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| Castillo de Grajal (León) |
Primer acto
Cuadro II
En el castillo de Mauregato
En el palacio real, Mauregato se prepara para una cacería. Su hija, la soñadora Estrella, recibe la visita de Adolfo, general de Mauregato, que regresa de una cruenta batalla contra los moros; ha resultado victorioso, por lo que cree haberse hecho merecedor de la mano de Estrella como recompensa. Ella le rechaza, pero Adolfo insiste y le asegura que logrará su propósito.
El general de presenta entonces ante Mauregato. El rey, aunque quiere premiar la gran gesta de Adolfo, intuye que Estrella no le quiere, de modo que el monarca pone como condición para el matrimonio que Adolfo le traiga el collar de Eurico. Adolfo jura venganza.
El general de presenta entonces ante Mauregato. El rey, aunque quiere premiar la gran gesta de Adolfo, intuye que Estrella no le quiere, de modo que el monarca pone como condición para el matrimonio que Adolfo le traiga el collar de Eurico. Adolfo jura venganza.
Segundo Acto
De nuevo en el valle
Volvemos al maravilloso valle en el que, desde hace tantos años, se halla desterrado Fruela. Escuchamos cómo el rey canta una antigua balada, titulada "La muchacha de las nubes". Es la historia de un cazador al que se le aparece en la montaña una hermosa muchacha; el hombre, siguiendo la hermosa imagen de la muchacha, cae por un precipicio y muere.
Más tarde Alfonso, yendo por el monte, se encuentra con Estrella, que se ha extraviado durante la cacería; con el eco aún en sus oídos de la balada que acaba de cantarle su padre, el chico cree que aquélla es la "muchacha de la nubes". Ambos sienten un flechazo y Alfonso, para sellar aquel encuentro, regala a Estrella el collar de Eurico.
Mientras tanto, Adolfo ha logrado reunir un grupo de hombres para, con él mismo al frente, derribar a Mauregato, aduciendo que es un usurpador que le arrebató el trono al buen rey Fruela. Maruegato, que desconoce por completo la conjura, lamenta la pérdida de su hija; peró ésta regresa súbitamente, y le muestra el collar de Eurico. El jefe de la guardia avisa al rey de que un grupo de traidores se dispone a atacar el palacio, y se entabla una encarnizada lucha.
Más tarde Alfonso, yendo por el monte, se encuentra con Estrella, que se ha extraviado durante la cacería; con el eco aún en sus oídos de la balada que acaba de cantarle su padre, el chico cree que aquélla es la "muchacha de la nubes". Ambos sienten un flechazo y Alfonso, para sellar aquel encuentro, regala a Estrella el collar de Eurico.
Mientras tanto, Adolfo ha logrado reunir un grupo de hombres para, con él mismo al frente, derribar a Mauregato, aduciendo que es un usurpador que le arrebató el trono al buen rey Fruela. Maruegato, que desconoce por completo la conjura, lamenta la pérdida de su hija; peró ésta regresa súbitamente, y le muestra el collar de Eurico. El jefe de la guardia avisa al rey de que un grupo de traidores se dispone a atacar el palacio, y se entabla una encarnizada lucha.
Tercer Acto
En el valle y después en palacio
Al fondo, una humilde cabaña contempla cómo entre los ejércitos de Adolfo y Mauregato se libra una terrible batalla; finalmente, las tropas de Adolfo, victoriosas, se apoderan del palacio. Una muchacha y un muchacho son testigos de cómo huyen los derrotados. Adolfo, exultante por la victoria, intenta una vez más obligar a Estrella a casarse con él y, ante el nuevo rechazo de la muchacha, trata de apuñalarla; pero Alfonso llega a tiempo para reducir y encerrar al traidor. Estrella hace saber a Alfonso que es hija de Mauregato, y que teme que maten a su padre. Alfonso promete ayudarla y, a tal fin, llama a su padre para que acuda con sus tropas. Fruela duda si acoger a la hija del enemigo, pero finalmente vence su buen corazón y la lleva a lugar seguro.
Mauregato, abandonado por todos, huye desesperado. Se encuentra con Fruela en la cabaña, y los viejos enemigos se reconcilian. Alfonso llega con la noticia de la victoria. Mauregato concede la mano de Estrella a Alfonso, que será el nuevo rey, pues Fruela renuncia al trono. A pesar de sus muchos crímenes, Adolfo es perdonado. Los nuevos monarcas inician su reinado en medio del júbilo general.









