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Bienvenido, amable navegante, a mi pequeño rincón. Si has llegado hasta aquí es que, como poco, sientes curiosidad por la ópera. Quizá seas un experto. Quizá sólo has echado un somero vistazo a este tema y te preguntas qué es lo que mueve a un aficionado a la ópera. O quizá, ni lo uno ni lo otro... ¿qué más da?.

Ante todo, he de decir que ni soy una erudita en esta materia ni lo pretendo. Este blog quiere servir, simplemente, de lugar donde reflexionar, donde compartir experiencias, opiniones, sentimientos, etc., acerca de un mundo que para mí es muy enriquecedor.

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jueves, 19 de abril de 2012

ANECDOTARIO OPERÍSTICO (XI)


Grand Opera House Belfast

Vuelvo hoy a traer hasta vosotros una nueva entrega de este "Anecdotario operístico", que permite hacerse idea de las múltiples facetas que conforman el maravilloso mundo de la lírica. 

¿Por qué Beethoven tiró el estofado?
Esta anécdota da título a un divertidísimo libro escrito por Steven Isserlis, que cuenta de forma muy amena diversas anécdotas acerca de las vidas de grandes compositores. Ésta me ha parecido una de las más divertidas:

El genio ardiente de Beethoven se manifestaba en todos los aspectos de su vida, como por ejemplo en la comida, por la que mostraba una desenfrenada pasión. Resultó que en cierta ocasión acudió a un restaurante y pidió un determinado plato; no importa cuál fuera, el caso es que el camarero le trajo uno equivocado. Tras quejarse nuestro protagonista, aquel hombre le respondió de mala forma y, sin hacerle más caso, se metió de nuevo en la cocina. Unos instantes más tarde, reapareció llevando un montón de platos para otros clientes. Ante tal actitud, Beethoven montó el cólera, cogió la comida que el camarero le había dejado (un plato de carne con mucha salsa) y ¡se la tiró al camarero en pleno rostro!

El camarero se puso furioso, pero trató de mantener el equilibrio para no dejar caer los platos, mientras intentaba relamer la salsa que le caía por la barbilla. Tenía un aspecto tan gracioso que el resto de clientes del restaurante comenzó a reír, con lo que Beethoven no pudo por menos que acabar por desternillarse, lo que le hizo recuperar su buen humor. Escuchemos, de este magnífico compositor, el aria de Marzellina, de "Fidelio":



María Callas dice impropiedades en sus primeros Puritani
Recojo este episodio del jugoso libro "Historias de la historia de la ópera", de Roger Alier. Habla de la ocasión gracias a la cual "La Divina" se convirtió en "la voz de Italia":

Cuando, a principios de enero de 1949, se indispuso la famosa soprano ligera Margherita Carosio, que iba a interpretar "I puritani" en el Teatro La Fenice de Venecia, el empresario decidió sustituirla por María Callas que, por aquellos días, cantaba "Die Walküre" en el mismo teatro. A la Callas se le dio únicamente una semana para prepararse el rol entero de Elvira.

El domingo 17 de enero por la mañana se celebró el ensayo de la ópera de Bellini; por la tarde, la Callas cantaba la última de sus Walkirias, y el martes 19 debutaba como Elvira en "I puritani". Dada la premura con la que había tenido que aprenderse el papel, no es extraño que cometiera algún disparate en el texto italiano y así, en su aria del primer acto, en lugar de "Son vergin vezzosa" ("Soy una virgen hermosa"), dijo "Son vergin viziosa" ("Soy una virgen viciosa"), amén de algunos otros deslices que nadie le tuvo en cuenta, pues su maravillosa interpretación llevó al público al delirio y la consagró definitivamente como una nueva estrella de la lírica. Escuchémosla como "vergin vezzosa" (que no "viziosa") en "I puritani":



Una "Tosca" con final surrealista
Sobre la celebérrima ópera de Puccini existen tal cantidad de anécdotas que no sé si darían para llenar un libro, pero seguro que cubrirían una parte considerable de alguno. La que hoy os traigo, extraída de www.psicofxp.com cuenta cómo un suceso imprevisto desembocó en una "Tosca" con un final "surrealista":

Una nueva puesta en escena de "Tosca" estaba a punto de estrenarse en la Ópera de San Francisco cuando, en el último instante, un grave conflicto obligó a hacer cambios en el elenco. Así, cinco actores jóvenes, ajenos por completo al mundo de la ópera, fueron escogidos para integrar el pelotón que, como sabemos, al final del tercer acto tiene que fusilar a Mario Cavaradossi.

Como la tarea de los soldados consiste únicamente en disparar contra el tenor, el regidor confió en el instinto teatral de los inexpertos (operísticamente hablando) muchachos. Antes del comienzo del tercer acto, y sin ensayo de ninguna índole, se limitó a decirles: "Sigan al comandante. Avancen lentamente, escuchen la música, se alinean y cuando el oficial baje la espada, disparen." "¿Y cómo salimos?" Creyendo que se referían al saludo final, les dijo: "Sigan a los protagonistas."

Llegado el momento, los soldados, mientras avanzaban conforme les había indicado el regidor, vieron en el escenario a un hombre y a una mujer (Cavaradossi y Tosca) cantando en un idioma para ellos incomprensible (italiano). Cuando la mujer se apartó y el hombre los encaró, entendieron que era a él a quien tenían que fusilar; sin embargo, los desorientaron las miradas rápidas que él le dirigía a ella, al tiempo que ella miraba al pelotón. Así, resultó que, cuando el oficial dio la orden, algunos tiraron sobre Cavaradossi y otros sobre Tosca. Para sorpresa de los que apuntaron a la dama, ella quedó en pie y el que cayó fue el caballero.

Los soldados no se movieron de sus puestos en tanto que, urgida por la música y sin entender por qué no se iban, Tosca fue hacia Cavaradossi. El desconcierto de los improvisados soldados fue mayúsculo cuando vieron que la mujer hablaba al recién fusilado como si estuviera vivo. Y, por último, les asaltó el pánico cuando escucharon gritos desde las bambalinas y vieron que Tosca se subía a las almenas para, a continuación, arrojarse al vacío. Recordemos que "sigan a los protagonistas" había sido la indicación del regidor. Antes de que el telón se cerrara, el público asistió a un final inaudito: como admiradores que siguen a su ídolo hasta las últimas consecuencias, los cinco muchachos, uno tras otro, se arrojaron detrás de la cantante. Veamos el final de "Tosca" (no el que acabo de describir, sino el habitual) en una grabación de 1978 que tiene como protagonista a Shirley Verret:


(Fuentes: "¿Por qué Beethoven tiró el estofado? y muchas más historias acerca de la vida de grandes compositores", de Steven Isserlis, "Historias de la historia de la ópera", de Roger Alier, www.psicofxp.com , fotopedia,com y www.youtube.com)

miércoles, 11 de abril de 2012

PASIÓN, CELOS, INTRIGA... EN UNA PALABRA: "TOSCA" (II)


Palazzo Farnese

Llega el segundo acto y, con él, la acción se traslada al Palazzo Farnese, al despacho del malvado Scarpia. La ambientación no puede ser más sobria: una enorme mesa imitación al mármol ante la que está sentado Scarpia (a la derecha, rompiendo un tanto el equilibrio del conjunto) que, se supone, está cenando; tras él, sobre la pared del fondo, un enorme mapa enmarcado. "¿Y la ventana?" pensé para mis adentros; porque se supone que tendría que haber una ventana que en un momento dado, a una orden de Scarpia, Sciarrone se encarga de abrir... "en fin, ahora veremos..." me dije.

Empieza a cantar Scarpia y, al poco, le dice a Sciarrone aquello de: "Apri" para escuchar mejor la música que ha empezado a sonar y que llega, amortiguada, de un patio cercano (es parte, recordemos, de la celebración de la victoria contra Napoleón). Y ¿qué hace Sciarrone?: como no hay ninguna ventana que abrir ¡¡le da un golpecito al marco del cuadro que hay colgado en la pared!! Y el cuadro, como por arte de magia, se torna transparente y, a través del él, vemos al coro que va a poner voz a la "cantanta" que está sonando. Es decir, que unas veces no nos estaban mostrando nada (ni "pila", ni "colonna", ni "Madonna") y otras demasiado (¿para qué tenemos que ver al coro? ¿no es mucho más sugerente que sólo lo oigamos a través de una ventana que, por otra parte, es como escribió Puccini esta escena?)

En íntima unión con el final del primer acto, en el comienzo de éste segundo Scarpia continúa tratando de expresar (sin conseguirlo, a mi entender) todo el demencial deseo por Tosca que, como en un volcán, arde en su interior; cuanto más se resista ella, más sabrosa será para él su conquista: "Ha più forte sapore..." Lástima Marco Vratogna que parecía que iba mejorando al terminar el primer acto, pero no. No me resisto a ilustrar este fragmento con la actuación del que para mí es el Scarpia por excelencia: Titto Gobbi.


Aparece Spoletta que, temeroso, le dice a Scarpia que, por más que han buscado en la casa de campo de Mario, no han dado con Angelotti; el brote de ira de su "excellenza" que surge entonces se calma un poco cuando el esbirro le cuenta que al que sí han traído es a Mario. Al poco de entrar el "cavalliere" se empieza a escuchar la voz de "Tosca": "la sua voce!..." Comienza el interrogatorio y, dado que Mario niega una y otra vez saber nada sobre el paradero de Angelotti, Scarpia se enfurece más y más. Entra Tosca. Scarpia es ya un león que está perdiendo la paciencia con Mario; como el pintor sigue negando las acusaciones que se le hacen, Scarpia ordena que se lo lleven a la sala de tortura... ¿dónde dirías que está la sala de tortura? ¡¡bajo la mesa del despacho!! Comienza a elevarse el lado izquierdo de aquella enorme mole hasta que, se supone, deja al descubierto unas escaleras que conducen a un habitáculo subterráneo al que conducen a Mario a la fuerza. Vamos que ¡ni una de esas mesas convertibles de ikea!

Bien interpretada la tensa conversación que, a continuación, tiene lugar entre Scarpia y Tosca. Sólo bien. Entremezclados con los gritos torturados de Mario, los de Tosca, que ruega a Scarpia que le suelte. Y aquí hay algo que siempre me ha llamado la atención del libreto: primero Mario, mientras le están torturando, le grita a Tosca: "¡Calla, no me importa el dolor!" (si le dice "calla" está dando a entender que Tosca sabe algo) y más tarde le dice: "Tonta, ¿qué sabes?, ¿qué puedes decir?" (¿quiere dar a entender que Tosca no sabe nada? ¿en qué quedamos?) El caso es que, después de que el barón azuce a sus esbirros para que golpeen más y más fuerte a Mario, Tosca, al fin, acaba por confesar dónde está Angelotti: "Nel pozzo... nel giardino... (En el pozo, en el jardín)".

Traen a Mario, que está cubierto de sangre y apenas puede caminar. Tosca se abalanza sobre él como una leona que quisiese proteger a su cachorro (con tal vehemencia que, en lugar de protegerle, parece que va a devorarle). Scarpia, burlón, descubre ante Mario que Tosca, a pesar de que le está diciendo que no, ha confesado dónde se esconde Angelotti. Entra Sciarrone que, angustiado, anuncia a Scarpia que Napoleón ha vencido a Melas (batalla de Marengo) y que éste ha huido. Ante esta noticia, Mario "resucita" y estalla en un vehemente canto a la libertad, al derrocamiento de los tiranos como Scarpia, al que llama: "¡carnéfice! (¡carnicero!)". Tosca trata de hacerle callar, inútilmente. El pintor ya está condenado sin remedio y Scarpia hace que se lo lleven; será ejecutado al amanecer.

Vuelven a quedarse solos Scarpia y Tosca, y el diálogo entre los dos se supone que se va volviendo más lujurioso por parte de él y más angustiado por parte de ella (se supone, porque yo no me lo acabé de creer) ¿Y el "Vissi d'arte"? Yo lo percibí como un mero intento por parte de Oksana Dyka de lucir la voz, pero no me transmitió emoción. Por fin, con tremendo asco, Tosca acepta satisfacer el lúbrico deseo de Scarpia a cambio de la libertad de Mario. Después, la trampa de Scarpia que llama a Sciarrone para que se haga con el pintor "Come facemmo dal conde Palmieri...(Como hicimos con el conde Palmieri...)" el cual, supuestamente, iba también a sufrir un fusilamiento simulado pero acabó, como más tarde acabará Mario, muerto de verdad. 

Mientras Scarpia escribe el salvoconducto que Tosca le pide para que ella y Mario puedan huir tras el fingido fusilamiento, nuestra heroína, para darse ánimos, bebe un sorbo de una copa que se encuentra encima de la mesa (recordemos que, al principio de este segundo acto, Scarpia estaba cenando) y, entonces, ve el cuchillo... Siempre que veo esta escena, se me viene a la cabeza María Callas en aquella famosísima filmación con Tito Gobbi, recuerdo de qué forma era capaz de transmitir el sentimiento de angustiosa duda que surge en su interior cuando ve el cuchillo: "¿lo cojo? ¿no lo cojo?"; se queda paralizada al verlo, como si no pudiera creer aún que sus ojos están contemplando algo que puede salvarla de Scarpia... me parece difícil que esta escena se pueda interpretar mejor de lo que lo hizo aquella vez "La Divina" (Oksana Dyka lo hizo bien, pero sólo bien). Veamos de nuevo al genial Tito Gobbi y a la maravillosa Tosca que fue María Callas:


Por fin, Scarpia termina de escribir el salvoconducto y, muy decidido, se dirige hacia Tosca; ésta, para hacerle creer que le da facilidades, va y se tumba en el suelo... entonces, él se abalanza sobre ella y, en ese momento ¡zas! Scarpia siente, estupefacto, cómo el cuchillo atraviesa su carne...Gritos ahogados del uno, que agoniza, y de la otra que, victoriosa, se yergue triunfante, aún con el cuchillo en la mano, maldiciendo al "barone": "¡Muori! ¡muori!". Scarpia exhala su último aliento y es cuando a Tosca se le viene encima la envergadura del acto que acaba de cometer. Se enjuaga las manos que siente asquerosamente manchadas de sangre. Va de un lado a otro aturdida, en busca del codiciado salvoconducto; se da cuenta de que lo tiene Scarpia en la mano y, temerosa quizás de que el malvado, después de todo, no esté muerto, se lo quita con mucho recelo. Llegados a este punto, he de protestar ¡¡enérgicamente!! acerca de cómo se resolvió el final de esta escena en este montaje.

Vamos a ver. Yo tenía entendido que Tosca, tras cometer este asesinato, se ve asaltada por su conciencia que le hace perdonar a aquel que ahora yace muerto a sus pies y, guiada por un sentimiento religioso, coloca un candelabro a cada lado del cadáver, para velarlo y, sobre el pecho del muerto, un crucifijo. De hecho, hay unos determinados compases que marcan el momento preciso en el que Tosca debe colocar uno y otro candelabro y el crucifijo. Pues bien, en este montaje nuestra Tosca, mientras sonaban dichos compases, ¡se limitó a tratar de recuperar su capa, que había quedado atrapada bajo el cuerpo de Scarpia! Sobran más comentarios.

Al final de este segundo acto Tosca, en lugar de huir despavorida de la habitación (que es como se supone que termina la escena) se derrumba en la silla de Scarpia y allí se queda mientras baja el telón.

Continuará...

(Fuentes: fotopedia.com y www.youtube.com)

sábado, 24 de marzo de 2012

VOCES PARA LA HISTORIA: GEMMA BELLINCIONI

El 15 de mayo del año pasado publiqué una entrada acerca de una de mis óperas favoritas, la "Cavalleria rusticana" de Pietro Mascagni. Por si alguno de vosotros no conoce la obra, os remito a dicho post, que titulé "La cavalleria de Mascagni y otras dos" para una mayor información acerca de cómo se gestó dicha ópera, y a otro al que llamé "Entre Lola y Santuzza" en el que explico de qué va la historia.

Dado que esta pequeña gran joya que es "Cavalleria rusticana" está ambientada en Sicilia, en el siglo XIX, y cuenta una historia de amor y "vendetta", quizá se nos venga a la cabeza como Santuzza a una diva con tanta fuerza dramática como, por ejemplo, María Callas:

"Voi lo sapete, o mamma", con María Callas
(fuente: www.youtube.com)

O a la vehemente y apasionada Waltraud Meier:

"Voi lo sapete, o mamma", con Waltraud Meier
(fuente: www.youtube.com)

Pero ¿quién fue la primera Santuzza? Como ya habéis deducido, claro está, fue Gemma Bellincioni.

Su verdadero nombre fue Matilda Cesira, y nació en Monza, Italia, en 1864.  Era hija del bajo bufo Cesare Bellincioni, e hizo su primera aparición en público en Milán, en 1870, cantando un aria de Luigi Ricci en la comedia de Salvini "Richelieu a los seis años". Continuó frecuentando los escenarios durante su adolescencia, hasta que comenzó estudios serios de canto con su madre. En 1880, mientras se hallaba en Nápoles con su padre, tuvo que sustituir a la soprano solista en la ópera de Pedrotti "Tutti in maschera".

Durante las dos décadas siguientes cantó en numerosas ocasiones en diversos países de Europa y América del Sur, aunque parece que sólo actuó una vez en la Royal Opera House de Londres, en 1895. A pesar de la gran fama que logró alcanzar, nunca llegó a subir al escenario del más famoso teatro de ópera de los Estados Unidos, el New York Metropolitan Opera.

Orquesta (fuente: mutuaspalabras.blogspot.com)

Giuseppe Verdi, el compositor más importante de Italia, había conocido a la Bellincioni en 1886, cuando actuó como Violetta en "La traviata". Verdi quedó impresionado por su capacidad interpretativa; no debió de impresionarle tanto su técnica vocal, puesto que no la eligió para cantar la Desdémona de su "Otello", al año siguiente.De cualquier modo, el estilo un tanto histriónico de la Bellincioni, su acentuada dicción y su imponente presencia en el escenario resultarían ideales para un nuevo estilo dramático de la ópera italiana, que se conocería como "verismo", y que se hizo popular durante la década de 1890; cantó este tipo de música con gran pasión, aunque ni su caudal de voz ni la madurez de su tono eran especialmente grandes.

El 17 de mayo de 1890, Gemma Bellincioni y su marido, Roberto Stagno (un importante tenor siciliano), llevaron a escena por primera vez la ópera clave tanto en la carrera de Mascagni como en el verismo, "Cavalleria rusticana"; representaron, respectivamente, los papeles de Santuzza y Turiddu. Se habían conocido durante una gira por Argentina, en 1886. Al gran éxito de "Cavalleria rusticana" siguieron obras como "L'amico Fritz", también de Mascagni, en 1891; "A Santa Lucia", de Trasca, el mismo año; "Mala vita" y  "Fedora", de Giordano, en 1892 y 1898 respectivamente. Estrenó en Italia la "Salomé", de Richard Strauss, en esta ocasión, junto a un joven y prometedor tenor llamado Enrico Caruso, y fue la primera artista que no se hizo sustituir en la danza de los siete velos. Tuvo ocasión de cantar con figuras de gran relieve, como el citado Caruso, la Donadio y Julián Gayarre.

Anunció su retirada de los escenarios en 1911 para dedicarse a la enseñanza, pero reapareció en 1916 para interpretar de nuevo a Santuzza en una versión de cine mudo de "Cavalleria rusticana" que fue dirigida por Ugo Falena. Todavía en 1920 ofreció algunas actuaciones en los Países Bajos, aunque el paso del tiempo se había hecho notar en su voz. Escribió un manual para cantantes que se publicó en Berlín, en 1912, y una autobiografía, que salió a la luz en Milán, en 1920. Pasó sus últimos años en Nápoles, donde murió el 23 de abril de 1950. Su marido había muerto 53 años antes.

Aun hoy se pueden escuchar reediciones en CD de las grabaciones que realizó para la Gramophone & Typewriter Company y para la firma Pathé, hacia el año 1900. Para entonces, ya había pasado su época de esplendor, lo que no merma el valor artístico y musical de las mismas; se consideran de gran interés histórico, debido a lo tremendamente significativa que fue su carrera. Escuchemos a la que fue la primera Santuzza, en una grabación de 1903:

"Voi lo sapete, o mamma", con Gemma Bellincioni
(fuente: www.youtube.com)

(Fuentes: "Cien grandes cantantes del pasado", de Miguel Patrón Marchand, wikipedia y www.youtube.com)

sábado, 11 de junio de 2011

ANECDOTARIO OPERÍSTICO (III)

El anecdotario operístico da para muchos capítulos, quizá tantos como las mil y una historias que le contó Scherezade al Rey Shahriar. Acerquémonos, una vez más, a esos pequeños relatos surgidos en torno al mundo de la ópera.

Escena de Simon Boccanegra.
Fuente: flickr.com.

Solti murió tal vez del disgusto
Eran los primeros días de julio de 1997, dos meses antes de la muerte del ilustre director húngaro. En el Convent Garden se ofrecía la primera representación de la ópera de Verdi "Simon Boccanegra", dentro del ciclo completo de óperas verdianas que el maestro londinense ofrecía con motivo del inminente centenario del compositor italiano.

El teatro estaba espectante; pasaban dos minutos de la hora fijada para el inicio de la representación; el maestro Solti estaba en el podio y ya levantaba la batuta cuando, detrás de él, de entre la primera fila de butacas de la platea, saltó el mecanismo de un reloj digital y se oyó en toda la sala una voz femenina que dijo claramente en castellano sudamericano: "Son las ocho y tres minutos".

El maestro Solti quedó como petrificado durante unos cuantos segundos, bajó la batuta y después de unos instantes la volvió a levantar. Esta vez nada impidió que arrancara la ópera. Solti murió exactamente dos meses después, el 5 de septiembre, pero no falta quien dice que murió del disgusto por tan intempestiva interrupción. Escuchemos a Antonietta Stella en "Simon Boccanegra": "Come in quest'ora bruna".

Elena Sanz, la "favorita del Rey"
Cuando en 1877 debutó en el Teatro Real la contralto valenciana Elena Sanz, lo hizo cantando el papel de la protagonista de "La favorita", de Gaetano Donizetti, ópera que aparecía mucho por el Real porque había servido para la función inaugural de 1850. La Sanz interpretó junto a Gayarre el papel de la favorita del rey, pero lo que pronto se convirtió en la comidilla de la corte es que un par de años más tarde la realidad había superado a la ficción: Alfonso XII se había enamorado de la cantante. Intervino con decisión y firmeza la reina María Cristina, que dio órdenes para que la "favorita del rey" fuese alejada rápidamente de Madrid y fijara su residencia en París. La paz conyugal ante todo, debió pensar la reina, aunque no tardó en tener otros motivos de preocupación, con una monarca tan aventurero como su esposo. Escuchemos a José Carreras en "La favorita", de Donizetti: "Spirto gentil".

Monumento a Donizetti
en Bérgamo.
Pagando a María Callas en efectivo
Rudolf Bing, que fue empresario del Metropolitan de Nueva York de 1951 a 1972, nunca tuvo muy buenas relaciones con María Callas, cuando la diva greco-americana cantó en el teatro. Pero las peores relaciones fueron con el marido, el tremendo señor Meneghini, quien llevaba los asuntos de su esposa. En una ocasión, irritado Bing por la actitud ávida y codiciosa del marido de la diva, hizo que le pagaran la cantidad estipulada por su contrato en efectivo... y en billetes de un dólar. Meneghini tuvo que llevarse de la administración un enorme e incómodo paquete de dinero.

(Fuentes: "Historias de la Historia de la Ópera", de Roger Alier, http://www.epdlp.com/ y http://www.liberliber.it/).








jueves, 26 de mayo de 2011

VOCES PARA LA HISTORIA: MARGHERITA CAROSIO (MI PEQUEÑO HOMENAJE)

Hoy, 26 de mayo, este blog cumple un mes. Con este motivo quiero, en primer lugar, dar las gracias a todos aquellos que me han dado y me dan ánimos en este empeño que me resulta tan gratificante: a mis amigos y amigas, algunos de los cuales son, además, compañeros de trabajo, de los que surgió el impulso inicial y de los que recibo muy buenas ideas y muchos ánimos; y por supuesto a mis compañeros blogeros, a esos estupendos blogs amigos, todos y cada uno de los cuales contribuyen (a mi entender con gran acierto) a hacer que más gente conozca y ame la música clásica y la ópera, y que podéis encontrar en "Páginas que sigo y recomiendo". Gracias, de corazón, a todos.

Y para redondear este día de celebración, deseo rendir un pequeño homenaje a una soprano que, en su día, fue tan conocida o más que otras de su época, pero a la que el tiempo ha ido quizás dejando un tanto de lado (muy injustamente). Me refiero, por supuesto, a Margherita Carosio. 


Margherita Carosio nació en Génova el 7 de junio de 1908 y murió, también en Génova, el 10 de enero de 2005. Una de las más notables sopranos líricas ligeras de su generación, su cálida y expresiva voz se ha conservado en muchas grabaciones de Parlophone y Ultraphon hechas antes de la Segunda Guerra Mundial, así como en las memorables series para HMV realizadas en Londres a partir de 1946. Escuchémosla en un fragmento de "Una voce poco fa" de "Il barbiere di Siviglia", de Rossini:


Hasta que me puse a indagar para escribir este artículo, no había oído cantar a Margherita Carosio, y ha sido para mí una gratísima sorpresa. Ya comenté en otra ocasión que, en mi modesta opinión, quien canta como nadie "Una voce poco fa" es Victoria de los Ángeles; sigo pensándolo, pero Margherita Carosio no se le queda muy atrás (siempre desde mi gusto personal, claro): obsérvense qué agudos ¡parece un pájaro! y qué manera de frasear, sin esfuerzo, sin buscar el mero "lucimiento" sino, simplemente, sintiéndose cómoda, subiendo y bajando de tono con una facilidad pasmosa. Como he dicho más arriba, creo que la historia operística la ha dejado de lado muy injustamente.

Continuando con sus datos biográficos, hay que decir que era hija de un profesor de canto y compositor, Natale Carosio, que no sólo supervisaba sus estudios, sino que lanzó su carrera en conciertos públicos cuando la muchacha tenía catorce años de edad. Margherita dijo una vez de su padre: "Todo lo que sé se lo debo a él. Yo le decía a él: 'Yo soy buena lana, pero tú eres un extraordinario tejedor'".

En 1924, con sólo dieciséis años, hizo su debut operístico como Lucía en "Lucia di Lamermoor", de Donizetti, en el Teatro Cavour, en Novi Ligure. Poco después, fue recomendada por la soprano irlandesa Margherita Sheridan para cantar el papel de Fiódor en "Boris Godunov", de Mussorgsky, en el Convent Garden, junto a Fiodor Chaliapin. Ella, al igual que el resto de la compañía, cantó en italiano, salvo Chaliapin, que cantó en ruso; el coro cantó en francés. Más tarde, Margherita diría que trabajar con el gran bajo ruso le hizo darse cuenta de lo que significaba no sólo interpretar un personaje, sino convertirse en él.

En 1928, a los diecinueve años de edad, la Carosio interpretó el papel de Musetta en "La bohème", de Puccini, y de nuevo con Fiódor Chaliapin, en el Convent Garden. Sin embargo, no regresaría a Londres hasta después de la Segunda Guerra Mundial, en 1946, como estrella de la compañía invitada San Carlo de Nápoles; en esta ocasión, cantó una particularmente enfermiza Violetta en "La traviata" de Verdi. Había sido muy admirada por aquellos que la habían visto interpretar este papel en Nápoles. Elegante, bonita, pequeña, y con una suerte de encanto mezclado con patetismo, la candorosa cara de la Carosio se popularizó en medio mundo. Más tarde, apareció con una compañía italiana como la caprichosa Adina, en "L'elixir d'amore", de Donizetti, que también cantaría en La Scala y que grabó para EMI. Escuchémosla en "La traviata":


Cuánto dolor contenido, qué melancólica tristeza... es un lamento íntimo, solitario, que canta sólo para sí misma, en la terrible, en la absoluta soledad de su alcoba. En los tonos agudos parece que va a romper a llorar... Parece que hubiera ido a buscar ese dolor profundo que todos llevamos en el fondo del alma, y lo hubiese transformado en palabras y música... Me resulta una Violetta absolutamente creíble, con un tono enfermizo, frágil, y con una delicadeza exquisita.

Continuemos con su historia. Muy pronto, la Carosio fue recorriendo toda Italia, en papeles para los que se requería su voz luminosa y llena de color, en particular la Amina de "La sonnambula", de Bellini, Norina, del "Don Pasquale" de Donizetti y Konstanze de "Die Entführung aus dem Serail" de Mozart. En La Scala debutó como Óscar, en "Un ballo in  maschera", de Verdi, y más tarde hizo una encantadora Filina en "Mignon", de Thomas. Cantó muchos papeles en La Scala, todos con gran éxito. Tal vez su más destacable papel protagonista en esta época fue Rosina, de "Il barbiere di Siviglia", de Rossini. También se atrevió con un repertorio más arriesgado, como la Zerlina del "Fra Diavolo" de Auber, la Reina de Shemakhan de "El gallo de oro", de Rimsky-Korsakov o el papel principal de "The Nightingale", de Stravinsky. En La Scala interpretó a Aminta en las primeras representaciones en Italia del "Die schweigsame Frau", de Richard Strauss, a Volkhova en "Sadko", de Rimsky-Korsakov y a Egloge en el estreno mundial de "Nerón", de Mascagni, el 16 de enero de 1935 (estreno en el que acaparó todos los reseñas, tal fue su éxito). Continuó apareciendo en La Scala hasta 1955. Aquí tenemos un fragmento del estreno de "Nerón", de Mascagni:


Desgraciadamente, a Margherita Carosio se la recuerda hoy más como aquella cantante cuya indisposición, en enero de 1949, llevó a María Callas a tener que aprenderse en cinco días el papel principal, Elvira, de "I puritani", de Bellini, mientras estaba interpretando a Brünnhilde en "Die Walküre", de Wagner, en el Teatro La Fenice de Venecia. Esta hazaña causó sensación e hizo historia operística. También hizo que el público se diera cuenta que el bel canto podía ser interpretado por voces más "oscuras" que podían igualmente realizar las "florituras" de este tipo de canto y, en última instancia, dio lugar a un "resurgimiento del bel canto", que duró varias décadas. Este "resurgimiento" tuvo como consecuencia que voces como la de Margherita Carosio cayeran en el olvido, aunque la expresividad suave, la tierna elegancia y el encanto de su voz pueden (y deben) apreciarse en cualquier época. Aunque ensombrecida por la Callas, la Carosio merece también, en mi opinión, un lugar de honor en la historia de la ópera.

Más tarde, destacó en papeles más líricos, como los de Mimí y Violetta; la pureza de su tono y la capacidad para transmitir una convincente vulnerabilidad, eran muy apropiadas para este tipo de personajes. En 1954 regresó a La Scala para el estreno de "Amelia al ballo", de Gian Carlo Menotti, que también grabó.

Tuvo una breve carrera en el cine italiano, e incluso recibió una oferta de MGM para ir a Hollywood, oferta que rechazó debido a sus muchos compromisos. Se retiró del escenario operístico en 1959 y, durante los cuarenta años siguientes ejerció de periodista y crítico de música en su ciudad natal, donde murió, el 10 de enero de 2005. Vaya desde aquí, mi profunda admiración.

Dedico este artículo a una querida amiga mía que hoy cumple años. Muchas felicidades.

(Fuentes: wikipedia, flickr.com y www.youtube.com).

jueves, 19 de mayo de 2011

VOCES PARA LA HISTORIA: LA DIVINA

Nacimiento y primeros pasos
Anna María Kaikilía Kalogeropoúlou era hija de Evangelina Dimitriadis y George Kalogeropoulos, una pareja de emigrantes griegos que llegaron a Estados Unidos en agosto de 1923 y se asentaron en Nueva York. María nació el 2 de diciembre de ese mismo año.

Fuente: artelista.com.

En 1929 George Kalogeropoulos, farmacéutico de profesión, abrió un negocio familiar en el barrio griego de Manhattan. Por la complejidad de su apellido, lo cambió por el de Callas. Tras la separación de sus padres, María viajó a Grecia en 1937 con su madre y su hermana, volviendo a adoptar su apellido original.

Comenzó su formación en el Conservatorio Nacional de Atenas y, para inscribirse, tuvo que falsear la edad, ya que no tenía los 16 años mínimos requeridos. Estudió con las sopranos María Trivella y Elvira Hidalgo; esta última la formó en la tradición del bel canto. En 1938 hará su debut no profesional como Santuzza en "Cavalleria rusticana", en Atenas.

La relación entre María y su madre era difícil. La madre presionaba a María con las clases, y solicitaba a sus profesores que le informasen de todos sus avances; por otro lado, comparaba a María con su otra hija, calificándola de "gorda", poco agraciada y únicamente atractiva por su voz. Años después, María confesaría a la prensa que su madre la apoyó solamente para tener algún sustento económico y que nunca se había sentido querida por ella.

En 1941 María Callas debutó profesionalmente con la opereta "Boccacio", en el Teatro Lírico Nacional de Atenas. Su primer éxito llegó en 1942 con Tosca, en la Ópera de Atenas. También en Atenas cantó "Fidelio", "Tiefland" y, de nuevo, "Cavalleria rusticana". En 1944, María decide volver a los Estados Unidos para encontrarse con su padre.

María Callas mostró tener un carácter muy fuerte y determinante en sus decisiones, que se evidenciaría en el trato con su madre y, más tarde, con Aristóteles Onassis. Fue mítica su rivalidad con Renata Tebaldi. Su voz en los pianos era bellísima, pero acusaba un timbre metálico (muy característico) que no sabía anular con técnica; en ciertos momentos, parecía como si la voz se le "oscureciera", se le "velara". En sus tiempos fue llamada "soprano assoluta". La rápida pérdida de peso en la mitad de su carrera, el cambio constante de repertorio tan variado y a la vez sus problemas personales, son citados como posibles causas del deterioro de su voz.

Consolidación y plenitud
En 1949 María se casa con Giovanni Battista Meneghini (1896-1981), treinta años mayor que ella, al que había conocido durante un viaje a Italia y que sería decisivo en su incipiente carrera. Ese mismo año hace su debut americano en el Teatro Colón de Buenos Aires como "Turandot", "Aída" (sólo una función, reemplazando a Delia Rigal) y "Norma", dirigidas por Tulio Serafin, secundada por Mario del Mónaco, Fedora Barbieri y Nicola Rossi-Lemeni. Escuchémosla en "Norma", de Bellini: "Casta diva"; fuente: www.epdlp.com.

Fuente: fotopedia.com.
En Venecia se iba a representar "I puritani", de Vincenzo Bellini, con Margherita Carosio en el papel de Elvira. Pero sucedió que la Carosio se puso enferma, y el director musical del teatro decidió que la Callas sería la mejor elección para sustituirla. Se le dio una semana para aprender la ópera entera, una semana que además incluía tres representaciones de "Die Walküre". Después de la primera representación de "I puritani" el 19 de enero de 1949, María Callas se convirtió en "la voz de Italia".

Se le ofreció un papel (que Renata Tebaldi no podía realiar) en "Aída", de Giuseppe Verdi, en La Scala de Milán, el teatro más importante del país. María y Meneghini esperaban un gran éxito, pero cuando comenzaron las representaciones, el 12 de abril de 1950, la acogida del público italiano fue fría y la Callas, en un arrebato de cólera, dejó la obra inconclusa tras terminar el segundo acto. Para la segunda representación, el 7 de diciembre de 1950, La Scala se rindió a María Callas, éxito que dio origen a su seudónimo "La Divina".

Mujer muy alta y corpulenta, entre 1953 y 1954 María Callas bajó más de treinta y seis kilos. Cuando reapareció como la tísica Violetta de Luchino Visconti de "La Traviata", en un primer momento, ni el director orquestal Carlo María Giulini la reconoció. Era "otra mujer" y Visconti había hallado la cantante-actriz ideal para sus cinematográficas escenificaciones.

En 1955 canta una "Norma" que adquirirá estatus legendario, junto a Giulietta Simionato y Mario del Mónaco, dirigida por Antonino Votto y en Berlín, junto a Herbert von Karajan, canta una "Lucia di Lamermoor" histórica para la reapertura de la Deutsche Oper Berlin. El delirio del público hace que se deba repetir el sexteto del segundo acto.

En 1956 María debuta en el Metropolitan Opera House de Nueva York con Norma, de Vincenzo Bellini. De ese mismo año, escuchémosla en "Il barbiere di Siviglia", de Rossini: "Una voce poco fa"; fuente: www.liberliber.it. En 1957 tiene lugar la histórica exhumación de "Anna Bolena", de Donizetti, en La Scala, dirigida por Lucino Visconti, y la igualmente histórica "La sonnambula", de Bellini. Durante la gira de la compañía, primero a Colonia y luego a Edimburgo, ante el éxito de las representaciones de "La sonnambula", se agrega una quinta función a las cuatro programadas. María, con toda razón, aduce no estar contratada y se marcha a Venecia donde, en una fiesta que celebraba su amiga Elsa Maxwell, conoce al magnate Aristóteles Onassis.

Un año legendario: 1958
El 27 de marzo de 1958 María cantó en Lisboa, junto al joven tenor canario Alfredo Kraus, una de las representaciones más aclamadas de "La Traviata", de Verdi. Esta función, dirigida por Franco Ghione, es considerada, pese a su sonido precario, como la mejor grabación de es ta ópera. Escuchemos, de esta representación: "Addio del passato"; fuente: www.verdidisco.de. Se conservan, por puro azar, fragmentos filmados de dicha función (fuente: www.youtube.com):

María Callas y Alfredo Kraus en "La Traviata"
Lisboa, 1958.

También de 1958, existe una grabación en vivo (sólo en audio) de "Medea", de Luigi Cherubini: "Figli miei, miei tesor"; fuente: www.liberliber.it.

En 1959, María Callas dejó a su marido por el magnate griego naviero Aristóteles Onassis, con el que vivió una tortuosa relación sentimental. Llegó a retirarse de la escena durante un breve tiempo y, a su regreso, por falta de práctica y excesiva vida social, era evidente que su voz había perdido fuerza y que mostraba signos de decadencia. Fruto de su relación con Onassis, en 1960 dio a luz un niño, al que llamó Omero y que vivió tan sólo unas horas. En 1965, vuelve al Met con dos funciones de "Tosca". Escuchémosla en dos arias de otras dos óperas de Puccini:
Con la esperanza de que Onassis le propusiera matrimonio, en 1966 la Callas renuncia a la ciudadanía estadounidense y toma la nacionalidad griega (con lo que, técnicamente, anulaba su matrimonio con Meneghini). Sin embargo Onassis, tan sólo dos años después, la abandona repentina y abruptamente para casarse con Jacqueline Kennedy, la viuda del presidente norteamericano John Fitzgerald Kennedy, asesinado en Dallas. Callas, herida en lo más profundo de su orgullo, nunca pudo superar el abandono de Onassis y jamás se lo perdonó, a pesar de que éste la buscaría después repetidas veces.

María Callas, que se había instalado en París, volvió a los escenarios en 1973 con Giuseppe di Stefano. Por primera vez en ocho años volvía a cantar en público. Con apenas vestigios de su proverbial voz, quedó claro que su regreso iba a ser un rotundo fracaso.

El 16 de septiembre de 1977, María se despertó en su casa de París. Desayunó en la cama y fue al cuarto de baño. Tenía un dolor punzante en el costado izquierdo y se desmayó. Fue llevada de nuevo a la cama y bebió un café fuerte. El médico acudió rápidamente pero, antes de que llegara, María murió. Su funeral tuvo lugar el 20 de septiembre, y su cuerpo fue incinerado en el cementerio parisino de Père Lachaise. Oficialmente murió de una "crisis cardíaca", pero no se descarta que se suicidara ingiriendo una dosis masiva de tranquilizantes. Su urna fúnebre fue robada y encontrada unos días más tarde; tras su recuperación, se dispersaron sus cenizas en el mar Egeo.

Para terminar, me quedo con una frase del musicólogo Kurt Pahlen, "...su canto asemeja una herida abierta, que sangra entregando sus fuerzas vitales... como si ella fuese la memoria del dolor del mundo...".

(Fuente: wikipedia).

domingo, 15 de mayo de 2011

¿QUÉ ES ESO DE LA "ÓPERA"?

Teatro Comunale.
Fuente: flickr.com.
Hablamos de esta ópera, de aquella pero... ¿qué es la ópera? ¿cuál es su origen? Indagemos un poco...

Definición y origen
La voz ópera (del italiano opera, "obra") designa un género de música teatral en el que una acción escénica es cantada y tiene acompañamiento instrumental. Los precursores formales de la ópera hay que buscarlos en la tragedia griega y en los intermedios del siglo XV (pequeñas piezas musicales que se insertaban durante las representaciones teatrales).

Dafne, de Jacobo Peri (1561-1633), fue la primera composición considerada como ópera, tal como la entendemos hoy. Una obra posterior de Peri, Euridice (1600), es la primera ópera que ha sobrevivido. Pero el honor de ser la primera ópera que aún se representa regularmente le corresponde a L'Orfeo (1607), de Claudio Monteverdi (1567-1643).

Época barroca
Poco a poco la ópera, que empezó siendo un asunto reservado a las clases nobles, fue convirtiéndose en un espectáculo para el público en general. Fue en el año 1637 cuando surgió en Venecia la idea de una "temporada" de óperas de asistencia abierta a todo el público.

En las primeras óperas barrocas, la comedia fue combinada con elementos trágicos en una mezcla que sacudió algunas sensibilidades educadas; apareció entonces el primero de varios movimientos reformistas de la ópera, a partir del cual la ópera seria se convirtió en la forma dominante de ópera italiana hasta finales del siglo XVIII, y la comedia tuvo un desarrollo separado, reservándose para la que sería conocida como ópera buffa (que derivó en parte de la commedia dell'arte, una larga y floreciente etapa de la tradición italiana).

La ópera seria fue elevada en tono y forma, dando grandes oportunidades para el virtuosismo vocal, con lo que el cantante se convirtió en estrella. Altamente demandados a lo largo de toda Europa mientras la ópera seria dominó los escenarios de cada país (excepto Francia), los papeles de héroe fueron usualmente escritos para la voz de castratos, tales como Farinelli (1705-1782) y Senesino (1685-1759); del mismo modo, los papeles de heroína lo fueron para las sopranos, como Faustina Bordoni (1697-1781); de hecho, Farinelli fue el cantante más famoso del siglo XVIII.

La ópera italiana fijó el estándar barroco. Los libretos italianos fueron la norma, incluso para compositores alemanes como Haëndel (1685-1759), y continuaron dominando el período clásico, por ejemplo, con las óperas de Mozart (1756-1791).

Bel Canto
El movimiento operístico conocido como "bel canto", floreció a principios del siglo XIX, siendo ejemplificado por las óperas de:
Dentro del "Bel canto", una estilo más directo y vigoroso fue rápidamente popularizado por Giuseppe Verdi (1813-1901), comenzando con su ópera bíblica "Nabucco" (1842), que se convirtió en un icono del movimiento patriótico en la era post-napoleónica. A principios de la década de 1850, Verdi produjo sus tres óperas más populares: "Rigoletto" (1851), "Il trovatore" (1853) (fragmento: "Di quella pira"; canta: Plácido Domingo; fuente: www.youtube.com) y "La traviata" (1853). Su carrera culminó con dos trabajos inspirados en Shakespeare: "Otelo" (1887) y "Falstaff" (1893); de esta última, escuchemos y veamos a Barbara Hendricks cantando el aria de la reina de las hadas de "Falstaff" (fuente: http://www.youtube.com/):


Luego de Verdi, el estilo realista del "verismo" fue introducido por Pietro Mascagni con su "Cavalleria rusticana" y por Ruggero Leoncavallo, con su "I pagliacci". Dicho estilo llegó a dominar los escenarios de ópera mundiales con obras tan populares como "La bohème", "Tosca" y "Madama Butterfly", de Giacomo Puccini.

Ópera Alemana
"La Flauta Mágica" (1791), de Mozart, se encuentra al frente de la tradición de la ópera alemana, que fue desarrollada en el siglo XIX por Beethoven (que escribió una sola ópera, Fidelio), Weber, Marschner y Wagner. De "La Flauta Mágica" el "Aria de la reina de la noche"; fuente: http://www.youtube.com/:


Ópera Francesa
Rivalizando con producciones importadas de la ópera italiana, se desarrolló una tradición francesa separada, cantada en francés influenciada, eso sí, por el bel canto de Rossini y otros compositores italianos. La ópera francesa con diálogo hablado es conocida como ópera-comique, indistintamente de su contenido; tuvo su auge entre los años 1770 y 1880, y una de sus representantes más conocidas fue "Carmen"(1875), de Bizet. Veamos un fragmento (canta: Jonas Kauffman; fuente: http://www.youtube.com/):


En cuanto a la Grand Opéra francesa, sus elementos aparecieron por primera vez en Guillaume Tell (1829), de Rossini, y Robert le Diable (1831), de Meyerbeer. Se caracteriza por tener decoraciones lujosas y elaboradas, un gran coro, una gran orquesta y un número elevado de personajes.

En la segunda mitad del siglo XIX Jacques Offenbach creó la opereta (1819-1880), con obras como "Orphée aux enfers" (1858) y "Les contes d'Hoffmann" (1881). A esta época pertenece también el "Werther" (1892) de Jules Massenet (1842-1912). Veamos y escuchemos a Alfredo Kraus cantanto "Il était une fois..." de "Les contes d'Hoffmann" (fuente: www.youtube.com):

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La ópera llegó también a otras partes del mundo, desde Rusia hasta América Latina, pasando por España. En nuestro país, a título de ejemplo, podemos citar la ópera "Marina" (1855), de Emilio Arrieta (1821-1894). Una vez más, canta Alfredo Kraus (fuente: http://www.youtube.com/):


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El teatro musical ha continuado evolucionando hasta nuestros días, de muy diversas formas, adaptándose a tendencias y gustos muy diversos que, modernamente, se apartan bastante (creo yo) de la concepción que uno puede tener de una ópera "al uso". Pero así son los tiempos.

(Otras fuentes: wikipedia).

viernes, 29 de abril de 2011

DISCOGRAFÍA Y GRABACIONES EN VÍDEO DE: TOSCA


Giacomo Puccini.
Fuente: fotopedia.

Tosca

Música: Giacomo Puccini.
Libreto: Luigi Illica y Giuseppe Giacosa, a partir de la obra "La Tosca", de Victorien Sardou.
Estreno: Teatro Constanzi de Roma, 12 de enero de 1900.

Grabaciones en audio:
La primera que aparece en la lista está considerada como la mejor grabación de Tosca en disco. Desde luego, es un auténtico referente. A mí es la que más me gusta (en audio); escuchándola, uno se asombra de que a la Callas no le gustase Puccini (no, no le gustaba), pues canta e interpreta con tal convicción y fuerza que, aunque sólo la oímos, nos metemos de lleno en la historia aún sin necesidad de imágenes. ¡Y qué decir de Tito Gobbi! voz rica, potente, llena de la malignidad de este a mi parecer inigualable Scarpia. En cuanto a Giuseppe di Stefano, es un romántico y desgarrado Mario que no desmerece con respecto a la Callas ni a Gobbi.

EMI, 1953
Coro e Orchestra del Teatro alla Scala. Dir.: Víctor de Sabata.
Intérpretes: Maria Callas, Giuseppe di Stefano, Tito Gobbi.
He aquí un fragmento: "Recondita armonia" canta: Giuseppe di Stefano; fuente: www.epldp.com.

DECCA, 1962
Wiener Staatsopernchor / Wiener Philharmoniker. Dir.: Herbert von Karajan.
Intérpretes: Leontyne Price, Giuseppe di Stefano, Giuseppe Taddei, Carlo Cava.

EMI, 1965
Choeurs du Theatre National de l'Opéra de Paris / Orchestre de la Société des Concerts du Conservatoire. Dir.: Georges Prêtre.
Intérpretes: Maria Callas, Carlo Bergonzi, Tito Gobbi, Leonardo Monreale.

RCA, 1973
John Alldis Choir / London Philharmonic Orchestra. Dir.: Zubin Mehta.
Intérpretes: Leontyne Price, Plácido Domingo, Sherrill Milnes, Clifford Grant.

PHILIPS, 1976
Orchestra of the Royal Opera House, Covent Garden. Dir.: Sir Colin Davis.
Intérpretes: Montserrat Caballé, José Carreras, Ingvar Wixell, Samuel Ramey.

D.G. 1980
Chor der Deutschen Oper Berlin / Schöneberger Sängerknaben / Berliner Philharmoniker. Dir.: Herbert von Karajan.
Intérpretes: Katia Ricciarelli, Josep Carreras, Ruggero Raimondi, G. Hornik.

D.G. 1990
Children's Chorus / Chorus of the Royal Opera House / Covent Garden Philharmonia Orchestra. Dir.: Giuseppe Sinopoli.
Intérpretes: Mirella Freni, Plácido Domingo, Samuel Ramey, Bryn Terfel.

Grabaciones en vídeo:

Me quedo con una Tosca en vídeo de la que sólo se conserva, desgraciadamente, el segundo acto. Es del año 1962, una grabación en vivo en el Convent Garden, con María Callas, Tito Gobbi y Renato Cioni. A continuación, la primera parte de dicho segundo acto (fuente: http://www.youtube.com/): 

 

Existe también una grabación con Catherine Malfitano, Plácido Domingo y Ruggero Raimondi, del año 1992, rodada en los escenarios reales en los que se supone que tiene lugar la historia. El director es Zubin Mehta, con la orquesta es la sinfónica y coro de  Roma de la RAI. Esta Tosca tiene sin duda muchas dotes vocales, pero en cuanto a actuar... ¡uf! para mi gusto sobreactúa muchísimo, la veo, por lo menos aquí, muy exagerada. En cuanto a Plácido Domingo, se nota que se siente como pez en el agua en el papel (vaya usted a saber cuantísimas veces ha representado esta ópera). Pero el que está mejor de los tres, sin duda alguna, es Ruggero Raimondi ¡qué Scarpia! ¡qué miedo da!. Merece la pena ver esta grabación sólo por él. He aquí un fragmento (fuente: http://www.youtube.com/):



Por señalar alguna más actual, está también la realizada por el director Benoit Jacquot en el 2000, con Angela Gheorghiu, Roberto Alagna y, de nuevo, Ruggero Raimondi. A mí me resulta un tanto "extraña"; está concebida de modo que unas veces aparecen los cantantes en un estudio de grabación, y otras representando tal y como lo harían en un teatro. Personalmente, este contínuo "ir y venir" me distrae mucho. Veamos un fragmento (fuente: http://www.youtube.com/):

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