Bienvenido

Bienvenido, amable navegante, a mi pequeño rincón. Si has llegado hasta aquí es que, como poco, sientes curiosidad por la ópera. Quizá seas un experto. Quizá sólo has echado un somero vistazo a este tema y te preguntas qué es lo que mueve a un aficionado a la ópera. O quizá, ni lo uno ni lo otro... ¿qué más da?.

Ante todo, he de decir que ni soy una erudita en esta materia ni lo pretendo. Este blog quiere servir, simplemente, de lugar donde reflexionar, donde compartir experiencias, opiniones, sentimientos, etc., acerca de un mundo que para mí es muy enriquecedor.

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miércoles, 6 de junio de 2012

HISTORIA DE UN DESTINO (V)


Desierto
Acto IV
El último acto de esta dramática historia de amor se desarrolla en una tierra desolada, en los confines de Nueva Orleans. Des Grieux y Manon han huido de las deplorables condiciones en las que se desarrollaba su nueva vida en América; dado que no tienen recursos, vagan de un sitio a otro, hambrientos, cansados, vestidos con harapos. Manon, extenuada, se apoya en Des Grieux fatigosamente.

El aire oscurece en torno a ambos... con las luces del día, va muriendo también la esperanza en el corazón de Manon, que siente que ya no puede más. Des Grieux, desesperado, siente cómo la vida se va escapando del cuerpo de Manon, igual que el agua se escurre de entre los dedos... Manon sufre un desvanecimiento y Des Grieux teme que...: "...¡Respóndeme amor mío!... ¡Callas! Manon, ¿no me contestas?" Las ardientes lágrimas de Des Grieux caen sobre el rostro de su amada, que recupera a duras penas la consciencia: "¿Eres tú quien llora?..." La sed la devora: "¡Amor, ayúdame, ayúdame!". Des Grieux corre hacia el fondo para escrutar, en vano, el horizonte: "¡No hay nada! ¡Nada!..." Ruega a los cielos, a Dios: "¡Socórreme!..." Manon le ruega que vaya en busca de ayuda: "¡Sólo tú puedes salvarme!..." Des Grieux se aleja en busca de una ayuda que ambos necesitan desesperadamente.


La  desolación de aquella tierra no es sino un reflejo visible de la desolación interior de Manon que, a solas, entona su "canto del cisne": "...Sola, perdida, abandonada... yo, la desierta mujer..." Su pasado resurge y desfila ante su vista. Sabe que todo acabó y, sin embargo, sus ansias de vivir gritan"...¡No, no quiero morir!..."

Des Grieux vuelve, hundido. Por más que ha buscado, no ha logrado encontrar absolutamente nada en aquella árida tierra... Manon siente que va las tinieblas se ciernen sobre ella... Ama tanto a Des Grieux y, sin embargo, se muere...  "...¡Oh amor! ¡Mi último encanto...! ¡Oh mi último deseo! ¡Te amo, te amo tanto!Poco a poco, Manon siente que la vida se le apaga. Des Grieux llora, desconsolado, desesperado... "No es momento de lágrimas, sino de besos; ¡el tiempo vuela... bésame!" Los dos saben que aquellos son los últimos instantes juntos... "Oscura es la noche... tengo frío... ¿Era afectuosa tu Manon? ¿Te acuerdas? ¡Dime... mi luminosa juventud... el sol... ya no... veré!" Tras pronunciar estas últimas palabras, Manon se desvanece en los brazos de Des Grieux, muerta.


Cuando he terminado de escribir el párrafo anterior, he tenido que parar, unos instantes, arrebatada por la emoción... Recuerdo la ilusión con la que viajé a Barcelona para ver esta ópera y de qué forma la saboreé de principio a fin... Quisiera ser capaz de explicaros por qué me gusta tanto, qué es lo que veo de especial en ella, de entre todas las de Puccini. Vayamos más allá de los hechos de la historia, y miremos a los ojos al sentimiento que hay de fondo: el de un amor incondicional, generoso, desinteresado... ¿a quién no le gustaría sentir, vivir una emoción semejante? Si os ha gustado la historia que os acabo de contar, aplaudid conmigo, pues tanto vosotros como yo somos parte del público que acaba de asistir a su representación. Hasta mañana, queridos amigos.


(Fuentes: "Guía universal de la ópera", de Roger Alier, www.kareol.es, mariadolorestorres.blogspot.com y www.youtube.com)

martes, 5 de junio de 2012

HISTORIA DE UN DESTINO (IV)


Intermezzo
Un poderoso intermezzo orquestal nos introducce en lo que se será el núcleo de la acción. Nuestro ánimo ya está predispuesto, con el impactante final del Acto II, a que se nos encoja el corazón, y a ello nos ayudan ya los primeros compases de esta pieza; a continuación, la música toma impulso y nos anticipa un tema que, después, escucharemos en la voz de Des Grieux, casi al final... La intensidad va subiendo, cada vez un poco más, cada vez más deprisa, al mismo tiempo que sentimos esa congoja que anticipa las lágrimas, aún no sabemos por qué... La tensión se relaja y la música vuelve a posarse, suavemente, sobre nosotros... En cada nota sentimos cómo la pasión de Puccini nos envuelve... Por fin la música se va apagando, poco a poco, hasta que deja de existir...


Acto III
Nos encontramos en una explanada cerca del puerto de El Havre, que vemos al fondo. A la izquierda, un  cuartel y, en primer término del mismo, una ventana con barrotes. La fachada que da a la explanada está presidida por un portón cerrado, ante el cual pasea un centinela. Hay un barco anclado en el puerto. A la derecha, una casa, después una callejuela; en la esquina, la mortecina luz de un farol, pugna en lucha desigual contra las sombras; el cielo se va aclarando gradualmente.

Atardecer en el Puerto de El Havre

Des Grieux y Lescaut, escondidos, acechan el cambio de guardia; Lescaut ha sobornado al centinela que está a punto de entrar de servicio, además de a otros guardias, a fin de liberar a Manon. Des Grieux que siente que está recorriendo el camino de un destino inexorable, de una feroz y triste agonía.

Por fin, llega el cambio de guardia y Lescaut, tal y como estaba previsto, golpea la ventana; en seguida aparece Manon. A través de la reja, los dos amantes cruzan apasionadas palabras... "¿Tú... amor?... ¿No me abandonas en mi vergüenza?" "¿Abandonarte? ¡Jamás!" Des Grieux no es capaz de abandonarla, no puede renunciar a ella, pase lo que pase, a pesar de todo.

Un farolero pasa cantando. Des Grieux trata de dar ánimos a Manon; le indica que debe estar preparada junto a la puerta del patio; Lescaut estará allí, con unos hombres leales, y la rescatarán. Pero Manon siente que una fúnebre amenaza se cierne sobre ellos, un peligro ignorado, y quizá por eso mismo más aterrador. De pronto, suena un disparo. Aparece Lescaut, corriendo y gritando que todo está perdido; apremia a Des Grieux para que ambos huyan y salven la vida, pero éste se resiste a abandonar allí a Manon.


Acude la muchedumbre, atraída por el disparo "...¿Qué pasa? ¿Qué ha sido? ¿Un rapto?..." La gente comenta que una mujer, o quizá más de una, pretendía huir. Un redoble de tambores anuncia la salida del cuartel de un grupo de soldados, custodiando a varias mujeres; se dirigen hacia el barco.

El sargento comienza a pasar lista: "¡Rosetta!... ¡Madelon!..." Al escuchar su nombre, las muchachas avanzan hacia la embarcación y suben; aun habiendo sido todas encarceladas por prostitución, su aspecto difiere mucho de unas a otros, y la gente lo comenta: "...¡Qué aires! ¡Es un encanto!" dicen de una "...¡Qué bajo has caído!... ¡Qué risa tan insolente!" murmuran de otra.

En la fila, mientras Manon espera a que le llegue su turno, pide perdón a Des Grieux... quizá no le amó lo suficiente... Le dice que debe regresar a su casa y olvidarla... Instantes de angustiosa desesperación por parte de ambos... El sargento continúa lanzando al aire los nombres de aquella lista hasta que pronuncia el de Manon; entonces, llegado el temido momento de subir al barco Des Grieux, impulsado por una súbita locura, arrebata a Manon de manos de los guardias: "¡Atrás!... ¡Ay de quien la toque!..." y canta un aria arrebatadora en su dolorosa desesperación: "¡Ah! ¡No os acerquéis! ¡Mientras yo viva, nadie podrá arrebatármela!..." La bendita locura de un amor al que no está dispuesto a renunciar, porque es su vida entera, le hace rogar al capitán que le acepte como grumete, o para hacer los trabajos más pesados ¡todo con tal de estar cerca de Manon! El capitán, conmovido, le dice: "¡Bien... bien... sea pues así! ¡Venga grumete, apresúrate!" Delirantes de felicidad, Manon y Des Grieux suben al barco.


Continuará...

(Fuentes: "Guía universal de la ópera", de Roger Alier, www.kareol.es, artelista.com y www.youtube.com)

lunes, 4 de junio de 2012

HISTORIA DE UN DESTINO (III)


Escultura de Psique y Cupido,
Museo del Louvre, París.

Acto II
Damos un salto hacia delante en el tiempo, y encontramos a Manon instalada en casa de Geronte di Ravoir. La escena representa un salón elegantísimo en casa de Geronte. Al fondo, dos puertas vidrieras. A la derecha, riquísimas cortinas ocultan la alcoba. A la izquierda, un suntuoso tocador cerca de una ventana. Sofá, sillas, poltrona, una mesa. Manon está sentada ante el tocador, cubierta por un peinador blanco. El peluquero se afana en torno a ella ("¡Dichosos rizos! ¡Las tenacillas, rápido, rápido!..." les apresura Manon). Dos aprendices permanecen atentos a las señales del peluquero.

Entra Lescaut. Una vez que el peluquero y sus ayudantes se marchan Lescaut, exaltado, admira lo bella que está su hermanita. Gracias a él, que la rescató del amor de un estudiante, puede ahora gozar de aquella vida de lujo. Era lógico que Manon abandonase aquella humilde morada por un palacio. Sin embargo, en el corazón de Manon se esconde un anhelo... "Quería preguntarte..." le dice a su hermano. Éste, sagaz, adivina enseguida que lo que su hermana quiere saber es qué ha sido de Des Grieux... El deseo ardiente de su corazón se transforma en un conmovedor aria que, aún en su brevedad, siempre que la escucho me hace saltar las lágrimas: "Tras esas mórbidas cortinas..."; es el más puro Puccini, concentrado en unas pocas pero intensísimas estrofas.

"Puesto que lo quieres saber..." comienza Lescaut. "Des Grieux, al igual que Geronte, es un gran amigo mío. Me tortura constantemente ¿dónde está Manon?..." Lescaut explica a su hermana que Des Grieux se encuentra intentando hacer fortuna; para ello, ha sido el propio Lescaut el que le ha lanzado al juego, y el muchacho intenta, en él, amasar dinero suficiente para poder dar a Manon la suntuosa vida que desea, y así recuperarla. "¡Por mí estás luchando, por mí, vil, que te abandoné..." Manon trata de rehacerse, agarrándose a las cosas que le proporciona aquella vida de lujo, en el fondo tan vacía para ella. "¿Verdad que este vestido me sienta de maravilla?"

Entra un grupo de músicos, enviados por Geronte para cantar un madrigal compuesto por él mismo en honor y alabanza de Manon: "Por la cima del monte paseas, oh Cloris..." La cara de hastío de Manon es mucho más elocuente que cualquier palabra. 


Cuando termina la canción Manon, aburrida hasta el delirio, alarga una bolsa a Lescaut para que pague a los músicos, pero éste, que es un caballero y no quiere ofender al arte, se la queda para sí. Los músicos salen y Manon dice que, a pesar de que todo lo que la rodea es muy hermoso, se aburre terriblemente. "¡Una damisela que se aburre es capaz de inspirar miedo!" Lescaut sale en busca de Des Grieux.

Entre tanto, llega Geronte acompañado del maestro de baile y de un grupo de amigos, ante los cuales alardea del lujo en el que ha envuelto a Manon, y presume de las habilidades de la muchacha en el campo de la danza. El maestro de baile da las indicaciones precisas a Manon para que ejecute debidamente un minué; los invitados se admiran de la belleza y de la elegancia de la muchacha. Manon representa perfectamente su papel como perfecta anfitriona, y se muestra estudiadamente cortés con los amigos de Geronte. Cuando el maestro de baile pide un caballero para que acompañe a Manon en la danza, Geronte acude presto, y ambos se ponen a bailar coreados por las exclamaciones de admiración de los invitados, ante una pareja que califican como divina.

Terminado el baile, Geronte recuerda a Manon que prometió acompañarles para dar un paseo por los baluartes. Manon les pide un breve instante a fin de arreglarse debidamente, y Geronte y los invitados se adelantan. "No hagáis larga la espera del alma impaciente..." le dice Geronte.

De repente, una súbita aparición mira de hito en hito a Manon: ¡Des Grieux!. Manon, que ha creído que venían a avisarle de que ya estaba lista la silla de manos, recibe un tremendo golpe al ver de pronto, tan repentina e inesperadamente a Des Grieux de nuevo. "¿Tú, tú, amor? ¡Ah! ¡mi inmenso amor!..." Des Grieux ha sido llevado allí por Lescaut y por su propio e irrefrenable deseo pero, al mismo tiempo, siente que está cayendo en un abismo... Lucha por resistirse, no quiere ni aún mirar a la cara a Manon... "¿Ya no me amas? ¡Me querías tanto!..." le dice ella, y le ruega: "¡Oh, no me mires así: no era tan severa tu mirada!". "¡Ah! ¡Es cierto! ¿Ya no me amas?".


A Des Grieux se le parte el corazón. "¡No puedes imaginarte los días que, oscuros y desolados, han pesado sobre mí!" le dice, desconsolado. Manon, a los pies de Lescaut, le ruega, le implora que la perdone. Le ofrece toda la riqueza que puede ver a su alrededor: "Esto ¿no te parece una fiesta de oro y de colores? Todo es para ti." Fue precisamente el oro, que la ciega, lo que le hizo traicionar a Des Grieux.

Ante los ruegos cada vez más insistentes y más apasionados de la muchacha, Des Grieux siente que no puede más, porque la ama desesperadamente... Suavemente, caen el uno en brazos del otro, arrastrados por un amor que es más grande que ellos mismos, y se besan...


Pero, de pronto, Geronte aparece en la puerta, sorprendiéndoles. "¡Gratitud, hoy debe ser tu día de fiesta!" dice. A continuación, recuerda a Manon las pruebas que le ha dado de un verdadero amor. "¿Amor? ¿amor?" dice ella; coge un espejo e invita a Geronte a mirarse en él y a que, a continuación, les mire a ellos. Geronte se va, aparentemente tranquilo. Manon, que se cree ya libre, da saltos de alegría. Des Grieux desconfía y apremia a Manon: "¡...salgamos de aquí...!" Pero Manon, a la que le ciega el oro, sufre terriblemente pensando en dejar allí toda la riqueza que le rodea... Des Grieux, sobrepasado por la actitud de Manon, entona un aria en el que, al mismo tiempo que alaba las bondades de su amada, se lamenta por aquella debilidad que siempre acaba por perderla y que, presiente, acabará por arrastrarle a él mismo por el fango, pues se ha convertido en su esclavo y en su víctima: "...En el oscuro futuro, di, ¿qué harás de mi?".

De pronto, entra Lescaut corriendo, muy agitado, casi sin respiración. Tras unos angustiosos instantes, logra recuperar el resuello y dice a los dos amantes que Geronte les ha denuciado, y que ya se dirigen hacia allí un grupo de guardias y de arqueros para detenerles. "¡En pie, caballero, y por la escalinata ahuecad el ala!..." Y aún a la vista tan delirantemente cercana del peligro, Manon aún insiste en llevar con ellos algunas joyas... Des Grieux, angustiado, ya no qué decir a Manon para que, de una vez por todas, abandonen aquel lugar. Ya se escuchan las voces de los guardias, que se apresuran hacia allí... ya suben la escalera...

De pronto, vemos aparecer a Geronte, acompañado del sargento de la guardia. Des Grieux trata de impedir que se lleven a Manon, pero Lescaut le detiene: "Si os arrestan, caballero, ¿quién podrá salvar a Manon?". Mientras Manon parte, esposada y custodiada por la guardia, Des Grieux la llama, desconsolado: "¡Oh Mano! ¡Oh mi Manon!..."

Continuará...

(Fuentes: "Guía universal de la ópera", de Roger Alier, fotopedia.com, kareol.es y www.youtube.com)

sábado, 2 de junio de 2012

HISTORIA DE UN DESTINO (II)


(Nota: Queridos amigos, os pido disculpas porque he tenido algunos problemas a la hora de publicar esta entrada y la siguiente, aunque ya están subsanados. Dejo la primera y segunda parte de "Historia de un destino" durante lo queda de día y, a las doce de la noche, publicaré la tercera parte. De nuevo os ruego me disculpéis y espero que disfrutéis con la lectura y con la música).


"Manon Lescaut" es una ópera en cuatro actos de Giacomo Puccini con libreto, como ya hemos visto en la entrada anterior, debido a un equipo de autores que participó en él de forma tan compleja, que no suele atribuirse a niguno de ellos en concreto. Basada, como también hemos dicho, en el novela del abate Prévost "Historia del caballero Des Grieux y de Manon Lescaut", se estrenó en el Teatro Regio de Turín, el 1 de febrero de 1893.

Abadía, que bien pudiera haber sido aquella
a la que se retiró Prévost

Conozcamos a sus personajes:
  • Manon Lescaut.- Bella y dulce muchacha, arrastrada por las manipulaciones de su hermano, Lescaut. Soprano lírica.
  • Chevalier Renato Des Grieux.- Joven sin recursos, enamorado de Manon. Tenor lírico.
  • Lescaut.- Hermano de Manon, que no tiene escrúpulos en utilizarla en su propio interés. Papel sin especial dificultad para barítono lírico.
  • Geronte di Ravoir.- Recaudador de impuestos. Bajo bufo.
  • Edmondo.- Estudiante, amigo de Des Grieux. Tenor lírico.
  • Un músico.- Cantante principal de un pequeño madrigal ofrecido por Geronte a Manon. Papel breve, pero que permite hacerse notar, escrito para mezzosoprano.
  • Hostelero.- Papel ínfimo para bajo.
  • Maestro de danza.- Al servicio de Geronte. Pequeño papel sin relieve para tenor.
  • Farolero.- Personaje episódico para tenor; tiene una canción en solitario de un cierto relieve.
  • Un sargento.- Personaje secundario sin relieve para bajo.
  • Capitán de barco.- Personaje reducido para bajo.
  • Coro.
  • Varios figurantes.- En el Acto III.


(Los vídeos que utilizaré para ilustrar esta serie de entradas corresponden a una grabación de "Manon Lescaut" realizada en el Convent Garden en 1983, con Plácido Domingo y Kiri Te Kanawa en los principales papeles, dirigidos por Giuseppe Sinopoli. En total, se trata de una serie de catorce vídeos; en el segundo de ellos, no aparecen las imágenes que complementan a la música, pero estoy segura de que vuestra fértil imaginación suplirá sobradamente este defecto, por el que os pido disculpas).


Acto I
Viajemos en el espacio y en el tiempo hasta Francia, en la segunda mitad del siglo XVIII. Estamos en una plaza de Amiens, donde un variopinto grupo de hombres y mujeres espera la diligencia. A la izquierda, una posada, delante de la cual hay un porche con mesas; una escalera exterior da acceso al primer piso. Estudiantes, burgueses, hombres y mujeres, muchachas y soldados, pasean; otros charlan en grupos; los demás, sentados a las mesas, beben y juegan.

Un estudiante, Edmondo, entona una canción en alabanza de aquella gentil tarde que están disfrutando; inspirado por la belleza del entorno y de las mujeres que se encuentran allí, improvisa un madrigal, inspirado por la musa galantería: "¡Flota en el aire una ola de perfumes...! Esta es la hora de las fantasías, en que luchan la esperanza y la melancolía..."

De pronto, llega De Grieux. Un grupo de estudiantes bromea con él acerca de si está enamorado; el muchacho responde que no conoce esa tragedia, o tal vez comedia, que llaman amor. Para apaciguar un poco las inquisitivas preguntas de Edmondo y del resto de estudiantes, entona un bellísimo y apasionado aria en el que pregunta a las bellezas que le rodean si, entre ellas, se encuentra la muchacha destinada para él: "¿Entre vosotras, bellas, morenas y rubias...?"

El ruido de cascos de caballos anuncia la llegada de la diligencia, proveniente de Arrás. La gente que llena la plaza se arremolina alrededor del coche, y ve cómo de él descienden varios viajeros; entre ellos están tres personajes principales de nuestra historia: Lescaut, Manon y Geronte. Desde lejos, Des Grieux observa, embelesado, la belleza de aquella desconocida muchacha (Manon). Lescaut llama al posadero, y le da instrucciones para que se ocupe de su equipaje y les de alojamiento esa noche. Geronte y Lescaut entran en la posada y Manon se queda en la plaza, bajo la atenta y arrebatada mirada de Des Grieux que, con una gran delicadeza, se acerca a ella...


"Gentil damisela, os suplico me permitáis: ¿podrían tan dulces labios pronunciar su nombre?" La muchacha, tímida, responde: "Me llamo Manon Lescaut." Des Grieux explica que una extraña fascinación le empuja hacia ella, que le parece haber visto antes su rostro... "...extraños latidos conmueven mi corazón..." Des Grieux, aunque aún no es plenamente consciente de ello, presiente que ha encontrado a la mujer que estaba destinada para él.

"¿Cuándo partiréis?" continúa Des Grieux. Entonces, Manon le cuenta que, al amanecer del día siguiente, partirá para ingresar en un convento de clausura, por voluntad de su padre. Pero Des Grieux no puede dejarla marchar: "¡No es un convento el que, estéril, os llama!... Sobre vuestro destino luce otra estrella." El muchacho le pide que vuelva un poco más tarde; así podrán hablar los dos tranquilos y, conspirar para vencer al hado que amenaza a Manon.

Se escucha la voz de Lescaut que llama a Manon. Des Grieux, con ansia, pregunta a la muchacha si volverá, tal y como él le ha pedido. Manon, nerviosa, al principio se niega pero, vencida por la gentileza y la pasión de aquel joven, le promete que regresará cuando oscurezca.

Una vez a solas, el corazón de Des Grieux se desborda en un ardiente aria en el que, hechizado, recuerda los momentos que acaba de vivir junto a aquella fascinadora mujer: "¡Nunca vi una mujer como ésta!..." El amor ha entrado en su corazón como una oleada que ha transformado completamente el mundo para él. Siente que una nueva vida se despierta en su interior, y no quiere que cese jamás el gentil susurro de las palabras de Manon al pronunciar su nombre: "¡Me llamo Manon Lescaut!".


Vuelve a aparecer Edmondo, junto a un grupo de estudiantes y, al ver tan embelesado, a Des Grieux, trata de tantearle diciéndole que un querubín ha bajado del cielo, para su deleite. Des Grieux, arrebatado de golpe de su ensoñación por aquel comentario, se marcha enojado.

Vemos a Geronte y a Lescaut, que bajan por las escaleras de la posada. Lescaut explica al anciano tesorero real cómo, por decisión de su padre, su hermana Manon está a punto de tomar los hábitos. Pero Lescaut piensa que aquélla es una mala decisión; él (dice) conoce la vida quizás demasiado, y la ve de otra manera... Al saber que aquel hombre es Geronte di Ravoir, tesorero del rey, a Lescaut le parece sin duda mucha mejor idea que su hermana se convierta en la amante de aquel ricachón, que hacerla entrar en un convento; por eso, comienza a lanzarle sutiles indirectas acerca del estado de ánimo en el se encuentra su pobre hermana: "¡Figuraos! ¡Con dieciocho años! Cuántos sueños y esperanzas..." Geronte, que está embelesado por la belleza de la muchacha, no duda en invitarles a los dos a cenar: "...¡Pobrecilla! Deberíamos consolarla...".

Mientras Geronte se retira con la excusa de dar unas órdenes al posadero, Lescaut, que es adicto al juego, se une a una partida de cartas que se celebra bajo la atenta mirada de un grupo de curiosos. Aprovechando que Lescaut está distraido, vemos cómo Geronte da instrucciones al dueño de la taberna para que, al cabo de una hora, un coche de caballos esté listo para partir, detrás de la posada; en cuanto un hombre y una muchacha suban a él deberá partir, raudo, hacia París. Geronte sella los labios del posadero con un generoso soborno en oro; lo que no sabe es que Edmondo, escondido, ha presenciado la escena. Geronte se marcha y vuelve Des Grieux. En seguida, Edmondo le advierte de los planes de Geronte. Des Grieux, aturdido, desconcertado, pide ayuda a su amigo para desbaratar los planes del tesorero real. A Edmondo se le ilumina la mirada con una repentina idea...

Vemos cómo Manon desciende la escalera; acude a su cita con Des Grieux, tal y como le prometió. Entre los dos se desarrolla un diálogo en el que Des Grieux se admira de la gravedad de las palabras de alguien tan joven como aquella muchacha. Manon le cuenta cómo, hasta hace bien poco, su vida había sido alegre... "...¡Pero los bellos tiempos de alegría huyeron!". Des Grieux siente que el encanto de aquella fascinante muchacha le enamora cada vez más, y así se lo confiesa; y añade que será precisamente ese amor el que cambie el triste destino que le aguarda. A continuación, le revela que Geronte está planeando raptarla. Manon no sale de su asombro.

Aparece Edmondo que, rápidamente, se acerca a Manon y a Des Grieux, para anunciarles que el carruaje está listo para ellos. "¿Qué? ¡Huir!..." dice Manon. Des Grieux le propone que sea el amor, y no Geronte, quien la rapte. Manon, aturdida, duda, se resiste... Des Grieux le ruega, le implora... Después de unos momentos de vacilación por parte de Manon y de ansiedad por parte de Des Grieux Manon, al fin, se decide: "¡Vámonos!". Y juntos, de la mano, se dirigen corriendo hacia el carruaje que, raudo, parte hacia París.


Instantes después de la huida de Manon y Des Grieux vuelve Geronte. Se las promete muy felices, pues cree llegado el momento de seducir a la hermanita de Lescaut, aprovechando que su atención está ocupada por la partida de cartas en la que se haya inmerso. Llama al posadero y le pide: "Anunciad a aquella señorita que..." pero Edmondo, al instante, se acerca a Geronte y le hace ver cómo la que iba a ser su presa, se ha escapado en compañía de un estudiante. La furia de Geronte es un volcán que, de golpe, estalla.

Se acerca Lescaut y Geronte le insta para que salgan inmediantamente en persecución de la muchacha y de su raptor. Lescaut finge que entiende la preocupación de Geronte: "Ya comprendo... Manon con su graciosa hermosura ha despertado en vos un afecto paternal..."; le pide calma: "...Manon no está perdida..." le asegura que la bolsa de un estudiante se vacía pronto, y que Manon, a la que no le gusta la miseria, aceptará agradecida un palacio por abandonar a Des Grieux. Así, Geronte podrá hacer de padre de una óptima hija, y Lescaut completará, gustoso, la familia. La conversación de ambos se entremezcla con las voces a coro de los estudiantes, que entonan un bello canto cargado de intención: "...Sedientos labios tenían una copa llena..."


Continuará...

(Fuentes: "Guía universal de la ópera", de Roger Alier, artelista.com, www.kareol.es y www.youtube.com)

viernes, 1 de junio de 2012

HISTORIA DE UN DESTINO (I)



Diligencia

De entre los muchos temas que aún tengo en mente tratar con mayor profundidad en el blog, hay uno por el que siento un especial cariño, porque motivó mi primera escapada operística. Hablo de "Manon Lescaut", de Giacomo Puccini.

Esta pasión mía por la ópera, encontró desde un principio en Puccini un universo lleno de arte, vida y sentimiento, de contagiosa y arrebatadora pasión, que acabó enamorándome perdidamente. Escoger una ópera como favorita de entre las apasionantes y apasionadas composiciones del genial maestro de Lucca es difícil. Diré sólo que Manon Lescaut, desde incluso antes de hacer un viaje ex-profeso para verla en Barcelona, tuvo para mí una atracción especial. Ya en los primeros compases de la obra, el genio de Puccini se hace presente y nos atrapa; la música tiene vida propia, es un personaje más de la historia, y arrebatados por ella, la vivimos intensamente de principio a fin.

Nada más conocer al Cavalliere Des Grieux y a Manon Lescaut, sentí por ellos una profunda ternura. Dos seres frágiles, predestinados el uno para el otro, que viven su amor a pesar de todo, no sólo como pasión, sino como bendito desenlace irremediable; un amor al que ninguno de los dos es capaz de renunciar, porque no se puede ignorar un sentimiento que llena tan plenamente, tan por completo.

Aunque aún no hayamos hablado de la historia, os invito a que escuchéis el Intermezzo de esta bellísima "Manon Lescaut" y que, mecidos por él, dejéis volar vuestra imaginación...




La originaria "Manon Lescaut"
La "Historia del caballero Des Grieux y de Manon Lescaut" es original del Abbé Prévost, y apareció por vez primera como un volumen dentro de sus "Memorias de un hombre de calidad que se ha apartado del mundo". Para escribir esta historia, Prévost se basó en una relación amorosa fallida, vivida por él mismo, que le hizo refugiarse en un monasterio y ordenarse sacerdote; más tarde abandonó los hábitos para viajar por Europa como escritor.

La versión operística más existosa de esta historia, la "Manon" de Massenet, fue estrenada en 1884, unos pocos años antes de que Puccini comenzara a trabajar en su ópera. Era sumamente audaz, imprudente incluso, para un joven compositor, desafiar a una de las figuras cumbre de la composición operística del momento. Pero Puccini defendió a toda costa su decisión, argumentando que la Manon de Massenet era una  Manon "de peluca empolvada", mientras que él sabría crear otra de carne y hueso.

Los libretistas
En un primer momento Ricordi, editor musical de Puccini, le pidió al compositor Ruggero Leoncavallo que escribiese el libreto de esta Manon, pero Puccini rechazó el trabajo presentado por Leoncavallo. A continuación fueron Marco Praga (dramaturgo amigo de Puccini, que hay que decir que nunca había escrito un libreto) y Domenico Oliva los que completaron un nuevo libreto, y Puccini llegó a ponerle música a su primer acto, pero pronto el compositor tuvo nuevas ideas y solicitó que comenzaran de nuevo. Los sucesivos conflictos surgidos entre libretistas y compositor motivaron que participaran en el libreto, además de los ya citados, Luigi Illica y Giuseppe Giacosa, además del mismo editor Giulio Ricordi y el propio compositor. Ante tal desfile de autores, el nombre del libretista, aún hoy día, no suele mencionarse.

Quizás esta obra debería llamarse "Escenas de la vida de Manon Lescaut", ya que la narración escénica sólo nos presenta determinados momentos de la acción, de los que únicamente el primer acto coincide con la obra de Massenet. Durante sus primeros cincuenta años de vida, la versión de Puccini tuvo un carácter netamente secundario frente a la ópera rival de Massenet, si bien en años más recientes ha visto aumentar su popularidad de modo asombroso.

Hasta aquí, estas breves pinceladas, a modo de introducción. Mañana, comenzaremos a viajar, junto a Des Grieux y Manon, a través de esta "passione disperata". Mientras tanto, os dejo con un fragmento del primer acto, para espolear vuestra curiosidad acerca de cómo se desarrollará esta historia. Hasta mañana, queridos amigos.



(Fuentes: "Guía universal de la ópera", de Roger Alier, artelista.com y www.youtube.com)

viernes, 25 de mayo de 2012

LOS MÁS BELLOS DÚOS DE AMOR (I)


Llevo unos días "romanticona" así que, al hilo de ese sentimiento, me apetece compartir con vosotros algunos de los (para mí) más bellos dúos de amor de la ópera. Empecemos con el gran Verdi y su infinita maestría para transmitir sentimientos y llegar a la "fibra" más sensible, esa que todos guardamos celosamente en el rincón más preciado del corazón... Os propongo el dúo del Primer Acto del "Otello" verdiano, en el que Otello y Desdémona, en una deliciosa noche estrellada, recuerdan embelesados cómo se conocieron y de qué modo empezó su historia de amor: "Gia nella notte densa...". Escuchémoslo en las voces de Jon Vickers y Mirella Freni:


Tengo pendiente hacer un desarrollo exhaustivo de esta ópera en el blog. De momento, os remito a una entrada que ya publiqué:


cd

Y qué decir de Puccini, que es todo arte, vida, sentimiento... En "La bohème", el genial maestro de Lucca escribió un apasionado dúo para los protagonistas, Rodolfo y Mimì: "O soave fanciulla..." Entre los dos acaba de surgir el amor, como un tremendo y repentino flechazo... Rodolfo, arrebatado por la dulzura de Mimì, se ha dado cuenta de que ella es el sueño que siempre deseó soñar... Mimì, conmovida hasta lo más hondo, se rinde a aquel amor que la inunda, como una ola gigantesca...


Sobre "La bohème" de Puccini encontraréis bastantes artículos en este blog. A modo de referencia, os remito a tres de ellos:


cd

Veamos ahora un dúo que pertenece a una preciosa ópera de Donizetti. Hablo de Lucia di Lammermoor. Lucia, hermana del poderoso Enrico Ashton, está enamorada de Edgardo Rawenswood; los dos han de verse en secreto, pues sus familias son enemigas mortales. En uno de esos furtivos encuentros, junto a la fuente de un parque, se despiden por un tiempo, pues Edgardo debe emprender un viaje; pero antes, los dos se prometen fidelidad eterna intercambiándose unos anillos, y cantan un apasionado dúo de amor: "Verrano a te sull'aure...":


Sobre "Lucia di Lammermoor" encontraréis también varias entradas en este blog. Como referencia, os cito dos de ellas:


cd

Y así, con el ferviente deseo de que os haya gustado la entrada de hoy, me despido hasta mañana, mis queridos amigos.

miércoles, 9 de mayo de 2012

QUIZÁ LOS PETIRROJOS NO ANIDEN EN LOS ESTADOS UNIDOS (IV)


Geishas a la orilla de un río

Acto III
Un preludio sinfónico (que en la versión original era la transición entre la primera y la segunda escena del Acto II) nos introduce en el último Acto de esta bella y trágica historia.


Está amaneciendo, pero Suzuki, Butterfly y su hijo siguen tras la mampara, profundamente dormidos. Desde la bahía, muy lejos, se escuchan las voces de los marineros, que se afanan en su quehacer diario. El canto de los pájaros llega desde el jardín. Poco a poco, el sol va iluminando la habitación. Suzuki se despierta con un sobresalto y, al advertir que ya es de día, despierta a su vez a Butterfly y consigue convencerla para que se retire, con el niño, a descansar. Le dice, sin ningún convencimiento, que les avisará en cuanto llegue Pinkerton.

Pinkerton y Sharpless entran por el jardín. Suzuki quiere llamar a Butterfly, pero los hombres le ruegan que no lo haga. Suzuki les explica que Butterfly ha estado esperando a Pinkerton toda la noche. De pronto, Suzuki adivierte que en el jardín hay una mujer; Sharpless le explica que es Kate Pinkerton, la nueva esposa del marino. Suzuki, desesperada, cae de rodillas exclamando que a su pequeña se le ha apagado el sol; sabe que Butterfly no resistirá un golpe como aquel. Sólo al enterarse de que tenía un hijo es cuando Pinkerton ha decidido venir, acompañado del cónsul y de su esposa; su intención es, dicen, "asegurar el futuro del niño".


Y, como remate de su vil cobardía, Pinkerton deja que sea el cónsul el que solucione el problema, y se despide de la casita: "Addio, fiorito asil". Sharpless no para de recordarle que ya le había advertido aquello.

Suzuki habla con Kate, que le promete que cuidará del niño como si fuera suyo. Entra de pronto Butterfly, que ha oído ruido; se imagina que ha venido Pinkerton y lo busca por toda la casa, en vano; luego se da cuenta de la presencia de Kate. 

Sintiéndose morir logra, fría y rotunda, que Suzuki le confiese que Pinkerton vive y que, en efecto, ha vuelto, pero lo ha hecho con su nueva esposa y únicamente para llevarse a su hijo. Butterfly, como una mariposa con las alas rotas, siente que se desgarra por dentro; está dispuesta a obedecer, pero pone como condición que sea Pinkerton quien venga a recoger al niño.

Butterfly hace cerra las puertas y obliga a Suzuki a irse con el niño; la criada se resiste, pues imagina lo que pretende hacer su ama, pero no le queda más remedio que obedecer.


Una vez a solas, Butterfly toma el cuchillo de su padre y lee la inscripción que hay en él: "Muere con honor quien no puede mantenerse vivo con honor". Justo entonces, Suzuki empuja al niño hasta Butterfly desde fuera, con la esperanza de detenerla. Butterfly, mientras abraza, deshecha, al niño, canta el último y desgarrador aria de esta ópera: "Tu, tu, piccolo iddio..."; a continuación, le da dos banderitas, una americana y una japonesa, y le venda los ojos; luego, lo aparta de sí y se oculta tras un biombo y allí... se da muerte con el cuchillo con el mismo cuchillo con el que se suicidó su padre. Una frágil mariposa que demuestra, sin embargo, estar llena de coraje.

Se oye el grito desgarrado de Pinkerton, que la llama tres veces; cuando entra con Sharpless, Butterfly, con un gesto, le señala el niño y muere.


Me parece difícil que alguien pueda quedarse indiferente ante una historia desgarradora y demoledora como ésta. De la mano del profundo sentimiento que desprende la música de Puccini, viajamos con Butterfly desde su inocencia de niña hasta el brusco despertar que le causa el cruel comportamiento de Pinkerton.Y al final, emocionados y llenos de admiración por el enorme coraje que escondía su frágil figura, lloramos desconsolados su triste destino...

(Fuentes: "Guía universal de la ópera", de Roger Alier, www.kareol.es, www.flickr.com y www.youtube.com)

martes, 8 de mayo de 2012

QUIZÁ LOS PETIRROJOS NO ANIDEN EN LOS ESTADOS UNIDOS (III)


La ceremonia del té

Acto II
Han pasado más de tres años, pero la casita de Madama Butterfly sigue, aparentemente, igual. En un ángulo, Suzuki invoca a los dioses, pero Butterfly se lo recrimina: dice que los dioses japoneses son pererzosos y obesos. Suzuki, muy preocupada, le muestra a Butterfly el poco dinero que les queda; dice que si Pinkerton no regresa, y pronto, no tardarán en pasar apuros. Suzuki no cree que Pinkerton vaya a volver, pero Buttefly está convencida de que regresará; ¿acaso no prometió volver en la estación en la que el petirrojo hace su nido? "¡Volverá, dilo conmigo...!" exclama Butterfly... Suzuki se echa a llorar.


En un aria de las más conmovedoras del maestro de Lucca, y que sólo al recordarla me pone los pelos de punta, Butterfly describe con todo detalle a Suzuki cómo tendrá lugar el regreso de su amado Pinkerton: "Un bel dì vedremo..."

Llega Sharpless acompañado de Goro. Butterfly recibe al cónsul con grandes honores. Le ofrece cigarrillos americanos. Sharpless trae una carta pero ella, ansiosa, antes de que él tenga ocasión de mostrársela, le pregunta cuándo hacen su nido los petirrojos en América. El cónsul, desconcertado, no sabe qué contestar.


Butterfly le aclara que Pinkerton le prometió que volvería en la estación en la que anida el petirrojo; por eso, como Pinkerton tarda tanto en regresar, Butterfly se pregunta si, en los Estados Unidos, los petirrojos anidan en una época del año diferente a la que lo hacen en Japón.

Goro anuncia la llegada del príncipe Yamadori, que dice estar perdidamente enamorado de Butterfly y quiere casarse con ella. Butterfly rechaza terminantemente su propuesta, puesto que afirma estar ya casada. Recordemos que, según la ley japonesa, el abandono del marido equivalía al divorcio, por lo que a Goro no le cabe en la cabeza que Butterfly rechace un partido como Yamadori, estando como está casi al borde de la ruina. Pero Butterfly, orgullosa, dice que la ley japonesa no va con ella, puesto que su país es los Estados Unidos.


Al fin Yamadori se va, y Sharpless intenta leer la carta, pero Butterfly le interrumpe tantas veces que Sharpless, muy brusco, le pregunta qué haría sin Pinkerton no volviese jamás. Butterfly, que siente una brutal sacudida de dolor, afirma que se ganaría la vida cantando por las calles, o que buscaría la muerte. El cónsul le sugiere que acepte la proposición de Yamadori, y Butterfly se ofende. Finalmente, comprende que Pinkerton ya no la quiere; entonces, entra en la casa y vuelve a salir con un niño de tres años: "¿Podrá Pinkerton olvidar esto?", pregunta. 


Butterfly, dirigiéndose al niño, recrimina al cónsul que se haya atrevido a pensar que ella, su madre, tendrá que recorrer las calles, bajo la lluvia y el viento, con él en brazos, cantando, para procurarse el sustento de los dos... Porque eso es lo que ocurriría si Pinkerton no volviera ¡pero ella está segura de que volverá! Sharpless se marcha, prometiéndole a Butterfly que le dirá a Pinkerton que tiene un hijo.


Suzuki y Butterfly descubren a Goro rondando todavía por la casa, y lo echan sin contemplaciones. De pronto, se oye un cañonazo que viene del puerto: es una nave que entra y, con la ayuda de un telescopio Butterfly lee el nombre de la embarcación: "Abraham Lincoln" ¡es la de Pinkerton! Tal y como ella le había anunciado a Suzuki... Butterfly estalla de alegría ¡ella tenía razón y no los agoreros que decían que Pinkerton la había olvidado.


Butterfly ordena a Suzuki que recoja todas las flores del jardín y las dos, cantando, las esparcen por toda la casa. "Todo, que todo esté lleno de flores, como lo está de estrellas la noche..."


Luego Suzuki, el niño y ella se visten de gala; después, se colocan tras la mampara translúcida, en la que practican tres agujeritos para mirar y así, sentados, aguardan la llegada de Pinkerton, mientras va cayendo la noche. El acto termina con un coro de pescadores a boca cerrada.


Y así dejamos a Butterfly esperando; se ha enfrentado al resto del mundo que trataba de desengañarla, de decirle que su adorado Pinkerton ya no iba a volver... "Su barco está ahí ¡estaban equivocados, todos equivocados! Vuelve a mi... porque me quiere..."

Continuará...

(Fuentes: "Guía universal de la ópera", de Roger Alier, www.kareol.es, flickr.com y www.youtube.com)

lunes, 7 de mayo de 2012

QUIZÁ LOS PETIRROJOS NO ANIDEN EN LOS ESTADOS UNIDOS (II)


Geishas en la veranda

"Madama Butterfly" es pues, como ya sabemos por la entrada de ayer, una ópera en tres actos (en origen en dos) de Giacomo Puccini, sobre un libreto de Luigi Illica y Giuseppe Giacosa, basado en la obra teatral homónima de David Belasco. Su primera versión se estrenó en el Teatro alla Scala de Milán, el 17 de febrero de 1904. La versión definitiva subió a los escenarios por vez primera el 28 de diciembre de 1906 en la Opéra-Comique de París.

Personajes: 
Cio-Cio-San, Madama Butterfly.- Joven japonesa de quince años, enamorada del teniente de navío B. F. Pinkerton. Soprano lírico-spinto.
Benjamin Franklin Pinkerton.- Teniente de navío norteamericano, que se casa primero con Butterfly y después con Kate. Tenor lírico.
Sharpless.- Cónsul americano en Nagasaki. Barítono.
Suzuki.- Fiel criada de Madama Butterfly. Papel mediano para mezzosoprano.
Goro.- Casamentero y alcahuete. Papel menor para tenor ligero.
Príncipe Yamadori.- Pretendiente de Madama Butterfly. Papel episódico, aunque vistoso, para barítono.
El tío Bonzo.- Tío de Madama Butterfly. Papel colorista pero breve para bajo.
El comisario imperial.- Papel muy breve para bajo.
El oficial del registro.- Papel mínimo para barítono.
El tío Yakusidé.- Tío de Madama Butterfly. Papel para barítono, reducido a nada tras la reforma de la ópera.
La madre de Madama Butterfly.- Papel ínfimo para mezzosoprano.
La tía de Madama Butterfly.- Papel ínfimo para mezzosoprano.
Una prima.- Papel ínfimo para soprano.
Dolore ("Dolor).- Hijo de Butterfly y Pinkerton. Papel mudo para niño.
Coro.- Con momentos importantes.

(Los vídeos que utilizaré para ilustrar esta serie de entradas sobre "Madama Butterfly" pertenecen a una versión filmada de Jean-Pierre Ponnelle, del año 1974, con Plácido Domingo y Mirella Freni como Pinkerton y Cio-Cio-San, respectivamente; el director: Herbert von Karajan).

Argumento
Acto I
Nos encontramos en una colina en las afueras de Nagasaki, en una casa con terraza y jardín desde la que se ven la bahía, el puerto y la ciudad de Nagasaki. El teniente de navío B. F. Pinkerton se dispone a comprarla; le acompaña el casamentero y alcahuete Goro, que le va mostrando las particularidades de la pequeña construcción y su jardín. Goro ha preparado la próxima boda del teniente y Cio-Cio-San (a la que llaman también Madama Butterfly, por su aspecto frágil, como el de una mariposa), una joven perteneciente a una honorable familia que ha caído en la ruina. El casamentero va presentando a Pinkerton a la servidumbre, entre la que se encuentra Suzuki, camarera personal de Cio-Cio-San. Suzuki habla por los codos, pero Pinkerton no la escucha. Goro anuncia que los preparativos para la boda están a punto: vendrán el oficial del registro, los parientes, el cónsul americano y la novia.

Por la cuesta que viene de Nagasaki, llega el cónsul de los Estados Unidos, Sharpless, que ha perdido el resuello mientras ascendía. Pinkerton le hace servir un whisky y le cuenta que acaba de alquilar aquella casa por novecientos noventa y nueve años, con facultad para rescindir el contrato cada mes. Está encantado por que en aquel país sean tan elásticos en cuanto a casas y a contratos (incluidos los matrimoniales, pues la ley japonesa permite al marido deshacer la boda simplemente con dar el vínculo por roto). Sharpless, con toda intención, le dice que esa circunstancia permite aprovecharse al hombre avispado.


Pinkerton, con total franqueza, expone a Sharpless cuál es su filosofía de vida: "Dovunque al mondo..." Sharpless le pregunta a Pinkerton si está enamorado de la muchacha; Pinkerton le responde que depende de lo que se entienda por amor: "Amore o grillo..."

Se oye el canto lejano de la amigas y parientes de Butterfly, que la rodean mientras suben con ella la cuesta; entran en el jardín y cantan, observando la belleza del lugar. Butterfly se inclina con todos ante Pinkerton. Sharpless le pregunta a Butterfly si es de Nagasaki, y ella contesta que sí, de una familia venida a menos, y que ha tenido que hacer de geisha para procurarse el sustento, sin sentir vergüenza alguna por ser pobre.  No tiene hermanas, pero tiene a su madre. Cuando Sharpless le pregunta por su padre, Butterfly responde con sequedad que ha muerto, y una nube de tristeza parece que se extiende entre los presentes. A continuación, Sharpless le pregunta por su edad, y Butterfly le dice, con la inocencia propia de la niña que es, que ya va siendo "vieja", pues tiene quince años.


Llegan el comisario imperial y el oficial de registro para dar formalidad a la boda. Los parientes hacen comentarios sobre el novio y la novia. El tío Yakusidé, un borrachín, pregunta si habrá vino. Sharpless se da cuenta de que para Butterfly aquella boda es algo muy serio; trata de que Pinkerton advierta los sentimientos de Butterfly, aunque no lo consigue.

Butterfly pide permiso a Pinkerton para introducir en la casa sus modestas posesiones y un objeto largo que no quiere mostrarle (Goro le explica, aparte, que se trata de un puñal que el Mikado dio al padre de la muchacha para que se hiciera el harakiri). Butterfly le enseña también los muñecos que representan los espíritus de sus antepasados; Pinkerton los acoge con respeto. Luego Butterfly le cuenta que el día antes ha ido a la misión cristiana para adoptar la fe de Pinkerton, aunque su tío Bonzo no lo sabe. Finalmente, el comisario imperial lee la proclamación del matrimonio, y los contrayentes y los testigos firman.


Cuando sus amigas llaman a Cio-Cio-San Madama Butterfly ella, orgullosa por su nuevo estado, las corrige: ahora es Madama B. F. Pinkerton.

Las autoridades se van, y Pinkerton se queda con su esposa y los familiares, que brindan con él. De pronto, a lo lejos se oye gritar al tío Bonzo, que llega acompañado de dos bonzos más. Como una hidra, el tío acusa ante todos a Butterfly de haber renegado de su fe, pues se ha enterado de la visita que la muchacha ha hecho a la misión cristiana; los parientes, horrorizados, se apartan de Butterfly. Pinkerton pone drásticamente fin a la escena echando de su casa al furibundo Bonzo; los parientes, atemorizados, se van con él. Momentos después, Pinkerton se queda solo con su nueva esposa; trata de consolarla con dulces palabras: "Bimba, bimba non piangere...". Al escucharle y sentir el amor y la ternura que se desprende de sus palabras, a ella casi ya no le duele haber sido repudiada por su familia.


Llega la noche, y con ella la sombra, la quietud y la intimidad: "Viene la sera..." En un largo y maravilloso dúo, Pinkerton se deshace en expresiones de amor por la muchacha, que se siente inmensamente feliz.


"Amadme, por favor, aunque sea un poquito..." le pide Butterfly a Pinkerton, que quizá aún no puede creer en que tanta dicha sea posible: "Vogliatemi bene..." Es, no hay duda, una frágil mariposa; ¿quién sería capaz de hacer daño a un ser tan delicado?

Continuará...
(Fuentes: "Guía universal de la ópera", de Roger Alier, flickr.com y www.youtube.com)

domingo, 6 de mayo de 2012

QUIZÁ LOS PETIRROJOS NO ANIDEN EN LOS ESTADOS UNIDOS (I)


Sí, ha llegado el momento de darle el extenso tratamiento que merece una delicia como es "Madama Butterfly", para mi gusto una de las obras más inspiradas de Puccini y, desde luego la que, de este autor, más hondamente me ha tocado en el corazón. ¿Por qué he titulado la entrada: "Quizá los petirrojos no aniden en los Estados Unidos"? Aquellos que conozcáis la historia, ya lo sabéis y, para aquellos que no, más adelante descubriréis el motivo...

El mes que viene, "Madama Butterfly" va a representarse en el Teatro de la Maestranza de Sevilla; desde aquí recomiendo calurosamente, a todo aquel que pueda, que vaya; el montaje es el mismo que se vio en el Teatro Real de Madrid en julio de 2007, al que yo tuve la dicha de asistir y que, para mí, fue algo inolvidable. Me encanta la ópera, pero no es fácil que me sobrecoja tanto como para llorar durante una representación; sin embargo aquel día ¡cómo llore! ¡y con qué gusto lloré! La emoción me llenaba por completo y las lágrimas caían solas, incontenibles... Como digo, inolvidable.

Geishas


Origen y contexto de la "Madama Butterfly" pucciniana

«Butterfly sigue siendo ... la ópera más sentida y sincera, 
la más expresiva de todas las que he concebido»

Puccini
(Carta de 18 de febrero de 1904 a Camillo Bondi)

Durante su visita a Londres, en julio de 1900, con motivo de la producción de "Tosca" en el Convent Garden, Puccini asistió a una representación de "Madama Butterfly", obra de teatro en un acto de David Belasco, que se representaba en el Teatro Duke of York. Su poca destreza con el idioma inglés impidió a Puccini disfrutar de la obra todo lo que hubiera debido; aún así, según el biógrafo de Belasco, éste decía que Puccini quedó tan impresionado por la representación que, al finalizar ésta, fue tras el escenario a saludarle calurosamente, y a rogarle que le permitiera utilizar su obra para hacer un libreto. Sin embargo, lo cierto es que Puccini, a la búsqueda de un tema tras el éxito de su "Tosca", simplemente consideró "Madama Butterfly" entre otras posibilidades.

Belasco escribió su "Madama Butterfly" a partir de un cuento de John Luther Long, publicado en 1898 en la revista norteamericana "Century Magazine". Narraba la historia de una geisha y su hijo, abandonados por el amante y padre, respectivamente, un oficial de la marina norteamericana. Se supone que el cuento está basado en una historia real, la de Tsuru Yamamura, que tuvo un hijo con un inglés que pertenecía a la marina mercante de su país. Cuando la abandonó, ella intentó suicidarse; posteriormente, se trasladó a Nagasaki, donde vivió con su hijo, que llegó a ser alumno del sobrino de John Luther Long. Otras versiones acerca del origen de esta historia dicen que Long, que era abogado en Philadelphia, obtuvo la información para su relato de dos fuentes: su hermana, casada con un misionero que vivía en Nagasaki, y la novela "Madame Chrysanthème", que contenía descripciones detalladas del pueblo japonés, sus casas y su carácter y cuyo autor, Pierre Loti, era un oficial de la marina francesa.

Pierre Loti, en su residencia de Rochefort-sur-Mer
Tras algunas vicisitudes, el contrato con Belasco se firmó por fin en abril de 1901. Los libretistas de "Madama Butterfly" fueron Giuseppe Giacosa y Luigi Illica, los mismos que habían elaborado los libretos de "La bohème" y "Tosca". La versión original de "Madama Butterfly", en dos actos, se estrenó el 17 de febrero de 1904 en La Scala de Milán, y obtuvo muy mala recepción por parte tanto del público como de la crítica. El erudito Julian Budden, experto en ópera italiana, atribuye tal fracaso a Edoardo Sonzogno, editor rival de Ricordi (que, recordemos, era el editor musical de Puccini); quizá Sonzogno tuvo algo que ver con la "claque" organizada que se dedicó a gruñír, patear, reírse y silbar casi desde el principio de la ópera. La casa Sonzogno era la editora de Mascagni, Leoncavallo, Giordano y Cilèa que, por entonces, ya habían realizado lo mejor de sus obras, aunque ninguno había llegado a conseguir tres éxitos seguidos e igualar, así, al protegido de Ricordi. Obviamente, un cuarto no podía ser bien recibido por Sonzogno. Escuchemos el bellísimo dúo del Acto I de "Madama Butterfly", "Bimba dagli occhi pieni di malía..." en las voces de Richard Tucker y Eleanor Steber:


La ópera se retiró tras aquella funesta primera función, y Puccini la reescribió. Redujo el primer acto, eliminando material correspondiente a los personajes secundarios, y omitió también muchas referencias a las características de los norteamericanos y los japoneses que podían resultar ofensivas para algunas gentes (Pinkerton, por ejemplo, atribuía a los japoneses una "nauseabunda voracidad"). En cuanto al segundo acto, lo dividió en dos; además, en la versión original es Kate, la esposa de Pinkerton, la que ruega a la geisha que abandone al niño; en la versión corregida, Kate se mantiene en silencio y es Sharpless (el cónsul estadounidense en Nagasaki) el que se encarga de tal misión, y ya no humilla a Cio-Cio-San ofreciéndole una suma de dinero para compensarla por la pérdida.

El estreno de la segunda producción tuvo lugar en Brescia, el 28 de mayo de 1902, en el Teatro Grande. En esta ocasión, la representación fue un éxito. Puccini aún realizó tres revisiones más de esta ópera; la quinta y última versión (la que se suele representar hoy día) se estrenó en la Opéra-Comique de Paris, el 28 de diciembre de 1906.

Como curiosidad, cabe citar a Tamaki Miura, la cantante de ópera más conocida de Japón, que obtuvo fama internacional por sus representaciones como Cio-Cio-San. Su estatua, junto con la de Puccini, puede encontrarse en el Jardín Glover, en Nagasaki, la ciudad en la que se ambienta la ópera. Dejemos que sea su voz la que cierre, con un broche de oro, la entrada de hoy; creo que el deficiente sonido se ve sobradamente compensado por el hecho de que se trata de una grabación histórica, de valor incalculable:


A partir de mañana, por supuesto, el argumento...

(Fuentes: "Puccini", de Peter Southwell-Sander, wikipedia, flickr.com, fotopedia.com y www.youtube.com)

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