Bienvenido

Bienvenido, amable navegante, a mi pequeño rincón. Si has llegado hasta aquí es que, como poco, sientes curiosidad por la ópera. Quizá seas un experto. Quizá sólo has echado un somero vistazo a este tema y te preguntas qué es lo que mueve a un aficionado a la ópera. O quizá, ni lo uno ni lo otro... ¿qué más da?.

Ante todo, he de decir que ni soy una erudita en esta materia ni lo pretendo. Este blog quiere servir, simplemente, de lugar donde reflexionar, donde compartir experiencias, opiniones, sentimientos, etc., acerca de un mundo que para mí es muy enriquecedor.

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jueves, 3 de mayo de 2012

DE LAS GOLONDRINAS Y DE LA FUGACIDAD DEL VERANO (IV)


Llegamos al tercer y último acto de esta historia. En él, inevitablemente, llegará el fin del verano de nuestra golondrina.

Acto III
Nos encontramos en una casa de campo del sur de Francia, alquilada por Magda y Ruggero para pasar unos días. Los enamorados están desayunando. Cuando Ruggero le cuenta que ha escrito una carta a sus padres en la que les solicita consentimiento para casarse con ella, Magda siente que tiene que tomar una terrible decisión: confesar a Ruggero su pasado como amante de Rambaldo, o dejar que él la crea pura y continuar así su relación.

Aparecen Lisette y Prunier. Prunier ha tratado de hacer debutar a Lisette como cantante en un teatro de la Costa Azul; el resultado no ha podido ser más desastroso, así que los dos han venido para pedir a Magda que readmita a Lisette como criada, y Magda acepta al instante. Lisette y Prunier comentan que en París se habla de la fuga de Magda y Ruggero. Prunier ha traído un mensaje de Rambaldo en el que le pide a Magda que vuelva con él; pero ella no quiere.

Entra entonces Ruggero, rebosante de felicidad porque acaba de recibir una carta de su madre en la que le da su consentimiento para la boda, siempre que la mujer elegida sea buena, pura y honrada. Ante estas palabras, Magda siente que no puede ser la mujer de Ruggero y, aunque él insiste en que no le abandone, decide marcharse con Lisette a París. Su amor ha sido y será siempre sincero, pero los hipócritas convencionalismos sociales de la época han acabado con él. Y así, cual golondrina, Magda se va; su fugaz verano ha terminado.



La primera versión de esta ópera, que es la que tiene el final que acabo de contar, data de 1917. Existe, sin embargo, una revisión posterior, de 1920, en la que el final es diferente y, tal vez, mucho más "pucciniano". En esta ocasión es un anónimo el que descubre a Ruggero la vida anterior de su amada Magda y es Ruggero quien, sintiéndose traicionado, la repudia y acaba abandonándola; ella, tras implorar perdón inútilmente, termina por suicidarse arrojándose al mar, muerta de pena.Veamos este final alterantivo con Ainhoa Arteta y Marcus Haddock:


(Fuentes: "Guía universal de la ópera", de Roger Alier, "La tertulia del Foyer" y www.youtube.com)

DE LAS GOLONDRINAS Y DE LA FUGACIDAD DEL VERANO (III)


Habíamos dejado a la buena de Magda camino del Bullier, para encontrarse con Ruggero, del que se ha enamorado. Lisette también había salido con su pretendiente secreto, Prunier. Continuemos.

Acto II
En el café-salón Bullier, el baile se halla en plena animación. Ruggero se ve acosado por una nube de mujeres de "vida alegre" que tratan, en vano, de sacarle si quiera una palabra. El muchacho no acaba de sentirse a gusto en aquel lugar. Cuando entra Magda, varios estudiantes la asedian, pero ella logra zafarse de su acoso y se sienta en la misma mesa de Ruggero, que no la reconoce. A Ruggero, aquella misteriosa chica le recuerda a las tímidas muchachas de Montauban, sola, tímida...

Aparecen Prunier y  Lisette, que se han decidido también por el Bullier. Prunier no para de atosigar a  Lisette acerca de cómo debe comportarse; está empeñado en educarla, en darle lecciones para "rehacerla".

Ruggero y Magda piden un par de cervezas. Cuando Ruggero se dispone a pagar, Magda le pide que le de veinte escudos al camarero y que, lo que sobre, se lo deje de propina. El caso es que, en el transcurso de la conversación, Magda le habla a Ruggero, aunque de modo muy vago, de la aventura que había relatado a sus amigos en el Acto I, cuando vivía con su tía y se escapó para asistir a un baile. Ruggero, embelesado, le pregunta: "Somos amigos... y aún no sé su nombre. ¿Cuál es?...". Sobre el mármol de la mesa, ella escribe uno falso: "Paulette"; él escribe el suyo verdadero: "Ruggero". Los dos sienten que se van enamorando cada vez más. 


Tenemos, pues, a Ruggero y a "Paulette" embelesados el uno con el otro cuando se acercan Lisette y Prunier.  Lisette reconoce inmediatamente a su señora. Prunier también la reconoce pero, ante un gesto de Magda, hace como que no se ha dado cuenta de quién es. Al fin, los cuatro se sientan juntos, piden champán y ¡brindan por el amor!.

Pero ¡ay! llega Rambaldo que, recordemos, es el amante y "protector" de Magda. Prunier, rápidamente, hace que Lisette se lleve a Ruggero. Después, a solas Magda y Rambaldo, la muchacha le dice que se ha enamorado y que no va a volver con él. "¡Ojalá no tengas que arrepentirte!" le sentencia Rambaldo.

Poco a poco, la gente se marcha. Por unos instantes, Magda se queda sola en el local; al poco, vuelve Ruggero, que le trae el chal. "Nuestros amigos ya se han ido. Sabes... amanece. ¿Quieres que nos vayamos?". Magda, temerosa, se abraza a Ruggero: "Es mi sueño, ¿entiendes? Sin embargo, tiemblo y lloro, mi vida... ¡mi amor!".


(Fuentes: "Guía universal de la ópera", de Roger Alier y www.youtube.com)

miércoles, 2 de mayo de 2012

DE LAS GOLONDRINAS Y DE LA FUGACIDAD DEL VERANO (II)


Golondrina patagónica

Veamos ya cómo se desarrolla la historia de esta golondrina y cuánto duró su verano.

"La rondine" es una opereta en tres actos de Giacomo Puccini, con libreto de Giuseppe Adami, a partir de un libreto alemán de Alfred M. Willner y Heinz Reichrt. Se estrenó en el Teatro de la Ópera de Montecarlo, el 27 de marzo de 1917.

Personajes
Magda de Civry.- Amante de Rambaldo, se enamora del joven Ruggero. Soprano lírica.
Lisette.- Criada de Magda. Soprano de tesitura muy alta.
Ruggero Lastouc.- Joven recién llegado a París. Tenor.
Prunier.- Poeta, amigo de Rambaldo y enamorado de Lissete. Tenor lírico-ligero o ligero.
Rambaldo Fernández.- Amante de Magda. Barítono.
Périchaud.- Amigo de Rambaldo. Barítono o bajo de poco relieve.
Gobin.- Amigo de Rambaldo. Tenor.
Crébillon.- Amigo de Rambaldo. Papel de poco relieve para bajo o barítono.
Yvette, Bianca y Suzy.- Amigas de Magda. Papeles breves para dos sopranos y una mezzo-soprano.
Rabonnier.- Pintor. Papel pequeño para bajo.
Un mayordomo.- Papel breve para bajo.
Una Grisette.- Papel ínfimo para soprano.
Una cantante.- Papel muy reducido para soprano.
Un estudiante.- Papel mínimo para tenor.
Coro.
Baile público.


Acto I
Estamos en el salón de Magda de Civry, hermosa dama que tiene como amante al riquísimo Rambaldo, caballero sudamericano afincado en París (aquí tenemos una nueva versión de Violetta Valéry y del Barón Douphol). Aquella tarde, se hallan reunidos varios amigos, artistas y jóvenes de buena posición social, que llevan una vida fácil y frívola. Entre ellos se encuentra el poeta Prunier, que ofrece a la concurrencia su última composición: una canción de amor para la que aún no ha encontrado el final; es Magda la que lo improvisa. Angela Gheorghiu es Magda y canta: "Chi il bel sogno di Doretta..."


De entre los presentes, sólo Magda anhela un amor sincero, modesto. Recuerda con nostalgia una noche en la que, cuando aún vivía con una tía suya, se escapó al café-salón Bullier y en el baile, entre estudiantes y modistillas, conoció a un misterioso y rumboso joven (tomaron unas cervezas y, al pagarlas, el muchacho dejó al camarero una espléndida propina); sonaba una música extraña y una voz lejana le decía: "¡Muchacha, ha surgido el amor! ¡Defiende, defiende tu corazón! El encanto de besos y sonrisas se paga con lágrimas..." Después de aquel baile, no volvió a verle; pero no ha podido olvidarle, y sueña con volver a vivir una aventura como aquélla. Magda (Angela Gheroghiu) interpreta: "Ore dolci e divine..."



Prunier, que está secretamente enamorado de Lisette, camarera de Magda, hace ver ante los demás que reprocha a ésta su excesiva indulgencia para con su sirvienta. Llega de pronto un joven, Ruggero Lestouc, hijo de un amigo de Rambaldo. Se trata de un muchacho provinciano, de Montabuan, en su primera visita a París. Roberto Alagna (Ruggero) interpreta: "Parigi è la città..."


Entre todos, deciden que hay que llevar a Ruggero al café-salón Bullier, donde se celebra un fastuoso baile, si bien es un local con fama de poco recomendable. Magda, que se ha enamorado del joven nada más verle, decide acudir al baile, disfrazada. Lisette se acicala también a escondidas, con vestido, sombrero y capa que toma prestados de su señora (sin que ésta lo sepa, claro está) y se va con Prunier al baile.


Continuará...

(Fuentes: "Guía universal de la ópera" de Roger Alier, www.kareol.es, www.arteyfotografia.com.ar y www.youtube.com)

martes, 24 de abril de 2012

LA OTRA GIUSEPPINA STREPPONI (V)


Acto III o Acto IV
Un emotivo preludio nos introduce en el último acto de la ópera. Aquel bello preludio del Acto I que, aunque alegre, nos hacía presagiar tristes sucesos, se ha transformado ahora en esta pieza, trágicamente dulce, que nos anuncia sin palabras que vamos a asistir al trágico final de este alma dulce y noble que es Violetta Valéry, "la otra Giuseppina Strepponi".


Han pasado algunos meses. Estamos en casa de Violetta, en su dormitorio, que se encuentra prácticamente a oscuras. Violetta, en cama, reposa, pues la tisis que la devora ha hecho estragos en ella. Annina, su fiel criada, vela al pie de la cama. Una vez que el preludio termina, Violetta se despierta. Tiene sed y Annina le acerca un vaso de agua; Violetta le pide que deje entrar un poco de luz en la habitación.

Llega el doctor Grenvil y trata de tranquilizar a la enferma, de darle ánimos; ésta declara que espiritualmente se ha reconciliado con la Iglesia (para tranquilizar, sin duda, a la censura de la época). Aunque el médico le dice a Violetta que no está lejana su convalecencia, a Annina le confiesa que a la enferma le quedan pocas horas de vida.

Hasta el dormitorio de Violetta llega la música, las risas, la alegría que desborda las calles de París, pues es Carnaval. Duro contraste con el interior de aquel triste cuarto. Violetta piensa en cuántas infelices estarán sufriendo mientras otros disfrutan. Le pide a Annina que coja veinte luises (prácticamente todo lo que le queda) y se los dé a los pobres. A continuación, le ruega que vaya a traerle sus cartas; quiere leer la última que le escribió Germont padre, en la que le cuenta cómo acabó el duelo entre Alfredo y Douphol.

"Annina?"

Alfredo, que hirió al barón y huyó al extranjero, fue enterado después por su padre del sacrificio que hizo Violetta por él y, en cuanto pueda, volverá a ella para pedirle perdón. Violetta siente que le queda muy poco tiempo, y teme no llegar a ver de nuevo a Alfredo. Canta un estremecedor aria: "Addio del passato..." que, para mí, es de las piezas más bellas de Verdi; dudo que pueda existir alguien a quien no le conmueva...

"Teneste la promessa..."


De pronto, Annina llega y anuncia a su señora una maravillosa e inesperada noticia: ¡Alfredo ha venido a verla! Violetta apenas puede contener su alegría.

"Vi sentite meglio...?"

Emocionada, la muchacha trata de vestirse, arreglarse... pero le fallan las fuerzas. El milagro que, aun sabiéndolo descabellado, Violetta esperaba, no se ha producido; el regreso de Alfredo no la ha salvado. Alfredo le dice a Annina que avise al doctor. Juntos, tratando de aferrarse el uno al otro, Violetta y Alfredo rememoran su feliz pasado y parecen recobrar nuevas esperanzas en un futuro, en el que estarán de nuevo juntos, lejos de París. Pero Alfredo se da cuenta de que a Violetta le quedan muy pocos instantes de vida. 

"Parigi, o cara..."

El doctor llega acompañado de Germont padre. Violetta entrega un retrato suyo a Alfredo, y le dice que se case con una buena muchacha que le merezca; ella, desde el cielo, velará por los dos. Giorgio Germont le ruega a Violetta que le perdone todo lo que le ha hecho sufrir ("Cara sublime vittima...") Con un último hálito de vida, Violetta parece experimentar una repentina mejoría pero, ante la consternación de todos, enseguida se desploma en el suelo, muerta.

"Ah! io ritorno a vivere..."

(Fuentes: "Guía universal de la ópera" de Roger Alier y www.youtube.com)

lunes, 23 de abril de 2012

LA OTRA GIUSEPPINA STREPPONI (IV)


Acto II, Cuadro II o Acto III
Aunque el libreto no lo especifica, la fiesta que se celebra en casa de Flora Bervoix, la amiga de Violetta, parece que tiene lugar la misma noche que sigue a los hechos del Acto II. Flora comenta con sus invitados la súbita ruptura de Violetta y Alfredo y que, como ella no lo sabía, su invitación iba a nombre de la pareja.

Se ofrece a los asistentes a la fiesta un baile en el que unas gitanas echan la buenaventura ("Noi siamo zingarelle..." / "Somos zíngaras..."); cuando una de ellas lee la mano del marqués d'Obigny descubre que no le es del todo fiel a Flora. Con la entrada del conde Gaston, junto con un grupo de amigos disfrazados de toreros, se canta una canción que se supone típica española ("Di Madride noi siam matadori..." / "Somo toreros de Madrid...")


Más tarde, hace su aparición Alfredo, que muestra una gran indiferencia cuando le preguntan por Violetta. Llega entonces ésta acompañada por el barón Douphol, el cual prohíbe a la joven que se dirija a Alfredo. En este montaje, Violetta va vestida con un elegante traje de noche completamente negro, muy apropiado para los sentimientos que oculta en su interior.

Se organiza una partida de cartas, en la que se enfrentan Douphol y Alfredo. El joven se se ve agraciado por una magnífica racha que cada vez va a más, lo que provoca en el barón una irritación que va creciendo en la misma proporción. La llamada del servicio para cenar interrumpe la partida, aunque Douphol y Alfredo se emplazan para enfrentarse en un duelo cuando la fiesta termine.

Los invitados pasan al comedor y, por un instante, la escena queda vacía. Violetta, ansiosa, vuelve a entrar; ha hecho llamar a Alfredo para verle a solas y tratar de evitar que se enfrente al barón Douphol. Alfredo acude y, solos los dos Violetta le pide que huya, porque no podría soportar que el barón Douphol le matase. Alfredo, que no cree en las palabras de Violetta, le dice, para ponerla a prueba, que consiente en escapar, siempre y cuando ella le acompañe. Pero Violetta se niega; le replica que ha jurado apartarse de él y, para que Alfredo definitivamente la aborrezca, vuelve a mentirle diciéndole que ama al barón Douphol, que es quien le ha pedido que no vuelva a verle más.

Es entonces cuando, el volcán que arde en el interior de Alfredo, estalla. Furioso, corre a la puerta, y llama a gritos a los demás y, delante de todos los invitados, arroja a Violetta a la cara el dinero que ha ganado jugando a las cartas como pago, dice, de todo lo que ella ha despilfarrado por él. Violetta, rota de dolor, se desmaya.

"Alfredo! Voi!"

El cruel gesto de Alfredo la rebaja a los ojos de los demás; incluso su padre, que ha llegado a la fiesta en busca de su hijo, le recrimina duramente su acción. Alfredo que, de golpe, ha comprendido la vileza que acaba de cometer, se duele amargamente porque cree que, después de aquel episodio, jamás podrá recuperar a su amada. Violetta recobra el conocimiento y le dice a Alfredo que algún día comprenderá hasta qué punto le ha amado. El barón Douphol se erige en defensor del honor de Violetta; el duelo entre Douphol y Alfredo es inevitable.

"Alfredo, Alfredo, di questo core
non puoi comprendere tutto l'amore..."

Continuará...

(Fuentes: "Guía universal de la ópera", de Roger Alier y www.youtube.com)

domingo, 22 de abril de 2012

LA OTRA GIUSEPPINA STREPPONI (III)


Acto II
La felicidad de Alfredo es inmensa: él y su amada Violetta llevan tres meses viviendo en un idílico retiro: una casa en el campo. Violetta ha renunciado a su antigua vida por él, y parece que está recuperando la salud. Para Alfredo, no existe la felicidad lejos de Violetta. Pero esa felicidad no durará mucho. Alfredo sorprende a Annina (la criada) cuando vuelve de París, y logra que le confiese que ha ido por orden de Violetta, para vender los bienes que aun le quedan, pues la vida retirada que llevan supone enormes gastos.

"Lunge da lei..."

Alfredo, abrumado, parte enseguida a París para pedir ayuda económica a su padre y desahogar a Violetta del enorme peso que angustia a la muchacha. Al mismo tiempo, mientras su hijo está fuera, Giorgio Germont se presenta ante Violetta para pedirle que se sacrifique en nombre del futuro de sus dos hijos. "¿De dos hijos?" dice Violetta...

"La sorte, l'avvenir domanda or qui..."

Una hermana de Alfredo va a casarse, y la boda no puede llevarse a cabo (¡la cerril mentalidad de la época!) mientras Alfredo tenga relación con una vulgar meretriz que, además, le está haciendo gastar muchísimo dinero. Violetta se defiende y enseña a Germont pagarés y facturas, para demostrarle que es ella quien mantiene a su hijo, y no al revés. La elegancia en los modales y la sinceridad de la joven impresionan al anciano, que se da cuenta de la veracidad de sus sentimientos por Alfredo. Sin embargo, la honra familiar pesa demasiado sobre Germont y le pide a Violetta que deje a su hijo por el bien de su familia, que rompa con una relación que no tiene la bendición de Dios. 

"Pura siccome un angelo..."

Violetta le ruega, le implora, trata de hacerle comprender que para ella el amor de Alfredo supone una nueva vida, una última oportunidad para ser feliz. Giorgio insiste, le pide que sea el ángel consolador de su familia, le dice que es joven y que, con el tiempo... tiempo es precisamente lo que Violetta no tiene; al final, con el corazón destrozado, la muchacha accede a abandonar a Alfredo, y Giorgio se marcha.

"Ditte alla giovine..."

Alfredo vuelve mientras Violetta le está escribiendo una carta en la que rompe con él. Soprendida por su repentina presencia, Violetta no sabe qué decir, titubea. Tiembla de pies a cabeza. Hace un esfuerzo sobrehumano para intentar que Alfredo no note la terrible angustia que se ha apoderado de ella. Alfredo nota su gran turbación, pero quizá lo achaca a lo profundamente enamorada que ella está de él, como él lo está de ella.

En lo que Alfredo no sabe que es una apasionada despedida, Violetta le dice que siempre estará junto a él, entre las flores, cerca de él... le pide que la ame, que la ame siempre... Apresurada, balbuciendo excusas, Violetta se despide y toma un carruaje hacia París; se dirije a casa de su amiga Flora Bervoix, a la que estaba invitada pero a la que, antes de la visita del padre de Alfredo, no pensaba acudir.

Una vez se ha puesto en camino, de parte de Violetta alguien entrega a Alfredo la nota que vimos que le estaba escribiendo; en ella no sólo le anuncia el fin de su romance, sino que le dice que piensa retomar su vida anterior. Una dura mentira para que él la olvide. Alfredo, estupefacto, siente un dolor insoportable al leer aquellas palabras. Entre tanto su padre, que había vuelto a casa de Violetta para pedir a su hijo que regresase al hogar, se encuentra a su hijo sumido en la desesperación.

"Amami Alfredo, amami quant'io t'amo..."

Giorgio trata de hacer recapacitar a Alfredo; le dice que no puede haber borrado de su corazón el mar y el suelo de la Provenza, que el ardiente sol de su tierra natal le aguarda, que sólo allí podrá ser feliz.

"Di Provenza il mare il suol..."

Pero las palabras de Giorgio no logran retener a Alfredo, que parte hacia París en busca de Violetta, lleno de rabia y con un inconmensurable deseo de venganza.

"Volisi l'offesa a vendicar..."
Continuára...

(Fuentes: "Guía universal de la ópera", de Roger Alier y www.youtube.com)

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