Bienvenido

Bienvenido, amable navegante, a mi pequeño rincón. Si has llegado hasta aquí es que, como poco, sientes curiosidad por la ópera. Quizá seas un experto. Quizá sólo has echado un somero vistazo a este tema y te preguntas qué es lo que mueve a un aficionado a la ópera. O quizá, ni lo uno ni lo otro... ¿qué más da?.

Ante todo, he de decir que ni soy una erudita en esta materia ni lo pretendo. Este blog quiere servir, simplemente, de lugar donde reflexionar, donde compartir experiencias, opiniones, sentimientos, etc., acerca de un mundo que para mí es muy enriquecedor.

TRADUCTOR

English plantillas curriculums vitae French cartas de amistad German documental Spain cartas de presentación Italian xo Dutch películas un link Russian templates google Portuguese Japanese Korean Arabic Chinese Simplified

miércoles, 11 de abril de 2012

PASIÓN, CELOS, INTRIGA... EN UNA PALABRA: "TOSCA" (II)


Palazzo Farnese

Llega el segundo acto y, con él, la acción se traslada al Palazzo Farnese, al despacho del malvado Scarpia. La ambientación no puede ser más sobria: una enorme mesa imitación al mármol ante la que está sentado Scarpia (a la derecha, rompiendo un tanto el equilibrio del conjunto) que, se supone, está cenando; tras él, sobre la pared del fondo, un enorme mapa enmarcado. "¿Y la ventana?" pensé para mis adentros; porque se supone que tendría que haber una ventana que en un momento dado, a una orden de Scarpia, Sciarrone se encarga de abrir... "en fin, ahora veremos..." me dije.

Empieza a cantar Scarpia y, al poco, le dice a Sciarrone aquello de: "Apri" para escuchar mejor la música que ha empezado a sonar y que llega, amortiguada, de un patio cercano (es parte, recordemos, de la celebración de la victoria contra Napoleón). Y ¿qué hace Sciarrone?: como no hay ninguna ventana que abrir ¡¡le da un golpecito al marco del cuadro que hay colgado en la pared!! Y el cuadro, como por arte de magia, se torna transparente y, a través del él, vemos al coro que va a poner voz a la "cantanta" que está sonando. Es decir, que unas veces no nos estaban mostrando nada (ni "pila", ni "colonna", ni "Madonna") y otras demasiado (¿para qué tenemos que ver al coro? ¿no es mucho más sugerente que sólo lo oigamos a través de una ventana que, por otra parte, es como escribió Puccini esta escena?)

En íntima unión con el final del primer acto, en el comienzo de éste segundo Scarpia continúa tratando de expresar (sin conseguirlo, a mi entender) todo el demencial deseo por Tosca que, como en un volcán, arde en su interior; cuanto más se resista ella, más sabrosa será para él su conquista: "Ha più forte sapore..." Lástima Marco Vratogna que parecía que iba mejorando al terminar el primer acto, pero no. No me resisto a ilustrar este fragmento con la actuación del que para mí es el Scarpia por excelencia: Titto Gobbi.


Aparece Spoletta que, temeroso, le dice a Scarpia que, por más que han buscado en la casa de campo de Mario, no han dado con Angelotti; el brote de ira de su "excellenza" que surge entonces se calma un poco cuando el esbirro le cuenta que al que sí han traído es a Mario. Al poco de entrar el "cavalliere" se empieza a escuchar la voz de "Tosca": "la sua voce!..." Comienza el interrogatorio y, dado que Mario niega una y otra vez saber nada sobre el paradero de Angelotti, Scarpia se enfurece más y más. Entra Tosca. Scarpia es ya un león que está perdiendo la paciencia con Mario; como el pintor sigue negando las acusaciones que se le hacen, Scarpia ordena que se lo lleven a la sala de tortura... ¿dónde dirías que está la sala de tortura? ¡¡bajo la mesa del despacho!! Comienza a elevarse el lado izquierdo de aquella enorme mole hasta que, se supone, deja al descubierto unas escaleras que conducen a un habitáculo subterráneo al que conducen a Mario a la fuerza. Vamos que ¡ni una de esas mesas convertibles de ikea!

Bien interpretada la tensa conversación que, a continuación, tiene lugar entre Scarpia y Tosca. Sólo bien. Entremezclados con los gritos torturados de Mario, los de Tosca, que ruega a Scarpia que le suelte. Y aquí hay algo que siempre me ha llamado la atención del libreto: primero Mario, mientras le están torturando, le grita a Tosca: "¡Calla, no me importa el dolor!" (si le dice "calla" está dando a entender que Tosca sabe algo) y más tarde le dice: "Tonta, ¿qué sabes?, ¿qué puedes decir?" (¿quiere dar a entender que Tosca no sabe nada? ¿en qué quedamos?) El caso es que, después de que el barón azuce a sus esbirros para que golpeen más y más fuerte a Mario, Tosca, al fin, acaba por confesar dónde está Angelotti: "Nel pozzo... nel giardino... (En el pozo, en el jardín)".

Traen a Mario, que está cubierto de sangre y apenas puede caminar. Tosca se abalanza sobre él como una leona que quisiese proteger a su cachorro (con tal vehemencia que, en lugar de protegerle, parece que va a devorarle). Scarpia, burlón, descubre ante Mario que Tosca, a pesar de que le está diciendo que no, ha confesado dónde se esconde Angelotti. Entra Sciarrone que, angustiado, anuncia a Scarpia que Napoleón ha vencido a Melas (batalla de Marengo) y que éste ha huido. Ante esta noticia, Mario "resucita" y estalla en un vehemente canto a la libertad, al derrocamiento de los tiranos como Scarpia, al que llama: "¡carnéfice! (¡carnicero!)". Tosca trata de hacerle callar, inútilmente. El pintor ya está condenado sin remedio y Scarpia hace que se lo lleven; será ejecutado al amanecer.

Vuelven a quedarse solos Scarpia y Tosca, y el diálogo entre los dos se supone que se va volviendo más lujurioso por parte de él y más angustiado por parte de ella (se supone, porque yo no me lo acabé de creer) ¿Y el "Vissi d'arte"? Yo lo percibí como un mero intento por parte de Oksana Dyka de lucir la voz, pero no me transmitió emoción. Por fin, con tremendo asco, Tosca acepta satisfacer el lúbrico deseo de Scarpia a cambio de la libertad de Mario. Después, la trampa de Scarpia que llama a Sciarrone para que se haga con el pintor "Come facemmo dal conde Palmieri...(Como hicimos con el conde Palmieri...)" el cual, supuestamente, iba también a sufrir un fusilamiento simulado pero acabó, como más tarde acabará Mario, muerto de verdad. 

Mientras Scarpia escribe el salvoconducto que Tosca le pide para que ella y Mario puedan huir tras el fingido fusilamiento, nuestra heroína, para darse ánimos, bebe un sorbo de una copa que se encuentra encima de la mesa (recordemos que, al principio de este segundo acto, Scarpia estaba cenando) y, entonces, ve el cuchillo... Siempre que veo esta escena, se me viene a la cabeza María Callas en aquella famosísima filmación con Tito Gobbi, recuerdo de qué forma era capaz de transmitir el sentimiento de angustiosa duda que surge en su interior cuando ve el cuchillo: "¿lo cojo? ¿no lo cojo?"; se queda paralizada al verlo, como si no pudiera creer aún que sus ojos están contemplando algo que puede salvarla de Scarpia... me parece difícil que esta escena se pueda interpretar mejor de lo que lo hizo aquella vez "La Divina" (Oksana Dyka lo hizo bien, pero sólo bien). Veamos de nuevo al genial Tito Gobbi y a la maravillosa Tosca que fue María Callas:


Por fin, Scarpia termina de escribir el salvoconducto y, muy decidido, se dirige hacia Tosca; ésta, para hacerle creer que le da facilidades, va y se tumba en el suelo... entonces, él se abalanza sobre ella y, en ese momento ¡zas! Scarpia siente, estupefacto, cómo el cuchillo atraviesa su carne...Gritos ahogados del uno, que agoniza, y de la otra que, victoriosa, se yergue triunfante, aún con el cuchillo en la mano, maldiciendo al "barone": "¡Muori! ¡muori!". Scarpia exhala su último aliento y es cuando a Tosca se le viene encima la envergadura del acto que acaba de cometer. Se enjuaga las manos que siente asquerosamente manchadas de sangre. Va de un lado a otro aturdida, en busca del codiciado salvoconducto; se da cuenta de que lo tiene Scarpia en la mano y, temerosa quizás de que el malvado, después de todo, no esté muerto, se lo quita con mucho recelo. Llegados a este punto, he de protestar ¡¡enérgicamente!! acerca de cómo se resolvió el final de esta escena en este montaje.

Vamos a ver. Yo tenía entendido que Tosca, tras cometer este asesinato, se ve asaltada por su conciencia que le hace perdonar a aquel que ahora yace muerto a sus pies y, guiada por un sentimiento religioso, coloca un candelabro a cada lado del cadáver, para velarlo y, sobre el pecho del muerto, un crucifijo. De hecho, hay unos determinados compases que marcan el momento preciso en el que Tosca debe colocar uno y otro candelabro y el crucifijo. Pues bien, en este montaje nuestra Tosca, mientras sonaban dichos compases, ¡se limitó a tratar de recuperar su capa, que había quedado atrapada bajo el cuerpo de Scarpia! Sobran más comentarios.

Al final de este segundo acto Tosca, en lugar de huir despavorida de la habitación (que es como se supone que termina la escena) se derrumba en la silla de Scarpia y allí se queda mientras baja el telón.

Continuará...

(Fuentes: fotopedia.com y www.youtube.com)

martes, 10 de abril de 2012

PASIÓN, CELOS, INTRIGA... EN UNA PALABRA: "TOSCA" (I)


Palau de les Arts Reina Sofía

Uno de mis primeros amores operísticos fue "Tosca", de Puccini. (Para los que no conozcáis la obra, os remito a una serie de entradas de este mismo blog; pinchando aquí: "¿Por dónde empiezo? Tosca, 1ª parte" podéis acceder a la primera de ellas.) Sólo la había visto una vez en el teatro, hace unos cuantos años, así que decidí que ya era tiempo de reencontrarme con este apasionado y apasionante drama en el que se mezclan el amor, los celos, la intriga política... y la muerte. Siguiendo aquella expresión que dice: "Si Mahoma no va a la montaña..." y, dado que no parecía que, a corto plazo, fuesen a programar "Tosca" en Madrid, me desplacé yo a Valencia, que es donde se representa la obra estos días, concretamente en el Palau de les Arts. La función que vi fue la del miércoles 4 de abril.

El Palau de les Arts es un edificio singular. Encuadrado dentro del complejo arquitectónico de la Ciudad de las Artes y las Ciencias, su forma le hace parecer un enorme pez, al que rodean zonas ajardinadas y láminas de agua distribuidas de forma un tanto laberíntica. Desde luego, se aparta totalmente de lo que uno ha entendido tradicionalmente por un teatro de ópera.

Por supuesto, tal y como era de esperar y cumpliendo las previsiones meteorológicas, ese miércoles llovió (cosa que, por otra parte, es ya tradición en Semana Santa), y llovió de lo lindo, así que los que aguardábamos en la entrada para ver la representación, a pesar de encontrarnos a cubierto, no veíamos el momento de acceder al recinto. Hacia las siete y cuarto se nos dio acceso al "hall" de aquel enorme edificio pisciforme; la sala principal, en donde iba a tener lugar la representación, no se abriría hasta un cuarto de hora más tarde así que mientras tanto, y para entretener la espera, se ofrecía al que gustase la posibilidad de tomar un pequeño tentempié. Por fin, a las siete y media, se permitió el acceso a la sala, y cada cual ocupó su asiento (en mi afán de estar lo más cerca posible, dado que he perdido un poco de nitidez visual, mi asiento resultó estar tan cerca de la orquesta que, literalmente, hubiese podido darle capones al director con sólo inclinarme un poco y alargar la mano).

A la hora prevista para el comienzo de la representación, las ocho, apareció el director y, tras los correspondientes aplausos de bienvenida por parte del público, se colocó en su sitio, de cara a la orquesta... unos segundos de espera... "¿por qué no empiezan?" pensaba yo; pero apenas me dio tiempo a completar mentalmente la frase cuando vi (con tremendo asombro, he de decirlo) cómo se proyectaba, sobre el telón aún bajado, una brevísima filmación en la que se veía cómo una mujer vestida de rojo, arrasados los ojos de lágrimas, se precipitaba al vacío... sobre ese fondo, sonaron los primeros compases... ¡a eso era a lo que estaban esperando!. "¡Pues empezamos bien!" pensé; a mi modesto entender, una de las escenas que más sobrecogen en "Tosca" es el final... y, para el que no conociera la obra ¡ya se lo estaban destripando desde el principio! En fin...

Montaje de "Tosca" en Montevideo
en el que la iglesia sí que parece una iglesia.

Se levanta el telón y vemos lo que se supone que es la iglesia de Sant Andrea della Valle... De acuerdo en que estamos en crisis, conforme con que hay que dejar algo a la imaginación, pero aquello rayaba en lo absurdo. Aparentemente, apenas unos pocos reclinatorios recordaban que el lugar era una iglesia; el resto del decorado eran dos paredes de forma cóncava, al fondo, cuya forma pretendía acentuar la sensación de perspectiva y, en primer plano, a la izquierda, una especie de plataforma, no muy elevada, a la que se accedía mediante dos o tres escalones. Entre otras preguntas, se me vino a la cabeza: "¿dónde puñetas está la "capella degli Attavanti"?

En seguida, llega el pobre y agotado Angelotti (Mika Kares), tropieza en su precipitación con un reclinatorio y, tras mirar a un lado y a otro con recelo, después de calificar su propio terror de "stolto", señala: "la pila... la colonna..." ("pero... ¿hacia dónde está señalando este hombre?" me digo a mí misma, porque allí no se ve por ninguna parte ni lo uno ni lo otro) y para rematar, dice: "a piè della Madonna..." y pone rodilla en tierra, de cara al público y recoge la llave: "Ecco la chiave... (Aquí está la llave...)" ("¡vaya, así que tenemos que imaginarnos que la Virgen está ahí!" pensé; porque, por supuesto, tampoco había tal Virgen... ) Hombre, una cosa es el minimalismo a la hora de montar un decorado, pero la falta de elementos que, a mi parecer, son esenciales en la acción, pues dan sentido a la letra del libreto y caracterizan la escena, creo que es llevar las cosas demasiado lejos. Pero, por supuesto, sólo es mi opinión.

Continúa el fugitivo con su anhelante monólogo: "... ed ecco la capella! (... ¡y aquí está la capilla!)"... ("¿la capilla?, ¿dónde?" prosigo yo en mis mudas reflexiones, cuando veo que Angelotti señala al suelo... abre una puerta y desciende hacia lo que, más que una "capella" se diría que es una "catacomba"). Una vez se ha refugiado ya en su incómodo escondite, llega el sacristán acompañado, no sabemos por qué, de un monaguillo (en el libreto, el niño no aparece). Fantástico, eso sí, este sacristán que fue Valeriano Lanchas, fabuloso tanto en voz como en actuación.

Al poco, aparece el pintor, Mario Cavaradossi (acompañado de otro niño, que tampoco aparece en el libreto); ¿dónde se halla el cuadro que se supone que está pintando? ¡oh sopresa!, los niños hacen girar aquella misteriosa plataforma y descubrimos que tiene forma de cuña, y que el lienzo está montado sobre ella de forma que, para pintar, Mario no tiene más remedio que tumbarse sobre el propio cuadro; ¿resulta creíble que un pintor pueda trabajar así? yo creo, rotundamente, que no.

Llega entonces la "recondita armonia..." que Mario, Jorge de León, interpretó de forma magistral, con un torrente de voz que llenó aquel inmenso espacio escénico. Apenas concluyó, recibió una merecidísima ovación, salpicada de más de un "¡¡bravo!!" (uno de los cuales fue de una servidora). Escuchemos a este magnífico tenor en este primer aria de "Tosca":

¡Grande Jorge de León!

Tras unos cuantos gruñidos, el sacristán se retira; se las promete muy felices porque Mario le dice que no piensa probar ni la comida ni el vino que le ha traído. Los niños también se van y, una vez solo Mario, se abre la puerta de la ¿capilla? y Angelotti, cual hombre-rana, sube a la superficie. Tras un breve diálogo les interrumpe la voz de Tosca que, desde lejos, llama: "¡Mario!, ¡Mario!". Angelotti vuelve a esconderse y entra una Floria Tosca (Oksana Dyka) muy enérgica, quizá demasiado vehemente de entrada. Después de un precioso dúo de ambos y de la escena de celos ("...e l'Attavanti! (...¡es la Attavanti!)") respecto al cuadro que está pintando Mario, Tosca, por fin, se marcha. Resurge entonces Angelotti de su subterráneo escondite y, tras deliberar ambos acerca de lo que deben hacer, al oír el cañón del castillo que indica que se ha descubierto la fuga de Angelotti, corren los dos a esconderse en la casa de campo de Mario.

Poco después, vuelve a entrar el sacristán, muy agitado, para comunicarle a Mario la noticia de que Napoleón ha sido derrotado. Se sorprende de no encontrar al pintor. En seguida, un tropel de chiquillos le rodea preguntando qué ocurre y el sacristán, muy agitado, les dice que esa noche se va a festejar por todo lo alto la victoria contra Napoleón, que habrá un gran desfile y un recital en el que cantará Floria Tosca. La algarabía que se forma es mayúscula, y marca la entrada en escena del malvado Scarpia (Marco Vratogna) el cual ha de cortar en seco el jolgorio. Momento muy comprometido para el intérprete de este personaje. Quizá le faltó a su  "excellenza" imprimir un pelín más de "autoritaria ira" a su entrada pero bueno, bastante bien.

Los esbirros de Scarpia ponen todo patas arriba en busca de Angelotti. Y hete aquí que nuestro "barone" va y demuestra tener poderes adivinatorios porque, antes de que Sciarrone, uno de sus secuaces, ponga en sus manos el abanico de la marquesa Attavanti que encuentra en la capilla, ya está él cantando (mientras no deja en ningún momento de mirar "al tendido"): "...ma lasciò una preda... preziosa... (...pero dejó una prenda... preciosa...)" Adivino que debía de ser el hombre...

El cabreo de Scarpia va cada vez más en aumento y el sacristán está ya no temeroso, sino aterrorizado; muy bien los dos transmitiendo uno y otro estado de ánimo. En estas, se oye la voz de Tosca, que vuelve, y nuestro Scarpia-Vratogna concentra una enorme dosis de veneno en las palabras que, más que pronunciar, escupe: "Per ridurre un geloso allo sbaraglio / Iago ebbe un fazzoletto... / ed io un ventaglio! (Para inducir a un celoso a errar / Iago tenía un pañuelo... / ¡y yo tengo un abanico!)" Utilizará a la diva para llegar hasta Angelotti al que, sin duda, Mario ha ayudado a escapar. Entra Tosca en busca de Mario y se sorprende al no encontrarle. Scarpia entonces, con un tono entre lascivo e irónico, va despertando, poco a poco, los celos de Tosca, hasta que ésta estalla y sale corriendo para sorprender juntos, cree, a su amado Mario y a la marquesa Attavanti. Y, tras ella, Scarpia envía, como perros de presa, a sus esbirros.

Este primer acto culmina de forma apoteósica con el archiconocido "te deum"; personalmente, me encantó cómo lo intepretó Marco Vratogna, me resultó libidinosamente creíble; había empezado la ópera bastante bien pero iba a mejor. No he logrado encontrar este "te deum" interpretado por él, pero veamos, para terminar esta primera parte de mi comentario sobre la "Tosca" del Palau de les Arts, la impresionante interpretación que hace Ruggero Raimondi de este "te deum":

Ruggero Raimondi, encarnando a un Scarpia
que da verdadero miedo.

Continuará...

(Fuentes: flickr.com y www.youtube.com)

lunes, 9 de abril de 2012

UN BAILE AÚN MÁS ENMASCARADO DE LO QUE PARECE (III)

Acto III Cuadro I

Nos encontramos en la biblioteca de la casa de Renato y Amelia. La furia de Renato es tal que está determinado a dar muerte a su mujer, para que ésta pague así con su sangre la ofensa que le ha hecho. Amelia le ruega que, por lo menos, le deje ver por última vez a su hijo; Renato se lo concede. Cuando Amelia se retira a la habitación del pequeño, Renato, solo con sus reflexiones, llega a la conclusión de que quien tiene que morir es aquel cuyo retrato cuelga del a pared de la biblioteca: el conde Riccardo, porque él es el culpable de su deshonra. Veamos la interpretación de este "Eri tu che macchiavi..." en la voz y en el talento interpretativo de Titto Gobbi (disculpad que no haya encontrado este mismo fragmento aislado correspondiente a la grabación que he venido utilizando para ilustrar este "baile de máscaras" pero, aunque la voz no sea la del magnífico Marco Vratogna, creo que merece la pena contemplar la lectura que hace del personaje el genial Titto Gobbi):


Llegan Tom y Sam a los que, como sabemos, Renato había citado en su casa. Ante la sorpresa de ambos conspiradores, Renato, que hasta la fecha había sido un fiel defensor de Riccardo, les dice que quiere unirse a ellos para matarle. A fin de que se convenzan de que es esa realmente su intención, les ofrece la vida de su propio hijo, de su único hijo, como garantía de que no les va a traicionar.

La cuestión que ahora se plantea es cuál de los tres será el brazo ejecutor. Para saldar la disputa que surge entre ellos al respecto, Renato escribe los tres nombres en otros tantos papeles, y los introduce en un cesto; justo en ese momento, Amelia entra en la estancia, y Renato tiene la diabólica idea de que sea ella msima la que, sin saberlo, escoja al que será el verdugo de su amante. Amelia duda, se resiste, pero Renato le obliga a meter la mano en el cesto; saca un papel y el nombre elegido es... ¡el del propio Renato! El rostro del marido de Amelia se ilumina con una insana y loca alegría, lo que hace que ella se reafirme en la sospecha de que los tres están tratando algo turbio y siniestro.

Llega entonces Oscar, el paje de Riccardo, para invitar al matrimonio al espléndido baile de máscaras que el conde ha organizado para esa misma noche. Renato farfulla algo entre dientes, y Sam y Tom afirman que ellos también asistirán.


Acto III Cuadro II

Sentado ante la mesa de su despacho, Riccardo escribe la orden en virtud del a cual Renato partirá para Inglaterra, junto con su esposa, para ocupar una nueva posición. Con este gesto, su intención es cortar su relación con Amelia antes de llegar a algo censurable. Sin embargo, no puede reprimir su emoción al pensar en el baile en el que aún la verá una vez más, la última vez. Veamos cómo Riccardo se despide de su amada Amelia en la veraz y emotiva interpretación de Marcelo Álvarez: "Forse la soglia attinse...":

"Ma se m'è forza perderti..."


Acto III Cuadro III

Ha empezado el baile. Oscar, aunque está disfrazado, se hace reconocer por sus constantes indagaciones acerca de la identidad del resto de enmascarados. Renato trata de sonsacarle cuál es el traje que viste Riccardo; en un principio, Oscar se resiste a decírselo, pero Renato insiste alegando que quiere saberlo para proteger al conde de un posible atentado. Al fin, Oscar le da algún detalle, si bien no muy preciso, del traje que lleva el conde.

Riccardo y Amelia se han encontrado. Riccardo le explica su gesto, la orden de traslado a Inglaterra, y le ofrece su adiós. "¡Sí, adiós!" le grita Renato al tiempo que le clava un puñal. Se detiene la música. Mientras agoniza en el suelo, Renato perdona a todos sus enemigos, y revela a Renato que el amor que, aunque ama a su esposa, ni él ni ella tienen nada de qué avergonzarse; le muestra entonces, como prueba de su honesta intención al respecto, la orden que había firmado para que marido y mujer emprendiesen una nueva vida en Inglaterra. Renato lamenta amargamente el injusto crimen que acaba de cometer, y Riccardo muere entre los lamentos de todos los presentes. Veamos el final de este gran montaje del Teatro Real de 2008:

"Ella è pura..."

Como es habitual, os dejo un enlace al: libreto de "Un ballo in maschera".

(Fuentes: "Guía universal de la ópera", de Roger Alier y www.youtube.com)

domingo, 8 de abril de 2012

UN BAILE AÚN MÁS ENMASCARADO DE LO QUE PARECE (II)


Acto I, Cuadro II
Nos encontramos en la cueva de Ulrica. La hechicera está sentada frente a una caldera que humea, y una multitud escucha mientras Ulrica evoca al "Rey de los abismos". Contemplemos a Elena Zaremba encarnando a una impresionante Ulrica:


Un marino, llamado Silvano, viene a consultarle por qué en quince años de servicio nunca ha sido ascendido ni recompensado. Ulrica le predice que, muy pronto, su fortuna va a cambiar. Riccardo, que se encuentra entre los presentes, disfrazado, rápidamente se las arregla para escribir una nota de ascenso e introducirla en el bolsillo del marino junto con una moneda de oro. Cuando Silvano encuentra la nota y el dinero en el bolsillo, todos aclaman la habilidad de Ulrica.

Llaman a la puerta; es un criado que Riccardo reconoce como servidor de Amelia, que viene a pedir audiencia ante Ulrica para su señora. La hechicera hace salir a todos (aunque Riccardo se queda, escondido) y reciba a Amelia, que viene a pedirle algún remedio que le haga olvidar un amor culpable ante el que no quiere ceder. Ulrica le sugiere unas hierbas que crecen en el campo del horror, donde cuelgan a los condenados a muerte; ha de ir sola a recogerlas, a media noche. Amelia afirma que irá y Riccardo, desde su escondite, asegura que él también.

Se va Amelia y entran, disfrazados, Oscar y los miembros del gobierno que han seguido a Riccardo, incluyendo a Tom, Sam y otros conspiradores. Riccardo que, como hemos dicho, también va disfrazado, se aproxima a Ulrica y, extendiendo la mano, le pide que le prediga su fortuna. Veamos con qué veracidad interpreta Marcelo Álvarez el conocidísimo aria: "Dì tu se fedele..."


La adivina toma la mano de Riccardo pero, en seguida, la rechaza, diciendo que es la mano de un gran hombre, pero que no puede decir más. Riccardo insiste y Ulrica asegura que morirá pronto, a manos de... ¡un amigo! Riccardo se ríe y pregunta por el nombre de su futuro asesino; Ulrica contesta que será aquel que le dé primero la mano. Riccardo lo toma a broma, y trata de que los presentes le den la mano, pero ninguno quiere hacerlo. En ese momento entra Renato, siempre preocupado por la seguridad de Riccardo; éste le da la mano y Renato, que no sabe lo que ocurre, se la estrecha sin dudar. Riccardo, riendo, toma este hecho como prueba concluyente de que la profecía de Ulrica es falsa; luego, le da dinero a la adivina, que sigue insistiendo en que cerca de Riccardo hay un traidor, quizá más de uno. Tom y Sam, nerviosos, inician la retirada. Llega Silvano, que ha descubierto que el conde está en la cueva y ha llamado a varios marineros, que vitorean a Riccardo mientras el resto de sus amigos se suma a los elogios.


Acto II
Estamos en el "hórrido" campo indicado por Ulrica, donde se ven las sombras de las horcas, de las que penden algunos ajusticiados. Amelia llega a recoger las hierbas que, según la hechicera, le harán olvidar aquel amor prohibido; está transida de horror, que se refleja en un desgarrador recitativo y aria, que aquí os ofrezco en la voz de la gran Violeta Urmana:



Riccardo, que ha seguido a Amelia, aparece de pronto y le ruega que le diga que le ama; ella se resiste a confesarlo pero, al fin, se rinde y lo reconoce. La intimidad entre los dos se rompe por la repentina llegada de Renato que, preocupadísimo, ha seguido a Renato para advertirle de que le acecha una emboscada, y que sólo queda un camino por el que puede huir. Sin embargo la dama que le acompaña (Amelia, que se ha cubierto con un velo justo a tiempo para que Renato no la reconozca) no podrá acompañarle porque la vía de huida es muy agreste. Riccardo acepta marcharse con la condición de que Renato no trate de saber quién es la dama y la acompañe, velada, hasta los límites de la ciudad. 

Una vez se ha marchado Riccardo, llegan los conspiradores y sorprenden a Renato y a Amelia; creyendo que se trata del conde se disponen a atacarlo, pero Renato se da a conocer. Los emboscados quieren saber quién es la mujer y, entre grandes risotadas, le quitan el velo y descubren que se trata de la propia mujer de Renato el cual se queda... estupefacto. Todos se ríen del secretario de Riccardo, su fiel amigo y servidor, mientras él hierve de celos y furia. Llevado por su indignación, convoca a Sam y a Tom en su casa a la mañana siguiente.

Continuará...

(Fuentes: "Guía universal de la ópera", de Roger Alier y www.youtube.com)

sábado, 7 de abril de 2012

UN BAILE AÚN MÁS ENMASCARADO DE LO QUE PARECE (I)

Máscaras venecianas

El origen de la historia que cuenta la ópera de 1859 "Un ballo in maschera" (Un baile de máscaras), con música Giuseppe Verdi y libreto de Antonio Somma, es un hecho real: el asesinato del rey Gustavo III de Suecia, el 16 de marzo de 1792, durante un baile de máscaras celebrado en los salones de la Ópera de Estocolmo. Unos años antes, Eugène Scribe había recogido el mismo episodio en un libreto sobre el que Daniel François Auber había compuesto su ópera "Gustave III ou le bal masqué" (1833); idéntico argumento sería asimismo utilizado por el libretista Salvatore Cammarano para la ópera de Saverio Raffaele Mercadante, "Il regente" (1843). Escuchemos un fragmento de la ópera de Auber:


A pesar de que, por lo tanto, no era la primera vez que el tema se llevaba a la escena lírica el proyecto de Verdi y Somma tuvo variadas y serias dificultades con la censura. Hay que tener en cuenta que, por aquel entonces, Italia aún se encontraba bajo el dominio austríaco, por lo que era de esperar que los censores se cebasen en una obra en la que se asesinaba a un rey.

A finales de 1857 el libreto de la ópera, que en un principio se llamó "Gustavo III", fue presentado ante la censura napolitana que impuso, como principal objeción, la prohibición de presentar en escena el asesinato del monarca; la acción se trasladó de Estocolmo a la pequeña ciudad de Stettin, en Pomerania, y el rey de Suecia se convirtió en duque de Pomerania; se cambiaron asimismo los nombres de los personajes del libreto de Scribe y la obra pasó a ser "Una vendetta en dominó". Pero aquí no terminaron las vicisitudes  de esta ópera. El 14 de enero de 1958, justo cuando iban a empezar los ensayos, tres italianos intentaron asesinar al emperador Napoleón III en París; a raíz de este atentado, los censores impusieron nuevas trabas a la obra, lo que provocó la ira de Verdi, que rompió su contrato y fue demandado por la gerencia del Teatro San Carlo.

Al cabo de unos meses, cuando las disputas legales se resolvieron, Verdi presentó el libreto y el esquema musical de su "Gustave III" (que se convirtió en "Una vendetta", con los nombres de los personajes y de los lugares cambiados) al Teatro de la Ópera de Roma. Confiaba en la mayor laxitud de la censura vaticana; sin embargo ésta pidió ulteriores cambios, de tal modo que Verdi tuvo que trasladar la acción de Europa a la "inocua" Boston, a finales del siglo XVII; en vez de rey, el protagonista principal pasa a ser Riccardo, el conde de Warwick. En este punto fue en el que la ópera se convirtió en "Un ballo in maschera", ambientado en Norteamérica, y se estrenó (¡al fin!) en el Teatro Apollo de Roma, el 17 de febrero de 1859. Escuchemos, para "abrir boca", la magnífica obertura de este ballo in maschera:


Personajes

Riccardo.- Gobernador de Boston (en realidad, el rey Gustavo III de Suecia), enamorado de Amelia, esposa de su amigo Renato. Papel para tenor.
Amelia.- Esposa de Renato, enamorada de Riccardo. Soprano.
Oscar.- Paje del gobernador. Papel de jovencito gracioso interpretado por una mujer.
Ulrica Arvidson.- Adivina con dominio de las ciencias ultraterrenas. Papel breve, pero impactante, para contralto.
Renato Anckarström.- Lugarteniente y amigo del gobiernador. Papel para barítono.
Samuel y Tom.- Pareja de conspiradores. Ambos bajos.
Un juez.- Papel mínimo para tenor.
Silvano.- Un marino. Papel breve para barítono o bajo.
Un criado.- Papel ínfimo para tenor.
Coro.- Intervenciones importantes.

Argumento

Acto I, Cuadro I
Riccardo, conde de Warwick, gobierna en Boston; es admirado y alabado por muchos de sus súbditos pero otros (entre ellos Sam y Tom) están muy lejos de compartir esta opinión. Entra Riccardo en escena seguido de su paje, Oscar, y se pone a despachar los asuntos de gobierno; Oscar le muestra la lista de invitados al baile de máscaras que tendrá lugar muy pronto y, al ver entre ellos el nombre de Amelia, esposa de su secretario Renato, Riccardo se deja llevar por fantasías amorosas que le hacen soñar despierto.

El conde hace salir a todos y se queda solo en escena; al poco, entra Renato, que trata de advertirle de que se está preparando una conspiración contra él, aunque Riccardo no le hace mucho caso. Oscar anuncia la llegada del Juez, que pide a Riccardo que firme un documento en virtud del cual se expulsa del país a la adivina Ulrica. Dado que Oscar defiende con vehemencia a la mujer, y para comprobar por sí mismo si merece o no el destierro, Riccardo decide ir, acompañado de un séquito (todos ellos disfrazados) a ver a Ulrica a la cueva donde, dicen, ejerce la brujería. Renato se asusta; teme que, en la confusión del lugar sea fácil atentar contra Riccardo; si él se perdiera, argumenta Renato, "¿qué sería del país?". Por fin, todos se disponen a comprobar en qué consiste exactamente la labor adivinatoria de Ulrica.

Continuará...

(Fuentes: "Guía universal de la ópera", de Roger Alier, wikipedia, fotopedia.com y www.youtube.es)

viernes, 6 de abril de 2012

ANECDOTARIO OPERÍSTICO (X)

Perspectiva de la lámpara
del Teatro La Scala

Veamos hoy con un par de anécdotas en torno al unas veces cómico, otras dramático, en ocasiones desconcertante, no pocas veces ingenioso y siempre emocionante mundo de la lírica. Empecemos con un episodio que, particularmente, me ha hecho llorar de emoción. Se refiere al grandísimo tenor que fue Giacomo Lauri-Volpi.

En enero de 1972, el empresario Joan-Antoni Pàmias celebraba sus 25 años de dedicación al Gran Teatro Liceo de Barcelona. Con tal motivo organizó allí un espléndido recital, que contó con figuras que acudieron expresamente para el acontecimiento. Entre la extensísima lista de participantes (el recital acabó sobre las tres de la madrugada), figuraba el nombre del veterano Giacomo Lauri-Volpi, que por entonces tenía ya ochenta años de edad. A algunos quizá les pareciera cosa de broma, pero lo cierto es que, poco antes de la una de la madrugada, apareció en escena el mítico tenor, y cantó "Nessun dorma" (aria que Puccini había escrito pensando en su voz) de un modo tan rotundo, tan poderoso, con un agudo tan limpio y potente en el "...Vincero!" final que el teatro entero se puso en pie, y arrebatado, le cubrió con una lluvia de aplausos.  El propio tenor, embargado por la emoción, se tambaleó ligeramente al terminar el aria. ¡Quién hubiera podido estar allí para verlo!; al menos, nos queda la grabación que, afortunadamente, se hizo de aquella escena:

¡Grande Giacomo Lauri-Volpi!

Y ahora, una anécdota que cuenta cómo tal vez el "Fausto" de Gounod, y quizás también el propio compositor (dado que fue "Fausto" la ópera que le abrió las puertas del mundo lírico), hubieran permanecido en la sombra para los amantes de la ópera de no ser por el ingenio de un avispado empresario.

Como ya sabemos, el "Fausto" de Gounod se estrenó en el Théâtre Lyrique de Paris el 19 de marzo de 1859. Pocos días antes del estreno, no se habían vendido más que unas pocas sillas para un total de cuatro representaciones. A la vista de tan desolador panorama, el empresario decidió recurrir a una ingeniosa argucia: regaló las entradas restantes para las tres primeras representaciones a gente que vivía fuera de la ciudad, y luego publicó un anuncio en la prensa local en el que se decía que las entradas para las tres primeras representaciones estaban agotadas. Y como la curiosidad es algo innato al ser humano el público, preguntándose a qué se debía tamaño revuelo, agotó las entradas para la cuarta representación, al final de la cual los espectadores enloquecieron, convencidos de que habían asistido a un espectáculo que marcaría historia. Gounod fue llamado a saludar varias veces, y la obra se mantuvo en cartel muchas noches consecutivas, porque toda la ciudad quería ir a verla. Escuchemos, de nuevo al maravilloso Giacomo Lauri-Volpi, interpretando, de "Fausto", "Salut! demeure chaste e pure...!":

De nuevo el genial Lauri-Volpi ¡¡Bravo, Maestro!!

(Fuentes: "Sotto voce", de Roger Alier, "Ópera para dummies", de David Pogue y Scott Speck, fotopedia, y www.youtube.com)

jueves, 5 de abril de 2012

IL TRITTICO (III): GIANNI SCHICCHI


Dante Alighieri

Si, en función de la impresión que produjo en mi ánimo, tuviese que describir con una sola palabra esta tercera y última parte del "Trittico" pucciniano, sólo se me ocurre una: "¡genial!" "Gianni Schicchi" me pareció una delicia de principio a fin, una joya que concentra en su breve duración toda la esencia de una historia divertidísima contada de modo magistral. Como ya sabemos, Giovacchino Forzano, autor del libreto de "Suor Angelica", se inspiró en un comentario anónimo de 1866 sobre "La Divina Comedia", de Dante para contar esta historia que bien puede ejemplificar aquella frase que habla de "ir a por lana y salir trasquilado".

La acción transcurre en Florencia, en el año 1299. Son las 9 de la mañana del día 1 de septiembre y nos encontramos en la alcoba del rico Buoso Donati, que acaba de morir. Ocho de sus codiciosos parientes rodean con hipócrita desconsuelo el lecho en el que éste yace. Ante el rumor que corre de que el viejo ha dejado la parte más valiosa de sus pertenencias (la mula, la casa en la que ahora se encuentran y los molinos de Signa) a un convento de monjes, los ocho emprenden una búsqueda frenética del testamento; al fin, Rinuccio, sobrino de Zita, prima de Buoso Donati, lo encuentra pero, antes de entregárselo a su tía, le impone a ésta la condición de que, si el documento es favorable a la familia, le permitirá casarse con la hija de Gianni Schicchi, Lauretta. La tía acepta, coge el testamento y manda llamar a Gianni Schicchi; pero cuando el documento se lee y se confirma que, en efecto, Buoso Donati ha dejado lo mejor de su fortuna a unos monjes, todos se ponen furiosos y se niegan en redondo a permitir que Rinuccio se case con Lauretta.  "¿Quién me habría dicho que cuando Buoso se fuera al cementerio iba a llorar de verdad?" dice Zita. Rinuccio replica que se equivocan con Gianni Schicchi; quizá sea la única persona que les puede ayudar: "Avete torto...!":

Massimo Giordano es Rinuccio

Llegan Schicchi y Lauretta, y son recibidos fríamente. Los parientes de Rinuccio no van a dejar que éste se case con la hija del que, dicen, es un advenedizo. Por su parte Schicchi, ante semejante trato, tampoco quiere emparentar con tales personajes; Lauretta entonces amenaza con suicidarse si su padre no le deja casarse con Rinuccio: "O mio babbino caro..."

María Callas, una incomparable Lauretta

Rinuccio insiste en que Schicchi puede resolver el problema y al fin le dejan, si bien de mala gana, que lo intente. Schicchi hace salir a su hija de la habitación. Después de leer detenidamente el testamento de Buoso, por fin, encuentra una solución; salvo los presentes, aún no sabe nadie que Buoso Donati ha muerto, de modo que él, Gianni Schicchi, le suplantará y otorgará un nuevo testamento.

Mientras Schicchi se disfraza de Buoso Donati, los parientes tratan de sobornarle, cada uno por su parte, para que les deje la mejor parte de la herencia. Antes de que de comienzo la superchería, Schicchi recuerda a todos que, si les descubren, el castigo por suplantar a otro y dictar en su lugar un testamento, tanto para el culpable como para sus cómplices es, primero, cortarles una mano, y luego el exilio.

Se hace venir a un notario, acompañado de dos testigos. Ante él, y encontrándose presentes los codiciosos familiares de Donati, Schicchi dicta, en efecto, un nuevo testamento, en el que lega a uno esto, a otro aquello... hasta que llega a la parte más jugosa de la herencia, la mula, la casa de Florencia y los molinos de Signa, todo lo cual lo lega a su devoto amigo... ¡¡Gianni Schicchi!! La furia de los familiares del verdadero Buoso está a punto de estallar, pero Schicchi apaga sus ganas de descubrir al notario la suprechería recordándoles cuál es el castigo por suplantar a alguien y otorgar en su nombre un testamento. Cuando el notario se va, Schicchi echa de la que ahora es su casa a aquellas aves de rapiña. En cuanto a Lauretta, como ahora dispone de una dota, no hay obstáculo para que se case con su amado Rinuccio. Y así Schicchi, al final de la ópera, siguiendo la tónica de la commedia dell'arte, pide la indulgencia del público en forma de aplauso: "¿Díganme, señores, si los centavos de Buoso podían terminar mejor?".

Os dejo un enlace al: libreto de Gianni Schicchi.

(Fuentes: "Guía universal de la ópera", de Roger Alier, www.todoperaweb.com.ar, fotopedia y www.youtube.com)

miércoles, 4 de abril de 2012

IL TRITTICO (II): SUOR ANGELICA


Convento en Siena

Tal y como comenté en la entrada del pasado lunes, 2 de abril, cuando terminó "Il tabarro", Puccini aún no sabía cuáles serían las otras dos obras que compondrían la trilogía en cuya elaboración se había embarcado. Fue Giovacchino Forzano el que le presentó el tema de "Suor Angelica" que, de inmediato, embelesó a Puccini.

La historia transcurre en un convento de monjas, cerca de Siena, en la segunda mitad del siglo XVII. En las primeras escenas, Puccini describe el día a día en un convento, que se desarrolla siempre bajo la atenta y estricta vigilancia de la hermana celadora y de la maestra de las novicias. Durante la hora de recreo, las hermanas comentan alegremente que aquella es la primera de las tres tardes que, cada año, el sol poniente alcanza la fuente que hay en el patio y vuelve doradas sus aguas. Este hecho hace que recuerden a una hermana que murió, Blanca Rosa; la hermana Genoveva sugiere que a la hermana Blanca Rosa le gustaría que derramasen un poco de ese agua dorada sobre su tumba.

Surgen pequeñas discusiones acerca de es lícito o no tener deseos. Alguna hermana, como Genovieffa, se atreve a decir que los tiene; los de la hermana Dolcina, golosa, son conocidos por todas. La hermana Angelica, sin embargo, afirma no tener deseos, pero las hermanas comentan que hace ya siete años que está allí incomunicada y que desea ansiosamente tener noticias de su familia. La conversación se ve interrumpida por la hermana enfermera, que llega muy agitada: mientras la hermana Clara se encontraba en el huerto, arreglando las rosas, un enjambre de avispas le ha picado en la cara, y ahora está transida de dolor. Enseguida, la hermana Angelica va en busca de unas hierbas para mitigar el dolor; las demás comentan que Angelica es única en este terreno.

Llegan las hermanas que se encargan de la intendencia, con un burrito que trae las provisiones que éstas han recogido para el convento. De pronto, se corre la voz de que un gran carruaje está apostado frente al convento; alguien importante visita la casa. Angelica, que trata de contener el corazón que se le desboca ante la posibilidad de que, por fin, la visita sea para ella, palidece. Aparece la abadesa, y llama a la hermana Angelica: la Zia Principessa (tía de Angelica) está en el locutorio, esperándola. La abadesa la acompaña y la deja sola en presencia de la temible anciana. Veamos y escuchemos a Barbara Frittoli y Stephanie Blythe en este dramático, terrible dúo:



Barbara Frittoli y Stephanie Blythe

como Suor Angelica y Zia Principessa

A solas las dos, la Zia Principessa explica a Angelica que ha dividido la herencia de sus padres, de quienes fue nombrada albacea a su muerte; trae consigo un papel que Angelica debe firmar, renunciando a la parte que le hubiera correspondido. Angelica le pide que tenga clemencia, que se inspire en aquel santo lugar, pero su tía sólo habla de penitencia. A continuación le dice que su hermana pequeña, Anna Viola, va a casarse; cuando Angelica pregunta con quién, su tía responde que con alguien que ha querido perdonar la culpa de quien manchó el escudo de la familia. Angelica le replica que ella se ha arrepentido de su pecado, pero que lo que no puede hacer es olvidar al hijo que tuvo, al hijo que le arrebataron, al que no pudo tocar y besar más que una sola vez... La princesa, implacable, le cuenta que hace ya dos años que su hijo contrajo un grave mal y que, aunque se hizo todo lo posible por salvarle, murió. 


Loca de dolor, Angelica cae al suelo. Entra la hermana tornera, y la tía le pide algo en voz baja. Entra también la madre abadesa junto con algunas hermanas más, y traen una mesita, tinta y una pluma. La tía coloca el pergamino sobre la mesa y Angelica firma. La tía y las hermanas se marchan. Sola en escena, la hermana Angelica evoca dolorosamente a su añorado y ya para siempre perdido hijo: "Senza mamma...". De nuevo, Barbara Frittoli:

"Senza mamma o bimbo, tu sei morto..."

Ha caído la noche, y todas las monjas se han retirado a dormir a sus celdas. Al cabo de un rato, la hermana Angelica vuelve a salir de la suya; enciende un pequeño fuego sobre el que coloca un cazo con agua y, en él, echa varias hierbas del jardín. Su hijo la llama, tiene que ir con él... Se despide del convento y bebe el veneno que acaba de preparar... De pronto, se da cuenta del grave pecado que acaba de cometer por amor a su hijo, y ruega a la Virgen que la perdone. La Virgen aparece reflejada en la pared del convento; lleva en los brazos al hijo de Angelica, que avanza hacia la moribunda. Angelica, que comprende que ha sido perdonada, muere.

Os dejo un enlace al: libreto de "Suor Angelica".

(Fuentes: "Guía universal de la ópera", de Roger Alier, wikipedia, zvanin.blogspot.com y www.youtube.com)

martes, 3 de abril de 2012

IL TRITTICO (I): IL TABARRO

Se llama tríptico, de modo general, a una obra de arte que se divide en tres secciones; la idea de Puccini de trasladar este esquema al mundo de la ópera con su "Trittico" supuso, a principios del siglo XX, un avance innovador en la historia del teatro cantado.

Un puerto cualquiera, de una ciudad cualquiera

Para empezar por el principio, justo es que hable hoy de "Il tabarro". Me costó decidirme a abordar un visionado serio y completo de esta ópera pero reconozco, y en ello no me duelen prendas, que la historia acabó "enganchándome". Había intentado sentarme a verla en varias ocasiones, pero a mi es que tanto recitativo... se me hacía lenta, pesada... Sin embargo, por fin, me decidí a ver un montaje de "La Scala" de 2008, con Juan Pons como Michele y Paoletta Maroccu como Giorgetta. El director, Riccardo Chailly. Como digo, me atrapó, llegó incluso a sobrecogerme, por la historia que cuenta y por la calidad interpretativa del reparto; el montaje recrea muy bien la atmósfera opresiva que se desprende de la historia; en cuanto a la música del maestro de Lucca, no me "enganchó" como en otras ocasiones, pero supe apreciar su valor dramático y descriptivo.

"Il tabarro" parece un cuadro tenebrista que haya cobrado vida. Tiende claramente al recitativo, con algunas "efusiones líricas" e incluye un "guiño" a otra ópera del propio Puccini (más adelante cuento de qué ópera se trata y dónde está el guiño). Con libreto de Giuseppe Adami, se basa en una pieza teatral de Didier Gold llamada "La houppelande" (1910) y es un retrato de los bajos fondos parisienses, concretamente de la zona portuaria. Se estrenó, junto con "Suor Angelica" y "Gianni Schicchi", en el Metropolitan Opera House de Nueva York,  el 14 de diciembre de 1918.

La acción se desarrolla sobre la barcaza de Michele, que se encuentra atracada en el Sena. Mientras los estibadores descargan la embarcación Giorgetta, la bella esposa de Michele, mucho más joven que él, le sugiere a su marido invitarles a un trago de vino; Michele está de acuerdo y trata de hacerle una carantoña, pero ella le rechaza. Michele baja al camarote.

Se reúnen los estibadores y comienzan a bailar por turnos con la patrona, al son de la música de un organillo que acaba de aparecer al fondo. El primero en bailar con Giorgetta es Tinca, pero es un tanto patoso y acaba pisándole un pie. A continuación, es Luigi el que saca a bailar a Giorgetta, y en seguida se hace evidente que hay algo entre ellos. De repente, aparece Michele y la alegre reunión se rompe.

Como el trabajo escasea, Giorgetta y Michèle hablan acerca de a cuál de los estibadores van a dejar de contratar; Giorgetta prefiere que no sea Luigi, a pesar de ser ésta la primera elección de Michele. A lo lejos aparece el vendedor de canciones, entonando una melodía que se escucha entrelazada con la conversación de Giorgetta y Michèle:

          "Primavera, primavera!
          Chi ha vissuto per
          amore, per amore si morì.
          È la storia di Mimì!..."
           
         "¡Primavera, primavera!
         Quien ha vivido por amor,
         morirá por amor.
         ¡Es la historia de Mimì!..."

Éste es el guiño al que me referería al principio, una sutil y encantadora referencia a la protagonista de "La bohème" pucciniana.

Michele parece estar de mal humor, y así se lo hace notar Giorgetta. La conversación entre los dos va subiendo de tono hasta correr el riesgo de convertirse en una pelea. Michele se retira al camarote. Llega "La Frugola", estrambótico personaje que recoge objetos que va encontrando en la basura; en su saco lleva desde un peine hasta un penacho de plumas. Viene en busca de su marido, Talpa, otro de los estibadores. Aparece Tinca, botella en mano, dispuesto a emborracharse; "La Frugola" le regaña. Y es aquí cuando llega una de esas "efusiones líricas" que se salen un tanto del recitativo que domina esta ópera: "Hai ben ragione...":

Plácido Domingo, como "Luigi" en "Il tabarro"

Tinca se despide deseando a todos buenas noches. "La Frugola" entona una canción que expresa su deseo de comprar una casa en el campo, donde vivirán ella y su esposo cuando se jubilen. Giorgetta replica que su sueño es muy distinto; ella y Luigi entonan un dúo en el que recuerdan los suburbios en los que ambos nacieron, en Belleville, añorado lugar al que ambos desean fervientemente volver.

Los estibadores se han marchado a excepción de Luigi, que quiere hablar con Michele. Durante un rato, Luigi y Giorgetta permanecen solos, y es cuando vemos confirmada nuestra sospecha de que, en efecto, son amantes. Aparece Michele y Luigi le pide que le permita desembarcar en Rouen; Michele le convence de que desista de su idea y, de nuevo se va. Solos de nuevo los dos, Giorgetta pregunta a Luigi por qué quería despedirse; él estalla y le replica que no puede soportar compartirla con otro. Se citan para esa noche; Giorgetta, como siempre, encenderá un fósforo como señal. La tensión del diálogo se desata en otra "expansión lírica" en la que Luigi se muestra decidido a matar a Michele y huir con Giorgetta: "Folle di gelosia..."

Vasile Moldovenau y Renatta Scotto en "Il tabarro"

Luigi se marcha. Michele sale del camarote con unos faroles encendidos; le pregunta a Giorgetta por qué aún no se ha ido a acostar. Los dos, por distintos motivos, se resisten a irse a dormir.

Giorgetta vuelve a sacar en la conversación a Luigi; le dice a su marido que ha hecho bien en no dejarle desembarcar en Rouen. Sin embargo a Tinca, sí que podría despedirle, porque siempre está borracho... Inmediatamente, Michele le replica que si Tinca bebe es porque tiene a una ramera por mujer, para no matarla... Y se lo dice en un tono que sobresalta a Giorgetta...

Michele ganado por la nostalgia y el amor que aún siente por su mujer, le pregunta a Giorgetta por qué ha dejado de amarle. Ella, fría, le replica que le sigue amando... Michele, airado, le dice que sabe que hace tiempo que ella no duerme... Entonces los dos recuerdan cómo el año anterior eran tres, pues estaba con ellos, en su cunita, su hijito, que murió... Giorgetta, profundamente perturbada, le pide a Michele que se calle. Pero él, en un afanoso y desesperado intento de despertar de nuevo el amor en ella, le recuerda cómo antes cabían los tres bajo su capote... Le pide, le ruega, que se que de con él, que le ame... Giorgetta se excusa diciendo que ya no es la misma, que el tiempo pasa. Michele, tan sólo con sus gestos, nos transmite que, al fin, se ha dado por vencido. Giorgetta se retira al camarote; cuando ha salido de escena, Michele le escupe: "Sgualdrina!" ("¡Ramera!").

Entre las sombras de la noche, al fondo, pasan dos amantes, como contrapunto a la dolorosa historia de Michele y de Giorgetta. Michele, solo en cubierta, espía a Giorgetta, atormentado por la sospecha. Se pregunta quién puede haberla transformado, qué maldita sombra ha descendido entre ellos para separarlos. ¿Será Luigi? Tiene que saberlo, despejar esa terrible duda y gritarle ¡eres tú! y, después... la paz está en la muerte.

Apesadumbrado, Michele prende una cerilla para encender su pipa; Luigi, que se encontraba escondido en el muelle, al ver el resplandor desde lejos cree que es la señal de Giorgetta, atraviesa corriendo la pasarela y sube de nuevo al barco. Michele, al reconocerle, se esconde; espera la ocasión propicia y se precipita sobre él, aferrándolo por la garganta. Luigi trata inútilmente de defenderse. Tiene lugar una terrible lucha entre los dos. Michele, con una violencia incontenible, trata de hacer confesar a Luigi y éste, durante un rato, se resiste y niega; trata incluso de sacar un cuchillo, pero Michele le fuerza a que lo deje caer. "¡Confiésame que la amas! ¡Si confiesas te dejo!" grita Michele a Luigi. Con un hilo de voz, aferrándose quizás a la vana esperanza de que Michele, en efecto, le suelte, Luigi por fin dice: "¡Sí... la amo!".

Pero Michele va apretando cada vez más y más el cuello de Luigi, que muere diciendo aún: "¡La amo...!" Desde el camarote, Giorgetta llama a Michele; éste, al escuchar la voz de su mujer, envuelve en su capote el cadáver de Luigi, que se ha quedado aferrado a él. Giorgetta abre la puerta del camarote y despacio, temerosa, sale. Al ver a Michele tranquilo, se calma; se va acercando a él mientras le pide perdón por la escena de antes. Michele, con una calma pasmosa, le dice que no es nada. Ella trata de insinuársele: "¿Ya no quieres que esté cerca de ti...?" Michele, en un tono que provoca terror, le pregunta: "¿Dónde?... ¿en mi capote?". Giorgetta le recuerda que hubo un tiempo en que él le decía que todos llevamos un capote que, a veces, oculta una alegría, otras veces, oculta un dolor... Entonces Michele, terrible, grita mientras abre su manto: "¡Y otras veces oculta un delito! ¡Ven a mi capote! ¡Ven!" El cadáver de Luigi cae rodando a los pies de Giorgetta, que grita desesperadamente; trata de retroceder, pero Michele la aferra y restriega su rostro contra el del amante muerto.

Os dejo un enlace al: libreto de "Il tabarro".

(Fuentes: www.balirica.org.ar, www.kareol.es, wikipedia, www.arteytografia.com  y www.youtube.com)

lunes, 2 de abril de 2012

LA UNIDAD EN LO DIVERSO: IL TRITTICO


Estatua de Giacomo Puccini en Lucca,
su lugar de nacimiento

Después del estreno, en 1904, de "Madama Butterfly", Puccini empieza a gestar la idea de componer una trilogía de óperas en un acto. Influenciado por la lectura de "La Divina Comedia", de Dante, se plantea inspirarse en cada uno de los pasajes de dicho libro para su proyecto. Considera asimismo la idea de basarse en tres cuentos cortos de Máximo Gorky; en aquella época, la literatura rusa era muy conocida en Italia.

En un principio, Puccini dejó aparcado el proyecto hasta que años más tarde, en 1912, descubrió en París el macabro drama en un acto único de Didier Gold "La houppelande" ("Il tabarro", "El capote"), y encontró en él el argumento en el que basar la primera de las óperas que compondrían su trilogía: "Il tabarro". Puccini empezó a trabajar en "Il tabarro" en 1913, pero hubo de interrumpir su labor para terminar la que fue su única opereta "La rondine", que ya tenía comprometida mediante un contrato.

Puccini no volvió a trabajar en "Il tabarro" hasta 1915. Le pidió al poeta Ferdinando Martini que adaptase la obra pero, tras unos meses, Martini llegó a la conclusión de que no tenía ingenio para libretista. Entonces, Puccini recurrió al dramaturgo, libretista y periodista Giuseppe Adami, que había colaborado con él en "La rondine", y que concluyó el libreto de "Il tabarro" en tan solo dos semanas. Escuchemos a Giuseppe Giacomini cantando "Hai ben ragione..." de "Il tabarro":

Giuseppe Giacomini como Luigi, de
"Il tabarro"

Puccini finalizó "Il tabarro" en 1916, sin saber cuáles serían las otras dos obras de la trilogía. Buscó temas por todas partes hasta que un joven libretista, periodista, barítono y escritor llamado Giovacchino Forzano se presentó ante él y sometió a su consideración el tema de "Suor Angelica", que le conmovió. "Suor Angelica", historia original de Forzano, fue originalmente escrita para una compañía de teatro ambulante. Puccini, que comenzó su carrera como organista de iglesia, se sintió atraído por el ambiente del convento y por el personaje principal, la heroína, la dulce hermana Angelica que, tal como Mimì y Butterfly, es un ser frágil e inocente al que acaba devorando un mundo cruel.

Puccini se documentó para esta ópera visitando a su hermana Iginia, Madre Superiora del Convento de Vicopelago. Al terminar de componer la ópera, Puccini la tocó completa para las religiosas, y absolutamente todas acabaron deshechas en lágrimas. A pesar de que la crítica acabaría por tildar a "Suor Angelica" como la ópera más débil de la trilogía, Puccini insistió siempre en que era la mejor parte de su "Trittico". Veamos y escuchemos, de "Suor Angelica", "Senza mamma..." en la voz de Cristina Gallardo-Domâs:

Cristina Gallardo-Domâs es la atormentada hermana Angelica

"Gianni Schicchi" se inspiró someramente en unos versos extraídos del Canto XXX del "Infierno" de Dante (con este tema Puccini volvía a su idea original de inspirarse en "La Divina Comedia"). Dante encuentra a Schicchi en el octavo círculo del infierno en donde está, junto a otros impostores, pagando por sus pecados. Dante describe a Schicchi mordiendo la nuca de otros compañeros de sufrimiento y arrastrándolos, barriga abajo, por los suelos. En realidad Puccini, en su "Gianni Schicchi" únicamente hace referencia de forma sucinta al personaje de Dante, pues la trama de la ópera se inspira en realidad en un comentario anónimo de 1866 sobre "La Divina Comedia", que relata de forma muy divertida cómo Schicchi, mediante engaños, consiguió privar de su herencia a la rica familia Donati.

No se sabe si la idea de adaptar este comentario para una ópera cómica partió del compositor o del libretista, pero cuando Puccini recibió el libreto de Forzano, le entusiasmó tanto que paró inmediatamente de trabajar en "Suor Angelica" para poner música a la comedia. Puccini adoraba escribir versos cómicos para sus amigos, y explicó en una carta a Forzano:

          Después del "Tabarro" de tinta negra
          Merezco un poco de diversión
          Espero que a usted no le importe
          Que "Gianni Schicchi" gane mi atención

Escuchemos y veamos cómo Renée Fleming interpreta: "Oh, mio babbino caro...", de "Gianni Schicchi":

Renée Fleming como Lauretta, de "Gianni Schicchi"

El estreno de "Il trittico" se había planeado en un principio para Roma, pero la Primera Guerra Mundial torció los planes, de modo acabó siendo en el Metropolitan Opera House de Nueva York, el 14 de diciembre de 1918, donde subió a escena por primera vez esta trilogía. Oficialmente, la guerra había terminado, pero aún existía peligro; tanto es así que Puccini no pudo asistir al estreno porque el viaje en trasatlántico resultaba todavía difícil y arriesgado. En la noche del estreno, el director del MET, Giulio Gatti-Casazza, telegrafió a Puccini que la presentación de su "Trittico" había sido todo un éxito.

La intención de Puccini era que estas tres óperas se representasen siempre juntas, a pesar de lo cual y al correr del tiempo, han sido frecuentemente puestas en escena por separado. "Gianni Schicchi" se consideró desde un principio una obra maestra, y se hizo muy famosa; "Il tabarro" se suele representar con cierta frecuencia; "Suor Angelica" es, generalmente, la más descuidada de la trilogía. En mi opinión, sólo las tres juntas cobran su más pleno sentido.

(Fuentes: archive.operainfo.org, "Puccini", de Peter Southwell-Sander, wikipedia, fotopedia.com y www.youtube.com)

domingo, 1 de abril de 2012

ANECDOTARIO OPERÍSTICO (IX)

Veamos hoy otra pequeña gran historia acerca del mundo de la ópera, que he incluido dentro del "Anecdotario operístico".

Opera
(fuente: fotopedia.com)

La entrada de ayer tenía como protagonista a Adelina Patti; como ya mencioné, también fueron cantantes sus dos hermanas, Amalia y Carlota. Hoy quiero hablar de esta última.

Carlota Patti se hizo tristemente famosa por ser la última persona que cantó sobre el escenario del antiguo Teatro Municipal de Santiago de Chile, un 8 de diciembre de 1870; esa misma noche, el edificio fue consumido por un colosal incendio.

Aunque su hermana Adelina era mucho más reconocida en los círculos líricos (y no sólo eso sino que, como ya sabemos, estaba considerada como la mejor cantante de su época) Carlota tenía, para muchos entendidos, mejor voz que ella. El principal problema que impedía su éxito era una cojera, que dificultaba seriamente su actuación; por tal motivo, algunos guasones (¡necia crueldad humana!) la llamaron "la Patti coja".

Carlota llegó a Chile como parte de un gran grupo en el que estaba también, por ejemplo, el gran violinista y virtuoso Pablo Sarasate. La fatídica noche del 8 de diciembre de 1870, en el Teatro Municipal de Santiago de Chile, el pianista Théodore Ritter interpretó, entre otras obras de Chopin, Beethoven y Gounod. La última pieza del recital fue la polka de Guillermo Deichert (gran compositor alemán avecindado en Chile) titulada "La Risa"; fue precisamente Carlota Patti quien la hizo famosa y se dice que aquella noche la cantó ocho veces a petición del público. Aunque el recital debía terminar a las 11 de la noche, sólo 45 minutos después terminaron los bises de la famosa canción.

El sistema de iluminación del teatro era de gas, y una de las cañerías se rompió esa noche al bajar el telón. Luis Ducci, el empresario a cargo del espectáculo, fue a revistar el olor con una antorcha, que le explotó en la mano, iniciándose así el incendio que dejaría al teatro tan solo con sus muros. Los últimos en ver cómo se quemaba el teatro contaron que lo primero que se incendió fue la mesa para la escenografía de "Don Giovanni", consumida por el mismo infierno con el que termina aquella ópera.

Como curiosidad, días antes Adelina Patti había quedado atrapada en un tren que comenzó a incendiarse repentinamente. La prensa llamó a ambas hermanas "Ángeles de Fuego". Escuchemos a Adelina, precisamente en "Don Giovanni":

"Batti, batti o bel masetto..."

(Fuentes: centrodae.municipal.cl y www.youtube.com)

CATEGORÍAS

Adelina Patti (2) Adriana Lecouvreur (1) Aida (7) Aída (4) Alfonso y Estrella (3) Alfredo Kraus (15) André Cluytens (1) Anecdotario (11) Angela Gheorghiu (6) Arrigo Boito (2) Bedrich Smetana (4) Bolero (1) Boris Godunov (1) Carlos Kleiber (1) Carlota Patti (1) Carmen (13) Cavalleria rusticana (8) César Franck (1) Charles Garnier (1) Charles Gounod (8) Chérubin (1) Claudio Abbado (1) Compositores (5) Convent Garden (1) Così fan tutte (1) Directores (2) Don Giovanni (1) Doña Francisquita (1) Efemérides (3) El rapto en el serrallo (1) Emil von Reznicek (1) Enrico Caruso (3) Erich Wolfgang Korngold (4) Ernani (1) Falstaff (1) Faust (8) Fedora (5) Fidelio (2) Fiodor Chaliapin (1) Francesco Cilea (1) Francesco Maria Piave (5) Franco Zefirelli (1) Franz Schubert (3) Fromental Halévy (1) Gaetano Donizetti (5) Galina Gorchakova (1) Gemma Bellincioni (1) Georg Solti (1) Georges Bizet (13) Giacomo Lauri-Volpi (2) Giacomo Meyerbeer (1) Giacomo Puccini (43) Gianni Schicchi (2) Gioachino Rossini (6) Giuseppe di Stefano (1) Giuseppe Giacosa (1) Giuseppe Verdi (63) Giuseppina Strepponi (5) Héctor Berlioz (1) Herbert von Karajan (2) I due Foscari (7) I pagliacci (3) Idomeneo re di Creta (1) Il barbiere di Siviglia (5) Il matrimonio segreto (1) Il tabarro (2) Il trittico (4) Il trovatore (8) Il turco in Italia (1) Instrumentos (1) Jacques Offenbach (1) Jaime Aragall (2) Joan Pons (1) Joan Sutherland (2) Johann Wolfgang Goethe (2) Johannes Brahms (1) Jonas Kaufmann (1) Jorge de León (3) José Carreras (5) Jules Massenet (10) Julián Gayarre (2) L'amico Fritz (1) L'elixir d'amore (2) La bohème (9) La ciudad muerta (4) La clemenza di Tito (1) La donna del lago (1) La flauta mágica (1) La forza del destino (1) La novia vendida (4) La rondine (5) La traviata (13) Lakmé (1) Le nozze di Figaro (1) Léo Delibes (1) Leontyne Price (1) Les contes d'Hoffmann (1) Libretistas (2) Lorin Maazel (1) Los Sabandeños (1) Lucia di Lammermoor (4) Lucía Moreno Sanz (1) Luciano Pavarotti (1) Ludwig van Beethoven (3) Luigi Illica (1) Macbeth (3) Madama Butterfly (6) Manon Lescaut (7) Manuel de Falla (1) Marcelo Álvarez (1) Marco Vratogna (3) Margherita Carosio (3) María Callas (8) Mariano Rivas (5) Marilyn Horne (1) Marilyn Monroe (1) Mariola Cantarero (1) Maurice Ravel (1) Mefistófeles (1) Melodía de la semana (8) Mireille (1) Mirella Freni (9) Mitridate re del Ponto (1) Nabucco (3) Nicolai Ghiaurov (3) Norma (2) Oksana Dyka (3) Olive Fremstad (1) Ópera Estatal de Viena (1) Orquesta (1) Otello (12) Pablo García López (3) Panis angelicus (1) Pasatiempos (10) Pelagio (5) Pietro Mascagni (8) Pilar Lorengar (2) Plácido Domingo (10) Rayén Quitral (1) Renato Bruson (5) Renato Cioni (1) Renée Fleming (4) Richard Strauss (4) Richard Wagner (2) Rigoletto (7) Roberto Alagna (3) Roméo et Juliette (1) Ruggero Leoncavallo (3) Ruggero Raimondi (2) Salomé (4) Saverio Mercadante (5) Sherrill Milnes (1) Simon Boccanegra (3) Sophie Koch (1) Sopranos (1) Stephen Costello (1) Suor Angelica (2) Tannhäuser (1) Teatro alla Scala (1) Teatro Constanzi (1) Teatro de la Maestranza (1) Teatro de la Ópera Garnier (1) Teatro del Liceo (4) Teatro la Fenice (3) Teatro La Scala (3) Teatro Real (2) Teatro San Carlo (1) Teatros (7) Thomas Hampson (1) Tito Gobbi (3) Tito Schipa (1) Tosca (10) Turandot (4) Umberto Giordano (4) Un ballo in maschera (3) Vincenzo Bellini (2) Voces (16) Werther (9) Wolfgang Amadeus Mozart (2)