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| Escultura de Psique y Cupido, Museo del Louvre, París. |
Damos un salto hacia delante en el tiempo, y encontramos a Manon instalada en casa de Geronte di Ravoir. La escena representa un salón elegantísimo en casa de Geronte. Al fondo, dos puertas vidrieras. A la derecha, riquísimas cortinas ocultan la alcoba. A la izquierda, un suntuoso tocador cerca de una ventana. Sofá, sillas, poltrona, una mesa. Manon está sentada ante el tocador, cubierta por un peinador blanco. El peluquero se afana en torno a ella ("¡Dichosos rizos! ¡Las tenacillas, rápido, rápido!..." les apresura Manon). Dos aprendices permanecen atentos a las señales del peluquero.
Entra Lescaut. Una vez que el peluquero y sus ayudantes se marchan Lescaut, exaltado, admira lo bella que está su hermanita. Gracias a él, que la rescató del amor de un estudiante, puede ahora gozar de aquella vida de lujo. Era lógico que Manon abandonase aquella humilde morada por un palacio. Sin embargo, en el corazón de Manon se esconde un anhelo... "Quería preguntarte..." le dice a su hermano. Éste, sagaz, adivina enseguida que lo que su hermana quiere saber es qué ha sido de Des Grieux... El deseo ardiente de su corazón se transforma en un conmovedor aria que, aún en su brevedad, siempre que la escucho me hace saltar las lágrimas: "Tras esas mórbidas cortinas..."; es el más puro Puccini, concentrado en unas pocas pero intensísimas estrofas.
"Puesto que lo quieres saber..." comienza Lescaut. "Des Grieux, al igual que Geronte, es un gran amigo mío. Me tortura constantemente ¿dónde está Manon?..." Lescaut explica a su hermana que Des Grieux se encuentra intentando hacer fortuna; para ello, ha sido el propio Lescaut el que le ha lanzado al juego, y el muchacho intenta, en él, amasar dinero suficiente para poder dar a Manon la suntuosa vida que desea, y así recuperarla. "¡Por mí estás luchando, por mí, vil, que te abandoné..." Manon trata de rehacerse, agarrándose a las cosas que le proporciona aquella vida de lujo, en el fondo tan vacía para ella. "¿Verdad que este vestido me sienta de maravilla?"
Entra un grupo de músicos, enviados por Geronte para cantar un madrigal compuesto por él mismo en honor y alabanza de Manon: "Por la cima del monte paseas, oh Cloris..." La cara de hastío de Manon es mucho más elocuente que cualquier palabra.
Cuando termina la canción Manon, aburrida hasta el delirio, alarga una bolsa a Lescaut para que pague a los músicos, pero éste, que es un caballero y no quiere ofender al arte, se la queda para sí. Los músicos salen y Manon dice que, a pesar de que todo lo que la rodea es muy hermoso, se aburre terriblemente. "¡Una damisela que se aburre es capaz de inspirar miedo!" Lescaut sale en busca de Des Grieux.
Entre tanto, llega Geronte acompañado del maestro de baile y de un grupo de amigos, ante los cuales alardea del lujo en el que ha envuelto a Manon, y presume de las habilidades de la muchacha en el campo de la danza. El maestro de baile da las indicaciones precisas a Manon para que ejecute debidamente un minué; los invitados se admiran de la belleza y de la elegancia de la muchacha. Manon representa perfectamente su papel como perfecta anfitriona, y se muestra estudiadamente cortés con los amigos de Geronte. Cuando el maestro de baile pide un caballero para que acompañe a Manon en la danza, Geronte acude presto, y ambos se ponen a bailar coreados por las exclamaciones de admiración de los invitados, ante una pareja que califican como divina.
Terminado el baile, Geronte recuerda a Manon que prometió acompañarles para dar un paseo por los baluartes. Manon les pide un breve instante a fin de arreglarse debidamente, y Geronte y los invitados se adelantan. "No hagáis larga la espera del alma impaciente..." le dice Geronte.
De repente, una súbita aparición mira de hito en hito a Manon: ¡Des Grieux!. Manon, que ha creído que venían a avisarle de que ya estaba lista la silla de manos, recibe un tremendo golpe al ver de pronto, tan repentina e inesperadamente a Des Grieux de nuevo. "¿Tú, tú, amor? ¡Ah! ¡mi inmenso amor!..." Des Grieux ha sido llevado allí por Lescaut y por su propio e irrefrenable deseo pero, al mismo tiempo, siente que está cayendo en un abismo... Lucha por resistirse, no quiere ni aún mirar a la cara a Manon... "¿Ya no me amas? ¡Me querías tanto!..." le dice ella, y le ruega: "¡Oh, no me mires así: no era tan severa tu mirada!". "¡Ah! ¡Es cierto! ¿Ya no me amas?".
A Des Grieux se le parte el corazón. "¡No puedes imaginarte los días que, oscuros y desolados, han pesado sobre mí!" le dice, desconsolado. Manon, a los pies de Lescaut, le ruega, le implora que la perdone. Le ofrece toda la riqueza que puede ver a su alrededor: "Esto ¿no te parece una fiesta de oro y de colores? Todo es para ti." Fue precisamente el oro, que la ciega, lo que le hizo traicionar a Des Grieux.
Ante los ruegos cada vez más insistentes y más apasionados de la muchacha, Des Grieux siente que no puede más, porque la ama desesperadamente... Suavemente, caen el uno en brazos del otro, arrastrados por un amor que es más grande que ellos mismos, y se besan...
Pero, de pronto, Geronte aparece en la puerta, sorprendiéndoles. "¡Gratitud, hoy debe ser tu día de fiesta!" dice. A continuación, recuerda a Manon las pruebas que le ha dado de un verdadero amor. "¿Amor? ¿amor?" dice ella; coge un espejo e invita a Geronte a mirarse en él y a que, a continuación, les mire a ellos. Geronte se va, aparentemente tranquilo. Manon, que se cree ya libre, da saltos de alegría. Des Grieux desconfía y apremia a Manon: "¡...salgamos de aquí...!" Pero Manon, a la que le ciega el oro, sufre terriblemente pensando en dejar allí toda la riqueza que le rodea... Des Grieux, sobrepasado por la actitud de Manon, entona un aria en el que, al mismo tiempo que alaba las bondades de su amada, se lamenta por aquella debilidad que siempre acaba por perderla y que, presiente, acabará por arrastrarle a él mismo por el fango, pues se ha convertido en su esclavo y en su víctima: "...En el oscuro futuro, di, ¿qué harás de mi?".
De pronto, entra Lescaut corriendo, muy agitado, casi sin respiración. Tras unos angustiosos instantes, logra recuperar el resuello y dice a los dos amantes que Geronte les ha denuciado, y que ya se dirigen hacia allí un grupo de guardias y de arqueros para detenerles. "¡En pie, caballero, y por la escalinata ahuecad el ala!..." Y aún a la vista tan delirantemente cercana del peligro, Manon aún insiste en llevar con ellos algunas joyas... Des Grieux, angustiado, ya no qué decir a Manon para que, de una vez por todas, abandonen aquel lugar. Ya se escuchan las voces de los guardias, que se apresuran hacia allí... ya suben la escalera...
De pronto, vemos aparecer a Geronte, acompañado del sargento de la guardia. Des Grieux trata de impedir que se lleven a Manon, pero Lescaut le detiene: "Si os arrestan, caballero, ¿quién podrá salvar a Manon?". Mientras Manon parte, esposada y custodiada por la guardia, Des Grieux la llama, desconsolado: "¡Oh Mano! ¡Oh mi Manon!..."
Continuará...
(Fuentes: "Guía universal de la ópera", de Roger Alier, fotopedia.com, kareol.es y www.youtube.com)
De pronto, entra Lescaut corriendo, muy agitado, casi sin respiración. Tras unos angustiosos instantes, logra recuperar el resuello y dice a los dos amantes que Geronte les ha denuciado, y que ya se dirigen hacia allí un grupo de guardias y de arqueros para detenerles. "¡En pie, caballero, y por la escalinata ahuecad el ala!..." Y aún a la vista tan delirantemente cercana del peligro, Manon aún insiste en llevar con ellos algunas joyas... Des Grieux, angustiado, ya no qué decir a Manon para que, de una vez por todas, abandonen aquel lugar. Ya se escuchan las voces de los guardias, que se apresuran hacia allí... ya suben la escalera...
De pronto, vemos aparecer a Geronte, acompañado del sargento de la guardia. Des Grieux trata de impedir que se lleven a Manon, pero Lescaut le detiene: "Si os arrestan, caballero, ¿quién podrá salvar a Manon?". Mientras Manon parte, esposada y custodiada por la guardia, Des Grieux la llama, desconsolado: "¡Oh Mano! ¡Oh mi Manon!..."
(Fuentes: "Guía universal de la ópera", de Roger Alier, fotopedia.com, kareol.es y www.youtube.com)







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