Bienvenido

Bienvenido, amable navegante, a mi pequeño rincón. Si has llegado hasta aquí es que, como poco, sientes curiosidad por la ópera. Quizá seas un experto. Quizá sólo has echado un somero vistazo a este tema y te preguntas qué es lo que mueve a un aficionado a la ópera. O quizá, ni lo uno ni lo otro... ¿qué más da?.

Ante todo, he de decir que ni soy una erudita en esta materia ni lo pretendo. Este blog quiere servir, simplemente, de lugar donde reflexionar, donde compartir experiencias, opiniones, sentimientos, etc., acerca de un mundo que para mí es muy enriquecedor.

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jueves, 31 de enero de 2013

EL TEMIBLE LEÓN DE SAN MARCOS (I)


Este año se cumplen doscientos desde que viniera al mundo el gran maestro Giuseppe Verdi y, para celebrarlo, su obra sube a los escenarios de todo el mundo devolviéndole así, de algún modo, a la vida. Entre los homenajes a tan insigne cumpleañero, se encuentra la ópera que se representa estos días en Valencia "I due Foscari", una de las primeras de su repertorio, de la que ya he hablado en las entradas inmediatamente anteriores a ésta. Yo asistí a la función del pasado domingo, veintisiete de enero fecha que era, además, el aniversario de la muerte del genial compositor de Busseto.
 
Volver a Valencia es reencontrarse con la luz, el sol y la alegría; en este caso, también supuso para mí el reencuentro con un gran amigo, el tenor Pablo García López, de quien ya os he hablado en este blog ("Una gran noche lírica"), que forma parte del fantástico reparto que, con Plácido Domingo a la cabeza, representa en el Palau de Les Arts este turbulento drama verdiano. Un viaje, pues, que antes de empezar se presumía agradabilísimo, y que acabó superando con creces todas mis expectativas.

Regresemos pues, si os parece, a las turbias aguas de la Venecia del medievo, enfangadas por la codicia, la envidia, la ambición, las ansias de venganza... por las oscuras pasiones humanas, en suma, que son reconocibles en todo tiempo y lugar. Antes de sumergirnos en ellas, quiero deciros que los vídeos que he seleccionado para ilustrar las diversas escenas pertenecen a una representación que tuvo lugar el 15 de septiembre de 2012, en Los Angeles; se trata de la misma producción que puede verse en el Palau de Les Arts y, en ella fueron Marina Poplavskaya y Francesco Meli quienes encarnaron a Lucrecia Contarini y a Jacopo Foscari respectivamente. En algunos casos, no he encontrado fragmentos cruciales, tales como el aria con el que se presenta Francesco Foscari en el primer acto: "Eccomi solo alfine..", por lo que pido disculpas. He optado por omitirlos, en lugar de sustituirlos por los correspondientes de otras grabaciones, a fin de mantener una cierta homogeneidad.

Palau de Les Arts
Acto I

Una tenue cortina cubre la escena y, sobre ella, se proyectan las tranquilas aguas de los canales venecianos que, al son de una leve brisa, bailan con reflejos de plata. La magnífica Orquesta de la Comunidad Valenciana, con el brillante Omer Meir Wellber al frente, comienza a entonar el Preludio, característicamente verdiano y, a medida que va desgranándolo, esas aguas se agitan, cada vez con más furia, y la ponzoña que hasta ese momento acechaba en lo más hondo, aflora y se revuelve con la sangre inocente que, como ya sabemos por las entradas anteriores y veremos después, se derramará como consecuencia del odio y de la venganza.

Sobre ese fondo tempestuoso, se van dibujando unas breves y certeras frases que nos ponen en antecedentes acerca de lo que va a ocurrir. En ellas se nos habla de que el reinado de Francesco Foscari, que unos cincuenta años atrás había sido investido con la dignidad de Dux de la República de Venecia había estado, desde el principio, muy lejos de ser un remanso de paz. Tres de sus hijos habían muerto, víctimas de la peste; el cuarto, Jacopo, había sido acusado y condenado al exilio por el asesinato de Pietro Loredano, aspirante al título de Dux al mismo tiempo que Francesco, y enemigo acérrimo de éste desde que fuera derrotado. Cuando comienza la acción, Jacopo se halla de nuevo en Venecia, a donde ha sido llamado para ser juzgado de nuevo, esta vez por un delito de alta traición.

Por fin, el velo que cubre la escena, se levanta... Ante nosotros se descubre un lugar escalofriante, dantesco; se trata del sótano del Palacio Ducal, que alberga las mazmorras, cuyos muros desgastados rezuman humedad, frío y muerte. Si el infierno existe, debe de ser un sitio parecido a aquél. El Consejo de los Diez, que es quien realmente gobierna Venecia, que tiene en su mano la vida y la muerte de los infelices que caen bajo sus garras, entona un intimidatorio número coral, magníficamente interpretado, en el que expresa su deseo de que el temor y el respeto que inspira el León de San Marcos (el símbolo, recordemos, de la República de Venecia) duren por siempre.

Entre los presos que son torturados en aquel lugar se encuentra el infeliz Jacopo Foscari encerrado, como si de un animal se tratara, en una jaula que pende del techo. Mientras aquel vejatorio cubículo desciende, el único hijo superviviente del Dux canta la alegría que siente al haber podido ver de nuevo su patria, a pesar de lo cruelmente que ésta se ha portado con él, a pesar de lo duro que le puede costar, y que ya le está costando, lo que ha hecho para poder regresar (la carta escrita, recordemos, a Francesco Sforza). Voz poderosa, pujante, la de Iván Magrì, que ya en esta primera escena nos presenta a un Jacopo que transmite un torrente de energía, aún en la terrible situación en la que se encuentra. Junto a Jacopo, vigilando cada uno de sus movimientos, sin separarse prácticamente de él, el soldado que guarda celosamente las llaves que abren y cierran aquella jaula, Pablo García López. Si bien su intervención es, vocalmente hablando, breve, no puede ser más convincente: voz enérgica, mirada torva, gestos intimidatorios de desprecio hacia el condenado...


Sin movernos de aquel lugar de horror y muerte, que pasa a un oscurecido segundo plano, una plataforma movediza trae hasta nosotros la siguiente escena. Es como si, desde aquella fría mazmorra, pudiéramos asomarnos a la sala en la que Lucrecia, la esposa del desdichado hijo del Dux, llora y se desespera. Sus damas tratan de calmarla, de contenerla, pero ella está decidida a ir a ver a su suegro, segura de hallar piedad en su corazón de padre al que, afirma, el trono no puede haber cambiado. Impresionante el caudal de voz de Guanqun Yu, de bellísimo timbre; una Lucrecia contenida que lucha por dominar la rabia y la impotencia que desbordan su corazón. Llama la atención la voz de Pisana (Marina Pinchuk), la fiel confidente de Lucrecia.


La plataforma se retira, y aparta de nuestra vista a Lucrecia y, con ella, a sus damas. De nuevo interviene el Consejo de los Diez; los decenviros comentan que, a pesar de que el reo calla, la carta escrita a Sforza, que ellos han interceptado, es una prueba irrefutable de su culpabilidad. El exilio será una justa pena para su probado delito de traición; de este modo, todos verán que la poderosa espada del león alado, si bien puede mostrarse magnánima, como en este caso, al permitir que el reo conserve la vida, no duda en caer sobre cualquiera que ose levantarse contra la República, aunque se trate del mismísimo hijo del Dux.

Quien viene ahora hasta nosotros es el propio Dux, ese gigante de la escena lírica que es Plácido Domingo quien, con una voz que no ha perdido un ápice de su lozanía, se mete en la piel de Francesco Foscari y transmite, de forma  magistral, el cúmulo de sentimientos contradictorios que atormentan a éste. La emoción fluye, como una corriente eléctrica, desde el escenario hacia el público... cada gesto, la entonación de cada palabra, son los de un hombre derrotado que, a pesar de todo, siente que ha de sacar fuerzas de donde sea para cumplir con su deber pues, antes que nada y por encima de cualquier otra cosa, es el Dux. Ya que sus ojos están secos, es su corazón el que llora... ¡cómo lloré yo también!

El sirviente, Mattia Olivieri, con su poderosa y rotunda voz de barítono, anuncia la visita de la ilustre dama Foscari. Aparece de nuevo Lucrecia y comienza un difícil dúo en el que la ira a duras penas contenida de la dama ha de enfrentarse a la actitud decidida del Dux, que apenas logra mostrarse firme ante ella. A medida que va desarrollándose este tenso diálogo, podemos sentir cómo a Foscari van fallándole las fuerzas... El anciano guerrero ruega, implora a su nuera que tenga piedad de él, de su corazón destrozado... recuerdo la escena y no puedo evitar emocionarme... A pesar del trono y de todo su oropel, el Dux asegura que no tiene poder para hacer justicia y perdonar a su hijo; sin embargo, sus lágrimas hacen vislumbrar a Lucrecia un último rayo de esperanza.


Continuará...

jueves, 17 de enero de 2013

VIDA POR VIDA (I DUE FOSCARI) - 5ª PARTE -


Acto III
Cae la tarde, suave, sobre la antigua plaza de San Marcos. Una ligera brisa mece las aguas que, en su balanceo, emiten preciosos reflejos de plata. Al fondo, como un lejano vigía, se distingue la isla de los Cipreses. Venecia, que es hija, esposa y reina del mar, resplandece y sonríe a la alegría, al amor, a la vida.

Poco a poco, el pueblo va acudiendo, jubiloso, para asistir a una regata que está a punto de comenzar. Son gentes que cantan, que ríen, que ocultan divertidos su identidad tras una máscara, con el espíritu de niños que jugaran a disfrazarse. Entre todo este entusiasmo, vemos a Barbarigo y a Loredano, tenebrosos avisos de que la alegría de los venecianos es sólo un frágil velo que nos ocultará, únicamente por unos instantes, el trágico fondo de esta historia.

Loredano incita a los presentes a que, como es usual, la fiesta comience entonando la acostumbrada canción. Se trata de la misma melodía cuyos lejanos ecos llegaban a la celda de Jacopo, una inspiradísima barcarola, alegre, graciosa, muy pegadiza que, desde la primera vez que la escuché, me enamoró (siento no haber encontrado una versión escenificada):


De pronto, la alegría general se rompe por un repentino sonar de trompetas que, del mismo modo que el trueno anuncia a la tormenta, son la señal de que se acerca la justicia del León de San Marcos (1). Jacopo Foscari sale del palacio ducal, flanqueado por guardias y acompañado de Lucrecia y de Pisana. El corto camino hacia la galera que le espera en el puerto es el último tramo que va a recorrer antes de partir a un nuevo y definitivo exilio. Las góndolas han desaparecido del canal y la gente, temerosa, se ha apresurado a retirarse; tan sólo Loredano permanece para acechar los últimos momentos que su odiado Foscari va a pasar en Venecia y regocijarse así, aún más, en su venganza.

A Jacopo ya no le queda ninguna esperanza, ni aún la más remota. Se despide de su esposa, viuda (la llama él) de un marido que aún no ha muerto. Pronto un mar se interpondrá entre ambos, y Jacopo expresa el anhelo de que sus aguas, compasivas, se lo traguen; de este modo quedarían satisfechos el deseo de sus enemigos y el suyo propio, que es dejar de sufrir. En vano Lucia trata de quitarle tales ideas tenebrosas de la cabeza, y apela al recuerdo de los seres queridos que allí deja el infeliz: su padre, sus hijos, su esposa... Jacopo le ruega que consuele el dolor de su anciano padre, y que infunda en el corazón de sus hijos la virtud, que les diga que es inocente que, aunque ha de marcharse, perdona, y que se encontrarán, de nuevo, en el cielo donde quizá, algún día, hallen todos un consuelo para tanto dolor. Escuchemos a Lucrecia y a Jacopo en las voces de Katia Ricciarelli y FrancoTagliavini:



Cuando Jacopo, escoltado por el sopracomito (2) y los guardias, sube ya sin remedio a la galera, Lucrecia se desvanece en brazos de Pisana. Loredano no cabe en sí de gozo.

Al mismo tiempo que esto sucede el Dux, a solas en sus habitaciones, se siente superado por el sentimiento de culpa por no haber pronunciado una sola palabra para salvar a su hijo, y el inútil peso que para él ha resultado la corona; si, al tiempo que posó ésta sobre su cabeza, le hubiese llegado la muerte, al menos habría tenido a todos sus hijos consigo para darle un último adiós. Sin embargo ahora, al final de sus años, las atroces penas que le acribillan, con tres de sus hijos muertos y el cuarto en el exilio, le precipitan, en absoluta soledad, hacia el sepulcro.

De repente, llega precipitadamente Barbarigo, portando un papel. Se trata de la confesión de Nicolás Erizzo, noble veneciano que acaba de fallecer y que, antes de morir, se ha revelado como único autor de la muerte de Emolao Donato. Un súbito rayo de esperanza ilumina el corazón del Dux. El cielo, piadoso, ha querido devolverle al último hijo que le quedaba... Sin embargo, enseguida hace su aparición Lucrecia, completamente abatida... La breve alegría del afligido padre se viene abajo cuando su nuera le dice que, nada más emprender la marcha hacia el exilio, el infeliz Jacopo murió. Desolado, el Dux se deja caer sobre un sillón. Por si todo esto fuera poco, entra un sirviente y anuncia la visita del Consejo de los Diez, que desea hablar con el Dux. Éste, receloso, indica al sirviente que les haga entrar.

Loredano, exultante, anuncia el motivo de esta inesperada visita. Debido a sus muchos años y al profundo dolor que le embarga, el consejo ha decidido otorgar un merecido reposo a quien tantos y tan grandes servicios ha prestado a la patria; así pues, se han llegado hasta allí para que Foscari les entregue el anillo ducal. Ése es el generoso premio que tan altos señores han reservado al viejo guerrero... Escuchemos a ese magnífico Francesco Foscari que es Leo Nucci:



Toda la rabia, el dolor y la impotencia que hasta ese instante se habían acumulado en el corazón del Dux estallan y, en un súbito y feroz impulso, éste se levanta al tiempo que asegura, desafiante, que ninguna fuerza mortal logrará arrebatárselo. Dos veces en siete lustros, desde que ostenta la corona, quiso el Dux abdicar, y dos veces el Consejo se lo impidió; es más, se le obligó a jurar que moriría Dux y un Foscari, asegura Francesco, no falta a su palabra. Pero este arranque no es sino un "canto del cisne". Si el último de sus hijos ha muerto, ¿qué le queda? Obedecer, le replica el Consejo.

Vencido, Foscari entrega el anillo ducal a uno de los decemviros, y hace llamar a la infeliz viuda. Cuando Loredano hace ademán de quitarle el manto real, Francesco, tajante, le detiene; será él mismo el que se despoje del resto de atributos de la autoridad ducal, y no la indigna mano de Loredano. El que hasta hace un instante era la cabeza visible del poder en Venecia, se ha convertido en un ser indefenso, desolado...

Cuando Foscari se dispone a marcharse, del brazo de su afligida nuera, repican de fondo las campanas que anuncian al nuevo Dux. Y es ese lúgubre tañer, que resuena por doquier, y con especial fuerza en el corazón del anciano, el que, como una daga clavada en pleno corazón, le hace caer fulminado al suelo, muerto.



(1) El León de San Marcos, León Alado o León Marciano es la representación simbólica del evangelista San Marcos. Posee la forma de un León Alado, coronado con una aureola o nimbo. Suele representarse con un libro y una espada, sujetos con sus patas delanteras. El León de San Marcos ha sido el símbolo tradicional de Venecia, tanto de la antigua República como, en la actualidad, de la ciudad, de la provincia homónima y del Véneto (región del noroeste de Italia, cuya capital es Venecia).
(2) El sopracomito fue el título que, en la marina medieval y del renacimiento, se dio al comandante de una galera o de una nave mercante. En la armada veneciana, este papel estaba reservado exclusivamente a los miembros de las clases sociales más altas, como un signo de consideración y al mismo tiempo como un trampolín para una carrera exitosa en la administración de la República.

lunes, 14 de enero de 2013

VIDA POR VIDA (I DUE FOSCARI) - 4ª PARTE -


Acto II
La introducción orquestal al Acto II es bellísima y a la vez sobrecogedora. El diálogo sin palabras entre violín y violonchelo nos habla de oscuridad, de soledad que se abate como una losa sobre el condenado... Enseguida se escucha la voz de Jacopo Foscari que, a la espera de ser conducido de nuevo al exilio, languidece en la prisión del Estado. En su ánimo se unen la opresión que siente por la soledad de piedra de aquel lugar, y la angustia por la injusticia que están cometiendo con él. La escena está iluminada, únicamente, por el tenue resplandor que entra a través de un tragaluz, desde la izquierda. A la derecha, una larga y angosta escalera conduce al palacio, a los seres queridos, a la vida. Jacopo, abatido por el peso del dolor, de la rabia, de la impotencia, está sentado, encogido, sobre un banco.

La noche, que reina perpetua en aquel lugar, se le va llenando de horribles visiones; son los espectros de los que, antes que él, sufrieron prisión allí. De entre ellos se destaca Carmagnola (1) que, con la decapitada cabeza sobre su mano izquierda, se acerca amenazadoramente hacia él, con el brazo derecho extendido, señalándole y salpicándole con la sangre que brota de su herida abierta. Jacopo, horrorizado, le pide que tenga compasión de él, que no le maldiga pues él mismo, aun siendo hijo del Dux, ha sido condenado. El pavor que le produce la visión de aquel espectro ahoga hasta tal punto a Jacopo que se desmaya. Esta vez es Carlo Bergonzi quien se mete en la piel de Jacopo Foscari:


Aparece Lucrecia, que rápidamente desciende la escalera, temerosa de que su marido, al que ve tendido en el suelo, esté muerto. Le abraza apasionadamente y comprueba, aliviada, que su corazón late. El pobre Jacopo, cubierto de un sudor frío y presa aún del delirio, cree que todavía se halla ante el temible espectro de Carmagnola. Al comprobar que se trata de su amada esposa, respira. Dado que aún no conoce la sentencia del Consejo de los Diez, cree que la visita de Lucrecia no es sino un último adiós... quizá el verdugo le espera... Pero no, Lucrecia le asegura que no van a ejecutarle, aunque le han condenado a algo más terrible, a una muerte en vida: al exilio, y con él a la lejanía de los seres queridos. Escuchemos ahora a Vicenzo La Scola (Jacopo) y a Alexandrina Pendantchaska (Lucrecia) en la grabación ya mencionada del año 2003, realizada en el Teatro San Carlo de Nápoles (2):


A mi entender, la esencia de toda esta escena, se verá reflejada en el Acto III de una ópera posterior de Verdi y Piave: "La traviata". En la soledad de su habitación, que para ella es como una cárcel, siente que la muerte se cierne sobre ella; la situación cobra un tinte aún más dramático cuando, por contraste, se escuchan las voces alegres de los parisinos que celebran, exultantes, el carnaval. En "I due Foscari", Jacopo y Lucrecia escuchan desde la celda de éste los ecos lejanos de los gondoleros que, al son de una pegadiza y encantadora barcarolla, cantan. Del mismo modo que sucederá después en "La traviata", mientras fuera se ríe, en la celda, como ocurrirá en la habitación de Violetta, se muere.

Pero, ¡oh dicha inesperada!, los esposos reciben la visita del Dux que, ahora únicamente como padre, ha acudido a ver al hijo que adora (3). Jacopo no cabe en sí de gozo cuando su padre le dice que le quiere, que sólo fingía rigor hacia él, porque era su deber hacerlo. El Dux abraza tiernamente a su hijo y a su nuera y, emocionados, los tres entonan un precioso trío. Francesco Foscari, que sabe que es la última vez que podrá abrazar a su amado hijo, trata de infundirle la fuerza que él mismo no tiene. En esta ocasión son Carlo Bergonzi (Jacopo), Renato Bruson (Francesco) y Margarita Castro-Alberti (Lucrecia) quienes cantan, en una grabación de 1980:


El Dux, con todo el dolor de su corazón, debe retirarse. En el momento en que se dispone a hacerlo, aparece, para regodearse aún más en su venganza, Loredano, acompañado de guardias, para llevarse a Jacopo, a fin de que comparezca ante el Consejo de los Diez y le sea comunicada su sentencia. Los esposos ruegan por que a Loredano le aguarde un sufrimiento mil veces mayor que el que les está infligiendo a ellos.

Nos trasladamos a la sala del Consejo de los Diez, donde los consejeros se están reuniendo. Comentan que la partida del reo no debe demorarse más, que la justicia, incorruptible, debe ser implacable y castigar sin más tardanza a Foscari, asesino de Donato. Al poco, el Dux hace su entrada, con paso abatido pero solemne. Ha sido llamado por los consejeros, no sabe si para tormento suyo o de su hijo; de cualquier modo, consciente de su deber, asegura que, aunque no dejará de ser padre en el corazón, en su rostro sólo se reflejará la actitud del Dux.

Entra Jacopo, escoltado por guardias. Loredano, triunfante, hace que se le entregue un pergamino para que lea cuál ha sido su sentencia; aún califica al consejo de clemente, puesto que pudiendo haberle ejecutado, le ha concedido la vida. Una vez más, el Dux aconseja a su hijo resignación... Quizá vuelvan a verse, pero será en el cielo.

Repentina e inesperadamente llega Lucrecia, llevando consigo a sus dos hijos. Quizá, al verlos, la piedad conmueva los duros corazones de los consejeros. Jacopo corre a abrazarse a sus hijos y los tres, sollozantes, caen a los pies del Dux para implorarle piedad. Ya que no pueda revocar la sentencia, Jacopo ruega a Francesco que haga de padre de sus hijos. Por su parte, Lucrecia suplica que les sea permitido, a ella y a sus hijos, compartir la suerte de su esposo; sin embargo, a pesar de las amargas lágrimas de estos desdichados, Jacopo es conducido de nuevo bajo custodia para que se prepare, al fin, su marcha de nuevo al exilio (4)


(1) Francesco Bussone da Carmagnola fue un condottiero (mercenario) encarcelado, al igual que Jacopo Foscari, por traición a la república. Aunque el Dux se hizo amigo de él, fue condenado y decapitado el 5 de mayo de 1432.

(2) En cuanto a esta grabación, no puedo dejar de hablar de algo que me llamó poderosamente la atención, y es el modo en el que está escenificada la escena en la que Lucrecia visita a su marido en la cárcel. Lucrecia, mujer atormentada por la injusta pena que está sufriendo su marido al que, se supone, ama apasionadamente, en este montaje se asoma a lo alto de la escalera y, desde lejos le llama. ¿Estará muerto? En lugar de correr hacia él, lo que sería, digo yo, lo lógico, sin moverse de donde está, casi en lo alto del todo de la escalera comprueba, ¡oh milagro!, que su Jacopo está vivo. Podría decirse de ella, parafraseando a una antigua película, que es "la mujer que tenía rayos x en los ojos" pues, de otro modo y a esa distancia, veo difícil que supiera que el corazón de su esposo continuaba latiendo. Por fin, baja pero es tanto el amor que le tiene que ni siquiera le toca ¿cómo es posible? Puede que se trate de una mujer precavida, que no quiera que su marido le pegue algún mal que haya podido adquirir durante su encierro. Amén de este comentario un tanto irónico, la representación, en general, está bien (principalmente Leo Nucci, que me parece maravilloso) aunque escenificaciones como la que acabo de comentar me parecen poco creíbles.

(3) También Violetta recibirá, antes de morir, la alegría inesperada de la visita de su amado Alfredo.

(4) Pido disculpas porque, por más que he buscado, no he logrado encontrar en youtube el fragmento correspondiente a este sobrecogedor final del Acto II.


(Fuentes: www.kareol.es, www.youtube.com)

sábado, 12 de enero de 2013

VIDA POR VIDA (I DUE FOSCARI) - 3ª PARTE -

En 1843 Giuseppe Verdi y su colaborador, el libretista Francesco Maria Piave habían considerado la posibilidad de gestar una nueva ópera basada en "The two Foscaris", de Lord Byron, de quien Verdi era un devoto lector. Propusieron este proyecto a La Fenice, que lo rechazó por la referencia que hacía a las grandes familias venecianas que, como en el caso de los Foscari, aún extistían. Así, se dejó a un lado, al menos de momento, el proyecto. Sin embargo, también en 1843, durante los ensayos de "Ernani", el empresario florentino Alessandro Lanari encargó a Verdi una nueva ópera, que habría de ser representada en el Teatro Argentina de Roma, en el otoño de 1844.

Verdi retomó entonces el proyecto basado en el mencionado drama de Byron. Los ensayos de "I due Foscari" comenzaron el 15 de agosto de 1844, bajo la dirección conjunta de Verdi y Piave. Concluida el 22 de octubre de 1844, la obra subió por primera vez a un escenario lírico el 3 de noviembre de 1844, en el Teatro Argentina de Roma con Achille de Bassini, Giacomo Roppa y Marianna Barbieri-Nini en los principales papeles.

"Los dos Foscari", por Delacroix
Lugar y época
La acción se desarrolla en Venecia, en 1457. Los personajes son:
  • Francesco Foscari, Dux de la República de Venecia (bajo).
  • Jacopo Foscari, su hijo (tenor).
  • Lucrecia Contarini, esposa de Jacopo Foscari (soprano).
  • Jacopo Loredano, enemigo mortal de los Foscari y miembro del Consejo de los Diez (bajo).
  • Barbarigo, un senador (tenor).
  • Pisana, amiga y confidente de Lucrecia (mezzosoprano).
  • Un asistente del Consejo de los Diez (tenor).
  • Un siervo del Dux (bajo).

Acto I
Antes de ver cómo se desarrollan los hechos, dejémonos envolver por la bellísima introducción orquestal en la que se nos anticipan algunos de los temas que caracterizarán, lo comprobaremos después, a los personajes.


Tras una brillante intervención del coro que nos habla del poder de la República Veneciana, temida en todos los mares, vemos que Jacopo Foscari ha sido conducido desde su exilio de nuevo a Venecia para responder ante el Consejo de los Diez, como ya sabemos, por la carta escrita a Francesco Sforza. Durante el tiempo que ha estado separado de la tierra que le viera nacer, el sólo hecho de pensar en ella, de sentirla aún en la lejanía, hacia que para él casi desapareciesen el exilio y el dolor... Tal es la mágica fuerza del cariño. Cuando, al fin, contempla de nuevo su amada patria, la emoción que le desborda sale a borbotones en una escena bellísima que comienza con un breve y sentido recitativo, seguido de un aria intensamente conmovedora y, por último, de una airosa cabaletta llena de fuerza y coraje. Escuchemos a un brillante José Carreras como Jacopo Foscari, en una grabación de estudio del año 1989:



Mientras tanto Lucrecia Contarini, la torturada esposa de Jacopo, se desespera en un intenso diálogo con sus damas, las cuales le aconsejan que trate de refrenar sus lágrimas, pues éstas podrían aumentar la alegría de sus enemigos. Lucrecia está decidida a acudir al Dux para pedirle no perdón, sino justicia; está convencida de que el trono no puede haber hecho cambiar el corazón de padre de Francesco Foscari. En un momento dado llega Pisana y, hundida, comunica a Lucrecia la noticia de que el Consejo de los Diez ha decretado un nuevo destierro para Jacopo. Una apasionada Katia Ricciarelli nos canta la amargura, la rabia y el intenso amor por su esposo que siente Lucrecia. Se trata de la misma grabación de 1989:


A solas, en sus aposentos privados, el Dux, amargado hasta la deseseperación, se enfrenta a las contradicciones que le atormentan: por un lado, está su amor de padre, y por otro, su deber como político, que siente como algo inquebrantable. Derrumbado sobre un sillón, desahoga su dolor en un aria que dibuja perfectamente las tinieblas que ensombrecen su alma. Escuchad al increíble Leo Nucci, en una grabación de 2003, en la Scala de Milán; fijaos con detenimiento en cada uno de sus gestos, en cada una de las inflexiones de su voz... Dudo que exista algún amante de la ópera al que no sea capaz de conmoverle este aria. El tiempo, que vuela rápido, que no se detiene, deja su huella en forma de canas, de huesos doloridos, de pasos lentos y trabajosos... pero el corazón sigue latiendo como en la juventud, con el mismo amor por aquellos a los que se quiere, con la misma pasión por vivir, por sentir... Puesto que a sus ojos están ya secos, el Dux le pide a su corazón que sea él el que llore, en la intimidad de su pecho, para que nadie sea testigo de sus lágrimas:


Al poco, llega Lucrecia, con la rabia saliéndole en rayos fulminantes por los ojos y por la boca. Apela al Dux para que haga justicia, para que le devuelva a su esposo y revoque la sentencia del Consejo de los Diez dictada, dice Lucrecia, únicamente por odio y venganza. Foscari alega que, aún siendo el Dux, tiene las manos atadas. Entonces su nuera le ruega que interceda por Jacopo como padre; quizá el llanto de ella y las canas de él muevan a la piedad de los crueles decenviros. Veamos y escuchemos a Leo Nucci y a Alexandrina Pendantchaska, en una grabación realizada en el Teatro San Carlo de Nápoles, también en el año 2003:


 Continuará...

(fuentes: www.youtube.com, www.orfeoed.com, www.kareol.es y wikipedia)

miércoles, 9 de enero de 2013

VIDA POR VIDA (I DUE FOSCARI) - 2ª PARTE -


Algunos apuntes históricos
El libreto de "I due Foscari (Los dos Foscari)", de Francesco Maria Piave, puesto en música por Giuseppe Verdi, se basa en el drama de Lord Byron "The two Foscari (Los dos Foscari)" el cual, a su vez, se inspira en situaciones y personajes históricos. Entenderemos mucho mejor el argumento de la ópera si, previamente, vemos una introducción a esta historia:
 
Francesco Foscari
El 15 de abril de 1423, Francesco Foscari fue elevado al trono ducal de Venecia, pretendido también por Pietro Loredano. Éste, desde entonces, no dejó de hostigarle, hasta tal punto que en una ocasión Foscari, fuera de sí, llegó a decir abiertamente ante el Consejo (1) que no podría sentirse verdaderamente Dux mientras viviese Loredano. Por una fatal coincidencia, algunos meses después de aquello, el dicho Pietro Loredano y su hermano Marco murieron repentinamente, envenenados, a decir de la voz popular. Así lo creía Jacopo Loredano, hijo de Pietro, y no sólo hizo esculpir sobre las tumbas de su padre y de su tío sino que, en el libro de registro de sus transacciones comerciales anotó: "Los dos Foscari me deben dos vidas", esperando fríamente el momento de cobrárselas.
 

El Dux había tenido cuatro hijos, de los que tres habían muerto; el cuarto, Jacopo, casado con Lucrecia Contarini, había sido acusado de recibir sobornos de príncipes extranjeros por lo que, en virtud de las leyes venecianas, el Consejo de los Diez le había desterrado, primero a Nápoles y después a Treviso. Entre tanto, sucedió que la cabeza visible de dicho consejo, Emolao Donato, fue asesinado la noche del 5 de noviembre de 1450, cuando regresaba a su palacio tras una reunión del órgano que presidía. Como Oliviera, criado de Jacopo Foscari, se había dejado ver en Venecia el día antes, y dado que al día siguiente del asesinato de Donato había hablado públicamente del suceso con los marineros del puerto, todas las sospechas recayeron sobre los Foscari. Amo y criado fueron conducidos a Venecia y, después de haberles torturado inútilmente, se les desterró a Candia para el resto de sus vidas.
 
Pasaron cinco años y Jacopo, ansioso por volver a ver el cielo de su amada patria, escribió al Duque de Milán, Francesco Sforza (si bien su familia era enemiga de la República) rogándole que intercediese por él ante la Signoria (2), a fin de que se le permitiese regresar. Desgraciadamente, el pliego cayó en manos del Consejo de los Diez, y Jacopo fue en efecto traido de nuevo a Venecia, mas para ser sometido una vez más a tortura; confesó haber escrito la carta, con el único y anhelante deseo de volver a ver su patria, aun siendo consciente de que podía costarle una prisión perpetua. Se le condenó a un nuevo exilio en Candia, con la implacable advertencia de que, de volver a escribir cartas de semejante naturaleza, sería ejecutado. El Dux, infeliz octogenario que con fiel y desgarradora constancia había asistido al juicio y a la tortura de su hijo, pudo verlo en secreto antes de partir, y le aconsejó obediencia y resignación a los Decretos de la República.

Al poco, acaeció que Nicolas Erizzo, noble veneciano, se confesó, poco antes de expirar, autor de la muerte de Emolao Donato, y quiso su delito se publicase, para librar de culpa al inocente Foscari; sin embargo, cuando algunos de los más autorizados senadores se disponían a pedir el perdón del reo, se supo que el infeliz había muerto de congoja en su encierro de Candia. Desolado, el pobre padre al que ya no le quedaba ningún hijo, vivía en un amargo retiro y apenas asistía a las sesiones del Consejo. Entre tanto, Jacopo Loredano, que en 1457 había sido elevado a la dignidad de decenviro (3), sintió que estaba próxima la hora de completar su venganza.

Durante su mandato, Francesco Foscari había pretendido por dos veces renunciar a su cargo; pero no sólo el Consejo de los Diez se lo impidió, sino que le obligó a jurar que moriría en ejercicio de su poder. Sin embargo, y a pesar de este juramento, fue el mismo Consejo de los Diez (espoleado, sin duda, por las intrigas de Jacopo Loredano), que le había arrebatado al último hijo que le quedaba, el que le obligó a renunciar a su cargo. Foscari se retiró a su casa como un simple ciudadano, habiendo rehusado una riquísima pensión que el tesoro público le ofreció. Y el 30 de octubre de 1457, al oír el sonido de las campanas que festejaban la elección de Pascual Malipieri, que debía sucederle, Foscari sintió una emoción tan terrible que, a la mañana siguiente, expiró. Se le hicieron magníficos funerales, cual si hubiese muerto como Dux; en ellos, Malipieri se presentó con el sencillo traje de senador. Jacopo Loredano, sintiendo ya completamente cumplida su venganza, anotó entonces en su libro de registro, enfrente de la partida citada, esta otra: "Los dos Foscari me han pagado".
 
Como ambientación musical a la entrada de hoy, conmovámonos escuchando cómo Jacopo Foscari (Franco Tagliavini) canta a su amada Venecia, a la que ha añorado amargamente en su exilio y a la que, como consecuencia de la carta dirigida a Francesco Sforza, y a pesar de las consecuencias que pueda tener el haberla escrito, vuelve, por fin, a ver:



(1) Por aquel entonces, la estructura organizativa de la República de Venecia estaba pensada para evitar que el poder se reuniera en un solo hombre. De este modo, la función suprema que asumía el Dux, quedaba sometida a la vigilancia de varios Consejos:
  • El Consejo de los Diez, que se encargaba de garantizar la seguridad de la República, y que disponía de un cuerpo de policía.
  • El Consejo Mayor, o Gran Consejo, que elaboraba las leyes.
  • El Consejo Menor, compuesto por seis miembros, asesores del Dux.
  • La Quarantía, supremo tribunal.
  • El Senado, que se ocupaba de la política exterior y de los asuntos militares y económicos.
(2) La Signoria era el órgano central de gobierno. Estaba formada por el Dux, el Consejo Menor y los tres dirigentes de la Quarantía.
(3) Miembro del Consejo de los Diez.


(Fuentes: Libreto de "Los dos Fóscaris" publicado con motivo de su representación en el Teatro Valencia en 1846, wikipedia y www.youtube.com)

lunes, 7 de enero de 2013

VIDA POR VIDA (I DUE FOSCARI) - 1ª PARTE -


Escribo arropada por el silencio y la oscuridad de la noche. El silencio sólo se quiebra, levemente, por el sonido lejano de algún coche que pasa, cuyo eco se cuela a través de la ventana cerrada. La oscuridad, por lo demás densa, únicamente se rompe por la luz que sale de la pantalla del ordenador, ante el que estoy sentada. Acabo de escuchar, por tercera vez, "I due Foscari", de Verdi, y la atmósfera opresiva que se respira de principio a fin en la obra parece invitarme, ahora que me envuelven las horas oscuras, a que la comparta con vosotros.


Este año se cumplen 200 desde que Giuseppe Fortunino Francesco Verdi viniera al mundo. Justo y necesario es que desde este blog se le rinda homenaje y, ¿por qué no comenzarlo con una de sus óperas menos conocidas? "I due Foscari" puede que no se haya mantenido con tanta fuerza en el repertorio como "La traviata" u "Otello", pero está llena de pasajes tan inspirados como aquéllas, tan conmovedores, tan llenos, en fin, del talento del maestro de Bussetto como cualquiera de sus mejores óperas. Se representará en Valencia a finales de este mes y principios del siguiente. Me emociono sólo con pensar que voy a poder asisitir a una de las representaciones. Por supuesto, después compartiré lo que vea y sienta con vosotros.
 

En los "años de galera"
Entre 1843, año en que estrenó "Nabucco", hasta 1853, con "Il trovatore" y "La traviata", Verdi compuso nada más y nada menos que dieciséis óperas. Son los famosos "años de galeras" en los que todas las salas importantes de la Península italiana (y muy pronto también lo harían las de otros países) se disputaban una ópera suya y en los que, al tiempo que luchaba incesantemente por hacerse un nombre, el genio de Verdi no dejó en ningún momento de ser fiel a sí mismo, y de buscar su propio camino hacia la belleza, aspiración por la que y para la que todo artista debe vivir.
 
Hay que tener muy en cuenta que aquel fue un período de honda, de amarga tristeza para Verdi. En 1840, tan sólo tres años antes del estreno de "Nabucco", una repentina enfermedad le había arrebatado a su primera esposa, Margarita Barezzi, que contaba tan sólo 26 años de edad; a principios de ese mismo año había muerto su hijo, Iccilio Romano, y tres años antes su hija,Virginia. Los años que siguieron fueron para el maestro de profunda soledad, y durante ellos una amarga depresión le tentó sin duda, en muchas ocasiones, para abandonarlo todo. Gracias, maestro, por no hacerlo.
 
"I due Foscari", estrenada en 1844, se enmarca, por tanto, en aquellos difíciles años de la vida de Verdi. Tengamos muy presentes las circunstancias, no sólo profesionales, sino (y sobre todo) emocionales de Verdi durante aquellos "años de galera" y dejemos que esta historia nos conmueva hasta lo más hondo. En ella, el genio de Verdi logra transmitir la atormentada emoción que guardaba en su interior y consigue (otra muestra más de su genialidad intemporal) que, aún después de tantos años transcurridos, los que la escuchamos maravillados reconozcamos emociones propias y lloremos, sin poder ni querer remediarlo. Perfecta muestra de ello es este pequeño fragmento que os invito a que escuchéis, con los ojos cerrados... dejad que la música os hable con ese inefable lenguaje que va mucho más allá de las palabras... simplemente, sentid...
 
Continuará...

(Fuentes: "Verdi, la intensa vida de un genio", de Ángeles caso y www.youtube.com)

jueves, 3 de enero de 2013

TAL DÍA COMO HOY... 3 DE ENERO

 
Pietro Metastasio
1698.- Nace en Roma Pietro Antonio Domenico Bonaventura Traspassi, el escritor, poeta y libretista, más conocido como  PIETRO METASTASIO. Sus libretos fueron puestos en música por compositores como Vivaldi, Haëndel, Gluck, Meyerbeer, Traetta o Mozart. Fallecerá en Venecia, el 12 de abril de 1782.
1785.- Fallece el compositor veneciano BALDASSARE GALUPPI. Había nacido el 18 de octubre de 1706.
1806.- Nace en Koblenz (Alemania) la soprano HENRIETTE SONTAG. Morirá en Ciudad de México, el 15 de junio de 1854.
1810.- Nace en Londres el barítono y pianista JOHN ORLANDO PARRY. Morirá en East Molesey, el 20 de febrero de 1879.
1843.- Se estrena en el Théâtre Italien de París (1797-1848) la ópera bufa en tres actos "DON PASQUALE", de Gaetano Donizetti.
1853.- Nace en Mewe (Alemania), el compositor IWAN OTTO ARMAND KNORR. Morirá en Frankfurt, el 22 de enero de 1916.
1895.- Nace en Zhytomyr (Ucrania), el compositor BORIS LIATOSHINS'KI. Morirá en Kiev (Ucrania), el 15 de abril de 1968.
1895.- Nace en Bucarest el compositor y pianista MIHAIL ANDRICU. Morirá, también en Bucarest, el 4 de febrero de 1974.
1896.- Nace en Atenas el director DIMITRI MITROPOULUS. Morirá en Milán, el 11 de febrero de 1960.
1917.- Nace el director, compositor y pedagogo francés PIERRE DERVAUX. Morirá el 20 de febrero de 1992.
1917.- Nace en Santiago de Chile el compositor y director de orquesta SALVADOR CANDIANI. Morirá en julio de 1969.
1941.- Se estrenan las "DANZAS SINFÓNICAS", de Sergei Rachmaninov, con Eugene Ormandy al frente de la Orquesta Sinfónica de Filadelfia.
1943.- Nace en Viena el compositor HEINZ KARL GRUBER.
1944.- Nace el director de orquesta inglés DAVID ATHERTON, cofundador, en 1967, de la London Sinfonietta.
1954.- Nace en Cirencester (Reino Unido), el compositor JOHN WOOLRICH.
1956.- Fallece el compositor ruso ALEXANDER GRECHANINOV (no está muy claro si el 3 o el 4 de enero). Había nacido el 25 de octubre de 1864.
1967.- Fallece en Inverurie la soprano escocesa, radicada en Estados Unidos, MARY GARDEN. Había nacido en Aberdeen, el 20 de febrero de 1874.
1983.- Fallece la soprano estadounidense MARION TALLEY. Había nacido en Nevada, el 20 de diciembre de 1907.
2000.- Fallece la bailarina inglesa JUNE BRAE. Había nacido el 18 de mayo de 1917.
2010.- Fallece el compositr chileno GUSTAVO BECERRA-SCHMIDT. Había nacido el 26 de agosto de 1925.
 
Para terminar, os propongo escuchar a Lucia Popp intepretando "Quel guardo il cavaliere..." de "Don Pasquale":

 
(Fuentes: www.weblaopera.com, http://directorioclasico.blogspot.com y www.youtube.es)

miércoles, 2 de enero de 2013

TAL DÍA COMO HOY... 2 DE ENERO


Domenico Zipoli

(Podéis encontrar más información sin pincháis en el nombre correspondiente).

1688.- Fallece el compositor italiano del período barroco DOMENICO ZIPOLI (17/10/1688 - 02/01/1726). Había nacido el 17 de octubre de 1688. 
1732.- Es bautizado en Praga el organista y compositor checo FRANTISEK BRIXI (o, Franz Xaver Brixi). Morirá asimismo en Praga el 14 de octubre de 1771.  
1747.- Fallece en París el violinista y compositor francés JEAN-BAPTISTE-FERY REBEL. Había nacido en París, donde fue bautizxado el 18 de abril de 1666. 
1807.- Nace en Studzianka (Polonia) el compositor y profesor TOMASZ NAPOLEON NIDECKI. Morirá en Varsovia (Polonia), el 5 de junio de 1852.   
1809.- Nace el compositor y profesor de canto alemán FRIEDRICH WILHELM JAHNS. Es mayormente conocido por catalogar las obras de Karl Maria Von Weber, por cuya razón las obras de este compositor suelen aparecer precedidas de una J. Morirá en Berlín, el 8 de agosto de 1888.  
1837.- Nace el compositor ruso MILY ALEXEYEVICH BALAKIREV, quien liderara el famoso "Grupo de los Cinco", integrado además por Mussorgsky, Rimsky-Korzakov, Borodin y Cesar Cui. Morirá el 21 de diciembre de 1836. 
1843.- Estreno en la Hofoper de Dresde de la ópera en tres actos DER FLIEGENDE HOLLÄNDER de Richard Wagner (1813-1883). 
1846.- Nace en Pest (Hungría) el compositor SANDOR ERKEL, hijo del también compositor Ferenc Erkel (o, Franz Erkel, llamado el padre de la ópera húngara). Morirá en Bekescsaba (Hungría), el 14 de octubre de 1900. 
1888.- Nace en Leche (Italia) del tenor TITO SCHIPA. Fallecerá en Nueva York (Estados Unidos) el 16 de diciembre de 1965. 
1890.- Fallece en Madrid el tenor JULIAN GAYARRE. Había nacido en El Roncal (Navarra, España), el 9 de enero de 1844.
1896.- Nace en Eitorf (Alemania) el compositor y profesor de música ERNST-LOTHAR VON KNORR. Morirá el 30 de octubre de 1973. 
1905.- Nace en Londres el compositor MICHAEL TIPPETT (Michael Kemp Tippet). Morirá, también en Londres, el 8 de enero de 1998. 
1907.- Nace el compositor guatemalteco SALVADOR LEY. Morirá el 21 de marzo de 1985. 
1908.- Nace en Trikata (Letonia) el compositor JANIS KEPITIS. Morirá en 1989. 
1912.- Nace en Winnipeg (Canadá) la compositora BARBARA PENTLAND. Morirá en Vancouver (Canadá), el 5 de febrero de 2000. 
1912.- Nace en Arnaville (Francia) el compositor y director de orquesta ANDRE AMELLER. Morirá el 14 de mayo de 1990. 
1913.- Nace en Evanston, Illinois (E.E.U.U.) el compositor GARDNER READ. Morirá en Manchester, el 10 de noviembre de 2005.
1915.- Fallece el compositor KARL GOLDMARK (o, Karoly o Carl). Había nacido en Keszthely (Hungría), el 18 de mayo de 1830). 
1928.- Nace en Arpasel (Rumanía) el compositor TIBERIU OLAH, el 2 de octubre de 2002. Su estilo se aproxima a Bela Bartok, Enescu y Stravinsky.  
1928.- Nace en Milán (Italia) el director y musicólogo ALBERTO ZEDDA
1944.- Nace en Szekelyudvarhely (Transylvania, Hungría) el compositor y director de orquesta húngaro PETER EÖTVÖS
1947.- Nace el compositor y pianista ruso VASSILY LOBANOV (Vassily Pavlovich Lobanov).  
1963.- Nace el pianista estadounidense TZIMON BARTO. 
1999.- Fallece el director de orquesta y compositor suizo ROLF LIEBERMANN. Había nacido en Zúrich el 14 de septiembre de 1910.

Como fragmento musical, os invito a que escuchéis a Alfredo Kraus, que interpretó a Gayarre en la película del mismo nombre, cantando: "Vasconavarro soy..."


(Fuentes: www.weblaopera.com, http://directorioclasico.blogspot.com y www.youtube.es)

martes, 1 de enero de 2013

BRINDEMOS


Ahora que acaba de empezar el año, os propongo un brindis, porque cada nuevo ciclo que empieza es una nueva oportunidad para acercarse un poco más al objetivo que, humildemente, creo que todos debiéramos tener como prioritario: ser felices. En el propio camino está la felicidad; brindemos, pues, no sólo por la nueva oportunidad que nos ofrece un nuevo año, sino por la que nos ofrece cada día, cada minuto, y apreciemos y degustemos cada momento.

A todos nos es familiar el momento en el que, en una celebración, los invitados se levantan y entrechocan sus copas para manifestar sus buenos deseos respecto de algo o de alguien. Es el "brindis" término que, según la Real Academia Española viene del alemán: "bring dir's" ("yo te lo ofrezco").

Una de las versiones acerca del origen del "brindis" se remonta al siglo XVI. Para celebrar una decisiva victoria de las tropas de Carlos V sobre las romanas, los mandos militares llenaron sus copas de vino y, al tiempo que las alzaban al frente, dijeron la ya citada frase "bring dir's". Aunque hay otra que va mucho más atrás en el tiempo y cuenta que, allá por el siglo IV a. de C., los anfitriones chocaban fuertemente las copas con sus invitados, lo que hacía que salpicase el contenido de unas a otras. Así, quedaba claro que aquel que ofrecía el banquete no ofrecía a sus huéspedes bebida envenenada (por aquel entonces, era usual eliminar a los enemigos por medio de bebidas envenenadas).

Sea como fuere, éstas no son sino unas breves pinceladas para presentar el tema de la entrada de hoy: el brindis en la ópera. Veremos algunos ejemplos de óperas que ya han aparecido en este blog y en los que, en una u otra circunstancia, con una u otra intención, se brinda. El primero es el que quizá se nos ha venido a todos ya a la cabeza: el famoso brindis de "La traviata", de Giuseppe Verdi. La historia acaba de comenzar; Violetta Valéry celebra una brillante fiesta en su casa, a la que asisten multitud de invitados. En medio del regocijo general, Gastón insta a Alfredo a que proponga un brindis. El muchacho, tímido al principio, duda; pero cuando Violetta, a la que ama aún en silencio, le asegura que desea escucharle, Alfredo desborda su corazón en un torrente de inspiradas palabras:

"Bebamos alegremente de este vaso
resplandeciente de belleza
y que la hora efímera
se embriague de deleite.
Bebamos con dulce estremecimiento
que el amor despierta
puesto que estos bellos ojos
(mirando a Violetta)
nos atraviesan el corazón..."
  

Continuemos con el maestro Verdi, si bien esta vez con un brindis de un cariz muy diferente. Iago, en siniestra complicidad con Roderigo, se propone emborrachar a su odiado rival, Cassio. Sabe que cuando éste bebe en demasía es capaz de hacer cualquier barbaridad; su intención es que Cassio se ponga en vergüenza ante Otello y que éste, como castigo, le releve de su puesto de capitán, que Iago cree que Cassio le ha usurpado. Así pues, Iago ordena a los taberneros que corra el vino y, en medio del regocijo general, incita a todos los presentes a que remojen el gaznate antes de que se esfumen los cantos y los vasos:
"¡Remoja el gaznate!
¡Toma un trago!
¡Antes de que se esfumen
los cantos y los vasos!..."


  
Para terminar, un brindis famosísimo: el de "Cavalleria rusticana". A la salida de misa, aprovechando que la gente está reunida en la plaza, Turiddu invita a todos a beber un vaso de vino en su taberna. Él y Lola sienten segura su relación de amantes; lo que no saben es que Santuzza, después de un violento encuentro con Turiddu, se ha encontrado por casualidad con el compadre Alfio y, despechada, le ha contado que su mujer, Lola, le adorna la cabeza de mala manera. La tormenta está a punto de estallar en toda su intensidad, pero ni Turiddu ni Lola lo saben aún; así, Turiddu, exultante porque tiene a Lola muy cerca, invita a todos los presentes a beber y entona una canción en la que alaba las virtudes del vino que, resplandeciente en el vaso, infunde alegría y conforta los pensamientos:

"Viva el vino espumeante, resplandeciente en el vaso,
como la sonrisa de los enamorados;
¡duplicemente infunde alegría!
Viva el vino que es sincero,
que conforta nuestros pensamientos,
y ahoga la oscura melancolía
embriagándonos dulcemente" 
  

Con mis mejores deseos, ¡brindo por todos vosotros, amigos!


TAL DÍA COMO HOY... 1 DE ENERO


Comencemos el año recordando a aquellos personajes que nacieron o murieron tal día como hoy. Si pincháis en el nombre correspondiente, se abrirá una nueva página en la que podréis encontrar más información acerca del personaje en cuestión. 

Christoph Bernhard
  
1628.- Nace el teórico y compositor CHRISTOPH BERNHARD, en Kolberg, Pomerania (hoy Polonia). Morirá en Dresde (Alemania) el 14 de noviembre de 1692.
1732.- Fallece en Nápoles (Italia) el castrato NICOLÒ GRIMALDI, más conocido como "Nicolini". Había nacido en Nápoles, el 5 de abril de 1673.
1780.- Fallece el compositor alemán JOHANN LUDWIG KREBS en Altemburg. Había nacido en Buttelstedt, Weimar (Alemania), no está muy claro si el 10 o el 12 de octubre de 1713.
1782.- Fallece en Londres el compositor alemán JOHANN CHRISTIAN BACH, el menor de los hijos de JOHANN SEBASTIAN BACH. Había nacido el 5 de septiembre de 1735 en Leipzig.
1871.- Nace el tenor francés CHARLES DALMORES, en Nancy. Fallecerá en California (Estados Unidos) el 6 de diciembre de 1939.
1898.- Nace el compositor VIKTOR ULLMANN en Cieszyn (entonces Imperio Austrohúngaro, hoy Polonia). Morirá en el campo de concentración de Auschwitz, el 18 de octubre de 1844.
1912.- Fallece en Madrid el compositor español CLETO ZAVALA. Había nacido el 26 de abril de 1847.
1932.- Nace en Nápoles (Italia) el director de orquesta GIUSEPPE PATANÉ. Era hijo del director Franco Patané. Morirá en Munich (Alemania) el 29 de mayo de 1989, de un ataque al corazón, mientras dirigía "Il barbiere di Siviglia" en la Ópera Estatal de Bavaria.
1936.- Nace en Nueva York (Estados Unidos) la directora EVE QUELER.
1940.- Nace el compositor y pianista LASZLO SARY en Gyor (Hungría).
1942.- Fallece en Nueva York el tenor estadounidense CHARLES HACKETT. Había nacido en Worcester, Masssachusetts, el 4 de noviembre de 1889.
1942.- Nace en Atenas el compositor GEORGE COUROUPOS.
1948.- Fallece en Wurzburgo (Alemania) el compositor, pianista y director HERMANN ZILCHER. Había nacido en Frankfurt (Alemania), el 18 de agosto de 1881.
1977.- Fallece en Boston, Massachusetts, el tenor estadounidense ROLAND HAYES. Había nacido en Georgia, el 3 de junio de 1887.
1985.- Fallece en Heidenheim an der Brenz (Alemania) el compositor y pianista HERMANN REUTTER. Había nacido en Stuttgart (Alemania) el 17 de junio de 1900.
2007.- Fallece en Friburgo (Alemania) el tenor WERNER HOLLWEG. Había nacido en Solingen (Alemania) el 13 de septiembre de 1936.

Como ilustración musical, os ofrezco un dúo de Werner Holweg y Mirella Freni en "La Cecchina", de Piccini:



(Fuentes: www.weblaopera.com, http://directorioclasico.blogspot.com y www.youtube.es)

lunes, 31 de diciembre de 2012

LOS ADIOSES

Cada vez que un año termina, siento que una oleada de nostalgia me envuelve. Se intensifican en mí los recuerdos de aquellos que perdí, que tuvieron que irse porque, de uno u otro modo, había llegado su hora, y me duelen los momentos que ya nunca podré compartir con ellos. Pero la vida es eso, adioses, aunque también bienvenidas; y es precisamente la oportunidad de encontrarse con al menos una de las maravillosas personas que pueblan este planeta, lo que hace que merezca la pena intentarlo un día más. Yo soy muy afortunada, porque cuento en mi vida con grandes personas que me enriquecen con su amistad y con su cariño, y son justamente ellos los que me ayudan a continuar. Mi inmenso agradecimiento y un interminable abrazo a todos y cada uno de ellos.

De adioses va la entrada de hoy, y en ella vamos a ver algunos fragmentos de óperas de las que ya hemos hablado en este blog y en los que, en diversas circunstancias y por diversos motivos, se dice "adiós". Empecemos con una de las óperas más conocidas del gran maestro Verdi, "La traviata" en uno de sus momentos para mí más conmovedores, cuando Violetta, que sabe que le quedan pocos momentos de vida, dice adiós a los bellos recuerdos de su pasado, a las rosas de sus alegrías, que ahora están marchitas. Aún el amor de Alfredo, su único consuelo, le falta. Pero alegrías y dolores acabarán pronto. Ni flores ni lágrimas tendrá su tumba:


Continuemos con Verdi, en un bellísimo dúo en el que dos amantes, unidos ya para siempre, pues han sido enterrados en vida, dicen adiós a la vida. Hablo de "Aida", y del final de su último acto. Radamés ha sido encerrado vivo en una tumba, donde se dispone a terminar sus días con el único consuelo de creer que su amada está libre y a salvo; pero su sorpresa es inmensa cuando escucha su voz y descubre que no está soñando porque, en verdad, Aida que, aprovechando un descuido de los guardias logró colarse en la que sabía que sería la tumba de Radamés, está ahora allí con él. Todo en la tierra ha terminado para ellos y sus almas, errantes, vuelan hacia la luz del día eterno:


Y para finalizar, una pequeña joya operística (y le aplico el calificativo de "pequeña" sólo por su duración). Hablo de "Cavalleria rusticana", de Pietro Mascagni, y del momento en el que Turiddu, que ha retado en duelo a Alfio, antes de encontrarse con él, y presintiendo que va a morir, pone toda su alma en una conmovedora despedida a su madre. No es capaz de decirle con palabras lo que realmente ocurre pero sus gestos, su forma de expresarse, el ansia con la que se abraza a la anciana mujer dicen mucho más que las palabras:

 
Mil gracias a todos aquellos y aquellas que habéis tenido la gentileza de deteneros, aunque sólo fuera un momento, en las páginas de este blog.

jueves, 27 de diciembre de 2012

ENDIABLADAMENTE BELLAS (III)


Cartel del estreno de "Mefistófeles", de Arrigo Boito


A pesar de que Arrigo Boito ha pasado a la historia operística principalmente como libretista ("Otello", de Verdi, "La Gioconda",  de Ponchielli) también fue compositor (véase otra entrada de este mismo blog: Los libretistas: Arrigo Boito); "Mefistófeles" es la única de sus óperas que ha sobrevivido dentro del repertorio, y la tercera de las versiones líricas de la historia de Fausto que vamos a ver.

El Acto Primero comienza en las regiones etéreas, donde habitan los espíritus que subyacen a la realidad física, un coro de ángeles entona alabanzas a Dios. Su canto es interrumpido por la súbita aparición de Mefistófeles que, en tono burlón, ridiculiza al hombre, al que tacha de arrogante y al que, afirma, no merece la pena tentar; con una sola excepción: Fausto, ferviente servidor del Altísimo. En nombre de Dios, los ángeles aceptan una apuesta en la que Mefistófeles asegura que logrará hacerle caer.

Descendamos ahora a la Tierra pero, antes de acudir al gabinete de Fausto, vayamos a las puertas de la ciudad de Frankfurt del Maine. Es el domingo de Pascua y, mientras los burgueses pasean y los estudiantes beben y ríen, un siniestro monje gris se infiltra entre la multitud. Aparece Fausto, que pasea junto a su discípulo, Wagner. Fausto advierte que las huellas que deja a su paso el enigmático monje son de fuego.

De noche, a solas en su laboratorio, Fausto medita, con un Evangelio abierto ante él. En medio de la pesada soledad que le envuelve, hace su aparición el misterioso monje gris que viera horas antes, y que no es otro que el mismísimo Mefistófeles. Escuchemos a un aterrador Samuel Ramey, presentándose a sí mismo como "el espíritu que niega...":


Soy el espíritu
que siempre niega todo,
la estrella, la flor.
Mis muecas maliciosas alteran
el dulce reposo del Creador.
Deseo el vacío y la aniquilación
de la creación.
El medio en el que
mejor me desenvuelvo
es lo que llamáis
pecado...
¡pecado, muerte y mal!
Río y grito esta sílaba:
"No"
Destruyo, tiento, rujo, susurro:
"No"
Engaño,
destruyo, tiento, rujo, susurro:
¡Silbo! ¡Silbo! ¡Silbo!
¡Eh!
(silba violentamente)

Soy una parte de un residuo
que otrora fuera el Todo: las tinieblas.
Surgí de sus entrañas
y a ellas volveré.
Aunque la luz usurpe mi cetro
y mi poder,
no será una
afrenta eterna.
¡El Sol!
¡El Sol y la Tierra,
están abocados a su destrucción!
Río y grito esta sílaba:
"No" etc.
(silba violentamente)(*)

Fausto, hombre devoto que ha llevado hasta entonces una vida de soledad y retiro, se siente tentado por el infinito poder de Mefistófeles. Ansioso por conocer la verdad sobre sí mismo y sobre el mundo, el doctor firma un pacto con este siniestro personaje; con tal de vivir un solo instante que mereciera prolongarse eternamente, Fausto está dispuesto a que, después de su muerte, a su alma se la trague el averno. Firmada la siniestra alianza, y transformado el anciano Fausto en un joven, él y Mefistófeles se van a recorrer el mundo en busca de ese ansiado instante.

Vayamos ahora al Acto Segundo. El Cuadro Primero se desarrolla en un jardín de apariencia rústica. Vemos a Fausto (que se oculta bajo el nombre de Enrique) y a Margarita paseando, mientras Mefistófeles distrae a la vecina de la muchacha, Marta. Esta vez no hay serenata diablesca al pie de la ventana. Enrique (Fausto), que a toda costa quiere seducir a Margarita, le proporciona un bebedizo para dormir a su madre, que vive con ella.

En el Cuadro Segundo, la acción se traslada al valle de Schirk, dominado por la Cabeza de Brocken, el monte de las brujas. Mefistófeles ha conducido hasta allí a Fausto para que presencie un aquelarre, que le dará idea del alcance real de su poder. Brujas y trasgos, monstruos y diablos rodean a Mefistófeles que entona, bravucón, un aria en la que se vanagloria del inmenso poder que tiene sobre el mundo (representado por un globo de cristal que sostiene en su mano), aunque los habitantes del mismo no sean conscientes de ello. De nuevo, Samuel Ramey:


 Ved aquí el mundo:
una esfera vacía,
que se eleva y desciende,
girando y brillando,
cantando y bailando,
viajando en torno al sol.
Tiembla y ruge, crea y destruye,
aquí está el mundo.
Sobre su ancha
y antigua corteza
habita una raza
tan malvada
como loca,
salvaje, despiadada,
astuta y  feroz,
dotada de un odio autodestructor
que arrasa
alturas y simas.
Toman a Satanás por una ficción,
se burlan del cielo
y hacen mofa del infierno.
¡Oh, Dios, que absurdo!
¡No puedo menos que reír
al pensar como les engaño!
¡Ja! ¡ja! ¡ja! ¡ja!
¡Aquí tenéis vuestro mundo!
¡Aquí tenéis vuestro mundo!

En el Acto Tercero, vemos a Margarita, que yace tendida en el suelo de una lúgrube celda. Enseguida comprendemos el porqué de su presencia allí: en su delirio, la muchacha nos hace saber que, al verse abandonada por el hombre que ama, ha matado a su propia madre y al niño que ha tenido de Fausto, por lo que ha sido condenada a muerte. Fausto, decidido a salvarla, llega hasta aquel oscuro lugar con Mefistófeles. Cuando parece que Fausto ha convencido a Margarita para que le siga fuera, lejos de allí, la muchacha, separándose bruscamente de su amado, suplica a Dios perdón por sus pecados. Y, a pesar de que Mefistófeles afirma que ya está condenada, las falanges celestiales acuden en su auxilio exclamando: "¡Está salvada!". 

El Acto Cuarto se desarrolla en el río Peneos, en la Grecia clásica. La luna ilumina la escena con una luz encantadora. Es la noche de aquelarre y, en medio de una nube de personajes mitológicos, Fausto rinde tributo de admiración a Elena de Troya; ambos, en una delirante ensoñación, hablan de vivir juntos en un valle tranquilo, y de que su hogar será la gruta de las ninfas...
En el Epílogo, volvemos al gabinete de Fausto, aunque se nota que ha pasado el tiempo.Voces mágicas se esparcen por la habitación. Mefistófeles se ha colocado al acecho de Fausto, que ha vuelto a envejecer. Con el Evangelio abierto ante él, como en el primer acto, Fausto medita acerca de mundo que, a través de Mefistófeles, ha conocido y se da cuenta de que la realidad no era sino dolor, y el ideal, un sueño. Su deseo se orienta hacia un país infinito, hacia una tierra de paz a la que querría consagrar el resto de su vida. Mefistófeles, temeroso de perder, al final, aquella alma, trata de atraer hacia sí a Fausto, recordándole los placereres que otrora le mostrara; pero aparecen de nuevo las falanges celestiales que, ante la indignación del diablo, conducen el alma de Fausto hacia la salvación.

(*) Dicho sea a modo de inciso, este aria me recuerda al: "Credo in un Dio crudel..." que canta Iago en el segundo acto del Otello de Verdi. Y creo que no en vano, puesto que el libreto de dicha ópera fue compuesto, también, por Arrigo Boito.


NOTA: He de aclarar que, a pesar de que en la primera de esta serie de entradas dije que iba a hablar no sólo de óperas, sino también de obras no operísticas que tratasen el tema del diablo, he creído prudente terminar (por ahora) con este tema, pues no quiero cansaros.

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