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| Palacio de la Aljafería |
Veamos quiénes son los protagonistas de esta historia:
- Manrico.- El Trovador, hijo de la gitana Azucena y enamorado de Leonora. Tenor.
- Leonora.- Dama de la reina, enamorada de Manrico, pero deseada por el conde Luna. Papel intenso para soprano dramática.
- Azucena.- Gitana de una tribu que habita en Vizcaya, madre de Manrico. Mezzosoprano.
- Ferrando.- Capitán de la guardia del conde Luna. Papel secundario para bajo.
- Inez.- Confidente y compañera de Leonora. Papel muy secundario para mezzosoprano.
- Ruiz.- Soldado y mensajero de Manrico. Breve papel para tenor.
- Coro.- Cometido importante.
Acto I, Cuadro I
Atrio en el palacio de la Aljafería de Zaragoza. A un lado, una puerta conduce a los aposentos del conde Luna. Ferrando, capitán de la guardia del conde, junto con algunos de sus hombres, esperan; su señor les ha ordenado vigilar, pues un misterioso trovador tiene la osadía de visitar habitualmente a su amada e inalcanzable Leonor. Para entrener la espera y ahuyentar el sueño, Ferrando cuenta a los soldados la historia de García, hermano del conde Luna.
El conde tenía un hermano menor, un bebé que dormía en una cuna custodiada día y noche por una fiel aya. Un buen día, cuando la nodriza se despertó, vio junto al niño a una horrible vieja, una zíngara hechicera que fijaba sus ojos torvos, sanguinarios, en el niño. La niñera, horrorizada, lanzó un terrible grito; acudieron inmediatamente numerosos criados que, a empujones, sacaron de allí a aquella horrenda mujer, que trató de defenderse asegurando que tan sólo quería predecir el destino del niño. Pero ¡ay! desde aquel día, la fiebre fue consumiendo aquel pequeño cuerpecito... ¡sin duda aquella mujer le había embrujado! La zíngara fue perseguida, apresada y condenada a morir en la hoguera... Pero aquella mujer tenía una hija, que juró tomar venganza; y cumplió su juramento, pues el niño desapareció... y, en el mismo sitio donde fuera quemada la bruja, se encontraron unas brasas mal apagas y, entre ellas... ¡los huesos medio quemados de un niño!
Un oscuro presentimiento decía al padre del actual conde que su hijo no estaba muerto pero, por más que le buscó, no pudo hallarle en parte alguna. Tampoco de la hija de aquella bruja volvió a saberse nada. Ferrando afirma que, a pesar de los años transcurridos, sería capaz de reconocer a aquella zíngara. Asegura, además (para terror de los soldados que le escuchan) que la vieja hechicera que fue quemada en la hoguera suele aparecerse en aquel castillo bajo diversas formas, habitualmente al filo de la medianoche. Justo en ese momento, las campanas del castillo tocan las doce y todos huyen despavoridos, mientras maldicen a la gitana.
En los jardines del palacio, Leonora, dama de honor de la reina, pasea junto a su amiga y confidente, Inés. Leonora está muy inquieta, pues hace tiempo que no ve ni oye al trovador, un joven que cautivó su corazón en unas justas en las que se presentó provisto de una armadura negra, sin escudo de armas; venció en todos los combates, así que no tuvo que identificarse. Después, noche tras noche, fue como trovador a cantar bajo la ventana de Leonora: "Tacea la notte placida..."; pero la guerra civil que dividiría Aragón en dos bandos irreconciliables ya había empezado, y Leonora no volvió a ver a aquel misterioso joven. Inés trata de convencer a Leonora de que le olvide, pero la muchacha está dispuesta a morir por él si es necesario.
Las dos damas se retiran justo cuando llega el conde Luna que ha intentado, sin éxito, ver a Leonora. De pronto, se escucha el canto del trovador, y el conde maldice su suerte. Al reclamo de aquella voz querida, Leonora vuelve y baja al jardín, pero a causa de la oscuridad absoluta se dirige al conde Luna, al que confunde con el trovador; llega éste y se indigna ante lo que califica de frivolidad por parte de Leonora. Ella, dándose cuenta de pronto de lo que ha ocurrido, se aleja del conde y se excusa por su error ante el trovador (que ya imaginaba una infidelidad en ella) El conde insta al desconocido a que descubra su identidad... El trovador levanta su visera y descubrimos que es Manrique, partidario del conde de Urgel (que es enemigo del conde Luna). Los dos hombres, declarados así enemigos acérrimos, se muestran dispuestos a batirse, a pesar de los ruegos de Leonora.
(Fuentes: "Guía universal de la ópera", de Roger Alier, www.kareol.es y www.youtube.com)







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