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| Papiro egipcio |
Acto II, Cuadro I
Vayamos ahora a las habitaciones de Amneris. La princesa está rodeada de esclavas que se encargan de acicalarla para la ceremonia triunfal de Radamès, que se está preparando para recibir al victorioso guerrero, que ha vencido a los etíopes. Las esclavas cantan a coro, mientras Amneris, espera ansiosa volver a ver a Radamès. Unos esclavos sarracenos ejecutan un pequeño ballet, y después Amneris repite su ansioso canto. Acto seguido, entra Aida...
La astuta Amneris, para someter a prueba a la esclava, le dice que Radamès ha muerto en el campo de batalla. Y si el estremecimiento que la recorre al conocer la noticia ya la delata, lo hace aún más la alegría al saber que la noticia era falsa y que Radamès vive. Ahora la situación se ha vuelto de lo más peligrosa para Aida, puesto que Amneris ha descubierto, por fin, que sus sospechas eran ciertas: Aida ama a Radamès. Cuanto más le suplica Aida, más inflexible y cruel se muestra Amneris; gozándose en su propio poder, sentencia: "¡Tiembla vil esclava!... este amor puede significar tu muerte; soy árbitro de tu destino, mi corazón rebosa de odio y de venganza".
Fuera de escena, se escucha la trompetería que anuncia que la ceremonia de recepción a Radamès va a dar comienzo.
Acto II, Cuadro II
Aquí llega el momento más famoso de "Aida" y quizá de toda la historia de la ópera: la "Marcha triunfal". El himno "Gloria all'Egitto" causó tal impresión al khedive de Egipto (que asistió al estreno) que dijo que quería convertirlo en el himno nacional de su país (lo que, finalmente, no ocurrió).
Tras la entrada de los sacerdotes, las trompetas presentan el tema principal de la Marcha; luego, un breve ballet, y la escena termina con un reiterado "Gloria all'Egitto". Radamès es recibido con los máximos honores, y Amneris corona al héroe en presencia de Aida.
A continuación, entran los prisioneros, entre los que Aida reconoce a su padre, Amonasro, el cual le pide que no desvele que es el rey de los etíopes (al cual los egipcios creen muerto). Amneris no cabe en sí de gozo al saber que el padre de su rival es prisionero de los egipcios.
El Faraón concede a Radamès una recompensa, la que él escoja, por su victoria; y Radamés pide la libertad de los etíopes capturados. Los sacerdotes se oponen pero, al fin, se llega a un acuerdo: Aida y su padre se quedarán en Egipto, como garantía de una paz duradera con los etíopes que, en efecto, son liberados. Entonces el Faraón, creyendo premiar aún más a tan valeroso guerrero, le concede la mano de su hija, Amneris, para que un día gobiernen ambos en Egipto.
Continuará...
(Fuentes: "Guía universal de la ópera", de Roger Alier, www.kareol.es, arteyfotografia.com y www.youtube.com)







Aida: Una Opera Espectacular. Asi se anunciaba la mejor representación de ésta de entre las que he visto. Fue en la plaza de toros de Las Ventas, hace...bastantes años. Esta ópera es de las que crean afición a la primera. Mi hija, que nos acompañaba a regañadientes a mi mujer y a mi, quedó tan impresionada que a partir de ahí empezo a interesarse por la ópera.
ResponderEliminarLos videos que has elegido como ilustración me encantan. Enhorabuena, a la espera del final.