Bienvenido

Bienvenido, amable navegante, a mi pequeño rincón. Si has llegado hasta aquí es que, como poco, sientes curiosidad por la ópera. Quizá seas un experto. Quizá sólo has echado un somero vistazo a este tema y te preguntas qué es lo que mueve a un aficionado a la ópera. O quizá, ni lo uno ni lo otro... ¿qué más da?.

Ante todo, he de decir que ni soy una erudita en esta materia ni lo pretendo. Este blog quiere servir, simplemente, de lugar donde reflexionar, donde compartir experiencias, opiniones, sentimientos, etc., acerca de un mundo que para mí es muy enriquecedor.

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jueves, 9 de junio de 2011

ANECDOTARIO OPERÍSTICO (II)

El mundo de la Ópera está plagado de momentos, anécdotas, propósitos y despropósitos cuanto menos "curiosos". Ya vimos algunos de ellos en "Anecdotario Operístico I"; he aquí unos cuantos más:

Director de orquesta.
Fuente: paulhelm.
 El bis más grande de la historia
A su paso por Viena, de regreso de Rusia, Domenico Cimarosa recibió el encargo de escribir una ópera nueva para la ocrte del emperador Leopoldo II. El resultado fue la deliciosa ópera bufa "Il matrimonio segreto", que se estrenó el 7 de febrero de 1792. La obra gustó tanto al emperador que ordenó que sirvieran una cena a todos los cantantes y músicos y les rogó que después de cenar repitieran íntegramente toda la ópera (que dura casi tres horas). Se trata, pues, del bis más grande e importante que registra la historia de la ópera.
Escuchemos a Luigi Alva en "Il matrimonio segreto": "Pria que spunti in ciel la aurora"; fuente: www.epdlp.com.

Rossini inspecciona el canto por la calle
En torno a Rossini hay multitud de anécdotas. Después de su triunfal estancia en Londres, Rossini regresó a París (1824), donde la monarquía de Luis XVIII esperaba convencerle para que se quedara y diera brillo a la vida musical parisiense, que se estaba italianizando por momentos. Para lograr su propósito, las autoridades de la monarquía le ofrecieron, al margen de cualquier presupuesto, además de la co-dirección de la Ópera de París, un contrato para estrenar allí diez óperas nuevas. Y, a fin de redondear la principesca oferta, nombraron a Rossini "Inspector del canto del reino de Francia", con un buen sueldo añadido. Rossini, que nunca se tomó a sí mismo demasiado en serio, dicen que cuando iba por la calle en París y oía cantar a alguien se detenía, hacía pabellón con la mano en la oreja y fingía calibrar la calidad del canto que se oía. A quienes le preguntaban por qué hacía eso respondía en todo serio que estaba ejerciendo su cargo de "Inspector del canto del reino de Francia".

Montserrat Caballé se niega a ser fusilada
"Tosca" es, probablemente, una de las óperas sobre las que se han recogido más anécdotas. Como por ejemplo una con Montserrat Caballé en Viena,en la Staatsoper. Había habido una huelga de figurantes por lo que, para la famosa escena del fusilamiento de Cavaradossi, el teatro reclutó soldados del ejército austriaco. Como los muchachos desconocían por completo el contenido de la ópera, se les indicó que, cuando se les diera la señal para salir al escenario, tenían que simular el fusilamiento de la persona que encontraran junto a la pared.

Llegó el aciago instante de la ejecución pero el tenor, afectado por un repentino ataque de tos, salió un momento del escenario. Aparecieron los soldados y, viendo a Montserrat Caballé, único personaje cercano a la pared, pusieron rodilla en tierra y prepararon su "fusilamiento". Montserrat Caballé gritó: "¡Eso sí que no! ¡A mí no me fusila nadie!", y detuvo la fución, con las consiguientes risas y gritos del respetable público que tuvo que esperar bastante rato para que se calmaran las aguas y se fusilara por fin adecuadamente al huidizo tenor.

(Fuentes: "Historias de la Historia de la Ópera", de Roger Alier y www.epdlp.com).

miércoles, 8 de junio de 2011

LA PRINCESA DE HIELO QUE APRENDIÓ A AMAR (III)

Acto III
Es de noche en Pekín y la ciudad ha adquirido un aspecto fantasmal; por las calles, atropellándose unos a otros, corre la gente llevando farolillos, mientras los heraldos anuncian las crueles órdenes de Turandot: nadie puede dormir esa noche en la ciudad, porque todos tienen que ayudarla a resolver el enigma; para los que duerman, hay pena de muerte.

El príncipe Calaf oye los anuncios y comenta divertido las órdenes de la princesa, que se esconde en su fría habitación; al día siguiente, su beso romperá la frialdad de ella ("Nessun dorma!"; canta: Francesco Merli).

Giuseppe di Stefano
canta "Nessun dorma!".

Se acercan al príncipe los tres ministros, Ping, Pang y Pong, rogándole que les diga su nombre pues, de lo contrario, los matarán a todos; le ofrecen dinero, mujeres, lo que sea, y la seguridad de una huida. La multitud se asocia al ruego de que el príncipe huya; de lo contrario, están todos perdidos, porque la crueldad de la princesa no tiene límites; incluso llegan a amenazar al príncipe. De pronto, entran unos esbirros arrastrando a Timur y a Liù; han  sido reconocidos como amigos del príncipe: sin duda saben su nombre.

Los tres ministros llaman a la princesa. Calaf asegura que los detenidos no lo conocen, pero Turandot se muestra implacable. Liù deriva la atención de todos hacia ella, diciendo que sólo ella sabe el nombre; Timur es, pues, apartado a un lado. Pero Liù añade que es para ella una delicia suprema saberlo sólo ella y guardar el secreto. La multitud clama y exige que se la torture para que lo diga. Unos esbirros sujetan a Calaf, que trata de defender a Liù; Ping le exige el nombre, y ella se niega a decirlo; empiezan a torturarla y, cuando se encuentrar cerca del límite de sus fuerzas, Turandot la interroga personalmente: Liù le confiesa que guardando el secreto está regalándole el amor de Calaf. La princesa ordena que continúe la tortura, y Liù le dice a la princesa que el hielo que rodea su corazón se fundirá con el primer beso de amor ("Tu que di gel sei cinta"; canta: Magda Olivero). Dicho esto, se apodera del puñal de un soldado y se mata, mientras Calaf y Timur se lamentan amargamente. Timur se va acompañando el cadáver de Liù y Turandot y Calaf quedan frente a frente. Éste es el punto en que quedó interrumpida la ópera por la muerte de Puccini...

Katia Ricciarelli en la
escena de la muerte de Liù. 

El final es el dúo de Calaf y Turandot. El príncipe le recrimina su gélida maldad y la acusa de derramar sangre inocente. Turandot sigue horrorizada ante el contacto con un hombre quel a ama, y ordena a Calaf que se eche hacia atrás, pero él se le acerca y finalmente la besa, a pesar de su resistencia. Está llegando el alba; Turandot reconoce que Calaf le ha llegado al corazón y le ruega que se vaya con su misterio. Pero ahora Calaf le dice abiertamene su nombre, poniendo su vida en sus manos.

Turandot arrastra a Calaf y hace que se reúna la corte. Aparece el emperador, con todo su séquito, y ante él Turandot le explica que ha vencido ella, puesto que antes del alba ha sabido su nombre: su nombre es ¡Amor! Toda la corte en pie se felicita poro este final feliz que ha transformado a la princesa ("Padre Augusto... conosco il nome"; canta: Gina Cigna).

Final de "Turandot"
con Eva Marton y Plácido Domingo.
Met. 1987. Dir.: James Levine.

(Fuentes: "Guía Universal de la Ópera", de Roger Alier, wikipedia, www.youtube.com y www.liberliber.it).
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Hasta aquí la historia de Turandot, hasta donde la dejó escrita Puccini y del modo en que la terminó Franco Alfano. Pero hete aquí que llega la insigne señora Nuria Espert y, por el poder que le confiere su indudablemente amplio bagaje artístico, va y decide que a Turandot, después de todo, lo que le pasa es odia a los hombres (¿lo de la violación de su antepasada era una excusa, entonces, para "camuflar" su fobia hacia el sexo masculino?). El caso es que hace que, al final, se mate ¡y se queda tan ancha!, ¡con un par!. En mi modesta opinión, esa Turandot de Nuria Espert será lo que sea pero no es, desde luego, la de Puccini.

¿Hubiese escrito Puccini un final semejante? Sólo podemos hacer especulaciones, claro está pero, en mi opinión, si nos fijamos en el resto de óperas del gran maestro de Lucca, en todas ellas se define y dibuja, de mil y una formas, el sentimiento: el sentimiento que mueve montañas, el sentimiento que arrastra pasiones, el sentimiento que transforma a hombres y a mujeres... Y yo me pregunto: si la casquivana Manon, después de hacer penar lo suyo al pobre Des Grieux, se da cuenta de que le ama; si la pobrecita Mimì, aún habiendo querido dejar a Rodolfo, vuelve a sus brazos, porque no puede vivir sin él, porque quiere apurar con él los que sabe que van a ser sus últimos momentos... si en las mujeres de Puccini vence el AMOR ¿por qué Turandot iba a ser distinta?

martes, 7 de junio de 2011

LA PRINCESA DE HIELO QUE APRENDIÓ A AMAR (II)

Acto II
Los ministros, Ping, Pang y Pong, tienen un prolongado trío en el que comentan la dura vida que llevan en Pekín a causa del funesto capricho de la princesa de ir matando candidatos a su mano como consecuencia de las pruebas a las que les somete ("Olà, Pang!"; cantan: Afro Poli, Gino del Signore y Adelio Zagonara). Con todo ese trajín, los tres se ven reducidos a ser los ministros del verdugo. En tono nostálgico, los tres piensan en sus propias casas, donde podrían vivir felices en lugar de pasar sus vidas en esa corte sanguinaria.

La escena se traslada ahora al palacio imperial de Pekín. Se ha reunido toda la corte, y el anciano emperador Altoum ocupa su trono en medio de la aclamación general. Junto a él los dignatarios y ministros, y ocupando su lugar, los ocho sabios con los rollos que contienen las respuestas a los enigmas. Ante la corte se halla congregado el pueblo, expectante, entre el cual se encuentran también Liù y Timur.


"Turandot", con Plácido Domingo y Eva Marton.
Dir.: James Levine. Met. 1987.

El emperador se dirige al nuevo candidato y le ruega que se retire, porque no quiere más sangre. Pero Calaf no se desanima por ello e insiste en pasar la prueba ("Un giuramento atroce mi costringe"; cantan: Armando Gianotti y Francesco Merli). El Mandarín recita de nuevo la ley, como en el primer acto. Un coro infantil precede la entrada de Turandot, que con aspecto fiero denuncia que una antepasada suya, la princesa Lou-Ling, fue violada por un extranjero; para vengarla es para lo que Turandot impone tales pruebas a los candidatos a ser su esposo ("In questa reggia"; canta: Gina Cigna).

María Guleghina como Turandot.
Fuente: flickr.com.
Turandot propone el primer enigma: algo que vuela de noche y entra en todos los corazones, pero que al día siguiente se disipa. La respuesta de Calaf después de pensar un momento es: la esperanza. Los sabios confirman que es la respuesta correcta. Nadie había acertado hasta entonces un enigma y Turantdot contesta, iracunda: "¡Sí, la esperanza, que siempre engaña!" ("Straniero, ascolta!"; cantan: Gina Cigna y Francesco Merli).

El segundo enigma habla de algo que brilla como una llama, pero no es una llama; si te pierdes o mueres, se enfría; si conquistas, se enciende, se inflama. Calaf piensa un poco y contesta: es la sangre. En medio del entusiasmo popular, los sabios confirman que es, en efecto, la sangre. Turandot, irritada, ordena a los guardias que fustiguen a la multiutud que, entusiasmada, grita ("Guizza al pari di fiamma"; cantan: Gina Cigna y Francesco Merli).

Fría y temerosa, Turandot expone el tercer enigma: es un hielo que te da fuego y, cuanto más fuego te da, más se hiela. Es blanca y oscura. Si te quiere libre, te hace aún más esclavo, pero si por esclavo te acepta, ¡te hace rey! Ahora Calaf se remueve en la duda y Turandot, creyendo vencido al príncipe, lo anima a que reconozca su derrota. Pero de pronto Calaf se yergue diciendo que ya tiene la respuesta: ¡es la propia Turandot!. Los sabios consultan sus rollos y certifican que Calaf ha acertado también el tercer enigma ("Gelo che ti dà foco!"; cantan: Gina Cigna y Francesco Merli). La multitud estalla en vítores, pero Turandot, asustada porque tendrá que ser la esposa del vencedor, recurre a su padre para que no la obligue a aceptar el matrimonio. El emperador dice que no tiene más remedio, puesto que todo se hizo como ella ha querido: el juramento es sagrado.

Turandot se dirige entonces a Calaf y le asegura que por más que haya ganado, ella nunca será suya; sólo lo podrá ser por la fuerza y con rechazo. Pero Calaf le ofrece una salida: él le propondrá un solo enigma, y si ella lo adivina, quedará libre de su compromiso y él morirá. La princesa, que no conoce el nombre de aquel que ha ganado su mano (sólo Timur y Liù saben quién es y cómo se llama), deberá adivinarlo; si le dice cuál es su nombre antes del alba, él morirá. El emperador se levanta deseando que Calaf venza con el nuevo día y se retira con toda la corte en medio de las aclamaciones del pueblo ("Ai tuoi piedi ci postriamo").

Continuará...

(Fuentes: "Guía Universal de la Ópera", de Roger Alier, wikipedia, http://www.youtube.com/ y www.liberliber.it).
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Dedico esta entrada la injustamente olvidada Margherita Carosio, de la cual tomé prestado el nombre y que hoy hubiese cumplido 103 años.

lunes, 6 de junio de 2011

LA PRINCESA DE HIELO QUE APRENDIÓ A AMAR (I) (ACERCA DE LA MELODÍA DE LA SEMANA: DE 6 AL 12 DE JUNIO DE 2011)

"¡Que nadie duerma!
¡Que nadie duerma!
¡Tú también, princesa,
desde tu fría estancia,
mira las estrellas que tiemblan
de amor y de esperanza!..."

El 29 de noviembre de 1924, Puccini moría en Bruselas, donde estaba siendo tratado de un cáncer de garganta; surgieron complicaciones y la muerte le visitó antes de que pudiera completar la que se convirtió en su última ópera: "Turandot". Quién sabe qué maravillosas obras hubieran surgido tras ella del ingenio del gran maestro de Lucca.

La muerte de Puccini cuando tenía casi acabada la ópera llevó a los responsables de la editorial Ricordi a buscar un compositor que pudiera terminarla basándose en los esbozos que dejó el maestro, para lo que fue elegido Franco Alfano. El día del estreno en Milán de la partitura pucciniana el final no se cantó y el director, Arturo Toscanini, levantó la batuta en el punto en el que terminaba la parte que había escrito Puccini y, dirigiéndose al público les dijo: "Aquí concluye la ópera porque en este punto murió el maestro" y dio por terminada la representación sin la parte final de Alfano, que tuvo que esperar hasta el día siguiente.

Veamos cuál es la historia que cuenta "Turandot" y dónde encaja en ella el famosísimo "Nessun dorma..."

"Turandot" es una ópera en tres actos con libreto de Giuseppe Adami y Renato Simoni. Como ya le había sucedido con anterioridad (recordermos "Manon Lescaut" y "La bohème"), el hecho de que el compositor italiano Ferruccio Busoni hubiese ya tratado el tema de "Turandot" no fue sino un acicate más para que Puccini se decidiera a transformar en ópera la obra teatral del mismo título de Carlo Gozzi. "Turandot" se estrenó póstumamente en el Teatro alla Scala de Milán, bajo la dirección de Arturo Toscanini, el 25 de abril de 1926. En España, se representó por vez primera en el Gran Teatro del Liceo de Barcelona el 30 de diciembre de 1928.

Personajes
Turandot, glacial princesa china de una época remota, hija del emperador Altoum (soprano).
Calaf, príncipe exiliado de Tartaria, hijo del rey Timur, enamorado de Turandot (tenor).
Liù, criada de Timur, enamorada de Calaf (soprano).
Timur, rey exiliadoe Tartaria, padre de Calaf (bajo).
Ping, máscara de la antigua "commedia dell'arte" que representa un ministro de la corte de Altoum y Turandot (barítono).
Pang, máscara, otro ministro (tenor).
Pong, máscara, tercer ministro (tenor).
Altoum, anciano emperador (tenor).
Mandarín; actúa de heraldo (barítono).
Ocho sabios, portadores de los rollos con los enigmas.
Cuatro doncellas de Turandot.
Príncipe de Persia; sólo canta el nombre de Turandot.
Pu-Tin-Pao, verdugo, papel mudo.

Antecedentes
Turandot, princesa imperial china, hija única y heredera del trono, ha arrancado a su padre un juramento que le permite imponer, a los candidatos a casarse con ella (que han de tener rango principesco), una serie de enigmas que, de no adivinarlos, supondrán su ejecución.

En el momento en que empieza la ópera, el decimotercer candidato de ese año, el joven príncipe de Persia, no ha adivinado los enigmas propuestos y está a punto de ser ejecutado. En ese momento se alza el telón y vemos a la multitud aguardando que salga la luna para que tenga lugar la ejecución.

Acto I
Es de noche y en Pekín reina una insólita animación. El Mandarín anuncia solmenemente cuál es la ley: "Popolo di Pechino"; canta: Giuseppe Bravura. La multitud aguarda impaciente la ejecución con una mezcla de crueldad y de compasión. Entre la gente se encuentra un anciano ciego acompañado de una mujer que lo guía. Entre la agitación de la multitud, el ciego cae al suelo; un joven desconocido le ayuda, y es entonces cuando se descubre que el anciano es Timur, rey depuesto de Tartaria, y el joven es su hijo Calaf. Ambos habían tenido que huir de Tartaria a raíz de la revolución, pero se habían perdido el rastro. Liù, enamorada de Calaf desde que, en una ocasión, cuando aún estaban en Tartaria, él le sonrió, hace cuanto puede por cuidar de Timur, llegando incluso a mendigar por él.

La multitud espera la aparición de Turandot que, desde el palacio, sin proferir palabra alguna, confirma con un gesto la orden de ejecución. El príncipe Calaf queda prendado de la belleza de la cruel princesa y decide presentarse como candidato para adivinar los enigmas y casarse con Turandot. Pese a las advertencias de su padre y los ruegos de Liù, Calaf se acerca al gong para convocar las pruebas. Tres máscaras grotescas, Ping, Pang y Pong, ministros reales, tratan de disuadir al príncipe de tan azarosa empresa y de convencerlo de que no vale la pena arriesgasrse. Las doncellas de la princesa reclaman silencio. Liù insiste en rogar a Calaf que no se presente ("Signore, ascolta!"; canta: Magda Olivero), pero Calaf, después de responderle afectuosamente, se acerca al gong y lo golpea tres veces. Las tres máscaras se reitran lamentando no haber podido disuadir al nuevo candidato: "Non piangere, Liù"; canta: Francesco Merli.

"Turandot", con Plácido Domingo y
Eva Marton. Dir.: James Levine. Met. 1987.

Continuará... por cierto, hay que decir que la melodía de esta semana: "Nessun dorma"; canta Francesco Merli no aparecerá hasta el tercer acto de la ópera...

(Fuentes: "Guía Universal de la Ópera", de Roger Alier, wikipedia, http://www.youtube.com/http://www.liberliber.it/http://www.el-atril.com/)

domingo, 5 de junio de 2011

LOS COMPOSITORES: GIOACCHINO ROSSINI

Hablar de Rossini es hablar, sobre todo, de alegría contagiosa. Ya mencioné en una entrada anterior que "El barbero de Sevilla" podía considerarse, con todo merecimiento, un antidepresivo musical. Dije también que, con ser una ópera que se apartaba de la "seriedad" que uno puede presuponer a una composición de este tipo, no es la única; de hecho Rossini, conocido sobre todo por sus óperas, lo es especialmente por las bufas (ópera bufa es, recordemos, una ópera de tema cómico) entre las que se encuentran, además de "Il barbiere di Siviglia", otras como "L'italiana in Algeri" o "Il turco in Italia". Pero empecemos por el principio.

Gioacchino Rossini.
Fuente: flickr.com.

Giovacchino Antonio Rossini nació en Pésaro, Italia, el 29 de febrero de 1792. Era hijo de un trompetista de la banda local de Pésaro, Giuseppe Rossini, popularmente conocido como "Vivazza", y de una cantante de ópera sin conocimientos musicales que, por este motivo, había quedado relegada a papeles de "seconda donna". El padre perdió el trabajo por haber abrazado imprudentemente algunos principios de la Revolución Francesa; la familia tuvo que dejar Pésaro y se vieron en la necesidad de sostenerse únicamente con los ingresos de la madre. Los padres de Rossini, que querían para su hijo una formación musical muy superior a la que ellos habían tenido (que había sido escasa), por lo que le pusieron a estudiar en el Instituto Musical de Lugo de Romagna y, más tarde, en el Conservatorio de Bolonia, donde fue alumno del severo Padre Mattei. Como estudiante demostró una gran precodidad, como puede apreciarse en sus "Sonatte a quattro" (1804), en su "Pianto d'Armonia sulla morte d'Orfeo" (1807) y en su primera ópera, "Demetrio e Polibio" (compuesta en 1806, pero estrenada en 1812).

La carrera operística (propiamente dicha) de Rossini, comenzó realmente en 1810, cuando gracias a la familia Mombelli, la misma que le había encargado la primera ópera, encontró la posibilidad de escribir una farsa en un acto -tipo que entonces estaba de plena moda- titulada "La cambiale di matrimonio", que se estrenó en el Teatro San Samuele de Venecia para colmar la laguna dejada por un compositor que no había suministrado la ópera que debía estrenarse en aquella temporada de otoño. "La cambiale di matrimonio" llamó la atención, sobre todo por su complejidad orquestal -teniendo en cuenta el nivel instrumental de las óepras de la época-, y logró un gran éxito, que se repitió con "L'equivoco stravagante" (1811), con "L'inganno felice" (1812) y con "La scala di seta" (1812). Escribió también, sin embargo, óperas serias como "Ciro in Babilonia" (1812), y estrenó, como ya se ha dicho, su "Demetrio e Polibio" (1812). Logró que La Scala de Milán le abriera sus puertas, y para dicho teatro escribió su primera ópera bufa grande (dos extensos actos), titulada "La pietra del paragone" (1812), que fue bien recibida.

Con "L'italiana in Algeri" (1813) ("Obertura"), Rossini se lanzó de lleno a la ópera farsesca, inverosímil y divertida, con un solo hilo conductor en el argumento que, aunque increíble, nos presenta a los personajes actuando con toda seriedad. Tanto esta ópera como "Tancredi", también de 1813 ("Obertura"), tuvieron un éxito inenarrable, lo que consagró a Rossini como el compositor más importante y solicitado de Italia, a la vez que hizo que se le abrieran las puertas de Europa.

Bastaron tres años más para llevarlo a ser el compositor más famoso de su tiempo, el ídolo de los teatros de Europa, la pasión más exacerbada de los imitadores de su estilo, el punto de referencia de la "ópera-comique" francesa. Éste progreso lo logró con otras óperas bufas de excelente factura como "Il turco in Italia" (1814), o aún más con "Il barbiere di Siviglia" (1816) ("Obertura"). Además, el empresario Baraja, de las Óperas de Nápoles, Milán y Viena, le confió el estreno solemne del Teatro San Carlo de Nápoles; con tal motivo, Rossini compuso la ópera "Elisabetta, regina d'Inglaterra" (1815) seguida de "Otello" (1816), óperas que provocaron el delirio entre el público napolitano. Rossini se había convertido en el compositor más famoso del mundo, y tenía sólo veinticuatro años. A partir de ahí su producción circuló por toda Europa, pero continuó teniendo como centro Nápoles; como "prima donna" tenía a Isabella Collbrand, mezzosoprano de origen español, que se convirtió en su amante y, a partir de 1823, en su esposa.

Así se sucedieron éxitos en el campo de la ópera seria, como "Armida" (1817), "Il Mosè" (ópera bíblica estrenada en 1818 y reestrenada con modificaciones), "La donna del lago" (1819), "Maometto II" (1820), "Zelmira" (1822) y "Semiramide" (1823) ("Obertura"). Casi abandonó el género bufo después de su gran creación, "La Cenerentola" (1817) ("Non più mesta"; canta: Cecilia Bartoli), y de la ópera semi-seria "La gazza ladra" (1817) ("Obertura"). Su "Ermione" (1819), quedó olvidada nada más estrenarse. En su producción, era un dogma la ornamentación y el virtuosismo vocal (es decir, el belcantismo).

Rossini estuvo en Viena, París, Londres, ciudad esta última donde reunió una verdadera fortuna amasada a base de apariciones personales, de conciertos privados y de dejarse querer por la alta sociedad inglesa. Al volver a París fue objeto de una tentadora oferta económica, por la que se convertía de hecho, aunque no de nombre, en director de la Ópera de París, con el nombramiento de "inspector de canto" del Reino de Francia (sobre este nombramiento hay una anécdota que contaré en la entrada de mañana), que incluía emolumentos de gran cuantía y el contrato por diez óperas nuevas para ser estrenadas en la Ópera de París.

A pesar de que sólo tenía treinta y tres años, Rossini empezó a resentirse de una perceptible disminución en su capacidad creativa. Para presentar las óperas contratadas en unos plazos más o menos razonables, después de una primera cantata destinada a conmemorar la coronación del rey Carlos X de Francia ("Il viaggio a Reims", 1825), optó por remodelar óperas de la época de Nápoles, como "Le siège de Corinthe" (1826), Moïse et Pharaon" (1827), una versión francesa de "Maometto II" (1828) y la ópera bufa "Le comte Ory" (1828), versión en francés de "Il viaggio a Reims" con algunos añadidos. Finalmente se decidió a realizar una ópera realmente nueva, "Guillaume Tell", cuya inmensa extensión le costó un gran esfuerzo (1829) ("Obertura").

A partir de esta ópera, en Rossini sobrevino un silencio, no sólo debido a una cuestión de capacidad creativa, sino también al rechazo moral que sentía hacia la nueva estética del romanticismo que se avecinaba ya de un modo imparable. La Revolución de 1830 despojó a Rossini de sus cargos oficiales en la administración borbónica y el compositor inició un largo y penoso pleito contra el Estado francés. Por otra parte, su salud empezó a declinar bajo el impulso de una sífilis mal tratada que le dio años de malestar. La crisis de su matrimonio con la Collbrand dio paso a una nueva compañía femenina, Olympe Pélissier, que tuvo que aguardar la muerte de la primera esposa (1845) para legalizar su situación.

Entre los años 1830 a 1840, aparte de algunos períodos de actividad como impulsor de iniciativas musicales (como la del Liceo Musicale di Bologna), la vida de rossini fue un infierno or su mala salud, por los dolorosos e ineficaces tratamientos y por la neurastenia provocada por la propia enfermedad. Olympe Pélissier se lo llevó finalmente a París, donde algunos médicos franceses lograron curarle. Hacia 1855 Rossini había recuperado su habitual porte, su mordacidad y su sentido del humor. Reunía gentes del ambiente musical en su csa de Passy, donde los sábados por la noche daba conciertos a los que se brindaban cuantos artistas había en París, y que sobre todo resultaban importantísimos para los debutantes por el prestigio que conferían. Para tales ocasiones Rossini solía componer pequeñas piezas, sus "pecados de vejez", compuestas muchas veces sobre retazos de antiguos motivos presentes en sus óperas.

Murió en Passy en el otoño de 1868, dejando una estela de grandes creaciones que, en su mayoría, acabaron olvidades bajo el impulso romántico-verista de los últimos años del siglo XIX. Sólo cuando acabó la estética verista y wagneriana que impulsó el modernismo fue posible volver a valorar las creaciones rossinianas gracias a un proceso muy lento de recuperación de las óperas olvidades, que eran casi todas. Hasta los años 60 no fue posible para el espectador medio ver otra cosa que un "barbiere di Siviglia" mutilado por las praxis antibelcantistas, y alguna ocasional fragmentación de "Guillaume Tell".

(Fuentes: "Guía universal de la ópera", de Roger Alier y www.epdlp.com).

sábado, 4 de junio de 2011

LOS DIRECTORES: ANDRÉ CLUYTENS

Nació en Amberes (Bélgica), el 26 de marzo de 1905. A los diecinueve años se graduó en el Real Conservartorio Flamenco con primer premio en piano, armonía, contrapunto y fuga. Su padre, Alphonse Cluytens, fue director de la Ópera de Amberes (Teatro Real), con quien colaboró su hijo André, como director de coro y profesor. Sucedió a su padre en su cargo en la Ópera, dirigiendo producciones ya en 1927, la primera de las cuales fue "Los pescadores de Perlas", de Bizet (curiosamente los dos, Georges Bizet y André Cluytens, murieron un 3 de junio, aunque de años diferentes).

Amberes. Fuente: fotopedia.

En 1932 fue contratado por el Teatro del Capitolio de Toulouse, Francia, en el que dirigió principalmente conciertos sinfónicos. En 1935 fue contratado como primer director de la Ópera Nacional de Lyon, en donde se convirtió en director musical en 1942.

Durante la Segunda Guerra Mundial dirigió los conciertos de verano en Vichy, lo que condujo a que fuera incluido durante un tiempo en la lista negra por el sindicato de músicos de Burdeos. En 1947 se convirtió en director musical de la Ópera-Comique de París, en donde estuvo hasta 1960. Su contrato requería que dirigiera la mitad de los conciertos de la orquesta, cada año. Dirigió una celebrada producción de "Tannhäuser" de Wagner en el Festival de Bayeruth de 1955, y también trabajó con la Filarmónica de Berlín como director invitado. Cluytens ha estado siempre bien considerado como intérprete del repertorio alemán y también es considerado un intérprete autorizado de la obra de Ravel y de otros compositores franceses modernos.

Ha sido prolífico grabando discos. En 1946 firmó un contrato con la rama francesa de la discográfica EMI, con la que grabó una extensa serie de óperas francesas en colaboración con la Ópera-Comique de París y la Ópera Nacional de París. También produjo discografía relevante sobre los maestros franceses y grabó para EMI un ciclo completo de las Sinfonías de Beethoven con la Filarmónica de Berlín en 1957-1960, uniéndose a Herbert von Karajan y Otto Klemperer en su catálogo. La mayoría de estas grabaciones han sido reeditadas en CD.

Sus apariciones en Bayeruth a mediados de los años cincuenta, dirigiendo "Los maestros cantores de Nüremberg" y "Tannhäuser" eran muy significativas, por ser un director no alemán, algo infrecuente en aquella época. Escuchemos, de "Tannhäuser", la "Obertura".

André Cluytens falleció en París (Francia), a la edad de 62 años.

(Fuentes: wikipedia y www.epdlp.com).

VOCES PARA LA HISTORIA: RENATO BRUSON

Hoy le toca el turno a uno de mis barítonos vivos preferidos: Renato Bruson. Ver a este hombre en escena es una gozada, porque tiene una preciosa voz y es, además, un actor fabuloso. Haciendo, por ejemplo, de Iago, en el "Otello" de Verdi es la maldad en persona, de lo más retorcido que te puedes encontrar en lo que a malvados operísticos se refiere. En mi opinión, es un cantante lírico tan completo como en su momento lo fue el genial Tito Gobbi (que también era un gran cantante y un gran actor).

Reparto de una grabación de "La traviata" con,
entre otros, Alfredo Kraus y Renato Bruson.
Renato Bruson nació en Granze, Véneto, el 13 de enero de 1936. Estudió en Padua y se hizo notar pronto por la belleza vocal y la capacidad interpretativa que han sido siempre su característica. Debutó en 1961, en el papel del conde Luna de "Il trovatore", de Verdi. En 1970 cantó "Belisario", de Donizetti, en Bérgamo, ópera que cantaría años después en el Teatro de la Zarzuela de Madrid, en 1985.

En 1972 se presentó con "Un ballo in maschera", de Verdi, en Florencia, bajo la dirección de Riccardo Muti. El mismo año debutó en La Scala de Milán con "Linda di Chamounix", de Donizetti, autor del que cantó muchos títulos, como "Caterina Cornaro" en el Gran Teatro del Liceo de Barcelona, en 1973, junto a Montserrat Caballé. También en el Liceo, interpretó después "Un ballo in maschera", de Verdi (1975), el papel titular de "Don Giovanni", de Mozart (1986), el Jago de "Otello", de Verdi (1988) y "Macbeth", de Verdi (1997). Veámosle en un "Macbeth" de 1977:


Asimismo, ha cantado múltiples papeles verdianos en el Convent Garden de Londres (desde "Un ballo in maschera" de 1975 a su "Attila", en 1990). En la Ópera de Viena debutó como "Don Giovanni" (1977) y ha sido un poderoso Scarpia, en "Tosca", de Puccini (1994). Ha grabado numerosas óperas, entre las cuales destaca "Falstaff", de Verdi (1982). Aquí le tenemos precisamente en "Falstaff":


Dotado de un fraseo elegante y expresivo, de una voz oscura y una notable presencia escénica, Bruson es considerado uno de los mejores intérpretes de nuestro tiempo. Fue condecorado por el gobierno italiano como "Cavalieri di Gran Croce OMRI" y es "Caballero de la Orden de Malta" y "Kammersänger de la Opera de Viena".

(Fuentes: flickr.com, "Diccionario de la Ópera", de Roger Alier, wikipedia y www.youtube.com).

viernes, 3 de junio de 2011

AQUELLA VIDA BOHEMIA (III)

Acto IV

Estamos en la primavera siguiente, de nuevo en la buhardilla de los bohemios. Marcello pinta y Rodolfo escribe; cada uno comenta que ha visto a la pareja del otro en aparente prosperidad pero, aunque los dos fingen indiferencia, no pueden dejar de pensar en sus amadas. Su mal humor se refleja en que ni el pincel parece bueno ni la pluma escribe bien ("In un coupè?"). Ambos cantan su añoranza de las mujeres que aman ("O Mimì tu più non torni").

Entran de pronto Schaunard y Colline, con las escasas provisiones que han podido agenciarse: un arenque y un poco de pan; sin embargo, todos fingen estar en un gran banquete y pertenecer a las altas esferas del gobierno, y el buen humor reinante hace que se pongan a cantar y a bailar ("Gavotta, Minuetto, Pavanella").


De pronto entra Musetta, apresuradamente; Mimì está subiendo las escaleras casi sin aliento, moribunda. Llega, en efecto, Mimì, y los bohemios la acuestan y la abrigan. Mimì tiene un frío espantoso.

Rodolfo se acerca a Mimì y entabla con ella una tierna aunque breve conversación. Musetta se quita unos pendientes y, en un aparte, le pide a Marcello que vaya a comprar un cordial o algo que reanime a Mimì, que busque un médico... le encarga también algo por lo que Mimì tiene mucha ilusión: un manguito para calentarse las manos. Al fin, Musetta y Marcello se van juntos ("Musetta... C'é Mimì..."). Colline se quita su viejo gabán y se dispone a empeñarlo para reunir dinero, y aconseja además a Schaunard que deje solos a los dos amantes ("Vecchia zimarra").


Cuando los demás se han ido, Mimì abre los ojos y habla con Rodolfo. Juntos recuerdan los episodios del día en que se conocieron.


Luego de un acceso de tos, Rodolfo se asusta y le ruega que no hable más. Vuelven Marcello y Musetta, que trae el manguito que, le dice, es un regalo de Rodolfo; Mimì, con mucha ilusión, coloca sus manecitas en él ("Sono andati? Fingevo di dormire").

La vida de Mimì es como una vela que, poco a poco, se va extinguiendo. Musetta ruega a la Virgen que la salve y prepara el cordial al fuego, ayudada por Marcello. Regresa Colline con el dinero del empeño, que entrega a Musetta. Schaunard vuelve también y, mientras Marcello va cerrando las celosías de las ventanas, observa a Mimì, que ha muerto. Rodolfo se da cuenta de que los demás le observan y se lanza sobre el cadáver de Mimì, sollozando... ("Che avvien?").



Fragmentos de audio:
Mimì: Renata Tebaldi.
Rodolfo: Giacinto Prandelli.
Marcello: Giovanni Inghilleri.
Schaunard: Fernando Corena.
Colline: Raphael Arié.
Benoît/Alcindoro: Melchiorre Luise.
Musetta:  Hilde Geeden.

Fragmentos de vídeo:
Mimì: Cristina Gallardo Domâs
Rodolfo: Marcelo Álvarez.
Marcello: Roberto Servile.
Schaunard: Natale de Carolis.
Colline: Giovanni Battista Parodi.
Alcindoro: Angelo Romero.
Musetta:  Hei-Kyung Hong.

Enlace al libreto completo: "La bohème".
(Fuentes: "Guía universal de la ópera" de Roger Alier, "Ópera", de András Batta, http://www.kareol.es/www.liberliber.it y www.youtube.com).
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Sobran más palabras... o faltan ¡qué se yo! La poesía de las pequeñas cosas, de las pequeñas y grandes tragedias humanas en las que todos, de un modo u otro, podemos reconocernos... Esa persona a la que amas, sin que esté en tu mano impedirlo, se va... ¿ya está? ¿eso es todo? ¿ahí se acaba todo?... Crees que tus sentidos te engañan, que no es cierto, que no puede ser cierto, que vas a despertar de un mal sueño... y todos los sentimientos que habitan en tu interior se te comprimen dentro formando un nudo que te ahoga...

jueves, 2 de junio de 2011

AQUELLA VIDA BOHEMIA (II)

Acto II

En el Barrio Latino de París, frente al café Momus, se respira un alegre ambiente navideño. La calle es un contínuo ir y venir de gente, con vendedores de diversas mercancías ("Aranci, datteri!"). Rodolfo demuestra ser un poco celosillo: quisiera que Mimì tuviera ojos sólo para él ("Chi guardi?"). Entre los vendedores hay un juguetero ("Viva Parpignol, Parpignol!"). Los amigos hacen diversas compras; Rodolfo regala a Mimì una pequeña cofia rosa.

Los bohemios se sientan en una mesa del café y ordenan un servicio especial, puesto que hay una dama entre ellos. La conversación es animada, y Colline y Schaunard dan el visto bueno a la incorporación de Mimì al grupo; pero surge el tema del amor y se ve que a Marcello se le quitan las ganas de hablar.

Se oyen de pronto unas risotadas y se organiza un revuelo general: llega Musetta, antigua amante de Marcello. Viste de un modo llamativo y lujoso, y va seguida por Alcindoro, un viejo galán cargado de paquetes, todos comprados por ella. Aunque el viejo trata de resistirse, Musetta quiere sentarse fuera, porque ha visto a los bohemios; trata de llamar la atención de Marcello...


Musetta, rabiosa porque Marcello finge no hacerle caso, llega incluso a romper un plato, con gran rubor del viejo Alcindoro ("Comme un facchino...").

Musetta empieza a cantar una canción ligera, que irrita aún más al viejo, y a la que Marcello contesta diciendo que Musetta se alimenta de corazones humanos ("Quando men'vo"). Mientras Musetta continúa con su canto, Rodolfo hace saber a Mimì que él no sería jamás capaz de perdonar como lo hará, en cambio, Marcello poco después, cuando Musetta, fingiendo dolor en un pie, mande al infeliz Alcindoro a arreglarle el zapato a o traerle un par nuevo. Marcello y Musetta, reconciliados, se abrazan ("Caro!... Fuori il denaro!"). Pasa un desfile de la Guardia Republicana y los bohemios se van alegres con ellos, no sin que Musetta haya dejado las cuentas de las dos mesas a Alcindoro, que llega a tiempo sólo de pagar ("Ohè, là... le guardie!").


Acto III
Han pasado dos meses; es febrero y la nieve cubre las calles de París. En las afueras de la ciudad, junto al control de consumos, se ve un hostal; en sus paredes, hay pinturas por terminar, obra de Marcello, que se aloja en dicho hostal con Musetta, a la que oímos cantar desde dentro.

Algunos trabajadores y unas lecheras pasan por el control, mostrando sus cestos vacíos. La música introduce el tema de Mimì: entra ella, aterida de frío, buscando a alguien. Sale una mujer del hostal y Mimì le pregunta si está el pintor Marcello. La mujer entra y poco después aparece Marcello, sorprendido de ver allí a Mimì, la cual le explica que Rodolfo está poseido por el monstruo de los celos, que la convivencia se está haciendo insoportable ("Sa dirmi scusi qual è l'osteria..."). Marcello le dice que Rodolfo está dentro; ha llegado poco antes y se ha dormido en un banco. Pero Mimì no quiere verle.


Al ver que Rodolfo se despierta y hace ademán de salir, Mimì se esconde ("È freddo. Entrate"). Aparece, en efecto, Rodolfo y, creyendo que él y Marcello están solos, le cuenta que quiere separarse de Mimì, porque es una fresca que coquetea con todos("Marcello. Finalmente!"), sobre todo con un vizconde que le pone ojos de pescado ("Mimì, è una civetta"). Marcello no se cree nada y así se lo dice; Rodolfo confiesa entonces que quiere dejar a Mimì porque está muy enferma, cada día más, y no tiene valor para verla morir. Mimì, que no era consciente de su gravedad, se echa a llorar y tose, revelando su presencia. Mientras, Marcello oye las risas de Musetta y, rabioso de celos, entra rápidamente en el hostal. Rodolfo quiere tranquillizar a Mimì que, vencida por la pena, le dice adiós... ("Mimì è tanto malata").


... pero los dos empiezan a recordar ("Donde lieta uscì")... y por fin deciden permanecer juntos, aunque sólo sea hasta la primavera.

Marcelo vuelve a salir enzarzado en una pelea "conyugal" con Musetta. Ésta, que no está dispuesta a soportarlo, se marcha llamando "sapo" y pintor de mala muerte a Marcello. La sonora pelea no ha distraído a Rodolfo y a Mimì, que siguen prometiéndose amor bajo la nieve que cae ("Dunque è proprio finita?").


Continuará...

Fragmentos de audio:
Mimì: Renata Tebaldi.
Rodolfo: Giacinto Prandelli.
Marcello: Giovanni Inghilleri.
Schaunard: Fernando Corena.
Colline: Raphael Arié.
Benoît/Alcindoro: Melchiorre Luise.
Musetta:  Hilde Geeden.

Fragmentos de vídeo:
Mimì: Cristina Gallardo Domâs
Rodolfo: Marcelo Álvarez.
Marcello: Roberto Servile.
Schaunard: Natale de Carolis.
Colline: Giovanni Battista Parodi.
Alcindoro: Angelo Romero.
Musetta:  Hei-Kyung Hong.

(Fuentes: "Guía universal de la ópera" de Roger Alier, "Ópera", de András Batta, www.liberliber.it y www.youtube.com).

miércoles, 1 de junio de 2011

AQUELLA VIDA BOHEMIA (I)

Si "Manon Lescaut" fue el primer éxito de Puccini, su siguiente ópera, "La bohème", fue su consagración. La historia se basa en las "Scènes de la vie de bohème", de Henri Murger, folletín por entregas que fue publicado en el periódico "Le Corsaire" a lo largo de los años 1847 a 1849, y que después se convirtió en la novela "La vie de bohème". Los libretistas Luigi Illica y Giuseppe Giacosa, a instancias de Puccini, transformaron el ambiente satírico y mordaz de la novela de Murger en el amoroso, tierno y romántico que impregna el libreto de esta ópera.

Final de "La bohème" de Puccini. Fuente: flickr.com.
Puccini se sintió atraído por el relato de Murger por dos razones. En primer lugar, le recordaba sus propias vivencias como estudiante en Milán, cuando luchaba por sobrevivir con el menguado estipendio de su beca. Otro motivo fue saber que su colega compositor Leoncavallo andaba también ocupado con este texto (recordemos que, cuando Puccini emprendió la composición de su "Manon Lescaut", ya la "Manon" de Massenet triunfaba en los escenarios); amante de los retos, insistió en componer "La bohème" y logró estrenarla algo más de un año antes de que Leoncavallo llevara por primera vez a escena, con igual nombre, la suya. Y la consideración popular ha hecho prevalecer en el panorma operístico, con mucha diferencia, "La bohème" de Puccini sobre la de Leoncavallo, a pesar de guardar esta última mayor fidelidad a la obra de Murger.

Decía Puccini: "Me interesan exclusivamente las pequeñas cosas y no quiero dedicarme a otra cosa que no sean las pequeñas cosas". Este espíritu poético es especialmente acertado en el caso de "La bohème", pues en ella se cuentan "pequeñas historias" de gentes anónimas, de "pequeñas gentes" con sus ocasionales y "pequeñas alegrías", y sus frecuentes y a menudo no tan "pequeñas" penas. Basta cerrar los ojos y dejarnos envolver por la música y las palabras para que tomen cuerpo las flores que borda Mimí, su manecita fría y frágil, la alegría desbordante del café Momus, la pequeña cofia rosa, el frío helador de las calles... esa poesía de las pequeñas cosas que tan magistralmente entendía y sabía expresar Puccini; ¿quién sino él podría haber creado una pieza tan conmovedora dedicada a un objeto aparentemente tan sencillo como un abrigo?.

"La bohème" se estrenó en el Teatro Regio de Turín el 1 de febrero de 1896. En España, se representó por primera vez en el Gran Teatro del Liceo de Barcelona, el 10 de abril de 1898.

Personajes
Mimì, bordadora de flores que ama a Rodolfo (soprano).
Rodolfo, poeta bohemio enamorado de Mimì (tenor) que vive en una buhardilla con sus amigos Marcello, Schaunard y Colline.
Marcello, pintor amigo de Rodolfo, enamorado de Musetta (barítono).
Musetta, muchacha bohemia, dada al lujo y a la comodidad, pero enamorada en el fondo de Marcello (soprano).
Schaunard, músico amigo de Rodolfo y los demás bohemios (barítono).
Colline, filósofo, amigo de los demás bohemios (bajo).
Benoît, el casero de los bohemios; suele doblarse con el papel de Alcindoro (bajo bufo).
Alcindoro, viejo verde admirador de Musetta (bajo bufo).
Parpignol, vendedor de juguetes en el segundo acto (tenor).
Guardián de consumos (bajo).
Un sargento (barítono).
Un niño (voz blanca).
Coro.

Argumento
Acto I
En una buhardilla sobre los tejados de París viven Rodolfo (poeta), Marcello (pintor), Schaunard (músico) y Colline (filósofo). Es nochebuena y no tienen dinero. Marcello está pintando ("Questo Mar Rosso"). Para mitigar (al menos un poco) el tremendo frío que hace, y al carecer de leña, hablan primero de quemar el cuadro que está pintando Marcello; después, tras considerar lo mal que olería la pintura quemada, recapacitan y deciden echar al fuego el manuscrito de una obra de teatro de Rodolfo ("Pensier profondo!"). Mientras arde el papel, entra Colline; había querido empeñar algunos de sus libros pero, al ser víspera de Navidad, la casa de empeños está cerrada.

Aparece Schaunard con dos mozos de ultramarinos que traen leña, vino, pan y comestibles varios; en el colmo de la opulencia, derrama monedas de curso legal que sus asombrados amigos se disponen, raudos, a recoger. Mientras Schaunard trata de explicar cómo ha conseguido que un excéntrico americano le pague muy bien unos discutibles servicios musicales, los demás, que no le hacen caso, se apresuran a disponer la mesa para comer. Pero Schaunard reacciona y, mientras les quita la comida de las manos y la guarda, les dice que lo que ha traído deben reservarlo para cuando no haya dinero; esa noche comerán fuera, en el Barrio Latino ("Legna! Sigari!").


De pronto llaman a la puerta. Confusión y alboroto. "¿Se puede?"; es el casero Benoît. Entra y Marcello le promete que pagarán pero le pide que antes tome una copa con ellos. Entre todos enredan al casero, que acaba explicando sus aventuras galantes... aún estando casado. "¡Qué escándalo!" exclaman todos, y echan al pobre infeliz, sin pagarle ("Si può?"). Solventada esta interrupción, los bohemios se disponen a salir a la calle, pero Rodolfo se excusa: tiene que terminar el artículo de la revista para la que trabaja ocasionalmente: "El Castor"; en cuanto termine se reunirá con ellos ("Io resto"). Colline toma una decisión heroica: irá al barbero a cortarse el pelo y recortarse la barba. Dando traspiés en la oscuridad, Marcello, Schaunard y Colline bajan la escalera y se van. 


Rodolfo se sienta para escribir, pero sus ideas no fluyen. Repentinamente, llaman a la puerta; es Mimì, una vecina de la buhardilla superior, que se ha quedado sin luz por una ráfaga de viento. Rodolfo se enamora al instante de la muchacha, que se encuentran tan débil que se desmaya en sus brazos ("Chi è la?"). El poeta trata de reanimarla con un sorbo de vino. Una vez repuesta, Mimì quiere marcharse pero, en la puerta, una nueva ráfaga de aire le apaga la vela. Rodolfo, para que se quede, apaga también la suya. En la oscuridad, a Mimì se le cae la llave de su cuarto. Juntos, empiezan a buscarla; Rodolfo la encuentra, pero la oculta en un bolsillo. Ella sigue buscando y, a oscuras, las manos de los dos se encuentran ("Si sente meglio?"). Rodolfo se sorprende de la frialdad de la manita de Mimì ; le cuenta un poco quién es, a qué se dedica y le pide que, ella también, le hable un poco de sí misma... ("Che gelida manina").


...es entonces cuando ella le dice que, aunque la llaman Mimì, su verdadero nombre es Lucía ("Si, mi chiamano Mimì"). 

Los amigos de Roberto, que le esperan abajo impacientes, le llaman a voces. Rodolfo les replica que ya bajará. Mimì sugiere que puede unirse a ellos, aunque Rodolfo preferiría quedarse con ella en la buhardilla. Finalmente ambos, del brazo, empiezan a caminar despacio, ensimismados, bajo la clara luz de la luna ("Soave fanciulla").


Continuará...

Fragmentos de audio:
Mimì: Renata Tebaldi.
Rodolfo: Giacinto Prandelli.
Marcello: Giovanni Inghilleri.
Schaunard: Fernando Corena.
Colline: Raphael Arié.
Benoît/Alcindoro: Melchiorre Luise.
Musetta:  Hilde Geeden.

Fragmentos de vídeo:
Mimì: Cristina Gallardo Domâs
Rodolfo: Marcelo Álvarez.
Marcello: Roberto Servile.
Schaunard: Natale de Carolis.
Colline: Giovanni Battista Parodi.
Benoît: Matteo Peirone.

(Fuentes: "Guía universal de la ópera" de Roger Alier, "Ópera", de András Batta, www.liberliber.it y www.youtube.com).

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