Acto II
La felicidad de Alfredo es inmensa: él y su amada Violetta llevan tres meses viviendo en un idílico retiro: una casa en el campo. Violetta ha renunciado a su antigua vida por él, y parece que está recuperando la salud. Para Alfredo, no existe la felicidad lejos de Violetta. Pero esa felicidad no durará mucho. Alfredo sorprende a Annina (la criada) cuando vuelve de París, y logra que le confiese que ha ido por orden de Violetta, para vender los bienes que aun le quedan, pues la vida retirada que llevan supone enormes gastos.
Alfredo, abrumado, parte enseguida a París para pedir ayuda económica a su padre y desahogar a Violetta del enorme peso que angustia a la muchacha. Al mismo tiempo, mientras su hijo está fuera, Giorgio Germont se presenta ante Violetta para pedirle que se sacrifique en nombre del futuro de sus dos hijos. "¿De dos hijos?" dice Violetta...
Una hermana de Alfredo va a casarse, y la boda no puede llevarse a cabo (¡la cerril mentalidad de la época!) mientras Alfredo tenga relación con una vulgar meretriz que, además, le está haciendo gastar muchísimo dinero. Violetta se defiende y enseña a Germont pagarés y facturas, para demostrarle que es ella quien mantiene a su hijo, y no al revés. La elegancia en los modales y la sinceridad de la joven impresionan al anciano, que se da cuenta de la veracidad de sus sentimientos por Alfredo. Sin embargo, la honra familiar pesa demasiado sobre Germont y le pide a Violetta que deje a su hijo por el bien de su familia, que rompa con una relación que no tiene la bendición de Dios.
"Lunge da lei..."
Alfredo, abrumado, parte enseguida a París para pedir ayuda económica a su padre y desahogar a Violetta del enorme peso que angustia a la muchacha. Al mismo tiempo, mientras su hijo está fuera, Giorgio Germont se presenta ante Violetta para pedirle que se sacrifique en nombre del futuro de sus dos hijos. "¿De dos hijos?" dice Violetta...
"La sorte, l'avvenir domanda or qui..."
Una hermana de Alfredo va a casarse, y la boda no puede llevarse a cabo (¡la cerril mentalidad de la época!) mientras Alfredo tenga relación con una vulgar meretriz que, además, le está haciendo gastar muchísimo dinero. Violetta se defiende y enseña a Germont pagarés y facturas, para demostrarle que es ella quien mantiene a su hijo, y no al revés. La elegancia en los modales y la sinceridad de la joven impresionan al anciano, que se da cuenta de la veracidad de sus sentimientos por Alfredo. Sin embargo, la honra familiar pesa demasiado sobre Germont y le pide a Violetta que deje a su hijo por el bien de su familia, que rompa con una relación que no tiene la bendición de Dios.
Violetta le ruega, le implora, trata de hacerle comprender que para ella el amor de Alfredo supone una nueva vida, una última oportunidad para ser feliz. Giorgio insiste, le pide que sea el ángel consolador de su familia, le dice que es joven y que, con el tiempo... tiempo es precisamente lo que Violetta no tiene; al final, con el corazón destrozado, la muchacha accede a abandonar a Alfredo, y Giorgio se marcha.
"Ditte alla giovine..."
Alfredo vuelve mientras Violetta le está escribiendo una carta en la que rompe con él. Soprendida por su repentina presencia, Violetta no sabe qué decir, titubea. Tiembla de pies a cabeza. Hace un esfuerzo sobrehumano para intentar que Alfredo no note la terrible angustia que se ha apoderado de ella. Alfredo nota su gran turbación, pero quizá lo achaca a lo profundamente enamorada que ella está de él, como él lo está de ella.
En lo que Alfredo no sabe que es una apasionada despedida, Violetta le dice que siempre estará junto a él, entre las flores, cerca de él... le pide que la ame, que la ame siempre... Apresurada, balbuciendo excusas, Violetta se despide y toma un carruaje hacia París; se dirije a casa de su amiga Flora Bervoix, a la que estaba invitada pero a la que, antes de la visita del padre de Alfredo, no pensaba acudir.
Una vez se ha puesto en camino, de parte de Violetta alguien entrega a Alfredo la nota que vimos que le estaba escribiendo; en ella no sólo le anuncia el fin de su romance, sino que le dice que piensa retomar su vida anterior. Una dura mentira para que él la olvide. Alfredo, estupefacto, siente un dolor insoportable al leer aquellas palabras. Entre tanto su padre, que había vuelto a casa de Violetta para pedir a su hijo que regresase al hogar, se encuentra a su hijo sumido en la desesperación.
En lo que Alfredo no sabe que es una apasionada despedida, Violetta le dice que siempre estará junto a él, entre las flores, cerca de él... le pide que la ame, que la ame siempre... Apresurada, balbuciendo excusas, Violetta se despide y toma un carruaje hacia París; se dirije a casa de su amiga Flora Bervoix, a la que estaba invitada pero a la que, antes de la visita del padre de Alfredo, no pensaba acudir.
Una vez se ha puesto en camino, de parte de Violetta alguien entrega a Alfredo la nota que vimos que le estaba escribiendo; en ella no sólo le anuncia el fin de su romance, sino que le dice que piensa retomar su vida anterior. Una dura mentira para que él la olvide. Alfredo, estupefacto, siente un dolor insoportable al leer aquellas palabras. Entre tanto su padre, que había vuelto a casa de Violetta para pedir a su hijo que regresase al hogar, se encuentra a su hijo sumido en la desesperación.
"Amami Alfredo, amami quant'io t'amo..."
Giorgio trata de hacer recapacitar a Alfredo; le dice que no puede haber borrado de su corazón el mar y el suelo de la Provenza, que el ardiente sol de su tierra natal le aguarda, que sólo allí podrá ser feliz.
(Fuentes: "Guía universal de la ópera", de Roger Alier y www.youtube.com)
"Di Provenza il mare il suol..."
Pero las palabras de Giorgio no logran retener a Alfredo, que parte hacia París en busca de Violetta, lleno de rabia y con un inconmensurable deseo de venganza.
"Volisi l'offesa a vendicar..."
Continuára...(Fuentes: "Guía universal de la ópera", de Roger Alier y www.youtube.com)






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