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Bienvenido, amable navegante, a mi pequeño rincón. Si has llegado hasta aquí es que, como poco, sientes curiosidad por la ópera. Quizá seas un experto. Quizá sólo has echado un somero vistazo a este tema y te preguntas qué es lo que mueve a un aficionado a la ópera. O quizá, ni lo uno ni lo otro... ¿qué más da?.

Ante todo, he de decir que ni soy una erudita en esta materia ni lo pretendo. Este blog quiere servir, simplemente, de lugar donde reflexionar, donde compartir experiencias, opiniones, sentimientos, etc., acerca de un mundo que para mí es muy enriquecedor.

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martes, 3 de julio de 2012

UNA HISTORIA DETECTIVESCA EN TIEMPOS DE LA RUSIA IMPERIAL (III)


París, costas del Sena

Acto II
¿Venís conmigo a la recepción que da la princesa Romazov, en París?. Mientras suena un alegre vals, el telón se levanta y se nos muestra un majestuoso salón, ricamente decorado. Al fondo, unas enormes cristaleras hacen que la estancia parezca aún más grande. Vemos parejas que bailan al son de la música. A un lado, sobre una tarima, un piano de cola alrededor del cual hay muchas sillas. Fedora dirige el servicio del té, ayudada por el conde Loris Ipanoff. La condesa Olga Sukarev, amiga de Fedora, presenta a los invitados a Boreslao Lazinski, un pianista muy presumido que está cortejándola para lograr sus propios fines. 

De Siriex se sobresalta al escuchar el nombre de alguien a quien le presenta Fedora: "...El conde Loris Ipanoff..." Boroff, amigo de Loris, se lleva a éste aparte; así, Fedora y De Siriex pueden hablar en privado, mientras Boroff y Loris hacen lo mismo.

Fedora cuenta a De Siriex cómo, al saber que Ipanoff estaba en París, le buscó y le sedujo hasta enamorarle perdidamente. Nadie sospecha nada acerca del delito que se supone que el conde ha cometido; la princesa sólo espera conseguir, de los propios labios del acusado, la confesión de su crimen, y entonces Ipanoff estará totalmente en su poder... "¡No tendré piedad!" afirma. "¿Y si es inocente?" advierte De Siriex a Fedora...Mientras, Boroff trata de advertir a su amigo: "Querido Loris, desconfía de esos resplandecientes ojos..."; pero Loris ya está perdidamente enamorado de la princesa...

Por su parte, la condesa Olga flirtea con el barón Rouvel, otro de los invitados a la fiesta el cual, galante, dice a Fedora: "¡Princesa, nos hacéis languidecer!" Fedora, sonriendo graciosamente, afirma que cada cual lleva su cruz: "...Ved, yo también..." dice poniéndose súbitamente seria, mientras palpa la cruz bizantina que lleva al cuello: "En esta antigua cruz había una santa reliquia; yo he puesto un fármaco que cura todos los males..."

Olga presenta al maestro Lazinski a Fedora: "...un poeta del piano..." y asegura que, esa misma noche, podrán escucharle y aplaudirle todos. Fedora y Loris se alejan. De Siriex y Boreslao ofrecen ambos el brazo a Olga que, zalamera, se decide por el de Boreslao. Medio ofendido, medio galante, De Siriex la llama: "Cosaca...". Se produce entonces una cómica disputa, durante la cual De Siriex explica el porqué de su calificativo en una canción acerca de la mujer rusa, que entona con burlona elegancia: "La mujer rusa es dos veces mujer... ángel o serpiente, zíngara o reina..." Al concluir, inclinándose ante Olga y señalándola, afirma que ella es el ejemplo ideal de la mujer que acaba de describir. 


Loris y Fedora regresan; mientras pasean, ella se muestra fríamente provocadora, al tiempo que él está cada vez más ebrio. Ipanoff declara que lo que siente por ella no es amor, sino delirio, y que lo espera todo; la princesa, fingiéndose ofendida, le pregunta si pretende que ella le ame a la fuerza. Entonces el conde canta un conocidísimo aria de esta ópera: "El amor te prohibe no amar..."; sabe que, aunque Fedora lo niegue, sus ojos dicen que ella también le ama.

Boroff regresa y, galante, pregunta a la princesa si tiene algún mensaje para Rusia, pues él regresa esa medianoche. Ante la sorpresa de Ipanoff, Fedora responde que ella también volverá a su país, al día siguiente; Ipanoff se desespera, pues no podrá ir tras su amada... Fedora finge no conocer el motivo por el cual Loris no puede regresar a Rusia: "...¿Qué hicísteis? ¿Es algo grave?..."

Boreslao comienza a tocar, y el resto de los invitados se arremolina alrededor del piano. Mientras tanto, apartados los dos del resto, el conde Ipanoff cuenta a la princesa que de lo que se le acusa es de haber tendido una trampa al conde Vladimir Andreievich para darle muerte. Fedora le reprocha que le ofrezca un amor mancillado por tan terrible sospecha; horrorizada, escucha de labios del propio Loris que, en efecto, fue él quien dio muerte al conde; pero no fue un asesinato, sino un castigo. Aunque Ipanoff trata de explicarse, la princesa no puede evitar el impulso de llamarle: "¡Asesino!".

Ante la reacción de repulsa de Fedora, Loris hace ademán de marcharse. A duras penas, la princesa logra retenerle, y ambos se dan cita allí mismo, una hora más tarde, cuando la fiesta haya terminado y puedan hablar a solas, para que Ipanoff pueda contarle con detalle lo ocurrido. Loris se marcha y, una vez a solas, Fedora, con un tono de ferocidad en la voz, exclama: "¡Infame! ¡No te escaparás!".


De pronto, la fiesta se ve interrumpida por una inesperada y trágica noticia. Un lacayo entrega una nota a De Siriex; se trata de un despacho oficial en el que se comunica que el zar ha sufrido un atentado. "...Os aconsejo que suspendáis la fiesta" dice De Siriex. Mientras los invitados se van marchando, la consternación puede leerse en todos los rostros.

A solas, Fedora se queda pensativa; en su rostro puede leerse el dolor por la trágica pérdida de Vladimiro, y la consternación que le produce el amor que, aunque no quiera, siente por el conde Ipanoff. Mientras suena un intermedio orquestal, que subraya la angustia de su pensamiento, Fedora camina por la habitación, nerviosa; por fin, se sienta y se pone a escribir. El intermedio finaliza al tiempo que ella concluye su carta.


Decidida, Fedora se levanta y llama al policía, Gretch; éste, le informa de que sus hombres no han dejado de seguir a Loris Ipanoff y que, esa misma noche, un hombre llegado de Rusia le ha entregado una carta de su hermano Valeriano. Fedora añade unas palabras más a la carta que acaba de redactar al tiempo que dice a Gretch: "Tengo la prueba suprema... ¡su confesión!". Gretch está maravillado. "Él no tardará en regresar. Baja al jardín. En cuanto estés preparado, hazme una señal. Me desharé de él" dice la princesa. 

Gretch y sus hombres habrán de conducir a Loris al navío Elisabetta, que se encuentra en la desembocadura del Sena y se considera territorio ruso. La carta que ha redactado la princesa va dirigida al general Yariskin, y en ella le informa de todo lo ocurrido. De repente, la princesa se da cuenta de que Loris se acerca; Gretch, rápidamente, se marcha.

A solas con Loris, Fedora le exige que le explique por qué mató al conde Vladimiro Andreievich... "Por una mujer... La mía..." responde él. A continuación le cuenta cómo, meses atrás, su anciana madre acogió en su casa a una joven, Wanda... "Cediendo a sus encantos yo la amé felizmente...";Se casaron, pero muy pronto su dicha se vio turbada por las frecuentes visitas de Vladimiro. Una noche, Loris había salido de su casa camino de la de su madre, cuando se dio cuenta de que había olvidado un regalo prometido a la anciana. Mientras regresaba, a medio camino, reconoció a la sirvienta de Wanda, que salía de casa del conde Andreievich; la sonsacó y logró averiguar que acababa de llevar una carta de Wanda para Vladimir. 

Al punto, Loris entró en la casa del conde, pero éste había salido; un criado le dejó solo un instante, que Ipanoff aprovechó para buscar en un cajón, en el que encontró la infame carta que decía: "¡Te espero esta noche, a las nueve!". Para que Fedora no dude de su palabra, Loris busca en uno de sus bolsillos y le muestra la carta. Espantada, Fedora reconoce la letra de Vladimiro... "¡Miserable!..." exclama. 


A continuación, Ipanoff cuenta cómo sucedió todo. "La criada me reveló el lugar de la infame cita. A la hora fijada, entré armado" dice. Les sorprendió juntos; Vladimiro, al ver a Ipanoff, se armó también, disparó y le hirió en un costado... Loris disparó también y mató al conde Andreievich. Ella huyó; al poco, cayó enferma y también murió. Loris se desespera, no porque tema por su propia vida, sino porque es muy probable que su anciana madre haya muerto cuando él pueda volver a Rusia, si es que algún día se le permite regresar.

Al conocer los detalles de la muerte de Vladimiro Fedora, dulcemente, llena de pasión, ruega a Loris que la perdone por haberle creído un miserable, cuando en realidad lo que hizo fue comportarse como un noble y santo justiciero. "...¡Inútil piedad, si tú te vas!..." exclama él. "¡Loris, ya no me voy...!" replica ella.;Cuando Ipanoff hace ademán de despedirse hasta el día siguiente, Fedora trata de retenerle (recordemos que los hombres de Gretch le están esperando para embarcarle en el navío Elisabetta). "¡Dirán que soy tu amante!" objeta él. Pero Fedora está decidida a salvar al hombre que ama; se dirige hacia la puerta del salón y la cierra con llave. Acercándose el uno al otro, con la más intensa felicidad, se unen en un apasionado abrazo mientras cae lentamente el telón.


Continuará...

(Fuentes: www.kareol.es, fotopedia y www.youtube.com)

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