En un oscuro gabinete un hombre, encorvado por el peso de los años, se acoda pensativo sobre una mesa repleta de pergaminos. La llama de una vela, que está a punto de apagarse, rasga apenas la densa oscuridad que lo envuelve todo. Son las horas más altas de la madrugada, en las que acuden al pensamiento los fantasmas que habitan en las regiones de los anhelos insatisfechos y de las esperanzas frustradas. Triste y solitario, el hombre siente que no existe ningún lazo que le una al mundo y, ya que la muerte le rehuye, se dispone a acudir a su encuentro por medio de un brebaje que, a tal fin, ha preparado...
"Fausto", de Charles Gounod (1859)
Si queréis conocer o refrescar el argumento completo y detallado del "Fausto" de Gounod, os invito a que visitéis una serie de entradas de este mismo blog; la primera de ellas podéis encontrarla aquí: "De la maldad y de lo humano: Fausto (1ª parte)".
"Faust" (Fausto) es una grand opera en cinco actos con música de Charles Gounod y libreto en francés de Jules Barbier y Michel Carré; adapta la pieza teatral "Faust et Marguerite" de los dichos Barbier y Carré, que a su vez se inspira levemente en la primera parte del "Fausto" de Goethe. Se estrenó en el Théâtre Lirique de París, el 19 de marzo de 1859.
En la versión operística de Gounod, la historia se desarrolla en Alemania, en el siglo XVI. Fausto, un anciano sabio que ha pasado toda su vida entregado al estudio, en completo retiro, decide, abrumado por el peso de su soledad y de su aislamiento, acabar con su vida. Desesperado, se dispone a ingerir un veneno, pero su mano tiembla; maldiciendo, invoca a Satanás que aparece, de inmediato, ante él. Y hete aquí que nos encontramos, no con el previsible ser con patas de cabra, larga cola, tridente en mano y un par de cuernecillos en la cabeza, sino con todo un gentilhombre, perfectamente acicalado: la espada al costado, la pluma en el sombrero, la escarcela (*) llena y una suntuosa capa sobre los hombros (**).
Mefistófeles asegura que podrá satisfacer cualquier anhelo de Fausto: oro, gloria... pero lo que Fausto desea es un único tesoro que contiene, sin embargo, a todos los demás: la juventud. El diablo se muestra dispuesto a concedérselo... a cambio de su alma. A fin de disipar en Fausto cualquier posible duda, Mefistófeles le muestra la imagen de la encantadora Margarita, que será suya si Fausto se decide a firmar un pacto con él. El pacto entre ambos, en efecto, se firma, y se convierte, esta vez sí, en el punto de partida de la historia.
De modo similar a la versión de Berlioz, el diablo conduce a Fausto en un viaje en el que le mostrará los placeres de la vida. La aparición de Mefistófeles ante el resto de mundo se produce esta vez en medio de una kermés (***): un heterogéneo grupo compuesto por soldados, burgueses, muchachos y muchachas bebe, ríe y canta; entre ellos se encuentra Valentín, soldado hermano de Margarita, que entona una emotiva y nostálgica canción antes de partir al combate. Entra en escena Mefistófeles y atrae sobre sí la atención general por medio de una irreverente canción que enardece las voluntades de los presentes: "Le veau d'or...". De nuevo (¿por qué no?) Ruggero Raimondi (revestido esta vez de un carácter bastante más satánico que el Mefistófeles de Berlioz y su "Canción de la pulga"):
"El becerro de oro permanece erguido;
¡se ensalza su poder
de un extremo del mundo al otro!
¡Para festejar al ídolo infame,
reyes y pueblos mezclados,
al ruido lóbrego de los escudos
bailan una loca danza
alrededor de su pedestal!
¡Y Satanás dirige el baile!"
...
"El becerro de oro vence a los dioses,
¡en su gloria irrisoria...
el monstruo abyecto insulta a los cielos!
¡Contempla, con extraño delirio,
al género humano a sus pies
precipitándose, acero en mano,
en la sangre y en el fango,
donde brilla el ardiente metal!
¡Y Satanás dirige el baile!, dirige el baile..."
Merced a las hábiles maquinaciones de Mefistófeles, Margarita cae en brazos de Fausto que, una vez logra seducirla, la abandona. Ahora es ella la que languidece, triste y solitaria, y lleva como puede la vergüenza que supone, ante el resto del pueblo, haber tenido un hijo siendo soltera. El fiel Siebel, un joven muchacho que está perdidamente enamorado de Margarita, es el único que la consuela.
Pero Fausto regresa (acompañado, por supuesto de Mefistófeles). De nuevo se encuentra ante la ventana de Margarita, pero el temor y la vergüenza entorpecen su deseo de entrar en la casa. Para forzar que la puerta de la muchacha se abra Mefistófeles, cruelmente provocador, entona una socarrona y despiadada (y sin embargo bellísima) canción que pregona a los cuatro vientos los secretos encuentros de Fausto y Margarita:
"Vos que os hacéis la dormida
¿no escucháis
oh, mi adorada Catalina,
no escucháis
mi voz y mis pasos...?"
¡Así te llama tu galán
y tu corazón le cree!
¡Ja, ja, ja, ja!
¡No abras la puerta, hermosa mía,
si no es con el anillo en el dedo!
"Catalina, a quien adoro,
¿por qué rechazar
al amante que os implora
un beso tan dulce?..."
¡Así suplica tu galán
y tu corazón le cree!
¡Ja, ja, ja, ja!
¡No des un beso, adorada mía,
si no es con el anillo en el dedo!
¡Ja, ja, ja, ja!
Valentín, que ha regresado de la guerra, incapaz de soportar el deshonor de su hermana, desafía a Fausto, que le hiere de muerte gracias a la intervención de Mefistófeles. Antes de morir, Valentín maldice a su hermana; perdida por completo la razón, Margarita da muerte a su propio hijo, por lo que es encarcelada y condenada a morir ella también.
Mefistófeles conduce a Fausto hasta un lugar oscuro y aterrador. Es la noche de Walpurgis. A una señal del diablo, aparece un lujoso palacio en el que se celebra un impresionante festín al que asisten las más bellas damas de la antigüedad. Con la embriaguez, Fausto trata de ahogar los remordimientos de su corazón, pero una repentina visión de Margarita en la cárcel, con una señal roja rodeando su cuello (las señal del hacha del verdugo, que muy pronto le separará la cabeza del tronco), le da repentinas fuerzas para acudir a su encuentro y tratar de salvarla.
Margarita, si bien no cabe en sí de gozo al volver ver a Fausto, le rechaza con firmeza, pues ve la siniestra figura de Mefistófeles junto a su amado. Firme, la muchacha invoca la clemencia de Dios; finalmente muere y, mientras un Coro Celestial entona un cántico de salvación, el alma de Margarita asciende a los Cielos.
(*) Especie de bolsa que pendía de la cintura. Estuvo en uso durante los siglos XIV y XV.
(**) Paradigma de apariencia noble que esconde un corazón siniestro. Seguro que a todos se nos ocurre más de un ejemplo de rabiosa actualidad.
(***) Fiesta popular, al aire libre, con bailes, rifas, concursos, etc.
(Fuentes: www.kareol.es, wikipedia, www.youtube.es y www.letramedia.cl)
(***) Fiesta popular, al aire libre, con bailes, rifas, concursos, etc.
(Fuentes: www.kareol.es, wikipedia, www.youtube.es y www.letramedia.cl)













