Bienvenido

Bienvenido, amable navegante, a mi pequeño rincón. Si has llegado hasta aquí es que, como poco, sientes curiosidad por la ópera. Quizá seas un experto. Quizá sólo has echado un somero vistazo a este tema y te preguntas qué es lo que mueve a un aficionado a la ópera. O quizá, ni lo uno ni lo otro... ¿qué más da?.

Ante todo, he de decir que ni soy una erudita en esta materia ni lo pretendo. Este blog quiere servir, simplemente, de lugar donde reflexionar, donde compartir experiencias, opiniones, sentimientos, etc., acerca de un mundo que para mí es muy enriquecedor.

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lunes, 31 de diciembre de 2012

LOS ADIOSES

Cada vez que un año termina, siento que una oleada de nostalgia me envuelve. Se intensifican en mí los recuerdos de aquellos que perdí, que tuvieron que irse porque, de uno u otro modo, había llegado su hora, y me duelen los momentos que ya nunca podré compartir con ellos. Pero la vida es eso, adioses, aunque también bienvenidas; y es precisamente la oportunidad de encontrarse con al menos una de las maravillosas personas que pueblan este planeta, lo que hace que merezca la pena intentarlo un día más. Yo soy muy afortunada, porque cuento en mi vida con grandes personas que me enriquecen con su amistad y con su cariño, y son justamente ellos los que me ayudan a continuar. Mi inmenso agradecimiento y un interminable abrazo a todos y cada uno de ellos.

De adioses va la entrada de hoy, y en ella vamos a ver algunos fragmentos de óperas de las que ya hemos hablado en este blog y en los que, en diversas circunstancias y por diversos motivos, se dice "adiós". Empecemos con una de las óperas más conocidas del gran maestro Verdi, "La traviata" en uno de sus momentos para mí más conmovedores, cuando Violetta, que sabe que le quedan pocos momentos de vida, dice adiós a los bellos recuerdos de su pasado, a las rosas de sus alegrías, que ahora están marchitas. Aún el amor de Alfredo, su único consuelo, le falta. Pero alegrías y dolores acabarán pronto. Ni flores ni lágrimas tendrá su tumba:


Continuemos con Verdi, en un bellísimo dúo en el que dos amantes, unidos ya para siempre, pues han sido enterrados en vida, dicen adiós a la vida. Hablo de "Aida", y del final de su último acto. Radamés ha sido encerrado vivo en una tumba, donde se dispone a terminar sus días con el único consuelo de creer que su amada está libre y a salvo; pero su sorpresa es inmensa cuando escucha su voz y descubre que no está soñando porque, en verdad, Aida que, aprovechando un descuido de los guardias logró colarse en la que sabía que sería la tumba de Radamés, está ahora allí con él. Todo en la tierra ha terminado para ellos y sus almas, errantes, vuelan hacia la luz del día eterno:


Y para finalizar, una pequeña joya operística (y le aplico el calificativo de "pequeña" sólo por su duración). Hablo de "Cavalleria rusticana", de Pietro Mascagni, y del momento en el que Turiddu, que ha retado en duelo a Alfio, antes de encontrarse con él, y presintiendo que va a morir, pone toda su alma en una conmovedora despedida a su madre. No es capaz de decirle con palabras lo que realmente ocurre pero sus gestos, su forma de expresarse, el ansia con la que se abraza a la anciana mujer dicen mucho más que las palabras:

 
Mil gracias a todos aquellos y aquellas que habéis tenido la gentileza de deteneros, aunque sólo fuera un momento, en las páginas de este blog.

jueves, 27 de diciembre de 2012

ENDIABLADAMENTE BELLAS (III)


Cartel del estreno de "Mefistófeles", de Arrigo Boito


A pesar de que Arrigo Boito ha pasado a la historia operística principalmente como libretista ("Otello", de Verdi, "La Gioconda",  de Ponchielli) también fue compositor (véase otra entrada de este mismo blog: Los libretistas: Arrigo Boito); "Mefistófeles" es la única de sus óperas que ha sobrevivido dentro del repertorio, y la tercera de las versiones líricas de la historia de Fausto que vamos a ver.

El Acto Primero comienza en las regiones etéreas, donde habitan los espíritus que subyacen a la realidad física, un coro de ángeles entona alabanzas a Dios. Su canto es interrumpido por la súbita aparición de Mefistófeles que, en tono burlón, ridiculiza al hombre, al que tacha de arrogante y al que, afirma, no merece la pena tentar; con una sola excepción: Fausto, ferviente servidor del Altísimo. En nombre de Dios, los ángeles aceptan una apuesta en la que Mefistófeles asegura que logrará hacerle caer.

Descendamos ahora a la Tierra pero, antes de acudir al gabinete de Fausto, vayamos a las puertas de la ciudad de Frankfurt del Maine. Es el domingo de Pascua y, mientras los burgueses pasean y los estudiantes beben y ríen, un siniestro monje gris se infiltra entre la multitud. Aparece Fausto, que pasea junto a su discípulo, Wagner. Fausto advierte que las huellas que deja a su paso el enigmático monje son de fuego.

De noche, a solas en su laboratorio, Fausto medita, con un Evangelio abierto ante él. En medio de la pesada soledad que le envuelve, hace su aparición el misterioso monje gris que viera horas antes, y que no es otro que el mismísimo Mefistófeles. Escuchemos a un aterrador Samuel Ramey, presentándose a sí mismo como "el espíritu que niega...":


Soy el espíritu
que siempre niega todo,
la estrella, la flor.
Mis muecas maliciosas alteran
el dulce reposo del Creador.
Deseo el vacío y la aniquilación
de la creación.
El medio en el que
mejor me desenvuelvo
es lo que llamáis
pecado...
¡pecado, muerte y mal!
Río y grito esta sílaba:
"No"
Destruyo, tiento, rujo, susurro:
"No"
Engaño,
destruyo, tiento, rujo, susurro:
¡Silbo! ¡Silbo! ¡Silbo!
¡Eh!
(silba violentamente)

Soy una parte de un residuo
que otrora fuera el Todo: las tinieblas.
Surgí de sus entrañas
y a ellas volveré.
Aunque la luz usurpe mi cetro
y mi poder,
no será una
afrenta eterna.
¡El Sol!
¡El Sol y la Tierra,
están abocados a su destrucción!
Río y grito esta sílaba:
"No" etc.
(silba violentamente)(*)

Fausto, hombre devoto que ha llevado hasta entonces una vida de soledad y retiro, se siente tentado por el infinito poder de Mefistófeles. Ansioso por conocer la verdad sobre sí mismo y sobre el mundo, el doctor firma un pacto con este siniestro personaje; con tal de vivir un solo instante que mereciera prolongarse eternamente, Fausto está dispuesto a que, después de su muerte, a su alma se la trague el averno. Firmada la siniestra alianza, y transformado el anciano Fausto en un joven, él y Mefistófeles se van a recorrer el mundo en busca de ese ansiado instante.

Vayamos ahora al Acto Segundo. El Cuadro Primero se desarrolla en un jardín de apariencia rústica. Vemos a Fausto (que se oculta bajo el nombre de Enrique) y a Margarita paseando, mientras Mefistófeles distrae a la vecina de la muchacha, Marta. Esta vez no hay serenata diablesca al pie de la ventana. Enrique (Fausto), que a toda costa quiere seducir a Margarita, le proporciona un bebedizo para dormir a su madre, que vive con ella.

En el Cuadro Segundo, la acción se traslada al valle de Schirk, dominado por la Cabeza de Brocken, el monte de las brujas. Mefistófeles ha conducido hasta allí a Fausto para que presencie un aquelarre, que le dará idea del alcance real de su poder. Brujas y trasgos, monstruos y diablos rodean a Mefistófeles que entona, bravucón, un aria en la que se vanagloria del inmenso poder que tiene sobre el mundo (representado por un globo de cristal que sostiene en su mano), aunque los habitantes del mismo no sean conscientes de ello. De nuevo, Samuel Ramey:


 Ved aquí el mundo:
una esfera vacía,
que se eleva y desciende,
girando y brillando,
cantando y bailando,
viajando en torno al sol.
Tiembla y ruge, crea y destruye,
aquí está el mundo.
Sobre su ancha
y antigua corteza
habita una raza
tan malvada
como loca,
salvaje, despiadada,
astuta y  feroz,
dotada de un odio autodestructor
que arrasa
alturas y simas.
Toman a Satanás por una ficción,
se burlan del cielo
y hacen mofa del infierno.
¡Oh, Dios, que absurdo!
¡No puedo menos que reír
al pensar como les engaño!
¡Ja! ¡ja! ¡ja! ¡ja!
¡Aquí tenéis vuestro mundo!
¡Aquí tenéis vuestro mundo!

En el Acto Tercero, vemos a Margarita, que yace tendida en el suelo de una lúgrube celda. Enseguida comprendemos el porqué de su presencia allí: en su delirio, la muchacha nos hace saber que, al verse abandonada por el hombre que ama, ha matado a su propia madre y al niño que ha tenido de Fausto, por lo que ha sido condenada a muerte. Fausto, decidido a salvarla, llega hasta aquel oscuro lugar con Mefistófeles. Cuando parece que Fausto ha convencido a Margarita para que le siga fuera, lejos de allí, la muchacha, separándose bruscamente de su amado, suplica a Dios perdón por sus pecados. Y, a pesar de que Mefistófeles afirma que ya está condenada, las falanges celestiales acuden en su auxilio exclamando: "¡Está salvada!". 

El Acto Cuarto se desarrolla en el río Peneos, en la Grecia clásica. La luna ilumina la escena con una luz encantadora. Es la noche de aquelarre y, en medio de una nube de personajes mitológicos, Fausto rinde tributo de admiración a Elena de Troya; ambos, en una delirante ensoñación, hablan de vivir juntos en un valle tranquilo, y de que su hogar será la gruta de las ninfas...
En el Epílogo, volvemos al gabinete de Fausto, aunque se nota que ha pasado el tiempo.Voces mágicas se esparcen por la habitación. Mefistófeles se ha colocado al acecho de Fausto, que ha vuelto a envejecer. Con el Evangelio abierto ante él, como en el primer acto, Fausto medita acerca de mundo que, a través de Mefistófeles, ha conocido y se da cuenta de que la realidad no era sino dolor, y el ideal, un sueño. Su deseo se orienta hacia un país infinito, hacia una tierra de paz a la que querría consagrar el resto de su vida. Mefistófeles, temeroso de perder, al final, aquella alma, trata de atraer hacia sí a Fausto, recordándole los placereres que otrora le mostrara; pero aparecen de nuevo las falanges celestiales que, ante la indignación del diablo, conducen el alma de Fausto hacia la salvación.

(*) Dicho sea a modo de inciso, este aria me recuerda al: "Credo in un Dio crudel..." que canta Iago en el segundo acto del Otello de Verdi. Y creo que no en vano, puesto que el libreto de dicha ópera fue compuesto, también, por Arrigo Boito.


NOTA: He de aclarar que, a pesar de que en la primera de esta serie de entradas dije que iba a hablar no sólo de óperas, sino también de obras no operísticas que tratasen el tema del diablo, he creído prudente terminar (por ahora) con este tema, pues no quiero cansaros.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

ENDIABLADAMENTE BELLAS (II)





En un oscuro gabinete un hombre, encorvado por el peso de los años, se acoda pensativo sobre una mesa repleta de pergaminos. La llama de una vela, que está a punto de apagarse, rasga apenas la densa oscuridad que lo envuelve todo. Son las horas más altas de la madrugada, en las que acuden al pensamiento los fantasmas que habitan en las regiones de los anhelos insatisfechos y de las esperanzas frustradas. Triste y solitario, el hombre siente que no existe ningún lazo que le una al mundo y, ya que la muerte le rehuye, se dispone a acudir a su encuentro por medio de un brebaje que, a tal fin, ha preparado...

"Fausto", de Charles Gounod (1859)
Si queréis conocer o refrescar el argumento completo y detallado del "Fausto" de Gounod, os invito a que visitéis una serie de entradas de este mismo blog; la primera de ellas podéis encontrarla aquí: "De la maldad y de lo humano: Fausto (1ª parte)".
"Faust" (Fausto) es una grand opera en cinco actos con música de Charles Gounod y libreto en francés de Jules Barbier y Michel Carré; adapta la pieza teatral "Faust et Marguerite" de los dichos Barbier y Carré, que a su vez se inspira levemente en la primera parte del "Fausto" de Goethe. Se estrenó en el Théâtre Lirique de París, el 19 de marzo de 1859.
En la versión operística de Gounod, la historia se desarrolla en Alemania, en el siglo XVI. Fausto, un anciano sabio que ha pasado toda su vida entregado al estudio, en completo retiro, decide, abrumado por el peso de su soledad y de su aislamiento, acabar con su vida. Desesperado, se dispone a ingerir un veneno, pero su mano tiembla; maldiciendo, invoca a Satanás que aparece, de inmediato, ante él. Y hete aquí que nos encontramos, no con el previsible ser con patas de cabra, larga cola, tridente en mano y un par de cuernecillos en la cabeza, sino con todo un gentilhombre, perfectamente acicalado: la espada al costado, la pluma en el sombrero, la escarcela (*) llena y una suntuosa capa sobre los hombros (**).
Mefistófeles asegura que podrá satisfacer cualquier anhelo de Fausto: oro, gloria... pero lo que Fausto desea es un único tesoro que contiene, sin embargo, a todos los demás: la juventud. El diablo se muestra dispuesto a concedérselo... a cambio de su alma. A fin de disipar en Fausto cualquier posible duda, Mefistófeles le muestra la imagen de la encantadora Margarita, que será suya si Fausto se decide a firmar un pacto con él. El pacto entre ambos, en efecto, se firma, y se convierte, esta vez sí, en el punto de partida de la historia.
De modo similar a la versión de Berlioz, el diablo conduce a Fausto en un viaje en el que le mostrará los placeres de la vida. La aparición de Mefistófeles ante el resto de mundo se produce esta vez en medio de una kermés (***): un heterogéneo grupo compuesto por soldados, burgueses, muchachos y muchachas bebe, ríe y canta; entre ellos se encuentra Valentín, soldado hermano de Margarita, que entona una emotiva y nostálgica canción antes de partir al combate. Entra en escena Mefistófeles y atrae sobre sí la atención general por medio de una irreverente canción que enardece las voluntades de los presentes: "Le veau d'or...". De nuevo (¿por qué no?) Ruggero Raimondi (revestido esta vez de un carácter bastante más satánico que el Mefistófeles de Berlioz y su "Canción de la pulga"):

"El becerro de oro permanece erguido;
¡se ensalza su poder
de un extremo del mundo al otro!
¡Para festejar al ídolo infame,
reyes y pueblos mezclados,
al ruido lóbrego de los escudos
bailan una loca danza
alrededor de su pedestal!
¡Y Satanás dirige el baile!"
...
"El becerro de oro vence a los dioses,
¡en su gloria irrisoria...
el monstruo abyecto insulta a los cielos!
¡Contempla, con extraño delirio,
al género humano a sus pies
precipitándose, acero en mano,
en la sangre y en el fango,
donde brilla el ardiente metal!
¡Y Satanás dirige el baile!, dirige el baile..."
Merced a las hábiles maquinaciones de Mefistófeles, Margarita cae en brazos de Fausto que, una vez logra seducirla, la abandona. Ahora es ella la que languidece, triste y solitaria, y lleva como puede la vergüenza que supone, ante el resto del pueblo, haber tenido un hijo siendo soltera. El fiel Siebel, un joven muchacho que está perdidamente enamorado de Margarita, es el único que la consuela. 
Pero Fausto regresa (acompañado, por supuesto de Mefistófeles). De nuevo se encuentra ante la ventana de Margarita, pero el temor y la vergüenza entorpecen su deseo de entrar en la casa. Para forzar que la puerta de la muchacha se abra Mefistófeles, cruelmente provocador, entona una socarrona y despiadada (y sin embargo bellísima) canción que pregona a los cuatro vientos los secretos encuentros de Fausto y Margarita:
 
 "Vos que os hacéis la dormida
¿no escucháis
oh, mi adorada Catalina,
no escucháis
mi voz y mis pasos...?"
¡Así te llama tu galán
y tu corazón le cree!
¡Ja, ja, ja, ja!
¡No abras la puerta, hermosa mía,
si no es con el anillo en el dedo!
"Catalina, a quien adoro,
¿por qué rechazar
al amante que os implora
un beso tan dulce?..."
¡Así suplica tu galán
y tu corazón le cree!
¡Ja, ja, ja, ja!
¡No des un beso, adorada mía,
si no es con el anillo en el dedo!
¡Ja, ja, ja, ja!
Valentín, que ha regresado de la guerra, incapaz de soportar el deshonor de su hermana, desafía a Fausto, que le hiere de muerte gracias a la intervención de Mefistófeles. Antes de morir, Valentín maldice a su hermana; perdida por completo la razón, Margarita da muerte a su propio hijo, por lo que es encarcelada y condenada a morir ella también.
Mefistófeles conduce a Fausto hasta un lugar oscuro y aterrador. Es la noche de Walpurgis. A una señal del diablo, aparece un lujoso palacio en el que se celebra un impresionante festín al que asisten las más bellas damas de la antigüedad. Con la embriaguez, Fausto trata de ahogar los remordimientos de su corazón, pero una repentina visión de Margarita en la cárcel, con una señal roja rodeando su cuello (las señal del hacha del verdugo, que muy pronto le separará la cabeza del tronco), le da repentinas fuerzas para acudir a su encuentro y tratar de salvarla.
Margarita, si bien no cabe en sí de gozo al volver ver a Fausto, le rechaza con firmeza, pues ve la siniestra figura de Mefistófeles junto a su amado. Firme, la muchacha invoca la clemencia de Dios; finalmente muere y, mientras un Coro Celestial entona un cántico de salvación, el alma de Margarita asciende a los Cielos.


(*) Especie de bolsa que pendía de la cintura. Estuvo en uso durante los siglos XIV y XV.
(**) Paradigma de apariencia noble que esconde un corazón siniestro. Seguro que a todos se nos ocurre más de un ejemplo de rabiosa actualidad.
(***) Fiesta popular, al aire libre, con bailes, rifas, concursos, etc.


(Fuentes: www.kareol.es, wikipedia, www.youtube.es y www.letramedia.cl)

PASATIEMPOS: PUZZLE Y CADA OVEJA CON SU PAREJA


Y ahora, un par de pasatiempos. El primero es un puzzle, sobre un retrato de Héctor Berlioz. En el segundo, se trata de relacionar cada obra "diabólica" con su compositor correspondiente. Que os divirtáis.



lunes, 17 de diciembre de 2012

ENDIABLADAMENTE BELLAS (I)


Como manifestación humana que es, la música en general y la ópera en particular no podía dejar de tratar la eterna lucha entre el bien y el mal, entre la luz y la oscuridad. Es éste un tema que no conoce fronteras, ni de tiempo ni de espacio, y que forma parte del propio ser humano, porque está dentro de cada uno de nosotros; luz y sombra, dos partes de un mismo todo, cada una de las cuales no puede entenderse sin la otra. Aunque esta ancestral pugna tiene quizá un carácter más bien religioso, más allá de que uno sea católico, judío, mormón, protestante o incluso ateo, todos estamos sujetos a esta dualidad.


En la entrada de hoy y en las siguientes (diablilla que es una) quisiera centrar mi atención y la vuestra en la cara oscura de esta singular moneda, representada por la figura del diablo y de sus adláteres. Veremos algunos ejemplos de la aparición de estos siniestros personajes en la ópera y en obras no operísticas, en preciosas piezas musicales a las que podríamos calificar de "endiabladamente bellas". Por supuesto, no nos imaginamos al jefe de las huestes infernales con otra voz que no sea la de un barítono-bajo; una voz profunda, en ocasiones aterradora y siempre fascinante.

El diablo y Fausto
Aunque legendaria, la figura de Fausto se inspira en la de un sabio alemán, Johann Georg Faust, nacido en Knittlengen, en 1480, y muerto en Stanfen-Brisgau, en 1540. Hastiado de su vida de aislamiento, durante la que se había entregado únicamente al estudio de la teología, hace un pacto con el diablo quien, a cambio de su alma, le concederá cuanto Fausto apetezca.

Esta historia ha sido el origen de multitud de obras artísticas (literarias, musicales, etc.); la más conocida quizá sea el "Fausto" de Johann Wolfgang von Goethe, que inspiró a su vez (en mayor o menor medida) varias adaptaciones de esta leyenda en forma de óperas, sinfonías, lieder, etc. Veamos hoy una de las versiones de la leyenda de Fausto:
"La condenación de Fausto", de Héctor Berlioz (1846)
"La Damnation de Faust" (La condenación de Fausto) es una obra para orquesta, voces y coro compuesta por Héctor Berlioz. El propio compositor escribió el libreto con la ayuda de Almire Gandonnière, basado en la primera parte de la tragedia de Goethe. Se estrenó en la Opéra-Comique de París el 6 de diciembre de 1846, en versión de concierto.
La acción se sitúa en la Edad Media, en Hungría y en Alemania. Berlioz hizo un cambio significativo respecto de la obra de Goethe, pues en su "damnation" el pacto con el diablo no es el punto de partida, como en la novela; aquí, el amor es una trampa tendida por Mefistófeles para forzar a Fausto a pactar con él. Berlioz condensó la trama de la primera parte del Fausto de Goethe, eliminando varios de sus personajes para concentrarse en el romance entre Fausto y Margarita. Al final de la obra, Fausto decide entregar su alma al diablo para que Margarita pueda alcanzar el paraíso, convirtiéndose así en su salvador.  
Escuchemos ya a Mefistófeles. Nos encontramos en la taberna de Auerbach, en Leipzig; Mefistófeles ha conducido hasta allí a Fausto como parte del viaje en el que le enseñará "lo que es la vida". Hay gente bebiendo y cantando, y Mefistófeles se integra en el regocijo general con la encantadoramente sarcástica "Canción de la pulga". Canta el genial Ruggero Raimondi: 
 
"Una simpática pulga
vivía en casa de un príncipe.
El buen hombre la amaba
como a su propia hija
y la historia asegura
que un día hizo que su sastre
le tomara las medidas
para hacerle un traje de gala.
El insecto, colmado de felicidad,
tan pronto se vio engalanado
de oro, de terciopelo, de seda,
y condecorado con una cruz,
hizo venir de provincias
a sus hermanos y hermanas
quienes, por orden del príncipe
se convirtieron en grandes señores.
Pero lo peor fue
que la gente de la corte,
sin atreverse a decir nada,
se rascaba todo el día.
¡Cruel política!
¡Ah, compadezcamos su destino
y en cuanto una de ellas nos pique
aplastémosla sin piedad!"
   
Más adelante, cuando ya Fausto está perdidamente enamorado de Margarita, Mefistófeles canta una socarrona e insolente serenata al pie de la ventana de la muchacha, al tiempo que invoca a unos espíritus malignos, todo para embrujar a la chica y hacer que ésta caiga rendida en brazos de Fausto. De nuevo, el fantástico Ruggero Raimondi entonando esta cruel y sin embargo bella melodía: 
"Pequeña Luisa,
¿qué haces desde el amanecer
frente a la casa
de quien te ama?
En la alcoba del muchacho,
ante la perspectiva del placer,
bien puedes entrar,
muchacha,
pero no has de salir...
...Él te tiende sus brazos
y tú corres veloz
hacia él.
¡Buenas noches!... ¡Ah!
Cuando se acerca
el momento fatal,
opones resistencia...
siempre que antes
no te ofrezca un anillo de matrimonio."
Margarita, creyendo dar un somnífero a su madre (a fin de poder verse sin riesgos con Fausto) le suministra un veneno, proporcionado por el diablo, de modo que es acusada de asesinato y condenada a morir ahorcada. Fausto, desesperado, pide ayuda al rey de los abismos infernales; es entonces cuando firma con él el pacto en virtud del cual entregará su alma a Mefistófeles a cambio de la salvación de Margarita. 
En la próxima entrada:  "Fausto", de Gounod.
(Fuentes: wikipedia, www.kareol.eswww.youtube.com)

sábado, 15 de diciembre de 2012

PASATIEMPOS: PUZZLE


Para redondear la serie de entradas acerca de Schubert y de su "Alfonso y Estrella", os propongo a continuación que tratéis de hacer un puzzle sobre una litografía de Franz Schubert. Basta con que hagáis clic sobre la imagen y se abrirá una pantalla en la que podréis jugar. Que os divirtáis:

"ALFONSO Y ESTRELLA": AMOR E INTRIGA EN EL REINO DE LEÓN (II)

Castillo de Grajal (León)

Primer acto

Cuadro II
En el castillo de Mauregato
 
En el palacio real, Mauregato se prepara para una cacería. Su hija, la soñadora Estrella, recibe la visita de Adolfo, general de Mauregato, que regresa de una cruenta batalla contra los moros; ha resultado victorioso, por lo que cree haberse hecho merecedor de la mano de Estrella como recompensa. Ella le rechaza, pero Adolfo insiste y le asegura que logrará su propósito.

El general de presenta entonces ante Mauregato. El rey, aunque quiere premiar la gran gesta de Adolfo, intuye que Estrella no le quiere, de modo que el monarca pone como condición para el matrimonio que Adolfo le traiga el collar de Eurico. Adolfo jura venganza.


  
  
Segundo Acto
De nuevo en el valle
 
Volvemos al maravilloso valle en el que, desde hace tantos años, se halla desterrado Fruela. Escuchamos cómo el rey canta una antigua balada, titulada "La muchacha de las nubes". Es la historia de un cazador al que se le aparece en la montaña una hermosa muchacha; el hombre, siguiendo la hermosa imagen de la muchacha, cae por un precipicio y muere.

Más tarde Alfonso, yendo por el monte, se encuentra con Estrella, que se ha extraviado durante la cacería; con el eco aún en sus oídos de la balada que acaba de cantarle su padre, el chico cree que aquélla es la "muchacha de la nubes". Ambos sienten un flechazo y Alfonso, para sellar aquel encuentro, regala a Estrella el collar de Eurico.

Mientras tanto, Adolfo ha logrado reunir un grupo de hombres para, con él mismo al frente, derribar a Mauregato, aduciendo que es un usurpador que le arrebató el trono al buen rey Fruela. Maruegato, que desconoce por completo la conjura, lamenta la pérdida de su hija; peró ésta regresa súbitamente, y le muestra el collar de Eurico. El jefe de la guardia avisa al rey de que un grupo de traidores se dispone a atacar el palacio, y se entabla una encarnizada lucha.


Tercer Acto
En el valle y después en palacio

Al fondo, una humilde cabaña contempla cómo entre los ejércitos de Adolfo y Mauregato se libra una terrible batalla; finalmente, las tropas de Adolfo, victoriosas, se apoderan del palacio. Una muchacha y un muchacho son testigos de cómo huyen los derrotados. Adolfo, exultante por la victoria, intenta una vez más obligar a Estrella a casarse con él y, ante el nuevo rechazo de la muchacha, trata de apuñalarla; pero Alfonso llega a tiempo para reducir y encerrar al traidor. Estrella hace saber a Alfonso que es hija de Mauregato, y que teme que maten a su padre. Alfonso promete ayudarla y, a tal fin, llama a su padre para que acuda con sus tropas. Fruela duda si acoger a la hija del enemigo, pero finalmente vence su buen corazón y la lleva a lugar seguro.

Mauregato, abandonado por todos, huye desesperado. Se encuentra con Fruela en la cabaña, y los viejos enemigos se reconcilian. Alfonso llega con la noticia de la victoria. Mauregato concede la mano de Estrella a Alfonso, que será el nuevo rey, pues Fruela renuncia al trono. A pesar de sus muchos crímenes, Adolfo es perdonado. Los nuevos monarcas inician su reinado en medio del júbilo general.



miércoles, 12 de diciembre de 2012

"ALFONSO Y ESTRELLA": AMOR E INTRIGA EN EL REINO DE LEÓN (I)



Escudo de León
Introducción a "Alfonso y Estrella"
Hacia el año 1821, la vida parecía sonreír al joven Schubert. En el aspecto personal, tenía buenos y alegres amigos y era joven; en lo que se refiere a la música, se habían editado algunas de sus canciones y danzas para piano, y se había estrenado "El arpa mágica", opereta con toques de ilusionismo entremezclados con la música y el melodrama. Schubert creía que su consagración musical estaba a punto de llegar, y que lo haría de la mano de una nueva ópera alemana.

Conscientes de que el momento era propicio, Franz Schubert y Franz von Schober escriben durante los meses de septiembre y octubre de 1821 la mayor parte de "Alfonso y Estrella". Los dos amigos pasan estos meses en Saint Pölten, pueblo cercano a Viena; trabajan con intensidad y la ópera progresa rápidamente. En febrero de 1822, la obra está terminada, corregida, copiada y lista para su estreno.

A pesar del deseo de Schubert , las posibilidades de que la primera representación de su "Alfonso y Estrella" se llevase a cabo en Viena resultaron ser nulas. La razón es que a finales de 1821, Domenico Barbaja, empresario italiano, había arrendado los dos teatros vieneses más importantes, marcando una línea afín a la ópera italiana, en perjuicio de la ópera alemana (esta circunstancia hizo que, por ejemplo, cantantes austriacos como Vogl, amigo y valedor de Schubert, fuesen despedidos). Durante 1822, Schubert intenta que el estreno se realice en Dresde o Berlín, si bien sus esfuerzos serán inútiles. Al final, decepcionado y cansado después de tanto esfuerzo infructuoso, Schubert abandona todo intento de estreno. La obra se estrenaría veintiséis años después de la muerte del compositor, el 24 de junio de 1854, en una versión fragmentada, bajo la dirección de Franz Liszt.

Desde su estreno, "Alfonso y Estrella" apenas subió a los escenarios operísticos, aunque se hicieron varias grabaciones. En 1997, con motivo del bicentenario del nacimiento de Schubert, se representó en Viena y Zurich, bajo la dirección musical de Nicolás Harnoncourt. Ese mismo año, el público gijonés disfrutó de una versión de concierto de esta ópera, bajo la dirección de Mariano Rivas, cuyo impulso fue decisivo para que "Alfonso y Estrella", ópera romántica con música de Franz Schubert y libreto de Franz von Schober se estrenase, por fin, en España.

Personajes
Alfonso.- Hijo del depuesto rey Fruela I de León (en realidad Asturias). Tenor lírico-ligero.
Mauregato.- Rey de León (en realidad de Asturias) en la ópera sometido al tributo de las Cien Doncellas(*). Barítono.
Estrella.- Hija del rey Mauregato. Soprano lírica.
Fruela.- Destronado rey de León. Barítono.
Adolfo.- General del rey Mauregato. Bajo.
Jefe de la Guardia Real.- Papel secundario para tenor.
Una muchacha.- Papel menor para soprano.
Un joven.- Papel menor para tenor.
Coro.- Dos solistas: mezzosoprano y tenor.

Adolfo (el malo de la ópera) y Estrella son personajes literarios, sin relación directa con la historia de Asturias; en el resto coexiste una curiosa mezcla de realidad histórica y fantasía.

Fruela fue rey de Asturias desde el año 757 al 768. Durante su reinado se funda Oviedo y, tal y como se cuenta en la ópera, su hijo se llamaba Alfonso. Pierde el reino a causa de una conspiración pero, a diferencia de lo que ocurre en el libreto de Schober, no tiene la posibilidad de exiliarse en un valle idílico. Muere asesinado en los alrededores de Cangas de Onís.

Mauregato fue uno de los reyes de la corte de Pravia desde el 783 al 788. Jesús Evaristo Casariego, que tenía mucha imaginación, imputa a este rey el famoso "tributo de las Cien Doncellas"(*). Usurpó, en efecto, el trono de Asturias, pero no a Fruela, sino a un imberbe Alfonso.

Alfonso II el Casto vivió su infancia refugiado en el monasterio de Samos, y su juventud en los valles y montes de Álava y Navarra. Fue él y no Fruela quien perdió el reino por obra de Mauregato. Sucedió a Bermudo I y trasladó la corte a Oviedo; su reinado, desde el 791 al 842, fue el más trascendente de la historia de Asturias.

(*)"El tributo de las Cien Doncellas" es fruto de una leyenda según la cual, a causa de la debilidad del reino de Asturias frente a los musulmanes, el rey asturiano debía ofrecer cada año al califa de Córdoba 100 doncellas para que sirvieran como esclavas de los monarcas de Al-Andalus. Las muchachas eran confinadas en la torre veldesana de Villademoros, hoy torre de los Santullano.


Argumento
Para ilustrar el argumento de "Alfonso y Estrella" utilizaré una grabación realizada en Viena, en 1997, bajo la dirección de Nicolás Harnoncourt, con Luba Orgonasova y Thomas Hampson, entre otros, en los principales papeles. Me disculpo por no haber podido hacer que apareciesen los subtítulos (si bien éstos eran en inglés). En este mismo blog, en la sección "Libretos", podéis encontrar el de esta ópera aunque, para mayor comodidad vuestra, os dejo el enlace aquí: "Alfonso y Estrella" (sólo en alemán original).


Primer acto
Cuadro I
En un valle leonés
Valle del Silencio (León)

Fruela, antiguo rey de León, depuesto hace algún tiempo por Mauregato, vive tranquilo en un precioso valle de dicho reino donde disfruta de una vida apacible y pacífica. Para conmemorar el vigésimo aniversario de la llegada de Fruela al valle, el pueblo le ofrece una fiesta, en la que los lugareños le piden que nombre como sucesor a su hijo, Alfonso que, hasta ese momento, desconocía la condición de monarca (si bien destronado) de su padre.

A diferencia de su padre, el muchacho no se contenta con vivir en aquel lugar, pues desea ver mundo y vivir aventuras heroicas. Y la primera ha de ser vencer al tirano rey Mauregato. Fruela entrega a su hijo, como signo de legitimidad real, el collar de Eurico, procedente del antiguo tesoro de la corona visigótica.



Continuará...

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