Hablemos hoy de un compositor del que no había mencionado nada, hasta ahora, en este blog: Richard Wagner. Aunque el wagnerismo llegó a España tardíamente (como tantas otras cosas...) hubo escritores que, antes de que se llegase a representar ninguna ópera de este compositor en nuestro país, ya hablaron de él; de estas reseñas, la más curiosa es la de Juan Valera (1824-1905), el famoso autor de "Pepita Jiménez".
En su juventud, a Juan Valera le tocó ser secretario de embajada en Moscú, y emprendió en 1856 un largo viaje desde España hasta la capital rusa, acompañando al embajador, con el que mantenía una buena relación personal. En una de las etapas del viaje, descansaron unos días en Berlín y, una noche, fueron a la Ópera Real, donde se estaba representando "Tannhäuser", de Wagner. Pocos días más tarde, en una carta a un amigo, y con su fina ironía y su gracejo habitual, Valera explicó las impresiones que le había causado la representación:
"Anteanoche oímos, en el Gran Teatro Real, una ópera de Wagner, fundada sobre una antigua leyenda... () el landgraf de Thuringia era gran protector de los "Minnesänger" o cantores de amor, y tenía en su corte a los mejores y más famosos de ellos. Tanhäuser descollaba entre todos, y Venus misma, que ya en el siglo XIII no podía menos de ser una diabla, y de las más peligrosas, se enamora de él y le lleva a su infierno o subterráneo encantado, verdadero paraíso en cuya comparación es una solemne proquería el jardín en que estuvo Rinaldo (personaje de una ópera de Häendel). Allí me las den todas. Tanhäuser está allí más a gusto que nosotros con el duque; pero el majadero empieza a tener saudades (nostalgia) del canto del ruiseñor y de la luz de la luna y otras insignificantes menudencias que faltaban por allá abajo, donde le trataban a qué quieres boca y a cuerpo de rey, y comete la necedad de abandonar a la archidiabla y a toda su corte de ninfas bailadoras, y de subirse a la tierra. En la corte de Landgraf se sabe que Isabel, su sobrina, está derretida por él de amor, y él se ablanda también por ella. El Landgraf reúne entonces a todos sus caballeros y poetas, y hay un ciertamen en el cual ha de describirse en verso cuál sea la esencia del amor. Los trovadores todos se andan con tiquis-miquis platónicos para explicar su esencia, y se esfuerzan con esta gimnasia metafísica, para ganar la mano de Isabel, que será el premio del vencedor. Pero Tanhäuser se va al grano y declaraterminantemente que el amor es el deleite supremo de poseer el objeto, y en el calor de la improvisación se le escapa a Tanhäuser que todas aquellas doctrinas se las ha enseñado Venus misma, y que las sabe por experiencia. Todos le condenan y se escandalizan.
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| Estudio con pinturas alusivas a "Tannhäuser". Fuente: flickr.com. |
Acoquinado entonces, aquel infeliz se va a Roma (es año de jubileo), se echa a los pies del Padre Santo, y le pide la absolución. Pero Su Santidad, que sabe del pie que cojea, no quiere dársela y le dice que está excomulgado y maldito hasta que su báculo de peregrino reverdezca y de flores. En fin, para abreviar y no fastidiarle a suted, el báculo reverdece, a pesar del Papa y de las leyes físicas, y gracias a las oraciones de Isabel, con la cual en buen amor y compañía se va Tanhäuser al cielo, después de haberse divertido a sus anchas en la tierra y debajo de la tierra. La música es profundísima, y no por eso fastidiosa para los profanos. Las decoraciones, maravillosas, y los trajes de una riqueza y de una exactitud singulares. Ni en París ni en Londres se representa nada mejor. Yo estaba con la boca abierta. La Wagner, sobrina del compositor, hacía de princesa salvadora, y es tan linda y bien plantada que el más melindroso penitente la tomaría por escala de Jacob con que subir al cielo."
Escuchemos la "música de la semana": "Overtura" de "Tannhäuser".
(Fuentes: "Historias de la Historia de la Ópera", de Roger Alier, www.epdlp.com y flickr.com).




















