Llegamos por fin al Cuadro IV. Aquí vais a comprender por qué he titulado a esta serie de entradas "Una bohème... ¿intemporal?.
Estamos de nuevo en la buhardilla de los cuatro amigos. Marcello y Rodolfo tratan de trabajar pero no son capaces de concentrarse, pues ambos añoran, respectivamente, a Mussetta y a Mimì, que ya no están con ellos. Entran Schaunard y Colline, con una más que frugal (un poco de pan y un arenque). Los cuatro amigos, para olvidar sus penas, cantan y bailan simulando que van a disponerse a disfrutar de un opíparo banquete.
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| Escena del Cuadro IV de "La bohème" (fuente: flickr.com) |
Llega Mussetta, muy agitada. Mimì, que apenas tiene fuerzas para subir las escaleras, viene detrás de ella (nunca he entendido por qué no la ayuda a subir a la pobre). Por fin Mimì llega, casi sin aliento. Entre todos, la acomodan en el camastro de Rodolfo. Y he aquí que en este momento tan dramático, mi vista se fija en un o de los amigos de Rodolfo (no recuerdo cuál), que se dirige hacia la parte izquierda del escenario, donde se supone que hay una especie de lavabo y entonces... ¡oh maravilla de las maravillas! a pesar de que esta historia se desarrolla en 1830 (fecha en la que el señor Thomas Alva Edison ni siquiera había nacido) mis ojos se asombran ante la visión de.... ¡UNA LAMPARITA ELÉCTRICA DE FLEXO! A partir de ahí, para mí se perdió todo el dramatismo, me fui imposible tomarme en serio la situación. Incluso la tiernísima aria que canta Colline y que me apasiona: "Vecchia zimarra...", me pasó casi desapercibida. No podía apartar los ojos de la lamparita sin acabar de dar crédito a lo que veía.
Mimì agonizando y, a su alrededor, Rodolfo y los demás casi no saben qué hacer. Mussetta trata de proteger de las posibles corrientes de aire la llama de la única vela que tienen... Y a pocos centímetros ¡LA LAMPARITA! Si es que daban ganas de decirle: "¡Mujer, no te esfuerces con la vela, si tienes ahí mismo el flexo!.
Por fin, se muere Mimì (y lo hace muy bien, todo hay que decirlo) y yo esperaba esa fantástica transición final de escenario... sin embargo, simplemente, se bajó el telón. Después, los protagonistas salieron a saludar varias veces (aunque sólo los principales, porque el coro no salió) y... se acabó.
Señalo una vez más que todas estas reflexiones nacen de mi opinión personal y, por tanto, ni recomiendo, ni dejo de recomendar la obra. Para gustos, los colores. Sí que puedo decir que esperaba mucho más.
(Fuente del fragmento musical: www.liberliber.it, canta: Raphael Arié)







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