Habíamos dejado a la buena de Magda camino del Bullier, para encontrarse con Ruggero, del que se ha enamorado. Lisette también había salido con su pretendiente secreto, Prunier. Continuemos.
Acto II
En el café-salón Bullier, el baile se halla en plena animación. Ruggero se ve acosado por una nube de mujeres de "vida alegre" que tratan, en vano, de sacarle si quiera una palabra. El muchacho no acaba de sentirse a gusto en aquel lugar. Cuando entra Magda, varios estudiantes la asedian, pero ella logra zafarse de su acoso y se sienta en la misma mesa de Ruggero, que no la reconoce. A Ruggero, aquella misteriosa chica le recuerda a las tímidas muchachas de Montauban, sola, tímida...
Aparecen Prunier y
Lisette, que se han decidido también por el Bullier. Prunier no para de atosigar a
Lisette acerca de cómo debe comportarse; está empeñado en educarla, en darle lecciones para "rehacerla".
Ruggero y Magda piden un par de cervezas. Cuando Ruggero se dispone a pagar, Magda le pide que le de veinte escudos al camarero y que, lo que sobre, se lo deje de propina. El caso es que, en el transcurso de la conversación, Magda le habla a Ruggero, aunque de modo muy vago, de la aventura que había relatado a sus amigos en el Acto I, cuando vivía con su tía y se escapó para asistir a un baile. Ruggero, embelesado, le pregunta: "Somos amigos... y aún no sé su nombre. ¿Cuál es?...". Sobre el mármol de la mesa, ella escribe uno falso: "Paulette"; él escribe el suyo verdadero: "Ruggero". Los dos sienten que se van enamorando cada vez más.
Tenemos, pues, a Ruggero y a "Paulette" embelesados el uno con el otro cuando se acercan Lisette y Prunier.
Lisette reconoce inmediatamente a su señora. Prunier también la reconoce pero, ante un gesto de Magda, hace como que no se ha dado cuenta de quién es. Al fin, los cuatro se sientan juntos, piden champán y ¡brindan por el amor!.
Pero ¡ay! llega Rambaldo que, recordemos, es el amante y "protector" de Magda. Prunier, rápidamente, hace que Lisette se lleve a Ruggero. Después, a solas Magda y Rambaldo, la muchacha le dice que se ha enamorado y que no va a volver con él. "¡Ojalá no tengas que arrepentirte!" le sentencia Rambaldo.
Poco a poco, la gente se marcha. Por unos instantes, Magda se queda sola en el local; al poco, vuelve Ruggero, que le trae el chal. "Nuestros amigos ya se han ido. Sabes... amanece. ¿Quieres que nos vayamos?". Magda, temerosa, se abraza a Ruggero: "Es mi sueño, ¿entiendes? Sin embargo, tiemblo y lloro, mi vida... ¡mi amor!".
(Fuentes: "Guía universal de la ópera", de Roger Alier y www.youtube.com)






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