Bienvenido

Bienvenido, amable navegante, a mi pequeño rincón. Si has llegado hasta aquí es que, como poco, sientes curiosidad por la ópera. Quizá seas un experto. Quizá sólo has echado un somero vistazo a este tema y te preguntas qué es lo que mueve a un aficionado a la ópera. O quizá, ni lo uno ni lo otro... ¿qué más da?.

Ante todo, he de decir que ni soy una erudita en esta materia ni lo pretendo. Este blog quiere servir, simplemente, de lugar donde reflexionar, donde compartir experiencias, opiniones, sentimientos, etc., acerca de un mundo que para mí es muy enriquecedor.

TRADUCTOR

English plantillas curriculums vitae French cartas de amistad German documental Spain cartas de presentación Italian xo Dutch películas un link Russian templates google Portuguese Japanese Korean Arabic Chinese Simplified
Mostrando entradas con la etiqueta Saverio Mercadante. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Saverio Mercadante. Mostrar todas las entradas

jueves, 9 de agosto de 2012

"PELAGIO", EL PRIMER REY DE ASTURIAS SEGÚN MERCADANTE (V)


Bellísimo paisaje asturiano

Acto IV
El último acto de esta apasionante historia comienza en el palacio de Abdel, en una sala cerrada que conduce a las prisiones de la torre; en ella, podemos distinguir dos puertas laterales. La claridad del sol se cuela por una reja situada en la parte superior. Al fondo, un mirador practicable, que deja ver a alguna distancia la ciudad de Gijón.

Vemos a Blanca, sola y sumamente agitada; se acerca al mirador y, mientras contempla a lo lejos la ciudad, se entrega a un triste canto de dolor, dividida como está su corazón entre su padre y su amado, enfrentados en la cruel batalla que está teniendo lugar. De fondo, las trompetas ponen un triste énfasis en sus palabras. Escuchemos su desgarrador desconsuelo:


Aparece Abdel, pálido y muy agitado. Mientras se dirige a una de las puertas de la sala ve a Blanca, se detiene y la mira un momento con enojo; después se acerca a ella y, con acento de infernal ironía le pregunta: "¿Orabas?". Blanca vuelve de su enajenación y se incorpora y Abdel, ebrio de ira, se recrea en el dolor de la muchacha y le aconseja que ruegue, que llore y que pida a Dios que perdone sus culpas. Aterrada e inmóvil, Blanca escucha a continuación un torrente de palabras que la ira, la rabia y el despecho hacen salir de labios de Abdel: "¡Vuelve la vista a la humeante sangre que corre... Embriágate en el placer de ver morir a los míos...!" le dice, fuera de sí. La muchacha, suplicante, trata en vano de calmar el furor del árabe.

De pronto, desde fuera llegan voces que vitorean a Pelayo: "¡Viva el héroe de Asturias!". "¡Él vencedor! ¿Quién lo salvó?" pregunta Abdel, atónito; al ver cómo Blanca cae a sus pies, espantada, comprende y la maldice: "...Has abierto un abismo y en él nos sepultaremos entrambos..." Las voces que lanzan vivas al aire se acercan mientras Abdel, fuera de sí, coge a Blanca por los cabellos y la arrastra consigo. "Suya serás, pero muerta" asegura, al tiempo que saca un puñal de la cintura y la hiere. Las puertas se abren con violencia. Guerreros y pueblo español, a cuya cabeza viene Pelayo, entran en tropel. Abdel, no hallando por dónde huir, se precipita por el mirador.

Pelayo, al ver a su hija, corre hacia ella con la mayor desesperación. El horror hace presa en todos los presentes. Socorrida por Giralda, Blanca se incorpora y se abandona en los brazos de su padre; y en un conmovedor "canto del cisne" le pide que le estreche en su seno, que ponga su corazón sobre el de él: "...Perdóname... que tu perdón me abra las puertas del cielo... Abrázame, padre mío... Adiós para siempre" Blanca expira y cae sobre los brazos de Giralda; todos los presentes, transidos de dolor juran venganza eterna contra el árabe. Escuchemos, como dramático broche final a esta serie de entradas sobre "Pelagio", cómo Blanca se despide de su padre, de su pueblo, y de todos nosotros:



(Fuentes: Libreto de "Pelagio", vuelomania.com y www.youtube.com)

domingo, 5 de agosto de 2012

"PELAGIO": EL PRIMER REY DE ASTURIAS SEGÚN MERCADANTE (IV)


Amanecer en las montañas asturianas

Acto III
Son las inquietantes horas inmediatamente anteriores a la batalla. Estamos en un paraje rodeado de rocas y bosques, entre los cuales se distinguen senderos practicables. A un lado, al fondo, corre un río. Cierra la perspectiva una cordillera de altas montañas. Está a punto de amanecer.

Aparece Mendo, seguido de algunos españoles. Unos a otros se dan ánimos, seguros de que, por Asturias y por España, vencerán a los "árabes altaneros". Llega una barca por el río; es Pelayo, que viene a reunirse con ellos. Todos a coro, gritan: "¡Muerte a los moros!..." En nombre de los demás y en el suyo propio, Mendo pide a Pelayo que sea el caudillo que guíe el destino de un pueblo vilipendiado, que sea su rey y salve a España. Pelayo se enternece: "En mis ojos no había lágrimas ya, ni aún por la hija que he perdido... pero jamás ha bañado mis mejillas un llanto tan dulce como el que se vierte sobre ellas en este momento..."

De pronto, llega un mensajero, un gijonés que anuncia que el árabe ha promulgado una ley en virtud de la cual los cristianos deberán renegar de su religión. Indignado y resuelto, Pelayo se vuelve a Mendo y al resto de españoles y jura que el infiel pagará con su sangre este delito: "...que el nombre de los españoles no se transmita envilecido a las edades futuras... Patria mía, tu fe pura no sufrirá alteración ni oprobio..."

Gabinete de un palacio árabe

La acción se traslada ahora a una habitación en el palacio de Abdel quien, a solas, se entrega a un soliloquio en el que se estremece, traspasado por el dolor de lo que él cree una traición de Blanca. Se pregunta por qué ella no se ha atrevido a presentarse ante él, aunque sus súplicas no podrían ablandar su corazón enfurecido. Escuchémosle:


Llega Asan y le anuncia que el misterioso hombre que estuvo allí mismo con Blanca, ha caído en sus manos. Entusiasmado, Abdel ordena que le traigan a su presencia.

Conducido entre los guardias árabes, Pelayo queda inmóvil sobre el dintel de la puerta. "Te hago venir para que me descubras quién eres, y con qué objeto has venido aquí." A una seña de Abdel, los guardias se retiran.

Pelayo permanece aparentemente calmado mientras Abdel, con fiero enojo, le interroga acerca de sus intenciones al hablar con Blanca. Cuanto más tranquilo se muestra Pelayo, más furioso se pone Abdel, que acaba por abalanzarse sobre Pelayo, puñal en mano... pero lo detiene el brazo de Blanca que, al grito de "¡Es mi padre!" sale precipitadamente de una estancia contigua. 

Sin acobardarse en ningún momento, Pelayo desafía aún a Abdel que, estupefacto, siente que un extraño pavor hiela su pecho, un terror que le ha impedido herir a Pelayo. Blanca se acerca a su padre y, en voz baja, le suplica que guarde silencio; a continuación, se dirige a Abdel y le ruega que respete la vida de su padre.

Aparece Asan, que llega visiblemente preocupado; anuncia que, nada más ser publicada la ley que fuerza a los cristianos a renegar de su religión, el pueblo de Gijón se ha negado a obedecerla y, con la mayor audacia, corre a proveerse de armas. A pesar de todo, Abdel no tiene ningún miedo; ordena que encierren a Pelayo en la torre y le anuncia que, antes de darle muerte, le obligará a presenciar el castigo de los suyos, para gozarse en su desesperación.

Mientras Blanca suplica una y otra vez, en vano, Pelayo desafía al árabe, pero éste le asegura que la audacia de los cristianos no es sino un débil soplo que no desbaratará el aliento de sus intrépidas huestes, que destruirán todo cuanto se oponga a su paso. Giralda trata de consolar a Blanca: "Calma tu dolor, desgraciada, Dios no nos abandonará."

Para finalizar la entrada de hoy, escuchemos el trepidante final de este Acto III y cómo, desde que llega Asan y anuncia que el pueblo de Gijón se ha alzado en armas como respuesta a la ley que les obliga a renunciar a su fe, la acción se precipita ya definitivamente hacia un final que tememos trágico:


Continuará...

(Fuentes: Libreto de "Pelagio", arteyfotografia.com y www.youtube.com)

miércoles, 1 de agosto de 2012

"PELAGIO": EL PRIMER REY DE ASTURIAS SEGÚN MERCADANTE (III)



Paisaje asturiano

Acto II
Estancia en las habitaciones de Abdel. El techo es de madera de cedro, embutido de oro y azul; lo sostienen ligeras columnas de alabastro, por entre las cuales se distinguen elegantes arcadas, que dejan ver dos torres contiguas. El fondo de la estancia sale a un ancho balcón, a través del cual se divisan colinas y bosques, y más cerca, la ciudad de Gijón. Vemos también dos puertas laterales. La estancia está amueblada con otomanas y sofás, con telas recamadas de oro y plata.

Vemos a Blanca, sola. Entra Aliatar y le anuncia que un hombre espera fuera, para hablarle. Blanca se sobresalta cuando Aliatar añade: "...Dice que era amigo del difunto Pelayo". Al poco, vemos entrar al misterioso personaje, embozado hasta los ojos con su larga capa. Enigmático, se presenta a Blanca como aquel que "...debía haber llegado hasta ti mucho antes"; a continuación explica a la muchacha que, tras la terrible batalla, sostuvo a su padre entre sus brazos y que éste, en sus últimos instantes, le pidió que la consolara; asimismo, le rogó que dijese a Blanca que, además de conservarle en su memoria, respetase en él la patria. Sin embargo "...Has despreciado sus cenizas." afirma aquel hombre; "...Has jurado amar a un impío..." continúa. Blanca se defiende alegando que, si lo ha hecho, ha sido para salvar de la destrucción a los suyos. El hombre, cada vez más airado, anuncia que se abre la tumba y que "...sale de ella tu padre... Soy tu padre."

Don Pelayo

Blanca, estupefacta, se abalanza hacia él, para abrazarle; pero Pelayo la rechaza, y la muchacha se deja caer, abatida y llorosa, sobre un sofá. La ira del padre es tan intensa, o más, que la desesperación de su hija. A pesar de todo, Pelayo le ofrece una posibilidad de enmendar su culpa: "...Cierra tu corazón al amor del tirano..." le dice. Blanca casi se decide a seguirle, pero en ese momento se escucha la voz de Abdel, y la muchacha se detiene. Pelayo la mira fijamente y con sorpresa.

Hechizada por la voz del moro, Blanca se resiste al abrazo de Pelayo, que siente renacer su ira. "Perdóname..." le dice Blanca, con resolución "...Ahora soy esposa." Desesperado, Pelayo maldice a su hija, afirmando que debería morir antes que ceder al amor del impío; y añade: "...no te acuerdes de que tienes padre... yo no lo soy para ti." A continuación, llevado de un furor extremo, Pelayo huye por donde ha entrado. Blanca, que apenas puede sostenerse, se retira.

Entra Asan y, con la mayor cautela, mira por donde marchó Pelayo, y se queda rezagado por algunos momentos. Aparece también Abdel. Con enojo contenido, Asan trata de hacer ver a Abdel que el hombre que se acaba de marchar, que ellos creen que es un amigo de Pelayo, puede que esté conspirando con Blanca contra ellos; al fin y al cabo, su padre fue muerto a manos de los musulmanes. Pero Abdel no puede creerlo. Sin embargo, los hechos que van a ocurrir a continuación, le dicen que quizá Asan tenga razón...

Entra Aliatar, acompañado de un grupo de árabes y, tremendamente preocupado, le comunica a Abdel que los españoles se están reuniendo en las vecinas montañas para preparar un golpe formidable, y que entre ellos se encuentra el hombre que ha estado hace poco en esa misma estancia. "¿Y dudas todavía?" dice Asan. Abdel, desengañado y herido en lo más profundo, declara que, desde ese día, el corazón del árabe será tan fiero en el enojo como fue pacífico en el amor. Gijón está condenada.



(Fuentes: Libreto de "Pelagio", arteyfotografia.com.ar y www.youtube.com)

martes, 24 de julio de 2012

"PELAGIO": EL PRIMER REY DE ASTURIAS, SEGÚN MERCADANTE (II)


Veamos cuáles son los personajes de la historia en la que, a continuación, nos vamos a adentrar:

  • Pelagio, rey de Asturias (barítono)
  • Blanca, hija de Pelagio (soprano)
  • Giralda, confidente de Blanca (contralto)
  • Abdel-Ao, gobernador de Gijón (tenor)
  • Aliatar, guardia (bajo)
  • Mendo de Quexada, noble español (bajo)
  • Un gijonés (tenor)
  • Soldados árabes, hombres y mujeres árabes, guerreros españoles, así como hombres y mujeres españoles.

Caligrafía árabe


Continuemos, pues, con la historia de "Pelagio"... Muy atentos, porque está a punto de comenzar...

Acto I
Cuando comienza esta historia, gran parte de la Península Ibérica se encontraba bajo el dominio árabe que comenzó, como hemos visto en la entrada anterior, en el año 711. El territorio dominado por astures, cántabros y vascones es el núcleo de la resistencia al invasor musulmán. 

Nos encontramos en un frondoso bosque; al fondo, vemos un río y, más allá, un palacio de arquitectura árabe, flanqueado por torres e iluminado desde el interior. Es de noche, y la luna baña la escena con su argentina luz. 

Pelayo, solo, envuelto en su capa, suspira por Gijón en un vehemente soliloquio. Piensa en el hecho de que, entre las montañas de Asturias, más de un valiente alimenta aún la llama del irrefrenable deseo de echar al invasor, deseo en el que él se abrasa; a ese respecto, Pelayo está convencido de que muy pronto se verá ondear, triunfante, el estandarte godo. De pronto, siente que alguien se acerca y, cauteloso, se esconde.

Mendo, seguido de algunos españoles, aparece en escena. Creen muerto a Pelayo, y se duelen porque el destino de su amada patria hubiera sido muy distinto de haber seguido vivo: "Desde el día en que nos fue arrebatado, la España se vistió de luto, y el musulmán altanero desprecia nuestros templos y nuestras lágrimas..." clama Mendo.

Al fin, Pelayo sale de su escondite, para estupefacción de aquellos abatidos hombres. Al verle, corren todos hacia él, llenos de gozosa sorpresa. Pelayo les cuenta las mil y una vicisitudes por las que ha tenido que pasar desde que todos le dieron por muerto; por dondequiera que ha ido, no ha oído más que el deseo unánime y ferviente de todos de echar al invasor musulmán, y no duda de que serán capaces de hacerlo. 

Siendo su hija, Blanca, aún niña, Pelayo la dejó al cuidado de Giralda. Al mencionarla, descubre un gesto de inquietud en Mendo, y sentimos que casi no se atreve a comunicar a Pelayo algo muy grave. Las circunstancias le ayudan a hacerlo, pues en ese momento aparece Blanca, junto con un grupo de doncellas, que atraviesan el río a bordo de unas barquillas iluminadas. Blanca entona una canción en la que bendice al amor, que la sacó de su soledad y la devolvió a la vida; las doncellas, a coro, la acompañan en su canto y, todas juntas, se dirigen hacia el palacio del jefe árabe.

Mendo aclara a Pelayo que aquel por quien canta su hija es su enemigo, Abdel-Ao con quien Blanca, según añade Mendo para horror de Pelayo, se casará muy pronto. El furor de Pelayo es inmenso: "Ahora... yo mismo voy al palacio del moro..." Sin embargo, Mendo logra contenerle.

La escena cambia, y nos traslada al interior de un pabellón del palacio moro, alumbrado por una lámpara de alabastro; está rodeado de cortinajes que, al abrirse, dejan ver un jardín. A un lado hay un sofá.

Blanca conversa con Giralda, su amiga y confidente, y le cuenta que tiene un fatal presentimiento; ante sus ojos se ha representado una visión en la que, mientras esperaba para unirse en matrimonio con su amado, aparecía su padre como una sombra airada... Un rayo derribó el altar y el templo se vino abajo... Giralda trata de calmar el agitado ánimo de Blanca, de disipar sus temores. 



Se presenta entonces Abdel, y Giralda se marcha. Abdel está loco de alegría, ansioso por caminar con Blanca hacia el altar, y no comprende por qué ella está pálida y temblorosa. De fondo, se escucha la música que anuncia el inminente enlace de ambos. A una señal de Abdel, se corren las cortinas del pabellón, y se ofrece a la vista un amenísimo jardín lindamente iluminado. Acuden a la escena soldados, hombres, doncellas y niños árabes, llevando estos últimos copas de oro y regalos de boda. En medio del jardín se ven juegos de agua alumbrados por lámparas de alabastro. Junto a los soldados están  Aliatar y Asan; Giralda está con las doncellas.

Abdel invita a Blanca a seguirle pero, antes de hacerlo, ella le hace prometer la paz para los cristianos: "Corto favor me pides..." responde alegre Abdel. Al son de las fanfarrias árabes que acompañan los cantos de alegría, Blanca y Abdel se dirigen hacia el fondo.

(Fuentes: Libreto de "Pelagio" y www.youtube.com)

jueves, 19 de julio de 2012

"PELAGIO": EL PRIMER REY DE ASTURIAS, SEGÚN MERCADANTE (I)

Hace poco, estuve hablando con una amiga acerca de mi blog y me preguntó: "Cuando se te acaben las óperas de las que hablar, ¿qué vas a hacer?". "¿Acabarse?" le respondí de inmediato; y a continuación le expliqué cómo, cuanto más indago acerca de este rico mundo de la lírica, me doy cuenta de que aún me queda mucho, muchísimo más por conocer. 

Entre ese vasto terreno operístico aún desconocido para mi, una parte muy grande la forman aquellas óperas que no suelen incluirse en el repertorio que habitualmente se lleva a escena. Hoy, quisiera llevaros conmigo a conocer una de ellas: "Pelagio", de Saverio Mercadante.

Espectacular paisaje asturiano

Un breve apunte histórico
La figura de don Pelayo, personaje al que la leyenda sitúa como iniciador de la Reconquista, está envuelta en un halo de misterio; para entenderla, es necesario conocer siquiera un poco el contexto histórico en el que el destino le llevó a nacer.

Volvamos muy atrás en el tiempo, al día 27 de abril del año 711, fecha en la que da comienzo la invasión árabe de la Península Ibérica con el desembarco del caudillo Táriq ibn Ziyad en Gibraltar. Durante los primeros años, los musulmanes se asentaron en Andalucía, Levante y valle del Ebro, mientras que en el resto de la península se establecieron guarniciones para recaudar tributos. El límite septentrional de la presencia de los conquistadores fue el inicio de la cordillera cántabro-pirenaica; es precisamente en ese territorio, dominado por astures, cántabros y vascones, donde se fraguará el germen de la resistencia al nuevo enemigo.

Parece ser que Pelayo era un noble visigodo, hijo del duque Favila. Amenazada su vida debido a las intrigas entre la nobleza visigoda, marchó como peregrino a Jerusalén, y sólo regresó a la península tras la entronización de Rodrigo, del que era partidario; con él, ocupó el cargo de guardia del rey, y como tal combatió en la batalla de Guadalete que tuvo lugar entre el 19 y el 26 de julio del 711, entre las tropas del rey don Rodrigo y las del ya citado Táriq. Tras la derrota sufrida, Pelayo se replegó hacia el norte, donde se granjeó la confianza de los pueblos norteños. Se acepta que fue nombrado rey en el 718, fecha que se considera como el inicio del reino astur, con capital en Cangas de Onís.

Hacia el año 722, Táriq envió un ejército para someter a los levantiscos astures; tuvo lugar entonces la batalla de Covadonga, que acabó con la huida de las tropas invasoras. Dice la leyenda que Pelayo persiguió al ejército derrotado hasta la ciudad de León, en cuyas proximidades, en los llanos de Camposagrado, volvió a vencer a los huidos.

El rey don Pelayo falleció en Cangas de Onís, en el año 737. Su cadáver recibió sepultura en la iglesia de Santa Eulalia de Abamia, situada en la localidad asturiana del mismo nombre. En la actualidad se conserva el sepulcro, si bien vacío; los restos de don Pelayo reposan en una cavidad natural de la Santa Cueva de Covadonga, en un túmulo de piedra.


Don Pelayo visto por Mercadante
Para entender por qué Mercadante, un compositor italiano, escogió como tema para una de sus óperas un tema de la historia asturiana, hay que tener en cuenta que vivió y trabajó durante casi tres años en nuestro país. "Pelagio", tragedia lírica en cuatro actos, fue la última obra que escribió, si bien fue la penúltima en estrenarse: subió a los escenarios por primera vez el 2 de febrero de 1857, en el teatro San Carlos de Nápoles; posteriormente, en el mismo teatro, hizo su presentación en sociedad "Virginia", concretamente el 7 de abril de 1866.

Si bien el "Pelagio" de Mercadante se estrenó con gran éxito, su brillo se vio ensombrecido (como la mayoría de las óperas de los años 50 del siglo XIX) por la arrolladora notoriedad alcanzada por las óperas de un joven Giuseppe Verdi. El libreto, de Marco D'Arienza, reconstruye la lucha del héroe astur Pelayo, del que cuentan las crónicas que inició la Reconquista que, siglos después, rematarían los Reyes Católicos. 

La acción tiene lugar en Gijón y alrededores; y fue precisamente Gijón la que rescató del olvido, en el año 2005, esta obra de un compositor práctica e injustamente dejado de lado. Bajo la dirección del gijonés Mariano Rivas, y con su decisivo e impagable impulso, "Pelagio" subió de nuevo a los escenarios, tras más de siglo y medio de olvido, el 9 de septiembre de 2005. Fue el propio Mariano Rivas quien se encargó de revisar y publicar el libreto, traducido a partir del original de 1858. Los principales intérpretes de este nuevo nacimiento de "Pelagio" fueron Carlos Álvarez, Tatiana Anisimova y el tenor gijonés Alejandro Roy. Mis más efusivas gracias, desde aquí, por recuperar para el repertorio lírico esta magnífica obra. Veamos un fragmento:


Por último, quisiera llamar vuestra atención acerca del hecho de que no sólo esta ópera, sino su autor en sí, es prácticamente un desconocido en el actual panorama operístico; como ejemplo ilustrativo de lo que digo, basta que nos demos cuenta de que el Teatro Real de Madrid únicamente ha incluido en su oferta (al menos hasta el momento) dos óperas de este autor: "I due Figaro", en marzo-abril de este año, y "La rappresaglia", programada para mayo de 2013.


(Fuentes: Libreto de "Pelagio", publicado con motivo de su recuperación para los escenarios el 9 de septiembre de 2005, www.arteguias.com, wikipedia, arteyfotografia.com y www.youtube.com)

CATEGORÍAS

Adelina Patti (2) Adriana Lecouvreur (1) Aida (7) Aída (4) Alfonso y Estrella (3) Alfredo Kraus (15) André Cluytens (1) Anecdotario (11) Angela Gheorghiu (6) Arrigo Boito (2) Bedrich Smetana (4) Bolero (1) Boris Godunov (1) Carlos Kleiber (1) Carlota Patti (1) Carmen (13) Cavalleria rusticana (8) César Franck (1) Charles Garnier (1) Charles Gounod (8) Chérubin (1) Claudio Abbado (1) Compositores (5) Convent Garden (1) Così fan tutte (1) Directores (2) Don Giovanni (1) Doña Francisquita (1) Efemérides (3) El rapto en el serrallo (1) Emil von Reznicek (1) Enrico Caruso (3) Erich Wolfgang Korngold (4) Ernani (1) Falstaff (1) Faust (8) Fedora (5) Fidelio (2) Fiodor Chaliapin (1) Francesco Cilea (1) Francesco Maria Piave (5) Franco Zefirelli (1) Franz Schubert (3) Fromental Halévy (1) Gaetano Donizetti (5) Galina Gorchakova (1) Gemma Bellincioni (1) Georg Solti (1) Georges Bizet (13) Giacomo Lauri-Volpi (2) Giacomo Meyerbeer (1) Giacomo Puccini (43) Gianni Schicchi (2) Gioachino Rossini (6) Giuseppe di Stefano (1) Giuseppe Giacosa (1) Giuseppe Verdi (63) Giuseppina Strepponi (5) Héctor Berlioz (1) Herbert von Karajan (2) I due Foscari (7) I pagliacci (3) Idomeneo re di Creta (1) Il barbiere di Siviglia (5) Il matrimonio segreto (1) Il tabarro (2) Il trittico (4) Il trovatore (8) Il turco in Italia (1) Instrumentos (1) Jacques Offenbach (1) Jaime Aragall (2) Joan Pons (1) Joan Sutherland (2) Johann Wolfgang Goethe (2) Johannes Brahms (1) Jonas Kaufmann (1) Jorge de León (3) José Carreras (5) Jules Massenet (10) Julián Gayarre (2) L'amico Fritz (1) L'elixir d'amore (2) La bohème (9) La ciudad muerta (4) La clemenza di Tito (1) La donna del lago (1) La flauta mágica (1) La forza del destino (1) La novia vendida (4) La rondine (5) La traviata (13) Lakmé (1) Le nozze di Figaro (1) Léo Delibes (1) Leontyne Price (1) Les contes d'Hoffmann (1) Libretistas (2) Lorin Maazel (1) Los Sabandeños (1) Lucia di Lammermoor (4) Lucía Moreno Sanz (1) Luciano Pavarotti (1) Ludwig van Beethoven (3) Luigi Illica (1) Macbeth (3) Madama Butterfly (6) Manon Lescaut (7) Manuel de Falla (1) Marcelo Álvarez (1) Marco Vratogna (3) Margherita Carosio (3) María Callas (8) Mariano Rivas (5) Marilyn Horne (1) Marilyn Monroe (1) Mariola Cantarero (1) Maurice Ravel (1) Mefistófeles (1) Melodía de la semana (8) Mireille (1) Mirella Freni (9) Mitridate re del Ponto (1) Nabucco (3) Nicolai Ghiaurov (3) Norma (2) Oksana Dyka (3) Olive Fremstad (1) Ópera Estatal de Viena (1) Orquesta (1) Otello (12) Pablo García López (3) Panis angelicus (1) Pasatiempos (10) Pelagio (5) Pietro Mascagni (8) Pilar Lorengar (2) Plácido Domingo (10) Rayén Quitral (1) Renato Bruson (5) Renato Cioni (1) Renée Fleming (4) Richard Strauss (4) Richard Wagner (2) Rigoletto (7) Roberto Alagna (3) Roméo et Juliette (1) Ruggero Leoncavallo (3) Ruggero Raimondi (2) Salomé (4) Saverio Mercadante (5) Sherrill Milnes (1) Simon Boccanegra (3) Sophie Koch (1) Sopranos (1) Stephen Costello (1) Suor Angelica (2) Tannhäuser (1) Teatro alla Scala (1) Teatro Constanzi (1) Teatro de la Maestranza (1) Teatro de la Ópera Garnier (1) Teatro del Liceo (4) Teatro la Fenice (3) Teatro La Scala (3) Teatro Real (2) Teatro San Carlo (1) Teatros (7) Thomas Hampson (1) Tito Gobbi (3) Tito Schipa (1) Tosca (10) Turandot (4) Umberto Giordano (4) Un ballo in maschera (3) Vincenzo Bellini (2) Voces (16) Werther (9) Wolfgang Amadeus Mozart (2)