Bienvenido

Bienvenido, amable navegante, a mi pequeño rincón. Si has llegado hasta aquí es que, como poco, sientes curiosidad por la ópera. Quizá seas un experto. Quizá sólo has echado un somero vistazo a este tema y te preguntas qué es lo que mueve a un aficionado a la ópera. O quizá, ni lo uno ni lo otro... ¿qué más da?.

Ante todo, he de decir que ni soy una erudita en esta materia ni lo pretendo. Este blog quiere servir, simplemente, de lugar donde reflexionar, donde compartir experiencias, opiniones, sentimientos, etc., acerca de un mundo que para mí es muy enriquecedor.

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jueves, 19 de abril de 2012

ANECDOTARIO OPERÍSTICO (XI)


Grand Opera House Belfast

Vuelvo hoy a traer hasta vosotros una nueva entrega de este "Anecdotario operístico", que permite hacerse idea de las múltiples facetas que conforman el maravilloso mundo de la lírica. 

¿Por qué Beethoven tiró el estofado?
Esta anécdota da título a un divertidísimo libro escrito por Steven Isserlis, que cuenta de forma muy amena diversas anécdotas acerca de las vidas de grandes compositores. Ésta me ha parecido una de las más divertidas:

El genio ardiente de Beethoven se manifestaba en todos los aspectos de su vida, como por ejemplo en la comida, por la que mostraba una desenfrenada pasión. Resultó que en cierta ocasión acudió a un restaurante y pidió un determinado plato; no importa cuál fuera, el caso es que el camarero le trajo uno equivocado. Tras quejarse nuestro protagonista, aquel hombre le respondió de mala forma y, sin hacerle más caso, se metió de nuevo en la cocina. Unos instantes más tarde, reapareció llevando un montón de platos para otros clientes. Ante tal actitud, Beethoven montó el cólera, cogió la comida que el camarero le había dejado (un plato de carne con mucha salsa) y ¡se la tiró al camarero en pleno rostro!

El camarero se puso furioso, pero trató de mantener el equilibrio para no dejar caer los platos, mientras intentaba relamer la salsa que le caía por la barbilla. Tenía un aspecto tan gracioso que el resto de clientes del restaurante comenzó a reír, con lo que Beethoven no pudo por menos que acabar por desternillarse, lo que le hizo recuperar su buen humor. Escuchemos, de este magnífico compositor, el aria de Marzellina, de "Fidelio":



María Callas dice impropiedades en sus primeros Puritani
Recojo este episodio del jugoso libro "Historias de la historia de la ópera", de Roger Alier. Habla de la ocasión gracias a la cual "La Divina" se convirtió en "la voz de Italia":

Cuando, a principios de enero de 1949, se indispuso la famosa soprano ligera Margherita Carosio, que iba a interpretar "I puritani" en el Teatro La Fenice de Venecia, el empresario decidió sustituirla por María Callas que, por aquellos días, cantaba "Die Walküre" en el mismo teatro. A la Callas se le dio únicamente una semana para prepararse el rol entero de Elvira.

El domingo 17 de enero por la mañana se celebró el ensayo de la ópera de Bellini; por la tarde, la Callas cantaba la última de sus Walkirias, y el martes 19 debutaba como Elvira en "I puritani". Dada la premura con la que había tenido que aprenderse el papel, no es extraño que cometiera algún disparate en el texto italiano y así, en su aria del primer acto, en lugar de "Son vergin vezzosa" ("Soy una virgen hermosa"), dijo "Son vergin viziosa" ("Soy una virgen viciosa"), amén de algunos otros deslices que nadie le tuvo en cuenta, pues su maravillosa interpretación llevó al público al delirio y la consagró definitivamente como una nueva estrella de la lírica. Escuchémosla como "vergin vezzosa" (que no "viziosa") en "I puritani":



Una "Tosca" con final surrealista
Sobre la celebérrima ópera de Puccini existen tal cantidad de anécdotas que no sé si darían para llenar un libro, pero seguro que cubrirían una parte considerable de alguno. La que hoy os traigo, extraída de www.psicofxp.com cuenta cómo un suceso imprevisto desembocó en una "Tosca" con un final "surrealista":

Una nueva puesta en escena de "Tosca" estaba a punto de estrenarse en la Ópera de San Francisco cuando, en el último instante, un grave conflicto obligó a hacer cambios en el elenco. Así, cinco actores jóvenes, ajenos por completo al mundo de la ópera, fueron escogidos para integrar el pelotón que, como sabemos, al final del tercer acto tiene que fusilar a Mario Cavaradossi.

Como la tarea de los soldados consiste únicamente en disparar contra el tenor, el regidor confió en el instinto teatral de los inexpertos (operísticamente hablando) muchachos. Antes del comienzo del tercer acto, y sin ensayo de ninguna índole, se limitó a decirles: "Sigan al comandante. Avancen lentamente, escuchen la música, se alinean y cuando el oficial baje la espada, disparen." "¿Y cómo salimos?" Creyendo que se referían al saludo final, les dijo: "Sigan a los protagonistas."

Llegado el momento, los soldados, mientras avanzaban conforme les había indicado el regidor, vieron en el escenario a un hombre y a una mujer (Cavaradossi y Tosca) cantando en un idioma para ellos incomprensible (italiano). Cuando la mujer se apartó y el hombre los encaró, entendieron que era a él a quien tenían que fusilar; sin embargo, los desorientaron las miradas rápidas que él le dirigía a ella, al tiempo que ella miraba al pelotón. Así, resultó que, cuando el oficial dio la orden, algunos tiraron sobre Cavaradossi y otros sobre Tosca. Para sorpresa de los que apuntaron a la dama, ella quedó en pie y el que cayó fue el caballero.

Los soldados no se movieron de sus puestos en tanto que, urgida por la música y sin entender por qué no se iban, Tosca fue hacia Cavaradossi. El desconcierto de los improvisados soldados fue mayúsculo cuando vieron que la mujer hablaba al recién fusilado como si estuviera vivo. Y, por último, les asaltó el pánico cuando escucharon gritos desde las bambalinas y vieron que Tosca se subía a las almenas para, a continuación, arrojarse al vacío. Recordemos que "sigan a los protagonistas" había sido la indicación del regidor. Antes de que el telón se cerrara, el público asistió a un final inaudito: como admiradores que siguen a su ídolo hasta las últimas consecuencias, los cinco muchachos, uno tras otro, se arrojaron detrás de la cantante. Veamos el final de "Tosca" (no el que acabo de describir, sino el habitual) en una grabación de 1978 que tiene como protagonista a Shirley Verret:


(Fuentes: "¿Por qué Beethoven tiró el estofado? y muchas más historias acerca de la vida de grandes compositores", de Steven Isserlis, "Historias de la historia de la ópera", de Roger Alier, www.psicofxp.com , fotopedia,com y www.youtube.com)

miércoles, 18 de abril de 2012

LOS LIBRETISTAS: GIUSEPPE GIACOSA Y LUIGI ILLICA

La Scala de Milán, teatro en el que se estrenó "Madama Butterfly"

La colaboración entre el compositor Giacomo Puccini y los libretistas Giuseppe Giacosa y Luigi Illica dio lugar a obras inolvidables, las más conocidas quizá de Puccini: "Manon Lescaut" (en la que colaboraron, además de ellos, otros libretistas), "La bohème", "Tosca" y "Madama Butterfly". A pesar de que a Giacosa e Illica se les recuerda principalmente por su trabajo junto al maestro de Lucca, cada uno había desarrollado su propia carrera profesional de forma independiente.

Giuseppe Giacosa (1847-1906)
Nació en Colleretto Parella (población posteriormente renombrada, en su honor, como Colleretto Giacosa), cerca de Turín, Italia, el 21 de octubre de 1847. Comenzó su vida profesional no como escritor, sino como abogado. Se graduó en Derecho por la Universidad de Turín e, inmediatamente, empezó a trabajar con su padre, que era magistrado en Milán. Coqueteó con el mundo literario hasta que, a raíz del éxito de su comedia en verso "Una partida de ajedrez" (1871) le decidió a dedicarse por completo a escribir. En 1888 se trasladó a Milán, ciudad en cuyo conservatorio fue profesor de teatro y declamación.

Se especializó en dramaturgia; en el Piamonte localizó temas que le sirvieron para muchas de sus historias, en las que se trataban los valores burgueses contemporáneos. Escribió "La Dame de Challant" para la famosa actriz francesa Sarah Bernhardt, que la llevó a escena en Nueva York en 1891.

Aunque su trabajo, junto a Luigi Illica, en cuatro de las óperas de Puccini se reconoce como su principal aportación al género, escribió libretos también para otros compositores, como el de "Andrea Chénier" (1896) para Umberto Giordano y el de "La Wally" (1892) para Alfredo Catalani.

Luigi Illica (1857-1919)
Nació en Castell'Arquato, cerca de Piacenza, el 9 de mayo de 1857. Abandonó muy joven los estudios y tuvo una vida muy aventurera (que le llevó, por ejemplo, a perder la oreja derecha en un duelo, razón por la cual aparece siempre en las fotografías de semiperfil izquierdo); incapaz de soportar la vida familiar, se escapó para hacerse marino y llegó a luchar contra los turcos, en 1876. Vivió en Milán y posteriormente en Bolonia, donde fundó una revista literaria. En 1882, de vuelta a Milán, publicó su primer libro de prosa y poesía "Farfalle, effeti di luce". Escribió también varias comedias teatrales.

En 1893, el editor Giulio Ricordi organiza la colaboración entre Puccini, Giacosa e Illica. Cabeza visible de la editora más importante de la Italia del siglo XIX, Ricordi era un descubridor de jóvenes compositores; habiendo acogido a Puccini bajo su protección, trató de contratar a los mejores escritores para que trabajasen con él en "La bohème"; así, encontró a Giacosa e Illica. Los tres miembros del equipo tenían claramente definidas sus tareas a la hora de trabajar: Illica se encargaba de planear el escenario (como, por ejemplo, la división entre actos y escenas) y bosquejar los diálogos; después Giacosa transformaba la prosa en pulidos versos y, finalmente, Puccini ponía esos versos en música.

"Manon Lescaut" fue la primera ópera de Puccini en la que trabajaron tanto Giacosa como Illica; aunque no fueron los únicos, pues en la autoría del libreto de dicha obra participaron, además de ellos, Ruggero Leoncavallo (que después sería el autor tanto de la música como del libreto de "I pagliacci"), Domenico Oliva, Marco Praga, el propio Puccini e incluso el editor Giulio Ricordi. Veamos a la magnífica Mirella Freni interpretando, de "Manon Lescaut": "In quelle trine morbide..."


Posteriormente, Giacosa e Illica trabajaron juntos (esta vez únicamente ellos dos) en la redacción del libreto de "La bohème" (1896):

Anna Moffo como Musetta

a continuación de "Tosca" (1900):

Bryan Terfel es el malvadísimo Scarpia

y por último de "Madama Butterfly" (1904):

Jamás me he emocionado tanto en la ópera
como con la fabulosa Cristina Gallardo-Domas 
encarnando a "Madama Butterfly"
en el Teatro Real de Madrid, en 2007

La más que fructífera colaboración entre este genial triunvirato terminó con la muerte de Giacosa en 1906.


(Fuentes: www.manitobaopera.mb.ca, wikipedia, fotopedia y www.youtube.com)

martes, 17 de abril de 2012

AMBICIÓN CRUEL, CODICIA DESMEDIDA Y ASESINATO: "MACBETH" (III)


Acto IV, Cuadro I
En el campo, no lejos del bosque de Birnam, muy cerca de la frontera inglesa, se han reunido los refugiados huidos de Escocia. Cantan lamentándose de la terrible tiranía a la que Macbeth está sometiendo al país. La versión que hoy conocemos de este coro, corresponde a la revisión de la obra en 1865; escuchémoslo en la producción del Teatro del Liceo del año 2005:


Antes de continuar con la historia, creo que es interesante comparar esta segunda versión con la primera, que data de 1847. Resulta difícil que no acuda a la memoria el magnífico canto a la libertad que es el coro de los esclavos de "Nabucco". Escuchemos al coro del Teatro Carlo Felice de Génova en la versión original de este impactante número coral del Acto IV de "Macbeth":


Aparece MacDuff, cuya esposa e hijos han sido asesinados por orden de Macbeth. MacDuff  canta el bellísimo aria: "Ah, la paterna mano..."; en seguida llega Malcom y los dos juntos entonan la cabaletta. MacDuff es Roberto Alagna:


Malcom, legítimo heredero del trono de Escocia, convence a los presentes para que se unan a sus tropas, a fin de luchar contra el tirano Macbeth y derrocarle. Emplean una ingeniosa estrategia: arrancan ramas de árbol para que cada guerrero se oculte tras una de ellas, como medio de camuflar el avance de las tropas.


Acto IV, Cuadro II
En el palacio real de Forres, Lady Macbeth pasa las noches atormentada por terribles pesadillas que le provocan episodios de sonambulismo. Su dama de compañía y el médico comentan, mientras acechan sus paseos nocturnos, la terrible situación de la reina. Aparece Lady Macbeth que, en medio de uno de esos accesos de sueño ambulante, se frota con furia las manos en las que, por más que trata de lavárselas, sigue viendo rastros de sangre. La dama y el médico comprenden que se trata de una confesión de culpa. Mara Zampieri es Lady Macbeth:



Acto IV, Cuadro III
En una habitación del castillo, Macbeth reflexiona sobre su vida: ha conquistado un trono (de la forma sangrienta que sabemos) pero ha perdido el amor, el respeto y hasta la compasión de sus súbditos. Canta un magnífico aria: "Pietá, rispeto, amore...". Otra vez el magnífico Renato Bruson:


Cuando la dama de compañía le anuncia que Lady Macbeth ha muerto Macbeth (de modo similar a como lo haría Yago años después) expresa el sinsentido que le parece esta vida.

Entran soldados que anuncian que el bosque de Birnam avanza hacia el castillo. Son los soldados al mando de Malcom que, como sabemos, ocultan su marcha tras ramas de árbol. Una vez frente al castillo, ya a cara descubierta, comienza la terrible lucha. Macbeth lucha contra MacDuff, quien barre de la mente de Macbeth toda seguridad en sí mismo al decirle que no fue dado a luz por mujer, pues tuvieron que arrancarlo de las entrañas de su madre muerta. Luchan y Macbeth cae muerto. Un coro general de alegría (añadido en 1865) da fin a la ópera: "Vittoria! Vittoria!":


Para finalizar, además de dejaros el enlace al libreto de "Macbeth", no puedo dejar de recomendaros una grabación de esta ópera en CD que es, sin duda, imprescindible: dirigida en 1976 por Claudio Abbado, cuenta con intérpretes de altísimo nivel, como son Piero Cappuccilli (Macbeth), Shirley Verret (Lady Macbeth), Nicolai Ghiaurov (Banquo) y Plácido Domingo (MacDuff), junto con la Orquesta y Coro del Teatro Alla Scala de Milán. 

(Fuentes: "Guía universal de la ópera" de Roger Alier, www.liberliber.it y www.youtube.com)

lunes, 16 de abril de 2012

AMBICIÓN CRUEL, CODICIA DESMEDIDA Y ASESINATO: "MACBETH" (II)


Acto II, Cuadro I
Estamos en el palacio real de Forres; Macbeth y su esposa son ya reyes de Escocia. Pero Macbeth no está tranquilo porque la profecía de las brujas, que tan fielmente se ha desarrollado hasta el momento, dice que los descendientes de Banquo serán reyes. Los esposos saben que tienen que impedirlo a toda costa, para lo cual no hay más que un camino: asesinar a Banquo y a su hijo Fleanzio. Es entonces cuando Lady Macbeth reflexiona al respecto en el aria (añadida en la segunda versión de la ópera, en 1865) "La luce langue". Contemplemos de nuevo al Mara Zampieri, esta vez en un montaje anterior, de 1983:


Acto II, Cuadro II
Un doble coro de asesinos aguarda a Banquo, que ha de cruzar el bosque acompañado de su hijo Fleanzio, para acudir al banquete que celebra Macbeth. Aquí Verdi escribió una oscura y quizá poco agradecida aria para bajo, en la que Banquo tiene siniestros presagios que le hacen temer por su propia vida y por la de su hijo. Carlo Colombara es Banquo, en una producción de 1997:


En efecto, Banquo muere, atacado por los asesinos que le acechaban, pero su hijo logra escapar y ponerse a salvo.

Acto II, Cuadro III
Se celebra un banquete en el castillo, una especie de "presentación en sociedad" de los nuevos reyes, al que Banquo ha sido también hipócritamente invitado; el rey y la reina fingen extrañeza por su ausencia, pues había prometido asistir. A petición de Macbeth, su esposa inicia un vigoroso brindis, en el que la acompañan su marido y el coro. De nuevo, Mara Zampieri y Renato Bruson:


Llega uno de los asesinos, que confirma a Macbeth que Banquo ha muerto, aunque su hijo ha logrado escapar. El trastorno de Macbeth ante tal noticia es terrible; poco después, cuando se dispone a ocupar el lugar en el que habría debido sentarse Banquo, interrumpe el canto festivo para gritar como un loco: "¿Quién de vosotros ha hecho esto?" mientras señala el lugar de Banquo, en el que Macbeth ve al fantasma del difunto. Lady Macbeth se acerca a su esposo con ira, y le conmina a revivir la alegría del banquete con ánimos y vencer el pánico. Lady Macbeth reemprende el brindis con gran esfuerzo y logra volver a crear el clima festivo de antes pero, de nuevo, Macbeth se ve asaltado por el pánico ante una nueva reaparición del fantasma. Cuando, finalmente, Macbeth se recupera de este segundo pánico, ya no se puede remediar la mala impresión que todo ello ha causado entre los invitados, algunos de los cuales piensan que es mejor emigrar antes de que los nuevos reyes cometan más tropelías de las que ya se comentan en voz baja. Macbeth ha decide, para salir de dudas acerca del futuro, ir a consultar a las brujas. Esta vez, Macbeth es Carlos Álvarez y Lady Macbeth es María Guleghina, en un montaje de 2005 (un tanto "exótico" para mi gusto), en el Teatro Real de Madrid:


Acto III
Nos encontramos en la cueva de las brujas. Mientras, de fondo, suenan los ecos de una tempestad, danzan las hechiceras en torno a una caldera. Entra Macbeth que quiere conocer su futuro, y no tiene miedo de preguntárselo a las fuerzas del Averno, a las que las hechiceras convocan. Aparece una cabeza en el caldero, que advierte a Macbeth que debe tener cuidado con MacDuff. Se muestra también un niño cubierto de sangre, que le anuncia que ningún nacido de mujer podrá atentar contra Macbeth. Una tercera aparición, otro niño, esta vez con una rama en la mano, asegura que Macbeth puede estar tranquilo hasta que el bosque de Birnam se acerque a su palacio. Veamos esta escena, en la que Macbeth es Zeljko Lucic, en un montaje de 2008:


Las respuestas de los espíritus tranquilizan a Macbeth, pero pregunta todavía si la descendencia de Banquo reinará en Escocia; "no quieras saber más" le responden las brujas. Sin embargo, aparece una sucesión de ocho reyes con sus respectivas coronas, que desfilan delante de Macbeth; el octavo es Banquo, que lleva un espejo en la mano, indicando así que se trata de su prole. Macbeth se desmaya; cuando despierta, se pregunta dónde está, pues ya no se encuentra en la cueva de las brujas, que han desaparecido. Llega Lady Macbeth y él le explica lo que ha visto y oído. Por un momento Macbeth decide perdonar la vida a MacDuff, pero un instante después expresa la opinión contraria; marido y mujer se ven obligados a continuar su carrera de crímenes para evitar su caída. Renato Bruson y Mara Zampieri encarnan a esta diabólica pareja:


Continuará...

(Fuentes: "Guía universal de la ópera", de Roger Alier y www.youtube.com)

domingo, 15 de abril de 2012

AMBICIÓN CRUEL, CODICIA DESMEDIDA Y ASESINATO: "MACBETH" (I)


John Singer Sargent
Retrato de Ellen Terry como Lady Macbeth

"Macbeth" es una ópera de una belleza tenebrosa que cautiva, y entiéndase que lo digo en el sentido más elogioso posible. A pesar de admirar enormemente a Shakespeare, Verdi sólo pudo hacer tres adaptaciones operísticas de sus obras; la primera fue este "Macbeth" (del que el compositor escribió: "He aquí este Macbeth, el cual amo más que a todas mis otras óperas"); las otras dos serían "Otello" y "Falstaff".

El "Macbeth" de Shakespeare está inspirado (de forma libre) en las "Crónicas de Inglaterra, Escocia e Irlanda" (1587), de Raphael Holinshed, en las que habla de un personaje histórico, Macbeth, que fue rey de los escoceses entre 1040 y 1057.

El "Macbeth" verdiano está impregnado de energía, de entusiasmo, de un cuidado exquisito en el ensamblaje de la música con el diálogo y la escena, todo lo cual da como resultado un rico entramado que transmite, a mi parecer con fabulosa eficacia, oscuras pasiones del alma humana tales como la ambición (entendida como aquella que, cruel y despiadada, pasa por encima de todo y de todos), la codicia, la traición, el egoísmo... que, en esta historia, tienen como instrumento el asesinato.

El libreto de "Macbeth", de Francesco Maria Piave, tuvo significativas aportaciones por parte de Verdi. La ópera se estrenó en Florencia, en el Teatro della Pergola, el 14 de marzo de 1847; reformada después por Verdi para el Théâtre Lyrique de París, se estrenó en este teatro una segunda versión el 19 de abril de 1865; ésta es la que suele utilizarse hoy día.


Personajes
Macbeth.- General del ejército del Rey Duncan. Barítono.
Lady Macbeth.- Esposa de Macbeth, mujer dominante y ambiciosa. Soprano dramática. Según el propio Verdi debe ser una voz agresiva, no bella.
Banquo.- Amigo y colega de Macbeth en el ejército.
MacDuff.- Noble escocés que encabezará la revuelta contra Macbeth. Tenor lírico.
Malcom.- Hijo del asesinado rey Duncan. Tenor lírico.
Dama de compañía.- Acompañante de Lady Macbeth. Mezzosoprano.
Doctor.- Llamado para tratar de curar las obsesiones de Lady Macbeth. Papel muy breve para bajo.
Sirviente.- Al servicio de Macbeth. Papel ínfimo para bajo.
Asesino.- Papel brevísimo para bajo.
Heraldo.- Papel mínimo para bajo.
Duncan.- Rey de Escocia. Mudo.
Tres apariciones.- Papeles para voces infantiles o de soprano.
Brujas.- Grupo de dieciocho cantantes del coro.
Niños reyes.- Personajes fantasmales. Mudos.
Coro.- Muy importante en toda la obra.


Argumento

Acto I, Cuadro I
La obra comienza con Macbeth y Banquo que, mientras cruzan un bosque, se encuentran con unas brujas; aunque en la obra de Shakespeare son tres, las "hermanas fatídicas", en la ópera suelen ser dieciocho, pues tienen que cantar a coro, aunque hay tres en primera línea como fiel referencia al texto shakespiriano.

Las brujas saludan a Macbeth, en tono profético, como señor de Glamis (ya lo es), de Cawdor y Rey de Escocia. Macbeth, incrédulo, tiembla. Envidioso de tan felices augurios, Banquo insta a las hechicheras para que le vaticinen a él también el futuro, a lo que las brujas responden que Banquo no será rey, pero que sí lo serán sus descendientes. Desaparecidas las brujas, llegan mensajeros que anuncian a Macbeth que el rey le ha nombrado señor de Cawdor; aquel que hasta entonces ostentaba el cargo ha muerto, fulminado por la ley, bajo el hacha del verdugo. Macbeth y Banquo, cada uno para sí, presienten que se acercan días tenebrosos. Veamos este Cuadro I interpretado por Renato Bruson (Macbeth) y James Morris (Banquo) en un montaje de 1987:



Acto I, Cuadro II
En el palacio de Macbeth, en Inverness, Lady Macbeth lee una extraña carta de su marido, en la que le cuenta la extraña profecía de las brujas, y cómo se ha cumplido ya en parte. Al enterarse por un heraldo que el rey Duncan, al que acompaña su esposo, está a punto de llegar, ve claramente de qué modo se cumplirá la parte final de la profecía: Duncan no saldrá vivo de la fortaleza. Ella sabrá infundir a su marido el valor necesario para acabar con Duncan pues sabe que, de no espolearle ella, él no tendrá el coraje preciso para cometer el asesinato. Mara Zampieri es Lady Macbeth:



Macbeth se adelanta al encuentro con su esposa y ambos aguardan la llegada del rey, que en la ópera está reducida a un paso sobre el escenario, mientras suena una música "de banda", tan criticada en su día como elogiada hoy por algunos comentaristas (personalmente, me parece muy adecuada). El rey, acompañado de Banquo, Macduff, Malcom, Macbeth, Lady Macbeth y su séquito, cruza el atrio camino de sus habitaciones.

Vuelve Macbeth acompañado de un criado; cuando éste se retira, Macbeth tiene una terrible y profética visión en la que se le aparece un puñal:



Cuando todos se han retirado para dormir, Macbeth, instigado por su mujer, entra en las habitaciones del rey, y le clava el puñal que se le ha aparecido en la visión anterior. Mientras, Lady Macbeth espera a que su marido consume el asesinato:


Asustado por su crimen, Macbeth comete el error de salir de la habitación en la que yace el rey con el puñal en la mano y, por más que Lady Macbeth insiste, se niega a volver a entrar en el aposento del crimen para dejar el puñal junto al cadáver; será Lady Macbeth la que lo haga, manchando además a los guardias del rey, para que la acusación del asesinato recaiga sobre ellos:



Cuando regresa, lleva las manos teñidas de sangre y, mientras se las limpia, trata de infundir coraje a su marido, el cual se siente terriblemente golpeado por su propia conciencia. Los dos se marchan.

Aparece Macduff, que ha recibido la orden de despertar pronto al rey; entra en la cámara real y sale gritando, anunciado espantado que han asesinado al rey. Se reúnen todos y Banquo entra en el lugar del crimen, confirmando la noticia. El cuadro termina con un extenso pasaje al cual se van sumando los personajes, el coro y la orquesta, creando una eficaz sensación de plenitud (pido disculpas, porque no he encontrado el fragmento del final de este primer acto correspondiente al mismo montaje que los anteriores, si bien en éste también Renato Bruson encarna a Macbeth):


Continuará...

(Fuentes: "Guía universal de la ópera", de Roger Alier, wikipedia, fotopedia.com y www.youtube.com)

sábado, 14 de abril de 2012

LOS TEATROS: LA ÓPERA GARNIER


Fachada principal del Palais Garnier
La Ópera Garnier, también conocida como Palais Garnier o como "La Ópera Antigua" (ya que existe un nuevo teatro de ópera, en la histórica "Plaza de la Bastilla") es uno de los edificios más bellos y representativos de París, además de uno de los teatros de ópera y ballet más visitados del mundo.

Los orígenes de su historia se remontan al año 1672, cuando el rey Luis XIV autorizó al compositor Jean-Baptiste Lully a que estableciese la "Academia Real de Música", la gran institución francesa de arte dramático que comprendería ópera, ballet y música. En 1713, Luis XIV hizo de la Compañía de la Ópera una institución estatal, incluyendo en ella una compañía de bailarines profesionales que tomaron el nombrede Ballet de la Ópera. Desde esa época, hasta la inauguración del Palais Garnier en 1875, la "Academia Real de Música" tuvo  sucesivamente un total de trece teatros como sede principal, muchos de los cuales fueron destruidos por incendios.

El 14 de enero de 1858, el Emperador Napoleón III y su esposa, la Emperatriz Eugenia, se dirigían a una representación de ópera en la sala de la calle Peletier de París, cuando sufrieron un atentado a las puertas del teatro. Aunque salieron ilesos, este incidente motivó la construcción de un nuevo teatro de ópera, más amplio y seguro. El 29 de diciembre de 1860, se organizó un concurso al que se presentaron la mayoría de los arquitectos relevantes del momento; contra todo pronóstico, resultó ganador un entonces desconocido Jean-Louis Charles Garnier (1825-1898). Por encargo del Emperador, el Barón Haussmann se encargó de supervisar las obras.

Las obras, que se iniciaron en 1862, sufrieron diversos contratiempos. En primer lugar, tuvieron que ser interrumpidas durante ocho meses al encontrarse cuevas con aguas subterráneas durante las excavaciones, las cuales fue necesario absorber por medio de bombas. Más tarde, el desastre de la Guerra Franco-Prusiana, la caída del Segundo Imperio Francés y de la Comuna de París en 1870 causaron, de nuevo, la ralentización de los trabajos, que continuaron de manera tan esporádica que llegó a rumorearse que serían abandonados.

Un suceso que incentivó de nuevo los trabajos fue el incendio que, el 29 de octubre de 1873, destruyó por completo el Teatro de la Academia Real de Música. Por fin, Garnier y su esquipo concluyeron la construcción y el 15 de enero de 1875, el Palacio Garnier fue oficialmente inaugurado, con una espléndida ceremonia que incluía la presentación del tercer acto de la ópera "La Juive", de Halévy:


así como extractos de la ópera "Les Hugenots", de Meyerbeer:


Un poco más pequeño que el Teatro de la Academia Real de Música, su predecesor, el Palais Garnier tiene más de 11.000 metros cuadrados, una aforo de, aproximadamente, 2.200 espectadores y un extenso escenario con capacidad para 450 artistas. Se trata de un edificio decorado con gran opulencia, con frisos multicolores elaborados en mármol, columnas y estatuas lujosas, muchas de las cuales representan a deidades de la mitología griega.

Estatua de Apolo,
que corona el majestuoso edificio

Entre las columnas de la fachada frontal del teatro hay bustos de bronce de muchos compositores famosos, como Mozart y Beethoven. El interior está adornado en terciopelo, hojas doradas, ninfas y querubines. La araña de luces del auditorio central pesa más de seis toneladas.

Además de bella, la sala es un modelo de funcionalidad. Tras los elementos decorativos, se esconden las mayores innovaciones técnicas del momento, que han permitido la representación de óperas y espectáculos de ballet y danza de complicada puesta en escena. No menos importantes son los foyers, pensados para que el público descanse y pasee en los entreactos. El gran foyer, muy amplio, con casi 20 metros de altura y 60 metros de longitud, es conocido por sus espejos y por las bóvedas de Paul Baudry, que evocan la tragedia, la comedia y la música. El foyer de la danza se creó para dar al público la oportunidad de conocer personalmente a los bailarines.

Un teatro de las características de éste se presta a todo tipo de ensueños y fantasías; así, Gaston Leroux (1868-1927) ambientó particularmente en él su famosa novela "El fantasma de la Ópera", que se publicó en 1910. El escondite de este personaje no es, sin embargo, el gran enigma de la Ópera de París. El verdadero secreto de este bellísimo edificio es su Biblioteca-Museo; situada en el ala occidental, en el Pabellón del Emperador, en ella reposan tres siglos de materiales literarios, musicales e iconográficos de ópera, danza, ballet... dan testimonio de los grandes compositores, intérpretes, bailarines, escenógrafos, dibujantes, etc. de la historia de las artes escénicas, a través de grabados, decorados, dibujos de vestuarios, carteles, críticas, documentos legales, etc. También se conserva parte de la correspondencia de los artistas con diversos gerentes de la Ópera. Del mismo modo, la Biblioteca tiene a su cargo el Museo, que alberga objetos de cantantes, cuadros, joyas de escenario y una selección de más de dos mil quinientas maquetas de decorados.

Maravilloso edificio, en suma, que resulta visita obligada en la Ciudad de la Luz.


(Fuentes: www.orfeoed.com, www.visitarparis.com, wikipedia, fotopedia.com y www.youtube.com)

viernes, 13 de abril de 2012

LOS COMPOSITORES: WOLFGANG AMADEUS MOZART


Fragmento del retrato de Mozart
realizado por Barbara Kraft

Nacido en Salzburgo (Austria), el 27 de enero de 1756, Johannes Chrysostomus Wolfgangus Theophilus Mozart (que así fue bautizado) fue el último hijo de Leopold Mozart (1719-1787), violinista, además de compositor y tratadista, así como músico al servicio del príncipe arzobispo de Salzburgo, y de Anna María Pertl (1720-1778), mujer callada, amante de su esposo y buena ama de casa. El matrimonio tuvo un total de siete hijos, de los cuales sólo sobrevivieron dos: Maria Anna (Nannerl) y Wolfgang; ambos demostraron, desde muy temprana edad, poseer excepcionales facultades para la música.

Fue el padre de Wolfgang quien advirtió en seguida las prodigiosas dotes musicales de su hijo, hecho ante el cual decidió abandonar toda pretensión de avance en su propia carrera para dedicar todos sus esfuerzos a la formación de Wolfgang Amadeus. A la edad de seis años, este pequeño genio tocaba con destreza el clavicordio y el violín. Era capaz de leer partituras de un vistazo, tenía una memoria prodigiosa y una asombrosa capacidad de improvisación musical. Resulta asombroso escuchar los primeros trabajos de este entonces pequeño (sólo por edad) gran genio, compuestos cuando tenía entre cuatro y seis años de edad:

Primeras composiciones

En 1762, Leopold comenzó a llevar a su hijo de gira por las cortes europeas, primero a Munich y a Viena; al año siguiente, los Mozart emprendieron un largo viaje que duraría tres años y medio, gracias al cual el pequeño Wolfgang recorrió todo el centro de Europa, París y Londres, así como Italia, país que visitó en tres ocasiones adquiriendo, de este modo, un conocimiento profundo no sólo de la música instrumental, sino también de la ópera italiana de su tiempo.

Dado que es la ópera el objeto primordial de este blog, centraré mi atención en la producción operística de este genio salzburgués. En diciembre de 1770 (poco antes, por tanto, de cumplir los quince años) escribió, por encargo, la ópera "Mitridate, re del Ponto", con la que demostró haber absorbido plenamente todos los conocimientos necesarios, así como poseer el talento suficiente para igualar, e incluso superar, a los compositores italianos del momento. Escuchemos la magnífica obertura de esta primera ópera de Mozart:

Obertura

Todo cuanto hizo después fue ampliar y perfeccionar el lenguaje operístico hasta trascender los esquemas y tradiciones del género italiano, primero con "Idomeneo, re di Creta" (1781):

Obertura

y más tarde con tres óperas bufas de altísimo nivel, compuestas sobre los excelentes libretos de Lorenzo Da Ponte, entonces al servicio de la corte de Viena; así nacieron "Le nozze di Figaro" (1786):

"Voi que sapete..."

"Don Giovanni" (1787):

Obertura

y "Così fan tutte" (1790):

"Un aura amorosa..."

Pero, a la vez, Mozart había puesto en marcha definitivamente la balbuciente ópera alemana, apartándola del mero "Singspiel" o comedia hablada y cantada, y dándole la envergadura adecuada a la parte musical con su "Die Entführung aus dem Serail (El rapto en el serrallo)" (1782):

Obertura

y sobre todo con "Die Zauberflöte (La flauta mágica)" (1791):

Aria de la Reina de la Noche

Ese mismo año había compuesto también "La clemenza di Tito", ópera que se le encargó con motivo de la coronación del nuevo emperador Leopold II. Pese a tratarse de una obra por encargo, Mozart supo insuflarle una música tan suficientemente viva, auténtica e intensa que hoy día es considerada una de sus obras maestras:

Obertura

Mientras Mozart trabajaba en "La flauta mágica", el emisario de un misterioso conde Walsegg le encargó una misa de réquiem; ésta sería su última composición, el "Réquiem en Re menor K.626", inacabado por la muerte del compositor el 5 de diciembre de 1791. Escuchemos este "Réquiem", para cerrar este homenaje al más grande músico de todos los tiempos:


Os remito a otra entrada de este mismo blog en la que hablo también de Mozart: Anecdotario operístico (VIII).


(Fuentes: "Guía universal de la ópera" de Roger Alier, teleformacion.edu.aytolacoruna.es, www.mozart.cat, musicaclasica.com.es, wikipedia, fotopedia y www.youtube.com)

jueves, 12 de abril de 2012

PASIÓN, CELOS, INTRIGA... EN UNA PALABRA: "TOSCA" (III)


Estatua de San Miguel, que corona
el Castillo de Sant'Angelo

Comienza el tercer acto con un pastorcillo que cruza la escena de derecha a izquierda, mientras canta. A pesar de que ahora la acción se desarrolla en el "Castel Sant'Angelo", es decir, en un escenario distinto de los de los dos actos anteriores, volvemos a encontrarnos con aquellas dos paredes cóncavas del principio (ea, que estamos en crisis y hay que aprovechar todo lo que se pueda...) que antes pertenecían a la iglesia (si es que a aquello se le podía llamar una iglesia) y ahora simulan delimitar la terraza del castillo. Cada una de ellas tiene ahora, además, un tramo de escaleras que conducen hasta su parte más alta.

Al fondo, entre el hueco que hay entre las dos paredes, vemos la silueta de Mario que, desde lejos, lentamente, avanza hacia el primer plano de la escena. Una vez ha sobrepasado la altura a la que se encuentran las paredes, éstas comienzan a cerrarse y empieza a descender, sujeta por cuatro cadenas, una enorme réplica de la estatua de San Miguel que corona el verdadero Castillo de Sant'Angelo. Al ver aquello pensé: "Anda que ¿y si se suelta alguno de los enganches...?" Ya tenemos a Mario colocado en primer plano, la estatua de San Miguel se ha posado ya en tierra y las paredes se han unido tras ella formando un único muro. Se abren dos puertas, a uno y otro lado de dicha pared, y salen unos guardias que tienen el detalle de desenganchar las cadenas que han servido para "posar" en tierra aquella enorme figura (vuelvo a decir que, como estamos en crisis, hay que ahorrar personal así que, en vez de pagar expresamente a unos señores que se ocupen de dejar bien colocados los elementos escénicos, ¿por qué no encomendar dicha misión a los guardias? si, al fin y al cabo, salen muy poco y no cantan).

Aunque se me tache de "purista" debo volver a protestar por las acusadas diferencias con el libreto. Tratando de contarlo de modo resumido, en primer lugar, al pastorcillo no se le ve: sólo se oye su voz. En segundo lugar, el primero que aparece es el carcelero, que sube por una escalera, se mete en una casamata*, en donde hay una mesa con una lámpara, la cual enciende. Llega un destacamento de soldados, que trae custodiado a Mario. Un sargento de la guardia conduce a Mario hasta la casamata y entrega un papel al carcelero; el carcelero pregunta al condenado si es Mario Cavaradossi y, una vez que éste asiente, alarga una pluma al sargento, que es quien firma en el registro.

Pues bien, en este montaje Mario llega solito, sin que le custodie nadie. Bien enseñado que está el muchacho. Sale el carcelero llevando una especie de atril (por supuesto, no se ve por ninguna parte ni mesa ni cosa que se le parezca), se acerca a Mario y le dice que tiene que firmar un papel (así, en vilo). Para que le deje escribir una carta de despedida a su amada Tosca, Mario soborna al carcelero con un anillo, el último resto de su riqueza. El carcelero acepta y le deja el atril. Así, tenemos al pobre condenado que no tiene más remedio que tirarse al suelo para poder escribir. Alucinante. Menos mal que Jorge de León cantó muy bien este último aria de Mario, "E lucevan le stelle...", lo que compensó un poco tanto desatino. Veámosle en el mismo montaje que estoy comentando:


Llega Tosca (Scarpia había dado orden para que se le franquease el paso hasta el condenado) y, emocionada, le comunica a Mario la milagrosa noticia de que está libre pero... antes deberán simular su fusilamiento. Ilusionados ambos, cantan los proyectos para su vida futura, cuando huyan de allí, lejos... He de decir que la forma de cantar de Oksana Dyka en este tercer acto... más que "apasionada" me estaba resultando "furiosa", "crispada"; eso además de que parecía que lo que más le preocupaba era soltar su "chorro" de voz.

Llega el momento del fusilamiento "fingido". Tosca da instrucciones a Mario acerca de cómo tiene que caer, le dice que no debe moverse hasta que ella le llame... Los soldados se colocan en posición, frente a Mario que, de espaldas al público, espera la lluvia de "salvas". "¡Pum! ¡pum! ¡pum! ¡pum!" Mario se desploma. Los soldados se alejan y Tosca, tras decirle varias veces a su amado que no se mueva, se acerca por fin a él y le apremia: "Presto, su! Mario! (¡Rápido, levántate! ¡Mario!)" Horrorizada, descubre que está realmente muerto. En estas, llega un tropel de guardias en busca de Tosca: han descubierto el cadáver de Scarpia y van en busca de su asesina, para hacerle pagar caro su crimen.

Aquí, se supone que Tosca se asoma al borde de la terraza (recordemos que estamos en la terraza del Castillo de Sant'Angelo) y se tira. Sin embargo, en este montaje, la famosa pared "multiusos" se gira de modo que la parte convexa queda de cara al público. Tosca sube corriendo y desde lo alto, cuando ya la pared se ha girado del todo, extiende los brazos al cielo... entonces cae un telón sobre el que se vuelve a proyectar la filmación del principio en la que la vemos caer ¡hala! ¡ahí queda eso! (supongo que la idea era que el "misterioso suicidio" del principio se entendiese al final pero, aun no conociendo la obra, creo que quedaba claro desde el comienzo que la llorosa dama que se nos presenta en la película, nada más empezar, no puede ser otra que la protagonista) .

Como conclusión a toda esta larguísima disertación, diré que esta "Tosca" me gustó en cuanto a voces (no en todos los casos), algo menos en lo que se refiere a interpretación pero el montaje... ¡mmmm!... demasiado "esquemático", demasiado "conceptual" para mi gusto... y lo peor (imperdonable en mi opinión, qué caramba) es que difiere, en muchos aspectos esenciales, del libreto de Giacosa e Illica, el cual os dejo en el siguiente enlace: libreto de "Tosca".

(Fuentes: allfreephotos.com y www.youtube.com)

*casamata: bóveda muy resistente para instalar una o más piezas de artillería.

miércoles, 11 de abril de 2012

PASIÓN, CELOS, INTRIGA... EN UNA PALABRA: "TOSCA" (II)


Palazzo Farnese

Llega el segundo acto y, con él, la acción se traslada al Palazzo Farnese, al despacho del malvado Scarpia. La ambientación no puede ser más sobria: una enorme mesa imitación al mármol ante la que está sentado Scarpia (a la derecha, rompiendo un tanto el equilibrio del conjunto) que, se supone, está cenando; tras él, sobre la pared del fondo, un enorme mapa enmarcado. "¿Y la ventana?" pensé para mis adentros; porque se supone que tendría que haber una ventana que en un momento dado, a una orden de Scarpia, Sciarrone se encarga de abrir... "en fin, ahora veremos..." me dije.

Empieza a cantar Scarpia y, al poco, le dice a Sciarrone aquello de: "Apri" para escuchar mejor la música que ha empezado a sonar y que llega, amortiguada, de un patio cercano (es parte, recordemos, de la celebración de la victoria contra Napoleón). Y ¿qué hace Sciarrone?: como no hay ninguna ventana que abrir ¡¡le da un golpecito al marco del cuadro que hay colgado en la pared!! Y el cuadro, como por arte de magia, se torna transparente y, a través del él, vemos al coro que va a poner voz a la "cantanta" que está sonando. Es decir, que unas veces no nos estaban mostrando nada (ni "pila", ni "colonna", ni "Madonna") y otras demasiado (¿para qué tenemos que ver al coro? ¿no es mucho más sugerente que sólo lo oigamos a través de una ventana que, por otra parte, es como escribió Puccini esta escena?)

En íntima unión con el final del primer acto, en el comienzo de éste segundo Scarpia continúa tratando de expresar (sin conseguirlo, a mi entender) todo el demencial deseo por Tosca que, como en un volcán, arde en su interior; cuanto más se resista ella, más sabrosa será para él su conquista: "Ha più forte sapore..." Lástima Marco Vratogna que parecía que iba mejorando al terminar el primer acto, pero no. No me resisto a ilustrar este fragmento con la actuación del que para mí es el Scarpia por excelencia: Titto Gobbi.


Aparece Spoletta que, temeroso, le dice a Scarpia que, por más que han buscado en la casa de campo de Mario, no han dado con Angelotti; el brote de ira de su "excellenza" que surge entonces se calma un poco cuando el esbirro le cuenta que al que sí han traído es a Mario. Al poco de entrar el "cavalliere" se empieza a escuchar la voz de "Tosca": "la sua voce!..." Comienza el interrogatorio y, dado que Mario niega una y otra vez saber nada sobre el paradero de Angelotti, Scarpia se enfurece más y más. Entra Tosca. Scarpia es ya un león que está perdiendo la paciencia con Mario; como el pintor sigue negando las acusaciones que se le hacen, Scarpia ordena que se lo lleven a la sala de tortura... ¿dónde dirías que está la sala de tortura? ¡¡bajo la mesa del despacho!! Comienza a elevarse el lado izquierdo de aquella enorme mole hasta que, se supone, deja al descubierto unas escaleras que conducen a un habitáculo subterráneo al que conducen a Mario a la fuerza. Vamos que ¡ni una de esas mesas convertibles de ikea!

Bien interpretada la tensa conversación que, a continuación, tiene lugar entre Scarpia y Tosca. Sólo bien. Entremezclados con los gritos torturados de Mario, los de Tosca, que ruega a Scarpia que le suelte. Y aquí hay algo que siempre me ha llamado la atención del libreto: primero Mario, mientras le están torturando, le grita a Tosca: "¡Calla, no me importa el dolor!" (si le dice "calla" está dando a entender que Tosca sabe algo) y más tarde le dice: "Tonta, ¿qué sabes?, ¿qué puedes decir?" (¿quiere dar a entender que Tosca no sabe nada? ¿en qué quedamos?) El caso es que, después de que el barón azuce a sus esbirros para que golpeen más y más fuerte a Mario, Tosca, al fin, acaba por confesar dónde está Angelotti: "Nel pozzo... nel giardino... (En el pozo, en el jardín)".

Traen a Mario, que está cubierto de sangre y apenas puede caminar. Tosca se abalanza sobre él como una leona que quisiese proteger a su cachorro (con tal vehemencia que, en lugar de protegerle, parece que va a devorarle). Scarpia, burlón, descubre ante Mario que Tosca, a pesar de que le está diciendo que no, ha confesado dónde se esconde Angelotti. Entra Sciarrone que, angustiado, anuncia a Scarpia que Napoleón ha vencido a Melas (batalla de Marengo) y que éste ha huido. Ante esta noticia, Mario "resucita" y estalla en un vehemente canto a la libertad, al derrocamiento de los tiranos como Scarpia, al que llama: "¡carnéfice! (¡carnicero!)". Tosca trata de hacerle callar, inútilmente. El pintor ya está condenado sin remedio y Scarpia hace que se lo lleven; será ejecutado al amanecer.

Vuelven a quedarse solos Scarpia y Tosca, y el diálogo entre los dos se supone que se va volviendo más lujurioso por parte de él y más angustiado por parte de ella (se supone, porque yo no me lo acabé de creer) ¿Y el "Vissi d'arte"? Yo lo percibí como un mero intento por parte de Oksana Dyka de lucir la voz, pero no me transmitió emoción. Por fin, con tremendo asco, Tosca acepta satisfacer el lúbrico deseo de Scarpia a cambio de la libertad de Mario. Después, la trampa de Scarpia que llama a Sciarrone para que se haga con el pintor "Come facemmo dal conde Palmieri...(Como hicimos con el conde Palmieri...)" el cual, supuestamente, iba también a sufrir un fusilamiento simulado pero acabó, como más tarde acabará Mario, muerto de verdad. 

Mientras Scarpia escribe el salvoconducto que Tosca le pide para que ella y Mario puedan huir tras el fingido fusilamiento, nuestra heroína, para darse ánimos, bebe un sorbo de una copa que se encuentra encima de la mesa (recordemos que, al principio de este segundo acto, Scarpia estaba cenando) y, entonces, ve el cuchillo... Siempre que veo esta escena, se me viene a la cabeza María Callas en aquella famosísima filmación con Tito Gobbi, recuerdo de qué forma era capaz de transmitir el sentimiento de angustiosa duda que surge en su interior cuando ve el cuchillo: "¿lo cojo? ¿no lo cojo?"; se queda paralizada al verlo, como si no pudiera creer aún que sus ojos están contemplando algo que puede salvarla de Scarpia... me parece difícil que esta escena se pueda interpretar mejor de lo que lo hizo aquella vez "La Divina" (Oksana Dyka lo hizo bien, pero sólo bien). Veamos de nuevo al genial Tito Gobbi y a la maravillosa Tosca que fue María Callas:


Por fin, Scarpia termina de escribir el salvoconducto y, muy decidido, se dirige hacia Tosca; ésta, para hacerle creer que le da facilidades, va y se tumba en el suelo... entonces, él se abalanza sobre ella y, en ese momento ¡zas! Scarpia siente, estupefacto, cómo el cuchillo atraviesa su carne...Gritos ahogados del uno, que agoniza, y de la otra que, victoriosa, se yergue triunfante, aún con el cuchillo en la mano, maldiciendo al "barone": "¡Muori! ¡muori!". Scarpia exhala su último aliento y es cuando a Tosca se le viene encima la envergadura del acto que acaba de cometer. Se enjuaga las manos que siente asquerosamente manchadas de sangre. Va de un lado a otro aturdida, en busca del codiciado salvoconducto; se da cuenta de que lo tiene Scarpia en la mano y, temerosa quizás de que el malvado, después de todo, no esté muerto, se lo quita con mucho recelo. Llegados a este punto, he de protestar ¡¡enérgicamente!! acerca de cómo se resolvió el final de esta escena en este montaje.

Vamos a ver. Yo tenía entendido que Tosca, tras cometer este asesinato, se ve asaltada por su conciencia que le hace perdonar a aquel que ahora yace muerto a sus pies y, guiada por un sentimiento religioso, coloca un candelabro a cada lado del cadáver, para velarlo y, sobre el pecho del muerto, un crucifijo. De hecho, hay unos determinados compases que marcan el momento preciso en el que Tosca debe colocar uno y otro candelabro y el crucifijo. Pues bien, en este montaje nuestra Tosca, mientras sonaban dichos compases, ¡se limitó a tratar de recuperar su capa, que había quedado atrapada bajo el cuerpo de Scarpia! Sobran más comentarios.

Al final de este segundo acto Tosca, en lugar de huir despavorida de la habitación (que es como se supone que termina la escena) se derrumba en la silla de Scarpia y allí se queda mientras baja el telón.

Continuará...

(Fuentes: fotopedia.com y www.youtube.com)

martes, 10 de abril de 2012

PASIÓN, CELOS, INTRIGA... EN UNA PALABRA: "TOSCA" (I)


Palau de les Arts Reina Sofía

Uno de mis primeros amores operísticos fue "Tosca", de Puccini. (Para los que no conozcáis la obra, os remito a una serie de entradas de este mismo blog; pinchando aquí: "¿Por dónde empiezo? Tosca, 1ª parte" podéis acceder a la primera de ellas.) Sólo la había visto una vez en el teatro, hace unos cuantos años, así que decidí que ya era tiempo de reencontrarme con este apasionado y apasionante drama en el que se mezclan el amor, los celos, la intriga política... y la muerte. Siguiendo aquella expresión que dice: "Si Mahoma no va a la montaña..." y, dado que no parecía que, a corto plazo, fuesen a programar "Tosca" en Madrid, me desplacé yo a Valencia, que es donde se representa la obra estos días, concretamente en el Palau de les Arts. La función que vi fue la del miércoles 4 de abril.

El Palau de les Arts es un edificio singular. Encuadrado dentro del complejo arquitectónico de la Ciudad de las Artes y las Ciencias, su forma le hace parecer un enorme pez, al que rodean zonas ajardinadas y láminas de agua distribuidas de forma un tanto laberíntica. Desde luego, se aparta totalmente de lo que uno ha entendido tradicionalmente por un teatro de ópera.

Por supuesto, tal y como era de esperar y cumpliendo las previsiones meteorológicas, ese miércoles llovió (cosa que, por otra parte, es ya tradición en Semana Santa), y llovió de lo lindo, así que los que aguardábamos en la entrada para ver la representación, a pesar de encontrarnos a cubierto, no veíamos el momento de acceder al recinto. Hacia las siete y cuarto se nos dio acceso al "hall" de aquel enorme edificio pisciforme; la sala principal, en donde iba a tener lugar la representación, no se abriría hasta un cuarto de hora más tarde así que mientras tanto, y para entretener la espera, se ofrecía al que gustase la posibilidad de tomar un pequeño tentempié. Por fin, a las siete y media, se permitió el acceso a la sala, y cada cual ocupó su asiento (en mi afán de estar lo más cerca posible, dado que he perdido un poco de nitidez visual, mi asiento resultó estar tan cerca de la orquesta que, literalmente, hubiese podido darle capones al director con sólo inclinarme un poco y alargar la mano).

A la hora prevista para el comienzo de la representación, las ocho, apareció el director y, tras los correspondientes aplausos de bienvenida por parte del público, se colocó en su sitio, de cara a la orquesta... unos segundos de espera... "¿por qué no empiezan?" pensaba yo; pero apenas me dio tiempo a completar mentalmente la frase cuando vi (con tremendo asombro, he de decirlo) cómo se proyectaba, sobre el telón aún bajado, una brevísima filmación en la que se veía cómo una mujer vestida de rojo, arrasados los ojos de lágrimas, se precipitaba al vacío... sobre ese fondo, sonaron los primeros compases... ¡a eso era a lo que estaban esperando!. "¡Pues empezamos bien!" pensé; a mi modesto entender, una de las escenas que más sobrecogen en "Tosca" es el final... y, para el que no conociera la obra ¡ya se lo estaban destripando desde el principio! En fin...

Montaje de "Tosca" en Montevideo
en el que la iglesia sí que parece una iglesia.

Se levanta el telón y vemos lo que se supone que es la iglesia de Sant Andrea della Valle... De acuerdo en que estamos en crisis, conforme con que hay que dejar algo a la imaginación, pero aquello rayaba en lo absurdo. Aparentemente, apenas unos pocos reclinatorios recordaban que el lugar era una iglesia; el resto del decorado eran dos paredes de forma cóncava, al fondo, cuya forma pretendía acentuar la sensación de perspectiva y, en primer plano, a la izquierda, una especie de plataforma, no muy elevada, a la que se accedía mediante dos o tres escalones. Entre otras preguntas, se me vino a la cabeza: "¿dónde puñetas está la "capella degli Attavanti"?

En seguida, llega el pobre y agotado Angelotti (Mika Kares), tropieza en su precipitación con un reclinatorio y, tras mirar a un lado y a otro con recelo, después de calificar su propio terror de "stolto", señala: "la pila... la colonna..." ("pero... ¿hacia dónde está señalando este hombre?" me digo a mí misma, porque allí no se ve por ninguna parte ni lo uno ni lo otro) y para rematar, dice: "a piè della Madonna..." y pone rodilla en tierra, de cara al público y recoge la llave: "Ecco la chiave... (Aquí está la llave...)" ("¡vaya, así que tenemos que imaginarnos que la Virgen está ahí!" pensé; porque, por supuesto, tampoco había tal Virgen... ) Hombre, una cosa es el minimalismo a la hora de montar un decorado, pero la falta de elementos que, a mi parecer, son esenciales en la acción, pues dan sentido a la letra del libreto y caracterizan la escena, creo que es llevar las cosas demasiado lejos. Pero, por supuesto, sólo es mi opinión.

Continúa el fugitivo con su anhelante monólogo: "... ed ecco la capella! (... ¡y aquí está la capilla!)"... ("¿la capilla?, ¿dónde?" prosigo yo en mis mudas reflexiones, cuando veo que Angelotti señala al suelo... abre una puerta y desciende hacia lo que, más que una "capella" se diría que es una "catacomba"). Una vez se ha refugiado ya en su incómodo escondite, llega el sacristán acompañado, no sabemos por qué, de un monaguillo (en el libreto, el niño no aparece). Fantástico, eso sí, este sacristán que fue Valeriano Lanchas, fabuloso tanto en voz como en actuación.

Al poco, aparece el pintor, Mario Cavaradossi (acompañado de otro niño, que tampoco aparece en el libreto); ¿dónde se halla el cuadro que se supone que está pintando? ¡oh sopresa!, los niños hacen girar aquella misteriosa plataforma y descubrimos que tiene forma de cuña, y que el lienzo está montado sobre ella de forma que, para pintar, Mario no tiene más remedio que tumbarse sobre el propio cuadro; ¿resulta creíble que un pintor pueda trabajar así? yo creo, rotundamente, que no.

Llega entonces la "recondita armonia..." que Mario, Jorge de León, interpretó de forma magistral, con un torrente de voz que llenó aquel inmenso espacio escénico. Apenas concluyó, recibió una merecidísima ovación, salpicada de más de un "¡¡bravo!!" (uno de los cuales fue de una servidora). Escuchemos a este magnífico tenor en este primer aria de "Tosca":

¡Grande Jorge de León!

Tras unos cuantos gruñidos, el sacristán se retira; se las promete muy felices porque Mario le dice que no piensa probar ni la comida ni el vino que le ha traído. Los niños también se van y, una vez solo Mario, se abre la puerta de la ¿capilla? y Angelotti, cual hombre-rana, sube a la superficie. Tras un breve diálogo les interrumpe la voz de Tosca que, desde lejos, llama: "¡Mario!, ¡Mario!". Angelotti vuelve a esconderse y entra una Floria Tosca (Oksana Dyka) muy enérgica, quizá demasiado vehemente de entrada. Después de un precioso dúo de ambos y de la escena de celos ("...e l'Attavanti! (...¡es la Attavanti!)") respecto al cuadro que está pintando Mario, Tosca, por fin, se marcha. Resurge entonces Angelotti de su subterráneo escondite y, tras deliberar ambos acerca de lo que deben hacer, al oír el cañón del castillo que indica que se ha descubierto la fuga de Angelotti, corren los dos a esconderse en la casa de campo de Mario.

Poco después, vuelve a entrar el sacristán, muy agitado, para comunicarle a Mario la noticia de que Napoleón ha sido derrotado. Se sorprende de no encontrar al pintor. En seguida, un tropel de chiquillos le rodea preguntando qué ocurre y el sacristán, muy agitado, les dice que esa noche se va a festejar por todo lo alto la victoria contra Napoleón, que habrá un gran desfile y un recital en el que cantará Floria Tosca. La algarabía que se forma es mayúscula, y marca la entrada en escena del malvado Scarpia (Marco Vratogna) el cual ha de cortar en seco el jolgorio. Momento muy comprometido para el intérprete de este personaje. Quizá le faltó a su  "excellenza" imprimir un pelín más de "autoritaria ira" a su entrada pero bueno, bastante bien.

Los esbirros de Scarpia ponen todo patas arriba en busca de Angelotti. Y hete aquí que nuestro "barone" va y demuestra tener poderes adivinatorios porque, antes de que Sciarrone, uno de sus secuaces, ponga en sus manos el abanico de la marquesa Attavanti que encuentra en la capilla, ya está él cantando (mientras no deja en ningún momento de mirar "al tendido"): "...ma lasciò una preda... preziosa... (...pero dejó una prenda... preciosa...)" Adivino que debía de ser el hombre...

El cabreo de Scarpia va cada vez más en aumento y el sacristán está ya no temeroso, sino aterrorizado; muy bien los dos transmitiendo uno y otro estado de ánimo. En estas, se oye la voz de Tosca, que vuelve, y nuestro Scarpia-Vratogna concentra una enorme dosis de veneno en las palabras que, más que pronunciar, escupe: "Per ridurre un geloso allo sbaraglio / Iago ebbe un fazzoletto... / ed io un ventaglio! (Para inducir a un celoso a errar / Iago tenía un pañuelo... / ¡y yo tengo un abanico!)" Utilizará a la diva para llegar hasta Angelotti al que, sin duda, Mario ha ayudado a escapar. Entra Tosca en busca de Mario y se sorprende al no encontrarle. Scarpia entonces, con un tono entre lascivo e irónico, va despertando, poco a poco, los celos de Tosca, hasta que ésta estalla y sale corriendo para sorprender juntos, cree, a su amado Mario y a la marquesa Attavanti. Y, tras ella, Scarpia envía, como perros de presa, a sus esbirros.

Este primer acto culmina de forma apoteósica con el archiconocido "te deum"; personalmente, me encantó cómo lo intepretó Marco Vratogna, me resultó libidinosamente creíble; había empezado la ópera bastante bien pero iba a mejor. No he logrado encontrar este "te deum" interpretado por él, pero veamos, para terminar esta primera parte de mi comentario sobre la "Tosca" del Palau de les Arts, la impresionante interpretación que hace Ruggero Raimondi de este "te deum":

Ruggero Raimondi, encarnando a un Scarpia
que da verdadero miedo.

Continuará...

(Fuentes: flickr.com y www.youtube.com)

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