Acto II, Cuadro II o Acto III
Aunque el libreto no lo especifica, la fiesta que se celebra en casa de Flora Bervoix, la amiga de Violetta, parece que tiene lugar la misma noche que sigue a los hechos del Acto II. Flora comenta con sus invitados la súbita ruptura de Violetta y Alfredo y que, como ella no lo sabía, su invitación iba a nombre de la pareja.
Se ofrece a los asistentes a la fiesta un baile en el que unas gitanas echan la buenaventura ("Noi siamo zingarelle..." / "Somos zíngaras..."); cuando una de ellas lee la mano del marqués d'Obigny descubre que no le es del todo fiel a Flora. Con la entrada del conde Gaston, junto con un grupo de amigos disfrazados de toreros, se canta una canción que se supone típica española ("Di Madride noi siam matadori..." / "Somo toreros de Madrid...")
Más tarde, hace su aparición Alfredo, que muestra una gran indiferencia cuando le preguntan por Violetta. Llega entonces ésta acompañada por el barón Douphol, el cual prohíbe a la joven que se dirija a Alfredo. En este montaje, Violetta va vestida con un elegante traje de noche completamente negro, muy apropiado para los sentimientos que oculta en su interior.
Se organiza una partida de cartas, en la que se enfrentan Douphol y Alfredo. El joven se se ve agraciado por una magnífica racha que cada vez va a más, lo que provoca en el barón una irritación que va creciendo en la misma proporción. La llamada del servicio para cenar interrumpe la partida, aunque Douphol y Alfredo se emplazan para enfrentarse en un duelo cuando la fiesta termine.
Se organiza una partida de cartas, en la que se enfrentan Douphol y Alfredo. El joven se se ve agraciado por una magnífica racha que cada vez va a más, lo que provoca en el barón una irritación que va creciendo en la misma proporción. La llamada del servicio para cenar interrumpe la partida, aunque Douphol y Alfredo se emplazan para enfrentarse en un duelo cuando la fiesta termine.
Los invitados pasan al comedor y, por un instante, la escena queda vacía. Violetta, ansiosa, vuelve a entrar; ha hecho llamar a Alfredo para verle a solas y tratar de evitar que se enfrente al barón Douphol. Alfredo acude y, solos los dos Violetta le pide que huya, porque no podría soportar que el barón Douphol le matase. Alfredo, que no cree en las palabras de Violetta, le dice, para ponerla a prueba, que consiente en escapar, siempre y cuando ella le acompañe. Pero Violetta se niega; le replica que ha jurado apartarse de él y, para que Alfredo definitivamente la aborrezca, vuelve a mentirle diciéndole que ama al barón Douphol, que es quien le ha pedido que no vuelva a verle más.
Es entonces cuando, el volcán que arde en el interior de Alfredo, estalla. Furioso, corre a la puerta, y llama a gritos a los demás y, delante de todos los invitados, arroja a Violetta a la cara el dinero que ha ganado jugando a las cartas como pago, dice, de todo lo que ella ha despilfarrado por él. Violetta, rota de dolor, se desmaya.
"Alfredo! Voi!"
El cruel gesto de Alfredo la rebaja a los ojos de los demás; incluso su padre, que ha llegado a la fiesta en busca de su hijo, le recrimina duramente su acción. Alfredo que, de golpe, ha comprendido la vileza que acaba de cometer, se duele amargamente porque cree que, después de aquel episodio, jamás podrá recuperar a su amada. Violetta recobra el conocimiento y le dice a Alfredo que algún día comprenderá hasta qué punto le ha amado. El barón Douphol se erige en defensor del honor de Violetta; el duelo entre Douphol y Alfredo es inevitable.
"Alfredo, Alfredo, di questo core
non puoi comprendere tutto l'amore..."
Continuará...
(Fuentes: "Guía universal de la ópera", de Roger Alier y www.youtube.com)






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