Bienvenido

Bienvenido, amable navegante, a mi pequeño rincón. Si has llegado hasta aquí es que, como poco, sientes curiosidad por la ópera. Quizá seas un experto. Quizá sólo has echado un somero vistazo a este tema y te preguntas qué es lo que mueve a un aficionado a la ópera. O quizá, ni lo uno ni lo otro... ¿qué más da?.

Ante todo, he de decir que ni soy una erudita en esta materia ni lo pretendo. Este blog quiere servir, simplemente, de lugar donde reflexionar, donde compartir experiencias, opiniones, sentimientos, etc., acerca de un mundo que para mí es muy enriquecedor.

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miércoles, 6 de junio de 2012

HISTORIA DE UN DESTINO (V)


Desierto
Acto IV
El último acto de esta dramática historia de amor se desarrolla en una tierra desolada, en los confines de Nueva Orleans. Des Grieux y Manon han huido de las deplorables condiciones en las que se desarrollaba su nueva vida en América; dado que no tienen recursos, vagan de un sitio a otro, hambrientos, cansados, vestidos con harapos. Manon, extenuada, se apoya en Des Grieux fatigosamente.

El aire oscurece en torno a ambos... con las luces del día, va muriendo también la esperanza en el corazón de Manon, que siente que ya no puede más. Des Grieux, desesperado, siente cómo la vida se va escapando del cuerpo de Manon, igual que el agua se escurre de entre los dedos... Manon sufre un desvanecimiento y Des Grieux teme que...: "...¡Respóndeme amor mío!... ¡Callas! Manon, ¿no me contestas?" Las ardientes lágrimas de Des Grieux caen sobre el rostro de su amada, que recupera a duras penas la consciencia: "¿Eres tú quien llora?..." La sed la devora: "¡Amor, ayúdame, ayúdame!". Des Grieux corre hacia el fondo para escrutar, en vano, el horizonte: "¡No hay nada! ¡Nada!..." Ruega a los cielos, a Dios: "¡Socórreme!..." Manon le ruega que vaya en busca de ayuda: "¡Sólo tú puedes salvarme!..." Des Grieux se aleja en busca de una ayuda que ambos necesitan desesperadamente.


La  desolación de aquella tierra no es sino un reflejo visible de la desolación interior de Manon que, a solas, entona su "canto del cisne": "...Sola, perdida, abandonada... yo, la desierta mujer..." Su pasado resurge y desfila ante su vista. Sabe que todo acabó y, sin embargo, sus ansias de vivir gritan"...¡No, no quiero morir!..."

Des Grieux vuelve, hundido. Por más que ha buscado, no ha logrado encontrar absolutamente nada en aquella árida tierra... Manon siente que va las tinieblas se ciernen sobre ella... Ama tanto a Des Grieux y, sin embargo, se muere...  "...¡Oh amor! ¡Mi último encanto...! ¡Oh mi último deseo! ¡Te amo, te amo tanto!Poco a poco, Manon siente que la vida se le apaga. Des Grieux llora, desconsolado, desesperado... "No es momento de lágrimas, sino de besos; ¡el tiempo vuela... bésame!" Los dos saben que aquellos son los últimos instantes juntos... "Oscura es la noche... tengo frío... ¿Era afectuosa tu Manon? ¿Te acuerdas? ¡Dime... mi luminosa juventud... el sol... ya no... veré!" Tras pronunciar estas últimas palabras, Manon se desvanece en los brazos de Des Grieux, muerta.


Cuando he terminado de escribir el párrafo anterior, he tenido que parar, unos instantes, arrebatada por la emoción... Recuerdo la ilusión con la que viajé a Barcelona para ver esta ópera y de qué forma la saboreé de principio a fin... Quisiera ser capaz de explicaros por qué me gusta tanto, qué es lo que veo de especial en ella, de entre todas las de Puccini. Vayamos más allá de los hechos de la historia, y miremos a los ojos al sentimiento que hay de fondo: el de un amor incondicional, generoso, desinteresado... ¿a quién no le gustaría sentir, vivir una emoción semejante? Si os ha gustado la historia que os acabo de contar, aplaudid conmigo, pues tanto vosotros como yo somos parte del público que acaba de asistir a su representación. Hasta mañana, queridos amigos.


(Fuentes: "Guía universal de la ópera", de Roger Alier, www.kareol.es, mariadolorestorres.blogspot.com y www.youtube.com)

martes, 5 de junio de 2012

HISTORIA DE UN DESTINO (IV)


Intermezzo
Un poderoso intermezzo orquestal nos introducce en lo que se será el núcleo de la acción. Nuestro ánimo ya está predispuesto, con el impactante final del Acto II, a que se nos encoja el corazón, y a ello nos ayudan ya los primeros compases de esta pieza; a continuación, la música toma impulso y nos anticipa un tema que, después, escucharemos en la voz de Des Grieux, casi al final... La intensidad va subiendo, cada vez un poco más, cada vez más deprisa, al mismo tiempo que sentimos esa congoja que anticipa las lágrimas, aún no sabemos por qué... La tensión se relaja y la música vuelve a posarse, suavemente, sobre nosotros... En cada nota sentimos cómo la pasión de Puccini nos envuelve... Por fin la música se va apagando, poco a poco, hasta que deja de existir...


Acto III
Nos encontramos en una explanada cerca del puerto de El Havre, que vemos al fondo. A la izquierda, un  cuartel y, en primer término del mismo, una ventana con barrotes. La fachada que da a la explanada está presidida por un portón cerrado, ante el cual pasea un centinela. Hay un barco anclado en el puerto. A la derecha, una casa, después una callejuela; en la esquina, la mortecina luz de un farol, pugna en lucha desigual contra las sombras; el cielo se va aclarando gradualmente.

Atardecer en el Puerto de El Havre

Des Grieux y Lescaut, escondidos, acechan el cambio de guardia; Lescaut ha sobornado al centinela que está a punto de entrar de servicio, además de a otros guardias, a fin de liberar a Manon. Des Grieux que siente que está recorriendo el camino de un destino inexorable, de una feroz y triste agonía.

Por fin, llega el cambio de guardia y Lescaut, tal y como estaba previsto, golpea la ventana; en seguida aparece Manon. A través de la reja, los dos amantes cruzan apasionadas palabras... "¿Tú... amor?... ¿No me abandonas en mi vergüenza?" "¿Abandonarte? ¡Jamás!" Des Grieux no es capaz de abandonarla, no puede renunciar a ella, pase lo que pase, a pesar de todo.

Un farolero pasa cantando. Des Grieux trata de dar ánimos a Manon; le indica que debe estar preparada junto a la puerta del patio; Lescaut estará allí, con unos hombres leales, y la rescatarán. Pero Manon siente que una fúnebre amenaza se cierne sobre ellos, un peligro ignorado, y quizá por eso mismo más aterrador. De pronto, suena un disparo. Aparece Lescaut, corriendo y gritando que todo está perdido; apremia a Des Grieux para que ambos huyan y salven la vida, pero éste se resiste a abandonar allí a Manon.


Acude la muchedumbre, atraída por el disparo "...¿Qué pasa? ¿Qué ha sido? ¿Un rapto?..." La gente comenta que una mujer, o quizá más de una, pretendía huir. Un redoble de tambores anuncia la salida del cuartel de un grupo de soldados, custodiando a varias mujeres; se dirigen hacia el barco.

El sargento comienza a pasar lista: "¡Rosetta!... ¡Madelon!..." Al escuchar su nombre, las muchachas avanzan hacia la embarcación y suben; aun habiendo sido todas encarceladas por prostitución, su aspecto difiere mucho de unas a otros, y la gente lo comenta: "...¡Qué aires! ¡Es un encanto!" dicen de una "...¡Qué bajo has caído!... ¡Qué risa tan insolente!" murmuran de otra.

En la fila, mientras Manon espera a que le llegue su turno, pide perdón a Des Grieux... quizá no le amó lo suficiente... Le dice que debe regresar a su casa y olvidarla... Instantes de angustiosa desesperación por parte de ambos... El sargento continúa lanzando al aire los nombres de aquella lista hasta que pronuncia el de Manon; entonces, llegado el temido momento de subir al barco Des Grieux, impulsado por una súbita locura, arrebata a Manon de manos de los guardias: "¡Atrás!... ¡Ay de quien la toque!..." y canta un aria arrebatadora en su dolorosa desesperación: "¡Ah! ¡No os acerquéis! ¡Mientras yo viva, nadie podrá arrebatármela!..." La bendita locura de un amor al que no está dispuesto a renunciar, porque es su vida entera, le hace rogar al capitán que le acepte como grumete, o para hacer los trabajos más pesados ¡todo con tal de estar cerca de Manon! El capitán, conmovido, le dice: "¡Bien... bien... sea pues así! ¡Venga grumete, apresúrate!" Delirantes de felicidad, Manon y Des Grieux suben al barco.


Continuará...

(Fuentes: "Guía universal de la ópera", de Roger Alier, www.kareol.es, artelista.com y www.youtube.com)

lunes, 4 de junio de 2012

HISTORIA DE UN DESTINO (III)


Escultura de Psique y Cupido,
Museo del Louvre, París.

Acto II
Damos un salto hacia delante en el tiempo, y encontramos a Manon instalada en casa de Geronte di Ravoir. La escena representa un salón elegantísimo en casa de Geronte. Al fondo, dos puertas vidrieras. A la derecha, riquísimas cortinas ocultan la alcoba. A la izquierda, un suntuoso tocador cerca de una ventana. Sofá, sillas, poltrona, una mesa. Manon está sentada ante el tocador, cubierta por un peinador blanco. El peluquero se afana en torno a ella ("¡Dichosos rizos! ¡Las tenacillas, rápido, rápido!..." les apresura Manon). Dos aprendices permanecen atentos a las señales del peluquero.

Entra Lescaut. Una vez que el peluquero y sus ayudantes se marchan Lescaut, exaltado, admira lo bella que está su hermanita. Gracias a él, que la rescató del amor de un estudiante, puede ahora gozar de aquella vida de lujo. Era lógico que Manon abandonase aquella humilde morada por un palacio. Sin embargo, en el corazón de Manon se esconde un anhelo... "Quería preguntarte..." le dice a su hermano. Éste, sagaz, adivina enseguida que lo que su hermana quiere saber es qué ha sido de Des Grieux... El deseo ardiente de su corazón se transforma en un conmovedor aria que, aún en su brevedad, siempre que la escucho me hace saltar las lágrimas: "Tras esas mórbidas cortinas..."; es el más puro Puccini, concentrado en unas pocas pero intensísimas estrofas.

"Puesto que lo quieres saber..." comienza Lescaut. "Des Grieux, al igual que Geronte, es un gran amigo mío. Me tortura constantemente ¿dónde está Manon?..." Lescaut explica a su hermana que Des Grieux se encuentra intentando hacer fortuna; para ello, ha sido el propio Lescaut el que le ha lanzado al juego, y el muchacho intenta, en él, amasar dinero suficiente para poder dar a Manon la suntuosa vida que desea, y así recuperarla. "¡Por mí estás luchando, por mí, vil, que te abandoné..." Manon trata de rehacerse, agarrándose a las cosas que le proporciona aquella vida de lujo, en el fondo tan vacía para ella. "¿Verdad que este vestido me sienta de maravilla?"

Entra un grupo de músicos, enviados por Geronte para cantar un madrigal compuesto por él mismo en honor y alabanza de Manon: "Por la cima del monte paseas, oh Cloris..." La cara de hastío de Manon es mucho más elocuente que cualquier palabra. 


Cuando termina la canción Manon, aburrida hasta el delirio, alarga una bolsa a Lescaut para que pague a los músicos, pero éste, que es un caballero y no quiere ofender al arte, se la queda para sí. Los músicos salen y Manon dice que, a pesar de que todo lo que la rodea es muy hermoso, se aburre terriblemente. "¡Una damisela que se aburre es capaz de inspirar miedo!" Lescaut sale en busca de Des Grieux.

Entre tanto, llega Geronte acompañado del maestro de baile y de un grupo de amigos, ante los cuales alardea del lujo en el que ha envuelto a Manon, y presume de las habilidades de la muchacha en el campo de la danza. El maestro de baile da las indicaciones precisas a Manon para que ejecute debidamente un minué; los invitados se admiran de la belleza y de la elegancia de la muchacha. Manon representa perfectamente su papel como perfecta anfitriona, y se muestra estudiadamente cortés con los amigos de Geronte. Cuando el maestro de baile pide un caballero para que acompañe a Manon en la danza, Geronte acude presto, y ambos se ponen a bailar coreados por las exclamaciones de admiración de los invitados, ante una pareja que califican como divina.

Terminado el baile, Geronte recuerda a Manon que prometió acompañarles para dar un paseo por los baluartes. Manon les pide un breve instante a fin de arreglarse debidamente, y Geronte y los invitados se adelantan. "No hagáis larga la espera del alma impaciente..." le dice Geronte.

De repente, una súbita aparición mira de hito en hito a Manon: ¡Des Grieux!. Manon, que ha creído que venían a avisarle de que ya estaba lista la silla de manos, recibe un tremendo golpe al ver de pronto, tan repentina e inesperadamente a Des Grieux de nuevo. "¿Tú, tú, amor? ¡Ah! ¡mi inmenso amor!..." Des Grieux ha sido llevado allí por Lescaut y por su propio e irrefrenable deseo pero, al mismo tiempo, siente que está cayendo en un abismo... Lucha por resistirse, no quiere ni aún mirar a la cara a Manon... "¿Ya no me amas? ¡Me querías tanto!..." le dice ella, y le ruega: "¡Oh, no me mires así: no era tan severa tu mirada!". "¡Ah! ¡Es cierto! ¿Ya no me amas?".


A Des Grieux se le parte el corazón. "¡No puedes imaginarte los días que, oscuros y desolados, han pesado sobre mí!" le dice, desconsolado. Manon, a los pies de Lescaut, le ruega, le implora que la perdone. Le ofrece toda la riqueza que puede ver a su alrededor: "Esto ¿no te parece una fiesta de oro y de colores? Todo es para ti." Fue precisamente el oro, que la ciega, lo que le hizo traicionar a Des Grieux.

Ante los ruegos cada vez más insistentes y más apasionados de la muchacha, Des Grieux siente que no puede más, porque la ama desesperadamente... Suavemente, caen el uno en brazos del otro, arrastrados por un amor que es más grande que ellos mismos, y se besan...


Pero, de pronto, Geronte aparece en la puerta, sorprendiéndoles. "¡Gratitud, hoy debe ser tu día de fiesta!" dice. A continuación, recuerda a Manon las pruebas que le ha dado de un verdadero amor. "¿Amor? ¿amor?" dice ella; coge un espejo e invita a Geronte a mirarse en él y a que, a continuación, les mire a ellos. Geronte se va, aparentemente tranquilo. Manon, que se cree ya libre, da saltos de alegría. Des Grieux desconfía y apremia a Manon: "¡...salgamos de aquí...!" Pero Manon, a la que le ciega el oro, sufre terriblemente pensando en dejar allí toda la riqueza que le rodea... Des Grieux, sobrepasado por la actitud de Manon, entona un aria en el que, al mismo tiempo que alaba las bondades de su amada, se lamenta por aquella debilidad que siempre acaba por perderla y que, presiente, acabará por arrastrarle a él mismo por el fango, pues se ha convertido en su esclavo y en su víctima: "...En el oscuro futuro, di, ¿qué harás de mi?".

De pronto, entra Lescaut corriendo, muy agitado, casi sin respiración. Tras unos angustiosos instantes, logra recuperar el resuello y dice a los dos amantes que Geronte les ha denuciado, y que ya se dirigen hacia allí un grupo de guardias y de arqueros para detenerles. "¡En pie, caballero, y por la escalinata ahuecad el ala!..." Y aún a la vista tan delirantemente cercana del peligro, Manon aún insiste en llevar con ellos algunas joyas... Des Grieux, angustiado, ya no qué decir a Manon para que, de una vez por todas, abandonen aquel lugar. Ya se escuchan las voces de los guardias, que se apresuran hacia allí... ya suben la escalera...

De pronto, vemos aparecer a Geronte, acompañado del sargento de la guardia. Des Grieux trata de impedir que se lleven a Manon, pero Lescaut le detiene: "Si os arrestan, caballero, ¿quién podrá salvar a Manon?". Mientras Manon parte, esposada y custodiada por la guardia, Des Grieux la llama, desconsolado: "¡Oh Mano! ¡Oh mi Manon!..."

Continuará...

(Fuentes: "Guía universal de la ópera", de Roger Alier, fotopedia.com, kareol.es y www.youtube.com)

sábado, 2 de junio de 2012

HISTORIA DE UN DESTINO (II)


(Nota: Queridos amigos, os pido disculpas porque he tenido algunos problemas a la hora de publicar esta entrada y la siguiente, aunque ya están subsanados. Dejo la primera y segunda parte de "Historia de un destino" durante lo queda de día y, a las doce de la noche, publicaré la tercera parte. De nuevo os ruego me disculpéis y espero que disfrutéis con la lectura y con la música).


"Manon Lescaut" es una ópera en cuatro actos de Giacomo Puccini con libreto, como ya hemos visto en la entrada anterior, debido a un equipo de autores que participó en él de forma tan compleja, que no suele atribuirse a niguno de ellos en concreto. Basada, como también hemos dicho, en el novela del abate Prévost "Historia del caballero Des Grieux y de Manon Lescaut", se estrenó en el Teatro Regio de Turín, el 1 de febrero de 1893.

Abadía, que bien pudiera haber sido aquella
a la que se retiró Prévost

Conozcamos a sus personajes:
  • Manon Lescaut.- Bella y dulce muchacha, arrastrada por las manipulaciones de su hermano, Lescaut. Soprano lírica.
  • Chevalier Renato Des Grieux.- Joven sin recursos, enamorado de Manon. Tenor lírico.
  • Lescaut.- Hermano de Manon, que no tiene escrúpulos en utilizarla en su propio interés. Papel sin especial dificultad para barítono lírico.
  • Geronte di Ravoir.- Recaudador de impuestos. Bajo bufo.
  • Edmondo.- Estudiante, amigo de Des Grieux. Tenor lírico.
  • Un músico.- Cantante principal de un pequeño madrigal ofrecido por Geronte a Manon. Papel breve, pero que permite hacerse notar, escrito para mezzosoprano.
  • Hostelero.- Papel ínfimo para bajo.
  • Maestro de danza.- Al servicio de Geronte. Pequeño papel sin relieve para tenor.
  • Farolero.- Personaje episódico para tenor; tiene una canción en solitario de un cierto relieve.
  • Un sargento.- Personaje secundario sin relieve para bajo.
  • Capitán de barco.- Personaje reducido para bajo.
  • Coro.
  • Varios figurantes.- En el Acto III.


(Los vídeos que utilizaré para ilustrar esta serie de entradas corresponden a una grabación de "Manon Lescaut" realizada en el Convent Garden en 1983, con Plácido Domingo y Kiri Te Kanawa en los principales papeles, dirigidos por Giuseppe Sinopoli. En total, se trata de una serie de catorce vídeos; en el segundo de ellos, no aparecen las imágenes que complementan a la música, pero estoy segura de que vuestra fértil imaginación suplirá sobradamente este defecto, por el que os pido disculpas).


Acto I
Viajemos en el espacio y en el tiempo hasta Francia, en la segunda mitad del siglo XVIII. Estamos en una plaza de Amiens, donde un variopinto grupo de hombres y mujeres espera la diligencia. A la izquierda, una posada, delante de la cual hay un porche con mesas; una escalera exterior da acceso al primer piso. Estudiantes, burgueses, hombres y mujeres, muchachas y soldados, pasean; otros charlan en grupos; los demás, sentados a las mesas, beben y juegan.

Un estudiante, Edmondo, entona una canción en alabanza de aquella gentil tarde que están disfrutando; inspirado por la belleza del entorno y de las mujeres que se encuentran allí, improvisa un madrigal, inspirado por la musa galantería: "¡Flota en el aire una ola de perfumes...! Esta es la hora de las fantasías, en que luchan la esperanza y la melancolía..."

De pronto, llega De Grieux. Un grupo de estudiantes bromea con él acerca de si está enamorado; el muchacho responde que no conoce esa tragedia, o tal vez comedia, que llaman amor. Para apaciguar un poco las inquisitivas preguntas de Edmondo y del resto de estudiantes, entona un bellísimo y apasionado aria en el que pregunta a las bellezas que le rodean si, entre ellas, se encuentra la muchacha destinada para él: "¿Entre vosotras, bellas, morenas y rubias...?"

El ruido de cascos de caballos anuncia la llegada de la diligencia, proveniente de Arrás. La gente que llena la plaza se arremolina alrededor del coche, y ve cómo de él descienden varios viajeros; entre ellos están tres personajes principales de nuestra historia: Lescaut, Manon y Geronte. Desde lejos, Des Grieux observa, embelesado, la belleza de aquella desconocida muchacha (Manon). Lescaut llama al posadero, y le da instrucciones para que se ocupe de su equipaje y les de alojamiento esa noche. Geronte y Lescaut entran en la posada y Manon se queda en la plaza, bajo la atenta y arrebatada mirada de Des Grieux que, con una gran delicadeza, se acerca a ella...


"Gentil damisela, os suplico me permitáis: ¿podrían tan dulces labios pronunciar su nombre?" La muchacha, tímida, responde: "Me llamo Manon Lescaut." Des Grieux explica que una extraña fascinación le empuja hacia ella, que le parece haber visto antes su rostro... "...extraños latidos conmueven mi corazón..." Des Grieux, aunque aún no es plenamente consciente de ello, presiente que ha encontrado a la mujer que estaba destinada para él.

"¿Cuándo partiréis?" continúa Des Grieux. Entonces, Manon le cuenta que, al amanecer del día siguiente, partirá para ingresar en un convento de clausura, por voluntad de su padre. Pero Des Grieux no puede dejarla marchar: "¡No es un convento el que, estéril, os llama!... Sobre vuestro destino luce otra estrella." El muchacho le pide que vuelva un poco más tarde; así podrán hablar los dos tranquilos y, conspirar para vencer al hado que amenaza a Manon.

Se escucha la voz de Lescaut que llama a Manon. Des Grieux, con ansia, pregunta a la muchacha si volverá, tal y como él le ha pedido. Manon, nerviosa, al principio se niega pero, vencida por la gentileza y la pasión de aquel joven, le promete que regresará cuando oscurezca.

Una vez a solas, el corazón de Des Grieux se desborda en un ardiente aria en el que, hechizado, recuerda los momentos que acaba de vivir junto a aquella fascinadora mujer: "¡Nunca vi una mujer como ésta!..." El amor ha entrado en su corazón como una oleada que ha transformado completamente el mundo para él. Siente que una nueva vida se despierta en su interior, y no quiere que cese jamás el gentil susurro de las palabras de Manon al pronunciar su nombre: "¡Me llamo Manon Lescaut!".


Vuelve a aparecer Edmondo, junto a un grupo de estudiantes y, al ver tan embelesado, a Des Grieux, trata de tantearle diciéndole que un querubín ha bajado del cielo, para su deleite. Des Grieux, arrebatado de golpe de su ensoñación por aquel comentario, se marcha enojado.

Vemos a Geronte y a Lescaut, que bajan por las escaleras de la posada. Lescaut explica al anciano tesorero real cómo, por decisión de su padre, su hermana Manon está a punto de tomar los hábitos. Pero Lescaut piensa que aquélla es una mala decisión; él (dice) conoce la vida quizás demasiado, y la ve de otra manera... Al saber que aquel hombre es Geronte di Ravoir, tesorero del rey, a Lescaut le parece sin duda mucha mejor idea que su hermana se convierta en la amante de aquel ricachón, que hacerla entrar en un convento; por eso, comienza a lanzarle sutiles indirectas acerca del estado de ánimo en el se encuentra su pobre hermana: "¡Figuraos! ¡Con dieciocho años! Cuántos sueños y esperanzas..." Geronte, que está embelesado por la belleza de la muchacha, no duda en invitarles a los dos a cenar: "...¡Pobrecilla! Deberíamos consolarla...".

Mientras Geronte se retira con la excusa de dar unas órdenes al posadero, Lescaut, que es adicto al juego, se une a una partida de cartas que se celebra bajo la atenta mirada de un grupo de curiosos. Aprovechando que Lescaut está distraido, vemos cómo Geronte da instrucciones al dueño de la taberna para que, al cabo de una hora, un coche de caballos esté listo para partir, detrás de la posada; en cuanto un hombre y una muchacha suban a él deberá partir, raudo, hacia París. Geronte sella los labios del posadero con un generoso soborno en oro; lo que no sabe es que Edmondo, escondido, ha presenciado la escena. Geronte se marcha y vuelve Des Grieux. En seguida, Edmondo le advierte de los planes de Geronte. Des Grieux, aturdido, desconcertado, pide ayuda a su amigo para desbaratar los planes del tesorero real. A Edmondo se le ilumina la mirada con una repentina idea...

Vemos cómo Manon desciende la escalera; acude a su cita con Des Grieux, tal y como le prometió. Entre los dos se desarrolla un diálogo en el que Des Grieux se admira de la gravedad de las palabras de alguien tan joven como aquella muchacha. Manon le cuenta cómo, hasta hace bien poco, su vida había sido alegre... "...¡Pero los bellos tiempos de alegría huyeron!". Des Grieux siente que el encanto de aquella fascinante muchacha le enamora cada vez más, y así se lo confiesa; y añade que será precisamente ese amor el que cambie el triste destino que le aguarda. A continuación, le revela que Geronte está planeando raptarla. Manon no sale de su asombro.

Aparece Edmondo que, rápidamente, se acerca a Manon y a Des Grieux, para anunciarles que el carruaje está listo para ellos. "¿Qué? ¡Huir!..." dice Manon. Des Grieux le propone que sea el amor, y no Geronte, quien la rapte. Manon, aturdida, duda, se resiste... Des Grieux le ruega, le implora... Después de unos momentos de vacilación por parte de Manon y de ansiedad por parte de Des Grieux Manon, al fin, se decide: "¡Vámonos!". Y juntos, de la mano, se dirigen corriendo hacia el carruaje que, raudo, parte hacia París.


Instantes después de la huida de Manon y Des Grieux vuelve Geronte. Se las promete muy felices, pues cree llegado el momento de seducir a la hermanita de Lescaut, aprovechando que su atención está ocupada por la partida de cartas en la que se haya inmerso. Llama al posadero y le pide: "Anunciad a aquella señorita que..." pero Edmondo, al instante, se acerca a Geronte y le hace ver cómo la que iba a ser su presa, se ha escapado en compañía de un estudiante. La furia de Geronte es un volcán que, de golpe, estalla.

Se acerca Lescaut y Geronte le insta para que salgan inmediantamente en persecución de la muchacha y de su raptor. Lescaut finge que entiende la preocupación de Geronte: "Ya comprendo... Manon con su graciosa hermosura ha despertado en vos un afecto paternal..."; le pide calma: "...Manon no está perdida..." le asegura que la bolsa de un estudiante se vacía pronto, y que Manon, a la que no le gusta la miseria, aceptará agradecida un palacio por abandonar a Des Grieux. Así, Geronte podrá hacer de padre de una óptima hija, y Lescaut completará, gustoso, la familia. La conversación de ambos se entremezcla con las voces a coro de los estudiantes, que entonan un bello canto cargado de intención: "...Sedientos labios tenían una copa llena..."


Continuará...

(Fuentes: "Guía universal de la ópera", de Roger Alier, artelista.com, www.kareol.es y www.youtube.com)

viernes, 1 de junio de 2012

HISTORIA DE UN DESTINO (I)



Diligencia

De entre los muchos temas que aún tengo en mente tratar con mayor profundidad en el blog, hay uno por el que siento un especial cariño, porque motivó mi primera escapada operística. Hablo de "Manon Lescaut", de Giacomo Puccini.

Esta pasión mía por la ópera, encontró desde un principio en Puccini un universo lleno de arte, vida y sentimiento, de contagiosa y arrebatadora pasión, que acabó enamorándome perdidamente. Escoger una ópera como favorita de entre las apasionantes y apasionadas composiciones del genial maestro de Lucca es difícil. Diré sólo que Manon Lescaut, desde incluso antes de hacer un viaje ex-profeso para verla en Barcelona, tuvo para mí una atracción especial. Ya en los primeros compases de la obra, el genio de Puccini se hace presente y nos atrapa; la música tiene vida propia, es un personaje más de la historia, y arrebatados por ella, la vivimos intensamente de principio a fin.

Nada más conocer al Cavalliere Des Grieux y a Manon Lescaut, sentí por ellos una profunda ternura. Dos seres frágiles, predestinados el uno para el otro, que viven su amor a pesar de todo, no sólo como pasión, sino como bendito desenlace irremediable; un amor al que ninguno de los dos es capaz de renunciar, porque no se puede ignorar un sentimiento que llena tan plenamente, tan por completo.

Aunque aún no hayamos hablado de la historia, os invito a que escuchéis el Intermezzo de esta bellísima "Manon Lescaut" y que, mecidos por él, dejéis volar vuestra imaginación...




La originaria "Manon Lescaut"
La "Historia del caballero Des Grieux y de Manon Lescaut" es original del Abbé Prévost, y apareció por vez primera como un volumen dentro de sus "Memorias de un hombre de calidad que se ha apartado del mundo". Para escribir esta historia, Prévost se basó en una relación amorosa fallida, vivida por él mismo, que le hizo refugiarse en un monasterio y ordenarse sacerdote; más tarde abandonó los hábitos para viajar por Europa como escritor.

La versión operística más existosa de esta historia, la "Manon" de Massenet, fue estrenada en 1884, unos pocos años antes de que Puccini comenzara a trabajar en su ópera. Era sumamente audaz, imprudente incluso, para un joven compositor, desafiar a una de las figuras cumbre de la composición operística del momento. Pero Puccini defendió a toda costa su decisión, argumentando que la Manon de Massenet era una  Manon "de peluca empolvada", mientras que él sabría crear otra de carne y hueso.

Los libretistas
En un primer momento Ricordi, editor musical de Puccini, le pidió al compositor Ruggero Leoncavallo que escribiese el libreto de esta Manon, pero Puccini rechazó el trabajo presentado por Leoncavallo. A continuación fueron Marco Praga (dramaturgo amigo de Puccini, que hay que decir que nunca había escrito un libreto) y Domenico Oliva los que completaron un nuevo libreto, y Puccini llegó a ponerle música a su primer acto, pero pronto el compositor tuvo nuevas ideas y solicitó que comenzaran de nuevo. Los sucesivos conflictos surgidos entre libretistas y compositor motivaron que participaran en el libreto, además de los ya citados, Luigi Illica y Giuseppe Giacosa, además del mismo editor Giulio Ricordi y el propio compositor. Ante tal desfile de autores, el nombre del libretista, aún hoy día, no suele mencionarse.

Quizás esta obra debería llamarse "Escenas de la vida de Manon Lescaut", ya que la narración escénica sólo nos presenta determinados momentos de la acción, de los que únicamente el primer acto coincide con la obra de Massenet. Durante sus primeros cincuenta años de vida, la versión de Puccini tuvo un carácter netamente secundario frente a la ópera rival de Massenet, si bien en años más recientes ha visto aumentar su popularidad de modo asombroso.

Hasta aquí, estas breves pinceladas, a modo de introducción. Mañana, comenzaremos a viajar, junto a Des Grieux y Manon, a través de esta "passione disperata". Mientras tanto, os dejo con un fragmento del primer acto, para espolear vuestra curiosidad acerca de cómo se desarrollará esta historia. Hasta mañana, queridos amigos.



(Fuentes: "Guía universal de la ópera", de Roger Alier, artelista.com y www.youtube.com)

sábado, 10 de marzo de 2012

ELEMENTOS DE UNA ÓPERA

El 15 de mayo del año pasado, publiqué una entrada que se titulaba: "¿Qué es eso de la ópera?", en la que traté de explicar la evolución histórica de este género. Pero ¿de qué elementos consta una obra de este tipo? ¿con qué nos podemos encontrar cuando vamos a ver una ópera?

Orquesta Usach (fuente: flickr.com)
Por definirla de una manera muy sencilla, podemos decir que la ópera es una representación teatral en la que los personajes cantan y/o recitan sobre un fondo musical y que tiene, además, pasajes instrumentales; así pues, en la ópera distinguimos:
  • Partes orquestales y
  • Partes en las que interviene la voz humana.

Dentro de las partes orquestales, nos podemos encontrar con:

La obertura.- Es el pasaje musical con el que se suele iniciar (aunque no siempre) la ópera. Cabe destacar que:
  • Está constituida por varios movimientos (sinfonía); es susceptible, por tanto, de usarse de forma independiente, como pieza de concierto. Un ejemplo puede ser la obertura de "La forza del destino", de Giuseppe Verdi, en la que podemos escuchar poderosos toques de trompeta que simbolizan el destino. Se interpreta a menudo como pieza de apertura en conciertos.
  • Anticipa temas musicales que se utilizarán después en el resto de la obra. Tenemos, así, la obertura de "Carmen", de Georges Bizet; a poco de comenzar la música, tras reconocer el exultante ritmo del "toreador", Carmen se nos hace fatalmente presente con los violonchelos, la madera y la trompa, un sonido "oscuro" que conforma el llamado tema "del destino", el cual aparecerá inevitable y dramáticamente al final.
El preludio.- Es también una introducción orquestal a una ópera, pero más breve que la obertura y consta de una sola sección. Muchas veces desemboca sin interrupción en el comienzo del desarrollo de la propia trama. Como ejemplo, podemos citar el preludio de "Madama Butterfly", de Puccini.

El intermezzo.- Pieza orquestal que se ejecuta, bien entre dos actos o entre dos escenas diferentes de un mismo acto, y sirve para dar tiempo a cambiar de escenografía. Escuchemos, como ejemplo, el bellísimo "Intermezzo" de Manon Lescaut, de Puccini, entre el tercer y cuarto acto de la obra.

(Os remito asimismo, para leer acerca de las partes orquestales de la ópera, a otra entrada de este mismo blog: "Algunos términos operísticos (I)")

Fuente: artelista.com
En cuanto a las partes en las que interviene la voz humana, nos podemos encontrar con:

El recitativo.- Aparece desde el comienzo de la historia de la ópera. Tiene carácter parlato, es decir, imita las inflexiones de la voz en el diálogo. No tiene una estructura que permita recordarlo. Se trata de pasajes en los que se explica, se describe, la acción del drama. Si el recitativo precede a arias importantes se acompaña con orquesta (recitativo accompagnato), mientras que el recitativo secco se usa en los pasajes más rutinarios. Veamos, como ejemplo de recitativo, un brevísimo diálogo entre Ramfis, sumo sacerdote de Egipto y Radamés, capitán de la guardia, al comienzo de la ópera "Aida", de Verdi, que introduce la famosísima aria que canta, inmediatamente después, Radamés (recitan: Darío Caselli y Mario del Mónaco).

El aria.- Existe también desde que apareció la ópera, y tiene un carácter de remanso melódico; se trata de un pasaje en el cual un personaje expone sus sentimientos o emociones frente a los momentos de mayor contenido narrativo, que configuran el recitativo. Como ejemplo y continuación del recitativo anterior, escuchemos a Radamés y su "Se quel guerrier io fossi... (canta: Mario del Mónaco)". 

El dúo.- Aunque quizá nos venga a la mente un dúo de carácter amoroso, no siempre son así; también pueden representar una disputa o una simple conversación entre dos personajes. A veces canta un personaje mientras el otro escucha, y otras cantan los dos a un tiempo, resultando bonitos juegos armónicos entre las dos voces. De la misma manera, hay tríos, cuartetos, quintetos... Escuchemos un apasionante dúo barítono-tenor entre Iago y Otello, de la ópera "Otello", de Giuseppe Verdi: "Ora e per sempre, addio... (cantan: Giuseppe Valdengo y Ramón Vinay)."

El coro.- Dentro de la estructura dramática de la obra, el coro es un conjunto de personas que tienen algo en común y que cantan, por ello, de forma conjunta. Famosísimo es el coro "Va pensiero..." del "Nabucco" de Verdi. Para una explicación más extensa de esta ópera, os remito a otra entrada de este mismo blog: "Las alas doradas del pensamiento".

Pentagrama (fuente: gifmania.com)
En lo que se refiere a los tipos de cantantes que podemos escuchar en una ópera, os invito también a releer una entrada anterior de este blog: "Cantantes líricos". Dejaremos para después un desarrollo más exhaustivo de los diversos tipos de voces.

No nos olvidemos de la orquesta. Generalmente, consta de los siguientes grupos instrumentales:

Violín (fuente: gifmania.com)
Cuerda.- Treinta violines, doce violas, diez violonchelos, ocho contrabajos y un arpa.
Viento-madera.- Un flautín, dos flautas, dos oboes, un corno inglés, dos clarinetes, un clarinete bajo, dos fagotes y un contrafagot.
Viento-metal.- Tres trompetas, tres trombones, cuatro trompas y una tuba.
Percusión.- Cuatro timbales y otros instrumentos de percursión, dependiendo de la composición (xilófono, campana, castañuelas, etc.)

Y, por último, vamos a hablar de la escenografía. Las óperas se suelen dividir en actos; cada acto tiene un tema o argumento propio y se desarrolla en un escenario concreto. En primer lugar es el libretista el que escribirá el "guión" de la obra, en el que describirá dónde y cómo se va a desarrollar la acción. Después, será el compositor el que escriba la música basándose en el libreto. Los escenarios que se construyan serán los que comenzarán a dar vida a la obra, la cual nacerá definitivamente con la representación.

(Fuentes: artelista.com, gifmania.com, flickr.com, es.wikipedia.org, comotelocuento.es, www.riveramusica.com, www.weblaopera.com, caminodemusica.com, www.juntadeandalucia.es, www.liberliber.it)

lunes, 23 de mayo de 2011

ACERCA DE LA MELODÍA DE LA SEMANA (del 23 al 29 de mayo de 2011)

Ésta es la historia de una pasión irremediable, el relato del desventurado amor del caballero Des Grieux y de Manon Lescaut. La narración original se debe al abate Prévost, quien escribió la "Historia del Caballero Des Grieux y de Manon Lescaut" como parte de los siete volúmenes de sus "Memorias y aventuras de un hombre de calidad retirado del mundo", entre 1728 y 1731.

Cuando Puccini comenzó la composición de su "Manon Lescaut", ya existía una "Manon" de Jules Massenet, que se basaba igualmente en la citada novela del abate Prévost. La apuesta era arriesgada, puesto que la "Manon" de Massenet triunfaba en los escenarios europeos desde 1884. Aunque sus amigos le advirtieron desde el primer momento de la dificultad del empeño, Puccini, con gran convicción, decía: "Massenet sentía a Manon como francés que era, con los polvos de tocador y los minuetos; yo la siento como italiano, víctima de una pasión desesperada." A pesar de todo, Puccini obtuvo con ésta su tercera ópera su primer gran éxito, y su "Manon Lescaut" se ha mantenido en el repertorio con mucha más fuerza que la "Manon" de Massenet.

 Portada de "Manon Lescaut". Fuente: flickr.com.

"Manon Lescaut" es una ópera en cuatro actos cuyo libreto fue escrito por varias personas: Ruggero Leoncavallo, Domenico Oliva, Marco Praga, Giuseppe Giacosa, Luigi Illica, el propio Puccini e incluso el editor Giulio Ricordi. Se estrenó en el Teatro Regio de Turín, el 1 de febrero de 1893. En España, se representó por primera vez en el Teatro Real de Madrid el 4 de noviembre de 1893.

Personajes
Manon Lescaut, muchacha ambiciosa y despreocupada (soprano).
Caballero Renato Des Grieux, joven sin recursos, enamorado de Manon (tenor).
Lescaut, hermano de Manon (barítono).
Geronte di Ravoir, recaudador de impuestos galante, pero viejo (bajo).
Edmondo, estudiante, amigo de Des Grieux (tenor).
Un músico, cantante pirncipal de un pequeño madrigal ofrecido por Geronte a Manon (mezzosoprano).
Hostelero (bajo).
Maestro de danza, al servicio de Geronte (tenor).
Farolero (tenor).
Un sargento (bajo).
Capitán de barco (bajo).
Coro.
Varias figurantes, en la serie de prostitutas del Acto III.

Argumento
Acto I. Una plaza en Amiens.
Estamos en la segunda mitad del siglo XVIII. A la entrada de una posada, soldadesca y estudiantes, entre los que se encuentran Edmondo y Renato Des Grieux, pasan la tarde en inocente flirteo con las mujeres. Llega la diligencia y de ella descienden el rico tesorero real Geronte, el sargento Lescaut y su hermana Manon. Los hombres entran en la casa y Manon espera fuera. Des Grieux se enamora a primera vista de la muchacha, que le cuenta que, por mandato de su padre,está destinada a ingresar en un convento. Por otro lado, Lescaut ha entrado en tratos con el rico y viejo recaudador de impuestos Geronte di Ravoir y le ha "vendido" prácticamente a su hermana. Des Grieux, enterado por Edmondo de que Geronte planea llevarse con él a Manon, convence a la muchacha de que huyan los dos juntos a París, en el propio coche de caballos que el recaudador de impuestos tenía preparado. Al conocerse la fuga de Manon y Des Grieux, Lescaut tranquiliza a Geronte: conoce el gusto por el lujo de su hermana y sabe que no durará mucho con Des Grieux, un pobre estudiante que no tiene dinero.

Acto II. Palacio de Geronte. París.
Encontramos a Manon instalada como amante en casa de Geronte. Tiene cuanto quiere pero, en medio de tanto lujo, se aburre y añora al pobre Des Grieux, al que abandonó por la vida lujosa que ahora detesta. Llega Lescaut, que ha logrado hacerse amigo de Des Grieux a la vez que disfruta de la protección de Geronte; le cuenta a Manon que Des Grieux, desolado por su abandono e ignorando dónde se encuentra ella, se ha hecho jugador, con el único objetivo de conseguir la riqueza suficiente para darle la vida de lujo que la muchacha desea. Es entonces cuando Manon canta la que he escogido como melodía de esta semana: "In quelle trine morbide"; canta: María Zamboni.

 "...In quelle
trine morbide...
nell'alcova dorata
v'é un silenzio
gelido, mortal,
v'è un silenzio,
un freddo che m'agghiaccia!
Ed io che m'ero avvezza
a una carezza
voluttuosa,
di labbra ardenti e
d'infuocate braccia...
or ho tutt'altra cosa!
O mia dimora umile,
tu mi ritorni innanzi
gaia, isolata, bianca
come un sogno gentile
di pace e d'amor!..."
"...¡Tras esas mórbidas
cortinas...
de la dorada alcoba
hay un silencio
helado, mortal,
un silencio,
un frío que me hiela!
¡Y yo que me
había acostumbrado
a una caricia voluptuosa
de ardientes labios y
apasionados brazos...
tengo ahora todo lo contrario!
¡Oh, mi humilde morada,
vuelves a aparecérteme
alegre, aislada, blanca
como un sueño gentil
de paz y de amor!..."

Entre tanto, llega Geronte con un grupo de amigos ante los que el anciano alardea del lujo en el que vive, y de detalles como las joyas de la muchacha y sus -relativas- habilidades en el campo de la danza. Luego vuelve a salir con sus amigos, no sin antes recordarle a Manon que en cuanto acabe de arreglarse la esperan para el almuerzo.

Apenas se ha ido Geronte llega Des Grieux. El encuentro es emocionante. Al principio, Des Grieux reprocha a Manon su abandono, trata de resistirse a la pasión que siente (con igual fuerza que antes) por la muchacha pero ella hace uso de sus encantos y, finalmente, ambos se abrazan y se besan apasionadamente. Vuelve Geronte inesperadamente, y les sorprende juntos; reprocha a Manon tal infidelidad después de haber recibido tantas atenciones por su parte. Ella le replica que su apariencia de anciano difícilmente podría inspirar amor, comparada a su joven belleza y a la de Des Grieux. Geronte finge ceder y, con estudiada y aparente amabilidad, se retira. Des Grieux se da cuenta inmediatamente del peligro que ambos corren y quiere huir con Manon, pero ella no quiere renunciar a sus joyas y pretender reunirlas todas antes de huir. Llega Lescaut fuera de sí: un tropel de policías viene a por Manon. En el momento en que Des Grieux y Manon se disponen, por fin, a huir, llegan los agentes y detienen a Manon, que ha sido acusada por Geronte de prostitución. Lescaut impide que Des Grieux se signifique intentando defender a Manon, diciéndole que sólo podrá salvarla más tarde si permanece libre.

Acto III. Una plaza en el puerto de El Havre.
Un poderoso Intermezzo orquestal nos introduce en el núcleo del drama. Estamos frente a la cárcel en la que está presa Manon. Un centinela vigila la zona. Aún es de noche. Lescaut trata de calmar la impaciencia de Des Grieux; le cuenta que está tratando de comprar a algunos guardias para que puedan huir todos. Manon aparece en la ventana y Des Grieux puede tomarle las manos y darle ánimos explicándole el plan de fuga. Pero, de pronto se oye un disparo: el complot ha fracasado. Lescaut llega corriendo, aparta a Des Grieux del edificio y los dos se confunden entre el gentío, que ya se empieza a reunir ante la inminente salida de las mujeres que han sido sentenciadas a deportación (entre las que se encuentra Manon).

El comandante del barco que habrá de llevar a las condenadas a los Estados Unidos, trata de apresurar la llamada a las mujeres. Un sargento va leyendo los nombres de una lista. Los ciudadanos de El Havre ven con encontradas emociones el desfile de las infelices: algunas afectan descaro y otras ocultan el rostro por vergüenza. Cuando Manon es nombrada, esquiva la fila y se reúne con Des Grieux; el sargento trata de devolverla a su lugar, pero Des Grieux, enloquecido, coloca a Manon detrás de sí y, empuñando un arma, trata de impedir que hagan subir a la muchacha al barco. La multitud se pone de su lado y la situación adquiere un cariz peligroso, pero el comandante impone orden. Des Grieux se da cuenta de la inutilidad de su intento y, abandonando el arma, suplica al comandante que, al menos, le deje embarcar con Manon. Conmovido, el comandante acepta que Des Grieux embarque; Des Grieux y Manon se abrazan gozosos.

Acto IV. Un desierto, cerca de Nueva Orleans.
Des Grieux y Manon, mal vestidos, sin recursos, se encuentran perdidos en una llanura desolada y sin agua. Manon no puede más y, extenuada y muerta de sed, cae el asuelo. Des Grieux va en busca de agua; ella, mientras tanto, exhala un lamento por tener que morir sola, perdida y abandonada. Cuando Des Grieux regresa sin haber encontrado agua ella, pronunciando las últimas palabras de amor, muere en sus brazos.

A mí es la ópera de Puccini que más me gusta. De hecho, un fin de año me fui a Barcelona sólo para verla y ¡mereció la pena! María Guleghina era Manon, y estuvo fantástica; la suya no es una voz especialmente potente (no tiene un "chorro" de voz), pero tampoco le hace falta, porque canta y actúa muy bien. En cuanto al tenor, no recuerdo quién era, pero no estuvo especialmente bien aquel día (de lo contrario, creo que recordaría su nombre). Se trataba de un montaje de Liliana Cavani, el mismo que aparece en una grabación de esta ópera de 1998 en La Scala, con José Cura y la mencionada María Guleghina. Respecto a esta grabación, que me encanta y que tengo desde que salió a la venta, sólo haría una observación: sobre todo en el Primer Acto, a José Cura se le nota un montón cuando mira al Director para que éste le de el "pie", y la verdad es que queda "raro" que esté cortejando a la Guleghina mientras mira al señor Muti. A pesar de todo, creo que es una fantástica versión de esta ópera, sin duda muy recomendable.

Enlace al libreto completo: "Manon Lescaut", de Giacomo Puccini.
(Fuentes: "Guía universal de la Ópera", de Roger Alier; "Ópera", de András Batta; wikipedia; http://www.kareol.es/www.epdlp.com y www.liberliber.it).

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