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| La ceremonia del té |
Acto II
Han pasado más de tres años, pero la casita de Madama Butterfly sigue, aparentemente, igual. En un ángulo, Suzuki invoca a los dioses, pero Butterfly se lo recrimina: dice que los dioses japoneses son pererzosos y obesos. Suzuki, muy preocupada, le muestra a Butterfly el poco dinero que les queda; dice que si Pinkerton no regresa, y pronto, no tardarán en pasar apuros. Suzuki no cree que Pinkerton vaya a volver, pero Buttefly está convencida de que regresará; ¿acaso no prometió volver en la estación en la que el petirrojo hace su nido? "¡Volverá, dilo conmigo...!" exclama Butterfly... Suzuki se echa a llorar.
En un aria de las más conmovedoras del maestro de Lucca, y que sólo al recordarla me pone los pelos de punta, Butterfly describe con todo detalle a Suzuki cómo tendrá lugar el regreso de su amado Pinkerton: "Un bel dì vedremo..."
Llega Sharpless acompañado de Goro. Butterfly recibe al cónsul con grandes honores. Le ofrece cigarrillos americanos. Sharpless trae una carta pero ella, ansiosa, antes de que él tenga ocasión de mostrársela, le pregunta cuándo hacen su nido los petirrojos en América. El cónsul, desconcertado, no sabe qué contestar.
Butterfly le aclara que Pinkerton le prometió que volvería en la estación en la que anida el petirrojo; por eso, como Pinkerton tarda tanto en regresar, Butterfly se pregunta si, en los Estados Unidos, los petirrojos anidan en una época del año diferente a la que lo hacen en Japón.
Goro anuncia la llegada del príncipe Yamadori, que dice estar perdidamente enamorado de Butterfly y quiere casarse con ella. Butterfly rechaza terminantemente su propuesta, puesto que afirma estar ya casada. Recordemos que, según la ley japonesa, el abandono del marido equivalía al divorcio, por lo que a Goro no le cabe en la cabeza que Butterfly rechace un partido como Yamadori, estando como está casi al borde de la ruina. Pero Butterfly, orgullosa, dice que la ley japonesa no va con ella, puesto que su país es los Estados Unidos.
Al fin Yamadori se va, y Sharpless intenta leer la carta, pero Butterfly le interrumpe tantas veces que Sharpless, muy brusco, le pregunta qué haría sin Pinkerton no volviese jamás. Butterfly, que siente una brutal sacudida de dolor, afirma que se ganaría la vida cantando por las calles, o que buscaría la muerte. El cónsul le sugiere que acepte la proposición de Yamadori, y Butterfly se ofende. Finalmente, comprende que Pinkerton ya no la quiere; entonces, entra en la casa y vuelve a salir con un niño de tres años: "¿Podrá Pinkerton olvidar esto?", pregunta.
Butterfly, dirigiéndose al niño, recrimina al cónsul que se haya atrevido a pensar que ella, su madre, tendrá que recorrer las calles, bajo la lluvia y el viento, con él en brazos, cantando, para procurarse el sustento de los dos... Porque eso es lo que ocurriría si Pinkerton no volviera ¡pero ella está segura de que volverá! Sharpless se marcha, prometiéndole a Butterfly que le dirá a Pinkerton que tiene un hijo.
Suzuki y Butterfly descubren a Goro rondando todavía por la casa, y lo echan sin contemplaciones. De pronto, se oye un cañonazo que viene del puerto: es una nave que entra y, con la ayuda de un telescopio Butterfly lee el nombre de la embarcación: "Abraham Lincoln" ¡es la de Pinkerton! Tal y como ella le había anunciado a Suzuki... Butterfly estalla de alegría ¡ella tenía razón y no los agoreros que decían que Pinkerton la había olvidado.
Butterfly ordena a Suzuki que recoja todas las flores del jardín y las dos, cantando, las esparcen por toda la casa. "Todo, que todo esté lleno de flores, como lo está de estrellas la noche..."
Butterfly ordena a Suzuki que recoja todas las flores del jardín y las dos, cantando, las esparcen por toda la casa. "Todo, que todo esté lleno de flores, como lo está de estrellas la noche..."
Luego Suzuki, el niño y ella se visten de gala; después, se colocan tras la mampara translúcida, en la que practican tres agujeritos para mirar y así, sentados, aguardan la llegada de Pinkerton, mientras va cayendo la noche. El acto termina con un coro de pescadores a boca cerrada.
Y así dejamos a Butterfly esperando; se ha enfrentado al resto del mundo que trataba de desengañarla, de decirle que su adorado Pinkerton ya no iba a volver... "Su barco está ahí ¡estaban equivocados, todos equivocados! Vuelve a mi... porque me quiere..."
Continuará...
(Fuentes: "Guía universal de la ópera", de Roger Alier, www.kareol.es, flickr.com y www.youtube.com)







Cara Margherita,
ResponderEliminarTornei-me hoje seguidor deste seu blog tão interessante.
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Abraço de Portugal