Bienvenido

Bienvenido, amable navegante, a mi pequeño rincón. Si has llegado hasta aquí es que, como poco, sientes curiosidad por la ópera. Quizá seas un experto. Quizá sólo has echado un somero vistazo a este tema y te preguntas qué es lo que mueve a un aficionado a la ópera. O quizá, ni lo uno ni lo otro... ¿qué más da?.

Ante todo, he de decir que ni soy una erudita en esta materia ni lo pretendo. Este blog quiere servir, simplemente, de lugar donde reflexionar, donde compartir experiencias, opiniones, sentimientos, etc., acerca de un mundo que para mí es muy enriquecedor.

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martes, 1 de enero de 2013

BRINDEMOS


Ahora que acaba de empezar el año, os propongo un brindis, porque cada nuevo ciclo que empieza es una nueva oportunidad para acercarse un poco más al objetivo que, humildemente, creo que todos debiéramos tener como prioritario: ser felices. En el propio camino está la felicidad; brindemos, pues, no sólo por la nueva oportunidad que nos ofrece un nuevo año, sino por la que nos ofrece cada día, cada minuto, y apreciemos y degustemos cada momento.

A todos nos es familiar el momento en el que, en una celebración, los invitados se levantan y entrechocan sus copas para manifestar sus buenos deseos respecto de algo o de alguien. Es el "brindis" término que, según la Real Academia Española viene del alemán: "bring dir's" ("yo te lo ofrezco").

Una de las versiones acerca del origen del "brindis" se remonta al siglo XVI. Para celebrar una decisiva victoria de las tropas de Carlos V sobre las romanas, los mandos militares llenaron sus copas de vino y, al tiempo que las alzaban al frente, dijeron la ya citada frase "bring dir's". Aunque hay otra que va mucho más atrás en el tiempo y cuenta que, allá por el siglo IV a. de C., los anfitriones chocaban fuertemente las copas con sus invitados, lo que hacía que salpicase el contenido de unas a otras. Así, quedaba claro que aquel que ofrecía el banquete no ofrecía a sus huéspedes bebida envenenada (por aquel entonces, era usual eliminar a los enemigos por medio de bebidas envenenadas).

Sea como fuere, éstas no son sino unas breves pinceladas para presentar el tema de la entrada de hoy: el brindis en la ópera. Veremos algunos ejemplos de óperas que ya han aparecido en este blog y en los que, en una u otra circunstancia, con una u otra intención, se brinda. El primero es el que quizá se nos ha venido a todos ya a la cabeza: el famoso brindis de "La traviata", de Giuseppe Verdi. La historia acaba de comenzar; Violetta Valéry celebra una brillante fiesta en su casa, a la que asisten multitud de invitados. En medio del regocijo general, Gastón insta a Alfredo a que proponga un brindis. El muchacho, tímido al principio, duda; pero cuando Violetta, a la que ama aún en silencio, le asegura que desea escucharle, Alfredo desborda su corazón en un torrente de inspiradas palabras:

"Bebamos alegremente de este vaso
resplandeciente de belleza
y que la hora efímera
se embriague de deleite.
Bebamos con dulce estremecimiento
que el amor despierta
puesto que estos bellos ojos
(mirando a Violetta)
nos atraviesan el corazón..."
  

Continuemos con el maestro Verdi, si bien esta vez con un brindis de un cariz muy diferente. Iago, en siniestra complicidad con Roderigo, se propone emborrachar a su odiado rival, Cassio. Sabe que cuando éste bebe en demasía es capaz de hacer cualquier barbaridad; su intención es que Cassio se ponga en vergüenza ante Otello y que éste, como castigo, le releve de su puesto de capitán, que Iago cree que Cassio le ha usurpado. Así pues, Iago ordena a los taberneros que corra el vino y, en medio del regocijo general, incita a todos los presentes a que remojen el gaznate antes de que se esfumen los cantos y los vasos:
"¡Remoja el gaznate!
¡Toma un trago!
¡Antes de que se esfumen
los cantos y los vasos!..."


  
Para terminar, un brindis famosísimo: el de "Cavalleria rusticana". A la salida de misa, aprovechando que la gente está reunida en la plaza, Turiddu invita a todos a beber un vaso de vino en su taberna. Él y Lola sienten segura su relación de amantes; lo que no saben es que Santuzza, después de un violento encuentro con Turiddu, se ha encontrado por casualidad con el compadre Alfio y, despechada, le ha contado que su mujer, Lola, le adorna la cabeza de mala manera. La tormenta está a punto de estallar en toda su intensidad, pero ni Turiddu ni Lola lo saben aún; así, Turiddu, exultante porque tiene a Lola muy cerca, invita a todos los presentes a beber y entona una canción en la que alaba las virtudes del vino que, resplandeciente en el vaso, infunde alegría y conforta los pensamientos:

"Viva el vino espumeante, resplandeciente en el vaso,
como la sonrisa de los enamorados;
¡duplicemente infunde alegría!
Viva el vino que es sincero,
que conforta nuestros pensamientos,
y ahoga la oscura melancolía
embriagándonos dulcemente" 
  

Con mis mejores deseos, ¡brindo por todos vosotros, amigos!


lunes, 31 de diciembre de 2012

LOS ADIOSES

Cada vez que un año termina, siento que una oleada de nostalgia me envuelve. Se intensifican en mí los recuerdos de aquellos que perdí, que tuvieron que irse porque, de uno u otro modo, había llegado su hora, y me duelen los momentos que ya nunca podré compartir con ellos. Pero la vida es eso, adioses, aunque también bienvenidas; y es precisamente la oportunidad de encontrarse con al menos una de las maravillosas personas que pueblan este planeta, lo que hace que merezca la pena intentarlo un día más. Yo soy muy afortunada, porque cuento en mi vida con grandes personas que me enriquecen con su amistad y con su cariño, y son justamente ellos los que me ayudan a continuar. Mi inmenso agradecimiento y un interminable abrazo a todos y cada uno de ellos.

De adioses va la entrada de hoy, y en ella vamos a ver algunos fragmentos de óperas de las que ya hemos hablado en este blog y en los que, en diversas circunstancias y por diversos motivos, se dice "adiós". Empecemos con una de las óperas más conocidas del gran maestro Verdi, "La traviata" en uno de sus momentos para mí más conmovedores, cuando Violetta, que sabe que le quedan pocos momentos de vida, dice adiós a los bellos recuerdos de su pasado, a las rosas de sus alegrías, que ahora están marchitas. Aún el amor de Alfredo, su único consuelo, le falta. Pero alegrías y dolores acabarán pronto. Ni flores ni lágrimas tendrá su tumba:


Continuemos con Verdi, en un bellísimo dúo en el que dos amantes, unidos ya para siempre, pues han sido enterrados en vida, dicen adiós a la vida. Hablo de "Aida", y del final de su último acto. Radamés ha sido encerrado vivo en una tumba, donde se dispone a terminar sus días con el único consuelo de creer que su amada está libre y a salvo; pero su sorpresa es inmensa cuando escucha su voz y descubre que no está soñando porque, en verdad, Aida que, aprovechando un descuido de los guardias logró colarse en la que sabía que sería la tumba de Radamés, está ahora allí con él. Todo en la tierra ha terminado para ellos y sus almas, errantes, vuelan hacia la luz del día eterno:


Y para finalizar, una pequeña joya operística (y le aplico el calificativo de "pequeña" sólo por su duración). Hablo de "Cavalleria rusticana", de Pietro Mascagni, y del momento en el que Turiddu, que ha retado en duelo a Alfio, antes de encontrarse con él, y presintiendo que va a morir, pone toda su alma en una conmovedora despedida a su madre. No es capaz de decirle con palabras lo que realmente ocurre pero sus gestos, su forma de expresarse, el ansia con la que se abraza a la anciana mujer dicen mucho más que las palabras:

 
Mil gracias a todos aquellos y aquellas que habéis tenido la gentileza de deteneros, aunque sólo fuera un momento, en las páginas de este blog.

martes, 24 de abril de 2012

LA OTRA GIUSEPPINA STREPPONI (V)


Acto III o Acto IV
Un emotivo preludio nos introduce en el último acto de la ópera. Aquel bello preludio del Acto I que, aunque alegre, nos hacía presagiar tristes sucesos, se ha transformado ahora en esta pieza, trágicamente dulce, que nos anuncia sin palabras que vamos a asistir al trágico final de este alma dulce y noble que es Violetta Valéry, "la otra Giuseppina Strepponi".


Han pasado algunos meses. Estamos en casa de Violetta, en su dormitorio, que se encuentra prácticamente a oscuras. Violetta, en cama, reposa, pues la tisis que la devora ha hecho estragos en ella. Annina, su fiel criada, vela al pie de la cama. Una vez que el preludio termina, Violetta se despierta. Tiene sed y Annina le acerca un vaso de agua; Violetta le pide que deje entrar un poco de luz en la habitación.

Llega el doctor Grenvil y trata de tranquilizar a la enferma, de darle ánimos; ésta declara que espiritualmente se ha reconciliado con la Iglesia (para tranquilizar, sin duda, a la censura de la época). Aunque el médico le dice a Violetta que no está lejana su convalecencia, a Annina le confiesa que a la enferma le quedan pocas horas de vida.

Hasta el dormitorio de Violetta llega la música, las risas, la alegría que desborda las calles de París, pues es Carnaval. Duro contraste con el interior de aquel triste cuarto. Violetta piensa en cuántas infelices estarán sufriendo mientras otros disfrutan. Le pide a Annina que coja veinte luises (prácticamente todo lo que le queda) y se los dé a los pobres. A continuación, le ruega que vaya a traerle sus cartas; quiere leer la última que le escribió Germont padre, en la que le cuenta cómo acabó el duelo entre Alfredo y Douphol.

"Annina?"

Alfredo, que hirió al barón y huyó al extranjero, fue enterado después por su padre del sacrificio que hizo Violetta por él y, en cuanto pueda, volverá a ella para pedirle perdón. Violetta siente que le queda muy poco tiempo, y teme no llegar a ver de nuevo a Alfredo. Canta un estremecedor aria: "Addio del passato..." que, para mí, es de las piezas más bellas de Verdi; dudo que pueda existir alguien a quien no le conmueva...

"Teneste la promessa..."


De pronto, Annina llega y anuncia a su señora una maravillosa e inesperada noticia: ¡Alfredo ha venido a verla! Violetta apenas puede contener su alegría.

"Vi sentite meglio...?"

Emocionada, la muchacha trata de vestirse, arreglarse... pero le fallan las fuerzas. El milagro que, aun sabiéndolo descabellado, Violetta esperaba, no se ha producido; el regreso de Alfredo no la ha salvado. Alfredo le dice a Annina que avise al doctor. Juntos, tratando de aferrarse el uno al otro, Violetta y Alfredo rememoran su feliz pasado y parecen recobrar nuevas esperanzas en un futuro, en el que estarán de nuevo juntos, lejos de París. Pero Alfredo se da cuenta de que a Violetta le quedan muy pocos instantes de vida. 

"Parigi, o cara..."

El doctor llega acompañado de Germont padre. Violetta entrega un retrato suyo a Alfredo, y le dice que se case con una buena muchacha que le merezca; ella, desde el cielo, velará por los dos. Giorgio Germont le ruega a Violetta que le perdone todo lo que le ha hecho sufrir ("Cara sublime vittima...") Con un último hálito de vida, Violetta parece experimentar una repentina mejoría pero, ante la consternación de todos, enseguida se desploma en el suelo, muerta.

"Ah! io ritorno a vivere..."

(Fuentes: "Guía universal de la ópera" de Roger Alier y www.youtube.com)

lunes, 23 de abril de 2012

LA OTRA GIUSEPPINA STREPPONI (IV)


Acto II, Cuadro II o Acto III
Aunque el libreto no lo especifica, la fiesta que se celebra en casa de Flora Bervoix, la amiga de Violetta, parece que tiene lugar la misma noche que sigue a los hechos del Acto II. Flora comenta con sus invitados la súbita ruptura de Violetta y Alfredo y que, como ella no lo sabía, su invitación iba a nombre de la pareja.

Se ofrece a los asistentes a la fiesta un baile en el que unas gitanas echan la buenaventura ("Noi siamo zingarelle..." / "Somos zíngaras..."); cuando una de ellas lee la mano del marqués d'Obigny descubre que no le es del todo fiel a Flora. Con la entrada del conde Gaston, junto con un grupo de amigos disfrazados de toreros, se canta una canción que se supone típica española ("Di Madride noi siam matadori..." / "Somo toreros de Madrid...")


Más tarde, hace su aparición Alfredo, que muestra una gran indiferencia cuando le preguntan por Violetta. Llega entonces ésta acompañada por el barón Douphol, el cual prohíbe a la joven que se dirija a Alfredo. En este montaje, Violetta va vestida con un elegante traje de noche completamente negro, muy apropiado para los sentimientos que oculta en su interior.

Se organiza una partida de cartas, en la que se enfrentan Douphol y Alfredo. El joven se se ve agraciado por una magnífica racha que cada vez va a más, lo que provoca en el barón una irritación que va creciendo en la misma proporción. La llamada del servicio para cenar interrumpe la partida, aunque Douphol y Alfredo se emplazan para enfrentarse en un duelo cuando la fiesta termine.

Los invitados pasan al comedor y, por un instante, la escena queda vacía. Violetta, ansiosa, vuelve a entrar; ha hecho llamar a Alfredo para verle a solas y tratar de evitar que se enfrente al barón Douphol. Alfredo acude y, solos los dos Violetta le pide que huya, porque no podría soportar que el barón Douphol le matase. Alfredo, que no cree en las palabras de Violetta, le dice, para ponerla a prueba, que consiente en escapar, siempre y cuando ella le acompañe. Pero Violetta se niega; le replica que ha jurado apartarse de él y, para que Alfredo definitivamente la aborrezca, vuelve a mentirle diciéndole que ama al barón Douphol, que es quien le ha pedido que no vuelva a verle más.

Es entonces cuando, el volcán que arde en el interior de Alfredo, estalla. Furioso, corre a la puerta, y llama a gritos a los demás y, delante de todos los invitados, arroja a Violetta a la cara el dinero que ha ganado jugando a las cartas como pago, dice, de todo lo que ella ha despilfarrado por él. Violetta, rota de dolor, se desmaya.

"Alfredo! Voi!"

El cruel gesto de Alfredo la rebaja a los ojos de los demás; incluso su padre, que ha llegado a la fiesta en busca de su hijo, le recrimina duramente su acción. Alfredo que, de golpe, ha comprendido la vileza que acaba de cometer, se duele amargamente porque cree que, después de aquel episodio, jamás podrá recuperar a su amada. Violetta recobra el conocimiento y le dice a Alfredo que algún día comprenderá hasta qué punto le ha amado. El barón Douphol se erige en defensor del honor de Violetta; el duelo entre Douphol y Alfredo es inevitable.

"Alfredo, Alfredo, di questo core
non puoi comprendere tutto l'amore..."

Continuará...

(Fuentes: "Guía universal de la ópera", de Roger Alier y www.youtube.com)

domingo, 22 de abril de 2012

LA OTRA GIUSEPPINA STREPPONI (III)


Acto II
La felicidad de Alfredo es inmensa: él y su amada Violetta llevan tres meses viviendo en un idílico retiro: una casa en el campo. Violetta ha renunciado a su antigua vida por él, y parece que está recuperando la salud. Para Alfredo, no existe la felicidad lejos de Violetta. Pero esa felicidad no durará mucho. Alfredo sorprende a Annina (la criada) cuando vuelve de París, y logra que le confiese que ha ido por orden de Violetta, para vender los bienes que aun le quedan, pues la vida retirada que llevan supone enormes gastos.

"Lunge da lei..."

Alfredo, abrumado, parte enseguida a París para pedir ayuda económica a su padre y desahogar a Violetta del enorme peso que angustia a la muchacha. Al mismo tiempo, mientras su hijo está fuera, Giorgio Germont se presenta ante Violetta para pedirle que se sacrifique en nombre del futuro de sus dos hijos. "¿De dos hijos?" dice Violetta...

"La sorte, l'avvenir domanda or qui..."

Una hermana de Alfredo va a casarse, y la boda no puede llevarse a cabo (¡la cerril mentalidad de la época!) mientras Alfredo tenga relación con una vulgar meretriz que, además, le está haciendo gastar muchísimo dinero. Violetta se defiende y enseña a Germont pagarés y facturas, para demostrarle que es ella quien mantiene a su hijo, y no al revés. La elegancia en los modales y la sinceridad de la joven impresionan al anciano, que se da cuenta de la veracidad de sus sentimientos por Alfredo. Sin embargo, la honra familiar pesa demasiado sobre Germont y le pide a Violetta que deje a su hijo por el bien de su familia, que rompa con una relación que no tiene la bendición de Dios. 

"Pura siccome un angelo..."

Violetta le ruega, le implora, trata de hacerle comprender que para ella el amor de Alfredo supone una nueva vida, una última oportunidad para ser feliz. Giorgio insiste, le pide que sea el ángel consolador de su familia, le dice que es joven y que, con el tiempo... tiempo es precisamente lo que Violetta no tiene; al final, con el corazón destrozado, la muchacha accede a abandonar a Alfredo, y Giorgio se marcha.

"Ditte alla giovine..."

Alfredo vuelve mientras Violetta le está escribiendo una carta en la que rompe con él. Soprendida por su repentina presencia, Violetta no sabe qué decir, titubea. Tiembla de pies a cabeza. Hace un esfuerzo sobrehumano para intentar que Alfredo no note la terrible angustia que se ha apoderado de ella. Alfredo nota su gran turbación, pero quizá lo achaca a lo profundamente enamorada que ella está de él, como él lo está de ella.

En lo que Alfredo no sabe que es una apasionada despedida, Violetta le dice que siempre estará junto a él, entre las flores, cerca de él... le pide que la ame, que la ame siempre... Apresurada, balbuciendo excusas, Violetta se despide y toma un carruaje hacia París; se dirije a casa de su amiga Flora Bervoix, a la que estaba invitada pero a la que, antes de la visita del padre de Alfredo, no pensaba acudir.

Una vez se ha puesto en camino, de parte de Violetta alguien entrega a Alfredo la nota que vimos que le estaba escribiendo; en ella no sólo le anuncia el fin de su romance, sino que le dice que piensa retomar su vida anterior. Una dura mentira para que él la olvide. Alfredo, estupefacto, siente un dolor insoportable al leer aquellas palabras. Entre tanto su padre, que había vuelto a casa de Violetta para pedir a su hijo que regresase al hogar, se encuentra a su hijo sumido en la desesperación.

"Amami Alfredo, amami quant'io t'amo..."

Giorgio trata de hacer recapacitar a Alfredo; le dice que no puede haber borrado de su corazón el mar y el suelo de la Provenza, que el ardiente sol de su tierra natal le aguarda, que sólo allí podrá ser feliz.

"Di Provenza il mare il suol..."

Pero las palabras de Giorgio no logran retener a Alfredo, que parte hacia París en busca de Violetta, lleno de rabia y con un inconmensurable deseo de venganza.

"Volisi l'offesa a vendicar..."
Continuára...

(Fuentes: "Guía universal de la ópera", de Roger Alier y www.youtube.com)

sábado, 21 de abril de 2012

LA OTRA GIUSEPPINA STREPPONI (II)


Brindis de "La traviata"

Una vez que conocemos un poquito más acerca del origen de "La traviata", vamos con los personajes y el argumento. Un hecho a destacar es que los nombres de los protagonistas no son los mismos que los de la novela de Dumas por una cuestión de derechos de autor; por entonces, aún eran muy endebles las bases legales que protegían los citados derechos.

Personajes
Violetta Valéry.- Célebre cortesana parisiense, posteriormente enamorada de Alfredo Germont. Soprano.
Alfredo Germont.- Joven burgués, enamorado de Violetta, e hijo de Giorgio Germont. Tenor lírico.
Giorgio Germont.- Padre de Alfredo, opuesto a su relación con Violetta. Barítono.
Flora Bervoix.- Amiga de Violetta. Papel vistoso aunque poco importante. Soprano o mezzosoprano.
Barón Douphol.- Amante o "protector" oficial de Violetta, que llega a batirse en duelo con Alfredo. Barítono.
Marquis d'Obigny.- "Protector" de Flora. Papel insignificante para bajo.
Gastone.- Vizconde de Letorières, impulsivo amigo de Violetta, animador de las fiestas. Papel breve para tenor.
Doctor Grenville.- Médico de Violetta. Papel modesto para bajo.
Annina.- Criada de Violetta. Soprano o mezzosoprano.
Joseph.- Sirviente de Violetta. Papel mínimo para tenor.
Un recadero.- Con una carta. Papel ínfimo para bajo.
Sirviente de Flora.- Papel ínfimo ("La cena è pronta") para bajo.
Coro.- Muy importante.
Ballet de gitanas y toreros.- En casa de Flora.

Los vídeos que utilizaré para ilustrar la historia pertenecen, casi todos, a la grabación de una representación de "La traviata" en el Convent Garden, Londres, en 1994, en la que Angela Gheorghiu es Violetta, Frank Lopardo interpreta a Alfredo Germont y Leo Nucci es Giorgio Germont; dirige la orquesta Sir Georg Solti. Dado que no he encontrado el fragmento correspondiente al brindis, he utilizado otro, en el que Alfredo es Giuseppe Filanotti; la imagen no es muy buena pero, como veréis, se trata del mismo montaje. Hay algún fragmento más que no pertenece a la primera grabación que he mencionado.


Argumento

Acto I
Un bellísimo preludio da paso a la historia. Una melodía suave, dulce, nos envuelve como una caricia  y, al mismo tiempo, provoca en nuestro ánimo una inconcreta tristeza, presagio de los acontecimientos que habrán de venir...



Se levanta el telón y, al tiempo que la música cobra un repentino ímpetu, aparece ante nuestros asombrados ojos un salón repleto de gente. Violetta Valéry, bella y famosa (además de enfermiza) cortesana, celebra una fiesta en su casa de París. Están presentes su actual "protector", el barón Douphol, la amiga de Violetta, Flora Bervoix, con su amante el marqués d'Obigny, el doctor Grenville, el vizconde Gastone, etc. El marqués d'Obigny aprovecha la ocasión para presentar a Violetta a un joven que hace más de un año que suspira por ella: Alfredo Germont.

"Sempre Alfredo a voi pensa..."

Se llama la atención de los invitados para pronunciar un brindis, que Alfredo no duda en dedicar a Violetta, demostrándole su apasionado amor; ella, sin ser consciente aun de lo que empieza a sentir, va rindiéndose al poder de seducción del impetuoso joven.

"Libiamo, libiamo nè lietti calici..."

Una vez finalizado el brindis, los invitados se trasladan al salón de baile; Violetta, aquejada por un repentino ataque de tos, permanece unos momentos en el comedor. Alfredo aprovecha para quedarse junto a ella y declararle, de nuevo, su amor; le dice que, si fuese, suya, cuidaría amorosamente de ella. Violeta trata de decirle que no puede ofrecerle sino amistad, que debe buscar a otra; pero él se muestra más y más apasionado.

"Ha forse alcuno cura di me...?"

Le cuenta cómo, desde que un día, hace un año, ella pasó junto a él, la ha amado aun sin conocerla:

"Un di, felice, eterea..."

Violetta, que teme rendirse al amor que le ofrece el joven no puede, sin embargo, negarle una próxima cita: le entrega una flor para que, al día siguiente, cuando esté marchita, regrese y se la devuelva. Una vez terminada la fiesta, y ya Violetta definitivamente a solas, reflexiona sobre su vida; se desata en ella una lucha interna entre el nuevo amor que se le ofrece de la mano del atractivo Alfredo (que ya se le ha metido en el corazón) y su vida de cortesana, libertina y sin ataduras emocionales, que le permite vivir feliz, gozar alocadamente (todo ello como una huida al mal que le acecha, una incipiente tuberculosis). Pero la voz de Alfredo se oye de fondo, y Violetta siente que no puede resistirse a la tentación de este nuevo amor.

"È strano! è strano!..."

Continuará...

(Fuentes: "Guía universal de la ópera", de Roger Alier y www.youtube.com)

viernes, 20 de abril de 2012

LA OTRA GIUSEPPINA STREPPONI (I)


La traviata, Verdi y Strepponi
La protagonista del post de hoy es Violetta Valéry, nombre que tomó Marguerite Gautier, la "dama de las camelias" de Alejandro Dumas hijo, cuando se transformó en la heroína de una de las óperas más famosas de Verdi: "La traviata". Si he titulado esta entrada "La otra Giuseppina Streponi" en lugar de "La otra dama de las camelias" es porque, a pesar de que la ópera de Verdi está basada en la novela de Dumas, la sensibilidad, la humildad, la inteligencia y la delicadeza de Violetta Valéry son las de Giuseppina Strepponi, y no las de Marguerite Gautier.

Violetta Valéry, "la traviata"

Durante los años en los que Verdi estuvo trabajando en "La traviata", su situación personal era en cierto sentido paralela a la historia en la que se basaba su proyecto; él y Giuseppina Streponi, antigua prima donna que había sido la Abigail del estreno de "Nabucco", en 1842, matenían una relación de convivencia, que era tachada de inmoral y vergonzosa por las cerriles gentes del pequeño pueblecito italiano en el que vivían.

Verdi y Strepponi se habían conocido en 1839, cuando Giuseppina era la heroína de Milán y Verdi un joven compositor casi desconocido. Su amistad se estrechó cuando la soprano, que conocía al empresario de La Scala, consiguió que se estrenara en dicho teatro "Oberto", la primera ópera de Verdi. En aquel momento, el compositor estaba felizmente casado con Margherita Barezzi, con la que tenía dos hijos. Tras el duro golpe que le supuso la muerte, primero de sus hijos, y más tarde de su esposa, Verdi regresó a Milán, donde aceptó agradecido el consuelo de Giuseppina, mujer de gran sensibilidad y profundos sentimientos.

En 1846, con tan sólo treinta años, Giuseppina comenzó a tener serios problemas con su voz; acabó por renunciar a la escena y se trasladó a París. Verdi continuó en Milán hasta junio de 1847, mes en el que llegó a París, camino de Londres, donde iba a estrenarse "I masnadieri". No se sabe si ése fue el inicio de su relación, o si ésta ya había comenzado en Parma, años antes, en 1843; de cualquier forma, su vida en común se inició en 1847, en un apartamento de París.

Verdi encontró en su "Peppina" una felicidad que casi había olvidado. La pareja frecuentaba los salones más importantes, donde la popular soprano, que ya sólo cantaba en pequeñas reuniones, interpretaba soberbiamente la música de Verdi, y hacía al compositor aún más conocido en París de lo que ya lo era. Pero la pareja pronto se cansó de la vida pública y, como Violetta y Alfredo, tomaron una pequeña casa de campo en Passy, donde estar los dos solos. Continuaron en su retiro campestre hasta que las noticias de las revoluciones inquietaron al patriótico Verdi hasta tal punto que decidió volver a Italia; la pareja se trasladó a Busseto a comienzos de agosto de 1849.

La rigidez de las normas morales de la época hacía que los vecinos de Busseto esquivasen "virtuosamente" a Giuseppina: la dejaban sola en el banco de la iglesia, la esquivaban ostentosamente por la calle... Los chismes llegaban a asegurar que la mala salud de Giuseppina era un castigo de Dios. Verdi hacía oídos sordos a la hipócrita estrechez mental de las gentes. Tan sólo respondió a la crítica de su amigo y benefactor, Antonio Barezzi, padre de su primera esposa, y lo hizo en forma de una contundente carta en la que le venía a decir que él no se entrometía en los asuntos de los demás si no se le llamaba, precisamente porque insistía en que nadie se entrometiera en los suyos.

El personaje de Violetta Valéry está innegablemente influenciado por la figura de Giuseppina Strepponi. "Oh, verdi mío" escribió Giuseppina en una carta muy emotiva, "no te merezco, tu amor es un regalo, un bálsamo para un corazón muchas veces muy triste bajo su aparente felicidad. Sigue amándome, amándome incluso después de muerta, cuando me presente ante la Justicia Divina llena de tu amor y tus oraciones, ¡redentor mío!" Giuseppina sentía remordimientos por su pasado, en el que había tenido dos hijos ilegítimos. Es fácil reconocer en las palabras de la carta el eco desgarrador de Violetta: "Amami Alfredo...!"

Renée Fleming y Ramón Vargas

Violetta es Giuseppina, una mujer humilde, contrita, adoradora de su redentor, un ser delicado, inteligente y sensible, y no la susceptible cortesana de Dumas. El mundo de "La traviata" es el París de 1847, el de Giuseppina, no el de Marguerite Gautier. El libretista Francesco Maria Piave, conocía bien la situación de Verdi y Strepponi; cuando escribió "La traviata", sustituyó el cinismo que se palpa en la novela de Dumas por el verdadero sentimiento; así, al final de la ópera, Giorgio Germont, ganado ya su corazón por el noble y bondadoso alma de Violetta, le dice: "Cara, sublime vittima / d'un disperato amore, / perdonami lo strazio / recato al tuo bel core. (Querida, noble víctima / de un amor desesperado, / perdóname el haber hecho / sufrir a tu corazón.)":

Patricia Ciofi (Violetta), Vittorio Grigolo (Alfredo) y 
Marzio Giossi (Giorgio)

Quizá Giuseppina notaba una especial afinidad con la protagonista de "La dama de las camelias", novela que amaba y que había leído cuando se publicó, en 1848. Su miedo a la tuberculosis, a la muerte, al brazo castigador de Dios, le lleva a firmar una carta dirigida a Verdi, fechada el 2 de marzo de 1853, como "Il tuo povero Livello"; la frase tiene un asombroso sentido pues, en italiano, el sustantivo "livello" hace referencia a una propiedad en alquiler temporal, y parece que Giuseppina lo empleaba para aludir a sí misma como mujer o cortesana bajo la protección de su entonces amante, Verdi.

El 29 de abril de 1859, Verdi y Strepponi se casaron en la Saboya italiana, en una ceremonia celebrada por el abad Mermillod, poniendo así fin a la pesadilla personal que las cerradas mentes de la sociedad de la época les habían hecho vivir.

Algunos datos sobre "La traviata"
Con "La traviata", Verdi tenía la intención de hacer una ópera de ambiente contemporáneo, de manera que al levantarse el telón los espectadores vieran a personajes vestidos del mismo modo que ellos. Sin embargo, el tema de fondo de la historia, que era la relación de un muchacho de buena familia con una ramera de lujo, hizo que la gazmoñería de la época se pusiera las manos en la cabeza, de modo que las autoridades de La Fenice forzaron a Verdi para que trasladase la ambientación de la obra unos cien años atrás, es decir, al siglo XVIII.

"La traviata", ópera en tres actos (a veces dividida en cuatro) con música de Giuseppe Verdi y libreto de Francesco Maria Piave, se estrenó en La Fenice de Venecia el 6 de marzo de 1853. Aunque tradicionalmente se ha dicho que la primera puesta en escena de esta ópera fue un fracaso, cabría hacer al respecto importantes matizaciones. La crítica de la época cuenta que la orquesta interpretó maravillosamente la música, que el público estaba embelesado con las melodías más bellas que había escuchado en mucho tiempo; sin embargo, el fiasco llegó de la mano de los cantantes, que no estuvieron a la altura de las bellas piezas que había sabido crear el genio de Verdi (desde los ensayos, la gran preocupación de Verdi había sido el reparto, que no le parecía en modo alguno adecuado). Fue el propio compositor el que calificó el estreno de su ópera como "fiasco", pero el público no lo vio como él.

Mañana, os empezaré a desgranar el argumento, paso a paso...

(Fuentes: "archive.operainfo.org", flickr.com y www.youtube.com)

sábado, 24 de marzo de 2012

VOCES PARA LA HISTORIA: GEMMA BELLINCIONI

El 15 de mayo del año pasado publiqué una entrada acerca de una de mis óperas favoritas, la "Cavalleria rusticana" de Pietro Mascagni. Por si alguno de vosotros no conoce la obra, os remito a dicho post, que titulé "La cavalleria de Mascagni y otras dos" para una mayor información acerca de cómo se gestó dicha ópera, y a otro al que llamé "Entre Lola y Santuzza" en el que explico de qué va la historia.

Dado que esta pequeña gran joya que es "Cavalleria rusticana" está ambientada en Sicilia, en el siglo XIX, y cuenta una historia de amor y "vendetta", quizá se nos venga a la cabeza como Santuzza a una diva con tanta fuerza dramática como, por ejemplo, María Callas:

"Voi lo sapete, o mamma", con María Callas
(fuente: www.youtube.com)

O a la vehemente y apasionada Waltraud Meier:

"Voi lo sapete, o mamma", con Waltraud Meier
(fuente: www.youtube.com)

Pero ¿quién fue la primera Santuzza? Como ya habéis deducido, claro está, fue Gemma Bellincioni.

Su verdadero nombre fue Matilda Cesira, y nació en Monza, Italia, en 1864.  Era hija del bajo bufo Cesare Bellincioni, e hizo su primera aparición en público en Milán, en 1870, cantando un aria de Luigi Ricci en la comedia de Salvini "Richelieu a los seis años". Continuó frecuentando los escenarios durante su adolescencia, hasta que comenzó estudios serios de canto con su madre. En 1880, mientras se hallaba en Nápoles con su padre, tuvo que sustituir a la soprano solista en la ópera de Pedrotti "Tutti in maschera".

Durante las dos décadas siguientes cantó en numerosas ocasiones en diversos países de Europa y América del Sur, aunque parece que sólo actuó una vez en la Royal Opera House de Londres, en 1895. A pesar de la gran fama que logró alcanzar, nunca llegó a subir al escenario del más famoso teatro de ópera de los Estados Unidos, el New York Metropolitan Opera.

Orquesta (fuente: mutuaspalabras.blogspot.com)

Giuseppe Verdi, el compositor más importante de Italia, había conocido a la Bellincioni en 1886, cuando actuó como Violetta en "La traviata". Verdi quedó impresionado por su capacidad interpretativa; no debió de impresionarle tanto su técnica vocal, puesto que no la eligió para cantar la Desdémona de su "Otello", al año siguiente.De cualquier modo, el estilo un tanto histriónico de la Bellincioni, su acentuada dicción y su imponente presencia en el escenario resultarían ideales para un nuevo estilo dramático de la ópera italiana, que se conocería como "verismo", y que se hizo popular durante la década de 1890; cantó este tipo de música con gran pasión, aunque ni su caudal de voz ni la madurez de su tono eran especialmente grandes.

El 17 de mayo de 1890, Gemma Bellincioni y su marido, Roberto Stagno (un importante tenor siciliano), llevaron a escena por primera vez la ópera clave tanto en la carrera de Mascagni como en el verismo, "Cavalleria rusticana"; representaron, respectivamente, los papeles de Santuzza y Turiddu. Se habían conocido durante una gira por Argentina, en 1886. Al gran éxito de "Cavalleria rusticana" siguieron obras como "L'amico Fritz", también de Mascagni, en 1891; "A Santa Lucia", de Trasca, el mismo año; "Mala vita" y  "Fedora", de Giordano, en 1892 y 1898 respectivamente. Estrenó en Italia la "Salomé", de Richard Strauss, en esta ocasión, junto a un joven y prometedor tenor llamado Enrico Caruso, y fue la primera artista que no se hizo sustituir en la danza de los siete velos. Tuvo ocasión de cantar con figuras de gran relieve, como el citado Caruso, la Donadio y Julián Gayarre.

Anunció su retirada de los escenarios en 1911 para dedicarse a la enseñanza, pero reapareció en 1916 para interpretar de nuevo a Santuzza en una versión de cine mudo de "Cavalleria rusticana" que fue dirigida por Ugo Falena. Todavía en 1920 ofreció algunas actuaciones en los Países Bajos, aunque el paso del tiempo se había hecho notar en su voz. Escribió un manual para cantantes que se publicó en Berlín, en 1912, y una autobiografía, que salió a la luz en Milán, en 1920. Pasó sus últimos años en Nápoles, donde murió el 23 de abril de 1950. Su marido había muerto 53 años antes.

Aun hoy se pueden escuchar reediciones en CD de las grabaciones que realizó para la Gramophone & Typewriter Company y para la firma Pathé, hacia el año 1900. Para entonces, ya había pasado su época de esplendor, lo que no merma el valor artístico y musical de las mismas; se consideran de gran interés histórico, debido a lo tremendamente significativa que fue su carrera. Escuchemos a la que fue la primera Santuzza, en una grabación de 1903:

"Voi lo sapete, o mamma", con Gemma Bellincioni
(fuente: www.youtube.com)

(Fuentes: "Cien grandes cantantes del pasado", de Miguel Patrón Marchand, wikipedia y www.youtube.com)

martes, 13 de marzo de 2012

DICHOSO REVISIONISMO

Dice el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española que "revisionismo" es la: "Tendencia a someter a revisión metódica doctrinas, interpretaciones o prácticas establecidas con la pretensión de actualizarlas". Referido al mundo de la ópera, bien puede llamarse "revisionismo" a la tendencia a "modernizar" óperas del repertorio de siempre; a mi entender, este "revisionismo operístico" puede manifestarse de dos formas:

  • Aquellas que ofrecen una lectura innovadora de las obras que no desvirtúa su espíritu.
  • Aquellas que transforman las obras de modo que no las conoce ni la madre que las parió.

Entre las primeras, recuerdo por ejemplo, hace unos años (en el 2003 concretamente), un montaje de "La Traviata" en el Teatro Real que, aunque perdía el glamour del París de 1853 (se ambientaba en el París ocupado por los nazis) era bastante aceptable. La puesta en escena era poética, elegante. Lo vi con gusto e incluso tengo la grabación.

¡Ay si Bizet levantara la cabeza! (fuente: fotopedia)

En lo que se refiere a las segundas, so pretexto de atraer a una mayor cantidad de público, de mantener vivo el género, pululan hoy día por el mundo de la lírica cierto número de "lumbreras" que son capaces, por ejemplo, de trasladar la Carmen de Bizet (que es también la de Merimée) a un cuartel de desenfrenados legionarios españoles entre la frontera de Ceuta y Marruecos; de hacer que, al comienzo de la obra, casi violen a Micaela, la novia de don José; de colocar un teléfono en escena (Micaela podía haberse ahorrado el viaje que hace para llevarle una carta a don José con una llamada telefónica); de convertir a Carmen "la indomable", en una puta vulgar y zafia... Todo eso sin contar con que, pretendidamente, este dichoso montaje decía huir de los tópicos "españoleros"... entonces, digo yo que qué pintaba el torito de Osborne en escena... 

Montaje de Carmen (éste sí con sentido común) en la Ópera de Budapest
(fuente: fotopedia)

¿Es que los espectadores de hoy día somos tan tontos que, si no, no vamos a entender la obra? Por eso es por lo que nos toman estas "mentes preclaras": por tontos. Más que dar una nueva vida a la obra, estos despropósitos no son sino un pretexto para que el escenógrafo luzca su supuesta "genialidad" (y lo que en realidad tratan de tapar es su ignorancia absoluta).Y no se trata de mojigatería o conservadurismo; se trata de que "eso" será lo que sea pero, desde luego, no es la "Carmen" de Bizet. Bizet escribió "Carmen" entendida en un contexto, en una época; y los espectadores somos lo suficientemente inteligentes para reconocer en ella los sentimientos, las pasiones, las venturas y desventuras que, aun bajo distintas formas, se pueden encontrar en cualquier tiempo y en cualquier lugar. Por la misma razón (o más bien sinrazón) alguien podría decir que hay que reescribir el Quijote porque hoy día no vemos a caballeros andantes por las calles...

He hablado de Carmen a modo de ejemplo, pero se pueden citar otros; recordemos, también aquel "ballo in maschera" en el que se veía a los oficiales y a la gente de confianza de Riccardo, conde de Boston, sentandos cada uno en un retrete formando un corro... Ante tamaños disparates, la belleza de la música se diluye, se pierde... Por favor, no confundamos la modernidad con la grosería, la innovación con la zafiedad y el mal gusto. Desde luego, si por el hecho de no entender y rechazar de plano estas barrabasadas soy una ignorante, declaro, rotunda y orgullosamente que lo soy.

miércoles, 15 de junio de 2011

LOS TEATROS: LA FENICE DE VENECIA

En 1774, el Teatro San Benedetto, el teatro de ópera más importante de Venecia (con más de cuarenta años de historia) fue destruido por un incendio. Poco después de su reconstrucción, surgió una disputa legal entre la compañía que lo administraba y los propietarios, la familia Veiner. Ganó la familia, por lo que la compañía decidió construir por su cuenta un nuevo teatro en el Campo San Fantin.

Las obras se iniciaron en junio de 1790, y terminaron en mayo de 1792. El nuevo teatro fue nombrado "La Fenice" para honrar el resurgimiento de la compañía, primero de sus cenizas y luego de su mudanza. La Fenice se inauguró el 16 de mayo de 1792 con la ópera "I giuochi d'Agrigento", de Giovanni Paisiello.


Ha sido un local célebre por la cantidad de óperas importantes que se han estrenado en él, como "Tancredi" (1913), "Sigismondo" (1914) y "Semiramide" (1823) de Rossini, "I Capuleti ed i Montecchi" (1830) y "Beatrice di Tenda" (1833) de Bellini, y otras. Escuchemos la Obertura de: "Semiramide".
En diciembre de 1836, el fuego atacó nuevamente al teatro, que tuvo que ser reconstruido rápidamente, reabriendo sus puertas el 26 de diciembre de 1837. En el nuevo teatro se estrenaron varias óperas de Verdi, como "Ernani" (1844), "Rigoletto" (1851), "La traviata" (1853) y "Simon Boccanegra" (1856)

En 1884 se inició la colaboración de Verdi con este teatro, con una producción de "Ernani" durante la temporada de carnaval. Luego se sucedieron los estrenos de "Aída", "Rigoletto", "La traviata" y "Simon Boccanegra".

Durante la Primera Guerra Mundial, La Fenice fue cerrada y cuando reinició sus actividades lo hizo con muchas producciones y atrayendo a grandes cantantes y directores del mundo. En 1930 la Bienal de Venecia iniciaba el Primer Festival Internacional de Música Contemporánea, en el que se presentaron compositores de la talla de Igor Stravinsky y Benjamin Britten. En ediciones posteriores de este festival se han presentado también Luciano Berio, Luigi Nono y Sylvano Bussotti.

En 1938 pasó a ser un "Ente autónomo", con temporadas anuales de otoño, invierno y primavera y otras representaciones ocasionales. Se han estrenado en él óperas de autores contemporáneos, como Stravinsky ("The Rake's Progress", 1951), Britten ("The Turn of the Screw", 1954) y también otras de Nono, Malipiero, Dallapiccola, Nino Rota y otros compositores italianos.

El 29 de enero de 1996 otro incendio destruyó completamente el teatro; se descubrió que fue provocado y un juzgado de Venecia encontró culpables a dos electricistas que tenían problemas contractuales con la compañía. Se celebró un hermanamiento entre La Fenice y el Gran Teatro del Liceo de Barcelona, incendiado dos años antes. En Venecia, graves problemas políticos retrasaron varios años la reapertura de La Fenice, que no tuvo lugar hasta 2004, con un concierto en el que se interpretaron obras de Beethoven, Wagner y Stravinsky. La reconstrucción estuvo a cargo del arquitecto Aldo Rossi quien respetó el estilo original del siglo XIX. El teatro dispone de unas 1.500 localidades con 96 palcos distribuidos en cuatro pisos.

(Fuentes: "Dicccionario de la ópera", de Roger Alier, wikipedia, http://www.epdlp.com/ y flickr.com).


jueves, 19 de mayo de 2011

LA ÓPERA Y EL CINE

Asistir a la representación en vivo de una obra de teatro, ya sea éste hablado o cantado, es una experiencia capaz de emocionar no sólo durante la representación en sí, sino ya desde el mismo momento de entrar por la puerta del teatro. En el caso de la ópera, quizá ocurra esto aún con más fuerza por el poder añadido que tiene la música de describir y transmitir, sin necesidad de palabras, sentimientos y emociones. Desgraciadamente, no siempre es posible asistir al teatro, o por lo menos no con la frecuencia que uno desearía, sobre todo para ver una ópera y principalmente debido al elevado precio de las localidades. Así, el "hermanamiento" entre la ópera y el cine es una buena forma de popularizar la lírica.

Teatro La Nuova Fenice, Osimo.
Fuente: flickr.com.
La ópera y el cine se relacionan de diversas formas. Por una parte, están las películas en las que aparecen fragmentos de alguna ópera de forma puntual, porque (por ejemplo) el o los protagonistas asisten a una representación; así ocurre en "Pretty Woman", cuando Richard Geere y Julia Roberts van a ver "La Traviata":


También están aquellas otras películas cuya acción se desarrolla, total o parcialmente, en torno al mundo de la ópera describiendo, pongo por caso, la vida y avatares de algún cantante lírico, real o imaginario, y en las que, como necesaria parte de la trama, aparecen escenas de alguna o algunas óperas. Así ocurre en "La mujer más guapa del mundo", protagonizada por Gina Lollobrigida; veamos una escena de esta película en la que se representa un fragmento de "Tosca", concretamente la escena del fusilamiento:


Y, por supuesto, están las películas que no son sino versiones filmadas de óperas, como la adaptación para el cine de "Cavalleria rusticana" de Mascagni, dirigida por Franco Zefirelli, con Plácido Domingo como Turiddu; escuchémosle cantando la "Siciliana", al principio de la ópera:


Los ejemplos son numerosísimos y tremendamente variados. Por mencionar otras películas, recordemos "Philadephia", la saga de "El padrino", y tantas y tantas otras...

(Fuentes de los fragmentos de vídeo: www.youtube.com).

lunes, 9 de mayo de 2011

DISCOGRAFÍA Y GRABACIONES EN VÍDEO DE: LA TRAVIATA


Monumento a Giuseppe Verdi
en Nueva York.
Fuente: flickr.com.
La Traviata

Música: Giuseppe Verdi.
Libreto: Francesco Maria Piave.
Estreno: Teatro La Fenice de Venecia, 6 de marzo de 1853.

Con "La Traviata", la intención de Verdi era hacer una ópera de ambiente contemporáneo, es decir, hacia 1850, de manera que, al levantarse el telón, los espectadores vieran en el escenario a personajes vestidos exactamente igual que ellos. La historia que narra (la relación de un muchacho de "buena familia" que se amanceba con una prostituta de lujo) fue probablemente la razón de su fracaso inicial y, a causa de la censura de la época y la gazmoñería del público, Verdi se vio obligado a hacer retroceder la acción hasta 1700.

Grabaciones en audio:
Me quedo, sin duda alguna, con una grabación de 1969, de Decca, con Pilar Lorengar y Jaime Aragall, dirigidos por Lorin Maazel. El torrente de voz, riquísimo en matices, de Lorengar y la voz bellísima, llena de romanticismo y ternura de Aragall se complementan a la perfección. Y, para completar, como Giorgio Germont, nada más y nada menos que el poderoso Dietrich Fischer-Dieskau. Para quien no haya oído esta grabación, ¡que no se la pierda!. Otras grabaciones a destacar, por mencionar algunas, pueden ser las siguientes:

EMI, Live 1955 recording
Coro e Orchestra del Teatro alla Scala di Milano. Dir.: Carlo Maria Giulini.
Intérpretes: Maria Callas, Giuseppe Di Stefano, Ettore Bastianini.
Fragmento: "Addio del passato" canta María Callas; fuente: www.verdidisco.de.

DECCA, 1962
Orchestra dell Maggio Musicale. Dir.: Sir John Pritchard.
Intérpretes: Joan Sutherland, Carlo Bergonzi, Robert Merrill.

EMI, 1981
Ambrosian Opera Chorus / Philharmonia Orchestra. Dir.: Riccardo Muti.
Intérpretes: Renata Scotto, Alfredo Kraus, Renato Bruson.

D.G., 1991
The Metropolitan Opera Orchestra and Chorus. Dir.:James Levine.
Intérpretes: Cheryl Studer, Luciano Pavarotti, Juan Pons.

Grabaciones en vídeo:
Se ha conservado una grabación que es una rareza porque, por una parte, es la única grabación en vídeo que existe de María Callas interpretando "La Traviata" y, por otra, porque se trata de la única vez que María Callas y Alfredo Kraus cantaron juntos en escena. Fue en Lisboa, en 1958:
 
Versiones en vídeo de La Traviata, al igual que en audio, hay muchísimas. Está, por ejemplo, la dirigida por sir Georg Solti en diciembre de 1994, en el Convent Garden, con Angela Gheorghiu, Frank Lopardo y Leo Nucci. La orquesta y coro son de la Royal Opera House. Es una producción muy cuidada y está muy bien interpretada. He aquí un fragmento:
 
Otra, de 1982, tiene como protagonistas a un Plácido Domingo ¡rubio!, y a una Teresa Stratas cuya constitución física es idónea para el papel. Cornell Mcneill es Giorgio Germont. Se trata de una película, dirigida por Franco Zefirelli. El coro y orquesta son del Metropolitan. Para muestra, el brindis:
  
Bajo la dirección de Zubin Mehta, Orquesta Sinfónica Nacional de la RAI y con José Cura, Eteri Gvazava y Rolando Panerai en los principales papeles, hay otra Traviata versión film del año 2000. José Cura le imprime su tremenda personalidad al papel, y con su torrente de voz, construye un enérgico Alfredo, pero ella... ¡si es que cuesta trabajo siquiera oírla! Y a Rolando Panerai, se nota aquí en su voz el paso del tiempo ¡qué pena!. He aquí un fragmento:
Para terminar, dejo un fragmento de una Traviata de 1973, con Mirella Freni (maravillosa), Franco Bonisolli y Sesto Bruscantini, dirigidos por Lamberto Gardelli. El coro y la orquesta de la Staatsoper, Berlín:



(Otras fuentes: www.operamania.com).

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