."
Violetta le ruega, le implora, trata de hacerle comprender que para ella el amor de Alfredo supone una nueva vida, una última oportunidad para ser feliz. Giorgio insiste, le pide que sea el ángel consolador de su familia, le dice que es joven y que, con el tiempo... tiempo es precisamente lo que Violetta no tiene; al final, con el corazón destrozado, la muchacha accede a abandonar a Alfredo, y Giorgio se marcha.
"Ditte alla giovine..."
Alfredo vuelve mientras Violetta le está escribiendo una carta en la que rompe con él. Soprendida por su repentina presencia, Violetta no sabe qué decir, titubea. Tiembla de pies a cabeza. Hace un esfuerzo sobrehumano para intentar que Alfredo no note la terrible angustia que se ha apoderado de ella. Alfredo nota su gran turbación, pero quizá lo achaca a lo profundamente enamorada que ella está de él, como él lo está de ella.
En lo que Alfredo no sabe que es una apasionada despedida, Violetta le dice que siempre estará junto a él, entre las flores, cerca de él... le pide que la ame, que la ame siempre... Apresurada, balbuciendo excusas, Violetta se despide y toma un carruaje hacia París; se dirije a casa de su amiga Flora Bervoix, a la que estaba invitada pero a la que, antes de la visita del padre de Alfredo, no pensaba acudir.
Una vez se ha puesto en camino, de parte de Violetta alguien entrega a Alfredo la nota que vimos que le estaba escribiendo; en ella no sólo le anuncia el fin de su romance, sino que le dice que piensa retomar su vida anterior. Una dura mentira para que él la olvide. Alfredo, estupefacto, siente un dolor insoportable al leer aquellas palabras. Entre tanto su padre, que había vuelto a casa de Violetta para pedir a su hijo que regresase al hogar, se encuentra a su hijo sumido en la desesperación.
"Amami Alfredo, amami quant'io t'amo..."
Giorgio trata de hacer recapacitar a Alfredo; le dice que no puede haber borrado de su corazón el mar y el suelo de la Provenza, que el ardiente sol de su tierra natal le aguarda, que sólo allí podrá ser feliz.
"Di Provenza il mare il suol..."
Pero las palabras de Giorgio no logran retener a Alfredo, que parte hacia París en busca de Violetta, lleno de rabia y con un inconmensurable deseo de venganza.
"Volisi l'offesa a vendicar..."
Continuára...
(Fuentes: "Guía universal de la ópera", de Roger Alier y www.youtube.com)
Una vez que conocemos un poquito más acerca del origen de "La traviata", vamos con los personajes y el argumento. Un hecho a destacar es que los nombres de los protagonistas no son los mismos que los de la novela de Dumas por una cuestión de derechos de autor; por entonces, aún eran muy endebles las bases legales que protegían los citados derechos.
Alfredo Germont.- Joven burgués, enamorado de Violetta, e hijo de Giorgio Germont. Tenor lírico.
Giorgio Germont.- Padre de Alfredo, opuesto a su relación con Violetta. Barítono.
Flora Bervoix.- Amiga de Violetta. Papel vistoso aunque poco importante. Soprano o mezzosoprano.
Barón Douphol.- Amante o "protector" oficial de Violetta, que llega a batirse en duelo con Alfredo. Barítono.
Marquis d'Obigny.- "Protector" de Flora. Papel insignificante para bajo.
Gastone.- Vizconde de Letorières, impulsivo amigo de Violetta, animador de las fiestas. Papel breve para tenor.
Doctor Grenville.- Médico de Violetta. Papel modesto para bajo.
Annina.- Criada de Violetta. Soprano o mezzosoprano.
Joseph.- Sirviente de Violetta. Papel mínimo para tenor.
Un recadero.- Con una carta. Papel ínfimo para bajo.
Sirviente de Flora.- Papel ínfimo ("La cena è pronta") para bajo.
Coro.- Muy importante.
Ballet de gitanas y toreros.- En casa de Flora.
Los vídeos que utilizaré para ilustrar la historia pertenecen, casi todos, a la grabación de una representación de "La traviata" en el Convent Garden, Londres, en 1994, en la que Angela Gheorghiu es Violetta, Frank Lopardo interpreta a Alfredo Germont y Leo Nucci es Giorgio Germont; dirige la orquesta Sir Georg Solti. Dado que no he encontrado el fragmento correspondiente al brindis, he utilizado otro, en el que Alfredo es Giuseppe Filanotti; la imagen no es muy buena pero, como veréis, se trata del mismo montaje. Hay algún fragmento más que no pertenece a la primera grabación que he mencionado.
Argumento
Acto I
Un bellísimo preludio da paso a la historia. Una melodía suave, dulce, nos envuelve como una caricia y, al mismo tiempo, provoca en nuestro ánimo una inconcreta tristeza, presagio de los acontecimientos que habrán de venir...
Se levanta el telón y, al tiempo que la música cobra un repentino ímpetu, aparece ante nuestros asombrados ojos un salón repleto de gente. Violetta Valéry, bella y famosa (además de enfermiza) cortesana, celebra una fiesta en su casa de París. Están presentes su actual "protector", el barón Douphol, la amiga de Violetta, Flora Bervoix, con su amante el marqués d'Obigny, el doctor Grenville, el vizconde Gastone, etc. El marqués d'Obigny aprovecha la ocasión para presentar a Violetta a un joven que hace más de un año que suspira por ella: Alfredo Germont.
"Sempre Alfredo a voi pensa..."
Se llama la atención de los invitados para pronunciar un brindis, que Alfredo no duda en dedicar a Violetta, demostrándole su apasionado amor; ella, sin ser consciente aun de lo que empieza a sentir, va rindiéndose al poder de seducción del impetuoso joven.
"Libiamo, libiamo nè lietti calici..."
Una vez finalizado el brindis, los invitados se trasladan al salón de baile; Violetta, aquejada por un repentino ataque de tos, permanece unos momentos en el comedor. Alfredo aprovecha para quedarse junto a ella y declararle, de nuevo, su amor; le dice que, si fuese, suya, cuidaría amorosamente de ella. Violeta trata de decirle que no puede ofrecerle sino amistad, que debe buscar a otra; pero él se muestra más y más apasionado.
"Ha forse alcuno cura di me...?"
Le cuenta cómo, desde que un día, hace un año, ella pasó junto a él, la ha amado aun sin conocerla:
"Un di, felice, eterea..."
Violetta, que teme rendirse al amor que le ofrece el joven no puede, sin embargo, negarle una próxima cita: le entrega una flor para que, al día siguiente, cuando esté marchita, regrese y se la devuelva. Una vez terminada la fiesta, y ya Violetta definitivamente a solas, reflexiona sobre su vida; se desata en ella una lucha interna entre el nuevo amor que se le ofrece de la mano del atractivo Alfredo (que ya se le ha metido en el corazón) y su vida de cortesana, libertina y sin ataduras emocionales, que le permite vivir feliz, gozar alocadamente (todo ello como una huida al mal que le acecha, una incipiente tuberculosis). Pero la voz de Alfredo se oye de fondo, y Violetta siente que no puede resistirse a la tentación de este nuevo amor.
"È strano! è strano!..."
Continuará...
(Fuentes: "Guía universal de la ópera", de Roger Alier y www.youtube.com)
La traviata, Verdi y Strepponi
La protagonista del post de hoy es Violetta Valéry, nombre que tomó Marguerite Gautier, la "dama de las camelias" de Alejandro Dumas hijo, cuando se transformó en la heroína de una de las óperas más famosas de Verdi: "La traviata". Si he titulado esta entrada "La otra Giuseppina Streponi" en lugar de "La otra dama de las camelias" es porque, a pesar de que la ópera de Verdi está basada en la novela de Dumas, la sensibilidad, la humildad, la inteligencia y la delicadeza de Violetta Valéry son las de Giuseppina Strepponi, y no las de Marguerite Gautier.
Violetta Valéry, "la traviata"
Durante los años en los que Verdi estuvo trabajando en "La traviata", su situación personal era en cierto sentido paralela a la historia en la que se basaba su proyecto; él y Giuseppina Streponi, antigua prima donna que había sido la Abigail del estreno de "Nabucco", en 1842, matenían una relación de convivencia, que era tachada de inmoral y vergonzosa por las cerriles gentes del pequeño pueblecito italiano en el que vivían.
Verdi y Strepponi se habían conocido en 1839, cuando Giuseppina era la heroína de Milán y Verdi un joven compositor casi desconocido. Su amistad se estrechó cuando la soprano, que conocía al empresario de La Scala, consiguió que se estrenara en dicho teatro "Oberto", la primera ópera de Verdi. En aquel momento, el compositor estaba felizmente casado con Margherita Barezzi, con la que tenía dos hijos. Tras el duro golpe que le supuso la muerte, primero de sus hijos, y más tarde de su esposa, Verdi regresó a Milán, donde aceptó agradecido el consuelo de Giuseppina, mujer de gran sensibilidad y profundos sentimientos.
En 1846, con tan sólo treinta años, Giuseppina comenzó a tener serios problemas con su voz; acabó por renunciar a la escena y se trasladó a París. Verdi continuó en Milán hasta junio de 1847, mes en el que llegó a París, camino de Londres, donde iba a estrenarse "I masnadieri". No se sabe si ése fue el inicio de su relación, o si ésta ya había comenzado en Parma, años antes, en 1843; de cualquier forma, su vida en común se inició en 1847, en un apartamento de París.
Verdi encontró en su "Peppina" una felicidad que casi había olvidado. La pareja frecuentaba los salones más importantes, donde la popular soprano, que ya sólo cantaba en pequeñas reuniones, interpretaba soberbiamente la música de Verdi, y hacía al compositor aún más conocido en París de lo que ya lo era. Pero la pareja pronto se cansó de la vida pública y, como Violetta y Alfredo, tomaron una pequeña casa de campo en Passy, donde estar los dos solos. Continuaron en su retiro campestre hasta que las noticias de las revoluciones inquietaron al patriótico Verdi hasta tal punto que decidió volver a Italia; la pareja se trasladó a Busseto a comienzos de agosto de 1849.
La rigidez de las normas morales de la época hacía que los vecinos de Busseto esquivasen "virtuosamente" a Giuseppina: la dejaban sola en el banco de la iglesia, la esquivaban ostentosamente por la calle... Los chismes llegaban a asegurar que la mala salud de Giuseppina era un castigo de Dios. Verdi hacía oídos sordos a la hipócrita estrechez mental de las gentes. Tan sólo respondió a la crítica de su amigo y benefactor, Antonio Barezzi, padre de su primera esposa, y lo hizo en forma de una contundente carta en la que le venía a decir que él no se entrometía en los asuntos de los demás si no se le llamaba, precisamente porque insistía en que nadie se entrometiera en los suyos.
El personaje de Violetta Valéry está innegablemente influenciado por la figura de Giuseppina Strepponi. "Oh, verdi mío" escribió Giuseppina en una carta muy emotiva, "no te merezco, tu amor es un regalo, un bálsamo para un corazón muchas veces muy triste bajo su aparente felicidad. Sigue amándome, amándome incluso después de muerta, cuando me presente ante la Justicia Divina llena de tu amor y tus oraciones, ¡redentor mío!" Giuseppina sentía remordimientos por su pasado, en el que había tenido dos hijos ilegítimos. Es fácil reconocer en las palabras de la carta el eco desgarrador de Violetta: "Amami Alfredo...!"
Renée Fleming y Ramón Vargas
Violetta es Giuseppina, una mujer humilde, contrita, adoradora de su redentor, un ser delicado, inteligente y sensible, y no la susceptible cortesana de Dumas. El mundo de "La traviata" es el París de 1847, el de Giuseppina, no el de Marguerite Gautier. El libretista Francesco Maria Piave, conocía bien la situación de Verdi y Strepponi; cuando escribió "La traviata", sustituyó el cinismo que se palpa en la novela de Dumas por el verdadero sentimiento; así, al final de la ópera, Giorgio Germont, ganado ya su corazón por el noble y bondadoso alma de Violetta, le dice: "Cara, sublime vittima / d'un disperato amore, / perdonami lo strazio / recato al tuo bel core. (Querida, noble víctima / de un amor desesperado, / perdóname el haber hecho / sufrir a tu corazón.)":
Patricia Ciofi (Violetta), Vittorio Grigolo (Alfredo) y
Marzio Giossi (Giorgio)
Quizá Giuseppina notaba una especial afinidad con la protagonista de "La dama de las camelias", novela que amaba y que había leído cuando se publicó, en 1848. Su miedo a la tuberculosis, a la muerte, al brazo castigador de Dios, le lleva a firmar una carta dirigida a Verdi, fechada el 2 de marzo de 1853, como "Il tuo povero Livello"; la frase tiene un asombroso sentido pues, en italiano, el sustantivo "livello" hace referencia a una propiedad en alquiler temporal, y parece que Giuseppina lo empleaba para aludir a sí misma como mujer o cortesana bajo la protección de su entonces amante, Verdi.
El 29 de abril de 1859, Verdi y Strepponi se casaron en la Saboya italiana, en una ceremonia celebrada por el abad Mermillod, poniendo así fin a la pesadilla personal que las cerradas mentes de la sociedad de la época les habían hecho vivir.
Algunos datos sobre "La traviata"
Con "La traviata", Verdi tenía la intención de hacer una ópera de ambiente contemporáneo, de manera que al levantarse el telón los espectadores vieran a personajes vestidos del mismo modo que ellos. Sin embargo, el tema de fondo de la historia, que era la relación de un muchacho de buena familia con una ramera de lujo, hizo que la gazmoñería de la época se pusiera las manos en la cabeza, de modo que las autoridades de La Fenice forzaron a Verdi para que trasladase la ambientación de la obra unos cien años atrás, es decir, al siglo XVIII.
"La traviata", ópera en tres actos (a veces dividida en cuatro) con música de Giuseppe Verdi y libreto de Francesco Maria Piave, se estrenó en La Fenice de Venecia el 6 de marzo de 1853. Aunque tradicionalmente se ha dicho que la primera puesta en escena de esta ópera fue un fracaso, cabría hacer al respecto importantes matizaciones. La crítica de la época cuenta que la orquesta interpretó maravillosamente la música, que el público estaba embelesado con las melodías más bellas que había escuchado en mucho tiempo; sin embargo, el fiasco llegó de la mano de los cantantes, que no estuvieron a la altura de las bellas piezas que había sabido crear el genio de Verdi (desde los ensayos, la gran preocupación de Verdi había sido el reparto, que no le parecía en modo alguno adecuado). Fue el propio compositor el que calificó el estreno de su ópera como "fiasco", pero el público no lo vio como él.
Mañana, os empezaré a desgranar el argumento, paso a paso...
(Fuentes: "archive.operainfo.org", flickr.com y www.youtube.com)