Como manifestación humana que es, la música en general y la ópera en particular no podía dejar de tratar la eterna lucha entre el bien y el mal, entre la luz y la oscuridad. Es éste un tema que no conoce fronteras, ni de tiempo ni de espacio, y que forma parte del propio ser humano, porque está dentro de cada uno de nosotros; luz y sombra, dos partes de un mismo todo, cada una de las cuales no puede entenderse sin la otra. Aunque esta ancestral pugna tiene quizá un carácter más bien religioso, más allá de que uno sea católico, judío, mormón, protestante o incluso ateo, todos estamos sujetos a esta dualidad.

En la entrada de hoy y en las siguientes (diablilla que es una) quisiera centrar mi atención y la vuestra en la cara oscura de esta singular moneda, representada por la figura del diablo y de sus adláteres. Veremos algunos ejemplos de la aparición de estos siniestros personajes en la ópera y en obras no operísticas, en preciosas piezas musicales a las que podríamos calificar de "endiabladamente bellas". Por supuesto, no nos imaginamos al jefe de las huestes infernales con otra voz que no sea la de un barítono-bajo; una voz profunda, en ocasiones aterradora y siempre fascinante.
El diablo y Fausto
Aunque legendaria, la figura de Fausto se inspira en la de un sabio alemán, Johann Georg Faust, nacido en Knittlengen, en 1480, y muerto en Stanfen-Brisgau, en 1540. Hastiado de su vida de aislamiento, durante la que se había entregado únicamente al estudio de la teología, hace un pacto con el diablo quien, a cambio de su alma, le concederá cuanto Fausto apetezca.
Esta historia ha sido el origen de multitud de obras artísticas (literarias, musicales, etc.); la más conocida quizá sea el "Fausto" de Johann Wolfgang von Goethe, que inspiró a su vez (en mayor o menor medida) varias adaptaciones de esta leyenda en forma de óperas, sinfonías, lieder, etc. Veamos hoy una de las versiones de la leyenda de Fausto:
Esta historia ha sido el origen de multitud de obras artísticas (literarias, musicales, etc.); la más conocida quizá sea el "Fausto" de Johann Wolfgang von Goethe, que inspiró a su vez (en mayor o menor medida) varias adaptaciones de esta leyenda en forma de óperas, sinfonías, lieder, etc. Veamos hoy una de las versiones de la leyenda de Fausto:
"La condenación de Fausto", de Héctor Berlioz (1846)
"La Damnation de Faust" (La condenación de Fausto) es una obra para orquesta, voces y coro compuesta por Héctor Berlioz. El propio compositor escribió el libreto con la ayuda de Almire Gandonnière, basado en la primera parte de la tragedia de Goethe. Se estrenó en la Opéra-Comique de París el 6 de diciembre de 1846, en versión de concierto.
La acción se sitúa en la Edad Media, en Hungría y en Alemania. Berlioz hizo un cambio significativo respecto de la obra de Goethe, pues en su "damnation" el pacto con el diablo no es el punto de partida, como en la novela; aquí, el amor es una trampa tendida por Mefistófeles para forzar a Fausto a pactar con él. Berlioz condensó la trama de la primera parte del Fausto de Goethe, eliminando varios de sus personajes para concentrarse en el romance entre Fausto y Margarita. Al final de la obra, Fausto decide entregar su alma al diablo para que Margarita pueda alcanzar el paraíso, convirtiéndose así en su salvador.
Escuchemos ya a Mefistófeles. Nos encontramos en la taberna de Auerbach, en Leipzig; Mefistófeles ha conducido hasta allí a Fausto como parte del viaje en el que le enseñará "lo que es la vida". Hay gente bebiendo y cantando, y Mefistófeles se integra en el regocijo general con la encantadoramente sarcástica "Canción de la pulga". Canta el genial Ruggero Raimondi:
"Una simpática pulgavivía en casa de un príncipe.El buen hombre la amabacomo a su propia hijay la historia aseguraque un día hizo que su sastrele tomara las medidaspara hacerle un traje de gala.El insecto, colmado de felicidad,tan pronto se vio engalanadode oro, de terciopelo, de seda,y condecorado con una cruz,hizo venir de provinciasa sus hermanos y hermanasquienes, por orden del príncipese convirtieron en grandes señores.Pero lo peor fueque la gente de la corte,sin atreverse a decir nada,se rascaba todo el día.¡Cruel política!¡Ah, compadezcamos su destinoy en cuanto una de ellas nos piqueaplastémosla sin piedad!"
Más adelante, cuando ya Fausto está perdidamente enamorado de Margarita, Mefistófeles canta una socarrona e insolente serenata al pie de la ventana de la muchacha, al tiempo que invoca a unos espíritus malignos, todo para embrujar a la chica y hacer que ésta caiga rendida en brazos de Fausto. De nuevo, el fantástico Ruggero Raimondi entonando esta cruel y sin embargo bella melodía:
"Pequeña Luisa,
¿qué haces desde el amanecer
frente a la casa
de quien te ama?
En la alcoba del muchacho,
ante la perspectiva del placer,
bien puedes entrar,
muchacha,
pero no has de salir...
...Él te tiende sus brazos
y tú corres veloz
hacia él.
¡Buenas noches!... ¡Ah!
Cuando se acerca
el momento fatal,
opones resistencia...
siempre que antes
no te ofrezca un anillo de matrimonio."
Margarita, creyendo dar un somnífero a su madre (a fin de poder verse sin riesgos con Fausto) le suministra un veneno, proporcionado por el diablo, de modo que es acusada de asesinato y condenada a morir ahorcada. Fausto, desesperado, pide ayuda al rey de los abismos infernales; es entonces cuando firma con él el pacto en virtud del cual entregará su alma a Mefistófeles a cambio de la salvación de Margarita.
En la próxima entrada: "Fausto", de Gounod.(Fuentes: wikipedia, www.kareol.es y www.youtube.com)






Efectivamente la figura infernal pero a la vez cautivadora de este personaje ha llevado a muchos compositores a musicalizarlo entre ellos el gran Berlioz, Gounod con su ópera y sin olvidar a Arrigo Boito y su Mefistófeles, además de otros.
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