Bienvenido

Bienvenido, amable navegante, a mi pequeño rincón. Si has llegado hasta aquí es que, como poco, sientes curiosidad por la ópera. Quizá seas un experto. Quizá sólo has echado un somero vistazo a este tema y te preguntas qué es lo que mueve a un aficionado a la ópera. O quizá, ni lo uno ni lo otro... ¿qué más da?.

Ante todo, he de decir que ni soy una erudita en esta materia ni lo pretendo. Este blog quiere servir, simplemente, de lugar donde reflexionar, donde compartir experiencias, opiniones, sentimientos, etc., acerca de un mundo que para mí es muy enriquecedor.

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jueves, 19 de abril de 2012

ANECDOTARIO OPERÍSTICO (XI)


Grand Opera House Belfast

Vuelvo hoy a traer hasta vosotros una nueva entrega de este "Anecdotario operístico", que permite hacerse idea de las múltiples facetas que conforman el maravilloso mundo de la lírica. 

¿Por qué Beethoven tiró el estofado?
Esta anécdota da título a un divertidísimo libro escrito por Steven Isserlis, que cuenta de forma muy amena diversas anécdotas acerca de las vidas de grandes compositores. Ésta me ha parecido una de las más divertidas:

El genio ardiente de Beethoven se manifestaba en todos los aspectos de su vida, como por ejemplo en la comida, por la que mostraba una desenfrenada pasión. Resultó que en cierta ocasión acudió a un restaurante y pidió un determinado plato; no importa cuál fuera, el caso es que el camarero le trajo uno equivocado. Tras quejarse nuestro protagonista, aquel hombre le respondió de mala forma y, sin hacerle más caso, se metió de nuevo en la cocina. Unos instantes más tarde, reapareció llevando un montón de platos para otros clientes. Ante tal actitud, Beethoven montó el cólera, cogió la comida que el camarero le había dejado (un plato de carne con mucha salsa) y ¡se la tiró al camarero en pleno rostro!

El camarero se puso furioso, pero trató de mantener el equilibrio para no dejar caer los platos, mientras intentaba relamer la salsa que le caía por la barbilla. Tenía un aspecto tan gracioso que el resto de clientes del restaurante comenzó a reír, con lo que Beethoven no pudo por menos que acabar por desternillarse, lo que le hizo recuperar su buen humor. Escuchemos, de este magnífico compositor, el aria de Marzellina, de "Fidelio":



María Callas dice impropiedades en sus primeros Puritani
Recojo este episodio del jugoso libro "Historias de la historia de la ópera", de Roger Alier. Habla de la ocasión gracias a la cual "La Divina" se convirtió en "la voz de Italia":

Cuando, a principios de enero de 1949, se indispuso la famosa soprano ligera Margherita Carosio, que iba a interpretar "I puritani" en el Teatro La Fenice de Venecia, el empresario decidió sustituirla por María Callas que, por aquellos días, cantaba "Die Walküre" en el mismo teatro. A la Callas se le dio únicamente una semana para prepararse el rol entero de Elvira.

El domingo 17 de enero por la mañana se celebró el ensayo de la ópera de Bellini; por la tarde, la Callas cantaba la última de sus Walkirias, y el martes 19 debutaba como Elvira en "I puritani". Dada la premura con la que había tenido que aprenderse el papel, no es extraño que cometiera algún disparate en el texto italiano y así, en su aria del primer acto, en lugar de "Son vergin vezzosa" ("Soy una virgen hermosa"), dijo "Son vergin viziosa" ("Soy una virgen viciosa"), amén de algunos otros deslices que nadie le tuvo en cuenta, pues su maravillosa interpretación llevó al público al delirio y la consagró definitivamente como una nueva estrella de la lírica. Escuchémosla como "vergin vezzosa" (que no "viziosa") en "I puritani":



Una "Tosca" con final surrealista
Sobre la celebérrima ópera de Puccini existen tal cantidad de anécdotas que no sé si darían para llenar un libro, pero seguro que cubrirían una parte considerable de alguno. La que hoy os traigo, extraída de www.psicofxp.com cuenta cómo un suceso imprevisto desembocó en una "Tosca" con un final "surrealista":

Una nueva puesta en escena de "Tosca" estaba a punto de estrenarse en la Ópera de San Francisco cuando, en el último instante, un grave conflicto obligó a hacer cambios en el elenco. Así, cinco actores jóvenes, ajenos por completo al mundo de la ópera, fueron escogidos para integrar el pelotón que, como sabemos, al final del tercer acto tiene que fusilar a Mario Cavaradossi.

Como la tarea de los soldados consiste únicamente en disparar contra el tenor, el regidor confió en el instinto teatral de los inexpertos (operísticamente hablando) muchachos. Antes del comienzo del tercer acto, y sin ensayo de ninguna índole, se limitó a decirles: "Sigan al comandante. Avancen lentamente, escuchen la música, se alinean y cuando el oficial baje la espada, disparen." "¿Y cómo salimos?" Creyendo que se referían al saludo final, les dijo: "Sigan a los protagonistas."

Llegado el momento, los soldados, mientras avanzaban conforme les había indicado el regidor, vieron en el escenario a un hombre y a una mujer (Cavaradossi y Tosca) cantando en un idioma para ellos incomprensible (italiano). Cuando la mujer se apartó y el hombre los encaró, entendieron que era a él a quien tenían que fusilar; sin embargo, los desorientaron las miradas rápidas que él le dirigía a ella, al tiempo que ella miraba al pelotón. Así, resultó que, cuando el oficial dio la orden, algunos tiraron sobre Cavaradossi y otros sobre Tosca. Para sorpresa de los que apuntaron a la dama, ella quedó en pie y el que cayó fue el caballero.

Los soldados no se movieron de sus puestos en tanto que, urgida por la música y sin entender por qué no se iban, Tosca fue hacia Cavaradossi. El desconcierto de los improvisados soldados fue mayúsculo cuando vieron que la mujer hablaba al recién fusilado como si estuviera vivo. Y, por último, les asaltó el pánico cuando escucharon gritos desde las bambalinas y vieron que Tosca se subía a las almenas para, a continuación, arrojarse al vacío. Recordemos que "sigan a los protagonistas" había sido la indicación del regidor. Antes de que el telón se cerrara, el público asistió a un final inaudito: como admiradores que siguen a su ídolo hasta las últimas consecuencias, los cinco muchachos, uno tras otro, se arrojaron detrás de la cantante. Veamos el final de "Tosca" (no el que acabo de describir, sino el habitual) en una grabación de 1978 que tiene como protagonista a Shirley Verret:


(Fuentes: "¿Por qué Beethoven tiró el estofado? y muchas más historias acerca de la vida de grandes compositores", de Steven Isserlis, "Historias de la historia de la ópera", de Roger Alier, www.psicofxp.com , fotopedia,com y www.youtube.com)

jueves, 26 de mayo de 2011

VOCES PARA LA HISTORIA: MARGHERITA CAROSIO (MI PEQUEÑO HOMENAJE)

Hoy, 26 de mayo, este blog cumple un mes. Con este motivo quiero, en primer lugar, dar las gracias a todos aquellos que me han dado y me dan ánimos en este empeño que me resulta tan gratificante: a mis amigos y amigas, algunos de los cuales son, además, compañeros de trabajo, de los que surgió el impulso inicial y de los que recibo muy buenas ideas y muchos ánimos; y por supuesto a mis compañeros blogeros, a esos estupendos blogs amigos, todos y cada uno de los cuales contribuyen (a mi entender con gran acierto) a hacer que más gente conozca y ame la música clásica y la ópera, y que podéis encontrar en "Páginas que sigo y recomiendo". Gracias, de corazón, a todos.

Y para redondear este día de celebración, deseo rendir un pequeño homenaje a una soprano que, en su día, fue tan conocida o más que otras de su época, pero a la que el tiempo ha ido quizás dejando un tanto de lado (muy injustamente). Me refiero, por supuesto, a Margherita Carosio. 


Margherita Carosio nació en Génova el 7 de junio de 1908 y murió, también en Génova, el 10 de enero de 2005. Una de las más notables sopranos líricas ligeras de su generación, su cálida y expresiva voz se ha conservado en muchas grabaciones de Parlophone y Ultraphon hechas antes de la Segunda Guerra Mundial, así como en las memorables series para HMV realizadas en Londres a partir de 1946. Escuchémosla en un fragmento de "Una voce poco fa" de "Il barbiere di Siviglia", de Rossini:


Hasta que me puse a indagar para escribir este artículo, no había oído cantar a Margherita Carosio, y ha sido para mí una gratísima sorpresa. Ya comenté en otra ocasión que, en mi modesta opinión, quien canta como nadie "Una voce poco fa" es Victoria de los Ángeles; sigo pensándolo, pero Margherita Carosio no se le queda muy atrás (siempre desde mi gusto personal, claro): obsérvense qué agudos ¡parece un pájaro! y qué manera de frasear, sin esfuerzo, sin buscar el mero "lucimiento" sino, simplemente, sintiéndose cómoda, subiendo y bajando de tono con una facilidad pasmosa. Como he dicho más arriba, creo que la historia operística la ha dejado de lado muy injustamente.

Continuando con sus datos biográficos, hay que decir que era hija de un profesor de canto y compositor, Natale Carosio, que no sólo supervisaba sus estudios, sino que lanzó su carrera en conciertos públicos cuando la muchacha tenía catorce años de edad. Margherita dijo una vez de su padre: "Todo lo que sé se lo debo a él. Yo le decía a él: 'Yo soy buena lana, pero tú eres un extraordinario tejedor'".

En 1924, con sólo dieciséis años, hizo su debut operístico como Lucía en "Lucia di Lamermoor", de Donizetti, en el Teatro Cavour, en Novi Ligure. Poco después, fue recomendada por la soprano irlandesa Margherita Sheridan para cantar el papel de Fiódor en "Boris Godunov", de Mussorgsky, en el Convent Garden, junto a Fiodor Chaliapin. Ella, al igual que el resto de la compañía, cantó en italiano, salvo Chaliapin, que cantó en ruso; el coro cantó en francés. Más tarde, Margherita diría que trabajar con el gran bajo ruso le hizo darse cuenta de lo que significaba no sólo interpretar un personaje, sino convertirse en él.

En 1928, a los diecinueve años de edad, la Carosio interpretó el papel de Musetta en "La bohème", de Puccini, y de nuevo con Fiódor Chaliapin, en el Convent Garden. Sin embargo, no regresaría a Londres hasta después de la Segunda Guerra Mundial, en 1946, como estrella de la compañía invitada San Carlo de Nápoles; en esta ocasión, cantó una particularmente enfermiza Violetta en "La traviata" de Verdi. Había sido muy admirada por aquellos que la habían visto interpretar este papel en Nápoles. Elegante, bonita, pequeña, y con una suerte de encanto mezclado con patetismo, la candorosa cara de la Carosio se popularizó en medio mundo. Más tarde, apareció con una compañía italiana como la caprichosa Adina, en "L'elixir d'amore", de Donizetti, que también cantaría en La Scala y que grabó para EMI. Escuchémosla en "La traviata":


Cuánto dolor contenido, qué melancólica tristeza... es un lamento íntimo, solitario, que canta sólo para sí misma, en la terrible, en la absoluta soledad de su alcoba. En los tonos agudos parece que va a romper a llorar... Parece que hubiera ido a buscar ese dolor profundo que todos llevamos en el fondo del alma, y lo hubiese transformado en palabras y música... Me resulta una Violetta absolutamente creíble, con un tono enfermizo, frágil, y con una delicadeza exquisita.

Continuemos con su historia. Muy pronto, la Carosio fue recorriendo toda Italia, en papeles para los que se requería su voz luminosa y llena de color, en particular la Amina de "La sonnambula", de Bellini, Norina, del "Don Pasquale" de Donizetti y Konstanze de "Die Entführung aus dem Serail" de Mozart. En La Scala debutó como Óscar, en "Un ballo in  maschera", de Verdi, y más tarde hizo una encantadora Filina en "Mignon", de Thomas. Cantó muchos papeles en La Scala, todos con gran éxito. Tal vez su más destacable papel protagonista en esta época fue Rosina, de "Il barbiere di Siviglia", de Rossini. También se atrevió con un repertorio más arriesgado, como la Zerlina del "Fra Diavolo" de Auber, la Reina de Shemakhan de "El gallo de oro", de Rimsky-Korsakov o el papel principal de "The Nightingale", de Stravinsky. En La Scala interpretó a Aminta en las primeras representaciones en Italia del "Die schweigsame Frau", de Richard Strauss, a Volkhova en "Sadko", de Rimsky-Korsakov y a Egloge en el estreno mundial de "Nerón", de Mascagni, el 16 de enero de 1935 (estreno en el que acaparó todos los reseñas, tal fue su éxito). Continuó apareciendo en La Scala hasta 1955. Aquí tenemos un fragmento del estreno de "Nerón", de Mascagni:


Desgraciadamente, a Margherita Carosio se la recuerda hoy más como aquella cantante cuya indisposición, en enero de 1949, llevó a María Callas a tener que aprenderse en cinco días el papel principal, Elvira, de "I puritani", de Bellini, mientras estaba interpretando a Brünnhilde en "Die Walküre", de Wagner, en el Teatro La Fenice de Venecia. Esta hazaña causó sensación e hizo historia operística. También hizo que el público se diera cuenta que el bel canto podía ser interpretado por voces más "oscuras" que podían igualmente realizar las "florituras" de este tipo de canto y, en última instancia, dio lugar a un "resurgimiento del bel canto", que duró varias décadas. Este "resurgimiento" tuvo como consecuencia que voces como la de Margherita Carosio cayeran en el olvido, aunque la expresividad suave, la tierna elegancia y el encanto de su voz pueden (y deben) apreciarse en cualquier época. Aunque ensombrecida por la Callas, la Carosio merece también, en mi opinión, un lugar de honor en la historia de la ópera.

Más tarde, destacó en papeles más líricos, como los de Mimí y Violetta; la pureza de su tono y la capacidad para transmitir una convincente vulnerabilidad, eran muy apropiadas para este tipo de personajes. En 1954 regresó a La Scala para el estreno de "Amelia al ballo", de Gian Carlo Menotti, que también grabó.

Tuvo una breve carrera en el cine italiano, e incluso recibió una oferta de MGM para ir a Hollywood, oferta que rechazó debido a sus muchos compromisos. Se retiró del escenario operístico en 1959 y, durante los cuarenta años siguientes ejerció de periodista y crítico de música en su ciudad natal, donde murió, el 10 de enero de 2005. Vaya desde aquí, mi profunda admiración.

Dedico este artículo a una querida amiga mía que hoy cumple años. Muchas felicidades.

(Fuentes: wikipedia, flickr.com y www.youtube.com).

jueves, 19 de mayo de 2011

VOCES PARA LA HISTORIA: LA DIVINA

Nacimiento y primeros pasos
Anna María Kaikilía Kalogeropoúlou era hija de Evangelina Dimitriadis y George Kalogeropoulos, una pareja de emigrantes griegos que llegaron a Estados Unidos en agosto de 1923 y se asentaron en Nueva York. María nació el 2 de diciembre de ese mismo año.

Fuente: artelista.com.

En 1929 George Kalogeropoulos, farmacéutico de profesión, abrió un negocio familiar en el barrio griego de Manhattan. Por la complejidad de su apellido, lo cambió por el de Callas. Tras la separación de sus padres, María viajó a Grecia en 1937 con su madre y su hermana, volviendo a adoptar su apellido original.

Comenzó su formación en el Conservatorio Nacional de Atenas y, para inscribirse, tuvo que falsear la edad, ya que no tenía los 16 años mínimos requeridos. Estudió con las sopranos María Trivella y Elvira Hidalgo; esta última la formó en la tradición del bel canto. En 1938 hará su debut no profesional como Santuzza en "Cavalleria rusticana", en Atenas.

La relación entre María y su madre era difícil. La madre presionaba a María con las clases, y solicitaba a sus profesores que le informasen de todos sus avances; por otro lado, comparaba a María con su otra hija, calificándola de "gorda", poco agraciada y únicamente atractiva por su voz. Años después, María confesaría a la prensa que su madre la apoyó solamente para tener algún sustento económico y que nunca se había sentido querida por ella.

En 1941 María Callas debutó profesionalmente con la opereta "Boccacio", en el Teatro Lírico Nacional de Atenas. Su primer éxito llegó en 1942 con Tosca, en la Ópera de Atenas. También en Atenas cantó "Fidelio", "Tiefland" y, de nuevo, "Cavalleria rusticana". En 1944, María decide volver a los Estados Unidos para encontrarse con su padre.

María Callas mostró tener un carácter muy fuerte y determinante en sus decisiones, que se evidenciaría en el trato con su madre y, más tarde, con Aristóteles Onassis. Fue mítica su rivalidad con Renata Tebaldi. Su voz en los pianos era bellísima, pero acusaba un timbre metálico (muy característico) que no sabía anular con técnica; en ciertos momentos, parecía como si la voz se le "oscureciera", se le "velara". En sus tiempos fue llamada "soprano assoluta". La rápida pérdida de peso en la mitad de su carrera, el cambio constante de repertorio tan variado y a la vez sus problemas personales, son citados como posibles causas del deterioro de su voz.

Consolidación y plenitud
En 1949 María se casa con Giovanni Battista Meneghini (1896-1981), treinta años mayor que ella, al que había conocido durante un viaje a Italia y que sería decisivo en su incipiente carrera. Ese mismo año hace su debut americano en el Teatro Colón de Buenos Aires como "Turandot", "Aída" (sólo una función, reemplazando a Delia Rigal) y "Norma", dirigidas por Tulio Serafin, secundada por Mario del Mónaco, Fedora Barbieri y Nicola Rossi-Lemeni. Escuchémosla en "Norma", de Bellini: "Casta diva"; fuente: www.epdlp.com.

Fuente: fotopedia.com.
En Venecia se iba a representar "I puritani", de Vincenzo Bellini, con Margherita Carosio en el papel de Elvira. Pero sucedió que la Carosio se puso enferma, y el director musical del teatro decidió que la Callas sería la mejor elección para sustituirla. Se le dio una semana para aprender la ópera entera, una semana que además incluía tres representaciones de "Die Walküre". Después de la primera representación de "I puritani" el 19 de enero de 1949, María Callas se convirtió en "la voz de Italia".

Se le ofreció un papel (que Renata Tebaldi no podía realiar) en "Aída", de Giuseppe Verdi, en La Scala de Milán, el teatro más importante del país. María y Meneghini esperaban un gran éxito, pero cuando comenzaron las representaciones, el 12 de abril de 1950, la acogida del público italiano fue fría y la Callas, en un arrebato de cólera, dejó la obra inconclusa tras terminar el segundo acto. Para la segunda representación, el 7 de diciembre de 1950, La Scala se rindió a María Callas, éxito que dio origen a su seudónimo "La Divina".

Mujer muy alta y corpulenta, entre 1953 y 1954 María Callas bajó más de treinta y seis kilos. Cuando reapareció como la tísica Violetta de Luchino Visconti de "La Traviata", en un primer momento, ni el director orquestal Carlo María Giulini la reconoció. Era "otra mujer" y Visconti había hallado la cantante-actriz ideal para sus cinematográficas escenificaciones.

En 1955 canta una "Norma" que adquirirá estatus legendario, junto a Giulietta Simionato y Mario del Mónaco, dirigida por Antonino Votto y en Berlín, junto a Herbert von Karajan, canta una "Lucia di Lamermoor" histórica para la reapertura de la Deutsche Oper Berlin. El delirio del público hace que se deba repetir el sexteto del segundo acto.

En 1956 María debuta en el Metropolitan Opera House de Nueva York con Norma, de Vincenzo Bellini. De ese mismo año, escuchémosla en "Il barbiere di Siviglia", de Rossini: "Una voce poco fa"; fuente: www.liberliber.it. En 1957 tiene lugar la histórica exhumación de "Anna Bolena", de Donizetti, en La Scala, dirigida por Lucino Visconti, y la igualmente histórica "La sonnambula", de Bellini. Durante la gira de la compañía, primero a Colonia y luego a Edimburgo, ante el éxito de las representaciones de "La sonnambula", se agrega una quinta función a las cuatro programadas. María, con toda razón, aduce no estar contratada y se marcha a Venecia donde, en una fiesta que celebraba su amiga Elsa Maxwell, conoce al magnate Aristóteles Onassis.

Un año legendario: 1958
El 27 de marzo de 1958 María cantó en Lisboa, junto al joven tenor canario Alfredo Kraus, una de las representaciones más aclamadas de "La Traviata", de Verdi. Esta función, dirigida por Franco Ghione, es considerada, pese a su sonido precario, como la mejor grabación de es ta ópera. Escuchemos, de esta representación: "Addio del passato"; fuente: www.verdidisco.de. Se conservan, por puro azar, fragmentos filmados de dicha función (fuente: www.youtube.com):

María Callas y Alfredo Kraus en "La Traviata"
Lisboa, 1958.

También de 1958, existe una grabación en vivo (sólo en audio) de "Medea", de Luigi Cherubini: "Figli miei, miei tesor"; fuente: www.liberliber.it.

En 1959, María Callas dejó a su marido por el magnate griego naviero Aristóteles Onassis, con el que vivió una tortuosa relación sentimental. Llegó a retirarse de la escena durante un breve tiempo y, a su regreso, por falta de práctica y excesiva vida social, era evidente que su voz había perdido fuerza y que mostraba signos de decadencia. Fruto de su relación con Onassis, en 1960 dio a luz un niño, al que llamó Omero y que vivió tan sólo unas horas. En 1965, vuelve al Met con dos funciones de "Tosca". Escuchémosla en dos arias de otras dos óperas de Puccini:
Con la esperanza de que Onassis le propusiera matrimonio, en 1966 la Callas renuncia a la ciudadanía estadounidense y toma la nacionalidad griega (con lo que, técnicamente, anulaba su matrimonio con Meneghini). Sin embargo Onassis, tan sólo dos años después, la abandona repentina y abruptamente para casarse con Jacqueline Kennedy, la viuda del presidente norteamericano John Fitzgerald Kennedy, asesinado en Dallas. Callas, herida en lo más profundo de su orgullo, nunca pudo superar el abandono de Onassis y jamás se lo perdonó, a pesar de que éste la buscaría después repetidas veces.

María Callas, que se había instalado en París, volvió a los escenarios en 1973 con Giuseppe di Stefano. Por primera vez en ocho años volvía a cantar en público. Con apenas vestigios de su proverbial voz, quedó claro que su regreso iba a ser un rotundo fracaso.

El 16 de septiembre de 1977, María se despertó en su casa de París. Desayunó en la cama y fue al cuarto de baño. Tenía un dolor punzante en el costado izquierdo y se desmayó. Fue llevada de nuevo a la cama y bebió un café fuerte. El médico acudió rápidamente pero, antes de que llegara, María murió. Su funeral tuvo lugar el 20 de septiembre, y su cuerpo fue incinerado en el cementerio parisino de Père Lachaise. Oficialmente murió de una "crisis cardíaca", pero no se descarta que se suicidara ingiriendo una dosis masiva de tranquilizantes. Su urna fúnebre fue robada y encontrada unos días más tarde; tras su recuperación, se dispersaron sus cenizas en el mar Egeo.

Para terminar, me quedo con una frase del musicólogo Kurt Pahlen, "...su canto asemeja una herida abierta, que sangra entregando sus fuerzas vitales... como si ella fuese la memoria del dolor del mundo...".

(Fuente: wikipedia).

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