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| Cartel del estreno de "Mefistófeles", de Arrigo Boito |
A pesar de que Arrigo Boito ha pasado a la historia operística principalmente como libretista ("Otello", de Verdi, "La Gioconda", de Ponchielli) también fue compositor (véase otra entrada de este mismo blog: Los libretistas: Arrigo Boito); "Mefistófeles" es la única de sus óperas que ha sobrevivido dentro del repertorio, y la tercera de las versiones líricas de la historia de Fausto que vamos a ver.
El Acto Primero comienza en las regiones etéreas, donde habitan los espíritus que subyacen a la realidad física, un coro de ángeles entona alabanzas a Dios. Su canto es interrumpido por la súbita aparición de Mefistófeles que, en tono burlón, ridiculiza al hombre, al que tacha de arrogante y al que, afirma, no merece la pena tentar; con una sola excepción: Fausto, ferviente servidor del Altísimo. En nombre de Dios, los ángeles aceptan una apuesta en la que Mefistófeles asegura que logrará hacerle caer.
Descendamos ahora a la Tierra pero, antes de acudir al gabinete de Fausto, vayamos a las puertas de la ciudad de Frankfurt del Maine. Es el domingo de Pascua y, mientras los burgueses pasean y los estudiantes beben y ríen, un siniestro monje gris se infiltra entre la multitud. Aparece Fausto, que pasea junto a su discípulo, Wagner. Fausto advierte que las huellas que deja a su paso el enigmático monje son de fuego.
De noche, a solas en su laboratorio, Fausto medita, con un Evangelio abierto ante él. En medio de la pesada soledad que le envuelve, hace su aparición el misterioso monje gris que viera horas antes, y que no es otro que el mismísimo Mefistófeles. Escuchemos a un aterrador Samuel Ramey, presentándose a sí mismo como "el espíritu que niega...":
Soy el espíritu
que siempre niega todo,
la estrella, la flor.
Mis muecas maliciosas alteran
el dulce reposo del Creador.
Deseo el vacío y la aniquilación
de la creación.
El medio en el que
mejor me desenvuelvo
es lo que llamáis
pecado...
¡pecado, muerte y mal!
Río y grito esta sílaba:
"No"
Destruyo, tiento, rujo, susurro:
"No"
Engaño,
destruyo, tiento, rujo, susurro:
¡Silbo! ¡Silbo! ¡Silbo!
¡Eh!
(silba violentamente)
Soy una parte de un residuo
que otrora fuera el Todo: las tinieblas.
Surgí de sus entrañas
y a ellas volveré.
Aunque la luz usurpe mi cetro
y mi poder,
no será una
afrenta eterna.
¡El Sol!
¡El Sol y la Tierra,
están abocados a su destrucción!
Río y grito esta sílaba:
"No" etc.
(silba violentamente)(*)
que siempre niega todo,
la estrella, la flor.
Mis muecas maliciosas alteran
el dulce reposo del Creador.
Deseo el vacío y la aniquilación
de la creación.
El medio en el que
mejor me desenvuelvo
es lo que llamáis
pecado...
¡pecado, muerte y mal!
Río y grito esta sílaba:
"No"
Destruyo, tiento, rujo, susurro:
"No"
Engaño,
destruyo, tiento, rujo, susurro:
¡Silbo! ¡Silbo! ¡Silbo!
¡Eh!
(silba violentamente)
Soy una parte de un residuo
que otrora fuera el Todo: las tinieblas.
Surgí de sus entrañas
y a ellas volveré.
Aunque la luz usurpe mi cetro
y mi poder,
no será una
afrenta eterna.
¡El Sol!
¡El Sol y la Tierra,
están abocados a su destrucción!
Río y grito esta sílaba:
"No" etc.
(silba violentamente)(*)
Fausto, hombre devoto que ha llevado hasta entonces una vida de soledad y retiro, se siente tentado por el infinito poder de Mefistófeles. Ansioso por conocer la verdad sobre sí mismo y sobre el mundo, el doctor firma un pacto con este siniestro personaje; con tal de vivir un solo instante que mereciera prolongarse eternamente, Fausto está dispuesto a que, después de su muerte, a su alma se la trague el averno. Firmada la siniestra alianza, y transformado el anciano Fausto en un joven, él y Mefistófeles se van a recorrer el mundo en busca de ese ansiado instante.
Vayamos ahora al Acto Segundo. El Cuadro Primero se desarrolla en un jardín de apariencia rústica. Vemos a Fausto (que se oculta bajo el nombre de Enrique) y a Margarita paseando, mientras Mefistófeles distrae a la vecina de la muchacha, Marta. Esta vez no hay serenata diablesca al pie de la ventana. Enrique (Fausto), que a toda costa quiere seducir a Margarita, le proporciona un bebedizo para dormir a su madre, que vive con ella.
En el Cuadro Segundo, la acción se traslada al valle de Schirk, dominado por la Cabeza de Brocken, el monte de las brujas. Mefistófeles ha conducido hasta allí a Fausto para que presencie un aquelarre, que le dará idea del alcance real de su poder. Brujas y trasgos, monstruos y diablos rodean a Mefistófeles que entona, bravucón, un aria en la que se vanagloria del inmenso poder que tiene sobre el mundo (representado por un globo de cristal que sostiene en su mano), aunque los habitantes del mismo no sean conscientes de ello. De nuevo, Samuel Ramey:
Ved aquí el mundo:
una esfera vacía,
que se eleva y desciende,
girando y brillando,
cantando y bailando,
viajando en torno al sol.
Tiembla y ruge, crea y destruye,
aquí está el mundo.
Sobre su ancha
y antigua corteza
habita una raza
tan malvada
como loca,
salvaje, despiadada,
astuta y feroz,
dotada de un odio autodestructor
que arrasa
alturas y simas.
Toman a Satanás por una ficción,
se burlan del cielo
y hacen mofa del infierno.
¡Oh, Dios, que absurdo!
¡No puedo menos que reír
al pensar como les engaño!
¡Ja! ¡ja! ¡ja! ¡ja!
¡Aquí tenéis vuestro mundo!
¡Aquí tenéis vuestro mundo!
una esfera vacía,
que se eleva y desciende,
girando y brillando,
cantando y bailando,
viajando en torno al sol.
Tiembla y ruge, crea y destruye,
aquí está el mundo.
Sobre su ancha
y antigua corteza
habita una raza
tan malvada
como loca,
salvaje, despiadada,
astuta y feroz,
dotada de un odio autodestructor
que arrasa
alturas y simas.
Toman a Satanás por una ficción,
se burlan del cielo
y hacen mofa del infierno.
¡Oh, Dios, que absurdo!
¡No puedo menos que reír
al pensar como les engaño!
¡Ja! ¡ja! ¡ja! ¡ja!
¡Aquí tenéis vuestro mundo!
¡Aquí tenéis vuestro mundo!
En el Acto Tercero, vemos a Margarita, que yace tendida en el suelo de una lúgrube celda. Enseguida comprendemos el porqué de su presencia allí: en su delirio, la muchacha nos hace saber que, al verse abandonada por el hombre que ama, ha matado a su propia madre y al niño que ha tenido de Fausto, por lo que ha sido condenada a muerte. Fausto, decidido a salvarla, llega hasta aquel oscuro lugar con Mefistófeles. Cuando parece que Fausto ha convencido a Margarita para que le siga fuera, lejos de allí, la muchacha, separándose bruscamente de su amado, suplica a Dios perdón por sus pecados. Y, a pesar de que Mefistófeles afirma que ya está condenada, las falanges celestiales acuden en su auxilio exclamando: "¡Está salvada!".
El Acto Cuarto se desarrolla en el río Peneos, en la Grecia clásica. La luna ilumina la escena con una luz encantadora. Es la noche de aquelarre y, en medio de una nube de personajes mitológicos, Fausto rinde tributo de admiración a Elena de Troya; ambos, en una delirante ensoñación, hablan de vivir juntos en un valle tranquilo, y de que su hogar será la gruta de las ninfas...
En el Epílogo, volvemos al gabinete de Fausto, aunque se nota que ha pasado el tiempo.Voces mágicas se esparcen por la habitación. Mefistófeles se ha colocado al acecho de Fausto, que ha vuelto a envejecer. Con el Evangelio abierto ante él, como en el primer acto, Fausto medita acerca de mundo que, a través de Mefistófeles, ha conocido y se da cuenta de que la realidad no era sino dolor, y el ideal, un sueño. Su deseo se orienta hacia un país infinito, hacia una tierra de paz a la que querría consagrar el resto de su vida. Mefistófeles, temeroso de perder, al final, aquella alma, trata de atraer hacia sí a Fausto, recordándole los placereres que otrora le mostrara; pero aparecen de nuevo las falanges celestiales que, ante la indignación del diablo, conducen el alma de Fausto hacia la salvación.
(*) Dicho sea a modo de inciso, este aria me recuerda al: "Credo in un Dio crudel..." que canta Iago en el segundo acto del Otello de Verdi. Y creo que no en vano, puesto que el libreto de dicha ópera fue compuesto, también, por Arrigo Boito.
NOTA: He de aclarar que, a pesar de que en la primera de esta serie de entradas dije que iba a hablar no sólo de óperas, sino también de obras no operísticas que tratasen el tema del diablo, he creído prudente terminar (por ahora) con este tema, pues no quiero cansaros.







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