Habíamos dejado al bueno de Rodolfo a punto de arrancarse a cantar "Che gelida manina... ". A pesar de que las comparaciones son odiosas, no pude evitar que acudiera a mi mente la delicadeza, el sentimiento, la elegancia con la que Alfredo Kraus cantaba esta hermosísima aria... Y tener en mente al maestro de maestros es colocar el listón muy alto. Sin embargo, y en honor a la verdad, Rodolfo Aronica me emocionó, se me saltaron las lágrimas... Y lo mismo me ocurrió con María José Siri y su "Si... mi chiamano Mimì..." Ambos supieron encontrar el profundo y tierno sentimiento que palpita en esta escena.
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| Giacomo Puccini |
Rodolfo y sus amigos (Marcello, Schaunard y Colline) tenían pensado ir al Barrio Latino. Rodolfo se había quedado rezagado para terminar un artículo que debía entregar a la revista "El castor". Sus amigos que, impacientes, le esperan en la calle, le llaman a voces; Mimì sugiere a Rodolfo que quizá podría unirse a ellos... Embelesado por tal proposición, Rodolfo toma del brazo a Mimì y se van los dos, muy acaramelados, a reunirse con los demás.
La transición entre el final de este Cuadro I y el comienzo del Cuadro II opino que está resuelta de forma muy inteligente. Mientras los dos amantes, que se sitúan fuera del decorado y cantan, absortos el uno en el otro el escenario, al fondo, envuelto en una densa penumbra que apenas deja adivinar las siluetas de cosas y personas, va cambiando: se retira la buhardilla en la que vive Rodolfo y va apareciendo lo que después veremos que es el Barrio Latino, lleno a rebosar de personas que, por el momento, permanecen inmóviles, puesto que aún no es su turno de entrar en escena.








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