Bienvenido

Bienvenido, amable navegante, a mi pequeño rincón. Si has llegado hasta aquí es que, como poco, sientes curiosidad por la ópera. Quizá seas un experto. Quizá sólo has echado un somero vistazo a este tema y te preguntas qué es lo que mueve a un aficionado a la ópera. O quizá, ni lo uno ni lo otro... ¿qué más da?.

Ante todo, he de decir que ni soy una erudita en esta materia ni lo pretendo. Este blog quiere servir, simplemente, de lugar donde reflexionar, donde compartir experiencias, opiniones, sentimientos, etc., acerca de un mundo que para mí es muy enriquecedor.

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jueves, 27 de diciembre de 2012

ENDIABLADAMENTE BELLAS (III)


Cartel del estreno de "Mefistófeles", de Arrigo Boito


A pesar de que Arrigo Boito ha pasado a la historia operística principalmente como libretista ("Otello", de Verdi, "La Gioconda",  de Ponchielli) también fue compositor (véase otra entrada de este mismo blog: Los libretistas: Arrigo Boito); "Mefistófeles" es la única de sus óperas que ha sobrevivido dentro del repertorio, y la tercera de las versiones líricas de la historia de Fausto que vamos a ver.

El Acto Primero comienza en las regiones etéreas, donde habitan los espíritus que subyacen a la realidad física, un coro de ángeles entona alabanzas a Dios. Su canto es interrumpido por la súbita aparición de Mefistófeles que, en tono burlón, ridiculiza al hombre, al que tacha de arrogante y al que, afirma, no merece la pena tentar; con una sola excepción: Fausto, ferviente servidor del Altísimo. En nombre de Dios, los ángeles aceptan una apuesta en la que Mefistófeles asegura que logrará hacerle caer.

Descendamos ahora a la Tierra pero, antes de acudir al gabinete de Fausto, vayamos a las puertas de la ciudad de Frankfurt del Maine. Es el domingo de Pascua y, mientras los burgueses pasean y los estudiantes beben y ríen, un siniestro monje gris se infiltra entre la multitud. Aparece Fausto, que pasea junto a su discípulo, Wagner. Fausto advierte que las huellas que deja a su paso el enigmático monje son de fuego.

De noche, a solas en su laboratorio, Fausto medita, con un Evangelio abierto ante él. En medio de la pesada soledad que le envuelve, hace su aparición el misterioso monje gris que viera horas antes, y que no es otro que el mismísimo Mefistófeles. Escuchemos a un aterrador Samuel Ramey, presentándose a sí mismo como "el espíritu que niega...":


Soy el espíritu
que siempre niega todo,
la estrella, la flor.
Mis muecas maliciosas alteran
el dulce reposo del Creador.
Deseo el vacío y la aniquilación
de la creación.
El medio en el que
mejor me desenvuelvo
es lo que llamáis
pecado...
¡pecado, muerte y mal!
Río y grito esta sílaba:
"No"
Destruyo, tiento, rujo, susurro:
"No"
Engaño,
destruyo, tiento, rujo, susurro:
¡Silbo! ¡Silbo! ¡Silbo!
¡Eh!
(silba violentamente)

Soy una parte de un residuo
que otrora fuera el Todo: las tinieblas.
Surgí de sus entrañas
y a ellas volveré.
Aunque la luz usurpe mi cetro
y mi poder,
no será una
afrenta eterna.
¡El Sol!
¡El Sol y la Tierra,
están abocados a su destrucción!
Río y grito esta sílaba:
"No" etc.
(silba violentamente)(*)

Fausto, hombre devoto que ha llevado hasta entonces una vida de soledad y retiro, se siente tentado por el infinito poder de Mefistófeles. Ansioso por conocer la verdad sobre sí mismo y sobre el mundo, el doctor firma un pacto con este siniestro personaje; con tal de vivir un solo instante que mereciera prolongarse eternamente, Fausto está dispuesto a que, después de su muerte, a su alma se la trague el averno. Firmada la siniestra alianza, y transformado el anciano Fausto en un joven, él y Mefistófeles se van a recorrer el mundo en busca de ese ansiado instante.

Vayamos ahora al Acto Segundo. El Cuadro Primero se desarrolla en un jardín de apariencia rústica. Vemos a Fausto (que se oculta bajo el nombre de Enrique) y a Margarita paseando, mientras Mefistófeles distrae a la vecina de la muchacha, Marta. Esta vez no hay serenata diablesca al pie de la ventana. Enrique (Fausto), que a toda costa quiere seducir a Margarita, le proporciona un bebedizo para dormir a su madre, que vive con ella.

En el Cuadro Segundo, la acción se traslada al valle de Schirk, dominado por la Cabeza de Brocken, el monte de las brujas. Mefistófeles ha conducido hasta allí a Fausto para que presencie un aquelarre, que le dará idea del alcance real de su poder. Brujas y trasgos, monstruos y diablos rodean a Mefistófeles que entona, bravucón, un aria en la que se vanagloria del inmenso poder que tiene sobre el mundo (representado por un globo de cristal que sostiene en su mano), aunque los habitantes del mismo no sean conscientes de ello. De nuevo, Samuel Ramey:


 Ved aquí el mundo:
una esfera vacía,
que se eleva y desciende,
girando y brillando,
cantando y bailando,
viajando en torno al sol.
Tiembla y ruge, crea y destruye,
aquí está el mundo.
Sobre su ancha
y antigua corteza
habita una raza
tan malvada
como loca,
salvaje, despiadada,
astuta y  feroz,
dotada de un odio autodestructor
que arrasa
alturas y simas.
Toman a Satanás por una ficción,
se burlan del cielo
y hacen mofa del infierno.
¡Oh, Dios, que absurdo!
¡No puedo menos que reír
al pensar como les engaño!
¡Ja! ¡ja! ¡ja! ¡ja!
¡Aquí tenéis vuestro mundo!
¡Aquí tenéis vuestro mundo!

En el Acto Tercero, vemos a Margarita, que yace tendida en el suelo de una lúgrube celda. Enseguida comprendemos el porqué de su presencia allí: en su delirio, la muchacha nos hace saber que, al verse abandonada por el hombre que ama, ha matado a su propia madre y al niño que ha tenido de Fausto, por lo que ha sido condenada a muerte. Fausto, decidido a salvarla, llega hasta aquel oscuro lugar con Mefistófeles. Cuando parece que Fausto ha convencido a Margarita para que le siga fuera, lejos de allí, la muchacha, separándose bruscamente de su amado, suplica a Dios perdón por sus pecados. Y, a pesar de que Mefistófeles afirma que ya está condenada, las falanges celestiales acuden en su auxilio exclamando: "¡Está salvada!". 

El Acto Cuarto se desarrolla en el río Peneos, en la Grecia clásica. La luna ilumina la escena con una luz encantadora. Es la noche de aquelarre y, en medio de una nube de personajes mitológicos, Fausto rinde tributo de admiración a Elena de Troya; ambos, en una delirante ensoñación, hablan de vivir juntos en un valle tranquilo, y de que su hogar será la gruta de las ninfas...
En el Epílogo, volvemos al gabinete de Fausto, aunque se nota que ha pasado el tiempo.Voces mágicas se esparcen por la habitación. Mefistófeles se ha colocado al acecho de Fausto, que ha vuelto a envejecer. Con el Evangelio abierto ante él, como en el primer acto, Fausto medita acerca de mundo que, a través de Mefistófeles, ha conocido y se da cuenta de que la realidad no era sino dolor, y el ideal, un sueño. Su deseo se orienta hacia un país infinito, hacia una tierra de paz a la que querría consagrar el resto de su vida. Mefistófeles, temeroso de perder, al final, aquella alma, trata de atraer hacia sí a Fausto, recordándole los placereres que otrora le mostrara; pero aparecen de nuevo las falanges celestiales que, ante la indignación del diablo, conducen el alma de Fausto hacia la salvación.

(*) Dicho sea a modo de inciso, este aria me recuerda al: "Credo in un Dio crudel..." que canta Iago en el segundo acto del Otello de Verdi. Y creo que no en vano, puesto que el libreto de dicha ópera fue compuesto, también, por Arrigo Boito.


NOTA: He de aclarar que, a pesar de que en la primera de esta serie de entradas dije que iba a hablar no sólo de óperas, sino también de obras no operísticas que tratasen el tema del diablo, he creído prudente terminar (por ahora) con este tema, pues no quiero cansaros.

domingo, 25 de marzo de 2012

LOS LIBRETISTAS: ARRIGO BOITO

Suele suceder que, en lo que se refiere a la paternidad de una ópera, el nombre que se nos suele quedar grabado con mayor fuerza es el de aquel que compone la música. Escuchamos, por ejemplo: "La donna è mobile..." e, inmediatamente, pensamos en Verdi. Pero, ¿qué hay de aquellos que elaboran el texto que acompaña a la música? Veamos hoy a Arrigo Boito.

Padua (fuente: pt.fotopedia.com)

Arrigo Boito, nacido en Padua, el 4 de febrero de 1842, fue un refinado poeta italiano que consiguió como libretista (a veces bajo el seudónimo de Tobia Gorrio, anagrama de su propio nombre) la fama que no logró alcanzar como compositor. De joven ingresó, a instancia de su madre, la condesa polaca Josephine Radolinska, en el Conservatorio de Milán, donde recibió lecciones de composición, piano y violín del maestro Alberto Mazzucato quien, años más tarde, fue director de la Orquesta de La Scala de Milán. Durante su paso por el conservatorio, y en colaboración con su colega de estudios y futuro director de orquesta Franco Faccio compuso "Mefistofele", ópera basada en el "Faust" de Goethe.


Estatua de Goethe en Leipzig (fuente: fotopedia.com)


El mito de Fausto ha sido musicalizado en varias ocasiones: por Louis Spohr, en su ópera, "Faust" (1816); por Richard Wagner, en su "Obertura de Fausto" (1844) ; por Héctor Berlioz, en "La Dammnation de Faust" (1846), por Charles Gounod, en su ópera "Faust" (1859); y posteriormente, ya en el siglo XX, por Ferruccio Busoni en su ópera "Doktor Faust" (1916). 

Richard Wagner, "Obertura de Fausto"
(fuente: www.youtube.com)

El "Mefistofele" de Arrigo Boito hace su presentación el 5 de marzo 1868, en La Scala de Milán. El estreno resulta hasta tal punto un fracaso que al cabo tan sólo de dos representaciones, la ópera tiene que ser retirada. Boito trabaja en una nueva versión, en la que reduce notablemente la duración de la obra y reescribe para tenor el papel de Fausto, que en la versión anterior correspondía a un barítono. El estreno de esta nueva versión, que tuvo lugar en Venecia, el 13 de mayo de 1876, sí que tuvo éxito; de cualquier modo, durante los años siguientes, Boito se dedica principalmente a la poesía y a la escritura de libretos para otros compositores.

En Milán, Boito se había asociado con la Scapigliatura, movimiento "bohemio" que valoraba una obra en función de su capacidad para eliminar barreras entre las distintas artes; en los libretos de Boito, este principio se hace evidente en su inclinación hacia la expresión verbal elaborada y en su gran habilidad para poner de relieve los aspectos oscuros de la naturaleza humana; muestra de ello es lo escalofriante que resulta su personificación de Iago en el "Otello" (1887) que escribió para su gran amigo Giuseppe Verdi. Escuchemos la devastadora: "Credo in un dio crudel...", en la que se concentra toda la escencia burlonamente malvada de Iago. Y no me resisto a dejaros un vídeo con esta misma aria, en la demoledora interpretación del gran Renato Bruson:

"Credo in un dio crudel...", Teatro Real de Madrid
(fuente: www.youtube.com)

Como libretista, Boito estuvo principalmente ligado a Verdi para quien escribió, además, los textos de "Simon Bocannegra" y "Falstaff". No obstante, creó también libretos para otros compositores, como "La gioconda", para Ponchielli o "La Falce", para Alfredo Catalani. 

Como músico, su producción es escasa. Dejó incompleta otra ópera, "Nerone", que fue terminada tras su muerte por Arturo Toscanini y Vicenzo Tommasini, y se estrenó en La Scala en 1924. Sin embargo, es "Mefistofele" la única de sus obras que actualmente se representa con alguna regularidad; el Preludio, ambientado en el Cielo, se suele interpretar como pieza de concierto.

Arrigo Boito murió en Milán, el 10 de junio de 1918. Se encuentra sepultado en el Cementerio Monumental de Milán.

(Fuentes: "Atlas ilustrado de la ópera", ed. Susaeta, wikipedia, www.clavesmusicales.com, www.liberliber.it y   www.youtube.com; en el fragmento de audio "Credo in un dio crudel..." canta Giuseppe Valdengo)

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