Acto III o Acto IV
Un emotivo preludio nos introduce en el último acto de la ópera. Aquel bello preludio del Acto I que, aunque alegre, nos hacía presagiar tristes sucesos, se ha transformado ahora en esta pieza, trágicamente dulce, que nos anuncia sin palabras que vamos a asistir al trágico final de este alma dulce y noble que es Violetta Valéry, "la otra Giuseppina Strepponi".
Han pasado algunos meses. Estamos en casa de Violetta, en su dormitorio, que se encuentra prácticamente a oscuras. Violetta, en cama, reposa, pues la tisis que la devora ha hecho estragos en ella. Annina, su fiel criada, vela al pie de la cama. Una vez que el preludio termina, Violetta se despierta. Tiene sed y Annina le acerca un vaso de agua; Violetta le pide que deje entrar un poco de luz en la habitación.
Llega el doctor Grenvil y trata de tranquilizar a la enferma, de darle ánimos; ésta declara que espiritualmente se ha reconciliado con la Iglesia (para tranquilizar, sin duda, a la censura de la época). Aunque el médico le dice a Violetta que no está lejana su convalecencia, a Annina le confiesa que a la enferma le quedan pocas horas de vida.
Hasta el dormitorio de Violetta llega la música, las risas, la alegría que desborda las calles de París, pues es Carnaval. Duro contraste con el interior de aquel triste cuarto. Violetta piensa en cuántas infelices estarán sufriendo mientras otros disfrutan. Le pide a Annina que coja veinte luises (prácticamente todo lo que le queda) y se los dé a los pobres. A continuación, le ruega que vaya a traerle sus cartas; quiere leer la última que le escribió Germont padre, en la que le cuenta cómo acabó el duelo entre Alfredo y Douphol.
"Annina?"
Alfredo, que hirió al barón y huyó al extranjero, fue enterado después por su padre del sacrificio que hizo Violetta por él y, en cuanto pueda, volverá a ella para pedirle perdón. Violetta siente que le queda muy poco tiempo, y teme no llegar a ver de nuevo a Alfredo. Canta un estremecedor aria: "Addio del passato..." que, para mí, es de las piezas más bellas de Verdi; dudo que pueda existir alguien a quien no le conmueva...
"Teneste la promessa..."
De pronto, Annina llega y anuncia a su señora una maravillosa e inesperada noticia: ¡Alfredo ha venido a verla! Violetta apenas puede contener su alegría.
"Vi sentite meglio...?"
Emocionada, la muchacha trata de vestirse, arreglarse... pero le fallan las fuerzas. El milagro que, aun sabiéndolo descabellado, Violetta esperaba, no se ha producido; el regreso de Alfredo no la ha salvado. Alfredo le dice a Annina que avise al doctor. Juntos, tratando de aferrarse el uno al otro, Violetta y Alfredo rememoran su feliz pasado y parecen recobrar nuevas esperanzas en un futuro, en el que estarán de nuevo juntos, lejos de París. Pero Alfredo se da cuenta de que a Violetta le quedan muy pocos instantes de vida.
"Parigi, o cara..."
El doctor llega acompañado de Germont padre. Violetta entrega un retrato suyo a Alfredo, y le dice que se case con una buena muchacha que le merezca; ella, desde el cielo, velará por los dos. Giorgio Germont le ruega a Violetta que le perdone todo lo que le ha hecho sufrir ("Cara sublime vittima...") Con un último hálito de vida, Violetta parece experimentar una repentina mejoría pero, ante la consternación de todos, enseguida se desploma en el suelo, muerta.
"Ah! io ritorno a vivere..."
(Fuentes: "Guía universal de la ópera" de Roger Alier y www.youtube.com)






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