Ahora que acaba de empezar el año, os propongo un brindis, porque cada nuevo ciclo que empieza es una nueva oportunidad para acercarse un poco más al objetivo que, humildemente, creo que todos debiéramos tener como prioritario: ser felices. En el propio camino está la felicidad; brindemos, pues, no sólo por la nueva oportunidad que nos ofrece un nuevo año, sino por la que nos ofrece cada día, cada minuto, y apreciemos y degustemos cada momento.
A todos nos es familiar el momento en el que, en una celebración, los invitados se levantan y entrechocan sus copas para manifestar sus buenos deseos respecto de algo o de alguien. Es el "brindis" término que, según la Real Academia Española viene del alemán: "bring dir's" ("yo te lo ofrezco").
Una de las versiones acerca del origen del "brindis" se remonta al siglo XVI. Para celebrar una decisiva victoria de las tropas de Carlos V sobre las romanas, los mandos militares llenaron sus copas de vino y, al tiempo que las alzaban al frente, dijeron la ya citada frase "bring dir's". Aunque hay otra que va mucho más atrás en el tiempo y cuenta que, allá por el siglo IV a. de C., los anfitriones chocaban fuertemente las copas con sus invitados, lo que hacía que salpicase el contenido de unas a otras. Así, quedaba claro que aquel que ofrecía el banquete no ofrecía a sus huéspedes bebida envenenada (por aquel entonces, era usual eliminar a los enemigos por medio de bebidas envenenadas).
Sea como fuere, éstas no son sino unas breves pinceladas para presentar el tema de la entrada de hoy: el brindis en la ópera. Veremos algunos ejemplos de óperas que ya han aparecido en este blog y en los que, en una u otra circunstancia, con una u otra intención, se brinda. El primero es el que quizá se nos ha venido a todos ya a la cabeza: el famoso brindis de "La traviata", de Giuseppe Verdi. La historia acaba de comenzar; Violetta Valéry celebra una brillante fiesta en su casa, a la que asisten multitud de invitados. En medio del regocijo general, Gastón insta a Alfredo a que proponga un brindis. El muchacho, tímido al principio, duda; pero cuando Violetta, a la que ama aún en silencio, le asegura que desea escucharle, Alfredo desborda su corazón en un torrente de inspiradas palabras:
"Bebamos alegremente de este vaso
resplandeciente de belleza
y que la hora efímera
se embriague de deleite.
Bebamos con dulce estremecimiento
que el amor despierta
puesto que estos bellos ojos
(mirando a Violetta)
nos atraviesan el corazón..."
Continuemos con el maestro Verdi, si bien esta vez con un brindis de un cariz muy diferente. Iago, en siniestra complicidad con Roderigo, se propone emborrachar a su odiado rival, Cassio. Sabe que cuando éste bebe en demasía es capaz de hacer cualquier barbaridad; su intención es que Cassio se ponga en vergüenza ante Otello y que éste, como castigo, le releve de su puesto de capitán, que Iago cree que Cassio le ha usurpado. Así pues, Iago ordena a los taberneros que corra el vino y, en medio del regocijo general, incita a todos los presentes a que remojen el gaznate antes de que se esfumen los cantos y los vasos:
"¡Remoja el gaznate!
¡Toma un trago!
¡Antes de que se esfumen
los cantos y los vasos!..."
¡Toma un trago!
¡Antes de que se esfumen
los cantos y los vasos!..."
Para terminar, un brindis famosísimo: el de "Cavalleria rusticana". A la salida de misa, aprovechando que la gente está reunida en la plaza, Turiddu invita a todos a beber un vaso de vino en su taberna. Él y Lola sienten segura su relación de amantes; lo que no saben es que Santuzza, después de un violento encuentro con Turiddu, se ha encontrado por casualidad con el compadre Alfio y, despechada, le ha contado que su mujer, Lola, le adorna la cabeza de mala manera. La tormenta está a punto de estallar en toda su intensidad, pero ni Turiddu ni Lola lo saben aún; así, Turiddu, exultante porque tiene a Lola muy cerca, invita a todos los presentes a beber y entona una canción en la que alaba las virtudes del vino que, resplandeciente en el vaso, infunde alegría y conforta los pensamientos:
"Viva el vino espumeante,
resplandeciente en el vaso,
como la sonrisa de los enamorados;
¡duplicemente infunde alegría!
Viva el vino que es sincero,
que conforta nuestros pensamientos,
y ahoga la oscura melancolía
embriagándonos dulcemente"
Con mis mejores deseos, ¡brindo por todos vosotros, amigos!













