Rigoletto es una ópera compuesta por Giuseppe Verdi dos años antes que La Traviata, es decir, en 1851. El libreto es, como lo sería después el de La Traviata, de Francesco Maria Piave y se estrenó, igual que lo haría más tarde la triste historia de Violeta Valéry, en el Teatro La Fenice de Venecia.
Personajes
Duque de Mantua (tenor lírico).
Rigoletto, bufón del duque (barítono dramático).
Gilda, hija de Rigoletto (soprano lírica o soprano ligera).
Giovanna, doncella de Gilda (mezzosoprano).
Sparafucile, sicario (bajo).
Maddalena, hermana de Sparafucile (mezzosoprano o contralto).
Conde Monterone, noble (barítono).
Conde Ceprano, noble (bajo).
Marullo, cortesano (barítono).
Borsa (barítono).
Coro de cortesanos, sirvientes, comparsa.
La acción se desarrolla en Mantua (Italia), durante el siglo XVI.
Argumento
El libertino duque de Mantua, además de gobernar la ciudad, se dedica a seducir y a abusar de cuantas mujeres le place, sin que le suponga ningún cargo de conciencia matar a padres o maridos si llega el caso. Por eso, canta que le da igual esta que aquélla, que no cede el "imperio de su corazón": "Questa o quella..." canta: Jean Pierce; fuente: www.liberliber.it.
Rigoletto, bufón del duque, es cómplice de su amo en estas aventuras (tanto es así que Monterone, padre de una de las víctimas del duque, le lanza una terrible maldición que deja a Rigoletto muy preocupado); al mismo tiempo, Rigoletto lleva una vida paralela en la que es amantísimo padre de una hija, Gilda, a la que trata de guardar a toda costa de las garras del duque y de sus licenciosos cortesanos. Lo que no sabe Rigoletto es que Gilda ama en secreto al duque, que se ha presentado ante ella como un pobre estudiante llamado Gualtier Maldé.
La corte de aduladores y compañeros de fechorías del duque, que creen que Gilda es la amante de Rigoletto, se las arreglan para que éste, mediante un engaño muy bien urdido, les ayude sin saberlo a raptar a la que ya sabemos que es su propia hija. Todo esto a espaldas del duque, que, a solas, maldice a quienes (él aún no sabe quiénes son) se han atrevido a raptar a su amada, una muchacha tan dulce que "casi le ha empujado a la virtud" (aunque él se mantiene firme en su desenfreno, ¡no faltaba más!); canta: "Ella mi fu rapita..." canta: Jean Pierce; fuente: www.liberliber.it.
Más tarde, los cortesanos ofrecen la presa al duque, que reconoce en ella a Gilda y que, claro está, no le hace ascos. Rigoletto, desesperado porque le han robado a su hija, se enfrenta a los raptores de su pequeña; primero les maldice, les exige que se la devuelvan, y, poco a poco, llega incluso a suplicarles: "Cortigiani, vil razza..." canta: Leonard Warren; fuente: www.liberliber.it. Por fin, Gilda es devuelta a los brazos de su padre, que jura vengarse del duque por la afrenta recibida.
A orillas de un río, frente a la casa de Sparafucile (un sicario al que Rigoletto ha pagado para que mate al duque), Rigoletto y Gilda esperan escondidos. La intención del padre es desengañar a su hija, mostrándole cómo aquel que, supuestamente, la ama tanto, viene a encontrarse en esa casa con otra mujer. Y es a esa otra mujer (que no es sino Maddalena, hermana y cómplice de Sparafucile) a la que el duque canta el aria más famosa de toda la ópera: "La donna è mobile" canta: José Carreras; fuente: www.epdlp.com. Rigoletto ordena a Gilda que se vaya a casa, coja dinero y, disfrazada de hombre, huya hacia Verona. La muchacha no sabe ni qué decir.
Sparafucile y Rigoletto deciden que, una vez muerto el duque, lo pondrán en un saco y lo arrojarán al río. Maddalena, que se ha encaprichado del duque, ruega a su hermano que mate al bufón en vez a él (así, podrá cobrar el dinero que aún le debe Rigoletto sin tener que matar al duque). Pero Sparafucile no puede asesinar a un cliente para robarle ¡él no es un ladrón!; sin embargo, le promete a su hermana matar al primer hombre que se presente en la taberna en lugar de al duque y dar el cambiazo. Gilda, que ha desobedecido a su padre, vuelve a la taberna vestida de hombre. Ha escuchado la conversación de los dos hermanos, y decide sacrificarse por el hombre al que, a pesar de todo, ama con toda su alma. Entra en la taberna pidiendo asilo, haciéndose pasar por un mendigo. De inmediato, Sparafucile, le clava un cuchillo.
Rigoletto entra en escena. Sparafucile le entrega el saco con el supuesto cuerpo del duque. Cuando se dispone a arrojarlo al río, Rigoletto oye la voz del duque desde el interior de la posada. Horrorizado, abre el saco y ve a su hija agonizante aún. La escena termina con el lamento desgarrador de Rigoletto en la que recuerda la maldición de Monterone.
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La historia acerca de cómo se gestó esta obra puede calificarse, como poco, de "tortuosa". El libreto está basado en la obra "El rey se divierte", de Víctor Hugo, drama que había sido censurado en su estreno en París, pues se veía con muy malos ojos que un rey se dejara arrastrar por la lujuria, el engaño y la corrupción (a pesar de que la obra era un fiel reflejo de la realidad, o precisamente por eso). Verdi aceptó desde un principio modificar los nombres y los lugares, siempre que pudiera conservar el núcleo del drama. Y, para que la mojigata sociedad de la época no se sintiese ofendida, el lujurioso protagonista pasó de ser un rey a convertirse en un simple duque (a quien parecía que era más aceptable atribuirle tamaños "pecados").
Tres meses antes de la fecha prevista para el estreno de la ópera, la censura volvió a hacer de las suyas y vetó el libreto. El comunicado oficial decía así: "El gobernador militar de Venecia, señor Gorzowski, deplora que el poeta Piave y el célebre músico Verdi no hayan sabido escoger otro campo para hacer brotar sus talentos, que el de la repugnante inmoralidad y obscena trivialidad del argumento del libreto titulado La maledizione. Su Excelencia ha dispuesto pues vetar absolutamente la representación y desea que yo advierta a esta Presidencia de abstenerse de cualquier ulterior insistencia al respecto". El asunto se resolvió gracias a la diplomacia de los administradores del teatro, que se pusieron de acuerdo con Verdi y Piave para que cambiasen, al menos, estos puntos:
- Trasladar la acción de la corte de Francia a una corte menor.
- Cambiar los nombres de los protagonistas inventados por Víctor Hugo.
- Cambiar la escena en la que el libertino posee una llave para acceder al cuarto de la protagonista por otra distinta que respete la necesaria decencia.
- La visita del rey a la taberna será casual y no dictada por bajos propósitos.
Los cambios fueron aceptados y el contrato se firmó. Lo que no pudo cambiar la censura con su hipocresía fue lo que Verdi pretendió y logró captar, que era la complejidad del personaje de Rigoletto, bufón que se mueve entre el amor por su hija y el odio por el duque y sus cortesanos, cuando sufre en carne propia una afrenta similar a muchas de las que él mismo había sido cómplice.
Aquí podéis encontrar el libreto:







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