Hablar de Rossini es hablar, sobre todo, de alegría contagiosa. Ya mencioné en una entrada anterior que "El barbero de Sevilla" podía considerarse, con todo merecimiento, un antidepresivo musical. Dije también que, con ser una ópera que se apartaba de la "seriedad" que uno puede presuponer a una composición de este tipo, no es la única; de hecho Rossini, conocido sobre todo por sus óperas, lo es especialmente por las bufas (ópera bufa es, recordemos, una ópera de tema cómico) entre las que se encuentran, además de "Il barbiere di Siviglia", otras como "L'italiana in Algeri" o "Il turco in Italia". Pero empecemos por el principio.
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| Gioacchino Rossini. Fuente: flickr.com. |
Giovacchino Antonio Rossini nació en Pésaro, Italia, el 29 de febrero de 1792. Era hijo de un trompetista de la banda local de Pésaro, Giuseppe Rossini, popularmente conocido como "Vivazza", y de una cantante de ópera sin conocimientos musicales que, por este motivo, había quedado relegada a papeles de "seconda donna". El padre perdió el trabajo por haber abrazado imprudentemente algunos principios de la Revolución Francesa; la familia tuvo que dejar Pésaro y se vieron en la necesidad de sostenerse únicamente con los ingresos de la madre. Los padres de Rossini, que querían para su hijo una formación musical muy superior a la que ellos habían tenido (que había sido escasa), por lo que le pusieron a estudiar en el Instituto Musical de Lugo de Romagna y, más tarde, en el Conservatorio de Bolonia, donde fue alumno del severo Padre Mattei. Como estudiante demostró una gran precodidad, como puede apreciarse en sus "Sonatte a quattro" (1804), en su "Pianto d'Armonia sulla morte d'Orfeo" (1807) y en su primera ópera, "Demetrio e Polibio" (compuesta en 1806, pero estrenada en 1812).
La carrera operística (propiamente dicha) de Rossini, comenzó realmente en 1810, cuando gracias a la familia Mombelli, la misma que le había encargado la primera ópera, encontró la posibilidad de escribir una farsa en un acto -tipo que entonces estaba de plena moda- titulada "La cambiale di matrimonio", que se estrenó en el Teatro San Samuele de Venecia para colmar la laguna dejada por un compositor que no había suministrado la ópera que debía estrenarse en aquella temporada de otoño. "La cambiale di matrimonio" llamó la atención, sobre todo por su complejidad orquestal -teniendo en cuenta el nivel instrumental de las óepras de la época-, y logró un gran éxito, que se repitió con "L'equivoco stravagante" (1811), con "L'inganno felice" (1812) y con "La scala di seta" (1812). Escribió también, sin embargo, óperas serias como "Ciro in Babilonia" (1812), y estrenó, como ya se ha dicho, su "Demetrio e Polibio" (1812). Logró que La Scala de Milán le abriera sus puertas, y para dicho teatro escribió su primera ópera bufa grande (dos extensos actos), titulada "La pietra del paragone" (1812), que fue bien recibida.
Con "L'italiana in Algeri" (1813) ("Obertura"), Rossini se lanzó de lleno a la ópera farsesca, inverosímil y divertida, con un solo hilo conductor en el argumento que, aunque increíble, nos presenta a los personajes actuando con toda seriedad. Tanto esta ópera como "Tancredi", también de 1813 ("Obertura"), tuvieron un éxito inenarrable, lo que consagró a Rossini como el compositor más importante y solicitado de Italia, a la vez que hizo que se le abrieran las puertas de Europa.
Bastaron tres años más para llevarlo a ser el compositor más famoso de su tiempo, el ídolo de los teatros de Europa, la pasión más exacerbada de los imitadores de su estilo, el punto de referencia de la "ópera-comique" francesa. Éste progreso lo logró con otras óperas bufas de excelente factura como "Il turco in Italia" (1814), o aún más con "Il barbiere di Siviglia" (1816) ("Obertura"). Además, el empresario Baraja, de las Óperas de Nápoles, Milán y Viena, le confió el estreno solemne del Teatro San Carlo de Nápoles; con tal motivo, Rossini compuso la ópera "Elisabetta, regina d'Inglaterra" (1815) seguida de "Otello" (1816), óperas que provocaron el delirio entre el público napolitano. Rossini se había convertido en el compositor más famoso del mundo, y tenía sólo veinticuatro años. A partir de ahí su producción circuló por toda Europa, pero continuó teniendo como centro Nápoles; como "prima donna" tenía a Isabella Collbrand, mezzosoprano de origen español, que se convirtió en su amante y, a partir de 1823, en su esposa.
Así se sucedieron éxitos en el campo de la ópera seria, como "Armida" (1817), "Il Mosè" (ópera bíblica estrenada en 1818 y reestrenada con modificaciones), "La donna del lago" (1819), "Maometto II" (1820), "Zelmira" (1822) y "Semiramide" (1823) ("Obertura"). Casi abandonó el género bufo después de su gran creación, "La Cenerentola" (1817) ("Non più mesta"; canta: Cecilia Bartoli), y de la ópera semi-seria "La gazza ladra" (1817) ("Obertura"). Su "Ermione" (1819), quedó olvidada nada más estrenarse. En su producción, era un dogma la ornamentación y el virtuosismo vocal (es decir, el belcantismo).
Rossini estuvo en Viena, París, Londres, ciudad esta última donde reunió una verdadera fortuna amasada a base de apariciones personales, de conciertos privados y de dejarse querer por la alta sociedad inglesa. Al volver a París fue objeto de una tentadora oferta económica, por la que se convertía de hecho, aunque no de nombre, en director de la Ópera de París, con el nombramiento de "inspector de canto" del Reino de Francia (sobre este nombramiento hay una anécdota que contaré en la entrada de mañana), que incluía emolumentos de gran cuantía y el contrato por diez óperas nuevas para ser estrenadas en la Ópera de París.
A pesar de que sólo tenía treinta y tres años, Rossini empezó a resentirse de una perceptible disminución en su capacidad creativa. Para presentar las óperas contratadas en unos plazos más o menos razonables, después de una primera cantata destinada a conmemorar la coronación del rey Carlos X de Francia ("Il viaggio a Reims", 1825), optó por remodelar óperas de la época de Nápoles, como "Le siège de Corinthe" (1826), Moïse et Pharaon" (1827), una versión francesa de "Maometto II" (1828) y la ópera bufa "Le comte Ory" (1828), versión en francés de "Il viaggio a Reims" con algunos añadidos. Finalmente se decidió a realizar una ópera realmente nueva, "Guillaume Tell", cuya inmensa extensión le costó un gran esfuerzo (1829) ("Obertura").
A partir de esta ópera, en Rossini sobrevino un silencio, no sólo debido a una cuestión de capacidad creativa, sino también al rechazo moral que sentía hacia la nueva estética del romanticismo que se avecinaba ya de un modo imparable. La Revolución de 1830 despojó a Rossini de sus cargos oficiales en la administración borbónica y el compositor inició un largo y penoso pleito contra el Estado francés. Por otra parte, su salud empezó a declinar bajo el impulso de una sífilis mal tratada que le dio años de malestar. La crisis de su matrimonio con la Collbrand dio paso a una nueva compañía femenina, Olympe Pélissier, que tuvo que aguardar la muerte de la primera esposa (1845) para legalizar su situación.
Entre los años 1830 a 1840, aparte de algunos períodos de actividad como impulsor de iniciativas musicales (como la del Liceo Musicale di Bologna), la vida de rossini fue un infierno or su mala salud, por los dolorosos e ineficaces tratamientos y por la neurastenia provocada por la propia enfermedad. Olympe Pélissier se lo llevó finalmente a París, donde algunos médicos franceses lograron curarle. Hacia 1855 Rossini había recuperado su habitual porte, su mordacidad y su sentido del humor. Reunía gentes del ambiente musical en su csa de Passy, donde los sábados por la noche daba conciertos a los que se brindaban cuantos artistas había en París, y que sobre todo resultaban importantísimos para los debutantes por el prestigio que conferían. Para tales ocasiones Rossini solía componer pequeñas piezas, sus "pecados de vejez", compuestas muchas veces sobre retazos de antiguos motivos presentes en sus óperas.
Murió en Passy en el otoño de 1868, dejando una estela de grandes creaciones que, en su mayoría, acabaron olvidades bajo el impulso romántico-verista de los últimos años del siglo XIX. Sólo cuando acabó la estética verista y wagneriana que impulsó el modernismo fue posible volver a valorar las creaciones rossinianas gracias a un proceso muy lento de recuperación de las óperas olvidades, que eran casi todas. Hasta los años 60 no fue posible para el espectador medio ver otra cosa que un "barbiere di Siviglia" mutilado por las praxis antibelcantistas, y alguna ocasional fragmentación de "Guillaume Tell".
(Fuentes: "Guía universal de la ópera", de Roger Alier y www.epdlp.com).
(Fuentes: "Guía universal de la ópera", de Roger Alier y www.epdlp.com).







Muchas felicidades por ese cumpleaños, estimada anfitriona.
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